ADVERTENCIA: Los personajes de Candy Candy, son propiedad de Misuki e Igarashi, usados en este fic, sin fines de lucro.
Historia ficticia. Todos los personajes nuevos, son exclusiva invención de esta autora.
Notas de la autora: Sorpresa, capítulo nuevo...
Capítulo XXVII
El tiempo vuela
Albert estuvo parado unos segundos fuera de la puerta del lugar donde lo aguardaban, y cuando se sintió preparado para lo que venía, entró
-Buenas tardes a todos los presentes, soy Williams Albert Andrew- posó los ojos en cada uno de los asistentes a la reunión y se detuvo por un momento casi imperceptible, unos segundos que parecieron eternos en los ojos de Elisa quien al verlo entrar había apretado fuertemente la mano de su esposo, la acción de la pelirroja le advirtió a Benjamín que algo estaba pasando y al levantar su vista y fijar su mirada en el señor Andrew, la sorpresa de encontrar en él a un hombre joven y con los mismos ojos de su hija, Benjamín Smith no pudo más que entender la actitud de su esposa, deduciendo que el joven Andrew era el padre de su pequeña Alana Eloísa.
A Benjamín se le vino el mundo encima, él amaba a la pequeña hija de su mujer como si fuera propia. Smith había esperado que este momento nunca hubiese llegado, hasta alimentó el pensamiento, durante el embarazo de Elisa, que sí de casualidad el padre de Alana llegaba a presentarse y sus pretensiones eran pelear por la pequeña, el joven, inmaduro e inexperto muchacho, que ante sus ojos o pensamiento debía ser un pusilánime cobarde, al no haber movido ni un solo dedo por rescatar a la mujer que según creía amaba… él, Benjamín Smith, lucharía con todo lo que tenía al alcance de su mano en contra de ese hombre… pero al ver de quien se trataba, el señor Smith comprendió que nada podría hacer si el poderoso Williams Albert Andrew quisiera hacerse cargo de la pequeña, era joven, sí, pero era todo lo contrario al joven debilucho que Benjamín se imaginaba
-¿Qué significa esto?- preguntó el señor Leagan a George- ¿Cómo es posible que quieran hacernos creer que este jovencito es el señor Andrew?
-No es que yo quiera hacerles creer lo que no es señor Leagan, él es el señor Williams Andrew- George hizo hincapié en él es- y el señor Fletcher puede corroborar la información, él conoce al Sr. Andrew desde hace más de cinco años
-Es verdad señor Leagan, doy fe de que el joven aquí presente es el señor Williams Albert Andrew- afirmó Fletcher- es más, fui presentado con él en presencia de la señora Elroy Andrew
-Pero es muy joven, no puede ser el tan mencionado abuelo Williams- seguía parloteando Leagan, la verdad, él no reclamaba con ninguna mala intención, es solo que no se esperaba a alguien tan joven
-Daniel- lo detuvo Sarah alcanzando una mano de su esposo con la suya para que la mirara- creo que lo que dicen es cierto. Recuerdo que cuando murieron los padres de Rosemary, ellos tenían un niño un poco más grande que Anthony. Rosemary se hizo cargo de él hasta que su enfermedad se la llevó a ella también, y la tía abuela Elroy nos dijo a mi abuelo y a mí que el niño se criaría lejos de nosotros
-Bien, no se diga más- habló Fletcher al ver que Leagan aceptaba de buena gana la explicación de su mujer- ahora que estamos seguros de que Williams es realmente este joven, comenzaremos con los informes de ganancia y movimientos de un año hasta aquí y los proyectos que se nos están presentando para un futuro próximo, que según mis investigaciones, será muy prometedor
-¿Es necesario que yo también esté presente?- la voz de Elisa era casi un susurro- es que tengo que ver a mi hija- se disculpó
-No es indispensable su permanencia en esta reunión señora Smith, su esposo será su representante- concedió Fletcher
-Muchas gracias- dijo la pelirroja al momento de levantarse de su asiento. La chica caminó hasta encontrarse a un lado de Williams y solo por cortesía dijo- es un gusto conocerlo tío Williams
-Es gusto es mío señora Smith- respondió Albert y dejó seguir a Elisa que parecía llevar plomo en sus pies
La reunión duró más de lo que Albert estaba preparado para aguantar, además de eso ver la mirada de Smith sobre él, le daba la seguridad de que el esposo de Elisa conocía muy bien de quien se trataba. El temor en los ojos del hombre, llenaba de pena a Albert
-El debe creer que vengo por la niña- pensaba, y no estaba nada lejos en su estimación. Se puso como meta tratar de hablar con Elisa para ver como es que ella tomaba la situación y ver que pasos seguiría, pero la promesa hecha a la pequeña niña que reconoció como su hija, no la olvidaría y encontrar un momento con Elisa, no le fue nada fácil.
En Londres la vida daba giros inesperados. Terry aprendía el arte de la actuación a pasos agigantados. No podía negar que el apoyo de sus padres y el de su amada pecosa eran esenciales en su desarrollo, además la ayuda de su madre era uno de los factores principales en ese crecimiento, pero Eleonor siempre le recordaba
-Hijo, el ser actor no es algo que se aprenda, sino más bien viene con la persona, la pasión por el teatro es intrínseco en ti.
La madre hablaba con sabiduría en sus palabras, con un conocimiento adquirido de los años que ella misma había estado viviendo en el medio actoral. Terry, en el poco tiempo que llevaba en la academia, había visto como muchos de los aspirantes, teniendo todo a su favor, el deseo de ser actor y ciertas cualidades para lograrlo, cuando veían que la pista se colocaba difícil, que no lograban dar con lo que el director les pedía, o no lograban memorizar sus líneas, abandonaban, y eso sucedía porque en ellos solo existía un mero deseo de ser actor, no era ni por asomo una meta en sus vidas, no lo llevaban en la sangre.
La prestancia de Terry en el escenario, como ocupaba los espacios y el haber aprendido a modular la voz, era esencial en su crecimiento artístico. Tanto el profesor de teatro Dante Zocral como también el director, veían un prometedor futuro en el joven aristócrata. Para nadie era secreto en Inglaterra que el joven Grandchester pertenecía a una de las más importantes familias de la nobleza inglesa.
La amistad entre Terry y la pareja conformada por los americanos Karen Kleys y Harry Grand crecía día a día. El aspirante a actor les había presentado a Candy y en varias ocasiones salieron los cuatro juntos a disfrutar de su juventud. Harry había conquistado el esquivo y altamente desconfiado corazón de Karen, eran pareja y estaban tan adelantados a su época que hasta vivían juntos. La mentalidad de los americanos era mucho menos conservadora de que la de Terry y Candy, quienes ni siquiera se habían planteado la posibilidad de vivir juntos sin estar casados. También la edad de ellos no se comparaba con la de sus amigos que por lo menos les llevaban tres años a Terry.
Uno de los días en que paseaban los cuatro juntos, Candy le dio una noticia nada buena a Terry
-Me llegó carta del hogar de Pony- Terry conocía muy bien la historia de vida de su pecosa, y sabía la importancia que tenía para la chica su hogar en Michigan y el amor que les profesaba a sus madres. Por su pensamiento se coló la idea de que nada bueno venía en esas noticias, conocía muy bien a Candy y su manera o modo de insinuar las situaciones, el castaño las podía ver desde mucho antes de que la rubia mencionara algo
-¿Qué te cuentan?- quiso saber, ya que el rostro de Candy no auguraba nada bueno
-La hermana María me cuenta que la señorita Pony no se encuentra nada bien de salud, que el médico piensa que es muy probable que ella no se recupere y que si lo hace, no volverá a ser la misma- la chica estaba muy triste y Terry solo quería borrar de su hermoso rostro, la preocupación
-Y ¿Qué piensas hacer?- el castaño no quería oír por ningún motivo que su pecosa quisiera ir a América. Estaban sentados frente a un lago lleno de animalitos a los que Karen y Harry alimentaban. Terry tenía sujetas las manos de Candy muy fuertemente, ella miraba hacia el lago y después devolvía su mirada hasta los ojos de Terry, se notaba realmente preocupada
-Envié un telegrama a Albert para que él averiguara que tan grave era el asunto y si podríamos ayudar a la señorita Pony y la hermana María sin que yo tuviese que viajar- la respuesta de la pecosa devolvió el alma a Terry. El joven estaba seguro de que si a Candy se le ocurría ir a América, nada podría detenerla
-Entonces hay que esperar a que Albert te envíe una respuesta…
-Sí, pero si las cosas están muy delicadas, tendré que viajar - y ahí estaban las tan temidas palabras. Terry buscó desesperadamente las palabras que consolaran a Candy y la mantuvieran en Londres
-Esperemos que no sea tan grave como para que tengamos que separarnos- Terry usó algo de psicología en la palabra separarnos. El pensamiento del castaño voló hacia el momento en que estuvieron en medio del problema con Annie y recordando su propio sufrimiento, especuló en que ella también podría traerlo a su mente en un doloroso recuerdo
-¡Se… se… separarnos!- la rubia enfermera no había pensado en que si ella viajaba, Terry se quedaba en Londres y entonces no se verían- yo… yo no… yo no había pensado en eso- dijo muy contrariada mirando a todos lados menos a Terry. Ella amaba a las mujeres que la criaron pero lo más importante en su vida en este momento era el guapo castaño que tenía en frente
-¡Vamos! No nos preocupemos más por eso- Terry mismo se quería convencer con sus propias palabras- Piensa en positivo, que la señorita Pony se va a recuperar y no tendrás que viajar
-Gracias Terry
-¿Gracias? ¿Por qué?
-Por estar siempre en todos los momentos junto a mí- dijo la chica y lo abrazó con todo el amor y la ternura que sentía por el futuro actor
-Gracias a ti por estar conmigo- fue la ronca respuesta de Terry, las emociones las tenía a flor de piel cuando estaba junto su pecosa, la vulnerabilidad en él era palpable, pero solo se lo permitía ver y sentir a Candy.
Llegó navidad y en la mansión Grandchester se daría una cena especial para los más allegados a la familia. Candy y Elroy fueron personalmente invitadas por el duque, acción que dejó en las nubes a la anciana Andrew, para ella emparentar con la nobleza era su máximo deseo cumplido, y su nieta le hacía ese regalo sin siquiera proponérselo. También fueron invitados los actores Karen y Harry, amigos de su hijo y agregaremos que los chicos estaban solos en un país extraño, Terry no tuvo que hacer mucha presión, ya que su madre se puso inmediatamente de parte de él. Y por último la familia Brecher Grandchester, y obviamente Constanza acompañaba a Edward.
Los chicos que aún estaban internos, tenían sus propios planes. Archie viajó a Escocia junto a la familia de Lorna, Ivo volvió a Francia a visitar a su familia por esos días de fiesta y Neal fue invitado por la familia de Patricia.
La casa Grandchester estaba hermosamente adornada, Priscilla ayudada por Eleonor habían puesto todo su empeño en que así fuera. Faltaba muy poco para que Richard y Eleonor contrajeran matrimonio, se habían puesto como fecha el 14 de febrero y era una de las noticias que darían a conocer en medio de la cena. Richard Jr. masticaba pero no tragaba esa relación, Priscilla le había hecho ver que Eleonor le hacía muy bien a su padre y especialmente a Sebastián que estaba pronto a cumplir un año de edad y veía a la actriz como si fuera su propia madre
-No puedes negar que hemos visto a nuestro padre más feliz que nunca desde que está en una relación con Eleonor- Priscilla trataba por todos los medios que su hermano aceptara el vínculo de su padre con Eleonor. En este momento ella se encontraba en la habitación de su hermano, tratando de que Richard Jr. lograra mirar la situación desde la felicidad de su padre
-Pero ella quiere ocupar el lugar de mamá y eso no es posible- refutaba el jovencito mirando sus libros
-Ella no quiere ocupar ese lugar Richard…- dijo condescendiente la muchacha que estaba junto a la cama de su hermano
-¡Cómo que no!- exclamaba enojado volteándose a ver a los ojos de su hermana- se ha ganado el corazón de Sebastián, no le bastó con el tuyo y el de papá…
-Sebastián no ha conocido a otra madre Richard- habló Priscilla en forma seria y con mucha congoja por la pérdida- y Eleonor se ganó ese lugar en el corazón de nuestro hermano porque ama a nuestro padre y ha estado junto a Sebastián desde que él tenía pocas semanas de nacido. Se interesó en su crianza, lo ha visto crecer y le ha enseñado casi todo lo que él ha aprendido en este año de su vida, ella es muy amorosa con el niño Richard, y en ningún momento me ha apartado comportándose egoísta, cuando yo he querido ayudarla en el que hacer o compartir junto a nuestro hermano- realmente el detalle de Eleonor de no comportarse egoísta, que no era más que parte de su carácter, había ayudado mucho a la hija de su gran amor a aceptar la relación
-No sé… ella… ella no me gusta- decía el muchacho casi en forma infantil, no olvidemos que solo tiene trece años. La verdad era que el chico no tenía defensa para su postura en contra de Eleonor, solo que ella quisiera ocupar el lugar de la duquesa casándose con Richard, pero él sabía muy en su interior que eso no era lo que motivaba a la hermosa rubia, sino el amor verdadero hacia su padre
-Además, ella es el amor de nuestro padre, ella llegó primero a su vida, ellos se aman por elección, en cambio…
-Con nuestra madre, mi padre estuvo por obligación- reflexionó el jovencito
-Sí Richard, eso hace un abismo de diferencia entre la relación que nuestro padre tuvo con mamá y la que tiene con Eleonor- la pequeña sabía que el dolor de su hermano radicaba en que nunca vio a su padre ser feliz junto a su madre, cosa que con Eleonor le era demasiado fácil
-Creo que tienes razón Priscilla- concedió- trataré de llevar mi relación con Eleonor en mejores condiciones
-Gracias Richard- dijo Priscilla y acercándose a su hermano lo abrazó- papá se merece una nueva oportunidad.
El día de navidad, al que todos conocemos como noche buena, se presentó en la vida de nuestros personajes con algunas sorpresas.
Los anfitriones, vestían elegantísimos y la belleza de la dama que acompañaba a Richard era coronada por el gusto exquisito al elegir el vestido que lucía, el color de fondo de la prenda era de un azul intenso bañado por un delicado trabajo en bambula gris bordado.
Candy y su abuela llegaron en un coche tirado por caballos. A la anciana mujer no le gustaban mucho los automóviles y convenció a su nieta de que esta vez optaran por un hermoso carruaje perteneciente a la familia Andrew desde hace varios años, pero que había permanecido guardado desde la adquisición de automóviles para la familia.
Cuando Candy llegó cerca de la vista de su amado Terry, el joven percibió toda la inocencia y natural belleza de su pecosa, quien venía enfundada en un hermoso vestido blanco hielo con hermosas flores bordadas, el cabello, como le gustaba a él, sus risos sueltos, solo afirmados por una fina tiara que hacía las veces de cintillo. Candy se veía preciosa ante los ojos de su enamorado novio, que vestido con sus mejores galas, esperaba el momento de encontrarse con el amor de su vida
-Pecosa, estás hermosa- dijo el joven al oído de Candy. A Terry le encantaba admirar la belleza de su chica, pero no gustaba que los demás oyeran sus amorosos elogios hacia ella, él tenía el acérrimo pensamiento de que existían momentos y momentos, y este era íntimo, solo de ellos dos
-Gracias- sonrió Candy- tu también estás muy guapo- la chica regalaba un guiño coqueto a Terry y daba su mano al castaño que respondía con su característica sonrisa de medio lado, luego saludó a la que sería su abuela-suegra y ofreciéndole el brazo libre a la mujer, entraron juntos al salón donde estaban siendo recibidos los exclusivos invitados, dicho sea de paso Candy y su abuela eran las últimas en llegar.
Después de los saludos y presentaciones de rigor…
-La mesa está dispuesta- se escuchó la grave voz del mayordomo anunciando la cena que estaba siendo servida para sorpresa de los americanos, en la tarde, cosa totalmente nueva, en América se celebraba la "Noche buena" con una cena entrada la noche (valga la redundancia), no por la tarde, pero ¿Qué hacer?- se preguntaban, y luego se respondían con un viejo refrán- "al lugar donde fueres, haz lo que vieres"
Todos dirigidos por los anfitriones caminaron hacia el espacioso comedor. En la mesa estaba exhibiéndose el elemento central de la cena de Navidad, el pavo asado y una serie de acompañamientos, siendo el relleno del mismo uno de los principales aderezos.
El pavo fue servido con salsas especialmente preparadas y con rollos de tocino, papas al horno y, por supuesto, brucelas, zanahorias y arvejas.
El plato principal fue seguido de un postre especial para la ocasión: el budín de Navidad. Este plato fue preparado con frutas secas, pan, huevos, especias, leche y brandy. El toque especial lo dio la forma en que el postre llegó a la mesa ya que, luego de agregar el brandy, le prendieron fuego al postre para que iluminara la mesa familiar. El budín les fue servido con una salsa especial llamada 'custard' (salsa de vainilla con huevos y leche) o mantequilla de brandy.
Una de las cosas que más llamó la atención de Candy, Karen y Harry, fue la gran cantidad de sirvientes que había alrededor de la mesa. Si bien Candy pertenecía a una familia de la alta sociedad de Chicago, nunca tuvo el placer de ser servida como una más de ellos, y reconocía que aun conociendo la mansión Grandchester y habiendo sido invitada infinidad de veces durante todo ese año, nunca había visto tanta servidumbre.
Luego de la cena, toda la familia y sus invitados se dirigieron a un gran salón, donde estaba dispuesto un hermoso árbol de navidad, Terry, Candy, Edward, Constanza, Karen y Harry, siendo el grupo de los más jóvenes, se acercaron a un gran ventanal en el salón para conversar cuando se les acercó Richard
-¿Fue de tu agrado la cena Candy?- quiso saber el duque preguntando directamente a su futura nuera
-Sí Richard, todo muy rico. Diferente a como lo celebramos en América, pero estaba delicioso
-Especialmente el postre- agregó Terry con intención, haciendo que la rubia se pusiera de todos los colores del arcoíris, ya que vio como su pequeña y delicada Candy atacó el plato hasta dejarlo limpio, Karen y Harry solo se limitaban a sonreír, se sentían algo incómodos en la mansión del duque y en presencia de personas cercanas a la nobleza
-Tío, el postre fue todo un deleite- Edward también había disfrutado del tradicional platillo y fue secundado en su afirmación por los chicos que le rodeaban
-Gracias Edward…- la verdad, al duque solo le interesaba la opinión de la pequeña rubia, ella sería, si las cosas no cambiaban, la próxima duquesa de Grandchester una vez que el dejara el cargo para cederle a Terius el título
-El postre fue algo de otro mundo- solo pudo contestar la pecosa y una vez el duque los dejó solos en su rincón Candy le regaló a su acompañante un buen pellizco en el brazo
-¡Uyyy!... pecosa eso duele- se quejó
-Es lo menos que te mereces por abochornarme delante de tu padre- Candy realmente se había sentido avergonzada con el comentario, si no fuera porque su carácter es más bien dócil, Terry hubiese tenido que buscar un bunker para esconderse de ella
-Tienes toda la razón del mundo Candy- agregó Karen- si Harry me hace algo así, yo creo que lo dejo- habló en forma seria mirando a Candy y agregando un poco de malicia continuó- puedes tomarlo como consejo Candy- la americana picando a Terry
-Creo que es algo que tendré que considerar- la rubia estaba muy molesta y habló mirando muy seriamente a Terry
-Pecosa, ¿Cómo se te ocurre escuchar los consejos de Karen?- Terry no quería ni pensar en la posibilidad de verse sin su pecosa otra vez en la vida
-No lo sé, a veces pueden ser muy útiles- los chicos junto a Candy se pusieron a reír de la cara de Terry
Habían pasado un agradable momento en compañía de familia y amigos. Terry estaba muy agradecido de Edward por haber aceptado la amistad de Karen y Harry. Los más pequeños, Priscilla y Richard Jr. compartían con su padre y Eleonor que cuidaba de Sebastián en todo momento, si no fuera porque la familia era aristocrática y por ende necesitaban una nana, esta correría peligro de quedar sin trabajo, ya que Eleonor se ocupaba de todo lo relacionado con el pequeño Sebastián. Ellos estaban junto a la grata compañía de Elroy y los padres de Edward, los dos más jóvenes al sentir que en medio de los adultos estaban de sobra, se integraron al grupo de Terry para comenzar a jugar, típico momento de navidad en espera de los regalos
-¡Atención!- se hizo escuchar el duque por sobre el alboroto de los más jóvenes en medio de los juegos, y cuando logró el silencio esperado en la habitación- deseo hacer una petición- continuó y todos los presentes se quedaron atentos a las palabras de Richard y se llenaron de emoción cuando él se arrodillo junto a Eleonor
-Eleonor…- comenzó con dificultad el duque frente a una muy sorprendida mujer, ella sabía que se iban a casar, lo estaban preparando juntos, pero no esperaba una petición. Al ver al duque nervioso, la rubia para tranquilizar a su amado príncipe, había tomado sus manos entre las suyas y así el hombre sintiendo todo el apoyo de la mujer, pudo continuar- Nací para vivir y morir a tu lado, pero las circunstancias, la vida, el destino, no sé… nos separaron por largos años, ahora quiero proponerte continuar lo que comenzamos allá… en un tiempo pasado… Eleonor- fijó su mirada en el amor de su vida y permaneciendo de rodillas, sacando de su bolsillo una bella y simbólica cajita decorada en terciopelo rojo, la abrió ante la atenta mirada de la que sería su esposa revelando ante ella una espléndida sortija y preguntó- ¿aceptarías a este hombre, indigno de tu amor, como tu esposo?- Eleonor no lo pensó dos veces, diez años era más que suficiente de esperar a que el amor regresara a su vida, y si era en la persona de Richard ¡cuánto mejor!
-Sí Richard, acepto ser tu esposa- la respuesta de ella, aunque conocida de antemano por el duque, trajo de nueva cuenta aire fresco a sus pulmones y sacando de la cajita un hermoso anillo en elegante oro blanco, coronado con un gran diamante, lo puso en el dedo de Eleonor y reincorporándose, se levantó del suelo y abrazándola la besó
-Gracias amor mío por haber regresado a mí vida- murmuró Richard a la mujer
-No Richard, gracias a ti por haberme rescatado de la oscuridad en que estaba sumida, sola y sin amor
Los vítores y los saludos no se hicieron esperar. Los primeros en saluda a Richard fueron sus hijos más pequeños, Richard Jr. y Priscilla
-Felicidades padre- dijo la niña obsequiándole un abrazo lleno de amor y su mejor sonrisa para que su padre supiera que ella era tan feliz como él mismo, luego fue e hizo lo mismo con Eleonor quien no dudó en recibir el cariñoso gesto
-Sí padre… felicidades, espero que el amor entre ustedes crezca y permanezca siempre con ese júbilo pintado en su rostro- fue el saludo de su hijo Richard Jr. A él sí le costó un poco más saludar a Eleonor, no podía evitar pensar en que le hubiese gustado que su madre estuviera en el lugar de la rubia americana, en el sentido de ver la felicidad como frecuente visita en la vida de su desaparecida madre.
Terry se acercó a sus padres para felicitarlos, pero ellos no esperaron a nada y entre los dos lo abrazaron. El muchacho de primera cuenta se sintió algo reacio a recibir esa muestra de cariño de parte de sus padres, pero sería un tonto si en ese momento se negara a sentir el cariño de sus progenitores que tanta falta le había hecho durante su niñez y parte de su adolescencia. Serían otra vez una familia, en otro sitio, con más hijos a su haber, aunque estos fuesen solo de Richard, con más años y estarían juntos en el camino que les presentara la vida, esperarían con paciencia a que Terry y Candy en un futuro les dieran nietos y un porvenir lleno de dicha y prosperidad.
Una vez terminados los saludos y los brindis, y habiendo pasado ya un buen rato desde la petición de mano del duque, Terry se animó
-Escuchen…- alzó la voz Terry- yo también quiero hacer un anuncio- Candy miraba a su novio desde el sitial donde se encontraba cómodamente sentada, pensando en que sería lo que Terry iba a decir, él no le había contado nada y ella muy curiosa puso mucha atención
-¡Ahhh!- se escuchó la exclamación de Candy al ver a Terry arrodillarse ante ella
-Candy- habló con voz segura- sin ti, yo ya no puedo vivir, en ti encontré la mitad que me faltaba, eres la melodía de mi corazón pecosa, sin ti él no late más. Estoy profundamente enamorado de ti y sé que tú me amas tanto como yo a ti… Candice Parks Russo, hazme el honor de ser mi esposa- Terry no preguntaba, estaba demandando una respuesta afirmativa, pero el corazón de la pequeña rubia no podía latir si no era a su lado y a su ritmo
-Sí Terry, sí quiero ser tú esposa- Terry sacó un hermoso anillo perteneciente a la familia Grandchester, obsequio de su padre cuando el muchacho le dijo que pediría a Candy en matrimonio. El anillo era mucho más ostentoso que el de Eleonor, también en oro blanco con una gran esmeralda central, rodeada de pétalos en oro amarillo y pequeños diamantes en forma de cintillo dando un toque delicado a la joya. Terry lo coloca en el dedo de Candy
-Es realmente hermoso Terry- decía la chica cuando sintió a Terry alzarla para besar sus labios en un profunda caricia que nadie osó interrumpir, ni siquiera la conservadora abuela de la muchacha hizo nada por separarlos ya que también estaba al tanto de la petición de Terry, claro, primero tuvo que pedir la mano de la pequeña rubia a su abuela en compañía de su padre.
Luego de la declaración-petición demandante de Terry, se hicieron presentes en el salón un grupo de músicos, violinistas e intérpretes de instrumentos de cuerda, que amenizaron el resto de la velada, haciendo que los más jóvenes bailaran al son de las notas más hermosas oídas por Terry y Candy en mucho, mucho tiempo. De un minuto a otro, Candy se encontró en un jardín interior que estaba en un lugar alejado del salón donde todos festejaban
-Este jardín es muy hermoso Terry- ella miraba a su alrededor incrédula de encontrar tan maravilloso espacio dentro de la gran casa
-El que tiene tu familia en Nueva York también me gusta mucho pecosa- decía el chico abrazando a la rubia por la cintura
-No tienen comparación Terry- Candy miraba a todos los rincones del hermoso patio interno mientras de muy buena gana recibía las caricias de su insaciable prometido- este es un jardín interior, el de América es solo un invernadero
-Pero ese invernadero- hablaba Terry en medio del escote de la pecosa- me trae recuerdos Candy
-¿Recuerdos?- la pecosa por más que rememoraba los momentos vividos en el invernadero junto a Terry, no encontraba nada especial allí, además las distracciones a las que la estaba llevando el chico no la dejaban pensar con la tranquilidad necesaria- no te entiendo ¿Qué recuerdos?- dijo algo agitada por las sensaciones que muy amablemente le prodigaba su novio con manos y boca
-Sí pecosa- continuó Terry en medio de su reconocimiento- ahí fue la primera vez en que fuiste tan autentica conmigo, que me confesaste que eras adoptada
-¿Eso fue muy importante para ti?- la pecosa quiso saber
-Ese día yo supe que estaba perdidamente enamorado de ti- la miraba a los ojos, con una intensidad que a Candy le hizo temblar las piernas- si hasta parezco un flan- se decía la chica.- Cuando me relataste tu vida, me di cuenta que de alguna manera necesitabas que yo supiera quien eras, y eso me dio alas para poder declararte mis intenciones contigo la noche de año nuevo en el barco
-¡Pero sí recién nos estábamos conociendo Terry!- exclamó con sorpresa
-Lo sé, pero mi corazón ya te quería pecosa, desde que abrí mis ojos para encontrarme con los tuyos en el auto cuando me salvaron de una muerte segura en Nueva York- los sentimientos de Terry estaban a flor de piel, Candy pensaba que era la joven con el novio más perfecto del mundo, él le confesaba sus sentimientos, emociones, pensamientos, deseos y sueños solo a ella, sus tristezas, miedos, añoranzas y tantas otras inquietudes que no compartía con nadie más, solo con ella
(Solo tú… Camilo sesto)
Solo tú
entiendes mi pasión
hasta quitarme la razón
mujer, mujer por ti puedo enloquecer
Solo tú
eres el alma de mi vida
si me abandonas que será de mi
volverá a quedar mi piel dormida
CORO
Antes de ser mía, ya te quería
hoy te quiero, te quiero más todavía
antes de ser mía, ya te quería
hoy te quiero, te quiero más todavía
SOLO TU
Antes de ser mía, ya te quería
hoy te quiero, te quiero mas todavía
antes de ser mía, ya te quería
hoy te quiero, (solo tu)
te quiero mas todavíaaaa
antes de ser mía, ya te quería
(solo tu)
antes de ser mía
Los momentos de la pareja a solas eran muy pocos, es por eso que Terry cada vez que tenía a Candy cerca, se inventaba situaciones para poder estrecharla, abrazarla, besarla y si fuera posible recorrerla entera con sus hambrientas manos y su insaciables labios. El jardín interior de la casa Grandchester, era mudo testigo del amor apasionado que estos dos jóvenes se prodigaban a cada momento en cada lugar en que estaban a solas, a veces, había sido el cuarto de Terry, o el gran laberinto en la mansión, también la pequeña laguna en Escocia, su lugar más que secreto, y ahora el jardín interior. Siempre existiría un lugar y un momento para poder amarse no solo con hechos y palabras, sino también con caricias y ahora que ya estaban prometidos Terry se sentía más dueño de la chica que antes, se quería permitir más licencias con su chica y la intimidad que compartían, pero estaba cierto, que no la podría amar por completo hasta después del matrimonio
-Quiero que el tiempo corra Candy- le confesaba el castaño a su novia- que llegue el día en que realmente seas mía
-No nos daremos cuenta, cuando ese día estará en nuestras manos- dijo ella y se entregó a las demandas del muchacho que se estaba convirtiendo en un hombre.
Cuando Terry había decidido pedir a Candy en matrimonio lo primero que hizo fue hablar con su madre quien le aconsejó discutirlo con su padre
-Padre, necesito platicar con usted- pidió Terry a Richard un día en que lo encontró en el despacho de la mansión, ya que era sabido que casi no pasaba en la casa, la cámara de los lores demandaba su presencia en demasiadas oportunidades, sumado a que Terry pasaba gran parte de su día en la academia, eran pocas las oportunidades en que coincidían en la casa
-Sí hijo… pasa, toma asiento, soy todo oídos- dijo Richard con una sonrisa
-Quiero pedir a Candy en matrimonio padre- declaró sin un solo atisbo de duda en su voz. Su padre lo quedó mirando como queriendo ayudar, pero… no estaba muy seguro de que ese paso fuese tomado siendo su hijo y Candy tan jóvenes
-Hijo- habló mirando a su primogénito con comprensión- yo sé que ustedes se aman y que no podrán jamás estar separados el uno del otro, pero…- dudaba en lo que quería hacerle ver- pero aún son muy jóvenes para dar un paso de tanta responsabilidad…
-Padre- lo interrumpió Terry- no es que quiera casarme con ella mañana, tenemos planes como terminar nuestros estudios y progresar por nosotros mismos, y para eso tenemos que esperar al menos un año más
-¿Entonces?... ¿Cuál es el apuro?- el duque realmente no entendía y no quería ni pensar en que Terry le haya faltado a Candy
-Yo quiero que ella lleve un anillo en su dedo que diga que está prometida- comenzó a decir Terry evidentemente muy nervioso, ni él mismo se entendía
-¿A qué le tienes miedo hijo?- el padre, viejo zorro, sabía que su hijo era de emociones y convicciones fuertes, pero no lograba entender su determinación a que Candy fuese su prometida tan pronto. No quería creer que Terry le temiera algo, pero no perdía nada con preguntar
-No es que tenga miedo padre, pero quiero que todo el mundo sepa que Candice Parks Russo, es mía- dijo con un tono que no dejaba duda a su posesividad. Terry notaba en medio de la conversación, que lo que sentía en ese momento al querer tener a Candy solo para él, se parecía mucho a la sensación que lo tuvo en la cuerda floja cuando la pecosa no podía deshacerse del recuerdo de Anthony. Si las palabras del chico no aclaraban las dudas de su padre, la pasión que ponía en el tono y su expresión corporal, hablaban por él- padre, cuando estuvimos separados mi vida fue un infierno, era como si me faltara el aire para vivir, mi gran motivo en la vida es ella y nada más que ella
-¿Tienes algún rival, hijo?- quiso saber el padre, ¿Qué otra cosa podía ser?
-No que yo sepa- Terry al oír la pregunta de su padre frunció el ceño en forma enérgica, eso no podría pasar, ¿tener un rival?...- y si existiera alguien estoy seguro que la pecosa ni lo notaría
-Jajajaj- rió el duque- es verdad, ella es muy despistada
-Sí, además de despistada es demasiado noble como para ver ciertas señales en otras personas- apoyó Terry y en su anhelo, apuró- entonces ¿Qué dice padre? Me va a ayudar- el duque después de meditar en un silencio prolongado, respetado en su totalidad por Terry, se levantó de su asiento y yendo hasta su caja fuerte extrajo de ella un hermoso joyero antiguo y abriéndolo descubrió un anillo con una gran esmeralda en su centro
-Este anillo me lo dio tu abuela para mi futura esposa… no pude otorgárselo a Eleonor en su tiempo- tragó en seco por la emoción de los recuerdos y su hijo compartió esa desazón - y a Claudina… jamás pensé en dárselo, no creí que fuera correcto que lo llevara, ya que mi madre al cedérmelo fue muy clara al decir que la joya estaba hecha para la mujer que yo amase, y ella, (haciendo alusión a Eleonor), nunca pudo ser mi esposa. Pero a ti hijo te vendría muy bien tenerlo para ese momento especial cuando decidas pedirle a Candy que sea tu compañera en la vida.
Con esas palabras y el total apoyo de su padre, concertaron una reunión con Elroy Parks para pedir la mano de Candy. La señora no estuvo de acuerdo de inmediato ya que para ella la edad de su recientemente recuperada nieta, era muy corta todavía como para contraer matrimonio
-No creo que pueda ser posible señor Grandchester, mi nieta aún es una niña y francamente no creo que ella esté preparada para dar este paso tan importante en su vida- los hombres Grandchester sabían de antemano que la señora iba a ponerse difícil. Terry, había llamado por teléfono a Albert para saber a que atenerse al hablar con la que fuera la matriarca de la familia Andrew durante tantos años. Albert le había dejado claro, muy claro la forma de reacción que tenía su tía y que no era nada de fácil hacerla cambiar de opinión
-El casarse no es algo que mi hijo pretenda a corto plazo- intercedió el duque- ellos tienen planes a futuro y lo primero que desean es terminar cada uno con sus estudios y luego de eso pensar en lo que sigue
-¿Por qué tanto apuro entonces joven Grandchester?- la anciana se había puesto en plan de guerra y al ver la ansiedad en el rostro de Terius, ella pensó lo peor, ya habían pasado por la situación de Stear y Cinnia, y no creía posible que a Candy le hubiese sucedido lo mismo
-No es que tenga un apuro a las puertas señora Elroy- dijo el castaño entendiendo la actitud de la anciana- es solo que yo quiero que ella lleve el anillo que la haría mi prometida- Terry, que llevaba la joya con él, pensó rápido y le mostro el hermoso anillo a la abuela de su novia, ella al verlo no pudo más que sorprenderse ante la opulencia del mismo
-¡Pero aún son muy jóvenes!- exclamaba la mujer con la taza de té a medio camino y el anillo en el camino de su mirada. Esa barrera de la edad era muy importante para Elroy, recordemos que ella misma ya no era una moza cuando contrajo nupcias con su desaparecido Burian
-Yo en enero cumpliré 17 años señora Elroy- el chico muy seguro de sí mismo trataba por todos los medios conseguir hacer de su novia, su prometida- y en mayo, Candy cumplirá 16, luego de eso al menos tendremos que esperar un año más y…- su padre al ver a la anciana casi hipnotizada con el anillo, apretó fuertemente la pierna de su hijo para que este detuviera su perorata
-Además señora Elroy- otra vez el duque- como un alto representante de la aristocracia inglesa, ya he comenzado a recibir propuestas de padres que están interesados en formar una alianza con mi familia, usted entenderá que cualquier tipo de negocio se cierra más favorablemente con un matrimonio- Richard no mentía, pero él no sería capaz de aceptar ninguna de esas propuestas, cuando sabía que su hijo daría la vida por Candy- si mi hijo no está prometido, la insistencia de algunos puede ser tan enérgica, como para llegar a hablar con el rey y solicitar en mentado matrimonio, si el rey considera necesaria la unión, en ese caso, yo no podría hacer nada por salvar a Terius de un matrimonio no deseado…- el duque miraba las reacciones de la anciana, reconociendo en ella un gran interés en que su nieta fuese la futura duquesa de Grandchester, cosa que a Richard también le apetecía- será una gran duquesa- se había dicho más de una vez- ¿Qué dice señora Parks, le concede la mano de Candice en matrimonio a mi hijo Terius?- volvió a insistir el duque que tenía una vasta experiencia en distintos tipos de negociaciones, pero la anciana que no daba su brazo a torcer guardó silencio en evidente razonamiento de la situación que ahora tenía en sus manos.
Terry pensaba que por tener el honor de leer los pensamientos de la anciana, podría hasta dar uno de sus miembros.
Elroy, al ver que el chico insistía y en compañía de su padre habían venido hasta ella para pedir en matrimonio a su única nieta, sopesó la situación y llegó a la conclusión de que si no concedía la mano de Candice el día de hoy, su sueño de emparentar con la aristocracia se le iría a las nubes, sí, la alta nobleza podía ser muy voluble cuando querían y como dice el dicho "más vale pájaro en mano que cien volando"…
-Está bien- aceptó y a Terry le volvió la vida, el duque solo se limitó a sonreír y Elroy agregó- pero nunca antes de un año
-No, nunca antes del año- apoyó el duque con el semblante más serio del que fue capaz, ni el mismo estaba seguro de que eso ocurriera así, estaba nuevamente conociendo a su hijo y había notado que éste no era nada paciente, y si a eso agregamos lo pasional que puede llegar a ser…
Así, todo arreglado con su padre y la anciana Elroy, el sueño de Terry de que Candy fuera ya su prometida, llegó a él, el día de navidad de 1913.
Año nuevo llegó y con él la noticia del nacimiento a fines de diciembre, del hijo de George y Dorothy, un hermoso bebé de pelo oscuro y ojos color miel, de piel muy blanca, al que llamaron Kenneth George Johnson Higgins dando paso a un 1914 lleno de sucesos a nivel mundial que cambiaron para siempre el modo de ver pasar la vida.
El año 1914 comenzó con el matrimonio de Sir Richard Grandchester, duque de Grandchester, con la reconocida actriz Eleonor Baker. La corona inglesa casi que queda patas arriba con el mentado escándalo que esta unión trajo hasta ella. A oídos del rey había llegado hace meses la noticia de que el duque de Grandchester, su sobrino, estaba cortejando a una mujer americana, no contentos con eso, habían inventado una variedad de historias en torno a ellos como para escribir un libro… que la mujer era separada, que tenía un hijo escondido quien sabe donde, que apareció en la vida del duque de la noche a la mañana cuando aún Claudina vivía y así… etcéteras y más etcéteras. Pero ¿Por qué tanto escándalo? Simple y llanamente, la que era la doncella de confianza de la difunta Claudina Grandchester, no quería a Eleonor en la mansión como dueña y señora ocupando el lugar de la que fuera su señora por tantos años. Ella era la que había plantado en el corazón del joven Richard Jr. el desprecio y la desconfianza que tanto hacía padecer a la rubia actriz y a Richard mismo.
El jovencito no se daba cuenta de que escuchar las ponzoñosas palabras de la doncella hacía que sus sentimientos hirieran de una u otra forma a su padre, pero ya que ella era de mucha confianza en la familia, tanto así, que se le buscó otro puesto en la mansión y así no tener que despedirla, el joven Richard no veía nada malo en oír las palabras de quien él consideraba una buena persona que había estado al lado de su madre hasta su triste final. Priscilla, siendo niña, por lo mismo más sensible, pero no por eso crédula, no estuvo interesada en escuchar en su totalidad a la doncella, es por eso que la pequeña había logrado que su hermano recapacitara y entendiera que Eleonor era la felicidad de su padre, y que si ellos se oponían lo único que lograrían sería la eterna infelicidad de su progenitor.
La misma mujer que había envenenado por tanto tiempo al pequeño Richard, había hecho llegar a oídos del rey la sarta de mentiras e invenciones que dejaban a Eleonor como la peor de las mujeres. Pero para pesar de ella misma, el rey en esta ocasión no haría nada por impedir el matrimonio.
Catheryn Brecher, hermana de Richard y prima favorita del rey y por lo mismo muy cercana y asidua visitante del recinto que el soberano y su familia habitaban, se hizo cargo de contarle a su excelencia, la verdad de la relación de su hermano con Eleonor sin obviar absolutamente nada, es decir, también le fue referido al monarca, el parentesco de la futura esposa de Richard, con Terry.
El rey que estaba casado por amor y no por obligación, como se acostumbraba en su entorno, y amaba a sus hijos con el alma, entendió a la perfección la situación y dio su beneplácito para que la unión en santo matrimonio y por la iglesia anglicana se pudiera llevar a cabo sin ningún tipo de obstrucción, y como broche de oro para legitimar su aceptación en la unión, el rey y su reina, se presentaron en la ceremonia y posterior celebración en honor a los novios.
Continuará
Más notitas: Agradezco su permanencia en el fic. Esta semana estuvieron muy esquivas con los mensajes, solo recibí cinco, pero entiendo que no todas se sientan a gusto con las situaciones.
El primer mensaje que recibí, es de un lector invitado, aparece como "guest"... Entiendo tu postura, pero el fic es de Terry y Candy, solo que invento muchos personajes y situaciones de vida que en algunos capítulos estoy obligada a darles continuidad. En mi defensa, el capítulo sí contó con otras cosas que no fueron Albert-Elisa. Espero seguir contando con tu lectura.
Blanca G: También te quejaste de no leer mucho de Terry y Candy, en este "El tiempo vuela", espero haberme redimido contigo... Sí, nacieron los bebés Alana y Anthony.
Sayuri: ¿que pasará? muchas cosas faltan aún. Gracias por comentar.
Eli: Que bueno saber que te gustó el capítulo. Siempre trato de colocar escenas con Terry y Candy, pero no todos los capítulos pueden solo ser de ellos.
El último comentario del capítulo Bebés, también es de un invitado. Muchas gracias a ti por seguir la historia.
Bueno, eso es todo por ahora, espero poder subir capítulo a más tardar el miércoles.
Nos leemos.
