Round 27: El Verdadero Ogre

- ¿Qué demonios ha sido eso? -dijo Bryan, intentando recobrar el equilibrio. Por suerte para Julia, el temblor de tierra que les sacudió a ambos la había salvado de una patada, ya que la india seguía en el suelo.

La joven aprovechó el despiste de su contrincante para ponerse en pie y alejarse de él lo mas posible. Sin embargo, aquel temblor también le hizo girar la cabeza en dirección a la tumba donde Paul y Hwoarang habían entrado momentos antes. Se había oído un fuerte rugido antes del temblor; algunas de las columnas desastrosas que les rodeaban se habían caído con el movimiento de tierra.

No tenía buena pinta. El rugido provenía del interior de la tumba y el temblor de tierra parecía tener el mismo origen. Si todo eso había sido por el combate contra Ogre que estaban disputando ahí dentro entonces algo malo había pasado. A Julia le dio un vuelco el corazón cuando vio como por la entrada a la tumba salía una columna de polvo espeso, como si el interior se hubiera derrumbado.

- ¡Vaya! -dijo Bryan al ver la polvareda. Por suerte o por desgracia el polvo no les había envuelto a ellos también-. Parece que tus amigos se lo están pasando bien.

A partir de aquel momento no se oyó nada mas salvo algunas rocas caer al suelo y el murmullo del viento, como si ahí dentro no hubiera nada vivo...

Julia apartó aquel pensamiento de su cabeza. Tenía frente a ella al peor enemigo al que se había enfrentado jamás, aunque la lista no era muy larga. Aún así debía apresurarse, debía saber que era lo que había ocurrido lo antes posible.

Bryan giró la cabeza en dirección a su contrincante. Al ver la cara de Julia soltó una carcajada.

- Te haré un favor -dijo Bryan poniéndose en guardia-. No tendrás que preocuparte más por tus amigos. Te mataré y así acabamos de una vez.

Julia no dijo nada, únicamente tragó saliva al ver como Bryan echaba a correr hacia ella con un grito de guerra. Antes del primer puñetazo de Bryan, Julia se echó a un lado para esquivarlo y hundió su codo en los riñones de su contrincante. Bryan lanzó una patada que rozó la nariz de la joven al echarse atrás para esquivarla, pero antes de volver a lanzar otro ataque, Julia le propinó una patada en el hombro.

Bryan se echó para atrás del golpe y se giró por el impacto. Fue entonces cuando Julia lo vio. En la espalda, Bryan lucía una horrible cicatriz en forma de cruz que le recorría de la nuca hasta la cintura y de hombro a hombro. Era una terrible cicatriz provocada por una herida a la que ningún ser podría haber sobrevivido.

Bryan se dio la vuelta y se encontró con el rostro asombrado de Julia. Acababa de comprender que realmente se estaba enfrentando a alguien que no estaba vivo. Había oído sus bravuconadas, sus continuas alusiones a la muerte, pero en el fondo no había sido capaz de creérselo del todo. Era resistente, a mas no poder, pero al fin y al cabo estaba ahí delante y se movía. No podía estar muerto y, sin embargo, aquella cicatriz...

- Convencida -dijo Bryan adivinando la causa-. Son las cicatrices de una autopsia, niña. Supuse que tú las conocerías -Julia le miró interrogativa-. Tu chieftain... Él no tuvo tanta suerte como yo, pequeña. No era alguien fuerte como quien tienes delante. Alguien para quien la muerte no es mas que un mal sueño...

La furia se agolpó en la cabeza de la india.

- Dejémonos de habladurías, ¿quieres? -dijo Bryan-. Estoy cansado de ti.

El zombi (o lo que quiera que fuese) se abalanzó nuevamente a por su enemiga. Pero antes de que pudiera atacar sintió que el puño de Julia se hundía en su estómago doblándose por el golpe, cosa que aprovechó la joven para rematar el movimiento con un gancho de derechas.

Bryan cayó al suelo de espaldas pero no dejó que Julia aprovechara su ventaja. Antes de que la india se abalanzase a por él, la derribó con una pierna, haciéndola caer al suelo de costado. El soldado subió encima suyo de un salto y le dio un puñetazo en la cara, pero antes de que repitiese la maniobra, Julia detuvo el golpe con ambas manos, agarrando el brazo de Bryan por la muñeca. Apartó a su enemigo con una pierna, empujándole hacia atrás. Antes de que Bryan recobrase el equilibrio Julia se lanzó encima suyo al levantarse haciéndole caer de nuevo al suelo.

Las tornas se habían cambiado, pues ahora fue Julia quien aporreó la cabeza de Bryan con su puño derecho. Volvió a hacerlo nuevamente, pero antes de que pudiera repetirlo, Bryan agarró el puño con su mano. Sin embargo Julia comenzó a pegarle con su puño izquierdo. El gemido de Bryan acompaño al de Julia al golpear con el puño herido. Antes de levantarse, Julia aplastó la cabeza de Bryan contra el suelo con ambas manos.

La joven se levantó y se apartó de Bryan para que no pudiera agarrarla de nuevo. El soldado se levantó pesadamente y dio un traspiés que casi le hizo volver a caer. Bryan levantó la cabeza para mirar con furia a su contrincante.

Una vez mas un rayo de esperanza. Se equivocaba, aquel hombre sí sentía dolor. Al menos todos esos golpes en la cabeza parecían afectarle, pues Bryan agitaba la cabeza como si quisiera espabilarse.

- ¡Te voy a matar, mocosa! -dijo Bryan, echando a correr nuevamente hacia Julia. Antes de que llegara, ella le lanzó un puñetazo con su mano buena, pero Bryan la apartó con la izquierda mientras que con la derecha le golpeaba en el estómago.

Julia debía contraatacar. Si flaqueaba en aquel momento Bryan no lo iba a perdonar. Era momento de arriesgarse. Haciendo caso omiso del dolor que atenazaba su estómago, Julia lanzó un puñetazo con su mano sana a Bryan. El golpe fue rápido y se anticipó al siguiente ataque del soldado.

Bryan se sorprendió al ver que aquel golpe no había tenido fuerza alguna, únicamente le había plantado la mano en la cara haciéndole levantar la cabeza. Iba a pagarlo caro. Cuando Bryan volvió a abrir los ojos Julia ya no estaba delante suyo.

Lo único que sintió fueron dos brazos que tiraban de el hacia arriba cogiéndole por las axilas. La india se encontraba detrás suyo, se había movido rápidamente a su espalda tras el golpe y ni siquiera la había visto. Ahora se encontraba en el aire, impulsado por la fuerza de la joven, que le hizo girar en el salto y se precipitaba al suelo con ella encima.

Lo ultimo que Bryan sintió antes de estamparse de cabeza contra el suelo fue la rodilla de Julia colocada en su nuca.

Después, nada.

No sabía si lo había matado, porque ni tan siquiera sabía si podía morir. Lo único que sabia era que, tras aquel golpe, Bryan no se levantó. Había oído su cuello crujir pero no parecía ser el crujir de huesos si no mas bien un crujido metálico. Tampoco le preocupó demasiado. Bryan ya no se movía.

Julia se apartó del cuerpo de su contrincante y pudo respirar tranquila por fin. El combate había acabado. De repente se sintió casada y el dolor de su mano creció. El mareo seguía y tenía ganas de vomitar, cosa que le hizo preguntarse si tenía algo para hacerlo, pues no recordaba la última vez que había tomado algo. Pero no había tiempo para ello. No tenia tiempo. Hwoarang y Paul necesitaban ayuda.

Se levantar con cierta sorpresa, ya que pensaba que ya estaba de pie, y se dirigió hacia la entrada. En uno de los escalones tropezó y llegó trastabillando hasta la cima, cayendo de rodillas. Sus fuerzas flaquearon y se sintió a punto de perder la consciencia. Cuando se recuperó lo suficiente, entró tambaleante en la tumba y lo que vio le hizo olvidarse de lo cansada que estaba, del mareo y de las nauseas.

Lo que vio fue desolador.


Jin apartó de su cabeza los escombros que le aprisionaban, con la esperanza de que su jaqueca se marchara con ellos. No tuvo suerte. Abrió los ojos para descubrir que apenas podía ver. Se encontraba cubierto de polvo y escombros, y rodeado de trozos de lo que había sido suelo por un lado y techo, suponía, por el otro. La luz cegadora parecía haber desaparecido junto con Toshin y ahora solo iluminaba lo poco que se filtraba por el agujero del techo y conseguía atravesar la densa capa de polvo.

- ¿Hwoarang? -preguntó, mientras se levantaba pesadamente.

Estaba seguro de que le había visto caer con él antes de que todo se volviera oscuro por un momento. Sabía que no debía de haber pasado mucho tiempo desde que habían caído, pues todavía llovían escombros.

- No grites -oyó una voz débil no muy lejos de él.

Le encontró gracias al dobok blanco, cada vez más gris, rodeado de escombros y con polvo hasta en las cejas. Jin se reunió con él y le apartó un par de rocas de encima de poco tamaño. Habían tenido suerte de que nada enorme les cayera encima. El coreano murmuró algo en su idioma que Jin no pudo comprender, y se llevó la mano a la cabeza. Volvía a sangrar por la brecha del día anterior, y el japonés supo con certeza que él no tendría mucho mejor aspecto.

- ¿Estás bien? -le preguntó.

- Cojonudo, no te jode -dijo Hwoarang, levantándose-. Hoy es uno de esos días en los que preferiría no haberme levantado. ¿Y Paul?

La última pregunta había llegado tras una larga pausa. Jin no dejó de notar que el coreano había llamado al motorista por su nombre, y que, hasta ese momento, sólo se había referido a él de forma indirecta. No supo qué responder. Si el cuerpo de su compañero había caído con ellos, no estaba a la vista. Bien estaba sepultado o aún permanecía en el piso de arriba. En qué estado, no lo sabía.

- Le ha matado -se sorprendió diciendo.

- Absorbido -corrigió Hwoarang ganándose la mirada sorprendida del japonés. El otro no le miraba-. Es lo que hace Ogre. Absorber almas de luchadores.

- ¿Ogre? -preguntó Jin, confundido.

- Otro nombre de tu Toshin. El Dios de la Lucha -explicó el coreano, mirando alrededor. Jin asintió, luchando contra la jaqueca para encajar las piezas del puzle-. Nos lo explicó Michelle. El tipo se alimenta de almas de luchadores, las une a su propio poder. Y, cuando al muy cobarde hijo de puta le va mal, también las absorbe. Y le iba muy mal, el grandullón... -Hwoarang pronunció aquella última palabra con un respeto muy raro en él y, sin poder finalizar, le vio apretar fuerte la mandíbula.

Jin lo entendió. Tener a Paul Phoenix al lado, por muy poco tiempo que hiciese que le conocían, era una garantía de seguridad. Era un tipo fuerte y con un carácter a prueba de bombas, había demostrado que no se rendía hasta el final. Sin él como tercero del grupo, sin su experiencia y su brazo fuerte, era como si faltase algo. Y, si era cierto que Toshin absorbía almas de luchadores, aquello era como si Paul hubiese muerto. Y, aún peor...

- Tiene movimientos de mi maestro -dijo Hwoarang a duras penas, la rabia visible en su voz-. Y tiene movimientos que usas tú.

- Los movimientos que me enseñó mi madre -asintió Jin, que sabía por dónde iba su compañero-. Ahora tendrá...

- La fuerza de Paul -concluyó el coreano.

Ambos se quedaron en silencio un momento mientras se preparaban para cualquier cosa. Solo los escombros que seguían cayendo y sus respiraciones sonaban en aquel lugar tétrico. Ambos se encontraban en el centro del haz de luz que provenía de el agujero por donde habían caído, y eran conscientes de que el monstruo estaba por allí, al acecho.

- No conseguirá la fuerza de nadie más -dijo Hwoarang con firmeza.

El japonés asintió gravemente. Era perfectamente consciente de que Hwoarang y él eran las dos últimas personas que se interponían entre Toshin y el resto de luchadores del Torneo y que ellos dos, con apenas diecinueve años, podían parecer poca cosa. Pero con ellos estaba el deseo de proteger al resto del mundo y, lo más importante, su deseo de venganza. No solo por la vida de Paul Phoenix, sino también por la vida de dos personas que habían sido importantes para ambos. Toshin había vuelto aquellas dos jóvenes vidas del revés hacía años. Les había dejado sin mentor a uno, sin madre al otro y, ahora, sin compañero.

- No vivirá más allá de este día -acabó diciendo Jin-. Ya hemos tenido demasiadas pérdidas.

- Ling sigue viva -se apresuró a informar el coreano. A Jin sólo le dio tiempo a abrir los ojos por la sorpresa, pero no pudo añadir nada más antes de que su compañero le empujara-. ¡Al suelo! -gritó.

El japonés solo alcanzó a oír la voz de Hwoarang antes de sentir un empujón que le hizo caer al suelo. Cuando se dio la vuelta solo llegó a ver que una sombra enorme pasaba rozando a Hwoarang, que también se había tirado.

Los dos se levantaron rápidamente para encarar a Ogre, si es que era eso, que había salido del haz de luz y vuelto a las sombras. Sin embargo sus pasos volvieron a oírse. Solo que esta vez eran diferentes. Sonaban como si ya no estuvieran descalzos, ya no se oía el tintineo de la armadura si no un extraño siseo como el de una serpiente. Dos luces rojas aparecieron entre las sombras. Eran los ojos de Ogre, se encontraba delante de ellos y volvía a hablarles.

- Jin Kazama.

El monstruo ya no hablaba: rugía. Sin embargo, el significado de aquellos ruidos aparecía claro en las mentes de los dos luchadores, como si pudieran traducir aquellos sonidos guturales.

- Tu abuelo me prometió tu alma al llegar tu madurez. Entrégate ahora o muere, como aquella que te dio la vida.

- Te olvidas de alguien, gilipollas.

Jin notó que su compañero se había puesto en guardia mientras decía aquello, intervención que había agradecido, pues el odio y la rabia que le atenazó el corazón al ver confirmadas de una vez todas sus sospechas, no le habrían permitido responder nada. El monstruo, sin embargo, rio al oír al coreano.

- -dijo, tras el arranque- ni siquiera eres contrincante para mí. Caerás como lo hizo tu maestro. Te unirás a mi por la fuerza.

- Y tú seguirás soñando, mamón.

Fue entonces cuando Ogre dio un paso al frente. El haz de luz iluminó lo que parecía ser una especie de quimera. Ogre se había convertido en un verdadero monstruo. Cuando las dos enormes alas coriáceas que habían nacido a su espalda se abrieron pudieron contemplar su cuerpo entero. Los pies ya no eran pies, sino garras parecidas a las de las aves rapaces. La mano izquierda era una garra de tres dedos acabados en afiladas uñas y el brazo derecho había sido sustituido por una enorme serpiente carente de ojos que se contoneaba. El torso de la criatura era enorme y musculoso, y su busto estaba cubierto por un denso pelaje que enmarcaba su horrible cara. La mandíbula inferior prominente lucía dos enormes colmillos del tamaño de cuchillos, tenía la nariz y los ojos rojos hundidos, y de la cabeza nacía una enorme cornamenta. Toda la piel de la criatura estaba impregnada de extraños tatuajes y marcas similares a las que lucía en su antiguo aspecto.

- Joder -dijo Hwoarang echándose hacia atrás de manera involuntaria. Jin le acompañó.

- Tenéis el honor de contemplar el verdadero rostro de vuestro verdugo -dijo Ogre rugiendo-. Ahora volved con los que os precedieron formando parte de mí.

Dicho esto, Ogre soltó un poderoso rugido que obligó a sus contrincantes a llevarse las manos a los oídos. De aquella horrible boca inhumana no solo surgió aquel sonido estridente sino que Hwoarang y Jin fueron abatidos por una ola de flamas. Ninguno de los dos pudo evitar el latigazo que Ogre les dio con su brazo de serpiente. Ambos cayeron al suelo varios metros mas atrás. Cuando Jin se levantó corriendo vio que Ogre inspiraba profundamente.

- ¡Hwoarang corre! -gritó Jin, echando a correr hacia Hwoarang que parecía haber caído mal sobre una roca y le costaba levantarse-. ¡Corre! -casi chilló.

Como había previsto, de la boca del verdadero Ogre surgió una llamarada. Jin sintió que el fuego le seguía, notó el calor en su espalda, cada vez más cerca. Sin embargo el fuego también iluminó la sala. Vio que no muy lejos de donde se encontraba Hwoarang había una columna y fue allí donde empujó al coreano. Las llamas les rodearon y se sintió ahogado por el calor, pero gracias a aquella maniobra no se asaron vivos.

Jin podía oír los pasos de Ogre, que se acercaba. Ahora que las llamas habían prendido los restos de una antorcha o algo por el estilo, se podía ver ligeramente la sala. Por lo que llegaban a vislumbrar era tan enorme como la anterior, con una fila de columnas a uno o dos metros de distancia de las paredes e igual separación entre ellas. La decoración de las columnas era aún mas tétrica si cabía que las de las columnas del piso superior.

- Yo atraigo las llamas -dijo Hwoarang levantándose y señalando hacia su izquierda. Jin vio entre las sombras la fila de columnas y asintió. Sabía que era lo que Hwoarang planeaba.

Cuando el coreano abandonó su parapeto Jin dejó de verle, pues su visión quedó obstruida por las llamas, pero aún oía a Hwoarang llamar la atención de la criatura. Como Ogre había puesto toda su atención en su compañero, el japonés salió por el otro lado de la columna. No tuvo que andar demasiado para encontrarse con Ogre, que lanzaba fuego hacia Hwoarang. El coreano se había cubierto en una columna. Era la hora de que Jin hiciera su trabajo

Agarró el brazo del verdadero Ogre, aquel que no tenía serpiente, y lo levantó para poder golpearle debajo del hombro. Era un golpe fuerte que en un humano podría haber roto la articulación, pero en aquella criatura parecía no tener el menor efecto. Cuando Jin tocó la piel de Ogre con el brazo que no tenía protector, la notó dura y escamosa. Era un tacto desagradable, pero parecía servir bien a la criatura pues parecía haber disminuido el daño.

Volvió atacarle, pero esta vez en los riñones. El verdadero Ogre rugió y encaró al japonés cortando el aire con su garra. Las afiladas uñas abriendo surcos en el pecho de Jin, que pudo esquivarlo con suerte para evitar lo peor. Sin embargo la alegría de Jin se disipó al sentir que la cabeza de serpiente de Ogre le golpeaba con fuerza en el pecho. Jin casi agradeció que no hubiese utilizado los dientes de la serpiente, ya que tuvo el honor de contemplarlos muy de cerca.

Parecía haber hablado demasiado pronto pues la serpiente comenzó a lanzar dentelladas que Jin esquivó como pudo. En uno de los asaltos de la serpiente, Jin tuvo que detenerla con ambas manos por el cuello. Viendo su miembro retenido, atacó con su garra, libre pero Jin pudo esquivarlo. Antes de que Ogre pudiera volver a atacar una patada de Hwoarang en la espalda le hizo rugir.


Lo que vio fue desolador.

No solo por el enorme agujero que se había abierto en el centro de la estancia, que parecía habérselo llevado todo, sino también porque vio a Paul Phoenix tirado al lado de unas escaleras.

No se movía.

- ¡Paul!

Julia bajó las escaleras de tres en tres, sin pensar apenas y respirando como podía. Cuando llegó junto a Paul se percató de que apenas tenía marcas de combate. Una sustancia verde pegajosa cubría uno de sus puños, que estaba desnudo, y tenía marcas en el cuello, como si se lo hubieran apretado con fuerza. Pero nada más. La india pegó el oído al pecho de su compañero.

- Vamos... vamosvamos... -dijo, casi como un rezo, luchando por contener las lágrimas.

Y, después, esbozando una sonrisa: el corazón aún latía, estaba vivo. Eran latidos débiles, su respiración muy ligera, pero seguía vivo.

- Despierta, Paul -dijo Julia, dando unas bofetaditas en la mejilla al motorista-. ¡Despierta!

No hubo respuesta.

- ¡PAUL PHOENIX! ¡DESPIÉRTATE AHORA MISMO!

La técnica de su madre siempre daba resultado, salvo esta vez. Paul no reaccionaba, pero aún le quedaban ases en la manga. Michelle tenía una técnica para despertar a Paul cuando caía borracho. Julia agarró la mano de Paul y le retorció el dedo índice hasta que formó ángulo recto con el dorso. El dolor solía ser insoportable y la gente solía despertarse, pero Paul no reaccionó.

- Al menos sigue vivo.

Julia levantó al motorista, y echándoselo a los hombros comenzó a subir de nuevo las escaleras para salir de aquella tumba. Fuera lo que fuera lo que le pasaba a Paul el ambiente cargado de polvo de aquella tumba no mejoraría su estado. Sacó al motorista al exterior y le escondió entre un par de rocas.

- Aquí no te verán -dijo Julia, como si su compañero pudiera oírle. Acto seguido echó a correr de nuevo hacia el interior.

Hwoarang y Jin debían estar dentro. Debían estar bien. Si no lo estaban, Julia se encargaría de hacerlo pagar.

El agujero que había en medio de aquella enorme tumba cubría el centro de la estructura en forma de cruz. Cuando Julia se acercó a mirar, trozos del suelo se desprendieron y tuvo que saltar hacia atrás para no caer con ellos. Aquello era un polvorín, en cualquier momento podía venirse abajo. La poca luz que había en la sala le impedía ver qué había ahí abajo, pero los ruidos que escuchó aclararon sus dudas.

- Están abajo -se dijo la india.

Comenzó a mirar por todos lados, debía haber una escalera o algo por el estilo para descender al piso inferior. Encontró unos portales en los extremos de aquella estructura en cruz, pero solo podía alcanzar uno de ellos, que fue al que se dirigió corriendo, asegurándose de pisar cerca de las columnas para que no se hundiera el suelo a sus pies.

La puerta conducía a unas escaleras sin ninguna iluminación. Julia comenzó a bajarlas con cuidado, pero un grito de dolor proveniente del pasillo la hizo olvidar toda precaución y bajar las escaleras corriendo, lo que le pasó factura, pues los últimos escalones los bajó rodando. Cuando se pudo levantar después del golpe se encontró con una sala enorme, alargada, con dos filas de columnas junto a las paredes. En una de las columnas algo ardía iluminando a...


- Ahora estamos cara a cara -dijo Hwoarang mirando el trasero de Ogre.

No pudo añadir nada más, pues Ogre pegó un latigazo con el rabo que le hubiera golpeado de no haber saltado un momento antes hacia atrás para esquivarlo.

- ¡No te detengas! -le gritó Jin, que se abalanzaba a por Ogre

El japonés apartó la mano ofídica de un golpe. Debían presionar a su contrario; la presión era una buena técnica cuando uno superaba en número al adversario. Y además tenían que flanquearle, así no podría quemarles a los dos con su aliento, solamente a uno si Hwoarang atacaba por un lado y él por otro.

Sin embargo, su ventaja desapareció en cuanto la serpiente clavó sus dientes en el brazo de Jin. No le había mordido del todo, solo le habían rozado cuando sacó la mano rápidamente para evitar que las fauces le atrapasen, pero aún así el solo contacto de aquellos afilados colmillos le produjo un terrible escozor que casi le paralizaba el brazo.

- Veneno -murmuró el japonés, comprendiendo.

Mientras se sujetaba el brazo con un gesto de dolor, Ogre le dio la espalda para atacar a Hwoarang con total tranquilidad. La serpiente comenzó a lanzar dentelladas mientras las garras de Ogre cortaban el aire obligando al coreano a recular.

- ¡Maldito hijo de puta! -gritó Hwoarang, frustrado al no encontrar un hueco por donde atacar, y mucho más cuando la criatura derribó a su compañero japonés de un latigazo con el rabo.

Ogre colocó el pie encima del pecho de Jin para que este no se levantase. Hwoarang probó fortuna atacando para desviar su atención o hacer que la criatura soltase su presa, pero no lo consiguió.

- Levántate, Kazama -le dijo a su compañero, mientras retrocedía para esquivar las garras.

Jin lo intentó, pero Ogre le volvió a dar un latigazo con el rabo. Hwoarang, harto de mirar y no actuar se abalanzó a por la criatura. De una patada apartó a la serpiente que se le lanzaba al cuello. No pudo esquivar del todo el garrazo y sintió como rasgaba la piel de su brazo, pero no le importó. Llegó frente a Ogre y una vez allí...

Hwoarang descubrió de mala manera que, a pesar del aspecto pesado de Ogre, sus piernas podían moverse a gran velocidad. Ogre pateó a Hwoarang al estilo Mishima, una patada que levantó hasta su cabeza, golpeando al coreano en el pecho, y luego encogiendo la rodilla golpeaba con el talón en el omóplato. Después le propinó un puñetazo con su mano ofídica, que le envió hacia atrás rodando. Jin intentó levantarse cuando Ogre pateó a Hwoarang pero la criatura volvió a plantarle el pie encima cuando se deshizo del coreano.

El pelirrojo se levantó con un fuerte dolor en el hombro. Sentía cómo la sangre le caía por el brazo, pero debía levantarse. Debía ayudar a Jin. Juntos tenían una oportunidad, separados... El coreano levantó la cabeza. La escasa luz que iluminaba a Ogre le mostró a la criatura inspirando profundamente.

Sabía lo que venía a continuación. Pero no se produjo.

- ¿Julia? -dijo Hwoarang, al ver como la india daba una patada voladora a la criatura.

El golpe hizo que Ogre reculara, obligándole a retirar el pie de encima de Jin y a soltar todo el aire que había acumulado en los pulmones. La muchacha cayó de costado al suelo tras el golpe, y se apresuró a apartarse del alcance de la criatura. Hwoarang también encontró las fuerzas para levantarse y correr en dirección opuesta a la de su compañera.

- ¡Que no nos sorprenda juntos! -le gritó.

- ¿Qué? -dijo Julia al verle rodear corriendo a Ogre, bajo la atenta mirada de este. La india había echado a correr para auxiliar a Jin.

- Aléjate -le dijo Jin, levantándose sin ayuda-. Lanza fuego, nos quemará a los dos.

Julia asintió, comprendiendo, y se alejó del japonés.

- ¿Qué es eso? -dijo Julia mirando a la criatura. No pudo esconder el temor en su tono.

- Ogre -dijo Hwoarang-. El verdadero e inigualable.

Ogre les miraba haciendo un ruido gutural. Cuando los ojos de la criatura se posaron en Julia soltó un rugido sorprendido, pero que todos comprendieron.

- ¡¿Un guerrero?! -exclamó la criatura. Acto seguido rugió con furia y se abalanzó sin pensarlo hacia Julia.

Jin salió corriendo para detener a la criatura, pero se hallaba demasiado alejado y Ogre se movía demasiado rápido. Por suerte Hwoarang sí llegó para interceptarle.

El coreano saltó para patear a la criatura encima de la cabeza. Hwoarang descubrió que tras el cráneo, Ogre lucía una especie de caparazón solido que redujo el daño del golpe. Aún así la criatura se dio la vuelta y asaltó al coreano con su mano de serpiente. Hwoarang apartó el ataque con un brazo y pateó el costado de la criatura con su pierna derecha. Acto seguido y sin plantar la pierna, volvió darle una patada pero esta vez debajo de lo que sería el hombro del brazo ofídico. El golpe hizo que Ogre diera un pequeño salto pero la serpiente se agitó y dio un fuerte latigazo en la espalda del coreano, que cayó al suelo.

En aquel momento llegó Julia, encarando a la criatura. Se lanzó preparada para darle un puñetazo, pero su brazo izquierdo se deslizó rápidamente hasta la cabeza de la joven, agarrándola y levantándola en volandas. Julia le agarró de la muñeca y con las piernas se encaramó al brazo para no sufrir daño en el cuello.

- ¡Haz que la suelte! -gritó Hwoarang levatandose, viendo que Jin se acercaba corriendo.

El japonés incrustó el puño en el costado izquierdo de la criatura con mas fuerza de la que se había creído capaz. Sintió que las escamas de su piel se quebraban. Consiguió que Ogre se tambaleara ligeramente, soltando la cabeza de Julia para intentar golpear a Jin. Esquivó el golpe, pero Julia, aún encaramada en el brazo, salió despedida. No había tiempo para preocuparse por ella, era el momento de atacar. Desde aquella posición, con el brazo de Ogre echado hacia atrás era el momento perfecto. Jin sujetó el brazo de Ogre con su mano derecha mientras que con la izquierda le golpeaba en el estómago.

Fue entonces cuando Hwoarang se unió al ataque desde el otro lado, había agarrado con ambas manos la serpiente de Ogre y pateaba la cabeza de la criatura con patadas altas.

Ogre se encogió y agitó los brazos para deshacerse de sus contrincantes. Jin y Hwoarang se tuvieron que alejar un poco para no resultar dañados, pero antes de que Ogre hiciera nada volvieron al contraataque. Sin embargo, Ogre desapareció delante de sus narices con un flash de luz que les dejó atontados. Cuando Jin volvió a abrir los ojos se encontró con que el coreano le miraba extrañado.

- ¿Donde coño...? -comenzó a decir Hwoarang anticipándose a Jin.

- ¡Arriba! -oyeron gritar a Julia, pero antes de que pudieran hacer nada una sombra se cernió sobre ellos.