Otra vez chicas una recomendación más, cuando hice este Cap. Fue con la melodía de `Love Me` de Yiruma si desean escucharla mientras leen el cap. mejor, es una recomendación nada mas.

Bueno disfruten del capitulo, así como yo también lo hice al momento de escribirlo y volverlo a leer.

At: Tutzy Cullen

Pd: Hippiosa #2 te dedico el Capitulo completo, tu sabes a que me refiero, te quiero mensa.

Pd1: Hippiosa #3 no te me pongas celosa okey, este cap. tiene mucho para nuestra Hippiosa #2, y por cierto también te quiero babas.

Pd2: Ame este Capitulo

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23.1Capitulo

Love Me

Bella POV

Sabía que a partir de ahora las cosas tomarían un rumbo distinto, mi vida pediría cambios y más si el es parte de ese cambio. El saber que esta conmigo de nuevo, el sentir su calor cercas del mío, me hacia sentir endemoniadamente segura. Tantos momentos estuve fuera de este tipo de aura y nada había podido sustituirla. Me sentía como una adolescente, las mariposas volvían a revolotear. El saber que sus palabras fueron sinceras al hablar con la muchacha de recepción, me hizo darme cuenta que el estaba arrepentido. Fue extraño volver a escuchar de sus labios el 'es mi mejor amiga', nunca creí que lo volvería a escuchar.

Durante el camino a su habitación ninguno de los dos hablo, el silencio era tan cómodo que podría pasar un elefante enfrente de nosotros y no lo escucharíamos, era el claro ejemplo de que estábamos en nuestro mundo, ese de donde no quería salir. Vimos a varias parejas de ancianos, regalándonos sonrisas y un 'cuídala' 'no la dejes ir', Edward parecía estar entretenido con cada frase, es como si ellos supieran por lo que habíamos pasado y ahora que volvemos a estar juntos no querían volver a vernos separados. Fueron las palabras de aliento de esas personas las que me hicieron mirarlo, esta tan diferente, su rostro más marcado, sus facciones más intensas, sus labios más pronunciados. Definitivamente lo años lo han favorecido. Sentir la presión de su mano en la mía, el entrelazar los dedos me hizo saber que ahí siempre había sido el hogar de ellos, como aquella vez en que me beso. Mis labios sabían que esa persona era mi hogar, mi todo. El aceptar que mi vida era con él y que siempre ha sido a si, y era verdad que yo ya no deseaba tener una vida lejos de él y mucho menos alejarlo de mí.

Respiraba hondo varias veces y él me miraba curiosidad. Al llegar enfrente de la recamara, Edward deslizo la tarjeta haciéndome pasar primero. Me di cuenta que había pedido servicio a la habitación. Cerro la puerta tras de el, dejando la llave en la mesa, a pesar de que era un cuarto ni muy grande ni muy chico, estaba bien ordenado.

Había extrañado todas estas sensaciones al estar en la misma habitación que él, esa sensación era un equilibro, el soporte de mi vida, ese que había perdido hace tiempo atrás, por culpa de inseguridades y por mi culpa de no creer y no querer buscar la verdad entre las personas correctas, pero quien demonios iba a creer que la bruja mala del cuento iba a ser la protagonista de todas aquellas villanías de las que fui simplemente su conejillo.

-¿Deseas algo de tomar o comer? – pregunto

-Una taza de te, ¿tienes? –

-Si ven.

Salimos del pequeño compartimiento de sala-cuarto y fuimos al balcón, ahí había dos sillas a cada lado adversario a la mesa, en ella se encontraba una tetera –me imagino que de té – y un cuaderno. Al ver el cuaderno me sorprendí. Hace años que no sabia de el, pensé que nunca mas volvería a verlo. Por inercia lleve mi mano a mi dije, sabia que el abrir ese cuaderno de nuevo, seria para terminarlo, aunque solo fuera mi parte, la de él se miraba totalmente llena. Tome el tomo con mi manos, acariciando el cuero de el. La suavidad y en algunos lados la tela tersa, me hizo sonreír, tantos enigmas ahí dentro de este cuaderno, mil historias, sueños y frustraciones se encuentran aquí. El compartir mi diario con él nunca había sido algo un problema, hasta que me di cuenta que pronunciaba más el nombre de él que el de mi familia, sabia que ese diario no se abriría tan fácil, quizás el podía a ver visto su parte, pero la mía estaba sucia e intacta.

-Pensé que a lo mejor querías conservarlo – dijo

-Sabes, nunca pensé que lo tuvieras – conteste mientras el me daba mi taza de te

-Gracias – susurre cuando le di un sorbo, solamente un ligero ''de nada'' fue lo que escuche.

-¿Ya has intentado abrirlo? – pregunte dejando el tomo en su lugar

-Nada más mi parte, la tuya a seguido así todo este tiempo.

-Oh – fue lo único que conteste

Tome el cuaderno y lo abrí. Sueños de Edward y Bella, sonreí al darme cuenta de lo horrible que era mi letra y la de Edward siempre tan sofisticada. Pase varias hojas y al principio solamente eran pequeñas frases, después uno que otro párrafo y por ultimo hojas completas de nuestros días. Seguí hojeando hasta que llegue a la última.

No se cuanto tiempo llevo escribiendo su nombre entre las hojas del cuaderno, mis libros y en los espacios vacios de mis notas. Me siento intranquila y a la vez triste, no quiero enamorarme de él, no quiero saber que va hacer el día en que tenga que ir me de nuevo de aquí y volver a dejarlo ir. Ser sincera y correr no es lo que deseo hacer, intento hallarle una solución, intento esconder este amor, pero no puedo, no puedo negarme a este sentimiento. Me mata saber que nunca he sido para él y él mucho menos para mí. El empezar a vivir entre sombras donde nadie podía encontrar ni un rayito de luz, ese donde ni siquiera el podía encontrar una ruptura de mi corazón, donde nunca dejaría que él llegase a tocar. Me hace sentirme realmente patética. Hace días soñé mi primera vez y jure que eran tus dedos los que recorrían cada parte de mi piel, de punta a punta, pero nunca llegue a saber que paso después. Me desperté fugazmente y mi cuerpo empezó a temblar, las lagrimas no se quedaron a tras, fue tan real. Tan real que en este momento siento que estas aquí a mi lado y que eres el que me consuela y me anima a seguir. Que tú eres quien me guía a decirte la verdad, que me invita a volver a respirar.

Voltee a ver la luz que se pronunciaba desde fuera de mi habitación, ahí estabas tu, esa luz que se hacia llamar Luna, esa pequeña partícula de cielo es donde te reflejabas cada vez que deseaba verte. Es tan difícil escribir todo esto, escribir que tu eres mi maldita musa, el dueño de todas estas palabras y que ni siquiera puedo darte la cara para poderlas pronunciar. Que el estúpido miedo me invade y que cuando deseo dar un paso hacia ti, doy dos hacia tras. Explícame como puedo respirar, explícame por que no podre dejarte de amar. Me siento débil, vulnerable, saber que ni siquiera para mí estas, han pasado tres noches sin tu mísera presencia, ni siquiera un descansa, ni un cuídate, solamente una mirada de compasión es lo que decides darme cada vez que te vas.

El recibir tus palabras no era más que recibir dagas, esas que ni si quiera me mataban, solamente entraban y volvían a salir para lastimar. Saber que tus labios eran de otra y que ni siquiera los llegue aprobar consiente mente, que siempre fue en sueños y que la única vez que lo logre hacer, tú estabas dormido. Que fatídica noche si lo vemos así. Si hubiera sabido que tus sonrisas eran más que una estúpida compensación de todo esto, si hubiera imaginado que el volver aquí era para cerrar una amistad, nunca hubiera regresado.

Sentí una lagrima recorrer mi rostro, esa ultima hoja era la que cerro todo, fue lo ultimo que escribí antes de que muriera Jacob, cuando empecé a sentir que me evitaba. Esto era lo que me daba miedo, recordar, el volver a leer esto me hacia entender que por más que lo aceptara, mi herida seguiría ahí. Tome aire, tratando de tranquilizarme, se que va hacer difícil esto, el volver a retomarlo, el volver a aceptar que somos amigos y el entender que mi estúpido amor sigue aquí. Voltee a ver a Edward, quien estaba sentado en el piso y recargado en la pared, sosteniendo una pequeña taza de te. Deje el cuaderno en la mesa y me uní a el.

-Nunca llegue a pensar que te sintieras así, cuando leí la ultima pagina que habías escrito fue cuando comprendí todo, el por que de la manera en que me perdonabas con cada estupidez que cometía –dijo pasando su mano por su pelo- me sentí tan miserable y culpable de saber que yo era el dueño de todas aquellas lagrimas, sabiendo que te jure que nunca, nunca te haría llorar. Yo también tenia miedo Bella, miedo de saber que te podría llegar a perder y que cuando tu querías dar ese paso y dabas dos hacia tras, yo daba el doble.

-Pensé que habías dicho que no habías leído mi parte – conteste con duda

-El día que te fuiste, fui a tu casa. No quería olvidarte y fue mi manera de darte adiós sin que tu estuvieras ahí, cuando entre a tu cuarto había visto que me habías dejado el libro con una nota. 'Sabia que vendrías por el, se que todo fue repentino y se que no iras al aeropuerto, sabes, te esperare de todas maneras, por si llegas a tomar la decisión de ir y si no fue así y estas aquí en mi cuarto leyendo esto, Gracias por darme la oportunidad de saber que tuve a un gran amigo, ese que en estos días me di cuenta que cada segundo perdía, te dejo mi pequeña vida en tus manos, esas hojas dicen mucho más de lo que deseo. Cuídate. Bella.' y así fue como leí esa ultima hoja una y otra vez.

Levante la vista en dirección a él, sabia que había dejado el cuaderno en mi cuarto con la nota, pero nunca llegue a pensar con que exactitud el se había aprendido cada palabra de esa nota, ni siquiera yo recordaba tan bien lo que había escrito. Tenia la ligera sensación de como el se había sentido al leer la ultima hoja, prácticamente era mi despedida, era el aceptar que me rendía a todo y prendía la huida a otro lugar donde me recordara nada a el. Se que quizás todos tendrán dudas sobre nuestra relación ahora, como es que actuaremos o como es que nos relacionaremos, pero eso ni siquiera yo lo se. Me senté a un lado de el, recargándome en su hombro, sentí como titubeaba su brazo al ponerlo en mi espalda.

-¿Qué quieres hacer?

-Nada así quiero estar

El contemplar la lluvia, los sonidos de la naturaleza, era algo tan pacifico, era la mejor medicina para estos momentos, a su lado ya no corría con ese momento de inseguridad, la tormenta pasaba a segundo plano en sus brazos. Se acerco un poco más a mí y me recargue en su hombro.

-Edward – dije

-Si – contesto

-¿En verdad amabas a Tanya? – pregunte, había venido aquí para quitarme todas aquellas ataduras entre nosotros, quería saber a que me enfrentaba después de todo.

-Cuando me di cuenta que empezaba a sentir algo por ti, me asuste, creía que te iba a perder si te decía la verdad y fue cuando empecé a salir con ella. Tu sabias que me gustaba pero nunca llegue a tener el valor de pedirle una cita así que tome la iniciativa y lo hice, con el tiempo creí que la amaba y que lo tuyo había sido solamente una confusión, pero después me di cuenta que no. El no tenerte cerca fue algo duro para mí, el darme cuenta que por mi culpa te habías ido. Por que lo preguntas

-El día que hablamos me habías dicho que la amabas o que sentías que la habías amado, al principio me asuste, pensé que definitivamente te había perdido, por que sabía que si andabas con ella yo ni siquiera me iba a poder acercar, no quería volver a pasar por lo de antes.

-Cariño eso nunca va a volver a suceder – contesto – ¿quieres platicar de algo en especial?

-¿Por qué nunca te acercaste a despedirme? Se que me habías dicho que no podías hacerlo, pero no te creí, te conozco muy bien y se cuando me mientes – dije, no se si había sido un error preguntar pero su respiración se contrajo un poco.

-Alice me había dicho que no lo hiciera, – contesto – no te enojes con ella, pero tenía razón. Yo sabia que daño te había hecho y me daba miedo de volver a lastimarte, quizás no supe la verdadera razón el por irte apenas hasta ahora. Pero sabes me arrepiento de no a verme acercado, lo que mas necesitabas en ese momento era un abrazo. Quizás suene modesto pero se que nosotros teníamos algo especial.

-Tu también lo sentías – dije en susurro y un poco bajo

-Si.

Sabia que era sincero, una pequeña parte de mi querida dudar, quería que cometiera un simple error, tan pequeño que fuera para poderme alejar, pero nada, simplemente perfecto.

-¿Como fue tu estadía en Boston? – pregunte

-¿Que no se supone que yo debo de preguntarte a ti como te sientes? ¿Qué fue lo que hiciste todo este tiempo? Y vienes aquí y me interrogas – dijo algo desorientado.

-Edward lo que yo viví, lo quiero dejar ahí, no lo quiero remover, por favor. Sinceramente todo lo que viví ya lo sabes, te lo conté, nunca hubo nada nuevo que contar de mi vida.

-Esta bien, al principio fue difícil no te lo puedo negar. Tanya había decidido entrar a la misma universidad que yo, pero ella a leyes. No te voy a negar que no compartimos cuarto, si lo hicimos pero nunca llegamos a mas, yo no lo permití y me alegro de no a verlo hecho. Los primeros meses me hundí en la música, fuiste parte de mi inspiración tantas veces. Una parte de mi, te había olvidado, pero nunca se me olvidaron tus ojos, esos que siempre brillaban cuando algo te fascinaba, esos que cuando te enojabas con migo siempre me perdonabas. No sabes cuantas noches soñé con ellos. Hubo un tiempo en que buscaba entre la multitud esa mirada y nada. Pero cuando regrese a Seattle me di cuenta que existían, antes de saber quienes éramos yo nunca había dejado de pensar en ti. Cuando los meses se convirtieron años y tu ni siquiera me dejaste acercarme a ti, decidí dejarlo así, como te había dicho, sabia que te había lastimado y que verme en ese momentos no seria bueno para ti, Bella te conocía tan bien ese entonces. Sabia que cualquier cosa que te hacia sufrir, si llegaras a enfrentarlo tan rápido te derrumbarías y yo, yo no quería eso. –dijo titubeando- Pero que podía hacer, a pesar de que mi hermana y Jasper me vieron siempre como un ser que destruyo a la mujer mas hermosa, que no había tenido los pantalones para enfrentarte, pero Bella tu también habías tenido culpa, te negaste a ver el otro lado de la moneda –soltó aire y siguió, el tenia razón en ese aspecto-

-Lo se, quisiera poder regresar un poquito el tiempo, pero ya no se puede – comente

-Pero si podemos volver a retomar lo que dejamos – contesto

-Si, creo que si

-Alguna vez tuviste..tu sabes.. miedo – dijo

-¿Miedo a que? – pregunte

-A volverme a ver, quizás por el hecho de que no quisiera que te lastimara de nuevo – dijo

Sabia que esta pregunta era difícil para mí, muchas veces me la hice pero nunca encontré la respuesta correcta, quizás en este momento ya la tenia pero no era lo mismo, decírselo al espejo que a él en su cara. Quería responderle que nunca me había entrado el miedo, que siempre estuve segura de lo que quería de la vida y de lo que necesitaba, pero nada de eso era verdad, siempre me cuestionaba noche y día, cada vez ese tema.

-Si – conteste – miedo a que al verte me destrozaras más, miedo a que cuando me dijeras perdón yo te perdonaría muy fácil, con una sonrisa o mirada que hicieras te hubiera perdonado en aquel tiempo. Pero ya después cambie, quizás me escondí de ti y de todos, pero era por mi bien. Nunca te has sentido como si te asfixiaras y quisieras correr a un nuevo aire, que te hiciera llenar tus pulmones de vida, que te diera ese empujón que te hacia falta para poder seguir y que tu corazón pudiera latir. Yo lo anhele muchas veces, pero muy pocas veces llegue a cumplirlo. Tenía miedo a que me quedara siempre sola, a que mis amigos se olvidaran de mi cuando formaran su propia familia. Mis padres siguen separados y muy rara vez me hablan para saber como estoy, el saber que estamos distanciados y que Charlie esta a 40 min de camino o mas, es excelente, pero para René es un martirio, sabe buscar el momento para reprocharme el por que estoy lejos, el haberla dejado sola. Pero es que no entiende que yo también deseaba salir del lugar donde me asfixiaba diariamente. Cuando llegue aquí se molesto y no me había hablado, decía que si quería olvidar y volver a respirar que me fuera lejos a otro lugar, no donde me lo recordaras. –

Sentí una lagrima rodar por mi mejilla, no sabia si era de felicidad o de tristeza, pero no podía dejar de recordar a René, cuando le había dicho que me quería ir de Phoenix. Me sentí sola en ese momento, como puedes negarle a tu propia hija salir de donde prácticamente estas muriendo. Quizás ella ya no vivía en al casa, vivía con Phil, pero a veces ella se sentía tan autoritaria en mi vida, que se le había olvidado como fue mi adolescencia, me dejo viviendo sola durante la preparatoria y la universidad, sabia que ella nunca se pregunto si me había falta algo o si estaba bien. Recordé como reacciono Charlie cuando René se había ido de la casa, desde ahí él, la odio más.

-Supe que se había casado de nuevo, no ha de ver sido fácil para ti, tener al esposo de tu madre en casa – dijo Edward

-En verdad fue al revés, René se fue de la casa cuando se caso – conteste

-Te dejo sola, todo ese tiempo – casi grito

-Si, pero lo supe llevar. Al principio fue duro ya que todo había sido muy rápido, la muerte de Jacob, lo que paso con nosotros y por ultimo ella casarse y dejarme ahí en casa.

-Y por que nunca, bueno, ya sabes, Charlie – dijo

-No, no podía regresar.

Edward se quedo callado, sabia que si preguntaba era volver a empezar y ya estaba harta de eso. Escuche el celular sonar, no sabia si era el mío o el de él. Se movió un poco para tomarlo de su bolsillo.

-Es Alice – dijo Edward

-Contesta, debe ser algo importante – dije aun recargada en el, su brazo me apretó mas a su cuerpo, sin querer un sonrisa se formo en mi rostro.

--Alice ¿Qué pasa?, no la verdad es que no se – contesto, tenia curiosidad por lo que estaban hablando- si la llego a ver, que lo dudo, le diré que la están buscando, si ya no te preocupes debe estar bien, si Adiós – y colgó

-¿Que pasa con Alice?

-Angela se despertó y no te miro en cama ni el carro, le hablo a Alice para preguntarle si se había ido con ella, exactamente que le dijiste a Jasper

-Le dije que vendría a aquí, pero que me guardara el secreto y que no les dijera nada, la verdad es que no deseo tener a Alice cuestionándome.

-Pues armaste buena trifulca Cariño, por que Alice es capas de levantar a toda la naval y a la armada con tal de saber donde estas – contesto haciéndonos reír

-Vale, tienes razón creo tendré que llamarla, pero ahora no

-Ven vamos a dentro, esta refrescando y no quiero que te enfermes

-Mmm… otro ratito

-Bella, por favor – dijo

-Esta bien – conteste a regañadientes

No me quería se parar de el, su calor me hacia bien y no necesitaba nada más. Se levanto primero dejando las tazas en la mesa y regreso a ayudarme. Me tendió la mano y la acepte, al momento de levantarme habíamos quedado muy cercas, sentía su aliento chocar contra mi rostro.

-Te extrañe tanto – dijo pasando su mano por mi mejilla

-Yo..también – dije en susurro.

Sentí como sus brazos pasaron mi cuerpo, dejando recargada su barbilla en mi cabeza, dándome el placer de oler su aroma en su cuello. Lo en volví en mis brazos, regresándole el gesto y pegue mis labios en su cuello.

-No sabes cuanto deseaba tenerte así Flaco