Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 28
BELLA POV.
Dos semanas habían pasado desde que Edward y yo nos hicimos novios de nuevo, nuestra relación iba a las mil maravillas y yo no podía ser más feliz con eso. Después de la salida al club, habíamos organizado varias salidas más donde "casualmente" nos encontrábamos todos, las relaciones ficticias de mis amigos eran a mi parecer un completo asco, al principio me parecía divertido verlos darse celos, no lo niego, pero esto a cada día que pasaba se les iba más de las manos y temía que no terminara nada bien.
—Llegamos —anunció Ángela con voz nerviosa sacándome de mis pensamientos.
Ambas bajamos del coche y caminamos hasta entrar al hospital, mi amiga tenía la sospecha de que estaba embarazada y me pidió que la acompañara a la consulta, ya que no quería ir sola y tampoco quería que Alec lo supiera, al menos no hasta que confirmara sus sospechas. Angie estaba de los nervios, se había hecho dos pruebas de embarazo casera con un resultado negativo y uno positivo, por lo cual optó por hacerse un chequeo para salir de dudas.
—¿Bella? ¿Qué haces aquí? ¿Te sientes mal, amor? —me preguntó Edward, que sabe Dios de dónde había salido, con cara de preocupación.
—Tranquilo amor estoy bien, vine a acompañar a Angie que se hará un chequeo —soltó un suspiro de alivio y no pude evitar rodar los ojos.
Se acercó a mí y me besó, como siempre me pasaba cuando me besaba, me olvidé del lugar en que estábamos y me entregué por completo a ese beso, hasta que Angie carraspeó tras nosotros recordándome su presencia.
—Lamento interrumpir tórtolos, pero Bells, apenas si tenemos el tiempo justo para llegar a donde la consulta de la doctora Collins.
—Cierto, amor nos puedes decir ¿cómo llegar al consultorio de la doctora? —le pregunté y él asintió.
Edward nos acompañó hasta la consulta de la doctora Collins, nos despedimos con un casto beso y me dijo que nos veríamos más tarde en la parrillada que mis padres estaban organizando, y a la cual estaban todos invitados, incluyendo a mis suegros.
Unos minutos después entramos al consultorio de la doctora y después de hacerle varias preguntas a mi amiga, una enfermera entró para tomarle una muestra de sangre. Los resultados de los análisis no tardaron más de veinte minutos, pues la doctora los había pedido con urgencia, mi amiga se removía y mordía sus uñas con nerviosismo mientras la doctora revisaba los resultados.
—Bien, me complace informarle, que sus sospechas eran acertadas y está embarazada. Muchas felicidades señora Vulturi.
—¡Oh por Dios! ¡Escuchaste Bells, voy a ser mamá! ¡Mamá! —chilló y se lanzó sobre mí abrazándome hasta casi asfixiarme.
—Te felicito amiga... pero... esto ¿me podrías s-soltar?... No respiro —ella me soltó sin dejar de sonreír.
Le realizaron una ecografía para ver que todo estuviera bien con el bebé, y en cuanto Angie vio la imagen de su pequeñito, comenzó a llorar; y siendo sincera, a mí se me llenaron los ojos de lágrimas al ver esa pequeña cosita en la pantalla, fue algo muy emocionante. Tenía cinco semanas de embarazo y todo estaba perfectamente bien, después de que la doctora le recetara unas vitaminas, le diera una nueva cita y le imprimieran la ecografía, salimos del hospital.
Fuimos directo a mi casa, al entrar nos encontramos con Esme, Rosalie, Alice, Kate, Irina, María y Renée reunidas en la sala, donde las únicas que hablan eran mi madre y mi suegra.
—¿Ya llego Alec? —preguntó Angie sin poder contener su emoción, estaba prácticamente botando.
—Aquí estoy amor —mi amiga se acercó a él con una sonrisa y lo arrastró hasta alejarse un poco.
Me fui a sentar en el brazo del sillón donde estaban sentadas mi mamá y Esme, a esperar para ver la reacción de Alec.
—¿Qué le pasa a Ángela, cariño? —me preguntó Renée y me encogí de hombros.
—Ya lo sabrás mamá, sólo espera un par de minutos.
Angie le entregó a su marido la ecografía y él la miraba con el ceño fruncido, mientras la giraba en todas direcciones tratando de encontrar forma a la imagen, mi amiga perdió la paciencia y le soltó la noticia de golpe a lo que Alec se puso pálido. Solté una suave risita al verlo, el pobre parecía un fantasma.
—¡VOY A SER PAPÁ! —gritó a todo pulmón saliendo de su letargo y cargó a Angie dando vueltas con ella.
—Ahí lo tienes mamá, lo que le pasa a Angie, es que dentro de unos meses traerá al mundo a un nuevo Vulturi.
Todas las mujeres que estaban en la sala felicitaron a los futuros papás, Alec salió corriendo al jardín para darles la noticia a los hombres que estaban allá. Después de eso nos fuimos todas a la cocina para preparar todo, saqué lo necesario para hacer una ensalada y Kate se ofreció a ayudarme.
Comenzamos por cortar los vegetales mientras charlábamos como si fuéramos amigas de toda la vida, y tanto mis amigas como Alice y Rosalie nos veían como si fuéramos bichos raros, a lo que nosotras sólo nos reímos.
Unos minutos después en la cocina sólo quedamos Kate y yo terminando la ensalada, pero de pronto dos hombres entraron a la cocina y se acercaron a nosotras, como si fueran dos ladrones temiendo ser descubiertos.
—Esto ya me está cansando, quiero abrazarte y besarte sin preocuparme por quién nos pueda ver —dijo Edward rodeando mi cintura con sus brazos.
—Yo pienso igual que Edward, acabemos con esto de una buena vez —Kate y yo intercambiamos miradas y tras sonreír, asentimos.
Ellos tenían razón, no debíamos escondernos sólo porque nuestros amigos fueran unos idiotas orgullosos, que se negaban a dar su brazo a torcer y ser felices. Salimos al jardín, Edward tenía un brazo en torno a mi cintura y en su otra mano llevaba el recipiente con la ensalada, Garrett abrazaba a Kate por los hombros mientras ella llevaba otro recipiente de ensalada en sus manos. Al vernos, todos se quedaron atónitos y sus ojos se abrieron desmesuradamente, con excepción de mis suegros, Angie y Alec, que ya sabían todo.
—¿Ustedes... es-están ju-juntos? —preguntó entre tartamudeos un más que sorprendido Jasper.
—Sí, hablamos y solucionamos todo. Bella y yo somos novios desde hace dos semanas, al igual que Kate y Garrett.
—No saben cuanto me alegra escuchar eso —Renée nos abrazó a ambos felicitándonos—. Cuando Bella estuvo aquí, haciéndose pasar por Nessie, vi la forma en que ustedes estaban conectados, ese amor que se profesaban con tan sólo una mirada no se podía acabar así como así.
—Eso quiere decir que cuando estuviste aquí ustedes dos... —Charlie dejó la frase inconclusa esperando a que alguno de nosotros dos la completáramos.
—Sí, eramos novios papá.
—Bueno, eso explica el por qué estaba tan triste cuando volvió a Forks —murmuró pero aún así lo escuché.
Irina, María, Jasper y Emmett, nos veían de una forma que hasta miedo daba a Garrett y a mí, Edward al notar que estaba toda tensa e incomoda me abrazó por la espalda, besó mi mejilla y apoyó su barbilla en mi hombro.
Unos minutos después llegaron Nessie, Jacob y Alan, mi hermana tenía una mueca de molestia y sus brazos estaban cruzados a la altura de su pecho, Jacob traía cara de dolor, su pómulo estaba hinchado y una marca color purpura se comenzaba a formar; por otra parte Alan tenía una sonrisa malévola en su rostro y veía a Jacob con burla.
—¡Dios mío! ¿Qué te pasó Jake? —le preguntó Renée en cuando lo vio.
—Eh... pues estábamos en el parque jugando fútbol... y tuve un pequeño accidente con la pelota —explicó y Nessie bufó.
—No es verdad, no fue un accidente. Alan le golpeó a propósito —replicó mi hermana, y estoy segura que vi a Charlie esbozar una pequeña sonrisa de orgullo.
—Sí fue un accidente, yo no quería golpearle —Alan tenías los ojos cristalinos por las lagrimas y su labio inferior temblaba, como si de un momento a otro se fuese a soltar llorando y era la viva imagen de la inocencia; y si no lo conociera como lo conozco, le habría creído.
—Bueno ya dejamos ese tema y mejor vamos a comer —y volvíamos a lo dicho, Charlie siempre defendiendo a Alan.
El pequeño demonio sonrió con suficiencia, una sonrisa que se esfumó cuando se percató de la presencia de Edward, el cual aún me estaba abrazando.
—¿Por qué él te está abrazando, Bells? —me preguntó serio—. Garrett es tu novio, no él —muchas veces me he preguntado cómo es que Alan siendo un niño de cuatro años, podía ser tan perspicaz y maduro, pero sin perder su esencia infantil.
—Garrett no es mi novio, enano, mi novio es Edward —para mi sorpresa Alan se encogió de hombros y se fue a sentar para comer, sin decir nada—. Voy por hielo para que te pongas en ese golpe Jake.
—¿Puedes traer la limonada que está en el refrigerador? —asentí como respuesta a la pregunta de Renée y me adentré en la casa.
Fui hasta la cocina, saqué la limonada y en un pañuelo puse un par de hielos, estaba tan distraída que pegué un grito cuando alguien se paró tras de mí, y unos muy conocidos brazos se ciñeron en mi cintura.
—Me asustaste Edward —le reproché y soltó unas risitas dejando un beso en mi cuello.
—No fue mi intención asustarte, pero dime ¿qué puedo hacer para redimirme? —me giré quedando frente a él y estrellé mis labios sobre los suyos.
Nuestros labios se movían suave, lento, pero a pesar de eso era un besó lleno de pasión, una pasión que sino controlábamos en ese mismo momento, se nos saldría de las manos y nos llevaría a hacer una locura en la cocina de mi madre, pero cuando sus labios dejaron los míos para bajar a mi cuello, estuve a punto de mandar todo al diablo.
—Edward... amor, sino pa-paras ahora... —un sonoro gemido salió desde lo más profundo de mi pecho, al sentir como se estaba comenzando a despertae cierta parte de su anatomía.
—¡Bella! —al escuchar ese grito Edward y yo nos separamos, y tan sólo unos segundos después, Alan entró a la cocina—. ¿Por qué tardan tanto?
—Justo estábamos por volver al jardín. Anda, ayúdame con el hielo para Jake —le entregué el pañuelo con los hielos, tomé la jarra de limonada y comencé a caminar fuera de la cocina.
—¿Por qué Edward se quedó en la cocina? —porque tenía que esperar a que su problemita se esfumara, pero obvio no le iba a decir eso a mi hermano.
—Él... iba a... a llamar a su trabajo. ¿Sabías que Edward es doctor? —Alan negó en respuesta—. Pues es doctor y tenía que llamar al hospital, para asegurarse de que los enfermos estén bien.
—Entonces él también cura niños como Emmett.
—Nop, Edward no es pediatra, pero sí cura a las personas.
Alan le entregó el hielo a Jake, unos minutos después mi novio volvió y nos sentamos todos a comer. La comida pasó tranquila, dentro de lo que cabía claro, ya que los celos entre las parejitas ficticias estaban a flor de piel, mi padre y Carlisle congeniaron de maravilla pues a mi suegro también le gustaba la pesca, hasta se había puesto de acuerdo para ir un día a pescar.
—Lo siento, fue un accidente —dijo Alan cuando volcó su bebida sobre el pantalón de Edward, sí claro, un accidente.
—Descuida Alan, no hay de que preocuparse, es sólo refresco —respondió secándose con su servilleta.
—Debes tener más cuidado cariño —le reprendió mi mamá.
Después del "accidente" todos se comenzaron a ir, los primeros en marcharse fueron Rosalie y Laurent, después de que Emmett e Irina prácticamente se devoraran el uno al otro; a ellos les siguieron Alice y Riley, los cuales no soportaron ver como Jasper y María compartían dulces caricias y algún pequeño beso. Los últimos en irse fueron Edward y sus padres, les acompañamos mis padres y yo hasta su coche, y regresamos a la casa donde me esperaban unos para nada contentos Emm, Jazz, Irina y María.
—¿Podemos hablar Bella? —asentí y fuimos hasta el estudio, a esa reunión también fueron requeridos Garrett, Nessie, Jacob, Alec y Ángela.
—¿Qué pasa con ustedes dos? Teníamos un plan que seguir al pie de la letra, ¿recuerdan? —gruñó Irina caminando de un lado a otro.
—Pasa que estamos enamorados, y no vamos a desperdiciar la oportunidad de ser felices por un tonto plan —le respondió Garrett que estaba a punto de perder la paciencia.
—¿Enamorados? ¡Por Dios! —se mofó Emmett y esa fue la gota que derramó el vaso.
—Sí, enamorados, y me importa un reverendo cacahuate si a ustedes les parece o no. Amo a Edward y no lo voy a perder sólo porque a ustedes los ciega el orgullo, y no son capaces de ver que su felicidad está frente a sus narices —les dije parándome del sofá.
—No hay felicidad frente a nosotros, lo único que hay es la realidad Bella, una realidad que nos dice que ellos se olvidaron de nosotros —replicó Jasper, que hacía lo posible por no estallar y conservar la calma.
—¿Saben qué? Por mí hagan lo que les venga en gana, sólo espero que cuando abran los ojos y se den cuenta del error que cometieron, no sea demasiado tarde —estaba más que furiosa con ellos.
Salí del estudio dando un sonoro portazo y subí a mi habitación, mis ojos estaban llenos de lágrimas y la rabia bullía dentro de mí como lava ardiente, no podía entender, cómo es que pueden ser tan ciegos y no darse cuenta del daño que esto les está ocasionando a todos.
De pronto, todo dentro de la habitación comenzó a dar vueltas y tuve que sostenerme de la pared para no caerme, caminé como pude hasta la cama y me senté, cerré los ojos y respiré profundamente un par de veces para que el mareo pasara, volví a abrir los ojos y gracias a Dios al menos ya no me daba vueltas la habitación.
—Me va a dar un infarto por culpa de esos idiotas, terminaran por matarme de un coraje —murmuré e intenté levantarme, pero el mareo volvió con renovadas fuerzas y me tuve que recostar en la cama, a esperar que el malestar se me pasara.
Continuará...
¡Hola! Aquí les dejo el capítulo de hoy y espero que haya sido de su agrado. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos, si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, hacérmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también, a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's
¿Algún review? =)
Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:
Lunes: Volver a Sonreír.
Martes: Juegos del Destino.
Miércoles: Siempre te Amaré (últimos capítulos)
