Capítulo 26: Deambulando bajo la luna

Esa noche nos quedamos en casa de Elesis. Si bien eso no era exactamente lo que teníamos planeado, su madre insistió lo suficiente y no quisimos dejarla sola en su idea. Nos quedamos Arme y yo en la habitación de huéspedes, Elesis en su propia habitación y Lire insistió en dormir a la interperie, cerca a la casa, en el árbol en la cima de la colina.

No ocurrió nada inusual sino hasta bien entrada la noche. En algún momento el sueño se me interrumpió sin razón aparente: era otro ataque de insomnio. No recordaba haber tenido uno hace meses, allá en la Tierra. Frustrado de no poder reconciliar el sueño, me levanté de la cama que quedaba en frente de la de Arme y me dirigí a la ventana. El cielo estaba despejado y la luna llena iluminaba todo con suficiente claridad como para divisar a Lire a media distancia, dormida plácidamente sobre una de las ramas de aquél árbol y con una de sus piernas colgando en el aire. Tanta majestuosidad en la luna de Ernas era tan inusual para mí, en casa la contaminación dificultaba enormemente la visibilidad del cielo, y el campo era el único lugar donde se podían vislumbrar los astros a plenitud. Luego volví a fijar mi atención en la elfo, aquello me llevó a pensar en su especie en sí. ¿Qué serían los elfos en realidad? ¿Acaso el siguiente paso evolutivo a los humanos? ¿O simplemente, alguna otra especie de homínido, desarrollada en paralelo? ¿Qué otras diferencias existirían entre una especie y otra? En medio de todo una mano sobre mi hombro me sacó de mis pensamientos...

- Arme: Hola. ¿Problemas con el sueño?

- Dave: (Sorprendido) ¿Eh?... Oh, eres tú, Arme. Pues... sí, supongo que solo un ataque de insomnio. Nada a lo que no esté ya acostumbrado.

- Arme: Ya veo. Qué bueno saber que no estoy sola en esto.

- Dave: ¿Qué? ¿Tu también?... (gesto divertido) ¿En serio?

- Arme: Sí.

- Dave: Jeje, qué cosas ¿no?

Luego de eso nos quedamos mirando el paisaje, sin decir nada. Arme dirigida su mirada hacia mí un par de veces, yo me hacía el que no se daba cuenta de nada, luego ella regresaba su atención hacia lo que se encontrase allí. Finalmente, al cabo de unos minutos, retomó la charla.

- Arme: ¿Cómo se supone que Lire logra dormir así? Digo, mírala, parece un... trapo o algo (se le escapan un par de risas).

- Dave: No tengo la menor idea.

- Arme: Ay no, anoche cuando me obligaron a dormir a la intemperie fue horrible. Ni siquiera quiero recordarlo.

- Dave: Pues mejor te haces a la idea. Estamos en una persecución que nadie sabe a dónde nos podría llevar, ¿recuerdas?

- Arme: De solo pensar en ello me regresa la comezón (no puede evitar rascarse el brazo).

- Dave: La verdad no suelo dormir al aire libre... pero tampoco le veo la gran vaina.

- Arme: Pues supongo que solo soy yo. (Pausa prolongada) ¿Sabes algo? Lo que más me gusta de la noche es la luna.

- Dave: Ah... sí. Sí, se ve chévere.

- Arme: ¿Chévere?

- Dave: Es decir... se ve genial.

- Arme: Ah bueno, jejeje.

- Dave: En lo personal, lo que más disfruto de la noche es su silencio. Es perfecto para relajarse un rato...ya sabes, descansar y eso.

- Arme: Sin duda. Por lo menos nos ganamos este escenario al no dormir.

- Dave: See... (se retira de la ventana y procede a vestirse).

- Arme: ¿Qué haces?

- Dave: Bueno, ya que se me ha ido el sueño y dudo que vuelva en un rato, pensé que lo mejor sería salir a tomar un poco de aire fresco. ¿Vienes?

- Arme: (Lo piensa un segundo) ¿Por qué no?


Kilómetros al este, en la península, se aprecia una fortaleza en medio de un panorama desolador. Cadáveres y restos de combatientes caídos al parecer hace apenas unas semanas yacían alrededor, las paredes manchadas de sangre, y la ciudad albergada tras las paredes estaba echa escombros. En la puerta del castillo se encontraban los restos mortales de dos guardianes con apariencia de samurái; uno de ellos atravesado por una katana, el otro estaba decapitado y con el mosquete casi colgando de sus manos. De pronto una silueta rompe con el aparente congelamiento del tiempo, desplazándose con rapidez a través de las casas y las cabañas destruidas, hasta quedar en frente de los mencionados cadáveres.

- Perfecto. Estos dos sí que tenían un deseo muy grande de vivir cuando fallecieron, seguramente por proteger a su pobre amo, jeje. Me servirán bien (se enfoca la parte inferior de su rostro, puede apreciarse que se relame los labios por un momento). Ahora, finalmente necesito al grandote. Con él bajo mi control podré reanimar al resto con mucha mayor facilidad.

Las puertas del deteriorado castillo son terminadas de derribar por un resplandor violeta, la luz de la Luna siempre presente, inmóvil, silenciosa espectadora, se colaba por las destruidas telas que cubrían las ventanas rotas, iluminando porciones de la habitación. Una mujer con un amplio vestido púrpura oscuro que le cubría hasta los pies, piel pálida y ojos rojos como la sangre avanza despacio, haciendo en cada pisada un ligero ruido con los tacos. Recorre el pasillo del castillo, sucio, desolado y con algún cadáver por ahí. Finalmente llega a la sala del trono, donde se amontonan decenas de cuerpos de todo tipo, tanto de guardianes como de otras criaturas, y en los aposentos, sentado, yacía el cuerpo inerte de quien fuera el gobernante de esas tierras y un gran guerrero: El General Gaikoz.

Kaze'Aze se toma el tiempo de revisar las heridas mortales del caído, para decidir cómo llevará a cabo la necromancia. Una vez preparado todo, recitó algo para sí misma en un idioma incomprensible, extendió los brazos, y magia oscura comenzó a salir de ellas e ingresar al cuerpo de Gaikoz, el cual comienza a irradiar energía oscura y a desmaterializarse, hasta convertirse en humo. Luego de unos momentos el gas se condensa, y el cuerpo del guerrero vuelve a aparecer, sin mostrar herida alguna de combate y con un brillo amarillo intenso en los ojos.

- Kaze'Aze: Surge, mi más reciente creación. Supongo que sabes por qué estoy aquí.

- Gaikoz: (Muy confundido luego de la reanimación) Eh... no, a decir verdad... ¿Quién es usted? (Mirando a su alrededor) ¿Qué sucede? ¿Dónde estoy?

- Kaze'Aze: Descuida, todo lo sabrás a su tiempo. Por ahora solo quiero ayudarte a... (voz maliciosa) resolver tus conflictos.

- Gaikoz: Pues... bien, supongo que necesito descargar algunas penas.

- Kaze'Aze: Me parece perfecto, así que comencemos. (Despacio) Dime qué sientes cuando te digo la palabra... Kanavan.

- Gaikoz: Kanavan... traidores (su ánimo comienza a tornarse colérico), me dieron la espalda cuando necesitaba su ayuda, todo por enfrascarse en su estúpida guerra.

- Kaze'Aze: ¿En serio? ¿Qué más?

- Gaikoz: Me ignoraron, hasta que mis súplicas se volvieron molestia para ellos, y... y...

- Kaze'Aze: ¿Hm?

- Gaikoz: Ellos mismos me atacaron. No había razón. No la hubo. Solo lo hicieron.

- Kaze'Aze: ¿Ah sí? Y dime, Gaikoz, ¿por qué crees que lo hicieron?

- Gaikoz: Estaban corruptos, sedientos de poder, cegados por él. Eso me costó a mí la vida de mi gente, la de mi familia... la de mi hijo...

- Kaze'Aze: ¿Qué harías si te dijera que tengo el poder necesario para que les devuelvas el favor?

- Gaikoz: ¿Tú podrías...?

- Kaze'Aze: Por supuesto. Pienso ayudarte y así ayudarme yo misma también, dado que yo al igual que tú tengo cuentas que cobrarles.

- Gaikoz: No sé... no debería hacerlo...

- Kaze'Aze: Oh, Gaikoz, querido; tú y yo tenemos mucho de qué hablar (sonríe de modo pretencioso).

Dicho esto su mirada se enciende, emitiendo luz roja, tan roja como la sangre misma, sangre que había derramado en oportunidades anteriores y no temía derramar nuevamente. Se aleja la vista del castillo. Hay cuervos alrededor, pululando cerca a los cadáveres, pero son ahuyentados a medida que estos comienzan a ser reanimados por los poderes de Kaze'Aze, quien se queda a hacer negociaciones con Gaikoz para lanzar una nueva ofensiva.


Dave y Arme iban caminando por una colina en frente de la casa, bajo la luna de la madrugada; la misma que había contemplado la ejecución del siguiente plan de Kaze'Aze.

- Arme: (Risas) ¡Pero eso no tiene sentido!

- Dave: Te juro que es verdad. Te estoy diciendo la verdad.

- Arme: Pero es que eso no puede ser, ¿cómo una sociedad tan sofisticada puede estar plagada de gente tan estúpida? jajaja

- Dave: Bueno, ya esos ineptos se han ido reduciendo en número con el tiempo, pero el problema en sí estaba desde mucho antes que yo naciera. Tal vez por el mismo paso del tiempo es que se está reduciendo, y menos mal, eh.

- Arme: Sí. ¿Quién diría que gente con tecnología que les da acceso a todo tipo de conocimiento se la pase discutiendo con desconocidos?

- Dave: Y no olvides lo de los gatitos, ¡solo en la Tierra! (ambos estallan en risas).

- Arme: Jeje, ay, pero qué locura.

- Dave: Oye, pero dejando mi loco y algo decadente mundo de lado, hay algo que me intriga sobre el tuyo.

- Arme: ¿Ah? ¿Qué cosa?

- Dave: Es... (intenta hacer pantomimas con las manos mientras piensa en qué decir) eso... los... poderes... esas.. cosas que hacen. Es decir, se vé que son en sí técnicas de combate, pero algunas ya pues... se pasan. Como Lire disparando flechas que de la nada se incendian al impactar, o Elesis que cuando arremete con fuerza desde el aire lanza ráfagas cortantes ardientes, o incluso hasta pareciera brillar en llamas cuando se concentra.

- Arme: ...

- Dave: Digo, lo tuyo pues lo explico en una con la típica "Es magia, que te jodes"; pero ¿y con las demás? Me dices que la magia requiere harto estudio. No creo que Elesis sea el tipo de persona al que le entre una sola página de un libro de Historia, Literatura o Matemáticas.

- Arme: Oh, claro, ya se de qué hablas.

- Dave: ¿En serio?... ¿Me dejé entender? Jaja

- Amre: Sí, de lo que hablas es el maná.

- Dave: ¿Maná?

- Arme: Eso mismo.

- Dave: Genial. Otra cosa que en mi universo solo lo encuentras en cuentos y videojuegos.

- Arme: ¡Jajajaja!... Bueno, poniéndolo de forma sencilla el maná es la fuerza vital que acumula un individuo. Concentrándola, lo cual requiere de un intenso entrenamiento espiritual, el usuario es capaz de exceder ampliamente sus capacidades normales. Es muy usado en combate para realizar técnicas poderosas, y es uno de los principios elementales de la magia, al ser lo que energiza los hechizos.

- Dave: Ohhhh... ta bacán eh (se distrae por un segundo, luego bosteza). Bueh, creo que el insomnio ya se me está pasando.

Ambos detienen su andar.

- Arme: Aww, sí. Supongo que a mí también ya me regresaron las ganas de dormir. En fin, yo diría que valió la pena.

- Dave: Sí, esta ha sido la única noche de insomnio que verdaderamente he disfrutado (ambos ríen nuevamente, Dave voltea, viendo en dirección a la casa Sieghart).

- Arme: [Muy bien, creo que puedo preguntárselo ahora] Eh... oye.

- Dave: (Voltea nuevamente hacia la maga violeta) ¿Sí? Dime.

- Arme: Deberíamos hacer esto de nuevo. Ya sabes... salir... los dos.

- Dave: Oh... pues, claro. Seguro, no veo por qué no.

- Arme: Gracias. Realmente me encantaría dialogar más contigo.

- Dave: Cuando gustes, yo estaré ahí (sonríe, hay una breve pausa).

- Arme: (Baja la mirada y se ruboriza) Bien... creo que deberíamos regresar. Empieza a hacer... frío.

- Dave: Tienes razón. Oye, ten, te presto mi casaca.

- Arme: [¿¡Ah!?] Eh... n-no, no hace falta...

- Dave: Descuida, he estado en inviernos peores, y eso que en realidad vivo en una zona costera (se quita la casaca y la usa para abrigar a su compañera).

- Arme: (Se cobija y deja salir un corto suspiro) Vale. Gracias.

Y así ambos emprendieron el regreso a la pequeña casa, al pie de la colina con un árbol en su cima; bajo la luz de la luna, siempre presente, inmóvil, silenciosa espectadora.


NA: ¡Y Listo! Estamos al día (finalmente). El capítulo 27 requiere un par de revisiones para subirse pero lo principal en él ya está hecho. Gracias por leer.