Hola! siento la espera, sé que ha sido larga pero os aseguro que ha valido la pena. Aquí tenéis un nuevo capítulo y espero que os guste muchisimo tanto como a mí me ha gustado escribirlo. Espero vuestros comentarios y en las fotos que puedo subir en mi perfil he subido la foto de el anillo que Edward ha escogido para Bella, espero que lo podais ver. Nos leemos bajo. Besos
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es mia.
Capitulo 27: Bajo un cielo estrellado
Bella
Te he amado, te amo y siempre te amaré.
Esas palabras no han dejado de resonar en mi cabeza desde que anoche Edward las dijo. Sigo en sus brazos después de una noche llena de amor y prefiero no moverme y seguir disfrutando de lo nuestro, de nosotros. Sin preocuparme por lo que dejé en Nueva York. Ahora mismo lo importante somos nosotros. Si me propusiera no volver a Nueva York no creo que me negara, es más, aceptaría encantada sin dudarlo. Al fin y al cabo la única familia que tengo es él, porque es de los pocos que se preocupa por mí y me cuida como si su propia vida dependiera de ello. Le amo.
Siento como empieza a repartir besos por mi nuca y mi espalda, despertaría así todos los días de mi vida sin dudarlo. Me doy la vuelta lentamente para quedar cara a cara con mi chico. Y vuelvo a quedarme sin respiración cada vez que veo esos ojos verdes mirándome con verdadera adoración. Sin pensarlo dos veces me lanzo a darle un beso que él recibe gustoso y encantado. Quiero despertar entre sus brazos todos los días de mí vida.
-Vamos dormilona, todavía no hemos llegado a nuestro destino- dice mientras se levanta y tira de mí para meternos en la ducha.
-¿Y donde se supone que es nuestro destino?-digo llena de curiosidad. Y entonces me azota el culo para que me dé prisa en entrar a la ducha. Ha sido un azote juguetón y me encanta este Edward.
-Es una sorpresa, espero que ese culito tuyo esté listo para unas cuantas horas en moto- dice enjabonándome la espalda, me encanta ducharme con él, es algo tan íntimo como cariñoso y adoro a este hombre.
-¿Cuántas hora estará mi culo en tu moto?- pregunto sin disimular mi sonrisa por lo fáciles que son estos momentos entre nosotros y la esperanza de que no se terminen nunca.
-Unas cuatro horas, son las nueve de la mañana, nos toca madrugar un poco cielo, pero a la hora de comer habremos llegado y sé que te encantará- después de decir eso no volvemos a hablar. Nos han traído el desayuno a la habitación, supongo que Edward ya lo tenía todo previsto. Y me gusta eso, solo tengo que dejarme llevar que él hará que el resto sea maravilloso.
Unos minutos después de desayunar nos ponemos el casco y salimos de ese maravilloso hotel de Cleveland para ir a algún lugar que todavía desconozco.
Es increíble la sensación de libertad que se siente estando en una moto, es algo que nunca había hecho y que sin duda quería repetir. Con la misma moto y el mismo hombre. Paramos a las dos horas de haber empezado nuestro camino para repostar y poder estirar las piernas, comimos algo rápido cuando paramos en la gasolinera y seguimos nuestro camino.
Tal como había predicho Edward, era la hora de comer y acabábamos de entrar a Chicago. Sin duda este es nuestro destino porque Edward sabe perfectamente hacia donde se dirige, yo no lo hubiera imaginado nunca. Miro encantada la maravillosa ciudad, es increíble. No puedo dejar de mirar por todas partes, hemos reducido la velocidad y me encanta. Es una ciudad nueva para mí pero llena de vida y de gente. Me parece una ciudad perfecta.
Edward detiene la moto y ante mis ojos aparece uno de los hoteles más importantes de la ciudad, El Drake, me deja sin respiración. Es increíblemente alto y grande con una gran elegancia y soy consciente de que este hotel no es como el de Cleveland que tenía dos estrellas, este hotel es un completo hotel con cuatro estrellas.
Nos dirigimos hacia recepción donde un hombre bastante serio se dispone a atendernos mientras nos mira descaradamente a ambos y hace un gesto de negación con la cabeza.
-Lo siento no creo que tengamos habitaciones- sin duda este hombre no sabe quién es el hombre que me acompaña y se ha dejado llevar por las pintas que llevamos, ninguno de los dos lleva ropa de trabajo así que Edward sin traje parece irreconocible. Veo como Edward le lanza una sonrisa que me deja sin aliento.
-Me parece que no me ha reconocido- dice mi chico sacando su tarjeta dorada, entonces la actitud del hombre cambia radicalmente cuando al pasar la tarjeta comprueba que tiene ante él a Edward Cullen.
-Lo siento señor Cullen, eso ha sido un mal entendido- dice muy nervioso, ahora Edward vuelve a tener el control de la situación. Hay pocas cosas que el dinero no pueda hacer.
-Preferiría que me llamara Edward y fuera totalmente discreto con nuestra presencia aquí- dice a modo de petición pero tanto el hombre de recepción como yo sabemos que es una amenaza en toda regla. Ese es mi hombre.
-Por supuesto señor, ¿Cuánto durara su estancia?- dice nervioso mientras teclea en su ordenador supongo la reserva de la habitación.
-Todavía no lo hemos decidido, ¿algún problema?- esta intimidándole con intención para que no nos moleste y es un método muy efectivo. Muy del estilo Edward.
-No señor, aquí tiene la tarjeta- dice todavía con los nervios de punta.
-Llamé esta mañana temprano y ya debe haber una reserva a nombre de Anthony así que deme la tarjeta de la habitación que he reservado- miro como Edward parece ser que se está irritando y lo entiendo, este hombre habla mucho pero trabaja poco. Tampoco sabía que había llamado esta mañana con el nombre de Anthony, sin duda tengo muchas preguntas que hacerle. Le miro y me sonríe mientras se acerca y junta nuestros labios. Dejándome con el corazón desbocado.
-Aquí tiene señor, la Gold Coast suite, como solicitó- dice entregándole la tarjeta para poder entrar a nuestra suite. Este hombre no deja de sorprenderme.
Entramos en el ascensor y se lo tengo que preguntar.
-¿Anthony?- me mira curioso mientras levanta una ceja.
-Sí amor, soy Edward Anthony Cullen, he decidido utilizar mi segundo nombre para no armar un escándalo- me abrazo a él amándole cada día más, es algo inevitable. Si me faltara algún día me moriría.
No era consciente de que habíamos llegado a la puerta de la suite que había pedido Edward hasta que este se detuvo. Abre la puerta con la llave y pone su mano en la parte baja de mi espalda empujándome ligeramente para que entrara y me quedé sin palabras. Todas las paredes son de un tono dorado único que jamás he visto antes. La gran cama con sabanas blancas y doradas. Una sala de estar completa con su televisión, sus sillones, un escritorio y unas increíbles vistas al lago.
Edward apoya la cabeza en mi hombro y me besa el cuello para después susurrarme.
-Investiga ángel, voy a pedir algo para comer, necesitamos descansar.-se dirige hacia el teléfono y llama al servicio de habitaciones, mientras tanto yo voy dando vueltas por la suite y madre mía, es una casa completa. Menos cocina, tiene de todo y todo es dorado y blanco. Parece una habitación perfecta para una noche de bodas y no puedo creer que yo esté pensando en boda. Eso es algo nuevo para mí, jamás me imaginé casada y con hijos. Eso no me interesaba mucho hasta que conocí al hombre con el que no me importaría ligarme de por vida.
Al poco rato volví al salón y vi a Edward mirando por la ventana hacía el mar, era una vista hermosa. Me acerco a él y le abrazo por detrás antes de que él me dé la vuelta entre sus brazos para dejarme delante de su cuerpo y rodeada por sus fornidos brazos.
-Es precioso-digo admirando las increíbles vistas.
-Nada es más precioso para mí que tu- me doy la vuelta porque no puedo soportar las ganas de besarle y cuando intento profundizar el beso se aleja hacia la puerta.
-La comida cariño- y se ríe de forma pícara tan típica en él.
Después de comer y hablar mucho disfrutando el uno del otro siento que me estoy quedando dormida y Edward me toma en brazos y me lleva hasta la enorme cama en la que me quedo profundamente dormida.
Edward
Este era el momento que estaba esperando, compruebo que Bella esté totalmente dormida y decido salir de la habitación para poder completar lo que tenía en mente desde que regresó a mis brazos.
Debo darme prisa antes de que Bella despierte y se dé cuenta de qué no estoy en el dormitorio con ella, si Emmett me viese me diría que estoy loco y que no lo he pensado bien pero lo tengo claro. Ahora no es momento para dudar y yo nunca en mi vida he dudado y menos en estos momentos.
Por fin he llegado, estoy en frente de Cartier, la joyería más importante que existe o al menos para mí en estos momentos. Por suerte para mí solo se encuentra a cinco minutos del hotel. Respiro profundamente y entro sabiendo exactamente lo que quiero y con qué fin lo voy a utilizar.
Nada más entrar una chica rubia se dirige hacia mí y me pregunta que estoy buscando.
-Un anillo de compromiso, pero quiero algo especial y único- ella empieza a sacar todos los anillos de todas las colecciones que poseen. Pero mis ojos ya han visto lo que estoy buscando. Cojo el anillo que ha llamado mi atención, es un anillo que a simple vista parece algo sencillo de oro blanco, pero mirándolo de cerca se puede apreciar su belleza, todo el anillo está recubierto de pequeños diamantes que hacen que brille sin que parezca ostentoso y justo en el centro hay un diamante un poco más grande en forma de corazón.
-Tiene buen ojo, este anillo es bastante único y si lo desea podemos poner una inscripción-dice la mujer satisfecha porque sabe que me lo voy a llevar.
-Quiero que graben en él "Somos un mismo corazón"- no sé cómo se me ha ocurrido esa frase pero creo que nos describe a ambos y a Bella la emocionará. El anillo es como ella, de lejos parece una chica fácil a la que se le puede engañar e ingenua pero al igual que nuestro anillo es un diamante por todo lo que hay dentro de ella es preciosa por dentro y por fuera y soy un maldito afortunado de tenerla a mi lado.
A los quince minutos la mujer me da el anillo dentro de una caja inconfundible de Cartier y nervioso vuelvo al hotel. Por suerte para mí Bella todavía descansa así que encargo la cena en uno de los mejores restaurantes de Chicago y me pongo en contacto con la gente del hotel para que a la hora indicada alguien recoja mi pedido para cenar.
Después de unas llamadas ya lo tengo todo preparado y siento como Bella se acerca a mí aunque me hago el loco. Siento sus brazos alrededor de mi cuello por detrás y dejo que me bese dulcemente antes de tomarla por los brazos y con un giro bastante brusco que la hace soltar un grito, la siento sobre mi regazo.
-Deberías haberme despertado, ya está atardeciendo- dice mi chica con un puchero de lo más hermoso.
-Vamos a ver el atardecer- la tomo de la mano y plantándole un sonoro beso en los labios nos dirijo a ambos fuera de la habitación.
En recepción ya está la cena que alguien ha ido a recoger por mí, tomo la cesta y andando salimos del hotel.
-Edward, ¿más sorpresas?- me mira con una ceja levantada y sé que se está muriendo de curiosidad.
-Si amor, pero no te preocupes te gustará- digo mientras seguimos andando y llegamos a la increíble playa de Chicago, bañada por el lago Michigan con unas vistas increíbles, mezcla lo mejor de la naturaleza y libertad de la playa con una vista de edificios y ciudad. Siento como a Bella se le corta la respiración a mi lado y eso me encanta. Pongo un mantel que había dentro de la cesta de picnic, que es lo bastante grande como para poder sentarnos sobre él, y hago que Bella se siente. Estamos casi tocando el agua y las estrellas empiezan a aparecer y mi nerviosismo a acrecentarse. Intento respirar y tranquilizarme poniendo algunas velas para poder ver su rostro mejor cuando siento que se levanta y la miro. Sus ojos chocolate me miran y me sonríe.
-Voy a tocar el agua- y caminando sobre la arena acaricia el agua con sus manos y sus pies. Con solo la luz de la luna bañando su piel y decido que ha llegado el momento. Me acerco a ella y me mira sin saber muy bien cuál es mi intención.
Me arrodillo en la arena sin apartar mi mirada de su hermoso rostro, bañado por la luz de la luna y con las estrellas como únicas testigos de nuestro amor decido que es el momento de comenzar una nueva vida juntos.
-Isabella Marie Swan, ¿me concederías el honor de despertar a tu lado, reír y llorar contigo, llenarte de amor y felicidad y aun así sentirme el hombre más afortunado del mundo, y aceptarías casarte conmigo?- de repente todo quedó en silencio solo se escuchaba el mar y nuestros corazones latiendo al unísono.
¿Qué os ha parecido? por favor dejadme vuestros comentarios e intentare actualizar más seguido. Esta historia se está poniendo interesante. Os dejo un pequeño adelanto, besos.
No lo puedo creer, no quiero llorar un día tan importante pero pensar en todo lo que Edward ha hecho por mí, por nosotros y que estaremos juntos para siempre me parece el mejor sueño de toda mi vida. Espero no despertar nunca. Miro al hombre que tengo al lado y sus ojos esmeralda me miran con tanta devoción como los mios le miran a él. En este momento siento lo que mi anillo confirma, somos un mismo corazón.
