Hola a todos, este capítulo no es muy largo, simplemente el desenlace de ese enfrentamiento Harry vs Voldemort. Como estoy leyendo el DH a un ritmo desesperadamente lento quiero advertir que si algún alma caritativa se decide a dejar un rr (aunque sea para ponerme a caldo) no dejéis spoilers de momento, al menos no de lo que ocurre a partir del capítulo 16 de DH. Gracias a todos por leer.
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CAPÍTULO 28: La lealtad puesta a prueba
A Harry le costó entreabrir los ojos, estaba aturdido. Cuando lo hizo vio una luz suave y unas nubes lejanas y borrosas teñidas de tonos dorados y anaranjados. Es bonito, pensó mientras sentía un intenso dolor en el pecho y la cicatriz ardía en su frente como no lo hacía desde no recordaba cuando. No sabía que se pudiera sentir dolor después de muerto. La sorpresa le hizo a abrir los ojos del todo y entonces reparó en algo que en un primer momento no llegara a captar, no solo podía ver la puesta de sol sino que la estaba contemplando a través de lo que quedaba de una pared en ruinas.
Confuso llevó la mano a su frente para frotarse la dolorida cicatriz y un grito le atronó los oídos, llegando hasta su cerebro y clavándose en él como un puñal afilado.
- ¿Qué demonios pasa contigo, Potter?, ¿es que no piensas morirte nunca?
Todavía tumbado en el suelo parpadeó e intentó dirigir su mirada hacia la voz que le increpaba. Voldemort se hallaba de pie frente a él, pálido de ira, sosteniendo la varita en una de sus manos aunque parecía a punto de resbalar y caérsele al suelo. Seguía en el mismo lugar desde el que le había lanzado el ataque y le miraba rabioso y al parecer tan desconcertado como el propio Harry. Su rostro, ya blanquecino de por sí, estaba totalmente lívido, las venas que lo surcaban destacaban más que nunca dibujando finas líneas azuladas que le daban un aspecto aún más tétrico de lo habitual. Sus labios pálidos y delgados temblaban de indignación, igual que la varita, apenas sostenida entre sus dedos.
Al ver que Harry se movía Voldemort cruzó la habitación dando dos largas zancadas y parándose cerca de él alejó la varita que había caído a pocos centímetros de su mano con una furiosa patada, privando a Harry de cualquier posibilidad de defensa. A pesar del dolor en el pecho Harry hizo un esfuerzo por incorporarse y quedó sentado en el suelo, apoyado en una de sus manos, mientras con la otra seguía frotándose la cicatriz, todavía tratando de entender lo sucedido. Aparentemente la maldición de Voldemort traspasara su cuerpo y chocara contra la pared destruyéndola por completo.
- ¡Crucio! – gritó Voldemort fuera de sí.
Harry volvió a desplomarse en el suelo víctima del dolor, era mucho peor que los que esa misma mañana le enviara Bellatrix, mil veces peor, por su confundida mente atravesó el deseo de que la maldición hubiese funcionado para estar muerto y no tener que sufrir aquello.
De pronto el dolor cesó y Harry, todavía tumbado en el suelo, alcanzó a entrever a Voldemort, que observaba malhumorado la varita en su mano.
- No lo comprendo - chillaba iracundo, increpando a Harry como si él tuviera la respuesta – ¿se puede saber que haces vivo?, ahora no tienes a tu maldita madre sangre sucia para protegerte.
Aquellas palabras dispararon un resorte en el cerebro de Harry, Voldemort tenía razón, él debería estar muerto, pero entonces ¿por qué no lo estaba? ¿qué clase de magia le había protegido esta vez? El sacrificio de Lily le salvara una vez y su sangre le protegiera durante años pero eso ya no hacía efecto desde que cumpliera la mayoría de edad y también, en parte, desde que Voldemort compartía su sangre. Algo en su interior le advirtió que ahí se escondía el secreto, que la sangre de su madre era la clave que explicaba el enigma de porque también había sobrevivido esta vez. De repente una fugaz imagen se presentó ante sus ojos. Dumbledore, tranquilamente sentado tras la mesa de su despacho escuchaba con interés y preocupación el relato de lo sucedido en el cementerio la noche que Voldemort regresó, cuando un brillo de triunfo iluminó su mirada por un instante, justo en el momento en el que él le contaba como Voldemort empleó su sangre para volver a la vida. Un pequeño gesto que Harry no supo interpretar en su momento pero que ahora cobraba significado.
Harry se incorporó lentamente, era como si su cuerpo dolorido apenas le respondiese, sin fuerzas para ponerse en pie se quedó sentado, con las manos apoyadas en el suelo tras su espalda y levantó la mirada hasta enfrentarla a la de su enemigo. Se sentía terriblemente débil y estaba desarmado pero no tenía miedo. Comprendió que su destino estaba en manos de Voldemort y que de una forma u otra pronto moriría, la sensación de que ya no tenía nada que perder se apoderó de él dotándolo de un valor y un coraje casi temerario. Miró a Voldemort fijamente y sin previo aviso hizo algo que nunca nadie había hecho antes en su situación, sentado a sus pies, completamente indefenso en manos de su enemigo Harry rompió a reir.
- El lo sabía – espetó ante la expresión de desconcierto de Voldemort – riéndose cada vez con más ganas.
- ¿De qué diablos hablas, Potter? – farfulló Voldemort temblando de rabia.
- De Dumbledore, – contestó Harry sin reírse esta vez pero con una inconfundible expresión de satisfacción – sabía que esto ocurriría.
Voldemort le dedicó una mirada escrutadora que Harry no rehuyó.
– La razón por la que tu magia no funciona conmigo no es por la varita, es por mi madre – explicó en un tono levemente burlón. - Hiciste una mala elección cuando me usaste para recuperar tu cuerpo, porque ahora llevas mi sangre, la sangre de mi madre que decidió sacrificarse para salvarme. Ya sé que ahora te crees invulnerable porque puedes tocarme pero jamás podrás emplear para destruirme la misma magia que me salvó. Alguien tan inteligente como tú debió preveerlo – añadió desafiante.
- Provocarme es una mala opción, Potter, es algo estúpido incluso viniendo de ti - replicó Voldemort en tono frío, recuperando un poco el control - aunque no pueda emplear la maldición asesina existen otras formas de morir, y mucho menos agradables, si me permites que te lo diga.
Harry no se dejó intimidar por sus amenazas.
– Vencido por segunda vez por una sangresucia, debe ser muy humillante para ti.
- ¡CRUCIO! – bramó Voldemort.
Harry volvió a caer al suelo retorciéndose de dolor, esta vez la sensación fue aun más intensa que la anterior y mucho más duradera. Contuvo la respiración y apretó los dientes con determinación deseando que terminara cuanto antes. Intentó mantener la mente clara, concentrándose con fuerza en el pensamiento esperanzador de que tarde o temprano el dolor pasaría, que no podía durar para siempre, pero en su cabeza una idea terrible se apoderó de él, creyó que no lo soportaría, que acabaría perdiendo la razón como los padres de Neville.
Cuando cesó, después de lo que le pareció una eternidad, quedó tendido en el suelo, muy cerca del enorme hueco que poco antes ocupaba la malograda pared, enroscado sobre sí mismo a escasos centímetros de un desnivel de varios pisos de altura. Abrió la boca para respirar con vehemencia, ansioso por llenar sus pulmones con el aire refrescante del atardecer, como si pudiera servir de alivio a su malherido cuerpo.
Sin recuperar del todo el ritmo de su respiración miró resoplando a su torturador, a pesar de estar practicando su pasatiempo favorito no se le veía contento, ni siquiera satisfecho, seguía tan furioso y malhumorado como hacía un instante.
Convencido de que hiciera lo que hiciera Voldemort no tendría piedad con él Harry le enfrentó de nuevo.
- Tus ansias de poder te llevan a sobrevalorar las Artes Oscuras, olvidas cosas importantes, como la magia antigua y eso te hace débil. Has cometido dos veces el mismo error.
Voldemort le miró detenidamente, las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente en una sutil sonrisa.
- ¿Tú me hablas de errores?, ¿acaso debo recordarte que una vez te ofrecí que te unieras a mí? Si hubieras aceptado ahora serías un mortífago poderoso en vez de estar a punto de morir.
- Que conmovedor – le interrumpió Harry con ironía – tal como lo dices casi parece que tu propuesta era sincera.
Voldemort no respondió al comentario de Harry aunque le miró fijamente y sus labios se curvaron ensanchando un poco más su sonrisa, aceptando sin palabras lo que había de cierto en esa afirmación. Después siguió hablando como si no hubiera sido interrumpido.
- Por no mencionar tu estúpida terquedad, siempre empeñado en seguir al viejo crédulo, - entrecerró sus ojos rojos mirándole con desprecio - hay que ser idiota para tragarse que el arrepentimiento de Snape era cierto.
Voldemort pronunció la frase con desdén y la expresión de Harry se crispó en un gesto amargo. No tenía réplica para eso, era cierto que Dumbledore había sido demasiado confiado. Aunque en las palabras de Voldemort, aparte del desprecio, también le pareció apreciar un ligero matiz de decepción, como si en el fondo el propio Voldemort reconociese la grandeza de Dumbledore y se sintiera ligeramente defraudado por lo fácil que finalmente le resultara librarse de él, o como si ahora que estaba muerto echara de menos algún rival al que considerase a su altura.
- Se equivocó, - admitió Harry de mala gana - pero jamás le llegarás a la suela de los zapatos, incluso muerto es mejor que tú.
- ¿Eso crees, Harry? En fin, mírate, ni siquiera puedes levantarte, morirás tumbado a mis pies. Aquí es a donde te ha llevado tu lealtad hacia él.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano Harry intentó incorporarse. De modo que allí terminaba todo, pensó. Había salido bien librado de todas sus aventuras, excepto de aquella. Tantos peligros, tantos riesgos, tanto esfuerzo… para terminar muerto por Voldemort de todas formas. Pero en una cosa se equivocaba, no moriría a sus pies. No si podía evitarlo.
Al menos había logrado destruir todos los Horrocruxes, y Ron y Hermione lo sabían. Tal vez después de su muerte Voldemort se confiara y bajara la guardia, y entonces, con un poco de suerte, alguien podría acabar con él ahora que volvía a ser mortal. No lamentaba lo que hiciera porque su lucha no había sido en balde, quizá todavía existiera una esperanza para la comunidad mágica, un futuro para Ron, Hermione y Ginny, los Weasley, Lupin, y todos aquellos a los que apreciaba. Animado por esa idea se irguió tambaleante ante Voldemort, deseando interiormente que las rodillas no flaqueasen y sus piernas pudieran sostenerle el tiempo suficiente para morir con dignidad.
Comenzaba a anochecer y la luz del crepúsculo se apagaba lentamente pero sus ojos verdes brillaban en la creciente oscuridad transmitiendo calma y serenidad.
- Estoy listo, - dijo mirando tranquilamente a Voldemort, situado muy cerca de él - Dumbledore me enseñó a diferenciar entre lo fácil y lo correcto, por eso sé que no me he equivocado, tomé el camino que debía tomar, aunque me trajera hasta aquí.
Voldemort no respondió, solo inclinó levemente la cabeza en un gesto que recordó vagamente a una reverencia y le dedicó una sutil sonrisa socarrona antes de mirarle con enorme satisfacción y levantar su brazo muy despacio. La varita quedó suspendida en el aire a pocos centímetros del cuerpo de Harry, apuntando directamente a su corazón.
Harry cerró los ojos, lo que deseaba en ese momento no era precisamente contemplar a Voldemort, si iba a morir quería llevarse con él la imagen de Ginny, la de sus amigos y la de aquellas cosas que hicieran que su vida mereciera la pena. A través de sus párpados cerrados vislumbró un fogonazo de luz y supuso que aquello era el fin, oyó gritar a Voldemort y todavía con los ojos cerrados notó como una fuerza lo empujaba cara atrás y cayó perdiendo su precario equilibrio.
La verdad, no sabía lo que Voldemort le tenía preparado pero esperaba algo terrible, una maldición como la Septunsempra, que le hiciera morir desangrado, o cualquier otra cosa que le provocara una muerte lenta y atroz, pero el único dolor que sintió fue el de sus nalgas y luego su espalda al golpearse una vez más contra el suelo. Sorprendido abrió los ojos y vio ante él a un hermoso fénix que le miraba fijamente, miró completamente desorientado a su alrededor pero no había rastro de Voldemort en toda la habitación.
- ¿Fawkes? – preguntó dubitativo sin acabar de asimilar que era lo que había pasado esta vez. Se incorporó un poco apoyando el codo en el suelo y con la otra mano buscó sus gafas que habían salido despedidas hacia el interior de la habitación, aterrizando a medio camino entre su cuerpo y el lugar en el que se encontraba la butaca.
El ave emitió un suave gorgoreo como respuesta y luego todo volvió a quedar en el más absoluto silencio. Harry se puso sus gafas, los cristales estaban rotos por el impacto, y se incorporó lentamente, todavía recorriendo la estancia con la mirada, preguntándose desconfiado dónde se había metido Voldemort. Cerca de una de las paredes localizó su varita y después de recogerla reparó los cristales de las gafas y se acercó tambaleándose a donde estaba Fawkes.
En medio de su aturdimiento comprendió que algo de lo que dijera provocara la aparición del fénix para ayudarle, en agradecimiento a la lealtad que había mostrado a Dumbledore. Abertfort se equivocara al decir que Fawkes no tenía dueño, él siempre sería el fénix de Dumbledore, aunque estuviera muerto. Acarició con cariño su suave plumaje y el pájaro entrecerró los ojos disfrutando del contacto antes de señalar con la cabeza a la pared derruida.
Harry dio un par de indecisos pasos en esa dirección y se paró a borde de lo que parecía un abismo, miró hacia abajo y entonces lo vio. Voldemort yacía tumbado entre los escombros de la pared y no tenía con él su varita. Una alegría incontrolable y salvaje se apoderó de él, sin un hechizo levitatorio no podía haber sobrevivido a una caída desde semejante altura, era imposible teniendo en cuenta que no había nada que amortiguara el golpe, más bien al contrario porque el jardín estaba cubierto por las piedras de filos cortantes y puntiagudos desprendidas de la pared.
Se sintió eufórico. Estaba muerto, y todo gracias a la intervención de Fawkes que le había hecho perder el equilibrio, buscó la mirada del pájaro y le sonrió feliz, incapaz de creerse que todo hubiera terminado por fin, y que estuviera vivo y a salvo apunto de reunirse con su gente en La Madriguera.
Su corazón empezó a bombear sangre a un ritmo frenético y una cálida sensación de triunfo comenzó a tomar forma dentro de él, nacía directamente de su pecho y se extendía por el resto de su cuerpo apoderándose de todo a su paso. Un furioso rugido de victoria empezó a forjarse en sus cuerdas vocales pero de pronto quedó allí, atravesado en medio de su garganta, de la que nunca llegó a salir porque un tenue y lejano sonido rompió la quietud del momento captando su atención.
Con todos los sentidos alerta Harry fijó su mirada en los escombros desparramados sobre el jardín de los Potter, le había parecido oír un sonido entre los cascotes de la pared, como si hubiera movido las piedras haciéndolas chocar unas con otras y contempló horrorizado como Voldemort comenzaba a moverse y se arrastraba lastimosamente hasta el lugar en el que cayera su varita.
Totalmente petrificado, incapaz de reaccionar, observó con incredulidad como llegaba hasta ella y la empleaba para curarse los huesos rotos por la caída. Entonces la certeza de que se había equivocado le golpeó con tanta violencia que en comparación el golpe de una blugger parecía una suave caricia. No era por la caída, el impacto había sido mortal, de eso no había duda, la única opción que quedaba para explicar que siguiera con vida tenían que ser que todavía le quedara algún Horrocrux.
Un reflejo de terror y desesperanza se instaló como una sombra en sus ojos nublando su mirada esmeralda que unos instantes antes resplandecía de felicidad. No podía ser cierto, pero sin embargo sus sentidos no le engañaban y contra todo pronóstico Voldemort estaba vivo. Inevitablemente se le pasó por la cabeza la idea de que habían cometido algún error de cálculo y Voldemort tenía más de seis Horrocruxes. Todo su trabajo se basaba en conjeturas, en el recuerdo de aquella conversación con Slughorn cuando solo era un estudiante pero había pasado demasiado tiempo desde entonces, tal vez cambiara de opinión. Quien sabe cuantos Horrocruxes podían tener todavía. Solo había una cosa de la que podía estar seguro, mientras no averiguara en que se había equivocado no podría matarle y por desgracia no tenía la menor idea de cómo hacerlo.
Totalmente desolado y vencido de repente por el dolor y el cansancio que hace solo unos momentos parecieran quedar relegados a un segundo plano hizo lo único que podía hacer, marcharse de allí antes de que Voldemort terminase de recomponer sus maltrechos huesos. Con una infinita tristeza en la mirada volvió hasta donde le esperaba Fawkes y sin mirar atrás se agarró a las doradas plumas de su cola y ambos desaparecieron en medio de un intenso fogonazo que iluminó las ruinas de la habitación.
