Capítulo 28

Llegada

El piso empezó a temblar, a ceder ante la presión de aquel Tegisteel mientras el pokémon eléctrico trataba de mantenerse estable de la mejor manera posible. Sólo un instante fue necesario para que esa cola férrea se estrellara de lleno contra la defensa de acero de ese legendario.

Y aunque en un principio la confianza que desbordaba de los ojos de aquel hombre era prácticamente palpable, lentamente se iba volviendo intangible, como si lo que estuviera viendo le ayudara a ello.

¿Cómo era posible que aquel Pikachu pudiera mantenerse en tan buen equilibrio, atestando golpes que no solamente iban de lo certero a lo fuerte, sino que también eran rápidos, como si su cuerpo fuera más ligero o fuera simplemente más apto para pelear?

El terremoto había cesado y ahora podían apreciarse los brazos iluminados de esa criatura metálica intentando atestarle un buen golpe a aquel rató; a la vez que éste se valía únicamente de su velocidad y la lentitud de su oponente para salir airoso.

¿Se trataba simplemente de probar quién podría soportar aquella fuerza producida por el choque de ese par de rayos carga o únicamente era una demostración de lo que ambas criaturas eran capaces de hacer? Lo que fuera, era un espectáculo magnífico donde la electricidad escapaba por momentos y lo destruía todo a su alrededor.

—Tu rata amarilla aguanta muy bien la batalla –inquiría soberbio aquel hombre.

—Tu pokémon pese a lo lento que es, es fuerte. Aunque indudablemente no podrá lidiar con un pokémon cuya naturaleza primaria es la electricidad. Es cuestión de tiempo para que ceda –decía Red bastante relajado.

—Ya veremos si te sigues manteniendo así de fresco. ¡Dale más presión, Registeel!

¿Cuánto más podría aumentar la potencia de aquel par de ataques?¿Considerarían el hecho de que el pavimento empezaba a ceder y destruirse rápidamente?¿Es qué alguien creía que soportar aquel impacto con defensa férrea era una buena idea para avanzar con insistencia hacia aquel pokémon, acortando la distancia e intentar acertar un golpe certero?

El resultado no había sido nada gentil…Ya que aquel hiperrayo había fallado rotundamente.

Candoroso brillo de tonalidad casi ámbar cegó por breves momentos los ojos del pelinegro, pero el aturdimiento duró muy poco y cuando descubrió quién le había salvado del funesto impacto se sintió un poco confundido pero pronto aquella sensación se esfumó y simplemente miró de reojo a aquel pokémon dragón que miraba fijamente a ese entrenador.

—¿Un Latias? –cuestionaba con incredulidad el del sombrero.

—No creo que ese ataque se le haya escapado a tu Registeel por error, ¿verdad? Yo no estoy de acuerdo con la política de los actuales entrenadores que gustan de ir contra el entrenador. Se me hace algo bajo y sucio, pero parece que es muy propio de sujetos como tú.

No hubo necesidad de palabras, aquel Pikachu regresó al lado de Red mientras que ese pokémon dragón ocupaba su lugar en la arena de batalla.

—¿Con que un cambio, eh? No es justo que solamente tu pokémon se tome un descanso –expresó regresando a su Registeel y mandando a Bronzong-. ¡Rayo confuso!

De nada servía aquel ataque si no podía dar en el blanco. La velocidad de ese Latias sólo era equivalente a su deseo de demostrar que aquel pokémon no se encontraba a su nivel. Ahora comprobaba que por algo se le había denominado como una criatura legendaria.

El fuego azulado con tintes en amarillo impactaba de lleno contra aquel ser que empezaba a sentir la debilidad de su naturaleza metal y que sin importar hacia dónde se moviera, Latias encontraba la manera de atestar de lleno mientras se movía con gracia y rapidez en aquel espacio.

El giro bola de ese Bronzong era destructivo y se movía siguiendo los movimientos de Latias, tratando con cierta desesperación de atestar un golpe crítico y deshacerse definitivamente de ese dragón. Aunque gracias a que el intelecto de aquella criatura era asombroso como su propia resistencia, aquel giro bola se topó irremediablemente con el ataque reflejo de Latias, quien ni siquiera se movía ni un pequeño centímetro de la posición en la que se hallaba. El efecto rebote no se hizo esperar para recibir de lleno la garra umbría de aquel dragón, que habría de lograr aturdir al enemigo y volverle más lento para responder. Y eso habría de ser la oportunidad perfecta para concluir con su ataque característico y propio de su esencia: bola neblina; causando el daño necesario para dejar fuera de combate a Bronzong.

Tiene un poder avasallador –no estaba esperándose un desenlace como ése.

—Bien hecho Latias –expresó Red con gratitud al momento en que ésta se aproximaba a él y lamía su mejilla.

—Hasta donde yo sabía no poseías ningún pokémon de índole de legendario –agregaba con malhumor aquel tipo.

—Es que no le gusta andar presumiéndolo por el mundo. Aunque es de nueva adquisición, por eso no estás informado de ello –terció aquella voz femenina, acercándose peligrosamente por detrás de aquel sujeto.

—¿Quién demonios está allí? –se giró hacia atrás, hallando a aquella chica de ojos bicolor. Yacía llena de polvo y con un semblante de pocos amigos.

—Todavía que mandas a tus chachos a hurtar las casas ajenas, ¿tienes el descaro de hablarme de ese modo? Qué poco caballeroso eres. Pero descuida, lo que afanosamente buscaban al final no era más que una copia bien hecha que Sachiko realizó. ¿Irse del gimnasio sin el título de líder? Una verdadera locura.

—No pudiste haber terminado con todos ellos tan fácilmente, eran más de cinco –expresó incrédulo.

—Y yo no he comido nada decente desde medio día… ¿Esperabas que me comportara amablemente? Vamos, de inconscientes no pasan –sonrió, viéndose feliz de la vida, como si no significara nada lo que había hecho-. Pero ya que estás muy presumido, ¿nos enfrentamos? Gyarados sigue de mal humor, y quiere terapia para el estrés –advirtió tras liberar a aquel gran y enfurecido pokémon; quien indudablemente lucía de lo más deseoso de engullir en sus fauces lo primero que se le cruzara en el camino-. Gyarados, usa hiperrayo, ¡ahora!

Aquel ataque se detuvo, no había más blanco al cual atacar…Ese hombre simplemente había desaparecido entre una cortina de humo y la sagacidad con la que ese Fearow logró alzarle en vuelo para alejarse de la escena en la brevedad posible.

—Eres tan lindo cuando te enojas tanto Gyarados –decía Shade quitada de la pena acariciando la cabeza de su pequeño gruñón que ahora lucía dócil y gentil mientras literalmente pequeños corazones emergían de él a causa de los mimos de su entrenadora.

—Ahora entiendo por qué decías que no le iba a ocurrir nada, Red –Sachiko con asombro miraba aquella escena. No deseaba tener nada que ver con esos dos.

—Aunque no averiguamos cuál era su nombre, pudimos comprobar su nivel -Red admiró los destrozos que se cernían a su alrededor-. Realmente no era tan fuerte.

—En verdad era fuerte, solamente que eres un entrenador engreído –se mofaba-. La cuestión es que el entrenamiento que recibiste de Dylan ha dado frutos. Pikachu no se cansó literalmente nada pese a la gran cantidad de electricidad que dejó salir de su cuerpo. Creo que ese sujeto estaba muy consciente de tu nivel, pero no consideró que podrías haber mejorado –expresó Shade regresando a su preciado Gyarados.

—¿Qué significa eso de que Latias ahora es mía? –preguntó Red, cambiando de tema.

—Dejaré a Latias en tus manos un tiempo para que no ocurran situaciones como las de hace rato, cuando casi recibes ese golpe directo. No es necesario que forme parte de tu equipo, pero ella siempre está alerta de los alrededores y le agradas.

—¿Es que acaso piensas ir a algún sitio? –cuestionó, observándole detenidamente. Con ella todo era factible.

—De momento sí, me estoy muriendo de hambre y quiero comer algo decente –espetaba intentando inútilmente escapar, ya que aquel chico literalmente la llevaba arrastrando de vuelta a casa-. Pero quiero comer algo.

—Ya lo harás cuando estemos de vuelta –sentenciaba Red ignorando las suplicas de la chica.

—Eres injusto, cruel y esa gorra te hace ver gordo –mascullaba por lo bajo para que el pelinegro no la escuchase, sin embargo, lo hizo.

—Si tienes tanta energía, no creo que te moleste ayudar a limpiar el posible desastre que de seguro debiste de haber hecho –comentaba Red acelerando el paso.

—Yo no hice nada. La casa está impecable…Es más, por eso deberías invitarme la cena y el desayuno de mañana.

—Mañana nos iremos directo a Meseta Añil para llevar a Sachiko; veremos si podemos obtener un poco más de información –explicó, viéndole de reojo.

—Está bien –se resignó y bostezó.

—Oye Red –dijo Sachiko quien les seguía del paso. Notó algo que de inmediato le provocó una sonrisa burlona en los labios.

—¿Qué sucede?

—Se ha quedado completamente dormida, Red –le parecía increíble que aquella chica hubiera terminado en tal estado.

Había pasado tiempo desde que sus pies tocaron aquel sitio, aquel camino final que los entrenadores tenían que sobrepasar si deseaban obtener el reconocimiento que tanto buscaron; aquella sede se encontraba usualmente activa, y no era de esperarse, la gran mayoría de los entrenadores se hallaban allí mientras la presencia de aquel pelinegro no pasaba desapercibida entre todos ellos.

Aquel ninja se aproximó a su hija, estrechándole en un cariñoso abrazo, expresándole de ese modo el gran alivio que experimentaba al contemplar intacta a su hija.

—Te agradezco que la hayas traído hasta acá Red –mencionó Koga viéndole con una sonrisa.

—Dejarla allá es un tanto peligroso –Red miraba a su alrededor, percatándose de los familiares rostros-. ¿Así que los dieciséis líderes de gimnasio están aquí?

—Con Sachiko están todos completos.

—Lamento haber desobedecido la orden que me diste de no comentar nada sobre lo ocurrido, pero considero que Red es de confianza –se defendía.

—Ya no interesa eso ahora Sachiko –le tranquilizaba con tono fraternal-. De igual modo él iba a enterarse; y ante todo es un entrenador de confianza.

—¿Dónde se encuentra Lance? –cuestionó el aludido al no ubicar al entrenador dragón.

—Está en la última sala, donde yace el Salón de la Fama Pokémon. Por lo visto un chico llamado Max llegó aquí y le pidió hablar con él en privado.

—De modo que él se nos ha adelantado –observó de reojo a aquella chica que permanecía de pie en una de las esquinas del gran salón, totalmente calmada.

—Habrá que esperar…-indicaba Shade vislumbrando a su hermano salir de aquel afamado salón en compañía de Lance-. O quizás no.

—Me alegra verlos completos –expresó Lance aproximándose hasta donde se encontraba Red.

—Max ya debió de haberte contado sobre lo sucedido en ciudad Fucsia, ¿no?

—Así es…Sinceramente no me sorprende que te hayas puesto al tú por tú con aquel hombre, pero estuvo bien. Fue una muestra para demostrarles que no lograran salirse con las suyas tan fácilmente.

—¿Alguna pista de quién está detrás de todo esto? –preguntó el oji carmín al tiempo que aquel par de hermanos cruzaban miradas.

—Lo único que sabemos con certeza, es que no tienen relación alguna con The White Nightmare. Son enemigos totalmente independientes a ellos, así que considera que actualmente tenemos a dos rivales, ninguno con intenciones claras –comentaba el domador de dragones.

—Ustedes fueron atacados por un sujeto que manejaba un legendario, mientras que Allen y Green también se vieron involucrados en un combate inesperado, donde aquella ave de fuego fue su enemiga. Son demasiados líderes de gimnasio como para que dos personas intenten hacer de las suyas. Así que el número involucrado está por arriba de dos y podría ser que el resto de los miembros posean igualmente pokémon legendarios –deducía Max manteniéndose sereno.

—Ésa no es una noticia alentadora. Enfrentarse a un grupo de maniáticos que poseen pokémon legendarios…-decía Sachiko al sentirse impotente por no poder intervenir a causa de sus compañeros que permanecían todavía heridos.

—Debemos tener mucho cuidado porque sin saber la identidad del resto de los miembros pueden atacarnos de forma imprevista. Dudo que los otros sigan el patrón de los primeros dos –comentaba Koga.

—No hay mucha información reunida, pero te la daré a tu grupo y a ti Red –expuso con seriedad.

—Eso es lo que estaba esperando escuchar de ti, Lance –el pelinegro se limitó a sonreír victorioso.

—Shade –llamó Max a su hermano-. Deja de holgazanear y ven aquí un rato.

—Te está haciendo daño juntarte con Red –se quejaba entre dientes acercándose a su hermano-. ¿Qué es lo que ocurre ahora?

—Quiero que vayas a la Guarida Dragón de Ciudad Endrino. Estando allí hablarás con el Maestro Dragón. Él te explicará la razón de por qué has ido y esos detalles.

—Umm…Está bien, me iré de inmediato –aceptó sin muchos ánimos-. Acabo de llegar aquí y ya me mandan a hacer otra cosa –se quejaba internamente empezando a caminar hacia la salida.

—Si no te molesta, puedo acompañarte –se ofrecía Lance.

—No suena mala idea, así vigilas que vaya directo a Ciudad Endrino y no se distraiga en otras cosas –el peli rosa se burlaba de su pequeña hermana. Pero es que era verdad.

—Soy una chica responsable –habló por lo bajo Shade, mirando de reojo a Lance-. Por mí no hay problema, el viaje será más entretenido en compañía de alguien más –esbozó una pequeña sonrisa tras salir de allí.

—Los estaré esperando –Max se despidió de ambos sin chistear-. Por cierto, Misty te andaba buscando Red –mencionó, dándole unas cuantas palmadas en la espalda al aludido.

—¿A qué se supone que la mandas ahora, eh? –preguntó Red sin quitarle la mirada de encima.

—Sólo quiero que investigue algo y al mismo tiempo, que atrapé a un pokémon en particular. Es todo, nada del otro mundo. Por cierto, ¿podrías llevarle esto? –preguntó, dándole aquella pokeball que conocía bien: una orbe zafiro de tonalidad dorada.

—¿Entonces lo que ella va a ir a atrapar…es…?

—No, en lo absoluto. Es algo un tanto diferente.

El Dragonite estaba a punto de alzar el vuelo pero se detuvo en el justo instante en que su entrenador le ordenó. En ese instante quedaba claro que no había necesidad de emprender el vuelo separadamente cuando podían hacerlo empleando al mismo pokémon. Mientras ella permanecía atrás, Lance se encargaba no sólo de conducir los movimientos de su pokémon dragón, sino también de evitar que aquella chica cayera.

—Tu hermano me dijo que te diera esto –arrojó con cierto exceso de fuerza aquel esférico, mismo que fue recibido por Lance sin problema alguno.

—Tampoco tienes que usar tanta fuerza, Red –estipulaba el joven.

—Gracias Red.

—Hmp…Que se diviertan mucho en su viaje –sus palabras poseían cierto grado de enfado mientras se daba media vuelta y se iba.

—Está usualmente más malhumorado de lo normal –comentaba Lance.

—Es la situación la que le pone irritable. Cuando logre aplastar a alguno de nuestros enemigos se le pasará y entonces tendremos que soportarle el egocentrismo.

—Creo que sólo tú puedes lidiar con ello mucho tiempo; quizás porque eres un tanto desprendida de la vida –comentaba burlonamente.

—Le compraré algo para que quite esa cara malhumorada que tiene…Aunque no sé qué –decía pensativa sintiendo el aire a su alrededor. Al fin se encontraban dejando Meseta Añil.