ADAPTACIÓN. Ni los personajes ni la historia me pertenece, está adaptado por Martasnix.

Capítulo 28

Sábado, 29 de septiembre.

Zoe tal vez se despertó al notar la cama fría o porque algo en su subconsciente la advirtió de un dolor inevitable. Pero, cuando se puso de lado y abrió los ojos, no la sorprendió verse sola. Escuchó con atención, buscando algún sonido en la silenciosa casa. La caldera del sótano zumbaba levemente. En el mar una sirena de niebla entonaba su triste lamento. La casa estaba tranquila: Indra dormía, y Blake compartía cama con Reyes en la casa principal. Harper siempre dejaba el reloj y la sortija de oro que llevaba en el meñique de la mano derecha en la mesilla cuando hacían el amor. Zoe se fijó en que no estaban. Afinó aún más el oído esperando percibir el ruido de la ducha en el baño contiguo, pero sabía que Harper se había marchado. Incluso el aire había perdido su calidez, y la soledad agobió su corazón con fuerza renovada. Le dolía el cuerpo al recordar el deseo. Sintió las manos de Harper sobre ella, dentro de ella, y recordó las promesas silenciosas que habían intercambiado mientras se colmaban de placer mutuamente. Otras mujeres habían dejado huella efímera en su vida y, luego, se habían ido. Zoe había aprendido a reconocer las despedidas en un beso. Y no era lo que Harper le había dicho mientras hacía el amor con ella horas antes. Necesitaba creerlo; de lo contrario, se le rompería el corazón.

-Maldita sea, Lexa -gritó Clarke golpeando el teléfono contra la encimera de la cocina-. Era Zoe. Harper se ha ido.

Lexa miró el reloj automáticamente: las cinco y diez de la mañana. Faltaba casi una hora para el amanecer. Se habían levantado a las cinco porque Blake, Harper y ella se marchaban a las cinco y media cuando un helicóptero las recogiera para llevarlas a un pequeño aeropuerto privado desde donde volarían a Washingto. Habían perfilado el plan antes de retirarse la noche anterior. Blake, Harper y ella.

«Maldita sea.»

Lexa miró por la ventana lateral y contó los coches que había bajo el pórtico. No faltaba ninguno. Murphy había hecho el turno de noche y la habría llamado si hubiese visto actividad en la carretera de la casa. El equipo de Callie patrullaba toda la isla y, sin duda, habrían reparado en un movimiento en cualquier lugar próximo aunque Harper se hubiese marchado de la casa en medio de la oscuridad y hubiese recorrido varios kilómetros de carretera. Cruzó el lavadero para ir a la puerta de atrás, la abrió y dijo a Pramheda:

-¿Alguna actividad por ahí?

La agente Pramheda, apoyada en la columna de la terraza que daba al pabellón de invitados y a la playa, se volvió. Llevaba pantalones negros y zapatillas deportivas, una cazadora azul marino sobre un polo oscuro, y su expresión era de alerta, pero no de preocupación.

-Buenos días, comandante. Nada fuera de lo normal. La agente McIntyre bajó a la playa hace ... -miró su reloj- unos treinta y cinco minutos.

-¿Es su hora normal?

-Cualquier momento entre las cuatro y media y las seis -respondió Pramheda-. Casi todos los días.

Lexa se dio cuenta al instante de que el plan había sido cuidadosamente diseñado, pero siguió la lógica de las preguntas para respetar el procedimiento.

-¿Suele acompañarla la señorita Monroe?

-No tan temprano, comandante.

-¿Cuánto dura su ausencia?

-Cuarenta y cinco minutos. Una hora como mucho. De hecho, ya debería haber regresado.

-¿Hoy llevaba algo?

-No que yo viese, pero estaba oscuro. Cuando salió de la casa, consulté mi reloj. Enseguida la ocultaron las dunas -Pramheda parecía incómoda-. ¿Se me ha escapado algo, comandante?

-No, se me ha escapado a mí -Lexa entró en la casa y dijo a Clarke-: Seguro que la recogieron en el mar.

-¿Quiénes? -preguntó Clarke-. ¿Quieres decir que la secuestraron o algo así?

-Lo dudo -los músculos de los hombros de Lexa se pusieron rígidos mientras reprimía la rabia-. Supongo que la Agencia la rescató.

-¿Por qué? -Clarke caminaba en estrechos círculos por el centro de la cocina poniéndose cada vez más furiosa.

-El número de personas que saben que está aquí es muy reducido, y no hay motivo para creer que pudiese ser víctima de un secuestro -Lexa cogió el móvil que llevaba prendido en el cinturón-. Seguramente formaba parte del plan desde el principio.

-No me puedo creer que haya sido capaz de hacer algo así. ¿Sabes lo que le ocurrirá a Zoe? Maldición. ¡Qué hija de puta! -Clarke daba zancadas de un lado a otro de la cocina-. ¿De qué plan hablas? ¿De quién era el plan?

-De la CIA. Acabamos de identificar a un elemento clave en el ataque contra el Nido. Tal vez hayamos descubierto una posible relación con los terroristas que atentaron contra el World Trade Center. Estoy segura de que es la información que debía conseguir Harper y por eso la enviaron aquí. Ahora la tiene, ha hecho su trabajo y ellos la han rescatado -Lexa se encogió de hombros-. Reubican a sus agentes de campo precipitadamente.

-¿La enviaron para que te espiase? Mi padre nunca lo habría consentido.

Lexa sujetó a Clarke por los hombros y frenó sus acelerados rodeos.

-Seguramente ni siquiera lo sabe.

-Eso es absurdo. Es el Presidente. Lo sabe todo.

-En realidad, no es así, y hay buenos motivos para ello. A veces tiene que estar en condiciones de negar que sabe algo, sobre todo cuando se trata de asuntos ... legalmente turbios -Lexa exhaló un suspiro de frustración-. Pero apostaría el cuello a que Abigail Washburn lo sabe. Porque es ella quien protege a tu padre.

-La voy a llamar ahora mismo -Clarke cogió el teléfono de la encimera y lo abrió. Lexa estiró la mano y lo cerró con delicadeza.

-No te lo contará. Tampoco me lo contará a mí. Si lo sabe, no lo reconocerá. Así se hacen estas cosas.

Clarke miró a Lexa con incredulidad.

-¿Por qué no te enfadas? ¿No te sientes traicionada?

-No es nada personal-respondió Lexa. No podía considerarlo personal porque necesitaba mantener las ideas claras. La operación dependía de eso. Más aún, también las vidas de sus colaboradores.

-Sandeces. Sandeces. Puras sandeces. Esa mujer ... mierda; odio decirlo, pero esa mujer significa más para ti que ningún agente.

-No, no es verdad -Lexa sonrió-. Chelsey sí que significó más que nadie para mí en otro tiempo, pero Harper no.

-¿Y cómo distingues entre ellas?

Lexa pensó si sería prudente responder. No era buena idea hablar a Clarke de sus relaciones pasadas con otras mujeres. Sabía que Clarke confiaba en ella. También sabía que Clarke estaba segura de su amor. Pero Clarke era Clarke, y no se tomaba a la ligera las intromisiones en su relación. Lexa suspiró. Iba contra sus principios, pero su relación con Clarke no encajaba en la lógica del resto de su vida. Con Clarke solo valía la sinceridad, por arriesgada que fuese.

-Lo que Chelsey y yo tuvimos, lo que compartimos, forma parte del pasado. Entonces éramos personas distintas, y Chelsey ya no está.

Clarke cogió una silla de cocina y se sentó tamborileando con los dedos sobre la superficie de madera mientras miraba a Lexa con gesto receloso.

-¿Alguna vez ... la echas de menos?

-¡Por Dios, Clarke! -imploró Lexa.

-No estoy celosa, solo quiero saber.

Lexa cogió otra silla y se sentó frente a Clarke. Se inclinó hacia delante y puso las manos sobre las rodillas de la joven mirándola fijamente a los ojos.

-A veces me entristece saber que no volveré ... a ver ... a Chelsey. Pero ocurre en pocas ocasiones, y es algo que no tiene nada que ver contigo o conmigo. No se trata de sexo; en realidad, durante mucho tiempo no fue eso, incluso antes del final. Sino de la pérdida de una amiga.

-¿Y Harper?

-Harper ... -Lexa suspiró y sacudió la cabeza-. Harper es una mujer que no conozco. Sintonizábamos, es cierto, a un nivel más profundo que colegas normales, pero no sé cuáles son sus móviles. No sé por qué hace lo que hace. No la conozco, y no puedo responsabilizarme de ella. Tengo que pensar en Reyes, Blake, Marcus y los demás.

-Pero te gusta. Sé que te gusta.

-Es verdad. La entiendo en muchos aspectos. Se parece más a mí que ninguna otra.

Clarke quería protestar, pero sabía que era cierto. Lexa lo sacrificaba casi todo por el deber (menos el amor), pero quien no la conociese bien pensaría eso.

-Estoy hasta las narices de ella. No tenía que haberse liado con Zoe si sabía que se iba a marchar. Ha sido egoísta y cruel.

-Tal vez no pudo evitarlo -Lexa deslizó un dedo sobre el tenso ángulo de la mandíbula de Clarke-. Cariño, a veces nos enamoramos aunque no queramos.

Clarke volvió la cabeza rápidamente y besó la mano de Lexa.

-No intentes convencerme de que no me enfade.

Lexa hizo un gesto negativo.

-No lo haré. Sé que no podría. Solo digo que he estado en su lugar, y a veces es igual de duro para la otra parte. Sobre todo cuando no puedes explicar por qué haces lo que haces.

-Me saca de quicio esa forma que tenéis de apoyaros -se quejó Clarke.

-Si averiguamos que Harper no trabaja para la Agencia o que todo el plan era para proteger a los responsables de lo ocurrido en el Nido, la perseguiré hasta el fin del mundo -Lexa cerró las manos sobre los muslos de Clarke-. Te lo prometo.

-¿A qué te refieres con que tal vez no trabaje para la Agencia? ¿Podría ser una especie de agente doble? -Clarke echó la cabeza hacia atrás y miró el techo-. Eso sería mucho peor. Pobre Zoe.

Lexa no dijo nada, molesta con quienes decían compartir los mismos objetivos, pero cuyo fin era solo el mantenimiento de su propio poder. Había aprendido la lección muy pronto y la olvidó temporalmente porque confiaba en Harper. No volvería a cometer el mismo error. Abrió el móvil y marcó el número privado de Abigail Washburn. Clarke miró por la ventana de la cocina y vio a Zoe bajar por el camino de las dunas vestida solo con una blusa de seda, pantalones de algodón y zapatos bajos. El termómetro de la ventana marcaba once grados.

-¡Jesús!

Se puso la chaqueta, cogió la de Lexa colgada de un gancho tras la puerta y fue tras Zoe. Caminó por la playa bajo un plomizo cielo gris alegrándose de que no lloviese. La marea estaba baja, y las gaviotas picoteaban y chillaban entre conchas rotas y algas enredadas en la orilla del mar. Alcanzó a su mejor amiga y le ofreció el anorak.

-Toma, póntelo. Vas a enfermar.

-Gracias -dijo Zoe en voz baja aceptando el anorak azul marino con forro polar. Se arrebujó dentro de la prenda sin apartar los ojos del mar. Le quedaba demasiado grande en los hombros y las mangas, y ciñó la cintura con los brazos, metiendo las manos bajo la prenda para calentarlas-. Estoy bien. No hace falta que te quedes.

-Cállate, Zoe.

Tras un minuto de silencio en el que Zoe se mostró dispuesta a obedecer, Clarke la cogió por la cintura.

-Debe de ser la primera vez en mi vida que no sé qué decir.

-No hay nada que decir -Zoe buscó la mano de Clarke y la introdujo dentro de una manga, entre las suyas-. ¿Lexa sabe por qué se marchó?

-No. ¿Tienes alguna idea?

-Ninguna. Casi me vuelvo loca tratando de adivinar por qué hizo lo que hizo, incluyendo lo de liarse conmigo -Zoe soltó una áspera carcajada-. Soy buena, pero dudo que se tratase solo de sexo.

-Zoe ... -dijo Clarke.

-Sigo pensando que debería haberme dado cuenta de algo, haber visto algo en sus ojos. Por Dios, tendría que haber notado algo raro cuando me tocaba, ¿no crees? -se volvió hacia Clarke con los ojos arrasados de dolor-. ¿Cómo pude amarla tanto sin conocerla?

-Me dan ganas de matarla -murmuró Clarke. Nunca había visto a Zoe tan indefensa-. Juro por Dios que la mataré.

-Me encanta el detalle -Zoe esbozó una sonrisa cansada y apretó la mano de Clarke-. Pero no vale la pena que perdamos la vida por eso. Seguro que existe una explicación, y tendré que seguir viviendo con ella o sin ella.

-¿Piensas darle la oportunidad de que se explique? -repuso Clarke-. Yo la estrangularía nada más verla.

Zoe se rió con un leve gesto de diversión.

-Creo que a veces has actuado de la misma forma con Lexa. Sobre todo al principio, cuando ella hacía cosas que te sacaban de tus casillas.

-Ella nunca me abandonó en plena noche sin una explicación.

-No, es cierto -admitió Zoe con un suspiro-. Pero Harper no es Lexa, y yo no soy tú.

-Oh, por favor, no te pongas razonable. ¿No estás furiosa con ella? Pues deberías estarlo -dijo Clarke indignada.

-Estoy enfadada. Me fastidia que no confiase en mí lo suficiente para decirme que tenía que irse, pero ... -Zoe alzó una mano para silenciar otro ataque de Clarke- me advirtió desde el principio que no siempre podía hacer lo que quería -contempló el mar con aire pensativo-. Existe una explicación.

-¿Confías en ella de verdad? -el tono de Clarke era más curioso que acusatorio.

-Sí -afirmó Zoe dibujando pequeños círculos sobre la mano de Clarke-. Anoche hicimos el amor. No te puedo contar cómo fue porque fue diferente a todo lo que he vivido hasta ahora. Nada me ha llegado tan a fondo como lo que compartimos. Me dijo de todas las maneras posibles que me amaba. ¿Sabes lo que eso significa?

Clarke suspiró.

-Sí, lo sé. Sé que creo en algunas cosas porque, si no fuesen ciertas, Lexa no me tocaría como lo hace. Ni yo lo permitiría.

-Sí. Tú y yo ... sabemos lo que es hacer el amor sin que nos afecte. Pero con ellas es distinto, ¿verdad? Nos llegan a lo más hondo -Zoe dio la espalda a Clarke sin esperar respuesta-. Si eso no es razón suficiente para confiar, entonces nunca podré confiar en nadie.

-Como te haga daño, me las pagará -dijo Clarke muy seria.

Zoe sonrió y rodeó con los brazos los hombros de su amiga. La abrazó, frotando su fría mejilla contra las de Clarke, ansiosa de calor.

-Sé que lo harías y te amo por eso. Pero esperemos antes de dar por sentado que es culpable.

-¿Cuánto tiempo? -Clarke acarició la espalda de Zoe, sabía que su amiga estaba sufriendo y odiaba no ser capaz de aliviar su dolor.

-No lo sé. Nunca había vivido una situación similar -Zoe se apartó, acarició el brazo de Clarke y le cogió la mano-. Solo sé que la amo, y necesito creer que tiene sus motivos.

Clarke no expresó sus recelos porque, si estaba en lo cierto al no fiarse de Harper, el tiempo le daría la razón. Si se equivocaba, expresar su desconfianza solo serviría para agravar la desdicha de Zoe, así que asintió.

-Siempre se te ha dado mejor que a mí entender a las mujeres.

-Excepto a Lexa -dijo Zoe riéndose.

-Ella es la excepción de todo en mi vida.

-Gracias.

-¿Por qué? -preguntó Clarke.

-Por ponerte de mi parte.

-Oh, cariño, siempre -Clarke estrechó la mano de Zoe-. Vamos a la casa; podemos desayunar y compartir quejas de nuestras novias.

-Estupendo -Zoe se mordió el labio, bañado por un mar de lágrimas-. Es lo que necesito en este preciso instante.

Clarke y Zoe fueron de la mano hasta la casa; Clarke no apartaba la vista de Lexa, que las miraba desde la terraza posterior. Había cosas de su amante que no entendería nunca: su feroz sentido de la justicia, el sentido del honor que guiaba todas sus decisiones; y, a veces, como la mujer que la acompañaba, tenía que fiarse de su corazón.