Todo estaba saliendo bien, al menos en su opinión. Los avances acerca de la cura eran cada vez más y la frase comenzaba a tener sentido. ¿Habían tardado? Sí, un par de semanas que a Regina y Scott no les parecieron. Pero todo fuera por recuperar sus vidas, o al menos así lo veía Arthur.
Francis aún estaba cabizbajo por el asunto de Emma. Si bien el amor no era tan fuerte y se calificaba como un pequeño enamoramiento eso no quitaba peso a los siglos de amistad que había compartido con la belga y que se vieron destruidos por la maldición. Ella había tratado de comunicarse con él pero Francis dejo estrictas órdenes de que no se le permitiera acercarse ni a él ni a su territorio por lo que Emma podía hacer muy poco.
Arthur estaba pasando su estadía en Francia de una manera no tan incómoda como en un principio pensó que sería, pues si bien hacia siglos él había vivido en el lugar, bueno, eso era la principal razón para la incomodidad que se imaginaba. Sin embargo el estado semi depresivo de Francis y el hecho de que estaban inmersos en el trabajo de resolver la maldición les dejaba poco tiempo para pensar en el pasado, su pasado. Por lo que la estancia estaba resultando hasta un tanto agradable, lo que le provocó un problema con Regina cuando se lo comentó ‒ "No puedo creer que me estés diciendo esto papá ¡y con tanta calma, faltaba más!"‒ le dijo entre ofendida y enojada cuando hablaron por última vez y de eso hacía cerca de dos días. Arthur quiso arreglarlo pero ¿qué era exactamente lo que debía arreglar? ¡Él no estaba haciendo nada malo por mucho que eso pensaran Regina y Scott! Que, ahora hablando del escocés, ni siquiera se había dignado a llamarlo ni escribirle nada.
‒ ¿Por qué la cara larga? - le preguntó Francis entrando a la biblioteca de la mansión.
Arthur, quien estaba sentado cerca de la ventana volteó a verlo. Francis traía en sus manos una charola con una taza de té y una copa de vino ya era tradición entre ellos tomarlos a la hora del té la cual seguía siendo sagrada para el inglés. Dejo la charola en la mesa que estaba a un lado de Arthur y tomo asiento frente a él. Por un momento ninguno dijo nada, ambos esperando que Arthur contestara y después de dar un suspiro cansino le respondió, volviendo a mirar por la ventana.
‒ Scott no se ha comunicado conmigo y Regina se molestó hace dos días, desde entonces no tengo noticias de ninguno - tomo la taza de té y le dio un sorbo, estaba perfecto.
‒ Si no te has enterado de nada son buenas noticias, significa que nada malo paso - lo consoló - además, dudo mucho que lo que quiera que la molestó sea tan importante como para dejarle de hablar a su madre ¿no crees? - añadió en tono juguetón, intentando sacarle aunque fuera un ceño fruncido a Arthur.
‒ No lo sé, sinceramente aún no la conozco del todo y no sé qué pueda pasar - murmuró bajando la mirada a la taza - y eso me entristece como no tienes idea ¿cómo podré ser un buen padre cuando ni siquiera conozco a mi propia hija? - cerro los ojos y dejo caer un par de lágrimas, últimamente estaba más sentimental pues su máscara de inglés imperturbable no la necesitaba frente a Francis, al menos ya no más.
‒ Vamos Arthur, arriba esos ánimos ¿qué mejor forma de conocerla que estando con ella? - le sugirió con una leve sonrisa, después de todo aún le afectaba verlo llorar.
Dejo la copa en la mesa y le retiro la taza de las manos cuando notó que Arthur necesitaba más que solo palabras de consuelo. Asi que reuniendo un valor que no sentía y rogando porque esto no empeorara las cosas se levantó y fue hacia el inglés. Arthur no hizo amago de moverse hasta que Francis lo levantó y lo abrazó, acto que lo sorprendió pues hacia siglos que eso no pasaba. No hizo movimiento alguno dejándolo abrazarlo pero sin responderle y Francis viendo esto lo abrazó más fuerte, paso una de sus manos por la cintura de Arthur y la otra la puso en su cabeza. Lentamente Arthur relajo su postura y paso sus brazos por la cintura de Francis, cerró los ojos y hundió el rostro en el pecho del galo, por un momento se podía permitir mostrarse tan vulnerable como se sentía ¿no es verdad? Francis no diría nada y tampoco representaba ningún peligro para él.
‒ No siempre tienes que resolverlo todo tú solo Arthur - le murmuró en consuelo - no estás solo, nunca lo has estado
‒ Sí, sí tengo que hacerlo yo ¿quién lo hará sino? - se negó a ceder - Si no lo hago yo, nadie lo hará por mí
Francis no contestó a eso, quiso debatirle pero sabía que era en vano. Si bien era cierto que Arthur nunca estuvo solo… también era igual de cierto el hecho de que si él no hacía las cosas nadie las haría en su lugar. Decidió que el abrazo debería ser suficiente consuelo por el momento y se dispuso a no soltarlo hasta que Arthur mismo se alejara.
Claro que ninguno esperó que tan comprometedora escena fuera interrumpida por Regina y Scott, quienes habían decidido acompañar a Arthur y Francis en la búsqueda de la solución y habían llegado al lugar de sorpresa.
‒ Veo que los avances son rápidos, solo que nunca especificaste cuáles - Scott comentó de manera fría, apenas un segundo después de abrir la puerta de la biblioteca y verlos.
‒ ¡Regina! ¡Scott! Esto… no es lo que creen - Arthur se separó de Francis como si quemara y miró alarmado a su familia.
‒ No necesitamos creer nada, basta con ver lo que haces - Regina estaba con el ceño fruncido, fulminándolos a ambos con la mirada - y nosotros que pensábamos darte una sorpresa, y los sorprendidos fuimos nosotros
‒ No tienes razón alguna para hablarme en ese tono - se repuso rápidamente cuando capto la leve furia en la acusación.
‒ No tengo razones para hacer lo contrario ¿o sí? - su tono paso a ser un poco más alto, sin llegar a gritar y el enojo era palpable tanto en su postura como en su mirada.
‒ El hecho de que creas que algo pasó aquí no significa que sea verdad - le regresó ahora molesto ¡ahora ni el beneficio de la duda le dieron!
Francis miraba el intercambio de palabras en un silencio incómodo, podía sentir la mirada penetrante de Scott y la furia de Regina, además claro de la incomodidad de Arthur ¡Por cosas así es que no ayudaba a nadie! Menudo embrollo en donde se metió sin querer ¡y todo por un inocente abrazo entre viejos amigos!
‒ ¿Y tú no tienes nada qué decir en tu defensa, Francia? - Regina volteó hacia él ignorando deliberadamente a Arthur.
‒ Tu madre tiene razón, aquí no ha pasado nada y si un simple abrazo entre conocidos es suficiente razón para dudar de él… es claro que la maldición no es lo único que debería preocuparte - su tono aunque era calmado escondía cierta nota de enfado.
‒ ¿Enserio? ¿Eso es todo lo que dirás? "Abrazo entre conocidos" ¿así lo llaman ahora? Porque hasta donde yo sé, eso se llama engaño e infidelidad - contesto al tiempo que señalaba a Arthur.
En ese momento Francis tuvo un terrible Deja Vú, como si una confusión así ya le hubiera pasado antes. El sentimiento era opresivo y le generaba tristeza pero no lograba recordar de dónde. Fue al ver la expresión herida de Arthur que lo supo, por un malentendido así era que su familia se separó en la versión real, cuando Arthur lo llamo "Scott" y eso generó el semi odio de Matthew y Alfred para con él. No dejaría que pasara de nuevo, se lo debía.
‒ No es engaño ni infidelidad. Fue un abrazo entre conocidos y que vuelvan las ejecuciones si es que acaso miento - aseveró de manera firme - sí, tu madre y yo estábamos abrazados ¿quieres saber la razón? Debido a que estaba deprimido gracias a que su querida hija y su amado esposo cortaron toda comunicación con él - miro por un momento a Scott que se tensó al regresarle al mirada - Esa es la razón, así que te pido que no saques conjeturas de algo que no sabes y vayas ahora mismo a pedirle disculpas por calumniar en su contra - le ordenó de la misma forma que hacia cuando regañaba a Alfred o Matthew cuando eran niños.
Regina no supo cómo contestarle, por un momento pensó en seguir con la idea de que Francis mentía pero al ver la seriedad de su rostro aunado a la tristeza que reflejaba el semblante de Arthur, tuvo que admitir que tal vez había exagerado las cosas y hablado antes de tiempo.
Además, recordó que el abrazo no tenía siquiera el ambiente romántico del que los acusaba, más bien era de melancolía y ciertamente no pareció un abrazo de amantes, sino de amigos. Miró a su padre y Scott entendió el mensaje. Caminó hasta ella y ambos se pararon frente a Arthur, quien miraba ceñudo a Scott.
‒ Lo siento papá, exageramos algo que no debería haber sido - se disculpó Regina en tono arrepentido.
‒ No te preocupes, nos ería la primera vez que me pasa algo así - contestó si apartar la vista de Scott y su tono, en lugar de ser amable era frío.
‒ Arthur… - comenzó Scott pero una cachetada lo detuvo. Giro el rostro y se llevó una mano a la mejilla golpeada, mirando sorprendido a Arthur.
‒ ¿Cómo es posible que dudes de mí? ¿Qué hice para merecer tu desconfianza? - le reprochó, si bien le alegraba que no fuera a mayores y Francis arreglara el malentendido. Eso no significaba que Scott no hubiera dudado de él aun cuando no tenía razones para hacerlo.
‒ Yo… - intento hablar, pero se le fue la voz al ver que Arthur lo miró mal.
‒ ¡Cállate! ¡No quiero escuchar tus excusas! - le gritó - ¡No puedes excusarte de ninguna manera, no cuando sabes perfectamente que tú eres el único a quien yo amo!
‒ Arthur, no es necesario que hagas una escena - le recordó Francis, quien alejo del problema a Regina y la dejo detrás de sí -solo por si acaso-.
‒ Tienes razón, no vale la pena - acepto de mala gana - encontramos el significado de la solución, planeábamos llamarlos pronto para decírselos pero gracias a que ya están aquí lo diremos en la cena. Por lo mientras acomódense en alguna habitación de invitados yo… necesito salir un momento de aquí - explicó y ordenó antes de salir de la biblioteca dejando aun procesando al información a los otros tres.
Minutos después de que Arthur saliera de la habitación fue cuando reaccionaron. Regina miro alternadamente de la puerta a su padre, Francis miraba intensamente a Scott y este veía sin creerlo a la puerta.
‒ Iré con él, por favor cuida de Regina - Scott dicho eso salió para seguir a Arthur.
‒ ¡Padre, espera! - le gritó pero ya era tarde, Scott no la escuchó.
‒ No tienes nada que temer, tu padre sabe lo que hace - le aseguró con una leve sonrisa.
‒ ¿Cómo estás tan seguro de eso? Papá se notaba muy enojado
‒ Con total certeza puedo decir que las únicas dos naciones que conocen bien a tu madre somos tu padre y yo, así que Scott sabe que si quiere arreglar las cosas debe ser ahora, antes de que a tu madre se le suba más el enojo o decida huir como es costumbre suya. Así que tranquilízate, estarán bien
‒ No me agrada que digas que conoces bien a mi papá - le informó de manera seria - menos que sea a nivel tan personal como mi padre lo conoce
‒ Pues lamento que no te agrade pero es la verdad, si bien es cierto que tu madre y yo nos hemos pasado la existencia peleando… también es cierto que desde pequeños hemos estado juntos a lo largo de toda nuestra historia, en las grandes épocas de apogeo y poder, así como en las temporadas de muerte, guerras y hambrunas. Conozco a tu madre tan bien como él me conoce a mí y nada tiene que ver el hecho de haber sido pareja, solo para que lo sepas - la miro con una ceja alzada a modo de ligero regaño, el cual Regina capto bien.
‒ Si bueno, sigue sin agradarme no importa que excusa o motivo des - asevero de manera cortante.
‒ No hay duda, digna hija de tu madre - murmuró por lo bajo aunque Regina lo escuchó - en fin, toma tus cosas que las acomodaremos en una habitación de invitados. Pondremos las de tu padre junto a las de Arthur en su habitación
Ordenó de manera rápida antes de salir también de la biblioteca, siendo seguido rápidamente por Regina. Él se ocuparía de entretenerla lo suficiente para que Arthur y Scott arreglasen sus asuntos pues esta vez el escocés de verdad lo había arruinado.
