CAPÍTULO XXVIII

Desperté desorientada. La cabeza me daba vueltas y aún me sentía incapaz de abrir los ojos. Me tomó unos minutos poder incorporarme y finalmente darme cuenta de donde estaba. Reconocí la habitación donde estaba el closet que Akihiko me había señalado anteriormente, cuando llegamos a este lugar.

Él debía de haber sido quien me había movido de lugar, pues recordaba claramente haberme quedado dormida en el sofá de la sala. Me sentí nerviosa nada más de imaginarle llevarme inconsciente entre sus brazos.

Exhalé aire con fuerza y me levanté con rapidez de aquella gigante cama. Mis pies me guiaron descalzos sobre la alfombra color crema hasta la cocina. La poca luz que había provenía de una lámpara de pie, y otra más pequeña al lado del sofá. El estómago se me retorció apenas vi que Akihiko descansaba sobre el sofá con un libro abierto entre las manos. Juraría que estaba teniendo un déjà vu.

Su rostro se giró hacia mí y sus ojos dorados me estudiaron de arriba abajo, para luego posarse con intensidad sobre los míos. No pude sino desviar la mirada con algo de vergüenza. Entonces reparé en un pequeño reloj digital que había sobre una mesa. Eran las 3:24am.

-¡Vaya! ¡Son casi las cuatro de la madrugada…! –murmuré atónita.

-¿Por qué te sorprende tanto? –inquirió él con una ligera sonrisa.

-¿Acaso tú nunca duermes? – le acusé divertida. –Si no fueses alquimista, te catalogaría de murciélago…

-Pues no me gusta la sangre…-replicó.

-¿Ah no?- repetí sorprendida. Entonces reparé en lo poco que realmente sabía de él. -¿Y por qué no?- pregunté con interés sentándome en el otro sofá frente a él.

Akihiko alzó una ceja ligeramente.

-¿De verdad quieres saber?

-Claro – le aseguré. – ¡Sino no te preguntaría…!

-Hmm… ¿Te gusta a ti la sangre? – me devolvió la pregunta.

-¡Oye, eso no se vale! – reí. Él solo me sonrió. –No me gusta… pero tampoco me desagrada en extremo… Supongo que con tantas batallas en la era feudal me he vuelto más o menos inmune a ella…

Su expresión se enserió un poco.

-Tú no deberías por qué pasar por tantas situaciones como esas…

Le sonreí con dulzura. Él se preocupaba por mí; se hizo un silencio breve.

-Kagome… Lo siento mucho, por lo de hoy…-asomó de repente.

-¿A qué te refieres? Más bien te debo las gracias, por salvarme…

-¿Cómo te encuentras al respecto…? ¿Quieres hablar de ello?

-No… Es decir… - me silencié. No sabía cómo explicarme, en parte si me había afectado bastante, pero por otro lado ya había tenido muchas otras experiencias como esas junto a InuYasha…

Akihiko se incorporó sobre el sofá y dejó el libro a un lado. Le eché un vistazo pero no alcancé a ver nada, la cubierta era toda negra.

-¿Te preparo un té? –me ofreció.

-Claro…- acepté un poco confundida por el repentino cambio de tema.

Él fue hasta la cocina y puso agua a hervir en la tetera. Después se apoyó de espaldas a los gabinetes a la espera, y su mirada se fijó en mí. Reparé en que el cabelló negro le caía ligeramente húmedo por sobre el hombro. Vestía un ceñido sweater gris perla y unos anchos pantalones blancos. Bajé la mirada con rapidez nuevamente, interrumpiendo mi escrutinio. Me asustaba mucho lo atractivo que él me resultaba. Mi cabeza me decía que me excusara, y me retirara a mi habitación lo antes posible. Pero el corazón me pedía otra cosa. Quería su compañía, así como una adicta.

Me puse de pie y me acerqué a él, consciente de su mirada sobre mí, así como un tigre observa cuidadosamente a su presa. Cuando lo tuve a menos de un metro, me senté despreocupadamente sobre uno de los mesones de la cocina, frente a él.

-Entonces… ¿me vas a contar por qué no te gusta la sangre?

Él dibujo una sonrisa algo torcida en su rostro y me dio la espalda.

-¿Miel o azúcar? – me preguntó al abrir el estante frente a él.

-Miel…- respondí arrugando el ceño. Él siempre tan evasivo, tan… misterioso.

-¿Qué ocurre? – Akihiko me observaba con un tarro de miel en la mano y dos tazas vacías en la otra.

-Nada – repliqué un tanto cortante.

-Vamos, dime…- insistió con una suave sonrisa que me resultó irresistible.

-Es sólo que…- suspiré. – Aunque te conozco desde hace un tiempo, siento que no te conozco realmente…

Bajé la mirada avergonzada ante mi confesión. Akihiko se tomó un tiempo antes de responder. Luego se acercó a mí entregándome la taza humeante.

-No es justo cuando haces ese mohín… Es simplemente adorable –agregó sonriendo.

Alcé los ojos hacia él sorprendida ante sus palabras, pero ya él me había dado la espalda y caminaba hacia los sofás. Me bajé con premura del mesón y le seguí. Ambos nos acomodamos en los mismos puestos que ocupásemos antes.

-A ver…. ¿Qué quieres saber? – pregunto en un todo relajado, llevándose la taza a los labios. Entonces noté que eran finos, y el inferior ligeramente más relleno que el superior. No pude evitar compararlos a los de InuYasha y preguntarme qué tan suaves serían…. Entonces noté que él me devolvía la mirada y estuve a punto de golpearme con la palma de la mano en la frente. ¿Pero qué demonios andaba mal conmigo...?

-Hmm…- tomé un sorbo de té haciendo algo de tiempo. – ¡Ah…! –me quejé llevándome la mano a la boca y presionando cuando me quemé la lengua. Dejé la taza con molestia sobre la mesa.

Akihiko soltó una carcajada. Yo lo miré ceñuda.

-¿Qué? –le espeté.

-¿Siempre has sido tan torpe?

-Idiota…- repliqué por lo bajito, girando la cabeza hacia mi derecha. Él volvió a reír.

De repente un sonido que se me resultó estruendoso para el silencio de la madrugada, me hizo dar un salto sobre el sofá.

-Tranquila… - me dijo él inclinándose hacia mí sobre la mesa de café que nos separaba. – Solo ha sido la calefacción…

Asentí un poco confundida, pero aún me sentía asustada. No estaba segura de por qué me había sobresaltado de esa manera. Mi corazón batía acelerado y me faltaba un poco la respiración. Rodeé mis rodillas con los brazos, abrazándome a mí misma. Escuché a Akihiko ponerse de pie y caminar hacia mí. Tomó asiento a mi lado y puso su mano sobre mi hombro, brindándome apoyo.

-Bebe… - me ofreció el té después de haberlo removido con la cucharilla, enfriándolo un poco.

Obedecí y tomé un sorbo más largo. Enseguida el líquido caliente cruzo mi garganta hasta mi cuerpo, y su dulce aroma calmó mis sentidos.

-Gracias…- murmuré. Tomé otro sorbo. Y no sé si fue porqué las hierbas de aquél té me ayudaban a drenar mis emociones o no, pero lágrimas comenzaron a resbalar por mi rostro. Entonces las imágenes de los hombres vestidos de traje saliendo de aquél auto negro, se hicieron más fuertes en mi cabeza. Aún distinguir claramente en mi mente, los ojos claros del hombre pelirrojo que me había apuntado con el arma, dispuesto a disparar.

Akihiko me rodeó con sus brazos y apoyé mi frente sobre su hombro llorando. Ni siquiera noté el momento en que yo había comenzado a temblar.

-Shh… Todo está bien… Tranquila… Ahora estas aquí, conmigo. Y nada malo te va a pasar…

Él me meció entre sus brazos, acomodándome en ellos como una niña pequeña. Busqué tranquilizarme.

-Detesto ser tan débil… Debes pensar que soy una llorona incontrolable…

-Sólo un idiota pensaría eso. No ha sido nada común por lo que pasaste hoy… Es normal que estés así, porqué aunque siempre luches contra los monstruos del Sengoku, nunca habías tenido que enfrentar los demonios que se ocultan dentro de los cuerpos humanos en tu época…

Me quedé en silencio analizando lo que acababa de decir. Era cierto, siempre luchaba contra toda clase de monstruos y animales extraños en el Sengoku. Pero esta era la primera vez que me tocaba enfrentar humanos ordinarios en mi época… La maldad y el odio siempre existirían sin importar la época o el lugar… Esta verdad me golpeó. Tampoco en la civilización moderna podía estar segura… Creo que en ese momento toda mi perspectiva e ideal sobre Akihiko se derrumbaron… Él, que siempre había resultado ser mi fuente de escape, se había convertido en una realidad dolorosa. Mi mente me quería decir algo más sobre esto, una verdad ineludible que aparté y demoré. No pensaría en ello ahora, no deseaba afrontarlo.

-Gracias…- suspiré, separándome un poco de él. Otra vez me sentía agotada.

-Ven aquí… - me indicó, colocando un mullido y gigante cojín sobre su regazo.

Lo miré un tanto sorprendida por la cercanía que aquello significaba. Otra vez mi consciencia me decía que no, que me retirara… Pero técnicamente, yo no estaba haciendo nada malo… Él solo me estaba proveyendo su apoyo, algo que yo ahora necesitaba…

"Qué carajo…" me resigné mentalmente, y acepté su invitación. Extendí mi cuerpo sobre el sofá y apoyé mi cabeza sobre el cojín. Entonces no pude evitar una pequeña risita irónica.

-¿Qué…? – preguntó él.

-Nunca pensé que nos volveríamos a reunir, de este modo… Después que llamaste…

-…Yo tampoco – aceptó él, comprendiendo la ironía de la situación a la que me refería.

-Quizás también seas psíquico, no sólo alquimista…- murmuré algo adormilada después de un momento de silencio.

Él no respondió. Por un momento consideré la posibilidad de que aquél té contuviese algo más que hierbas naturales, dado la rapidez con la que mis sentidos habían comenzado a adormecerse. Pero en realidad no me importó, quizás más bien se me antojaba agradecerle por regresarme al mundo de los sueños. Tanto mi cuerpo cómo mi mente necesitaban el descanso…

-Gracias…- alcancé a susurrar.

Entonces me pareció sentir sus dedos enredarse con suavidad entre mi cabello, antes de perderme en la negrura inmensa del reino de Morfeo.

Continuará...

Hola de nuevo! Acá les dejo un capítulo mas bien algo corto, y como una especie de interludio entre lo que está ocurriendo. Estoy intentando en cierto modo compensar mis días de ausencia :) Muchas gracias por continuar leyendo, y dejando sus reviews. Yo AMO cuando ustedes dicen que AMAN mi fic jajaja, es un amor mutuo xD. Bueno, por ahí nos encontramos! Espero que hayan disfrutado el cap.

Eli.