Capítulo 28
«Mamá, ¿podemos hablar ahora?» preguntó Emma, tras dejar a Regina en su cuarto
«Claro, hija. Vamos a la biblioteca»
«Siéntate, por favor» dijo Emma
«Emma, me estás asustando. ¿Ha pasado algo?» preguntó Ingrid, claramente nerviosa
«Mamá, no me gusta verte así, siempre con miedo, con tanto cuidado…»
«No soportaría perderte otra vez. Juro que no lo soportaría»
«No me vas a perder…ahora déjame decirte el motivo de esta conversación, es más, son dos motivos»
«Te escucho, querida…»
«Bueno, dentro de algunos días es el cumpleaños del señor Leopold y me gustaría hacerle un regalo»
«¡Mi amor, esto está muy bien!»
«Lo que pasa es que el regalo es un poco caro…pero le será de gran utilidad a él y a su nieta»
«¿De qué se trata?»
«Bueno…como sabes, viven de la pesca y la barca que tienen se está cayendo a pedazos…»
«¿Quieres regalarle un barca de pesca?»
«Sí, pero no tengo tanto dinero…»
«¡Claro que lo tienes! Emma, puedes comprar lo que quieras y gastarte cuánto quieras, siempre que sean cosas necesarias. A propósito…» dijo levantándose y caminando hacia la caja de seguridad «Le pedí al gerente del banco que mi cuenta la hiciera conjunta, y aquí tienes tu cartilla»
«Mamá, no me gustan los beneficios que me das a mí y les niegas a mis hermanos. Creo que es algo injusto»
«No niego nada a ninguno de ellos. Anna recibe lo suficiente, David también y de momento, tú no estás trabajando. Además, sabes perfectamente que la herencia será dividida en partes iguales entre los tres, pero solo cuando yo muera»
«Está bien…Me gustaría que vinieras conmigo a escoger la barca»
«Será un placer, mi amor. Y ajora, ¿cuál es el segundo motivo de la conversación?»
«Bien…me gustaría seguir adelante y pretendo hacerlo…pero no me siento a gusto aquí con David y Regina» confesó Emma
«Lo comprendo…» dijo Ingrid, aferrándole las manos «Le pediré a tu hermano que se busque un apartamento por aquí cerca y…»
«No, mamá. No es eso lo que quiero.»
«¿Y qué quieres?»
«He visto en el periódico una casa frente al mar, cerca del puerto…»
«No, hija…por favor. No quiero que te vayas de casa» dijo Ingrid, con expresión afligida.
«Mamá, no está lejos de aquí y te prometo que te visitaré todos los días…pero de momento, necesito espacio. Un espacio mío, solo mío…»
«Hija, con el tiempo…»
«El tiempo en este momento es como un reloj dentro de mi corazón que palpita cada vez que pienso en ella…cada vez que me la encuentro por la casa…»explicó «No es tiempo lo que necesito, mamá… es espacio»
«Está bien…el lunes, después de comprarle el regalo al señor Leopold, miraremos la casa y se hará cómo tú decidas»
«Gracias, mamá»
«Señorita Emma…disculpe que interrumpa. La señorita Ruby está aquí» dijo una de las empleadas.
«Vamos, hija…vamos a aprovechar ese día de sol»
Allí afuera, al borde de la piscina, David charlaba con Anna sobre trabajo cuando Regina se juntó a ellos. Minutos después, Ingrid acompañada de Emma y Ruby aparecieron, y sin pensarlo dos veces, Regina escondió sus ojos, que lanzaban chispas de rabia y celos, tras los cristales oscuros de sus gafas de sol.
«¿No vas a darte un baño? ¡El agua parece buena!» preguntó Ruby
«No, para otra ocasión» respondió Emma y Regina sonrió discretamente ante aquella respuesta.
«Entonces, ten el placer de cubrir mi piel con ese protector solar» dijo, y esta vez, fue ella quien sonrió cuando Emma abrió el bote.
Regina se giró para el otro lado con la disculpa de preguntarle algo a Ingrid, sin embargo, cada cierto tiempo, sus ojos la traicionaban y acababa mirando hacia donde Emma y Ruby se encontraban. Los celos que sentía eran tantos que no aguantó mucho. Se disculpó y se retiró.
Una hora después, el almuerzo fue servido y al contrario de lo que Regina pensaba, Emma se quedó al borde de la piscina al lado de Ruby, y a su petición, la comida les fue servida allí mismo.
El resto del fin de semana transcurrió de forma tranquila. Emma evitaba encontrarse con Regina por las estancias de la casa, al contrario que la morena, que buscaba una disculpa tras otra intentando una posible aproximación.
El lunes, según lo planeado, Emma e Ingrid salieron para buscar el regalo de cumpleaños de Leopold, y posteriormente, harían una visita a la casa sobre la que Emma había hablado.
«No me lo creí cuando vi la noticia…ha sido un milagro que haya sobrevivido» decía Zelena
«Pues sí…más de un año pensando en una muerte que no lo era» dijo Regina
«¿Y cómo están las cosas en la mansión? ¿Qué dijo sobre tu boda con su hermano?»
«Se ha mostrado indiferente. Dijo que seguirá adelante con su vida al igual que yo he hecho con la mía»
«Entonces, ¿están llevándose bien?»
«Claro que no, Zelena. Me evita, me ignora…¡aún más con aquella zorra ofreciéndosele todo el rato!»
«¿Qué zorra?»
«Aquella imbécil que trabaja con David, la tal Ruby…¡ahora no sale de la casa!»
«Eran amigas, ¿no?»
«Más que amigas…estoy segura de que tuvieron algo antes de conocernos»
«Bueno, ¿qué pretendes hacer? Ahora que estás casada…»
«Me arrepiento amargamente de este matrimonio»
«¿Por qué no pides el divorcio entonces?»
«Eso haré…aunque Emma me desprecie por el resto de mi vida, no puedo continuar al lado de su hermano cuando es a ella a quien amo de verdad»
Aquel lunes, las horas pasaron más deprisa de lo que Regina deseaba. A cada instante, su corazón trababa una batalla interna, ora queriendo estar cerca de Emma, ora deseando apartarse lo máximo posible. Ya habían pasado tres días desde su regreso, y desde entonces, las noches eran como los días, sin dormir, en blanco.
«¿Dónde está mi madre, Granny?» preguntó David
«En la biblioteca, David» respondió ella, y a paso apurado, se dirigió hasta allí.
«Mamá, ¿puedo entrar?»
«Claro, hijo…»
«Estaba hablando con Anna esta mañana y comentó de una compra por valor de 200 mil dólares. ¿Fuiste tú?»
«Sí, ¿por qué?»
«Bueno…¿y puedo saber qué has comprado por ese cuantía tan alta?»
«Un barco de pesca»
«¿Un barco de pesca?» repitió él, confundido
«El señor Leopold cumplirá en estos días, y Emma me pidió que le comprara ese herramienta de trabajo» dijo ella
«¿Herramienta de trabajo? ¡No puedo creer que hayas gastado 200 mil dólares en un regalo para un pescador muerto de hambre!» exclamó David, perplejo ante la actitud de su madre.
«¡Me los gasté y gastaría mucho más si fuera necesario! ¡Lo que ese hombre hizo por tu hermana no hay dinero que lo pueda pagar!»
«¡No seas ingenua, mamá! ¡Por el amor de Dios! Ahora si Emma quiere traer al viejo y a su nieta a vivir con nosotros, tendríamos que aceptar solo porque él…»
«¡Ya basta, David! ¡No cuestiones mis decisiones!»
«¡Está bien…sigue haciendo todo lo que Emma quiere, pero después no te arrepientas!» dicho eso, se retiró
Cuando llegó la noche, la familia entera se reunió para cenar. Desde que Emma había vuelto, era la primera vez que Regina se sentaba a la mesa junto con ella, una en frente de la otra. Era posible sentir la tensión y la incomodidad cada vez que las miradas se cruzaban, y la situación no se volvía más embarazosa porque Anna en todo momento abordaba cualquier tema en el que ninguna de las dos parecía interesada.
«¡Mamá comentó lo del cumpleaños del señor Leopold! ¿Puedo ir yo?» preguntó Anna
«Claro que sí, Anna» dijo Emma
«¿Tú y Regina venís también, David?» preguntó la más joven
«Mi esposa no conoce a este sujeto, así que no veo razón alguna para que ella esté presente. ¡En cuanto a mí, tengo asuntos importantes que no pueden esperar por causa de un pescador!»
«No menosprecies de esa manera a los demás, David…son seres humanos como todos nosotros» dijo Ingrid, visiblemente enfadada por el tono usado por él.
Aunque sintiera deseo de rebatir las palabras de su hermano, Emma optó por permanecer en silencio. Por un momento llegó a pensar que David había cambiado aunque fuera un poquito, sobre todo después de la conversación que había tenido tras la cena el día en que había regresado, sin embargo estaba claro que su hermano no podía esconder su verdadero rostro por mucho tiempo. De esa forma, no consiguió evitar imaginárselo aprovechándose de los momentos de inestabilidad de Regina para convencerla de casarse con él.
«Dios…estoy buscando una justificación a lo que ella ha hecho…» dijo Emma en su interior
«¿Hija? ¿Estás bien?» preguntó Ingrid, al notarla cabizbaja mirando hacia la nada
«Sí, mamá…solo me duele un poco la cabeza. Voy a echarme un rato, permiso» dijo, levantándose de la mesa
«Voy contigo, mi amor» dijo Ingrid
«No es necesario, mamá…»
«¿Ves por qué no quiero que te vayas?» dijo ella, asustándose con el sonido de un vaso estrellándose en el suelo.
«Disculpen…me he distraído…» murmuró Regina, luchando con todas sus fuerzas para esconder la angustia que sintió al escuchar esas palabras de boca de su suegra.
Otra noche insomne. Cada vez que Regina cerraba los ojos, la imagen de Emma se formaba en su mente, y junto a ella, mil y una ideas pasaban por su cabeza. Solo de imaginarla lejos, le dolía el corazón.
«Necesito hablar con ella…necesito explicarme, necesito pedirle perdón…» decía Regina en su cabeza, hasta que finalmente el sueño la venció.
A la mañana siguiente, Regina esperó a que David y Anna salieran para poder conseguir unos minutos a solas con Emma, sin embargo sus esfuerzos se fueron por el desagüe cuando Granny le informó que la rubia había salido muy temprano. Pasaron cuarenta minutos y como Emma no volvía, Regina recurrió a Ingrid.
«Ingrid, ¿podemos conversar un minuto?» preguntó ella
«Claro, Regina…siéntate» dijo, señalando la silla a su lado
«Bien…es mejor ir al grano…¿Emma quiere marcharse por mi causa?»
«No se está sintiendo bien desde que supo lo de tu boda con David»
«¿Y podría saber a dónde pretende ir?»
«Afortunadamente, no se irá lejos…quiere una casa frente al mar aquí mismo, en Storybrooke»
«¡Qué bien…! Digo, de esa manera usted no sufrirá tanto su ausencia»
«Ni tú»
«¿Cómo?»
«No eres feliz con David y aún la amas»
«Emma nunca me perdonará por esto»
«¿Estás haciendo algo para conseguir su perdón?»
«No sé qué hacer…»
«Si tú no lo sabes, ¿quién lo ha de saber?» preguntó Ingrid, y como respuesta, Regina bajó la cabeza «Tengo que salir ahora…y si sirve de algo, Emma ha ido a ver la casa que pretende comprar» dicho eso, Ingrid se retiró.
Regina no se lo pensó dos veces y antes de dirigirse a la Mills Export, se desvió del camino y en pocos minutos llegó a las cercanías de la casa donde, según Ingrid, Emma estaría. Su corazón latió más fuerte al constatar que esa información era verdadera, ya que uno de los coches de la mansión estaba aparcado cerca.
Aunque sus pasos eran vacilantes, no pensaba desistir de su propósito, especialmente sabiendo que tendría el apoyo de Ingrid para conseguir el perdón de su amada, y quién sabe, no viniera después una reconciliación.
Emma comprobaba las estancias de la casa, y sacó la conclusión de que la estructura se encontraba en perfectas condiciones. Los únicos cambios que pensaba hacer eran en la decoración. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el sonido del timbre se escuchó y al abrir la puerta, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo cuando sus ojos verdes se cruzaron con los relucientes castaños.
«¿Puedo hablar contigo un minuto?» preguntó Regina
«Ya me estaba yendo» respondió Emma
«Prometo que no te quitaré mucho tiempo» argumentó
«Está bien…» dijo, haciéndose a un lado para que Regina entrara.
Algunos segundos de silencio se hicieron presentes, y en cuanto la puerta fue cerrada, Regina inspiró profundamente y tras soltar el aire lentamente, se giró para que pudiera mirarla a los ojos.
«Fue lo que encontré para estar cerca de ti…»
«¿Qué dices?» preguntó Emma
«Me casé con David con la ilusión de encontrar en él cualquier cosa que perteneciera a ti»
«¿Y lo encontraste?»
«No…no lo encontré porque tú eres única»
«Si era solo eso lo que veías a decir, puedes marcharte» dijo Emma
«No era solo eso…por favor, perdóname»
«Regina…»
«Te amo, Emma…»
«Ahora estás casada»
«No por mucho tiempo. Pediré el divorcio y…»
«¡Nada de eso me interesa ya!»
«Por favor….si todavía me amas, no me desprecies…te lo suplico de rodillas» dijo Regina, arrodillándose inmediatamente «Me arrastro hasta tus pies si así lo quieres, pero por favor…perdóname»
«¡Para con esto, Regina…levántate, por favor!» dijo Emma, tirando de ella por los brazos, lenta y delicadamente «Te perdono, y si te sirve de consuelo, no te odio…solo que ya no te amo» dijo Emma, y aunque fuera mentira, proferir esas palabras le dolió más a ella de lo que seguramente le dolería a Regina.
