Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


Capítulo 27

Me apretó contra su cuerpo todavía mojado, pero no me importó. Me di cuenta de que aún temblaba, y no supe si era porque tenía frío, porque estaba nervioso por lo que acababa de decirme o porque me deseaba. Entonces, me percaté de que probablemente se trataba de una mezcla de las tres cosas, y lo único que pude hacer fue reforzar el agarre de mis manos detrás de su nuca. Su cabello goteaba, y las gotas recorrían su rostro hasta llegar al mío, donde se mezclaron con las lágrimas que todavía brotaban de mis ojos. Pero ya no lloraba de rabia ni de impotencia, esta vez era de felicidad, porque Jasper me quería y porque sabía que decía la verdad. Me lo estaba demostrando en ese mismo momento.

Quise profundizar todavía más nuestro beso, y cuando me acerqué más a sus labios, lo sentí quejarse por lo bajo, alejándose un poco de mí. Recordé al instante la herida que tenía en el labio, y me avergoncé de mi propia pasión. Jasper apoyó su frente en la mía a la vez que intentaba recuperar el aire que había perdido, y cerró los ojos.

-Tú también me quieres, ¿verdad? –preguntó sin abrir los ojos, y yo asentí sin ser capaz de abrir la boca. Me dije a mí misma que aquel era mi momento, que no me podía quedar callada, y así lo hice:

-Sí. Te quiero. No sé desde cuándo, pero sé que te quiero –le di un beso en el mentón, y vi que sonreía, aunque no parecía realmente feliz.

-Pues eso es lo que importa –sin que yo me lo esperara, me cogió en brazos y caminó con rapidez hasta la habitación, cerrando la puerta con el pie una vez estuvimos dentro. Me tumbó en la cama, y fue entonces cuando me di cuenta de que yo también temblaba. Mi ropa estaba algo mojada por culpa de Jasper, que al final no se había secado, pero me daba igual. No tardaría mucho más en desaparecer de mi cuerpo.

Se colocó sobre mí y volvió a besarme, aunque sin demasiada ternura. Yo intenté no rozarle la herida con mis labios, pero se me hacía realmente difícil, pues sus ansias estaban causando estragos en mi cuerpo. Llegó un momento en el que sólo quise sentirlo, quise asegurarme de que era mío, sólo mío, y de que así sería para siempre. Sus manos me despojaron de la blusa que llevaba, e hicieron lo mismo con los pantalones, pero sin ningún tipo de calma. Era como si no pudiera esperar, como si me necesitara de una forma brutal, como si tuviese miedo de que fuera a desaparecer en cualquier momento.

Me separé de sus labios cuando mis pulmones se quejaron, demandándome aire, pero mis manos no dejaron de moverse hasta que lograron quitarle los pantalones empapados a Jasper y los arrojaron a algún lugar de la habitación. Él terminó de desnudarme con la misma rapidez de antes, y sus manos se deslizaron por todo mi cuerpo, acariciando toda la piel que encontraron, como si deseara grabar en su mente cada curva, cada lunar, cada hueco. Sus labios hicieron el mismo recorrido, tomándose su tiempo, haciéndome jadear y arquearme, buscando su boca desenfrenada para que no se alejara de mí. Entonces, enredé mis manos en su cabello y volví a besarlo, sintiendo cómo temblaba cuando rodeé su cintura con mis piernas, pegándolo a mí por completo. A continuación, sus labios se posaron en mi cuello, besándolo con ansia mientras deslizaba mis manos por su espalda, recorriendo sus músculos contraídos y tensos, deleitándome con su fuerza. Ladeé la cabeza y le besé el cabello húmedo, llenándome con el olor a lluvia que desprendía, emborrachándome de él.

Mi cerebro se había desconectado por completo, pues me sentía como si estuviera muy lejos de allí. Sólo podía dejarme llevar por lo que sentía y por lo que acababa de descubrir, mientras me entregaba a Jasper totalmente, sintiéndome feliz y eufórica por poder hacerlo. Se introdujo en mi cuerpo sin previo aviso, sólo siguiendo sus instintos y respondiendo a mis silenciosas demandas. Enfrenté mis caderas a las suyas mientras lo atraía hasta mí, besándolo con renovada energía y abrazándolo con toda la fuerza que me quedaba. Se movió lentamente al principio, como si jamás se hubiese mostrado ansioso, pero a medida que el placer se fue haciendo cada vez más insoportable, sus movimientos se hicieron más rápidos y fluidos. Me llevó hasta una vorágine de sensaciones que me hicieron temblar, retorcerme y casi gritar, deseando fundirme con él para siempre y desaparecer del mundo real.

Le hundí las uñas en los hombros cuando el orgasmo me atravesó con fuerza, obligándome a cerrar los ojos por las grandes oleadas de placer que me invadieron. Un par de segundos después, lo sentí temblar y estremecerse, y acto seguido, se desplomó sobre mí, jadeante y tembloroso, mientras lo abrazaba con fuerza. Le besé el rostro, intentando calmarlo, y le acaricié las mejillas, deseando que me mirara. Tardó varios segundos en hacerlo, cuando al final se apoyó en los codos, alzándose de nuevo sobre mí para no hacerme daño. Después, se acomodó a mi lado, pero sin dejar de rodearme con un brazo, y me besó en la boca, lentamente, como no lo había hecho antes.

-Te quiero –repitió contra mis labios, y yo no pude hacer nada más que sonreír, sintiéndome totalmente feliz.

Me estiré lánguidamente y me coloqué de costado para poder observarlo. Me percaté de que los moretones en su cuerpo se habían hecho más visibles, pues habían adquirido un tono violáceo oscuro que no me gustó nada. Me acerqué un poco a él y le di un beso en el hombro golpeado, justo sobre el cardenal, y lo mismo hice con todas las demás contusiones que encontré.

-¿No viste al hombre que intentó atracarte?

Negó lentamente con la cabeza, evitando mirarme a los ojos.

-Pero no quiero hablar del tema, Ali. Sólo quiero quedarme aquí contigo, durante toda la noche y durante todos los días, si puede ser.

Lo observé con los ojos entrecerrados y con una sonrisita divertida en el rostro. Volví a estirarme y apoyé la cabeza sobre su pecho, tapándome un poco con la sábana porque tenía frío. A pesar de la calidez que desprendía su cuerpo, todavía tenía las manos heladas, y cada vez que me acariciaba distraídamente la espalda, se me ponía la piel de gallina.

-Qué exagerado. A pesar de que me encantaría quedarme aquí para siempre, me temo que no va a poder ser. Tendremos que levantarnos para comer.

-Podríamos instalar una cocina en la habitación.

No pude evitar reírme ante aquella idea tan absurda, y fue entonces cuando me di cuenta de que nos habíamos vuelto totalmente locos.

-Podríamos –acepté, asintiendo lentamente con la cabeza. Después, la levanté para volver a mirarlo, preocupada por sus heridas. – ¿Te duelen? –pregunté, acariciándoselas con la punta de los dedos para no hacerle más daño.

-Un poco, pero supongo que es normal.

-¿Quieres que llame a mi padre o a mi hermano para que vengan a revisártelas?

-No, no hace falta. No los molestes. Además, ya te he dicho que no quiero moverme de aquí y, ¿para qué vamos a hacerlo? Tú eres una buena enfermera.

-Estoy hablando en serio –protesté, apoyando el codo en la cama y mi cabeza sobre mi mano.

-Yo también –y así era, porque en su rostro no había ni rastro de diversión.

Rodé los ojos y me acerqué a él de nuevo. Le sujeté el rostro entre mis manos y le di un beso en la ceja, después unos cuantos en las mejillas y uno suave en el labio, para que se dejara de tonterías.

-¿Ves? Ya no me duelen –apuntó, con una sonrisita que me encantó.

-Qué tonto eres –suspiré y volví a tumbarme. –Espero que no se te vuelvan a abrir.

-Deja de preocuparte por mis heridas, Alice. Estoy más que bien.

Asentí en silencio y me di la vuelta, colocándome de espaldas a Jasper. Sonreí cuando me abrazó por detrás y me dio un beso en el hombro. Respiré hondo y entrelacé mi mano con la suya, que se encontraba en mi abdomen, acariciándome perezosamente. Poco después, comenzaron a pesarme los párpados y me quedé profundamente dormida, sintiéndome la mujer más feliz del mundo.

Me desperté a causa de unos ruidos extraños en mi desván. Abrí un ojo, algo desorientada, y me tomé mi tiempo para desperezarme por completo. Me estiré como un gato y bostecé un par de veces antes de sentarme en la cama, para ver que Jasper no estaba conmigo. Supuse que el que se encontraba en el desván era él, así que me levanté sin prisa y me coloqué una de sus camisetas, la que más me gustaba y la que me resultaba más cómoda. Me llegaba un poco por encima de las rodillas y, a pesar de que era de manga corta, a mí me tapaba bastante los brazos, por lo que me sentía calentita con ella. Pero, lo que más me gustaba, era que desprendía el aroma de Jasper, ese que tanto me encantaba y me hacía soñar despierta. Con una sonrisa tonta en el rostro, me dirigí a la cocina y me tomé un vaso de agua porque tenía la boca seca. Durante ese tiempo, me permití rememorar la noche anterior, todo lo que nos dijimos y todo lo que hicimos, demostrándonos en todo momento lo que realmente sentíamos el uno por el otro.

Acto seguido, caminé descalza y lentamente hasta el desván, donde encontré a Jasper trasteando entre las cajas que Rosalie me había traído el mismo día que me habían atracado por primera vez.

-¿Has encontrado algún tesoro? –pregunté, apoyándome en el marco de la puerta.

Jasper se dio la vuelta con rapidez, como si no hubiese esperado encontrarme allí, y se levantó con prisa, expulsándose el polvo de los pantalones y carraspeando seguidamente.

-¿Ya estás despierta?

Su pregunta me sorprendió. ¿Es que no me veía o qué?

-Sí, aquí estoy –lo saludé con la mano, con una sonrisita divertida en el rostro.

-Pensaba que ibas a dormir más. Ya sabes, creía que estabas cansada –se acercó a mí y se quedó parado antes de tocarme, por lo que fui yo la que dio un pequeño saltito para colgarme de su cuello y darle un beso rápido.

-No lo estoy tanto –le di otro beso antes de separarme de él. – ¿Y tú qué tal? ¿Cómo van esas heridas y esos moretones?

-No me quejo. Podrían ir peor –me cogió por los hombros y me obligó a darme la vuelta. Después, me dio una suave palmada en el trasero, indicándome que saliera del desván, y acto seguido salió detrás de mí.

-¿Buscabas algo en concreto?

-No –respondió con rapidez. –Sólo estaba mirando qué había en las cajas –me adelantó y se adentró en la cocina. Lo seguí y me senté en una de las sillas, esperando a que me preparara el desayuno. Un par de minutos después, me colocó delante una taza de humeante café que hizo que mi estómago rugiera, y entonces recordé que la noche anterior no habíamos cenado.

-¿Y has encontrado algo interesante? –volví a preguntar, llevándome la taza a los labios. Jasper negó en silencio, sentándose a mi lado con la mirada perdida. – ¿Te ocurre algo?

-No. Termina de desayunar, Alice –me ordenó, y yo fruncí el ceño sin comprender. A pesar de su petición, me tomé mi tiempo y disfruté de mi café en silencio, intentando averiguar qué era lo que le sucedía.

Cuando por fin acabé, Jasper se puso en pie, entró en la que se había convertido en nuestra habitación, y salió poco después con un conjunto de ropa para mí.

-Jasper, ¿qué diantres haces? –pregunté, comenzando a preocuparme.

-Necesito que me hagas un favor y que me contestes a una pregunta, pero primero, vístete.

Fruncí el ceño, pero hice lo que me pidió sin protestar. No entendía nada. Me coloqué la ropa interior, el pantalón vaquero y la blusa de manga corta, y esperé pacientemente. Entonces, Jasper se acercó a mí y me abrazó con fuerza, pegando sus labios a mi oreja.

-¿Me quieres de verdad?

Cada vez estaba más perdida, y no entendía su actitud. Si aquello era una broma, más le valía que me lo dijera cuanto antes, porque no me estaba gustando nada.

-Sabes que sí –me separé de él para mirarle a los ojos, y lo que vi en ellos no me gustó. – ¿Qué te pasa, Jazz? Sabes que puedes contármelo.

-Necesito que te marches –fue su única y escueta respuesta.

-¿Qué?

-Tienes que marcharte, a casa de tus padres o a casa de tu hermano. Donde quieras, pero necesito que lo hagas ya.

-¿Por qué?

-No puedo decírtelo. Sólo necesito que confíes en mí.

-Lo hago, pero no entiendo lo que me estás pidiendo –le dije, confundida. ¿A qué venía todo aquello?

-Te prometo que te lo explicaré cuando todo esto acabe pero, por favor, hazme caso, Alice.

Fruncí el ceño y me separé lentamente de él.

-Explícamelo ahora.

-No, no puedo.

-Entonces, no pienso irme –me crucé de brazos. No me iría de mi piso si no me explicaba lo que sucedía.

-Alice, por favor, no compliques las cosas.

-No las estoy complicando, sólo quiero que me expliques lo que sea que está ocurriendo.

-No es el momento.

-¿Y cuándo lo será? –no podía creer que, al día siguiente de habernos dicho que nos queríamos, estuviésemos discutiendo. Aquello era simplemente genial.

-Alice –me advirtió, observándome con mala cara, pero me dio igual. Iba a responderle alguna grosería, pero en aquel momento sonó el timbre, y Jasper se tensó visiblemente. –No abras.

Entrecerré los ojos y me dirigí a la puerta con paso decidido, dispuesta a no hacerle caso. Si quería que le respetara, que empezara a confiar en mí. Eché un vistazo por la mirilla y vi a James al otro lado, y como supuse que venía para hablar sobre la cena de aquel viernes, abrí sin más miramientos.

-Hola, James. ¿Cómo est…? –me callé de repente cuando vi su rostro magullado y lleno de heridas, algo así como el de Jasper. Entonces, entendí que los que se habían peleado habían sido ellos, y me limité a observarlos a los dos simultáneamente, empezando a cabrearme. – ¿Podéis decirme qué diantres está pasando aquí?


Bueeeeeeeeeeeeeeeeno... sé que dije que hoy no actualizaría, pero éste es un capítulo importante e interesante (al menos por el final) y quería dejaros con la intriga ;P Lo sé, soy mala, pero no puedo evitarlo. Ya muchas de vosotras os imagináis lo que ocurre, pero si no, lo descubriréis en el siguiente capi.

Sé que parece que el final de la historia está cerca, pero en realidad quedan algunos capítulos más, yo diría que 7, más o menos.

De verdad que os agradezco enormemente todos los reviews que me dejasteis ayer, sobretodo aquellos en los que me apoyabais con respecto al plagio. Por desgracia, aún no sé si está solucionado, pero espero que sí :)

¿Nos leemos el lunes?

XoXo