Capítulo 27
No tuvieron oportunidad de decir nada más. El agente Roger había cerrado la puerta en sus narices. Y Marinette supo que, aunque quisiera, jamás podría mover esa mole de piedra maciza. Lanzó una mirada sutil por encima del hombro a Juleka, que estaba centrada en observar con atención la habitación, planteándose si entre las dos podrían hacer algo. No tardó en desestimar la idea. Las aletas de Juleka le aportaban mayor velocidad y agilidad en el agua, pero Marinette estaba segura de que no era mucho más fuerte que ella. Resopló, lanzando unas pequeñas burbujas al aire que no tardaron en estrellarse contra el techo de la habitación.
—No entiendo… —susurró Juleka para sí, llevándose el pulgar al labio en un gesto nervioso.
—¿No tienes idea de lo que ha pasado ahí fuera? —preguntó Marinette en el mismo momento en que un fuerte estrépito resonó por todo el edificio, haciéndolas encogerse sobre sí mismas y observar el techo sobre ellas con preocupación.
—No sé qué está pasando —dijo Juleka, volviendo a mirar a Marinette—. No había visto a esa chica en mi vida.
—¿Puede tener relación con lo que dijo el agente Roger antes? ¿Con tu pasado?
Juleka negó firmemente.
—Los problemas en los que me metí en ese tiempo fueron únicamente con sirenas y tritones. Las únicas humanas con las que he tenido relación han sido Rose y tú.
Un nuevo estruendo, más fuerte que el anterior, hizo temblar la estructura y les dio la desagradable sensación de que la repentina presión en el lugar intentaba aplastarlas contra el suelo. Juleka y Marinette se acercaron y se abrazaron, obligándose la una a la otra a servirse de apoyo y a mantenerse erguidas.
El bullicio del exterior comenzó a crecer, atravesando densamente las paredes de la estancia y provocando un eco en su interior que provocó un sonido distorsionado de gritos, golpes y derrumbes que a Marinette le hizo apretar los dientes.
El sonido de los impactos hacía vibrar el pecho de Marinette como si se tratara de un instrumento de percusión bajo el agua. Marinette solo quiso gritar para poder contrarrestarlo, para no sentirse abrumada y sacudida de esa manera, pero se limitó a morderse el labio hasta hacerse sangre. El líquido rojo hizo una extraña onda frente a sus ojos, mezclándose lentamente con el agua.
Marinette supo que no era la única que estaba sintiendo esa dolorosa sensación por la forma en que Juleka clavaba los dedos en sus brazos. Y entonces Juleka tiró de ella, obligándola a ascender en el agua. Y el dolor por la vibración bajo sus pies, para su alivio, desapareció. Aún persistía el desagradable eco y la presión que trataba de aplastarlas hasta el piso, pero hizo el esfuerzo de mantenerse flotando sin tocar el piso.
Y de pronto todo cesó. El edificio y el suelo bajo sus pies volvió a su estado inmóvil y el silencio impregnó todo. Se observaron con cuidado, con miedo a que en cualquier momento todo volviera a empezar.
—¿Ha terminado? —preguntó Marinette.
—Creo que sí —dijo en un susurro, aunque no parecía del todo segura.
—¿Y quién ha ganado?
—No lo sé, pero sea quien sea…
...traspasará esa puerta, completó Marinette en su mente, dirigiendo una mirada preocupada a la maciza puerta de piedra. Ambas se mantuvieron en vilo, en completo silencio, esperando a que el agente Roger moviera la pesada roca en cualquier momento y las sacara de aquel lugar, confirmándoles que todo había terminado. Pero en su lugar se coló, a través de las finas rendijas, una densa bruma rosa. Juleka jadeó.
—Tenemos que salir de aquí —urgió Marinette, inspeccionando la habitación con ansia.
Nadó por las estanterías y las volcó, sin importarle el ruido, buscando cualquier salida que conectara con la cámara para situaciones de emergencia. Tenía que haberla para evitar situaciones como aquella. Juleka no tardó en imitarla, demostrando más fuerza de la que Marinette había sospechado.
Al volcar la segunda, Juleka jadeó, encontrándose con una pared falsa que resaltaba ligeramente con el resto. Entre las dos la empujaron y la golpearon, con apremio, observando como la bruma iba invadiendo más y más la habitación.
De un puñetazo que le raspó varias capas de piel a Marinette, lograron atravesarla, rasgarla y abrir un hueco lo suficientemente grande para poder colarse. Ante ellas había un túnel oscuro y hosco, lo suficientemente grande para poder pasar las dos y tan largo que no podían ver su profundidad. Pero con una última mirada a la habitación, sabían que no tenían otra opción. Juleka tomó la mano de Marinette y tiró de ella, directa a la oscuridad.
Lunes, 16 de abril de 2018
