Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Muchísimas gracias por los reviews, los alertas y favoritos.
Soundtrack: Sabras, Bebe, www . youtube watch?v=M4d7Uu1PwFI
"…Dime porqué quererte tanto así me hizo tanto, amor,
me hizo tan feliz,
me dio tanto dolor,
¿y dónde se quedó lo que fuimos tú y yo al separarme aquí de ti, de mí?
No quiero ni pensar lo que será de mí cuando no estés, mi amor,
cuando no estés aquí,
llorare agua de mar cuando no duermas junto a mí,
pero ya la llore cuando estaba aquí".
Nota: Este cap está organizado así Bella-Jacob-Bella ;=)
Bella se abrazó a sí misma y se acomodó en la cama en posición fetal, completamente perdida, intentando conseguir un calor que se negaba a existir en su cuerpo. Se había despertado un par de horas atrás, sola. De alguna manera había esperado que Edward se hubiese quedado hasta mucho más tarde, por lo menos hasta que ella hubiera abierto los ojos para despedirse; o que no la hubiese dejado sola ya que había enterrado a su madre el día anterior y se habían acostado juntos horas atrás. Aunque sabía que esos eran deseos muy alocados, porque él le había dicho que tenía que devolverse a Forks, que tenía que entregarle al vehículo a su madre y que solamente podría quedarse poco tiempo.
Nunca había pensado que su primera vez sería así. No tenía demasiadas expectativas, solamente sueños y fantasías. Sabía que quería que Edward fuera su primero, eso no había cambiado sin importar cuánto tiempo hubiese transcurrido. Pero no había creído que iba a suceder de esa manera, a raíz de la muerte de su madre, y que hubiese sido ella misma quien lo pidiera para dejar de pensar en lo que había hecho. O que iba a suceder en una cama fría, y de forma tan rápida y… dolorosa. Le había dolido terriblemente, más de lo que le hubiese dolido algo alguna vez; de alguna forma había sentido como si la hubiese abierto en dos, y eso no había desaparecido completamente aún, ya que sentía sus caderas como si hubiera cargado doscientos kilos. Además, había sangrado; tampoco había pensado que iba a sangrar cuando perdiera la virginidad; sí, había oído hablar sobre ello y había leído que algunas personas sangraban ligeramente, pero no hasta ese extremo, había temido que algo en ella se hubiera roto o quebrado y cuando todo terminó había corrido al baño, desesperada porque algo corría entre sus muslos, y no sabía si era que una parte de sí misma estaba drenándose por allí.
Sin embargo, lo que había sucedido después había sido distinto; la forma en como la había abrazado y se había anclado en ella como si tampoco quisiera liberarla, le había hecho más llevadero lo que había sucedido anteriormente. Eso la había ayudado a soportar un poco más, al igual que el dolor físico. La anclaban en el vacío que poco a poco la estaba succionando viva.
Apretó el agarre de las sábanas y consideró ese pensamiento, cayendo en lo que había evitado al entrar en la cama de Edward o en abrazarlo después.
Su madre había muerto… no, ella había matado a su madre.
Parpadeó y miró hacia el techo, y sin ningún tipo de distracción que la ayudara, los eventos de los días anteriores volvieron a inundar su cabeza, como lo habían hecho durante todo el entierro.
Cerró los ojos y la visión de su madre pálida y ojerosa la golpeó dejándola casi sin respiración. El terror de haberla encontrado así era un eco junto con el alivio que experimentó cuando se dio cuenta que no tenía que hacer nada más.
"Si me quisieras no me dejarías tanto tiempo sola, no me tratarías como si fuera una basura, ¡ni me dejarías matarme del dolor sin hacer nada por ayudarme! ¿No te preocupas o te duele que sufra? No haces nada para ayudarme, me obligaste a someterme a todos esos tratamientos y ahora me dejas sufrir por gusto. ¡Porqué te gusta hacerme daño y yo no te importo!".
Bella parpadeó cuando la voz de su madre se filtraba en su cerebro, junto con las horas de torturas posteriores, donde se había quedado allí viendo cómo se apagaba, escuchándola acusarla, insultarla, rogándole que la dejara morir y acusándola por los resultados de su vida.
"Debí haberte abortado… Sabía que me matarías… lo sabía…".
Se giró para quedar de nuevo en posición fetal y también deseó que lo hubiera hecho. Ya que como tanto le había repetido esa noche, ella no era nada.
Se quedó mirando a la pared durante mucho tiempo, demasiado. Veía el reflejo de la luz aumentar, como se encontraba cuando estaba en mitad de la mañana, y aún más al mediodía, y después comenzar a desvanecerse, como cuando comenzaba a atardecer. Se preguntó si en algún momento se levantaría, o explotaría su vejiga y moriría.
Mientras las horas pasaban, ese último pensamiento iba arraigándose en su mente, llamándola, susurrándole al oído. No podía pasar toda su vida fingiendo que no había hecho lo que hizo, y no tenía a nadie, absolutamente nadie, que le interesara su bienestar, así que quizás, eso sería lo mejor.
Su madre había muerto, lo único que le había importado y había jurado que no sucedería por cuatro años ya no estaba.
Su padre la odiaba, y después de escuchar a su madre y su historia, no podía ni siquiera culparlo.
Bill… él ya tenía a su hija, y ni siquiera sabía cómo creía que podría quererla, no después de toda la historia que los rodeaba, una que había sido por completo ignorante durante todo el tiempo que él perteneció a su vida.
Y Edward… pues se había ido, ni siquiera le había importado despedirse o fingir que había significado algo. Quizás no había sido buena, ni maravillosa, se había quejado mucho, o simplemente no fue de su agrado. Tal vez él había disfrutado muy poco de ella.
Ella no había sido suficiente en ningún aspecto de su vida. No lo fue para su madre, y por eso le costó su vida; no lo fue para su padre, ya que ni siquiera sabía si era suya y tampoco le interesaba; o para Bill, que simplemente la había abandonado y ahora era feliz con la niña que tanto había querido y que jamás encontraría en ella. Y en Edward… tampoco lo había sido ni lo sería, ¿qué podría darle? ¿Qué querría él de ella? Todo dentro de su ser era oscuridad, algo que solo hacía el mundo un peor sitio.
Eso era todo lo que ella otorgaba al planeta.
Ese último pensamiento causó que se levantara por fin de la cama y se dirigiera hacia el baño. Se lavó a sí misma e hizo sus necesidades con una lentitud pasmosa. Después vio su imagen en el espejo y algo brillante llamó su atención causando que parpadeara y fijara su atención allí; en una pequeña hojilla.
La miró ladeando la cabeza. Sería tan sencillo, no tendría que fingir nada, y eliminaría la oscuridad y ese vacío que estaba carcomiéndola. Había esperado sentir desesperación, tristeza, dolor, culpa, terror, pero no esa sensación que se arremolinaba en su estómago y la hundía hasta dejarla sin ningún tipo de sentido.
Quizás fuera lo mejor, meditó alzando la mano hacia el platino brillante del objeto, tal vez con eso ahogara todo por fin. Mordió su labio inferior, pero antes de tomarlo escuchó que el timbre sonaba. Se paralizó y parpadeó varias veces, antes de retirar la mano y negar con la cabeza. "¿Qué estoy haciendo?". Volvió a escuchar el timbre, y suspirando se dirigió hacia la puerta, preguntándose si sería la vecina a fin de verificar cómo estaba, o si tenía comida suficiente. No que ella pensara en algo parecido a comida en ese instante.
Cuando la abrió quedó paralizada. Parpadeó un par de veces para ver si estaba equivocada, pero no lo estaba.
—¿Edward? —preguntó casi sin voz y lo vio sonreír ligeramente—. ¿Qué…?
—No puedo dejarte, Bella —le respondió y ella bajó la mirada para encontrar un bolso y una maleta apostado a su lado. Los miró aturdida por unos instantes.
—Regresaste… Pensé que no lo harías… Pensé que te habías ido para siempre… Cuando no te vi… Tú me dijiste… —Ni siquiera podía dejar de balbucear o fijar un pensamiento con el siguiente.
—Lo sé —escuchó que él contestaba y tomaba su cara entre sus manos, acariciándola—, pero no puedo alejarme, no ahora, y creo que nunca. —Ella lo miró ausente, calentándose con su sonrisa amplia—. Te amo, siempre lo hice y siempre lo haré.
Lo miró fijamente, atontada, sin moverse, casi como si fuera una estatua. Él sonrió ligeramente y acarició sus mejillas, comenzando a explicarle que se había ido temprano a llevarle el vehículo a su madre y que después había pedido cola para llegar a ella, contándole cortamente todo el trayecto. Pero cada palabra que salía de su boca era una especie de bruma.
—¿Has comido? ¿Estás bien? Siento no haberte avisado o llamado antes, pero estaba desesperado por llegar.
Bella parpadeó otra vez y negó con la cabeza, mirándolo con el ceño fruncido.
—Pensé que yo no te había gustado… que ayer…
—¿Qué? —le interrumpió entrando a la casa y cerrando la puerta, dejando las cosas en el suelo al lado de esta—. ¿Ayer? Fue el mayor regalo de todos. El mejor. Y separarme de ti esta madrugada fue lo más difícil, no creo que pueda volver a hacerlo nunca.
—Estás aquí por mí —susurró comprendiendo su mirada y sintió que su corazón iba a salirse del pecho, por primera vez en años.
Había ido por ella. Se repitió apoyándose contra la pared mientras lo veía caminar hacia la cocina hablando algo sobre comer. La emoción por ello compitió con la sensación que había amenazado por hundirla junto con la oscuridad, recordando incluso lo que casi había hecho; pero se forzó en alejarlo por completo. Dejando únicamente la alegría de verlo y el amor que también tenía muchos años allí.
Solamente escucharía esa parte, la otra la encerraría, porque quería disfrutar de él mientras pudiera.
"Lucharé para ser suficiente para él, lo haré", pensó cerrando los ojos haciéndose esa promesa solemne.
—Bella —la llamó él y ella se estiró, apartándose de la pared y caminando hacia donde estaba…
Bella parpadeó saliendo del recuerdo y la emoción restante que le dejaba cada vez que lo pensaba, lo cual no era muy a menudo, porque prácticamente nunca iba allí. No le gustaba pensar en esa época, tenía meses que no lo hacía, pero desde que ella y Edward habían estado juntos su mente estaba dispersa, más decaída que nunca, a casi un punto de esa depresión que había conocido tan bien, y que tenía tantos meses sin sentir, lo cual le aterraba ligeramente.
"Creía que si miraba más allá, lo único que iba a encontrar era a una persona que se quedó conmigo porque no tenía alternativa. Alguien que quedó sin nadie en este mundo, sin nada. Que se conformaba conmigo. Y no deseaba saberlo… no hubiese podido soportarlo.".
Suspiró cuando las palabras que había rechazado en el pasado sin siquiera considerarlas regresaban a acosarla con tanta facilidad. Toda su vida adulta había girado alrededor de ese hombre; de sus necesidades, sus deseos, de hacerlo feliz, incluso demostrarse a sí misma que tenía lo suficiente para hacerlo. Sabía que no lo había conseguido desde un año atrás, pero estas le mostraban una y otra vez que no había tenido idea de cuánto había fallado en verdad, dándole una sensación de fracaso tan grande y una fragilidad tal que les daba la bienvenida.
De todas formas esperaba que eso se disipara, que solo fuera que todo había sucedido muy recientemente.
Alzó la mirada hacia la dirección de la entrada de la cafetería y se quedó muy quieta cuando vio entrar a Garrett con una gran sonrisa y sus ojos azules brillantes. Ella no pudo devolver el gesto.
—Hola, hermosa —saludó cuando llegó frente a ella y besó su mejilla cariñosamente, antes de quitarse el abrigo y sentarse a su lado—. ¿Qué sucede? —preguntó confundido y preocupado.
Suspiró y bajó la mirada por un instante, había sopesado sobre esa cuestión por un par de días, meditando sobre la mejor forma de decirlo, sabía que tenía que ser sincera, se lo debía a Garrett y a sí misma, pero jamás había hecho algo parecido y las palabras le evadían.
—Tenemos que hablar —le susurró. Él enarcó las cejas y dejó de sonreír.
Ella tragó grueso y de forma sucinta le relató todos los hechos que habían acontecido desde la tarde de la última vez que se habían visto, seguidos de la posterior llegada de Edward y lo que había sucedido allí, interrumpiéndose únicamente cuando la mesera llegó a pedir su orden y cuando esta la trajo a la mesa.
—Lo siento —concluyó permitiéndose verlo casi que por primera vez desde que había comenzado a hablar.
Él estaba ligeramente pálido y la miraba fijamente, con expresión muy seria, casi nunca le había visto así, y le hizo daño.
—No tengo excusa, Garrett, lamento terriblemente esto. Yo… —se calló y pasó la mano por su cara. Ambos se quedaron callados por varios minutos.
—Necesito… aire —finalmente dijo él y se levantó haciendo temblar el contenido de la mesa y tirar la silla hacia atrás.
Bella lo miró compungida y asintió imaginándose que esa sería la última vez que lo vería. No sabía qué sentir sobre ello tampoco, ya que todo lo que tenía una perspectiva en su vida había sido borrado tres días atrás, después que él se había ido.
—¿Vienes? —le preguntó, interrumpiendo sus pensamientos.
Ella parpadeó y levantó la mirada, notando por fin que había dejado dinero en la mesa y la estaba esperando. Asintió rápidamente y salió a su lado, hacia la tarde fría, cerrando el abrigo que se había puesto apresuradamente. Caminaron en silencio, pasando el ajetreo de las personas, hasta que él cruzó a la izquierda en una avenida y llegaron a un edificio alto y antiguo, al lado de este había una zona de juegos de niños y lo siguió en silencio hasta los columpios. Emitió una sonrisa mínima cuando lo vio tomar asiento en uno de ellos, secundándolo casi inmediatamente.
—No sé ni siquiera qué sucedió —confesó Bella unos minutos después, cuando el silencio se volvió casi asfixiante—, en un momento estábamos peleando y al siguiente…
—Sí, eso me pasó con Kate un par de veces también después de divorciados —comentó él, impidiendo que terminara esa oración, mirando al frente y de alguna manera ausente—. Incluso la última vez, casi dos años atrás, consideramos regresar, si había llama de algún tipo significaba que no todo estaba muerto, y de hecho no lo está, pero no pudimos. Quizás haya demasiado equipaje entre ambos, o tal vez es que no tenemos la fuerza para luchar.
—Demasiado equipaje… —secundó ella.
—Recuerdo a tu ex —le interrumpió Garrett, balanceándose ligeramente. Se veía gracioso sentado en un aparato que era demasiado pequeño para su tamaño, pero parecía no molestarle—. Recuerdo su reacción cuando te presentaste como soltera; los celos, la desesperación. Nunca me hablaste mucho de él, ni de porqué se separaron —era una pregunta disfrazada de declaración.
—Me fue infiel —le respondió porque se lo debía. Parpadeó de nuevo, ya que no todo era blanco y negro. No para él al menos, no después de su última conversación—. Nos perdimos. Y siete años después me entero que él nunca estuvo seguro de mi amor, y que yo… —Negó con la cabeza— que yo estuve ausente. Te conté que estuve enferma, cuando nos conocimos lo estaba, ¿recuerdas? —Él asintió en reconocimiento—. En el momento que sospeché que lo estaba, me aislé; según él allí lo abandoné, y renuncié a ambos. Y su forma de solucionar todo fue buscarse a otra.
—¿Por qué? —Le preguntó él y ella le frunció el ceño en confusión—. ¿Por qué te alejaste?
—No lo sé… —respondió de forma ausente, aunque su cerebro le gritó que mentía.
—¿Aún lo amas? —le preguntó él directamente—. ¿Quieres volver con él?
Se quedó callada por unos instantes. Mirando hacia la calle, los carros y los transeúntes caminando apresurados por el frío que ella ni siquiera percibía. No estaba meditando sobre el tema ya que eso se lo había respondido al propio Edward la última vez, sino más bien buscaba la forma de hacerle comprender lo que estaba en su interior. Eso solo era un trabajo arduo, así él no lo supiera.
—Creo que de la misma manera en la que tú amas a Kate —le respondió por fin—, siempre estará el sentimiento pero no puedes estar con la persona. Tú no querías terminar de matar lo que había entre ustedes hasta odiarse; yo no confío en él o en mí misma cuando se trata de él. Viéndolo en retrospectiva, no hay nada que no hubiese hecho por él, lo cual me aterroriza y me duele, porque ahora sé que él nunca lo supo.
—¿Y qué hay de mí? —le interrogó.
—Tú me has hecho muy feliz en este par de meses, y si me conocieras, si supieras quién soy, o cómo era, más bien, sabrías…, entenderías lo grande que fue para mí incluso permitirte acercarte a mí. —Lo miró fijamente—. Lamento causarte dolor, porque aunque sé que estábamos empezando, igual estuvo mal lo que permití que sucediera. Para mí fuiste un nuevo intento, así Edward crea que eres una excusa para no estar con él, para alejarlo.
—¿Y lo soy? —le preguntó y ella simplemente lo miró, causando que sonriera ligeramente.
—Me gusta besarte —le confesó tímidamente y vio que sus ojos azules brillaban en respuesta—. Y ese día, fuera de toda la rabia, el dolor, los recuerdos, te deseé, y fue fuerte, asombroso y real.
Él se acercó y la besó suavemente. Ella cerró los ojos y lo permitió, pero lo único que podía pensar era en las palabras de Edward.
"Y te amo tanto para retirarme, cómo para perseverar, pero sobre todo, como para no renunciar, así tenga que pagar por mucho más tiempo."
—Lo siento —le susurró apartándose un par de segundos después. Maldiciendo a Edward y a sí misma.
—Creo que ambos tenemos mucho que pensar y necesitamos un tiempo —respondió él y ella arrugó la cara con pesar, aunque asintió casi inmediatamente.
Dos horas después, Bella entró a su apartamento. No la había dejado inmediatamente, incluso había intentado romper la tensión restante con asuntos banales, lo cual le había agradecido inmensamente. Se había despedido de él con un abrazo, sin saber bien si volvería o no a verlo.
Se sentó en su sofá y volvió a atacarla la misma ansiedad que llevaba rodeándola desde tres días atrás. Hundiéndola ligeramente. En lo que se sintió como solo un par de minutos después, escuchó que la puerta de la sala abrirse y parpadeó alzando la mirada cuando Jake encendió una luz que la sacó de la penumbra, descubriendo que ya había oscurecido.
—Bella, ¿qué demonios? —le preguntó el moreno con el ceño fruncido—. ¿Te quedaste dormida o qué?
—Tal vez me dormí despierta —le comentó dejándose caer en el sofá y sintió que él se sentaba a su lado. Después dejó caer algo sobre sus piernas. Lo miró y tomó rápidamente, para encontrarse un boleto de avión.
—Está hecho —masculló con tono aburrido, pero cuando alzó la mirada vio que sonreía con picardía.
—¿Qué está…? —Se detuvo cuando leyó que el destino era Suecia—. ¡Jake! —saltó y se le lanzó encima abrazándolo con fuerza—. James debe estar feliz —comentó cuando pudo tranquilizarse.
—Lo está, te lo aseguro, ya anda planeando… y sabes que cuando el rubio planea… —Ella sonrió mientras él alzaba las cejas divertido. Vio la fecha de partida y su sonrisa menguó un poco, pero la detuvo a tiempo.
—Wow, en cinco días —comentó.
—Sí —dijo encogiéndose de hombros—. La radio organizó todo con la persona que me va a hacer la suplencia, y le servía más esa fecha, comenzando desde hoy. Me dije qué diablos, ahora o después es lo mismo. ¿Por qué? —la vio suspicaz—. ¿Me necesitas? ¿Estás bien? ¿Bella?
—No, tonto —le dijo casi sin energía—, estaba pensando sobre el equipaje y eso…
—Soy hombre —masculló encogiéndose de hombros y ella asintió, levantándose del asiento y dirigiéndose a la cocina para comenzar a arreglar todo—. De todas formas si me necesitas me avisas y yo…
—Jake, vete a Suecia, ten sexo salvaje y déjame aquí tranquila.
—Claro, y esperemos que ese cero se vuelva por lo menos cuatro, y así dejes de estar tan refunfuñona y malvada con los que tenemos un diez —le dijo divertido. Bella lo miró y sonrió sinceramente, alejando totalmente sus pensamientos anteriores, concentrada en su amigo.
—¿Un diez, eh? —se jugó y Jake la miró con superioridad, antes de carcajearse y empujarla ligeramente, acompañándola hasta la cocina.
Empezaron a sacar las cosas para la comida y después de arreglar todo, lo escuchó suspirar.
—Creo que podría estarme enamorando —le confesó sin mirarla—, ¿es una total idiotez hacerlo de un hombre como James? ¿O más bien hacerlo en absoluto?
Ella se detuvo por un instante sin saber bien qué contestar, conocía los demonios de Jacob, pero en verdad no creía que pudiera servir de ayuda ese día. Sin embargo, también sabía que él necesitaba una respuesta.
—El amor me salvó la vida.
—¿Cuándo? —le preguntó él mirándola fijamente—. ¿Hace un año atrás cuando casi te mata? ¿O cuando él te engañó y te dejó por otra? No lo creo ni por un instante. No he encontrado un caso en que el amor sirva de esa manera, más bien o entregas todo el control a alguien que es capaz de destrozarte sin saberlo, o lo entregas todo para que te traicionen, como paso en tu caso. No entiendo cómo dices eso cuando sabes bien dónde estamos o qué ha pasado contigo, o con tu madre o con la mía, o con…
—A pesar de todo sigo aquí —le interrumpió ella intentando creer cada una de las palabras—. Y tu madre fue quien decidió quedarse con tu padre cuando estuvo con la mía, y después, porque te aseguro que ella siempre lo supo, y según lo que me has contado, es quien usa eso deliberadamente, para seguir manipulando a tu padre. En mi caso, no fueron ellos sino yo quien lo hizo, quien decidió todo eso. Quien se metió en un caparazón y no salió, ni siquiera por él, permitiendo que creyera algo que no era cierto. Fui yo la que se apartó también cuando empecé a enfermarme… Fui yo…
Las palabras surgieron de su boca y se encontró parpadeando aturdida por haberlo aceptado en voz alta.
—¿Bella? —le llamó Jacob.
—Eres tú quien puede arruinarte; el miedo, el terror. Tú decides cuánto vas a permitir, Jake. Piensa en eso cuando lo tengas a tu lado. Deja de mirar nuestras historias como excusa para arriesgarte, porque sin importar cuánto quieras creerlo, ni tu madre ni yo somos totalmente inocentes, ni Bill y Edward totalmente culpables. Ni tú vas a estar completamente a salvo por no arriesgarte, más bien estarás ausente del mundo, como un muerto en pena, estando sin estar, viviendo sin vivir, y sintiendo sin sufrir. ¿Es eso lo que quieres para ti? ¿Un coma autoimpuesto y prolongado?
Él la miró por todo un minuto casi sin respirar, antes de girarse y salir de la cocina, sin dirigirle otra palabra. Cuando escuchó que la puerta principal se cerraba con un golpe hundió sus hombros, maldijo y se dejó caer en el suelo, sintiendo que su cabeza pulsaba de dolor, pero sin tener fuerza para siquiera moverse a buscar una aspirina.
Jacob observó a James mientras salía de las puertas del área internacional del aeropuerto Arlanda. Estaba molido por el viaje, su trasero amenazaba con partirse en dos, había hecho tres trasbordos para llegar allí y no quería nada más que llegar donde hubiese una cama y tirarse en ella. Pero eso fue hasta que lo vio. Se detuvo antes de que él se diera cuenta que lo estaba observando. No era porque no lo reconociera o porque estaba cambiado, después de todo lo había visto por Skype apenas dos días atrás. Era que le quitaba el aliento solo observarlo.
El cabello le había crecido un poco, como si se hubiera pasado la dos de la maquina un par de semanas atrás o necesitara un nuevo corte, tenía varios brillos platinados, y si no lo conociera como lo hacía, incluso imaginaría que eran hechas, pero no, era su propio cabello. Tenía los malditos lentes de ligue, su piel parecía resplandecer, y una pequeña arruga se formaba en su ceño, dado que leía concentrado una especie de informe en sus manos, aunque no estaba ni medianamente tranquilo, golpeaba dos dedos contra el papel, su pierna temblaba y el zapato se sacudía continuamente en el suelo, moviendo incluso el archivo que revisaba, haciéndole preguntar cómo demonios conseguía leer algo.
Aunque, al final del día, el rubio nunca dejaría de ser un misterio para él.
Y él estaba enamorado de James.
Tragó grueso y pisó con fuerza contra el suelo, como si con ese movimiento evitaría girar y huir de allí, aunque la mayoría de sus instintos —sino cada uno jodido de ellos— le gritaban que diera la vuelta y parara el bendito avión que acaba de dejarlo, para devolverse al sitio donde pertenecía.
Todo lo que había luchado, continuó replicándose en silencio, todo lo que tenía su vida evitando, estaba sentado a diez metros de él, y si no actuaba rápidamente, se quedaría sin escapatoria. Y sabía lo que venía…
Justo cuando ese último pensamiento pasaba por su cabeza, las palabras de Bella retumbaron en su cerebro.
Aún seguía cabreado por ella por decirle esas cosas, él no había actuado más que como el mejor de los amigos, y ella únicamente le había regresado toda su ayuda pisoteándolo, indicándole que todo lo que tenía en su vida creyendo se podía muy bien ir al infierno.
Tenía claro que estaba sufriendo un claro síndrome de "matar al mensajero", pero no pretendía que se le pasara muy pronto. Era mucho mejor culpar a los demás que a sí mismo.
Mucho menos cuando esas palabras unidas con la visión del rubio le mostraban que había pasado toda su vida totalmente equivocado.
Él no sabía nada. Él en verdad no había aprendido por cabeza ajena. Solamente había aprendido a temer. Temer volverse su madre; temer volverse su padre; temer entregarse a alguien; temer perderlo todo…
Le había ido maravillosamente bien apartándose, había estado a "salvo", de todo ello; pero la realidad era que nunca sabía si se convertiría en alguien más o sería alguien distinto, porque como muy bien lo dijo su amiga, —examiga en la actualidad, así ella no lo supiera—, había estado en un coma.
Había sido ese el motivo por el que la había seguido a San Francisco más de seis meses atrás.
Había sido la razón por la que había vuelto a aceptar al rubio.
Y ahora, todas las alarmas estaban sonando y él debería huir, el coma era seguro después de todo, era conocido. Estar en otro país, con alguien que tenía el potencial de sacar lo peor de sí mismo no era nada apetecible.
No cuando declarar en voz alta, cinco días atrás, que podría estarse enamorando, solo había servido para intentar aceptar lo que sabía tenía meses cocinándose.
Adicionando que James estaba loco, y que jamás podrían ser algo medianamente normal, —sin mencionar la diferencia de lo que una parte de la sociedad considera "normal", estaba el hecho de que ni siquiera vivían en el mismo continente—. Él no había practicado con algo sencillo. Y el rubio no era ni algo parecido a ello.
Como si hubiese escuchado sus pensamientos, alzó la cabeza y sus miradas se encontraron alrededor de la gente, y los carritos de equipaje, además del revuelo del aeropuerto en la hora matutina. Inmediatamente sucedieron varias cosas a la vez; James sonrió, y cada uno de los tics que le habían acompañado hasta ese momento se detuvieron; Jacob sintió que su corazón iba a explotar contra su pecho, que sus manos sudaban; y sus piernas volvieron a obedecerlo, solo que en vez de cruzar de vuelta hacia la pista de aterrizaje, se dirigieron hacia él, arrastrando la maleta detrás suyo, sintiendo que la adrenalina le invadía.
James lo encontró en medio camino, con una sonrisa que fue variando de divertida, a socarrona, hasta llegar a la de suficiencia, la cual quería romper fuera de su cara.
Se miraron fijamente por un segundo, antes de lanzarse uno al otro, besándose frente a toda la gente, en medio del aeropuerto, como si estuviesen en una bendita película europea.
Lo escuchó gemir, antes de introducir su lengua en su boca, duramente, acariciando su cuello y uniendo ambos cuerpos, sintiendo la presión de su miembro golpeándolo, alrededor de las ropas.
La atracción que sentía por él normalmente se había aumentado a millones por todos los juegos que tenían meses practicando, las llamadas, las ordenes, las sesiones de Skype; incluso había habido veces en que no estaban solos, James llevaba gente especialmente para ambos, y le pedía que le dijera qué quería que le hiciera y que mientras se lo hacía ella —siempre eran mujeres—, se lo hiciera a sí mismo. Una vez le había propuesto que hiciera lo mismo, que buscara una nueva víctima, pero él no se había atrevido. Si bien había sido divertido aquella vez con esa chica, sabía que sin James no sería lo mismo.
En ese instante lo que deseaba era arrastrarlo a cualquier parte, y hacerle todas las cosas que había fantaseado en esos meses, todas las torturas que le había practicado en ese tiempo.
Junto a ese pensamiento y todos los demás y abrumadores deseos sexuales que lo atormentaban desde tiempo atrás y que hervían al verlo allí, estaban las ganas de simplemente abrazarlo, acariciarlo. Ser cariñoso con él, algo que nunca le había motivado particularmente, no con la gente que se cogía, de todos modos.
Rompió el beso y se apartó para mirar su cara por un instante, quitándole sus lentes y guardándolo en su bolsillo.
—Cuidado con mis lentes, si se me parten…
Jacob puso los ojos en blanco y subiendo su mano acarició su mejilla, haciendo con eso que se callara completamente.
—¿Qué demonios voy a hacer contigo? —le preguntó rozando sus labios que estaban un poco rojizos.
—Tengo varios planes sobre eso —le indicó James pegándose, mostrándole que estaba tan urgido como él en ese departamento, aunque a diferencia de Jacob, había tenido varias mujeres con las que satisfacerse—. Es más, podemos ir y entrar a algún baño del aeropuerto…
—No —rechazó instintivamente acariciando su barbilla y apartándose por fin—. Larguémonos de aquí…
James se apartó arqueándole una ceja y giró guiándolo hacia su vehículo. Cuando salieron lo golpeó el frío incluso aunque estaba bien abrigado, pero sabía que estaban bajo los cero grados. La torre de control era alta y con visión arquitectónica, y al lado del estacionamiento había un parque que ahora estaba cubierto de nieve, pero no vio mucho más antes de entrar al vehículo de James y empezar el camino.
Hablaron de cosas triviales, más que todo de Bella, de los trabajos de ambos, y un poco de dónde lo llevaría ahora que estaba allí.
—En mi territorio —concluyó sonriéndole divertido— terminaremos de tener la educación que empezamos en Seattle.
—¿Y me dirás qué tengo que hacer para aprobar finalmente? —coqueteó haciendo que James lo mirara divertido.
—Solamente hacer un mayor esfuerzo.
—Oh, tengo la intención que hacerlo. —Sonrió ampliamente y el aire del vehículo se llenó de electricidad sexual, y algo más, algo más dulce y extraño, que lo tenía aterrado como el infierno.
Después de eso no hubo más palabras, no creía que pudieran continuar jugando a ser civilizados mucho más tiempo.
Llegaron a alguna parte, James no dijo, Jacob no preguntó, no le interesaba. Los metió por un estacionamiento subterráneo de un edificio, esperaba que fuera al suyo, y se estacionaron poco después.
—No creo poder hacer el camino que falta —masculló James sonando con la voz ronca. Él tampoco, pero sabía por experiencia que hacer lo que deseaba con el rubio en un auto era más que incomodo, acarrearía unos cuantos cardenales que dolerían como el infierno al día siguiente.
—Mueve el culo, para después movértelo yo como es debido —ordenó saliendo del auto, escuchando la carcajada del rubio que un par de segundos después salió, cerró la puerta y apoyó sus codos en el techo del vehículo.
—¿Qué tal si me lo mueves justo aquí? —le preguntó retadora y seductoramente. Jacob abrió los ojos desmesuradamente, imaginando que algún vecino llegara a aparcar y los encontrara teniendo sexo en pleno camino. Eso no debería excitarle… maldito rubio—. Tsk, tsk, eso no conseguirá que apruebes… —se burló.
—¿Entonces por qué me quieres? —le preguntó sabiendo que estaba saliéndose completamente del tema. James ladeó la cabeza, mostrándole que entendía el cambio.
—Podría decir que me interesó el enigma que eras —le comentó con su tono analítico, sin filtro natural—, pero eso terminé de descifrarlo hace mucho. Solo que cuando lo descifré, y supe qué tan jodido estabas, igual me intrigabas, de una forma distinta. Eso no me había ocurrido antes ya que cuando tengo una toma nueva de sangre en mis manos y sé cuáles componentes hay y qué está mal con ella, deja de interesarme. Mi vida ha sido una serie de preguntas y respuestas. Las que no lo tienen me obsesionan hasta que las tenga, lo cual me hace alegrarme no ser un jodido filosofo porque ya me habría suicidado. Pero eres lo único en mi vida que después de ser contestado, sigue allí.
—¿Por qué? ¿Qué más quieres descubrir? ¿Qué no has contestado aún de mí? —le interrogó sinceramente.
—No de ti, de mí —aclaró—. Fisiológicamente, por qué me calmas. Moralmente, aunque nunca tuve nada de ello en mis parámetros, de alguna manera me interesa lo que piensas de mí. Mentalmente, por qué no puedo sacarte de mi mente, incluso cuando no estabas cerca y sexualmente, por qué no puedo dejar de desearte, cuando ya te tuve.
—¿No tienes miedo en decirme esto? —inquirió confundido y aturdido—. ¿No crees que tendré algún tipo de poder adicional al saberlo?
—Eso no tiene sentido para mí —inquirió James mirándolo con confusión—. Lo diga o no lo diga igual está allí, así que no estoy otorgando nada. Y ese poder es solo una ilusión. Soy lo que soy, y cuando no lo sea, no lo soy.
Jacob parpadeó y frunció el ceño ante esa declaración, dejándose caer contra la carrocería, frente al rubio.
—¿Qué pasa contigo? —le preguntó.
Jacob sintió que se ahogaba por unos instantes, clavo sus manos contra la carrocería y lo miró fijamente. Ahora o nunca.
—Estoy enamorado de ti —confesó. James lo miró fijamente por unos instantes, sin pretensiones o sonrisas, o siquiera una devolución de afecto. Jacob enarcó unas cejas—. ¿No dices nada? ¿No preguntas nada? ¿Dejé a James sin una pregunta más? Y sé que nunca tendremos una relación normal…
—¿Qué es normal, Jake? —le preguntó encogiéndose de hombros de nuevo, y cerrando el auto.
—Pues… vivir en el mismo continente, por ejemplo…
—Múdate a Suecia —interrumpió.
—Tengo una vida en San Francisco, ¿sabes? —inquirió mordazmente.
—No, tienes a Bella, que solo es un sustituto a lo que sea que está en Seattle, presumo que tu madre, aunque nunca me hayas dicho algo al respecto; y tienes una porquería de trabajo —explicó caminando hacia la puerta del edificio.
Lo miró aturdido y negó con la cabeza.
—Jódete, James —masculló.
—Creo que ya estás aquí, así que puedes hacerlo muy bien tú mismo, gracias —se burló.
—¿Quieres que renuncie a mi vida y venga aquí a qué? ¿A tener tu vida? ¿Calentarte la cama mientras vas a "salvar al mundo, una muestra de sangre a la vez"?
James lo miró sin decir nada, como si en verdad no entendiera la pregunta.
—¿Y por cuánto tiempo? ¿Hasta qué respondas tus malditas preguntas y yo sea solamente otro de tus experimentos fallidos? —continuó—. Mientras tanto, no podría ni siquiera pedir fidelidad, o una relación, porque eso es demasiado normal para el gran James. Estás jodido si en verdad crees que yo haré eso.
Gruñó y comenzó a buscar su maleta, buscaría un taxi y se largaría de allí, seguiría el jodido impulso que había tenido en el aeropuerto, que había ignorado por pendejo.
—Jake, ¿qué demonios quieres? —le preguntó jalándolo y sacándolo del vehículo—. Creo que ni siquiera tú lo sabes. ¿Quieres una relación normal? ¿Una pareja, un perro, una casa con cerca blanca, un niño adoptado y tu propia versión de familia perfecta?
Jacob salió y se giró para encararlo.
—Si es eso lo que quieres no creo que estés haciendo un buen trabajo para ello. Y no digo solo porque te inclinaste a ser exclusivamente homosexual.
—¡No me incliné a un coño, nací de esa forma, joder! —gritó empujándolo, furioso porque no era la primera vez que lo decía.
—Estereotipos, todos estereotipos —respondió el rubio encogiéndose de hombros—. Hemos hablado de eso. El ser humano solo busca la gratificación; sexual, laboral, social. Y lo conseguiríamos fácilmente, si la sociedad no nos hubiera inculcado algo "normal". Unas series de reglas que nadie jamás podría conseguir ni cumplir. Ninguna relación lo hace, Jake, solamente disimulan que lo son porque la necesidad de pertenecer en las reglas sociales son mayores a la gratificación personal, y porque debemos pertenecer a un grupo, está codificado. Pero ninguna lo es, ni la de Bella y Edward, ni la de tus padres, o la de los míos. Querer algo como eso, es querer golpearse contra una pared pensando que es por tu propio bien. —Colocó una mano en su pecho y ladeó la cabeza—. Yo no hago eso.
—Lo sé —inquirió frustrado.
—Yo sigo mis propias reglas, pensé que lo sabías. No es peor o mejor que los demás, solo es algo que me funciona…
—Y yo te quiero a ti, ¿vale? —le interrumpió—. Estoy aterrado por ello, he pasado mi vida huyendo a esto, y ahora estás aquí y termino deseando intentarlo con alguien que crea su propio mundo que solo existe en su cabeza, y ni siquiera considera otorgarme algo parecido a seguridad… Ni de su cuerpo o de algo, diablos.
—¿Es lo que quieres? —le inquirió James colocando una mano sobre su mejilla. Jacob parpadeó, encogiéndose de hombros.
—Soy obsesivo —confesó y el rubio sonrió divertido.
—Oh, soy muy consciente de eso. Yo también.
—No lo entiendes, me apego, tienes un potencial psicópata aquí, puede que en vez de permitirte libertad te aturda… es una posibilidad…
James se carcajeó y se señaló luciendo sinceramente divertido.
—¡Aquí tienes otro potencial! Según los psiquiatras de todas maneras, pero el chiste es para ellos, ¡el más audaz declaró que cuando tuviera treinta podría haber tenido mi primera víctima! Tengo treinta y dos y aún estoy en cero… bueno, los que perdemos en el hospital no valen.
—En verdad, ¿por qué está pasándome eso? —preguntó negando con la cabeza, y subiendo una mano hasta colocarla en su nuca, acariciándolo—. De alguna manera creí que quien consiguiera sacarme del caparazón sería alguien que me hiciera sentir lo suficiente seguro de que no fuera a… destrozarme. —La última palabra fue un susurro, y se sintió como una especie de niño al decirlo. Un cobarde también. James lo miró fijamente, parpadeando varias veces, procesando sus palabras. Al ver que pasaban segundos sin ninguna respuesta, la sensación anterior se volvía opresiva y apartó la mano de su cuerpo—. Mira, escucha, olvídalo, ¿vale? No sé qué…
—Soy brutalmente sincero —interrumpió James y Jacob se detuvo, frunciendo el ceño—. Lo sabes, ¿no?
—He sido muy consciente de eso —masculló frustrado.
—Si estoy contigo es porque quiero estarlo, y estaré mientras quiera estarlo. No hay punto medio.
Frunció el ceño más profundamente, porque esa declaración era incluso peor que todo lo anterior. Hasta que lo comprendió. Entendió exactamente lo que estaba intentando decir James y sonrió ampliamente, mirando al rubio.
—Eres un imbécil —dijo aunque con la voz más melosa que pudo recurrir, y que ni siquiera sabía qué existía en su repertorio.
—Eso también —aclaró divertido.
Jacob parpadeó y suspiró, jalando al hombre entre sus brazos, alentado del hecho con que el rubio no habría manipulaciones, juegos o idioteces. Solo libertad, tanto de que no hay reglas, como que no habría obligaciones de afectos, todo se daba libremente hasta que se acababa.
—¿Qué vas a hacer conmigo y qué voy a hacer contigo? —dijo suspirando profundamente.
—¿En este momento? Arrastrarte hasta mi habitación y jodernos mutuamente. Después, ya veremos. Las posibilidades son infinitas.
Jacob sonrió y lo jaló, besándolo profundamente, dejándose llevar hacia la puerta de metal y su apartamento.
Las semanas transcurrieron lentamente para Bella. Y muy a su pesar nada había mejorado, ni en la parte física o en la parte emocional, lo cual la tenía más que ansiosa. James le había dicho hasta el cansancio que la enfermedad dependía mucho de un estado emocional estable, y sabía que en esas últimas semanas no había cumplido exactamente esa orden.
Se había despedido de Jacob ya tres semanas atrás, y lo extrañaba; que la molestara, que entrara en casa cuando le diera la gana y todas sus conversaciones. Habían hablado por teléfono un par de veces y sabía que le estaba yendo bien, eso por lo menos la reconfortaba, así estuviese un poco más reservado después de la discusión en su apartamento.
Había visto a Garrett un par de veces después de la conversación cuando había confesado su falta, pero eso también se había arruinado hasta algún punto. No por él, quien parecía haber asumido todo únicamente con el punto de que no había regresado con Edward y quería seguir saliendo con él; sino con ella misma, algo no iba bien, no era lo mismo que un mes atrás, y no podía encontrar el ánimo y la emoción que la había acompañado en ese tiempo.
Y Edward seguía allí atormentándola, la llamaba constantemente, sin siquiera importarle que ella no contestara nunca, solo le dejaba mensajes deseando que estuviese bien y hablándole continuamente sobre algún tipo de plan, sin especificar. Era como había dicho, no iba a rendirse. Y una certeza completa que la había acompañado ese año había desaparecido, aunque tampoco podía identificar cuál había sido en específico, si la que creía que él en verdad se había ido o la de que él nunca regresaría.
No sabía en qué momento de su vida había aceptado tantos hombres y había accedido a preocuparse por cada uno de ellos.
Lo peor de todo era que no podía dejar de pensar. Su cerebro no se callaba. Creía que no lo hacía ni siquiera en las pocas horas que tenía de sueño…
Al principio no dormía, pasaba horas en vela solo dando vueltas en la cama. La última semana había tenido mucho sueño, y cuando llegaba a casa, se acostaba totalmente agotada, pero cuando despertaba, era como si no hubiese dormido nada, no descansaba de ninguna forma.
Cerró los ojos intentando respirar, porque si cedía lo que la separaba entre preocupación y algo más se reduciría. Sintió un ardor en su dedo y jadeó al abrir los ojos y descubrir que se había cortado con el cuchillo. Se quejó del dolor y la sangre que mermaba por su pequeña herida.
—¡Bella! —escuchó que le gritaba Tanya y la jalaba fuera de la estación en la que llevaba más o menos trabajando continuamente después de salir de las clases, desde el día que había masacrado la carne y el ajo.
Sintió que la llevaba hacia el baño de su oficina y la sentaba en el inodoro antes de lavar la herida que resultó ser pequeña, después la cubrió con un par de gasas.
—Bien, es suficiente. No saldrás de esta bendita oficina hasta que no me digas porqué andas caminando por mi cocina como una especie de zombi desde un mes atrás.
Bella la miró aturdida, los ojos casi grises de la chica se mostraban furiosos, eso de alguna manera le hizo sonreír.
—Vamos, deja la idiotez y comienza a hablar. Sé que tiene que ver con tu ex porque desde esa bendita llamada en este mismo sitio todo decayó. He estado esperando a ver si mejoras, incluso he puesto miles de ajos frente de ti y no has vuelto a destrozar ni uno. Ningún hombre merece ese estado, cielo, que te lo digo por experiencia. Mi ex era una joyita, tanto que casi incluso hace que pierda este sitio, una pequeña víbora que me manipuló a mí, a todos los que me conocen, y me hizo creer que era la cerda miserable que él describía tan eficientemente. Puso a todos en mí contra, en casa, y aquí; tanto que hace unos cinco años me hicieron un boicot y me botaron, aunque era mío, y había pertenecido a mi familia desde generaciones atrás. Y quien presidió todo fue mi padre. Pero nunca me rendí, no lo hagas tú.
Abrió los ojos desmesuradamente ante eso causando que Tanya sonriera.
—¿Cómo consiguió eso?
—Porque tiene pico de oro —comentó encogiéndose de hombros—. Pero no contó con que nosotras somos más fuertes de lo que todos creen —le dijo ella acuclillándose con una sonrisa.
—Sí —respondió suspirando y dejándose caer sobre el inodoro.
—Saqué al bastardo de mi casa, y busque a mi madre, hice que me escuchará, lo cual no fue fácil, pero cuando recordó quién demonios era su hija, nos unimos, y déjame decirte que fuimos invencibles. Endurécete, pequeña. Y deja esa cara larga, y de sangrar en mi estación.
—Es que ese justamente es el problema —le comentó mirando al suelo—. Ya me he endurecido lo suficiente, tanto que había un abismo entre yo y todos los demás. Pero después ese abismo se rompió y no sé cómo volverlo a construir. —Tanya le frunció el ceño—. Él dice que ni siquiera supo que yo lo ame, o que le necesitaba porque me quise ir para protegerlo, pero era por él, porque los motivos con los que empezamos no estuvieron bien…
—¿Qué? No entiendo nada de nada… —comentó Tanya y Bella tragó grueso mientras le contaba todo, lo que le faltaba, porque le había contado un poco un mes atrás, y otro antes de eso.
Cuando por fin terminó, ambas se quedaron calladas y sus pensamientos, los que nunca se callaban, volvieron a otro punto.
—Y por supuesto es tu culpa que te engañe —rodó los ojos—. Hombres…
—El problema es que nunca fui suficiente —susurró Bella bajando la mirada—, sin importar lo que hiciera, no lo fui.
—Borra esa idiotez de tu cabeza, Bella —le gruñó jalándola, el movimiento casi haciéndola desmayar, mientras presionaba la herida para que cerrara—. ¿Qué es eso? Somos mujeres, somos suficientes y nos adaptamos. Una relación es de dos, y ambos tenían boca, ¿no es así? Es tan fácil buscar culpables cuando todo acabó, allí los errores surgen a diestra y siniestra, pero cuando estaban en ella, nadie dijo nada. No solo tú, él tampoco.
—Lo sé, todo eso lo sé, y nunca he pensado que él fue el único culpable, aunque no haya pensado nunca en lo que él me acusó. Pero… —Bajó la mirada y suspiró.
—¿Y solo eso sucedió en esa visita? —le preguntó ella y Bella negó con la cabeza mientras hacía un intento de sonrisa.
—Tuve sexo con él… —confesó encogiéndose de hombros.
—Oh, vaya, ¡ahora sí estamos hablando! —anunció divertida—. ¿Y qué tal?
Ella frunció el ceño y alzó la mirada para observarla fijamente.
—Asombroso —respondió sinceramente—. Cuando todo acabó un año atrás, que me dejó en nuestra casa, yo le rogué que me diera un beso, quería comprobar que todo había terminado y la verdad deseaba otro beso de él, lo necesitaba. Pero cuando me tocó lo único que vi fue a él con ella, tocándola… hablándole… —Negó con la cabeza borrando el recuerdo—. Pero cuando me tocó un mes atrás, lo menos que pensé fue en ello, ni siquiera se me pasó por la cabeza, solo ardor, desesperación, ni siquiera pensé, balbuceé una excusa en algún momento pero sin ningún tipo de esfuerzo de ser escuchada, y… fue increíble. Creo… que fue el orgasmo más fuerte que he tenido en mi vida…
Tanya la miró fijamente y frunció el ceño.
—No me malinterpretes. Edward puede tener muchos defectos, pero en la parte sexual siempre se esforzó por hacerme disfrutar tanto como él. Yo generalmente fui bastante difícil en ese departamento y… callada. —Desde el principio nunca había sido de las que gritaba o gemía sonoramente. Más bien siempre fue bastante silenciosa, pero la intensidad fue demasiada y no había podido controlarse.
Su cerebro se había detenido, había actuado igual de salvaje como él, y se había sentido totalmente dichosa, hasta que todo acabó y el muro volvió a erigirse entre ambos arruinándolo todo. Sin embargo, había pasado muchas partes de esas noches en vela rememorando cada segundo de ese encuentro, encendida y deseando…
—Estoy tan desquiciada… —masculló mirando a la rubia—. Ciertamente, yo no entiendo cómo él me aguantó por años o porqué insiste hacerlo aún. Estoy loca y quiero mil cosas a la vez que no quiero nada.
—Somos mujeres, ese es un mal común —se jugó y sonrió ampliamente—. Deberíamos salir a hablar, tal vez a beber, pero sobre todo a insultar a nuestros ex, ya sabes, lo rutinario entre amigas. Más bien, nos habíamos tardado mucho en ello.
—Nunca había tenido una amiga con quien hacer eso —le confesó y vio que le guiñaba un ojo.
—Te gustará, soy de lujo —le comentó divertida y ambas se carcajearon—. ¿Ya se cerró la herida? —le preguntó y quitó la gasa, tuvo que cerrarla rápidamente porque no había dejado de sangrar.
Bella se apoyó contra el inodoro, la sensación de vértigo que tenía horas invadiéndola, no menguaban y las náuseas comenzaron a invadirla. Cerró los ojos con fuerza y suspiró, aceptando por fin que no podía dilatarlo más.
—¿Tanya, podrías hacerme un favor? —le pidió hundiendo su cabeza.
—Claro, dime.
—¿Podrías traerme mi teléfono? Está dentro de mi casillero. —Le entregó la llave, la vio asentir y salir de allí, dejándola en el baño sola por un par de minutos.
Cuando llegó se lo ofreció y se apartó ligeramente. Bella buscó el número lentamente, y parpadeó un par de veces mientras lo colocaba contra su oreja.
—Te dejo para que tengas privacidad —le dijo Tanya apretando su mano y ella asintió mirándola—. Y después de la llamada te quiero lejos del restaurante. No quiero verte trabajando hoy.
—Gracias, Tanya —le dijo sonriendo y vio que cerraba la puerta dejándola sola.
Escuchó que contestaban en ese instante.
—No importa cuánto me llames no soltaré al moreno, no te quejes que ya tú lo tienes lo suficiente —se burló James y ella parpadeó en reconocimiento.
—Lo siento mucho, James —le susurró con la voz ligeramente rota y se escuchó el silencio por un instante.
—¿Por qué? —preguntó.
—Yo de verdad quería que te ganaras tu Nobel. De verdad…
—Bella, ¿qué sucede? ¿Estás bien? —le preguntó con su voz profesional e incluso más preocupada de la que alguna vez hubiera creído escuchar de él. Ella hundió los hombros.
Debió haberlo sabido, pensó amargamente, sin importar las promesas y las palabras de James. No debió haber creído que tendría una segunda oportunidad… o que la merecía. Debió haber sabido que nunca se curaría de verdad y que volvería al mismo punto en que estuvo un año atrás.
Suspiró mientras dejaba que por fin la depresión lo dominara todo, a la vez que las excusas se acababan.
—¿Bella? —insistió el rubio por el auricular.
—No, no estoy bien —respondió y dejó que corriera todo lo que tenía amenazándola durante todo el mes.
Primero, de nuevo me disculpo por la tardanza del cap.
Muchísimas gracias por los reviews, los he leído todos, pero no he podido responderlos :/, espero hacerlo pronto.
Este capítulo no ha sido editado por mi amiga Gisela, quien anda ausente por problemas personales, y desde aquí le envió toda la buena vibra del planeta. Se te quiere.
Muchas gracias a Gine por el beteo y a su pequeña sobrina Elena que fue la participante especial, ya desde bebé quiere betear como su tía. A Paola, por sus consejos, asesoría y teorías :D. Y a Jean, así no quiera ser necia, jejeje.
Espero les haya gustado, no maten a Bella, que esté cap fue importante para ella.
PD: Muchísimas gracias a todos los anónimos por sus comentarios. Si quieren que les responda déjenme el correo, háganlo sin el arroba —que yo lo entiendo— y en espacios, o colóquenlo en el titulo del review así, betzacosta gmail . com. (RECUERDEN LOS ESPACIOS PORQUE FF LOS BORRA)
Gracias por leer. Si les gusto o no dejen reviews :D
