Capítulo 28: Mewtwo
Espe tardó un momento en contar toda la situación a los presentes, con la esperada reacción de estos, que era una mezcla de extrañez así como de sorpresa. Duard ya sabía parte de la historia, por lo que no se sintió sorprendido.
-Así pues... ¿Hay que entrar en el metro y buscar el lugar en el que tienen a los Electrode? Yo lo veo fácil.-
-Necesitamos a gente que sepa usar pokémon.-Dijo Espe mirando a su antigua compañera, la cual le devolvió la mirada frunciendo las cejas.
-Podéis contar conmigo. Han matado a mi pareja. No me voy a quedar de manos cruzadas...-
-Pero creo que necesitarás a tus pokémon. Chica y Jorge, ¿Podríais acompañarla a por sus pokémon y a que se cambie la ropa?-Dijo Espe con total tranquilidad. Después se giró a Duard.-Creo que será mejor que tu vengas conmigo.-
-Estoy de acuerdo.-Dijo Duard totalmente serio.
-Así pues, dejadnos a nosotros la parte de proteger a la gente.-Dijo el General Guerra con una amplia sonrisa.-Si siguen mandando soldaditos inexpertos, creo que habrán muy pocas víctimas.-
Y en ese momento, hubo una explosión cerca de la torre que habían levantado los de la organización. Una gran nube de polvo se levantó y empezó a dirigirse hacía ellos, aún y cuando estaban a unos cuatro kilómetros de la situación.
-¿Qué está ocurriendo allí?-Preguntó uno de los soldados.
-No tengo ni la más mínima idea.-Jadeó Espe, pero sonrió al hacerlo-Aunque me puedo llegar a hacer una idea. ¡Vamos!-
Cuando dijo la última palabra, agarró a Duard por una mano, y le indicó que debían irse.
La pregunta era... ¿Cómo se enfrenta uno a la mayor arma de destrucción creada nunca? Esa era la gran duda que se le pasaba por la cabeza en esos momentos a los dos entrenadores después de ver como una onda psíquica elevaba a 0 toda oportunidad de destruir la torre.
El monstruo levantó la cabeza, y mirando de reojo a su ama, empezó a reunir energía con sus dos manos. Realmente, parecía un personaje de Dragon Ball iniciando ese movimiento tan conocido por la cultura popular.
-Eso es... ¡Esfera Aural!-Gritó Roy mirando a su compañera de batalla.-Haz que tu pokémon recule. Es quizás nuestra única esperanza contra él. Es inmune a los ataques psíquicos, pero, los de tipo lucha podrían debilitarlo.-
-Tyranitar, hazle caso. ¡A cubierto!-Gritó ella.
-Demasiado tarde.-Dijo con una sonrisa la genetista que, apartada de la batalla, parecía controlar a su monstruo mediante telepatía.
La esfera salió disparada contra el pokémon medio siniestro a gran velocidad, pero, lejos de tocarlo, impactó contra el Ampharos del Ranger Negro.
-¿Amphy...?-Jadeó él al ver a su pokémon ser interceptado por el golpe. Él había entendido el mensaje que acababa de decirle a la chica, y había decidido ponerse delante del objetivo, más que nada porque un Tyranitar es un pokémon relativamente lento.-¿Porqué?-
La bola estalló en medio del estómago del pokémon, haciendo que este estallará literalmente hablando, bajo la sorpresa de los tres presentes. Pokémon y entrenadores.
Y mientras la ex-oveja estallaba en un mar de sangre y vísceras, la imagen había dejado de piedra a su entrenador.
Por su mente pasaban imágenes, secuencias de un pasado que, aunque nunca fue mejor, era más feliz. Ampharos había estado con él desde su huida de la organización, ese pokémon que encontró, descarrilado, perdido, en medio de un bosque. Él mismo había matado, accidentalmente, al pastor y a todo su rebaño. A todos sus compañeros.
Sabía que nunca podría hacerle recuperar lo que había perdido, pero había decidido que al menos, a él lo trataría correctamente.
Tratar con pokémon, como bien sabía, era mucho mejor que tratar con humanos. Ellos perdonaban fácilmente, eran más fieles. Quizás por eso él había hecho lo que acababa de hacer.
Y aunque sabía que había noqueado parte de sus sentimientos con esas drogas, algo empezó a crecer en su interior.
Dejó ir un grito de rabia, así como de pena en el momento en que se abría del todo la parte inferior de la gabardina, y, sin ni pensarlo un momento, agarraba tres pokéballs. Las sostuvo en su viaje desde el cinturón hasta más o menos la posición en que se encontraba su cabeza, solo para observarlas un momento, y hacerlas precipitar contra el suelo. Rápido. Sin piedad.
Tres rayos, uno verde, otro fucsia y finalmente, uno negro salieron disparados contra el pokémon psíquico.
-¡Scyther, tajo umbrío!-Gritó él, mientras observaba como el Mewtwo formaba una barrera esférica alrededor suyo para que el Scyther impactará contra ella y no llegase a golpearlo.
-¡Da igual! ¡Destruye esa barrera!-Gritó él mientras el Scyther salía despedido momentáneamente hacía atrás al chocar contra la barrera psíquica. Por suerte, sus alas le permitieron seguir cerca de su enemigo. De mientras, el ranger negro bservaba al rayo fucsia.-¡Missdreavus, Sombra vil!-
El fantasma desapareció para colocarse detrás del pokémon psíquico en el momento en que el Scyther de un cuchillazo envuelto en un manto negro impactó sobre la barrera y le abrió un boquete en la misma, por la cual se coló.
El humanoide de piel blanca alzó su mano para invocar un ataque psíquico que hubiese sido la perdición para el pokémon insecto, pero una lengua apareció rodeándolo completamente, así como impidiéndole moverse.
Un poco más allá, apoyada en la torre, la Genetista asombrada observaba el combate.
-No es posible...-Jadeó ella al observar la situación.-¡Es Mewtwo! ¡No podéis derrotarle tan fácilmente!-
-A él no. Estoy seguro de ello.-Dijo Kusa que andaba hacía ella. Con su mano sana alzaba un arma; exactamente el arma que había usado el Ranger Negro. Sus ojos mostraban no tan solo odio, sino esa mirada que indicaba que iba a matarla.-Pero a ti si. Estás indefensa.-
-¿Te crees tu eso?-Dijo ella mientras dejaba caer una pokéball contra el suelo. Del rayo de luz emergió un pokémon alto. Azul. La evolución le había otorgado un aspecto extravagante, no muy útil de no ser que fuese considerado un saco de boxeo. Un Wobbuffet.
-Bien... ¿Así que quieres un combate pokémon?-Dijo ella con una sonrisa, mientras de su espalda aparecía su Eevee, que saltó desde esta hasta colocarse en el suelo. Hacía bastante tiempo que acompañaba en la sombra a su ama, con claras tendencias a protegerla en caso de que alguien fuese a atacarla por la espalda.
-Así que no quieres utilizar a tu Tyranitar, ¿No es así?-Dijo la Genetista, mientras parecía estar buscando una vía de escape. Pensó en dispararle, pero antes de que pudiese sacar el arma, el Ranger Negro ya había lanzado una pokéball al suelo para indicarle a uno de sus Magneton que debía protegerla.-¿Vas a hacer el trabajo sucio?-
-No. Esto lo hago por placer. Vosotros me lo quitasteis todo, es lo más normal que quiera quitároslo todo a vosotros también, no? Es la condición humana. Hace generaciones que lo hacemos.-
-Realmente los humanos sois patéticos.-
-Tu también. Tienes un arma capaz de arrasar el mundo si te lo propones, y de hecho, ya la has usado una vez. No mereces seguir con vida.-
Su Eevee, a medida que hablaba, se iba cubriendo en sombras, adoptando sus ojos un brillo amarillo, así como algunas partes de su cuerpo.
Sin darse cuenta, sus sentimientos negativos habían afectado a su querido compañero de aventuras, ocasionando que evolucionará a Umbreon.
-Umbreon... aparta a ese obelisco del medio.-Dijo ella, mientras su pokémon se rodeaba de sombras, y saltaba encima del pokémon azulejo, derribándolo de un golpe, así como dejando vía libre para su arma.
Disparó dos tiros, pero los dos fallaron, puesto que su enemiga se agachó lo suficientemente rápido para que no le dieran. Desde el suelo, ella pudo observar como su Wobbuffet se levantaba al mismo tiempo que el perro negro salía disparado contra el suelo, por efecto de uno de los movimientos del estático ser.
-Curiosa la forma de atacar de tu pokémon. Lástima que sólo sepa recibir y golpear.-Dijo mientras apuntaba al pokémon y disparaba. Una barrera intervino en el camino antes de que terminará.
-No te creas que él es tan poca cosa...-Dijo ella, con una sonrisa maliciosa, mientras sacaba de escondidas un bisturí.
Una explosión les hizo girarse momentáneamente, para ver como el pokémon psíquico había caído contra el suelo, mientras un Sneasel no dejaba de golpearlo con movimientos siniestros. El Scyther se encontraba a unos metros de la situación, tumbado boca arriba, con la mirada perdida en el nunca más. Había recibido finalmente, un movimiento de tipo psíquico, que le había quitado la vida.
Y ese era el momento en que, dos armas emprendían su último camino, el de intentar acabar con un miembro de la especie que las habían creado.
Dos sonidos sonoros se entrejuntaron en ese preciso instante, en el que una bala de cerámica impactaba de frente, en medio del tabique nasal de la Genetista (que a su vez provocó que su nariz estallará por la onda expansiva, junto con un pequeño y fino remolino de sangre), y un arma blanca penetrará en el costado derecho de la pelvis de la chica.
Las dos cruzaron sus miradas un momento, antes de que empezarán a caer hacía atrás. Las dos estaban sorprendidas, aunque a una ya no le importaba.
A lo lejos, una figura mostraba una amplía sonrisa, a la vez que dejaba al descubierto su rostro. Tenebroso, excéntrico. Loco. Chiflado. Sumamente racional a la vez de despreciable y sumamente orgullosa de si misma.
Era una mirada que ella, en sus últimos instantes de su existencia, nunca olvidaría. Era la representación de la muerte en estado vivo. Aquél que había causado tantas muertes a lo largo de su corta vida, y que ella había ayudado a moldear para que terminará siendo así.
La culpa, como bien sabía ella, era de aquella droga. Un ser como él nunca hubiese tenido el valor de matar a sangre fría, aunque lo imaginará. Aunque en su mente lo deseará, nunca hubiese matado de esa forma. Ella había creado muchos monstruos a lo largo de su vida, de hecho, vivió la mayor parte de la misma recopilando ADN de multitud de ellos, tan solo para crear ese arma que ahora yacía tendido en el suelo, mientras ese enclenque pokémon siniestro lo troceaba a su gusto.
No obstante, ella sabía la verdad, y se la iba a llevar a la tumba. Estaban liberando a la bestia.
"Aquí empieza mi réquiem".
Una vez el cuerpo de la liberadora del Mewtwo hubo caído por última vez contra el suelo, empapando su bata en el camino, una potente aura fucsia empezó a emanar del pokémon psíquico. Este gritó con todas sus fuerzas a la vez que el Missdreavus que le rodeaba se desvanecía completamente. Lentamente, se fue alzando, recuperándose a gran velocidad, mientras el Sneasel intentaba con todos sus medios, el de acabar de una vez por todas con él. Sin éxito, a cada golpe que le daba, él parecía hacerse más fuerte, hasta llegar al punto de su máximo poder.
