Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: ¡New chapter! Cosas nuevas y espero aclarar confusiones poco a poco. La verdad le he empezado agarrar el gusto al Kuvopal, aunque mi ship principal es y será Kuvirasami. ¡Un villano, un villano y de los malos malotes! A ver que tal va.

Después de revisarlo un poco, lo resubido por unas cosillas que se me pasaron.

— o —

La bienvenida por la visita diplomática había estado por demás aburrida. Las presentaciones formales, la cortesía hipócrita de los políticos, la arrogancia del poder, nada de eso se le hizo interesante. Kuvira no había podido concentrarse del todo en la conversación manteniéndose pensativa y hasta algo distante del resto al estar revisando continuamente los hechos de las últimas semanas en su mente. Trataba de entender a qué se refería Opal con lo que había dicho antes. Estando tan ensimismada no se dio cuenta que el gobernador se dirigió a ella y estaba esperando una respuesta.

—Disculpeme gobernador —dijo al fin saliendo de su distracción—, no he escuchado su pregunta —Opal movió la boca con disgusto al verla tan perdida.

—Le decía que es un honor y un privilegio tener a los caudillos del pueblo entre nosotros —el hombre se dirigió a la comandante y al general, el cual estaba a su lado.

—El honor es nuestro —hizo una ligera reverencia como muestra de agradecimiento.

—Dejemos a un lado las formalidades y vayamos al punto de esta visita —Iroh los interrumpió, estaba algo irritado por lo que pudo notar Kuvira.

—Veo que tiene prisa por hablar de los temas delicados general —sonrió el hombre frente a ellos y extendiendo la mano les indicó el camino a seguir dentro del recinto donde se encontraban—. Por aquí damas y caballeros.

La comitiva formada por el general Iroh, Kuvira, Opal y Bolín caminaron por los pasillos del Palacio municipal guiados por el gobernador Tarrlok.

El hombre era cómo podía esperar la comandante, un político acostumbrado a los tratos importantes, a la diplomacia de estado y a las intrigas de corte para obtener la ventaja sobre sus adversarios. De tez morena, larga cabellera castaña que adornaba con pequeñas trenzas, semblante duro con ojos azules como el hielo pero que podía suavizar si era necesario. De edad madura y con experiencia basta en la vida. Kuvira ya lo había conocido antes, cuando estuviera en la guerra contra los revueltistas. Tarrlok había sido nombrado gobernador después de instaurar el orden en el norte del país al deponer a su antecesor acusado de traición y mandado a ejecutar por el mismo Tarrlok en su primer orden como dirigente.

En aquel momento Iroh había apoyado su nombramiento y Tarrlok estaba en deuda con él, así que Kuvira podía anticipar el que el gobernador le devolviera el favor ahora cuando el general se postulara para suceder a Suyin, ya fuera por elecciones o malamente en un golpe de estado.

Llegaron hasta una gran sala bellamente adornada con elegantes fornituras y la opulencia de la vieja colonia. Era el estilo que se heredó del antiguo régimen de la dictadura anterior. Antes de entrar Kuvira se acercó a Bolín dándole unas indicaciones para que aguardará en la entrada, el chico haciendo un saludo militar se quedó afuera de la habitación.

— o —

La reunión llevaba ya algo de tiempo y Bolín se aburría de montar guardia en la puerta a la espera. No estaba solo, tenía a otro par de guardias del gobernador con él pero no eran muy platicadores que digamos y así los minutos se le hacían eternos sin tener que hacer.

Escucharon pasos a lo lejos y un hombre de soberbia expresión apareció frente a ellos. Los guardias del gobernador se cuadraron nerviosos al verlo y eso se le hizo curioso al chico. El tipo tenía la tez morena, el cabello castaño corto y un buen rostro con unos ojos azules que le recordaron a los de su amiga Korra, sólo que eran demasiado fríos desprovistos de compasión o piedad. Se le notaba ya entrado en años pero no los suficientes para ser un viejo, un hombre maduro.

Fijó sus ojos azules como dagas en Bolín y este tragó saliva, tenía algo que imponía miedo y respeto, ahora entendía el porqué de la actitud de los otros guardias. Tocó la puerta ignorandolos a ellos y después abrió para entrar. Los guardias suspiraron aliviados en cuanto el hombre salió de su vista.

—Vaya que tiene el aura pesada —dijo Bolín tratando de hacer conversación.

—Ni te imaginas —le contestó uno de ellos pero se calló enseguida al ver al otro guardia que le decía con señas que cerrara la boca.

—Es difícil servir a líderes complicados y severos —añadió para ganar su confianza pero no parecía rendir frutos.

El que le había contestado primero agito la cabeza pero no volvió a decir nada, Bolín noto la presión que su compañero ejercía sobre él. Ambos eran jóvenes pero ya tenían evidencias de estar en el servicio desde hacía algún tiempo, esto por las cicatrices que cubrían sus manos.

No tardaron mucho después de que aquel hombre entrará a la habitación para que todos salieran. Opal iba del brazo de Tarrlok hablando animadamente con él mientras Kuvira la acompañaba a su lado. Detrás de ellos Iroh y el hombre temible compartían algunas palabras.

Bolín lo dejo pasar pero aguzó el oído para captar la conversación de ellos dos, sin embargo no oyó mucho aunque sí lo suficiente.

—Esta noche llega Varrick, hasta entonces discutiremos los términos —alcanzó a escuchar antes de que el hombre de mirada de hielo diera un paso lejos y se perdiera por el pasillo.

En un primer instante tuvo el instinto de seguirlo sólo que Kuvira lo llamó y fue a unirse a la comitiva deja do el asunto en paz y exhalando tranquilo. No le gustaba el aura de aquel tipo.

— o —

—No he sido notificada de la visita de Varrick —Kuvira camino de un lado a otro de la habitación que se le había asignado dentro de la residencia del gobernador.

Bolín la veía siguiendo su andar con la cabeza mientras que Opal se distraía probando uno de los bocadillos dulces que habían colocado en el lugar para el agasajo de los invitados.

—No es como que Varrick haga las cosas y te informe de ello —dijo la chica antes de llevarse un trozo de chocolate a la boca—. El tipo es demasiado impredecible.

—Sin embargo algo no me gusta de esto —la comandante se llevó una mano al mentón y frunció el ceño concentrándose en tratar de encontrar una pista.

—¡Si! —le dio la razón Bolin—. Además el hombre ese es escalofriante —se sacudió al recordar la mirada del sujeto de helados ojos azules.

—Tiene algo temible aunque es bien parecido —soltó Opal mirando de reojo la reacción de Kuvira que sólo ignoró el comentario—. ¿Qué es lo que sabemos de él?

—Noatak, hermano de Tarrlok, funge como el secretario del gobernador además de su jefe de seguridad —comenzó a decir la comandante—. Antes de la intervención del ejército en la rebelión de los revueltistas, ambos lideraban el partido liberal local. Opositores del régimen de la ex presidenta. Suyin nombró gobernador interino a Tarrlok y en las elecciones siguientes el retuvo el puesto, de Noatak no tengo mucha información.

Oír el nombre de su madre a Opal le sentó mal. Tiró de regreso uno de los dulces que tenía en la mano y se levantó para ir junto a Kuvira rodeándola con los brazos por la espalda.

—Es tiempo de que averigüemos más sobre él —jugó con un mechón de su apretado moño a pesar de la evidente molestia de la militar y el desconcierto de Bolín.

—Este… ¿me perdí de algo? —se rascó la mejilla mirando a una y a otra con desconcierto.

Kuvira se veía bastante mosqueada y Opal parecía disfrutar el molestarla con su cercanía poniéndola incómoda. Un ligero rubor cubrió su rostro y el chico no supo definir la razón correcta, pero parecía ser vergüenza.

—Serás el primero en saber que estamos en una relación —tomó el mentón de Kuvira y deposito un beso que la militar rechazó retirando la cara apartándose con brusquedad.

—¡¿Qué?! —gritó horrorizado Bolin sin dar crédito a lo que oía.

—¡Por supuesto que no hay tal cosa! —corrigió la militar airadamente y el chico exhaló aliviado aunque no muy convencido debido al nerviosismo que proyectaba—. Mejor pongámonos a trabajar —acomodó los mechones sueltos de su cabello y añadió—, vamos Bolín, debemos vigilar a Noatak y saber que trato tienen con Varrick.

— o —

Llevaba varias horas siguiendo el rastro del hombre tenebroso pero no había nada interesante en sus actividades. Bolín se estaba aburriendo de seguirlo. Había pasado lista y dado indicaciones a los guardias que no replicaron ni respiraron mientras estuvo cerca, supervisó los preparativos de la cena baile que darían al día siguiente para los invitados, dio órdenes aquí y allá sin nada fuera de lo común.

En su camino se topó con un par de guardias y reconoció a uno de ellos como el chico que había hablado con él mientras montaban guardia en la reunión matutina. Como quien no quiere la cosa, se acercó para intentar charlar y ver si en esta ocasión podía obtener algo de información.

—Vaya que es duro estar todo el día de pie montando guardia —abordó de forma casual al joven soldado.

El chico solo asintió pero no pronunció palabra regresando a su posición.

—¿Hay algún lugar por aquí donde uno pueda ir a divertirse un rato? —hundió su codo en el costado del guardia guiñandole un ojo— Tú sabes —hizo la seña de beber.

—Ehmm… —titubeo ligeramente incómodo por la actitud confianzuda de Bolin—. Hay una cantina donde solemos reunirnos después del trabajo, puedes ir allí, el ambiente es bastante agradable.

—¡Genial! —brinco contento para cambiar de forma radical a la tristeza—. Pero no conozco la ciudad —lo miró el joven guardia con desconcierto—. Por cierto, creo que lo me he presentado, soy Bolín, mucho gusto.

—Inui —estrecho la mano que le ofrecían—. Pues en un rato más salgo de turno, los chicos y yo iremos a echar unos tragos. Puedes unirte si lo deseas —lo invitó y el hermano menor recuperó la sonrisa.

—Eso sería excelente —palmeó su hombro y en ese instante vio salir a Noatak del área de recepción—. Nos vemos más tarde —se despidió a prisa y salió tras el hombre aquel.

Avanzó a trote tratando de no perder el rastro pero al doblar una esquina Noatak no estaba por ningún lado. Tardó varios minutos buscándolo en las cercanías sin embargo no tuvo suerte, estaba por rendirse cuando vio a Kuvira caminando por un pasillo próximo.

—¡Comandante! —gritó el chico para llamar su atención.

—¿Qué haces aquí Bolín? —lo vio llegar hasta ella corriendo a prisa.

—Lo siento comandante... perdí el rastro de Noa —respiró con dificultad tratando de recuperar el ritmo normal.

—¡Por los espíritus Bolín! —dijo exasperada—. Esto es importante —intento reprenderlo pero se contuvo—. ¡Ah! Esta bien, yo tampoco he tenido fortuna siguiendo a Tarrlok, espero que Opal haya tenido mejores resultados con Iroh.

—No tengo tan malas noticias, logre fraternizar con unos guardias y me han invitado a tomar a la cantina donde suelen reunirse, podría obtener algo allí —la vio esperanzado queriendo darle buenas noticias por encima de su descuido.

—Eso sería de utilidad —reflexiono Kuvira—. Ve y averigua lo más que puedas, yo seguiré buscando a Noatak para ver dónde será su reunión con Varrick. Nos encontraremos después en mi habitación —despidió al chico y salió de regreso por donde momentos antes había visto a Tarrlok y a su hermano compartir unas palabras para separarse de nuevo.

La comandante anduvo por los pasillos del palacio deambulando para pasar desapercibida y varios minutos después lo divisó a lo lejos desde una ventana en el patio trasero. Corrió rápidamente para alcanzarlo, ya que se encontraba en el segundo piso, bajó las escaleras y salió al patio antes de que lo perdiera.

El pasto amortiguó sus pisadas, aunque también las de Noa. Tuvo que agudizar el oído para que los ruidos más ligeros llegarán a ser escuchados. La noche estaba casi encima y la visibilidad era casi nula. Algunos sirvientes salieron a prender las farolas y brindar con eso pequeños rayos de luz para iluminar el camino.

Siguió caminando perdiéndose en el interior del gran jardín ornamental. Los altos arbustos le llegaban por encima de la cabeza y no dejaban pasar mucha luz, hasta dónde había avanzado no servían de mucho las farolas. Poco a poco fue acostumbrando sus pupilas oliva a la tenue luz de la luna menguante que ya se dejaba ver en el cielo.

Empezó a ponerse nerviosa pues cada vez se alejaba más del palacio adentrándose en aquel desconocido lugar, algunas sombras tenues se proyectaban en el suelo dando una atmósfera tenebrosa junto con el descenso de la temperatura aquello parecía una escena de terror. El silencio de la noche la había alcanzado y no se escuchaban ni siquiera el ruido de los animales o del viento meciendo las hojas.

Llegó hasta un pequeño claro y se resguardo tras un arbusto antes de decidir si era o no prudente salir de la seguridad del jardín, miró hacia todos lados pero no halló rastro de Noa o de cualquier otra persona. Ese hombre era escurridizo para ser un simple ciudadano. Debía tener algún tipo de formación militar pues llevaba el mando de forma impecable y aunque ella era buena siguiendo el rastro era evidente que había fallado al igual que Bolín.

Solo que su orgullo no le dejaba darse por vencida. Con decisión salió de su escondite y se dispuso a cruzar el claro. No tuvo ningún contratiempo para llegar del otro lado y respiro tranquila cuando se puso a salvo detrás de otro arbusto.

Recuperó la pista y se dispuso a continuar, sin embargo apenas hubo dado un par de pasos cuando oyó un ruido aproximarse a ella.

No tuvo tiempo de reaccionar ni ver se que se trataba o de quien se trataba. Un golpe seco a la cabeza le hizo perder el conocimiento y cayó al suelo del jardín.

— o —

Abrió los ojos con dolor, se dio cuenta que una herida en su cabeza manaba sangre, o más bien lo había hecho. Ahora solo tenía las huellas de la sangre coagulada debido a un golpe recibido. Intentó moverse pero sus manos estaban atadas.

—"No de nuevo" —se dijo virando los ojos, tenía una mordaza en la boca que le impedía hablar—. "Debo de dejar esta maldita costumbre de dejarme atrapar por el enemigo".

Forcejeó con sus ataduras pero no tuvo mucho éxito en deshacerse de ellas, aunque sí llamó la atención de alguien que se movió en las sombras acercándose a ella. Desde su posición, estaba tirada en el suelo, sólo pudo ver las botas que se aproximaban, la oscuridad de la noche ocultaba el resto del cuerpo. Una grave e imponente voz le habló.

—Comandante es usted un tanto descuidada —alzó la mirada pero la pesada bota la pateó para quedar boca arriba y luego ser pisada en la garganta por el desconocido—, sin embargo es mejor soldado de lo que el general Iroh podría ser jamás.

Apretó más fuerte y el aire se negó a entrar en sus pulmones, quiso oponer resistencia y se revolvió para apartarlo. Sus labios empezaron a cambiar de color y después de otro empujón fue liberaba. Intentó toser y respirar por la boca, ya que por la nariz no era suficiente, pero la mordaza no ayudaba al propósito. En un rápido movimiento del sujeto la hoja afilada de un cuchillo quedó al descubierto en la punta de la bota, con ella cortó la mordaza dejando a su paso una línea de la que salió sangre. Le había cortado la mejilla ligeramente.

Tosió con libertad y poco a poco fue recuperando el aliento, el costado de su rostro ardía pero decidió ignorarlo, tenía la urgencia por saber quién era aquel hombre y cuáles eran sus intenciones. La adrenalina corría por sus venas, lo que fuera que sea aquello le estaba produciendo un fuerte miedo. Nunca antes había sentido algo así. Su corazón latía acelerado y el sudor frío corrió por su frente, se sentía mareada y desubicada. El tipo se agachó frente a ella y dejó ver su rostro.

—Es un gusto conocerla comandante Kuvira —una máscara blanca con líneas rojas haciendo la figura del sol cubría su cara.

— o —

—Donde diablos se metió Kuvira —exclamó Opal impaciente viendo el reloj de la pared.

Hacía horas que no tenía noticias de ella ni de Bolín. Su persecución con Iroh no había servido de mucho. El tipo no quiso decir nada acerca de la llegada de Varrick y sólo se dedicó a desviar el tema cada vez que trato de llevarlo allí. Había sido insufrible para ella tener que soportarlo toda la tarde y durante la cena. Cena a la cual ninguno de sus dos aliados había tenido a bien aparecer, sin embargo si lo hicieron Tarrlok y Noatak.

Volvió a ver la hora, pasaban de la una de la mañana. Ya se había cambiado de ropa a otra más cómoda y dispuesta para dormir, después de lo sucedido en la cena con Iroh decidió que tendría que hacer algo con Kuvira para ayudarla a quitarse al general de encima. El hombre no paraba de hacer indirectas e intentar propasarse con ella a la menor provocación.

—Todo por culpa de Korra. ¿De que me sirvió si ella ni siquiera me lo agradeció? —gruño a la nada enojada consigo—. Y la estúpida Kuvira con su estúpida pose de caballero andante. ¡Buf! ¡Pamplinas! No es más que una caricatura de lo que era cuando estaba con mi madre.

No podía negar que muy en el fondo había disfrutado el encuentro. Un daño colateral, se dijo. Malamente tenía que reconocer que cuando era una niña había sentido cierta simpatía por ella. Era la amiga de su hermano mayor, la mejor alumna de su madre, el premio más deseado de la Academia por las y los chicos. En un principio se deslumbró con Kuvira hasta que supo lo que pasaba con su mamá.

— Flashback —

Se miró al espejo y vio su rostro feliz, hoy cumplía quince años. Estaba más que contenta, había logrado que su hermano trajera a su fiesta a Kuvira y prometido que le ayudaría a conseguirle una cita con ella para que se conocieran. Opal ya estaba en edad de tener un pretendiente y ella había elegido a Kuvira para que así fuera. Era mayor pero no por mucho y su madre no se opondría a ello.

Después de la muerte de su padre existían pocas cosas que ella quisiera de verdad. Amaba a su papá, Baatar sr, y adoraba a su hermano Baatar jr, eran tan parecidos en tantos aspectos que no podía evitar pensar en ocasiones cuando lo veía llegar a la casa que su padre volvía. Hacía un año que las había dejado. Su madre había guardado luto junto con el resto de la familia y no había celebrado ninguna fiesta o algún evento. Sin embargo por alguna razón su madre decidió levantar el luto y festejar el paso de su única hija a ser una señorita.

Sería algo sencillo, la fiesta la organizaron en casa y sólo personas allegadas a la familia y algún que otro invitado por diplomacia estarían presentes. Eso no le importaba mucho, quería conocer a la chica de la cual su hermano mayor hablaba tanto, apenas la había visto un par de veces en la Academia y dentro de la caballería cuando ella y su hermano se graduaron.

Alisó su vestido, dio los últimos retoques a su cabello y salió presurosa de su habitación. Camino por la casa rumbo al despacho de Suyin, quería preguntarle sobre su apariencia y hablar con ella de lo que sentía y quería hacer. Necesitaba la opinión de su madre. Hasta ahora sólo con su hermano mayor había hablado del tema y no era de mucha ayuda.

—¿A dónde va la princesa de esta casa? —la interceptó Baatar jr a quien se encontró por los pasillos.

—¡Hermano, me alegra que estés aquí! —Baatar iba vestido con su traje de gala militar y Opal se abalanzó a sus brazos con alegría para después mirar alrededor buscando a alguien.

—Jajaja, ¿te alegras de verme o de saber quién viene conmigo? —no la dejó salir del abrazó mientras se burlaba de ella.

—¡Hermano! No digas eso, estoy contenta de verte —sus mejillas se tiñeron de rojo—, aunque también de ver a Kuvira —ante su respuesta descarada Baatar la abrazó con fuerza apretándola contra él en castigo.

—¿Así que me cambias por ella? —Opal forcejeó entre risas.

—Baatar, no, no seas así —después de un momento la soltó al fin y pasó su brazo por encima de sus hombros.

—Te lo perdono sólo porque me encantaría que tuvieras a alguien digno para ti y ya que Kuvira no está interesada en mí —dijo de manera engreída—, puedes tenerla tú.

—Eres un tonto hermano —hizo un mohín sacando la lengua y lo empujó—. ¿Donde está Kuvira?

—Si quieres saberlo, pues fue a ver a mamá a su despacho, tenía que ver unas cosas del trabajo —ni bien terminó de decir eso, Opal ya estaba corriendo rumbo al lugar—. ¡Hey no corras!

Volteó en su carrera deteniéndose un segundo para lanzarle un beso al aire a su hermano Baatar y retomar su carrera.

No tardó en llegar al pasillo donde estaba el despacho, camino hasta la puerta y se detuvo antes, tomó aire y valor para llamar sin embargo un ruido extraño la detuvo a sólo unos centímetros de que sus nudillos tocarán la madera. En su lugar acercó el oído para tratar de escuchar lo que pasaba dentro.

—¡Kuvira! ¡No pares! ¡Kuvira! —se quedó helada.

Estaba petrificada frente a la puerta del despacho de su madre y era ella quien acababa de decir el nombre de la mujer que le gustaba en un tono evidentemente íntimo. Unas lágrimas asomaron por sus ojos. No podía soportar eso.

No supo cómo pero regresó a su cuarto para encerrarse en él y se tiró a llorar amargamente sobre su cama.

— Fin Flashback —

Estaba perdiendo la paciencia y si no aparecían pronto tendría que salir a buscarlos. Volvió a mirar el reloj por enésima vez y marcaba la una y media.

Un ruido sordo y pesado se oyó afuera de la habitación dándole un susto que la hizo brincar. Pasos se oyeron y después el silencio. No sabía si debía o no salir y averiguar qué es lo que pasaba. Se aproximó a la puerta buscando algún ruido, pero sólo se alcanzaba a oír una respiración muy ligera apenas perceptible a pesar de la noche silenciosa.

Abrió la puerta.

Se llevó una mano a la boca para contener el grito que quería escapar de sus labios. Una inconsciente Kuvira yacía tirada frente a la puerta de la habitación.

No espero a ver si había alguien alrededor y cayó sobre el cuerpo de la militar moviéndolo para que quedara boca arriba. Tenía rastros de sangre saliendo de su nariz, mejilla y en su frente, así como en su uniforme que estaba sumamente maltratado.

—¡Kuvira! ¡Kuvira! —la sacudió queriendo que volviera en sí pero la mujer seguía inconsciente—. ¡Vamos Kuvira no puedes hacerme esto!

—¡Opal! —Bolin apareció en ese justo momento corriendo hasta ellas resbalando al llegar cerca—. ¿Qué es lo que pasó? ¡Comandante!

Con ayuda del chico la llevaron al interior, Bolín la cargó en sus brazos y la depositó en la cama. Opal lo siguió de cerca cerrando la puerta y apurándose a estar a su lado.

—¿Cómo demonios ha pasado esto? —cuestionó a Bolín severamente—. ¿Dónde rayos estabas? —su voz estaba tan alta que era un reclamo entre desesperación y acusación.

—Esta tarde nos encontramos y… cambiamos lugares —no sabía que hacer el chico, se llevó las manos a la cabeza con frustración—. Pude haber sido yo…

—No se perdía nada si así hubiera sido —dijo sin piedad.

—Lo siento Opal —las lágrimas asomaban por sus ojos y comenzó a llorar.

—Ya, ya —intentó disculparse—, no sirve de nada culparse.

Los lloriqueos se hicieron más sonoros mientras balbuceaba.

Opal trató de calmarse, sólo que sus nervios no se lo permitían. Como pudo comenzó a revisar a Kuvira. A simple vista las heridas que tenía no eran de mayor cuidado, tal vez dejarán una pequeña cicatriz pero no comprometían su vida. Levantó el párpado, primero uno y después el otro.

—¡Esta drogada! —sentenció segura al ver la manera en que sus pupilas oliva estaban dilatadas, por esa razón no reaccionaba a pesar de las sacudidas que la chica le había dado.

—¿Cómo puede ser eso posible? —dijo Bolin por encima de su lloriqueo.

—No lo sabremos hasta que despierte o tengamos que hacerla despertar —no se había percatado de que la temperatura de Kuvira estaba muy fría. Tocó su piel y se sentía helada—. ¡Maldición! Debemos darle calor.

Ambos miraron alrededor viendo la chimenea que estaba en un costado de la habitación. No perdieron tiempo y acercaron el cuerpo hasta allí. Bolín se puso a encender el fuego mientras Opal traía cobijas para cubrir su cuerpo y hacerla entrar en calor más rápido.

Las llamas crepitaban cuando alcanzó a arder llenando de calor el cuarto. El chico se sento a un lado a esperar mientras Opal abrazaba el cuerpo inerte de la comandante esperando a que recuperara su temperatura normal. Los minutos pasaron en silencio sólo oyendo el ruido del fuego y la braza.

Kuvira empezó a sudar y Opal libero espacio un poco de su pecho y su traje para dejarla respirar mejor. Una mano se movió tratando de alcanzar algo a lo lejos en la nada. Los dos chicos brincaron al verla reaccionar.

—Esta despertando —alcanzó a decir Opal y Bolín asintió, algunas palabras se formaron en la boca de la militar.

—A… A… Amón… món… —dijo antes de apartarse asustada de los brazos de Opal—. ¡Alejate! —gritó.

En su mente sólo tenía un último recuerdo de su encuentro con el hombre enmascarado.

"—¡No voy a hacer lo que tú quieres! —escupió directo a la máscara y el hombre comenzó a reír.

—Comandante sabrá que puedo llegar a ser muy persuasivo —el terror se apoderó de sus entrañas mientras se imaginaba la risa maquiavélica que se escondía tras esa fachada."

— o —