CAPITULO 28 Conversaciones pendientes.

Los Betancourt se quedaron en Malfoy manor durante algún tiempo, no sólo porque encontraban consuelo en Orion, sino también porque creían erróneamente que su presencia hacía las cosas más fáciles para Draco. A él no podía importarle menos que estuvieran o no estuvieran allí, pero entendía que quisieran pasar algún tiempo con el niño y asumió su estancia en la casa sin poner pegas. En realidad, le habría costado ponerle pegas a nada. La muerte de Serena le había afectado profundamente; se había convertido en su mejor amiga, el apoyo más importante que tenía, junto al de Severus, y le había dado a Orion. Draco recordaba bien la mañana que había nacido el bebé, la expresión de su cara mientras contemplaba a su hijo con ojos cansados y llenos de amor. Recordaba lo agradecido que se había sentido él porque le había dado lo que más deseaba en el mundo. El destino le había llevado a codearse con pocas personas realmente buenas, pero sabía que Serena había sido una de las mejores. Pensar que estaba muerta lo llenaba de pena. Pensar que era por su culpa lo llenaba de desesperación. Las pesadillas lo atormentaban por la noche con la misma intensidad que durante la guerra, haciendo que de día vagabundeara por la mansión con una expresión cansada y ojerosa en la cara.

Estaba tan preocupado por la seguridad de Orion que hasta consideró la posibilidad de pedirle a los padres de Serena que se lo llevaran con ellos a los Estados Unidos, pero le dolía sólo imaginárselo tan lejos y, sintiéndose un egoísta, no dijo nada. En cambio, reforzó los encantamientos protectores de la mansión hasta volverla casi inexpugnable y se compró un chivatoscopio japonés de última generación, pequeño como un knut y con una pequeña arandela que permitía usarlo como colgante. Cuando salían al jardín, uno de los elfos siempre estaba con el niño, listo para sacarlo de allí y Aparecerlo en cualquier otro sitio si alguien intentaba atacarlos de nuevo.

Pero la esencia de Draco era la esencia del superviviente. En cuanto los Betancourt se marcharon y su dolor dejó de llenar la casa, su ánimo empezó a mejorar poco a poco. No se sentía menos culpable, pero era un experto en convivir con la culpa. Podía sumar la muerte de Serena a la larga lista de errores con los que cargaría hasta el día de su muerte. Los cuadros de sus antepasados estaban ahí para recordarle que, aunque los Malfoy no hubieran sido siempre mortífagos, sí habían sido ricos, poderosos y con un sentido de la moral muy relativo y, por lo tanto, el objetivo de criminales, envidiosos y gente con razones sobradas para querer verlos muertos. Aquel no era el primer ataque que sufría la mansión, Serena no era la primera víctima colateral del apellido Malfoy.

-Has hecho bien en no mandarlo a las colonias con esos nuevos ricos-dijo uno de sus tatarabuelos, frunciendo el ceño ante la mera posibilidad-. No debes dejar que esa chusma piense que les tienes miedo.

En otro cuadro, sus padres, deseando animarlo, le hablaron de la vez que habían sido atacados por dos hemanos cuyo padre había muerto a manos de Lucius en la Primera Guerra. Draco ya les había oído contar esa historia cuando estaban vivos; sabía que uno de los Avada Kedavras dirigidos a su padre le había estado a punto de dar a él. En aquel momento, Lucius siempre lo miraba con un cariño casi feroz y le aseguraba que él y Narcissa se habían cerciorado de que pagaban por haber estado a punto de matar a su hijo. Draco había supuesto que estaban en Azkaban, dementorizados, pero aquel día les preguntó otra vez qué había pasado exactamente y sus padres intercambiaron una sonrisa peligrosa y cruel.

-Los matamos, por supuesto.

-Nadie toca a nuestro pequeño dragón-afirmó Narcissa, orgullosa.

Draco no supo si sentirse halagado u horrorizado ante aquel descubrimiento, pero entendió lo que todos estaban tratando de explicarle: ser un Malfoy implicaba enemigos poderosos y eso nunca había detenido a ninguno a la hora de casarse y tener descendencia. Pasara lo que pasara, seguían adelante y lo hacían en la imponente mansión de Wiltshire. Draco había desechado ya muchas tradiciones familiares y aquella le parecía ridículamente obstinada, pero la terquedad había sido siempre una de sus características más acusadas y no pudo evitar sentirse identificado con aquella. Al fin y al cabo, si había algo que no se le había pasado por la cabeza durante toda aquella crisis había sido abandonar él mismo la casa. Aquel era su sitio y, con toda seguridad, el de su hijo.

-Orion, no sé si he hecho bien, pero no puedo mandarte fuera-le dijo una noche mientras lo metía en su cuna-. Espero no tener que arrepentirme. Tú no te mueras, ¿vale? Tú sigue huyendo y así, si hace falta, podrás vengarte otro día.

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Sin Serena, Draco no tenía fuerzas ni ganas de seguir manteniendo el papel que había mantenido a su lado. Ya había conseguido lo que quería y no necesitaba la simpatía de gente que nunca le había caído bien. Las sonrisas que había repartido con tanta liberalidad eran cosa del pasado, abandonó casi toda su diplomacia y volvió a vestir de negro cada vez que le apetecía; era de nuevo él mismo y, en cierto modo, suponía un alivio dejar de fingir que era encantador y considerado. La mayoría, sin embargo, atribuía sus cambios al dolor que sentía por la muerte de Serena y no le tenían en cuenta sus desplantes.

Draco era consciente de que se sentía desilusionado. Ya se había sentido así antes de perder a Serena y su asesinato sólo podía empeorarlo. No era capaz de desear nada, excepto que Orion creciera fuerte y seguro. A veces se acordaba de lo que les había oído decir a Ron y a Hermione sobre Harry, cuando estaba en esa época en la que parecía preguntarse "y ahora, ¿qué?" y suponía que ahora le había tocado el turno a él. Lucius había disfrutado incrementando sus riquezas y dando fiestas, pero a Draco le parecía que tenía dinero para varias vidas y lo último que le apetecía en ese momento era alternar en sociedad. Los viajes tampoco eran una idea muy apetecible, siendo Orion tan pequeño. Buscar un antídoto para el curioso efecto mágico del pelo de Harry había sido un pasatiempo absorbente durante mucho tiempo, pero había abandonado el proyecto después de verlo con Lisa Turpin y no sentía deseo alguno de reanudarlo. Ni siquiera el sexo le atraía demasiado; había estado con dos hombres desde la muerte de Serena y no había sido más que una descarga física, algo que necesitaba más que deseaba.

Si no hubiera sido por Orion, se habría pasado el día tratando de matar las horas; al menos el niño era una distracción constante. Desde que Serena había muerto, Orion quería estar todo el rato con él y Draco lo complacía de buena gana. Le gustaba jugar con él y ver cómo se le abrían los ojos cuando algo le llamaba la atención, le enseñó a nadar en la piscina y le dio los primeros paseos en escoba, volando bajito y despacio para que se fuera acostumbrando. También le compró un puffskein, un animalito parecido a una bola de pelo color natillas del que Orion se encariñó enseguida, hasta el punto de que era difícil verlo sin él.

Una mañana, Draco los metió a ambos en su carrito y se fue al callejón Diagon a encargar unas cuantas túnicas abrigadas para Orion. Aún estaban en agosto, sin embargo, y hacía calor, y cuando salieron de madame Malkiss pensó que a los dos les vendría bien un helado y se lo llevó al establecimiento de Florean Fortescue. Él se pidió una copa con una bola de fresa y otra de nata; para el pequeño pidió una bola de chocolate. Orion apenas sabía comer solo y Draco le fue dando el helado con mano no muy experta. Las caras del niño al sentir el frío eran divertidas y trataba de quitarle constantemente la cuchara para probar por su cuenta. Al final, Draco le dejó intentarlo. La primera cucharada llegó casi entera a su destino, la segunda cayó prácticamente sobre Babú, el puffskein, y la tercera aterrizó en el suelo, con cuchara incluida. Cuando Draco se agachó a recogerla, Orion metió las manos en el helado y trató de chupárselas.

-Eres peor que un duendecillo de Cornualles-protestó Draco, buscando un pañuelo para limpiarlo y deseando haberse llevado a alguno de los elfos con él. Entonces vio, demasiado tarde, las manos chocolateadas que iban hacia él-. No, esp...

-Papá-dijo Orion, con entusiasmo, tocándole la cara-. Papapapa.

Draco hizo un ruido que era mitad risa, mitad protesta.

-Sí, papá-asintió, tratando de cogerle las manos para limpiárselas de una vez.

El puffskein, mientras tanto, había descubierto su gusto por el chocolate y estaba intentando colarse dentro de la copa de Orion. El peso hizo que la copa volcara, cubriéndolo de helado casi por completo. Antes de que Draco pudiera reaccionar, el animalito se espolsó el pelaje y les salpicó a ambos de gotas dulces y marrones.

-¡Mierda!

Dos risas sonaron a sus espaldas. Una de ellas era dolorosamente querida y supo de quién era antes de girarse y ver a Harry riéndose bien a gusto junto a Nymphadora Tonks. La sonrisa había aparecido en su cara antes de haber decidido si enfadarse o reirse con él, pero Harry intentó detenerse en cuanto se dio cuenta de que le estaba mirando

-Lo siento, es que... ha sido divertido.

Draco ocultó su confusión lo mejor que pudo.

-Vaya, hola, Potter. Tonks, ¿qué tal?

-Hola, primito-dijo ella, aún riendo-. Madre mía, cómo te has puesto... ¿Eso es lo que me espera a mí?

Draco hizo un gesto de resignación y miró fugazamente a Harry, cuya expresión se había vuelto indescifrable y un poco remota. A saber por qué... Después se giró hacia su prima.

-Siempre es un placer serviros de diversión-dijo, sacando su varita para empezar a limpiarlo todo.

-Espera, te ayudamos.

Tonks se puso a ello voluntariosa y torpemente, pero a Draco no le pasó desapercibido que Harry volvía a estar tan serio e inexpresivo como venía siendo habitual en él desde que había pasado lo del beso. Su risa de antes sólo había sido una maravillosa excepción. ¿Realmente seguía creyendo que se había alegrado de verlo sufrir por él? ¿O es que pensaba que algún día lo usaría para chantajearlo? Vale, estaba enamorado de Turpin y quizás se avergonzaba de lo que había sentido por él, pero esa no era razón para tratarlo así.

La última huella de chocolate había desaparecido. Draco le echó a Harry una mirada de despedida, suponiendo que se irían, pero Tonks se sentó tranquilamente en una de las sillas y le hizo una señal al camarero. Harry dudó un instante antes de imitarle, una duda de la que Draco fue muy consciente. Y sin embargo, el primero en hablar fue él.

-¿Cómo estás?

-Bien. Ya sabes... Procuro no pensar en ello.

El camarero llegó para tomar nota de dos helados más y Draco se dio cuenta de que necesitaba hacer las paces con él. Había preferido su odio a su indiferencia; ¿cómo no iba a querer su amistad? Aunque supusiera un tormento verlo con Lisa Turpin, era mejor que nada. Cualquier cosa de Harry era mejor que nada.

-¿Sabes ya cuándo es el juicio?-le preguntó su prima.

-Me han dicho en el ministerio que el gobierno alemán ha pedido la extradición. No sé lo que decidirá Clearwater.

-¿Qué prefieres tú?

-Allí lo condenarán seguro, tiene un montón de causas pendientes por asesinato y torturas. Pero me gustaría declarar contra él en el Wizengamot.

-¿Te acuerdas de algo?-le preguntó su prima, con curiosidad-. Yo tengo en blanco todo el día de la Última Batalla. Antes me acordaba, pero se me ha borrado por completo.

-No, yo me acuerdo de todo.

-¿De todo?-exclamó Harry, con súbita brusquedad, mirándolo con ojos que parecían echar fuego verde.

-Hasta que empezó la Cruciatus, sí,

-¿Sólo hasta entonces?

-Sí, Potter, sólo hasta entonces. ¿Por qué?

Harry bajó la vista, muy incómodo.

-Nada, déjalo.

-No, ¿qué coño te pasa? ¿Te ensucié tu túnica de auror con mi sangre?¿No me mostré debidamente impresionado por tu rescate? ¿Qué?

-Será mejor que me vaya.

Draco observó, frustrado, cómo se ponía en pie y empezaba a alejarse sin mirar atrás. Su prima también se levantó.

-Espera, Harry...-Miró a Draco-. ¿Se puede saber qué os pasa a vosotros dos? Nos vemos. ¡Harry!

Tonks se marchó también, dejando a Draco sumido en un mar de confusión. La actitud de Harry había sido demasiado extraña para encontrarle ningún significado. Su primer impulso fue ir a casa de Snape para contarle lo que acababa de pasarle, pero como el profesor iba a cenar en Malfoy manor aquella noche, decidió esperar hasta entonces. Durante el resto del día, apenas hizo otra cosa que pensar en Harry. No le entendía. Le daba vueltas y vueltas y no lo entendía. Vale, seguramente Harry pensaba que se había estado burlando de él, pero tenía que haber notado que no le había contado nada a nadie, que nunca había lanzado una sola indirecta que hiciera referencia a ese tema. Ahora se le había pasado, iba por ahí besuqueándose con Lisa Turpin... ¿por qué no podía perdonarle su supuesta ofensa cuando parecía capaz hasta de perdonarle una supuesta cruciatus?

-Y entonces Tonks se fue detrás de él-terminó de contarle a Snape-. No sé, Severus... ¿tú qué crees?

-¿Podemos dejar de fingir ya que no sé que Potter no siempre ha sido inmune a tus encantos?

Draco casi se disculpó por habérselo querido ocultar.

-Lo sabes, ¿eh? Pero en teoría eso es historia antigua. Ahora está con esa Ravenclaw inaguantable. Seguro que ya están escogiendo la vajilla, puaj. Oh, la odio.

-Deduzco que tus esfuerzos por olvidarle han sido en vano.

-Sería como olvidarme de respirar-dijo, resignado.

El profesor arqueó las cejas.

-No creo que sea necesario llegar a esos extremos de melodramatismo, Draco. Y por cierto, dudo que estén escogiendo ninguna vajilla, ya que Potter rompió con la señorita Turpin hace cosa de dos semanas.

Draco sintió un pequeño nudo deshaciéndose en su interior.

-¿Cómo lo sabes?

-Andromeda me lo contó ayer.

-¿Harry rompió con ella?

-Eso creo haber dicho.

-¿Mi tía te ha contado por qué?

-No creo que esté informada hasta ese punto. Sin embargo...

-¿Qué?

-Al parecer, Lupin le comentó no hace mucho que Potter no había vuelto a ser el mismo después de vuestra pelea.

Lupin era inteligente. Y su tía y Severus eran Slytherin. Draco sabía perfectamente lo que Snape estaba insinuando.

-Eso... eso no tiene por qué significar que aún le gusto.

-No, supongo que no-convino Snape, dándole un sorbo a su copa de vino.

No podía ser. La esperanza aleteaba en su pecho, amenazando con desbordarle y Draco trató de mantener la calma porque sabía que iba a doler, porque Harry no podía quererle de verdad, no a él. Tanta felicidad no podía ser suya, con todas las cosas que había hecho.

-Estoy seguro de que sólo fue un capricho pasajero. Nunca le habían gustado otros chicos, me lo dijo el propio Ha... Potter.

-Entonces te mintió o se engañaba a sí mismo.-Draco lo miró sin entender-. Te olvidas de que le estuve enseñando Legeremancia en quinto.

-¿Él...? -Snape asintió-. Pero... Severus, he sido horrible con él.

-Oh, es la versión Malfoy de estirar de las trenzas a la chica que te gusta-dijo, sin darle demasiada importancia.

Draco sintió que perdía la batalla contra su esperanza y empezaba a creer que podía ser posible. Su mente aún le recordaba una y otra vez que Harry era el Chico-que-vivió y él era el hijo de Lucius Malfoy, que cargaba con demasiadas culpas para merecerse ser tan afortunado, que Harry ya le había rechazado otras veces, pero lo único que quería era ir a buscarlo porque si había una oportunidad de tenerlo, una sola, la quería. Necesitaba ir a verlo y hablar con él; si no iba, se arrepentiría toda su vida. Tenía que contárselo todo y decirle que le quería. Se merecía saberlo, pasara lo que pasara después.

Su agitación era cada vez más visible y Snape suspiró, exasperado.

-Oh, por Dios, ya me quedo yo con Orion. Vete y deja de poner esa cara, vas a hacer que la cena me siente mal.

Draco se puso de pie, sonriente, y se Apareció en su dormitorio para quitarse la túnica y vestirse rápidamente con ropa muggle. Después pasó un momento por el cuarto de baño para asegurarse de que iba bien peinado y que no necesitaba afeitarse y volvió a Aparecerse en el comedor.

-¿Estoy guapo?-El profesor, que había sacado un libro de algún sitio al quedarse solo, levantó la vista, le echó una mirada de arriba abajo y asintió-. Deséame suerte, Severus, porque si esto sale mal, vas a ser tú quien se encargue de recoger mis pedazos.

-El afortunado es él, Draco. Y si te hace daño, serán sus pedazos los que tendrá que recoger alguien.

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En casa de Harry no había nadie. Draco se maldijo por no haberle mandado una lechuza y después, siguiendo una intuición, se Apareció en lo alto del rascacielos donde se habían hecho amigos. Harry estaba allí, contemplando la puesta de sol. Había algunas nubes en el horizonte que teñían el atardecer de plata y oro, pero Draco pensó que Harry era una vista mucho más conmovedora. Su expresión era seria, triste, pero cuando le vio, se volvió simplemente turbada.

-¡Malfoy!-exclamó, poniéndose en pie-. ¿Qué... qué haces aquí?

Draco se acercó un poco a él, más nervioso de lo que había estado en toda su vida.

-Te estaba buscando.

-¿Para qué?

Ahora que lo tenía delante, no sabía cómo empezar. Estaba tan guapo... Hasta su pelo le parecía bonito.

-Tenemos que hablar.

-¿De qué?

Era obvio que Harry esperaba algo poco agradable y Draco se sintió aún peor.

-Yo... Verás...-Las palabras no le salían. Nunca hasta entonces había necesitado decirlas, incluso se había burlado de ellas cuando era más joven, considerándolas ñoñas. Y ahora ni siquiera alcanzaban a describir lo que sentía por él-. Yo... Harry...

Incapaz de contenerse más, salvó la distancia que le separaba de él, le sujetó la cara entre las manos y le besó con dulzura. Por un momento no le importó siquiera si Harry se lo devolvía o no. Le estaba besando y el mundo volvía a tener sentido de nuevo. Después Harry empezó a responderle; sus labios se movían sobre los suyos con la misma delicadeza, como si temiera hacerse daño si se dejaba llevar. Draco sintió que se derretía como un helado al sol. Entonces dejó caer una de sus manos y la colocó sobre su cintura. Harry le pasó el brazo por la espalda y enredó los dedos en los mechones de pelo que le caían sobre la nuca. Aquella simple caricia envió destellos de placer a todo su cuerpo. Draco entreabrió la boca, buscando más y entonces Harry se separó de él como si fuera lo más duro que había hecho en su vida.

-Draco, no. No, mierda, no juegues conmigo.

Las palabras penetraron poco a poco en su cerebro.

-¿Qué? No. No es un juego-le aseguró, intentando reanudar el beso.

Harry se apartó aún más y esta vez parecía más firme, pero también desesperadamente triste.

-No. La echas de menos y quieres consolarte conmigo, pero no voy a dejar que lo hagas. No tienes derecho.

Draco sabía que Harry no tenía por qué saber lo que él sentía, pero aun así, le pareció un error incomensurable, atroz. Un error que tenía que subsanar de una vez. No bastaba con decirle que siempre lo había querido a él; había habido tantos malentendidos entre ellos que tendría que convencerlo de que era sincero. Y si no le dejaba hacerlo con besos y caricias, lo haría con palabras. Si no le quedaba otra opción, las encontraría.

-Tú no lo entiendes, Harry. Escucha... Podrían pasar mil años y aún estaría lamentando lo de Serena. Era la mejor amiga que he tenido nunca y está muerta porque se casó conmigo y eso no me lo perdonaré mientras viva. Pero nunca estuvimos enamorados. Ninguno de los dos se casó por eso.

-¿Qué?-exclamó Harry, boquiabierto.

-Yo era el último Malfoy. Desde que nací, mis padres me dejaron claro que el mayor deber que tenía, mayor incluso que lamerle el culo a Voldemort, era conseguir un heredero. Sin un hijo, mi apellido y mi linaje morirían conmigo, ¿comprendes? Ya me imagino que mi linaje y mi apellido son pura mierda para ti y no te culpo, pero es... es lo que soy, un Malfoy. Era el último deseo de mis padres, era mi deber y tenía que cumplirlo. Por eso me casé con Serena.

Harry aún lo estaba mirando de hito en hito.

-No puedo creerlo. Ella estaba loca por ti. Y tú... Pero si erais la pareja perfecta.

A pesar de la importancia del momento, de los nervios, Draco tuvo que sonreir un poco.

-Bueno, eso formaba parte del plan. No se trataba sólo de Orion, también queríamos lavar mi imagen y recuperar Malfoy manor. Para eso necesitábamos que todo el mundo pensara que estábamos sinceramente enamorados y prometimos que no haríamos excepciones. Por eso nunca te dije nada. Y tampoco imaginaba que pudiera importarte.

-¿Y todo era mentira?

-No sé qué quieres decir. Estábamos casados de verdad. Queríamos a Orion de verdad. Respetamos nuestras promesas matrimoniales aunque a mí me costara el alma. Éramos un equipo. Y sí, nuestro objetivo era Malfoy manor. Y a lo mejor tú habrías hecho otra cosa más noble en mi situación, no lo sé, pero yo soy un Slytherin y Serena lo habría sido también si hubiera ido a Hogwarts y luchamos con las armas que teníamos.

Harry meneó la cabeza.

-No te estoy juzgando.

-¿No?

-No. Sé que tenías a toda la gente en contra y... y me alegré mucho por ti cuando supe que te habían devuelto tu casa. Es que todo esto es... inesperado. Bueno... Neville me decía que eras demasiado gay para haberte enamorado de una chica, pero yo estaba convencido de que os queríais. Hasta le eché en cara que dudara de vosotros.

-Nunca me hizo mucha gracia incluirte a ti en el engaño.

Harry pareció quedarse pensativo unos segundos y Draco lo miró, intentando decidir si las cosas iban bien o mal. Le había devuelto el beso y estaba claro que, por lo menos, aún le gustaba un poco, pero lo que acababa de escuchar no podía haber hecho que sintiera más confianza hacia él.

-¿Por qué me lo cuentas ahora? ¿Qué es lo que quieres de mí?

-¿Que qué quiero de ti?-exclamó Draco, pensando que casi toda su vida giraba en torno a esa pregunta. Y de repente las palabras salieron solas, como si hubieran estado esperando toda su vida aquel momento-. Cuando tenía cinco años quería que fueras mi amigo para que impidieras que algún mago volviera a echarle una Imperius a mi padre y le obligara a hacer cosas malas. Cuando tenía diez años quería que fueras mi amigo porque a pesar de lo que oía ya en mi casa sobre ti me parecía la ostia que un mago de mi edad hubiera sido capaz de vencer a Voldemort. Cuando tenía once años y te vi por primera vez en la tienda de madame Malkiss, antes de saber quién eras, quise que fueras mi amigo porque tenías los ojos más bonitos que había visto nunca y con esa ropa diez tallas más grande daban ganar de adoptarte y comerte a besos. Si me puse a presumir y a hacerme el importante fue para impresionarte, ¿comprendes? Para gustarte. Cuando te tendí la mano en el expreso de Hogwarts también quería ser tu amigo. Entonces me rechazaste, delante de todos, y fue...como si me hubiera quedado sin magia. Y decidí que te lo iba a hacer pagar. Si empecé a insultarte, a burlarme de ti y a hacerte todas las putadas que se me pasaban por la cabeza era sólo porque me mataba que no quisieras nada mío y porque prefería que me odiaras a que no sintieras nada por mí. Pero en el fondo, aunque lo hubiera olvidado, te quería y cuando cumplí los catorce o los quince años ya no fue sólo como amigo, quería más, mucho más, todo. Lo malo es que ya no volví a acordarme de lo que siempre había sentido por ti hasta que me diste el mejor beso de mi vida y comprendí que desde que recuerdo, te quiero. No sé no quererte y estar sin ti duele.

-Draco...-musitó, dando un paso hacia él.

-Una parte de mí sabe que no debería estar aquí intentando arreglar las cosas. Sólo puedo traerte problemas, Harry, y ya ves lo que le ha pasado a Serena. Y no sé qué sientes exactamente por mí, pero si de verdad me quieres, es que necesitas irte a San Mungo, porque, sinceramente, no estás bien de la cabeza. Pero una vez me pediste que no decidiera por ti y yo soy demasiado egoísta para renunciar por propia voluntad a estar contigo. Así que decide tú.

Ya está, ya lo había dicho todo. Ahora sólo podía esperar un infierno o un paraíso. Harry se había quedado mirándolo con la boca ligeramente entreabierta y una expresión en los ojos que le resultaba familiar, aunque le costó unos segundos reconocerla.

Lo estaba mirando como si fuera la snitch.

De pronto, Harry dio un paso más y lo atrajo hacia él para empezar a besarlo. Draco, con el corazón a punto de estallar de júbilo, sintió su lengua pugnando por entrar en su boca y la dejó pasar como a un huésped largamente esperado, pero Harry no se portó como un invitado. Era un beso posesivo y exigente y el último pensamiento coherente de Draco fue que parecía estar reclamando un derecho que le habían negado durante mucho tiempo. Abrió más la boca, deseoso de complacerle, le abrazó con la misma fuerza, emborrachándose de su sabor y de su olor limpio y masculino. Harry suavizó un poco el beso, la mano con la que le sujetaba la nuca se convirtió en una simple caricia.

-Te quiero-murmuró contra sus labios-. Oh, Dios, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero.

Sonaba aliviado, como si contener esas palabras durante tantos meses hubiera sido una tortura insoportable, pero lo único que Draco sabía es que la pieza más importante de sí mismo volvía a ocupar su sitio después de mucho tiempo.

-¿De verdad?

-Sí, sí.-Se separó de él, sujetándole por los hombros-. ¿Tienes idea de lo que sentí cuando llegamos a Malfoy manor y te oí gritar? ¿Tienes idea de lo que sentí cuando creí que Lestrange te había matado?-Lo volvió a abrazar con tanta fuerza que Draco sintió crujir sus costillas, pero no pudo importarle menos-. No vuelvas a hacerme algo así. ¿me oyes? Nunca.

-Lo intentaré.

-Maldito pijo, estúpido, subnormal...

-Lo sé... Lo sé...-dijo, acariciándole el pelo para consolarlo.

Harry le dio un beso en la mejilla antes de dejar de abrazarlo y sujetar su cara entre las manos. Draco pensó que iba a besarlo otra vez-genial, sí-, pero en vez de eso se lo quedó mirando con ojos incrédulos y fascinados. Otros hombres y mujeres lo habían mirado así antes y sólo habían conseguido halagar su vanidad; sin embargo, en esa ocasión se sintió humilde y poderoso y agradecido porque ahora se trataba de Harry y había soñado con recibir esa mirada de él durante toda su vida. Y, entonces se buscaron a la vez para besarse una vez más, un beso lento, largo e intenso que los dejó a ambos temblando de deseo.

-¿Nos... nos vamos a mi casa?-preguntó Harry, casi sin aliento.

Draco asintió, notó el familiar hormigueo en la punta de los pies y se encontró de pronto en el dormitorio de Harry, junto a su cama. Los besos continuaron; la ropa era una molestia de la que se deshicieron rápidamente. Draco sentía su auto-control evaporándose a cada caricia de Harry y cuando se quedaron por fin desnudos y cayeron sobre la cama, gimió al sentir el contacto de la piel con la piel. La urgencia de su deseo creció, su respiración se hizo más agitada. Quería más, lamerlo de la cabeza a los pies como si fuera un enorme caramelo, entrar en él, reclamar su cuerpo y hacerlo suyo, pero no iba a durar, no iba a durar... Entonces sintió la mano de Harry deslizándose con firmeza por su casi dolorosa erección y echó la cabeza hacia atrás.

-Oh, Harry...

No, no iba a durar. Casi sin pensar le devolvió la caricia y apenas habían pasado unos segundos cuando lo oyó ahogar un grito y sintió cómo se tensaba y pensar que se estaba corriendo gracias a él fue el detonante de su propio orgasmo. Harry se desplomó sobre él, jadeante, cálido, y Draco lo envolvió en sus brazos como si temiera que fueran a arrebatárselo. Sus respiraciones se acompasaron juntas y Harry se movió para besarlo profunda y apasionadamente.

-Esto ha sido más rápido de lo que quería-confesó, separándose de sus labios sólo unos milímetros.

-Sí, hemos batido un record por lo bajo-convino Draco, esbozando una sonrisa. A pesar de todo, no recordaba haberse sentido tan feliz después de un orgasmo en toda su vida. No podía creerlo. Estaba con Harry. No era uno de sus sueños, estaba realmente con él.

Harry le apartó un mechón de pelo de la cara.

-Tenía tantas ganas de estar así contigo... Pero quiero que lo hagamos bien, Draco. Despacito.

Draco asintió suavemente, y aunque era un poco pronto para sentirse excitado de nuevo, se le pusieron mariposas en el estómago sólo de oirlo hablar de sus planes.

-Yo estoy listo si tú estás listo.

Los dos lo estaban.

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NdA: No os imagináis las ganas que tenía ya de llegar a esta parte. Y he vuelto a pasar de los diez comentarios!! Qué feliz soy!!

Hum, le he dado recuerdos a Sev de parte de algunas de vosotras y su respuesta ha sido la siguiente: "Si vuelven a insinuar siquiera que hay algo encantador o tierno en mi persona, me veré obligado a envenenarlas personalmente. Uno no se hace mortífago y mata a Dumbledore para que luego unas muggles chaladas vayan por ahí tratándolo como si fuera un repugnante oso de peluche". Dice Draco que leáis entre líneas.

Catzeruf, bueno, yo diría que a Draco las cosas ya le van un poquitín mejor : )

Lireve, pero si Harry no está enfadado con Draco. Espero que en el cap de mañana, en el que da unas cuantas explicaciones, se entienda mejor lo que ha pasado. En realidad él ha estado creyendo todo el rato que Draco estaba sinceramente enamorado de Serena y no sentía nada especial por él. Bueno, si cuando leas el de mañana aún tienes dudas, te lo explico mejor.

Koneko no te preocupes por Draquito, ya has visto que ahora ha recibido mucho más de Harry que un abrazo : )

Susi pobre Harry, si lo único que le pasa es que está muy confundido y no sabe cómo reaccionar... Ya has visto que en cuanto Draco le ha aclarado las cosas ha sabido qué hacer, jeje. Y sí, ahora que has mencionado a las Embrujadas me he acordado de Wyatt. Tb era un bebé de armas tomar, jaja. Nos vemos mañana!

Tefi, a mí me encantan los salvamientos heroicos

Entertain me Malfoy, tú sí que eres guapa! Y vaya maratón de líos para leer los capítulos, ¿no? Espero que te sea más fácil esta vez. Harry acudió al rescate, y ya ves que lo pasó muy mal. Si luego actúa así es porque está muy confundido respecto a los verdaderos sentimientos de Draco. Me alegra que te apenara un poco la muerte de Serena y su funeral. Muchos besos a ti también y gracias por todo lo que me dices. Contestar a tu larguísimo comentario fue un placer, puedes creerlo

HinoJM ay, ¿de verdad te apenó lo de Serena más de lo que creías? Si es que era una gran chica... Y ayudó muchísimo a Draco. Si esto no hubiera sido una historia slash, habría hecho que se enamoraran el uno del otro y vivieran felices para siempre. Pero prefiero a Draco con Harry, qué vamos a hacerle, jaja. A mí Harry nunca me ha parecido exactamente perspicaz y además, está hecho un lío. Ahora que Draco le ha aclarado las ideas, mira qué poco ha tardado en reaccionar.

Drakitap, amiga, ¿cómo estás? Espero que sonriendo, después de cómo ha terminado el cap, jaja. Harry estaba histérico cuando creía que Draco había muerto, pobrecito. Orion es muy listo, sabe seguir los consejos de su padre. Me alegra que te pareciera triste lo de Serena; la chica se lo merece, en mi opinión, Draco nunca habría llegado tan lejos sin ella. Y el pobre Draco está hecho polvo y creo que es normal que se sienta culpable. Menos mal que tiene el carácter que tiene y enseguida estaba listo para ir a por su Harry... con una ayudita de su Severus, claro. Oye, y no me molesta en absoluto que me escribas, todo lo contrario : ) Me encantan tus comentarios y me hace mucha ilusión que pienses que escribo tan bien. Besitos y que tengas un buen día.