(Continuación de mi OS "Could you model for me?". Les recomiendo que lo lean primero antes de leer este.)

El fuego ardió y los consumió.

Gracias a la instantánea conexión entre diseñador y modelo, crearon una colección de modas que restó en las mentes de todos los aficionados y profesionales de ese mundo meses después de que la semana de la moda de Nueva York hubiera pasado.

En cierto modo para Kurt, Sebastian dejó de ser, en ese primer instante en el estudio, otra cara y otro cuerpo más. Se convirtió en su musa, en su inspiración. En la fuente inagotable de ideas que hizo que terminara el set de diseños mucho antes de lo previsto.

Y para Sebastian, el diseñador fue el motivo por el que sonreír más amplio, por el que ser más coqueto, más elegante, más sensual... Por el que encantó a la concurrencia que acudió a verlo desfilar en la pasarela y les hizo preguntarse qué había cambiado en la vida del castaño para que ahora este desprendiera luz.

Porque ambos eran pura luz en aquellos instantes. Juntos o separados, daba igual.

No había día que los dos no pasaran unos minutos juntos y, aunque el contacto físico fuera mínimo porque estaban en un sitio público y su relación era secreta, eso bastaba para alegrarles el día a los dos.

Kurt culpaba a Sebastian y a su maldita y brillante sonrisa por haberlo convertido en un tonto romántico (incluso más de lo que ya era) y por sentirse de nuevo como un adolescente escondiendo una relación de la que nadie en el colegio podía saber.

Y, por otro lado, Sebastian culpaba al ojiazul de haberlo cambiado completamente, de las sonrisas tontas que adornaban sus labios todo el día y de que andara perdido en las nubes.

Rápidamente pasaron dos años. Y su relación no hizo más que mejorar.

Lo que al principio ambos habían considerado una relación que no llegaría a ninguna parte, porque ambos eran tan diferente y aun tenían sus reticencias respecto al otro, se convirtió pronto en una relación estable.

A lo largo de esos dos años, ambos, como diseñador y modelo, habían recorrido el globo y exhibido los diseños del castaño menor por todo el planeta. Este se había hecho verdaderamente famoso y cada vez había más demanda de todo lo que creaba.

Aquellas diferencias que en un principio habían creído que los separarían, los habían unido todavía más y ellos se habían dado cuenta de que se complementaban.

El cambió en la vida de ambos ocurrió cuando dos años después de haber empezado a salir acudieron a París a exhibir los nuevos diseños de Kurt en una convención de moda en representación de la famosa marca para la que trabajaban.

Habían hablado con su jefa y habían decidido que era un buen momento para hacer pública su relación. Y ese día, en que le habían revelado su secreto al mundo y habían aparecido en el evento cogidos de la mano, fue el día en que Kurt tuvo una revelación.

Sentado, horas más tarde, junto a Sebastian en el balcón de su habitación de hotel, admirando la capital del amor, se dio cuenta de que aquel era su lugar. El suyo, el de ambos. Aquel sitio había sido participe de algunas de sus aventuras y cuando le confesó a Sebastian aquello, el otro joven le preguntó qué porqué no establecía la sede de su tan ansiada marca propia allí.

Hummel llevaba meses deseando abandonar el trabajo que lo había llevado al estrellato para crear su propia marca de diseños. Mucha gente conocía ya al diseñador KH y todos y cada uno de ellos amaban su trabajo. Quizá era por la pasión que Kurt volcaba en cada diseño que hacía, en cada pliegue, en cada trozo de tela que luego cortaba y cosía...

Su ropa tan especial para hombre le había regalado un nombre que se encontraba en boca de todos los caballeros de las altas esferas que lucían sus diseños, casuales o elegantes, con orgullo.

Así que cuando su novio de dos años le propuso ayudarlo e invertir parte de su fortuna en la creación de la primera tienda KH y su propia sede, aceptó.

Los dos se pasaron un año y medio trabajando en la construcción de su nuevo sueño y, una vez este estuvo completo y lo único que les faltaba era despedirse de sus familias y marchar a Europa, abandonaron su trabajo en la antigua casa de modas.

Kurt y Sebastian se instalaron en una de las varias casas que la familia Smythe tenía repartidas por el mundo. A las afueras de París, ambos hicieron de aquella casa un nuevo y acogedor hogar.

Poco a poco, la sede central de KH se fue llenando de empleados y de jóvenes diseñadores afiliados con grandes sueños (como los del propio Kurt) que encontraron un lugar donde eran valorados, escuchados...

Obviamente, la cara principal de la marca era el propio Sebastian, que enseñaba su blanca sonrisa en los carteles que empapelaban medio mundo. Pero él, igual que su novio, tomó bajo su ala a unos cuantos jóvenes modelos para ayudarles a mejorar y asegurarles un puesto fijo en la marca.

Ambos, siguieron recorriendo el globo y llenando las grandes ciudades de tienda KH y disfrutando de su relación.

Un día, un año más tarde, cuando faltaban unos meses para la semana de la moda de París, Kurt le pidió a su novio que acudiera a su despacho en la sede.

Sebastian llegó hasta allí, después de terminar la sesión de fotos que había estado realizando cerca del Louvre, y cuando traspasó las puertas de la sede, y llegó a la planta donde estaba el despacho de su pareja, se encontró a Madelaine, la secretaria del ojiazul, que le reveló que su jefe había comenzado a crear la colección que él desfilaría en la semana de la moda de París.

Traspasó las puertas y se adentró en la habitación. Le llegaron ruidos desde el taller contiguo al despacho y supo que su amor estaba allí.

-¿Kurt? ¿Cariño? Soy yo. Ya estoy aquí. ¿Qué querías enseñarme?-Preguntó.

-Es el primero de mis diseños. Creo que es algo especial. Está encima de mi escritorio. Dime qué opinas.

Con cuidado, Sebastian se acercó al mueble, sobre el que se encontraba una hoja de papel con un boceto a color. Fijó la vista en él y abrió los ojos como platos. ¿Eso era...?

En el dibujo, un elegante traje de novio se encontraba. Y junto a él, en la elegante caligrafía de Kurt, estaba escrito:

"Ya sé que hace mucho que no te hago esta pregunta, pero... ¿Modelarías este diseño para mí? Y lo más importante, ¿lo harías en nuestra propia boda?"

Al sentir unos toquecitos en el hombro, el ojiverde se giró, y se encontró a su novio con una rodilla en el suelo y una caja con un anillo entre las manos.

-¿Lo harías?-Preguntó este de nuevo.-¿Te casarías conmigo?

Y Sebastian no pudo más que asentir y lanzarse a besar a su novio como si no hubiera mañana. Una vez más, el fuego los consumió.

N.A. Hola, chic s ! Aquí está el OS de mayo. Os traigo la continuación de mi OS de Kurtbastian a petición de: DanhyWinchester . Espero que te haya gustado. Ha estado divertido hacerlo... El mes de junio os traeré un OS veraniego. Especialmente creado para aquellos, que como yo, estamos en el lado del Equador en el que empieza pronto el verano. Será de Faberry a petición de whateveralien .

Besos,

Anna

Klaine_is_my_life_forever