"Te amé tanto que, un día, abandonó mi alma

la cárcel de su cuerpo. Errátil, y no hallándote,

regresó a la morada que yo daba por mía.

Mas no estaba mi cuerpo donde allí lo dejara,

sino el tuyo, vastísimo, como un templo de oro.

y no le diste asilo. Y ya no tendré muerte".

-Poema Inmortalidad de VICENTE NÚÑEZ.

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No sabía cuánto tiempo había pasado, quizá fueran sólo dos o tres días, o semanas. La verdad era que me negaba a comprobarlo en mi celular, o en cualquier otro aparato tecnológico, probablemente por temor o por simple estupidez. Los primeros días me pasaba el tiempo echada en la cama con la vista perdida en la ventana y con Val a mi lado intentando consolarme. Pero después comencé a llenarme la cabeza de órdenes absurdas para que llenaran el vacío y me impidieran pensar en algo más.

"Ahora tienes que comer Karim", "Ahora tienes que tomar un baño Karim", "ahora tienes que lavar los platos Karim".

Así se pasaban mis días. Decir que me sentía como un autómata era decir poco.

Poco a poco pude volver dormir y para mi suerte no recordaba mis sueños, aunque en más de una vez había despertado con los ojos húmedos.

Pero aún me pasaba largo tiempo mirando por la ventana, la temporada de lluvias seguía y en el vidrio escribía constantemente las palabras: Distancia, Engaños, Rupturas, Peleas y Silencio. Hasta que Val llegaba y pretendía alejarme de mi ensimismamiento, siempre con alguna idea "divertida" nos sentábamos a mirar películas, siempre y cuando no fueran de amor.

Algunas veces también podía ver a Roger en casa, peleaba con Val acerca de mí, el insistía en que yo debería salir de aquí para enfrentarme al mundo. Pero Val decía que yo sólo necesitaba tiempo. Y la verdad era que cada vez que ellos hablaban de sacarme al mundo exterior yo comenzaba a experimentar un pánico indescriptible. Él es famoso, quizá los paparazis hayan descubierto mi casa y estén haya afuera para acribillarme de preguntas que no harán más que acrecentar mi dolor. No. Tiempo eso es lo que necesitaba, tiempo para poder reconstruir aquella muralla impenetrable que me separaba del mundo y sus dolores.

Sin proponérmelo cada vez era más consciente de lo que me rodeaba, de las miradas preocupadas de mis amigos, del sabor de la comida o de los objetos que me rodeaban. Mi teléfono celular no estaba y tampoco mi laptop. Vagamente recordaba a Val llevarse todo aquello para que yo no me viera tentada. Aunque realmente si quisiera llamarlo podría haberlo hecho, pero ni siquiera me creía con el coraje suficiente para seguir rogando.

Lentamente fui integrándome nuevamente a mi vida cotidiana; salía de compras y miraba la televisión, lo cual ya era un gran avance. Comencé a cocinar por mi cuenta y a veces hasta ponía atención a lo que Val me contaba. Mi muralla estaba mejorando, hacía caso omiso de las miradas curiosas de las personas en la calle, por suerte ninguna me preguntaba directamente nada, sólo se limitaban a cuchichear entre ellos. Supongo que debería de empezar a acostumbrarme.

Me deshice de aquel sillón y reorganice mi habitación. Cada vez mi departamento se quedaba más vacío. Regresé a leer, podía pasarme las horas leyendo un libro. Era como un bálsamo, al menos no había perdido la capacidad de alejarme del mundo de aquella forma.

Mi vida era tranquila pero sabía que no seguiría así mucho tiempo, necesitaba un trabajo, era posible que me despidieran de la biblioteca y no regresaría a Janas, entonces fue que tomé una decisión. Val siempre me decía que tenía que ir a las oficinas de la revista para tomar mi último pago. Al principio creí que era una mala idea pero necesitaba el dinero para hacer lo que quería hacer.

Sin decirle a nadie salí de mi departamento hasta aquellas oficinas. Aunque no fuera así sentía los ojos del mundo mirándome. Las manos me temblaron al tocar la entrada del edificio. Por suerte mi tarjetón de empleada aún no se había vencido. El pecho se me comprimió al no ser capaz de encontrar una diferencia entre aquellos días y éste. Quizá mi egoísmo no me permitiera ver que todo el mundo seguía como si nada. Entré en el ascensor con las piernas temblorosas, las manos también me sudaban, y fue hasta llegar a lo que antes fue mi piso que no tuve las verdaderas ganas de salir huyendo de aquel lugar, pero era demasiado tarde, tenía que enfrentarme a esto.

Crucé la oficina con paso decidido, Val se encontraba ahí pero permaneció tranquila concediéndome una sonrisa de aliento. Evitaba encontrarme con los ojos de los demás y en especial evitaba toparme con una masa de cabello rojizo. Inspiré hondo antes de abrir la puerta de la oficina de Hanna y verla hablar por teléfono con un número de la revista en la mano. Me hubiera gustado verla asustada por mi presencia, pero ella sólo asintió lentamente y me indico que me acercara, colgó el teléfono y me miró como si nada hubiera pasado.

—¿Estas lista para reintegrarte a tus deberes? —me habló tranquilamente, pero aun con tono cauteloso.

—No voy a regresar —hablé firmemente—, vengo a recoger mi último pago —entre más rápido resultara aquello más rápido me alejaría de todo.

Ambas guardamos silencio durante lo que parecieron horas.

—¿Hablas enserio Karim? —Ella lucía como una niña a la que le hubieran reventado su globo—. Te juro que yo no tenía idea de lo que Camil hizo, pensé que estabas enterada —su autocontrol se fue por el caño.

—Pues quizá deberías de cerciorarte de ciertas cosas antes de publicarlas —no quería sonar irrespetuosa pero su cobardía me hastiaba.

—Karim por favor —me rogo.

—Sólo vine a recoger mi último pago —repetí cada vez con menos paciencia.

Hanna liberó un suspiro antes de tomar su chequera y comenzar a escribir. Yo miraba su caligrafía y como incluía un poco más del dinero correspondiente.

—No es necesario —la interrumpí.

—Lo es —dijo simplemente ella antes de tenderme el papelito.

Tomé vacilante el cheque.

—Fue un gusto trabajar contigo Karim, eres una gran chica —por un momento aquella mujer fuerte y decidida dejaba ver una muestra del humano que habitaba el ella.

—Gracias por la oportunidad.

—Espero poder vernos otra vez —ambas nos levantamos de nuestros asientos y nos estrechamos las manos dedicándonos lo que parecían ser sonrisas sinceras.

Salí de su oficina con el presentimiento de que jamás la vería de nuevo.

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—¡No, no puedes! —Val se encontraba sacando cada nueva prenda que yo metía dentro de la maleta.

—Tengo que hacerlo Val —le dije con tono tranquilo mientras incluía la playera que ella había sacado.

—¡Por qué no me lo dijiste antes! —Eso no era una pregunta, sino un amplio reproche con fundamentos—, Ya sé, vámonos de vacaciones unas semanas y luego… —me miró con la suplica marcada en sus ojos.

—No puedo —desvié la mirada enseguida. Ésta era mi decisión y nadie podía hacerme retroceder.

—¡Es que no lo entiendo! —Mi amiga se puso de pie y anduvo de un lado para otro en mi habitación—. ¡No puedes dejar que esto te venza! me acusó.

—Es por eso que necesito irme Val —mi voz se rompió. Sin proponérmelo metí con más fuerza de la necesaria unos jeans.

—¿Qué?

—Necesito alejarme todo lo que pueda, para… para no ir corriendo a esa casa y rogarle que regrese —me limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano mientras seguía haciendo mi maleta—, tengo que aferrarme a la poca dignidad que me queda —dije por fin sentándome en la cama, sintiéndome estúpida por decir aquello por alguien que es obvio que no siente ni lo más mínimo.

—Es que… —Val se mordió un uña antes de sentarme a mi lado—, te voy a extrañar tanto —no me atreví a mirarla hasta que sus manos se enrollaron alrededor de mi cuello en un abrazo.

—Estarás bien, siempre lo has estado —intenté consolarla, ¿En qué momento se habían intercambiado los papeles?

—Pero debí protegerte —las lágrimas comenzaron a descender por su rostro.

—No fue tu culpa Val —la abrace de igual forma. La verdad era que lo que menos quería era hablar de él y de lo que paso.

—Pero me siento tan culpable —la alejé un poco de mi y la tome por los hombros.

—Nadie sabía que esto iba a pasar y… —vamos dilo—, puede que fuera necesario —dilo hasta que te lo creas.

Val no dijo nada más sólo me abrazo fuertemente y mencionó que me visitaría seguido aun cuando yo no quisiera.

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Esa misma tarde recibí la visita de la señora Gram, la esposa de Michael Gram, el famoso editor con el cual yo tenía un arreglo acerca de mis historias.

—Señora Gram —no pude evitar la sorpresa de su visita.

—Karim, ¿Cómo estás? —me saludó cortésmente como su herencia inglesa se lo dictaba.

—Bien, ¿Qué tal está usted?, debo decirle que es una sorpresa… entre por favor —me hice a un lado para dejarla entrar a mi apartamento. Aquella era la primera vez que Martha me visitaba y aun no entendía en porque.

—Excelentemente bien Karim, gracias —elegantemente se quitó los guantes y se sentó en uno de los nuevos sillones que había comprado.

—¿Puedo servirle algo? —me ofrecí.

—Un té de manzanilla estaría bien —me dijo aun con la sonrisa amable en su cara.

—Claro —salí hacia la cocina.

Al poco tiempo regresé con una tetera y dos tazas para servir el té.

—Aquí esta —me senté a su lado en el sillón y comencé a servir.

—Muchas gracias —la señora Gram tomó su taza.

Yo la imité y le di un corto sorbo al té de manzanilla.

—Sé que te iras —anunció aun con tono respetuoso pero yo no pude evitar atragantarme con el té—, oh lo siento —se disculpó ella mirándome alarmada.

—No se preocupe —intentaba recuperar la facilidad de jalar el oxígeno a mis pulmones—. ¿Fue Val? —vaya pregunta, claro que había sido ella quien se lo dijera.

—Ella llamó a mi esposo para que él impidiera que te fueras, yo estaba ahí cuando ambos conversaban —hizo una pausa mirando mi cara—, claro que no puede hacer nada —dejé salir un suspiro de alivio.

—Entonces usted viene… ¿a impedírmelo? —no sabía la manera en que podría enfrentarme a aquello si llegara a pasar.

—No quiero ser entrometida niña, solamente que, conozco tu situación —me lo dijo lentamente—, y no quiero que esa sea la única razón de tu… viaje —parecía dudosa sobre cómo tratar el tema.

Eso quería decir qué toda está "situación" era de dominio público, me sorprende que mi madre no mencionara nada por teléfono. Me pregunto cómo me habrán retratado los medios, ¿Cómo la malvada mujer que vendió su vida privada por algo de reconocimiento?

—No sabía que estuviera enterada —rodee la taza con mis manos.

—Lo estoy, créeme que no era mi intención —no le respondí ya que era probable que así fuera—, he estado muy preocupada por ti Karim —alcé la mirada y me tope sus ojos maternales—, lamento todo lo que ha pasado. No puedo decirte más porque no logro entenderlo, pero tienes todo mi apoyo y más importante mi confianza para que salgas a flote, de la manera que tu consideres mejor. Cualquier decisión que tomes Karim, será la correcta —ella hablaba con aplomo y tranquilidad. Quizá si me hubiera dicho esto antes me habría echado a llorar en su regazo pero ahora sus palabras solo reafirmaban mi fe en lo que estaba haciendo.

—Gracias —fue lo único que atine a decir. Pero era sincero—. Terminaré el proyecto —le dije con un dejo de mi antigua seguridad en mi misma.

Ella solamente me sonrío y ambas proseguimos a terminarnos aquel té.

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Quizá fuera la melancolía de haber dejado todo lo que me rodeaba atrás; a mis amigos, mi trabajo, mi casa. O fuera sólo la seguridad de estar lejos de todo aquello lo que me impulso a abrir de nuevo aquel archivo de lo que sería mi última novela para el libro. Tal vez simplemente la pasión porque mis dedos escribieran lo que mi mente les dictaba y así por fin verter mis sentimientos en palabras que pudieran florecer.

Inmediatamente después de aterrizar pude notar cómo era recibida en mi casa, no era nada en especial, sólo el aroma del lugar, la sensación de comodidad. Aquel lugar siempre sería el lugar donde nací, siempre sería un hogar. Mi hogar.

Tomé un taxi y me dirigí a mi hotel, no regresaría a casa de mi madre, ni hablar, por ahora necesitaba mi espacio. Sólo mi espacio. Le di las instrucciones al conductor con precisión cuando él me pregunto qué rumbo podríamos tomar para llegar, afortunadamente yo sabía perfectamente la dirección, no era una turista a la que podía cobrarle el doble por llevarla en la ruta más larga. Me deleite al ver a la ciudad iluminada, era concurrida sí, pero para nada comparado con los ángeles. Era bueno ver que no muchas cosas habían cambiado. A la mañana siguiente tendría que buscar un nuevo empleo, pero eso en lugar de afectarme me entusiasmaba, poco a poco iba recobrando la necesidad de lograr todo lo que deseaba.

Eran las cuatro con veintitrés de la mañana cuando llegue al hotel Holiday Inn Express, fue en ese momento cuando supe que jamás seria la misma.

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Había terminado mi turno en la biblioteca y ahora pretendía regresar a casa. Me despedí de Marge con una sonrisa y fui recogiendo mis cosas, no sin antes dedicarle una última mirada al escaparate que ocuparía el último libro mío.

—Descansa esa mano —me dijo Marge acercándose a mí—, mañana será peor, por lo de la firma de autógrafos —sus risos rebeldes rojizos se movieron al lugar donde reparaba mi mirada. Ella era la responsable de que hubiera dejado de odiar el rojo.

—Lo tendré en cuenta, aunque es posible que no haya tanta gente —dije simplemente hundiéndome de hombros.

—¿Bromeas verdad? —Me miró indignada—, ¡Estos libros son como la Biblia para algunas personas! —Achicó sus ojos azules—, o será que te encanta que te diga estas cosas.

—Un poco —le dije en tono bromista.

—¡Karim! —chilló indignada.

Yo me reí sonoramente antes de que las personas que quedaban aun dentro de la biblioteca me silenciaran con su mirada, podía ser una especie de estrella por estos lugares pero un buen libro se disfrutaba en silencio.

—Debo irme ya —anuncié.

—Antes de eso… —Margue fue hacia su escritorio y saco una nota.

—El viejo Gram llamó para confirmar una firma en Florida —ella siempre con esa ligera falta de respeto y con su acento sureño de alguna extraña forma la volvía adorable.

—Es el señor Gram —le aclaré.

—Cómo sea Karim, ¿confirmo o no? —rodé los ojos, esta chica era imposible y quizá por eso la contratara.

—Confírmala, y si puedes dile que le llamaré mañana —me coloque el abrigo y recogí mi cabello en una coleta.

—Bien —ella sacó un bolígrafo del bolsillo trasero de sus jeans y lo anotó.

—Sabes, llama a John para arreglar de la cita de la publicación de su libro, no quiero perdérmelo.

—Sí, que interesante, un tipo que puede viajar a través del tiempo, es tan Dr. Who —arrugo su pequeña nariz como hacía cuando algo no le agradaba.

—Vamos Marge, es un buen libro, la semana pasada te vi en el almacén leyendo el borrador —le dirigí una mirada suspicaz.

—Tenía que leerlo para saber lo malo que era —ella alzó su barbilla desafiante.

Yo sabía que el problema que John tenía se llamaba prometida.

—Claro, claro… —le concedí yo—. Bien, me voy, ten cuidado al irte a casa.

—Lo tendré, ¿recuerdas el gas pimienta que compré la semana pasada? —Sus ojos brillaron—, ya ansío usarlo en alguien —una sonrisa parecida a la del Grinch se extendió por su rostro.

Salí de la biblioteca camino hacia el estacionamiento cuando una persona me llamo a la espalda. Me giré un poco asustada, pero ahí solo se encontraba un hombre alto, ancho de espaldas y con el cabello de corte militar. Yo lo conocía.

—¿Señorita Karim? —Ian me saludó. Yo me lancé él y lo abracé fuertemente. Desde que era guardaespaldas de Bill no lo había vuelto a ver.

—¡Ian, pero que alegría verte!

—Lo mismo digo, Karim —fue en ese momento en que miré sobre su hombro. Nada ningún auto.

—¿Has venido a pasar algunas vacaciones? —le pregunté para alejar a mi mente de lo que comenzaba a imaginar.

—No, de hecho estoy trabajando aun —una pequeña sonrisa de su parte y un apretón al corazón de parte mía fue lo que me condujo a realizar la siguiente pregunta.

—¿Y aun trabajas para la misma persona? —hubiera preferido que la voz no me temblase.

—Es precisamente de eso de lo que vengo a hablar. Alguien quiere verla.

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Continuara…

Nop este tampoco es el final XD para que no me maten ok?

Tenía un final en mente pero no me parecía justo dejarlas con esa imagen, entonces lo cambie un poco pero no es alejado de lo que había planeado.

Pero les tengo malas noticias, el siguiente si es el capítulo final combinado con el prólogo, ustedes ya juzgaran ;)

Espero que el cap les gustara y lo disfrutaran como yo al escribirlo.

Muchas, muchas gracias por sus opiniones y mensajitos! Los aprecio como no tienen una idea :')

Besos y abrazos aplastantes!

Siempre suya: Deka.