HOLA, BUENAS NOCHES, YO REPORTANDOME, LAMENTO LA DEMORA, PERO MI ALMA ESTABA SIENDO ABSORBIDA POR UNOS DEMONIOS LLAMADOS PROFESORES Y PROYECTOS DE CIERRE DE SEMESTRE, LO CASUAL...

PUES BIEN, AQUÍ VA EL SIGUIENTE CAPÍTULO... VOY A CONFESARLES QUE RETOMAR LA HISTORIA, ME HA COSTADO UN POCO, Y NO SE SI ESTE CAPÍTULO LLENE SUS ESPECTATIVAS, DE TODAS MANERAS ESTOY AL PENDIENTE DE SUS COMENTARIOS.

YA PRONTO TENDRÉ DOS SEMANAS DE VACACIONES Y PIENSO TOMAR UN PAR DE DIAS PARA ESCRIBIR MÁS CAPÍTULOS.

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CAPITULO 28


SER YOUKAI

- Hayato… - Yuka se había quedado meditando, por varias horas, los comentarios nada discretos de Rin - ¿Podría él quererme de esa forma? – una sensación de ansiedad la carcomía – Jamás – la palabra quebró el silencio de la habitación en la que se encontraba.

En ese momento entraba Yoko, su rostro se veía un poco serio, pero al cerrar la puerta, soltó una gran cantidad de aire, como si hubiera estado reteniendo la respiración por largo rato.

- ¿Te pasa algo? – preguntó Yuka, a la recién llegada.

- Es que los sanadores no me dejaban pasar – comenzó a sacar uno de sus famosos frascos – y yo quería compartir esto contigo – lo destapó y sacudió, sobre un plato que había sobre una mesa, cayendo dos piedritas.

- ¿Qué son? – preguntó, ya que Yoko podía transformar hasta a Kyosuke en una rama y nadie lo notaría… nadie además de Hayato y su amo, claro está…

Chasqueó lo dedos y las pequeñas rocas se transformaron en dos hermosos y bien adornados pastelillos, tanto que a Yuka se le hizo agua la boca.

- Se supone que no puedes comer golosinas hasta que salgas y bla, bla, bla; pero yo creo que un poco de azúcar te ayudará a recuperarte y además, porque están hechos de cerezas que recolecté más temprano – le acercó uno a Yuka.

- ¡Muchas gracias! – Los ojos de Yuka brillaban como grandes luceros, pero antes de morder… - ¿No es una trampa verdad? – arqueó una ceja.

- Que desconfiada – Yoko, tomó el pastelillo que le acaba de dar y le dio una mordida para que viera que solo era un postre matutino y luego se lo devolvió y siguió comiendo el suyo.

- Se llama ser precavida – mordió el dulce, su paladar lo agradeció. No había tomado más que medicinas amargas y comida baja en sal, peor que una dieta – Delicioso –

- Me alegra que te haya gustado, ¿sabes? Son los primeros pastelillos a los que no les pongo una sorpresa dentro – le sonrió.

- Sí, es un hecho memorable – Yuka, intentó acomodarse, pero la herida aun dolía - ¡Tsk! – apretó los dientes por instinto.

- ¿Duele mucho? –

- ¿Qué te hace pensar eso? – sonrió de lado.

- ¡Yuka! Tú siempre de sarcástica… - hizo un puchero – pero así te queremos y ya te extrañamos en los oficios diarios, además no es lo mismo si nadie nos separa durante las peleas a Kyo y a mí – se rio.

- Bueno, creo que aun estaré aquí un par de días y… -

En eso entraron a la habitación Hayato junto al sanador encargado de Yuka.

- ¿Entonces puede salir pero no puede retornar al trabajo? – ambas chicas escuchaban atentamente la respuesta a la pregunta.

- Es correcto, su hombro aún está regenerando la carne y piel, por la naturaleza del arma con la que fue hecha, tardará un poco más de lo normal, pero sabemos que nuestra paciente odia estar postrada en una cama… - miró de reojo a Yuka, quien sin darse cuenta, estaba de pie junto a Yoko.

- Eso es seguro – Hayato plantó su mirada directo en los ojos de Yuka, acción que fue correspondida por un leve rubor en las mejillas de la loba – Bien, Señoritas, creo que podemos irnos de aquí – miró a Yoko, dándole a entender que saliera ella primero.

- ¡Yuka! ¡Eres libre! – Yoko le dio un fuerte abrazo, pero retrocedió al sentir el estremecimiento en el cuerpo de la loba - ¡Lo siento! –

- No… te preocupes – La miró con un ojo cerrado por el dolor que le causó su repentina muestra de afecto – Sólo… hazlo con mayor delicadeza la próxima, al menos mientras mi herida sane del todo –

- De acuerdo –

En eso se escuchó la voz de Kyosuke, Kioshy y Hiromi, llamando a Yoko, quien realmente andaba prófuga de sus tareas.

- ¡Uy! Creo que ya tengo que regresar – sacó la lengua y se fue corriendo en dirección a donde provenían las voces.

- Yo también tengo cosas que hacer, permiso – el sanador se retiró.

- Bien, quiero darme un buen baño, así que si me disculpas… - al intentar avanzar, su mano derecha fue sujeta por Hayato.

- Yo te acompaño hasta tu habitación – aquellos ojos llenos de ternura, combinados con el verde profundo de los ojos del dragón harían derretir a cualquiera.

- Yo… Yo… - Yuka era presa de los nervios.

El dragón le sonrió y soltó su mano, indicándole que avanzara.

Yuka sólo llevaba puesta una bata blanca, un poco delgada, y el frío de la mañana no era buena combinación.

De pronto sintió como un abrigo de piel, era colocado en sus hombros, como aquella noche… su rubor empeoró, sintió más calor de la que deseaba.

- Si te pregunto, ¿Por qué te ruborizas tanto cuando te miro?, ¿Me responderías? – le susurró al oído.

El pasillo que daba a las habitaciones del personal de servicio, estaba solitario a esas horas.

- Mírame – prácticamente le ordenó a la joven - ¿Acaso también te gusto? –

La mirada intensa del dragón sobre ella, la mezcla de frío y calor, no era la mejor situación para que él le preguntara eso, pues en verdad, no estaba segura de nada, no lo había pensado… lo suficiente.

Poco a poco él fue avanzando y por instinto ella retrocedió, pero este repentinamente la haló hacia él por el brazo derecho.

Los ojos azules abiertos como platos, sus cabellos negros libres, meciéndose con el viento, su piel blanca, una diosa que siempre había estado cerca de él, y nunca se había tomado la molestia de pensar más de una cosa con ella hasta que vio cuando estuvo a punto de morir a manos de Kikyo, y el sin poder tan siquiera controlar su cuerpo para evitarlo.

Aquellos ojos verdes, mirándola tan tiernamente, su tono canela, su rostro de un hombre maduro, a pesar de que en años de demonio, no era tan mayor, solo lo suficiente para poseer tal atractivo, ella entendía que era un espécimen hermoso por el que algunas de sus compañeras babeaban, incluyendo a Yoko… Yoko, no la perdonaría, pero la sensación de protección que le llegaba al estar tan cerca de él, era reconfortante, tanto que inconscientemente posó su cabeza sobre su pecho, escuchando los latidos un poco acelerados del dragón, pero controlados.

Hayato acarició los cabellos de la chica, tan sedosos como aparentaban.

Era un momento muy privado, agradecían enormemente que no hubiera nadie en las habitaciones, que los vieran así, sería bochornoso.

- Hayato… - Habló Yuka – Yo… creo que existe la posibilidad de que me gustes, pero… quisiera estar segura de… - no pudo terminar, cuando sintió el aliento y luego los labios del dragón posarse sobre los suyos, en un pequeño y corto beso que le tensó todo el cuerpo, sin saber cómo reaccionar.

- A mí también me gustó… - acercó sus labios nuevamente a los de la loba, tenía que agacharse un poco, pues Yuka era más pequeña que él en estatura.

Al sentir los movimientos del dragón, por instinto, comenzó a imitarlo.

- Aprendes rápido – se separó para tomar aire, Yuka tenía la boca entre abierta y este aprovechó para darle una suave mordida en su labio inferior de una forma muy seductora – Mi Yuka, estoy dispuesto a esperarte el tiempo que quieras – le acarició el rostro – Ahora debes entrar a tu habitación y yo regresar a mi trabajo – le guiñó un ojo.

Yuka aún no sabía que era lo que acaba de pasar, no terminaba de entenderlo, cuando fue sutilmente empujada por Hayato hacia su habitación.

- Recuerda que aún no puedes trabajar, pasaré a verte luego – se despidió y cerró la puerta, dejando a Yuka adentro y alejándose un par de metros – Iré a su despacho, Señor – pasó al lado de Sesshomaru, quien había presenciado casi todo, pero para no arruinar el primer beso de Yuka, decidió no intervenir.

- Hmph – lo siguió, Kagome le dijo que no fuera tan rudo con él, pero… a la que está cortejando es a YUKA, una de sus protegidas.

Hayato abrió la puerta del despacho de Sesshomaru y esperó a que este entrara.

El Inuyoukai se sentó y se reclinó en su silla – Te escucho – le dio permiso para hablar con su rostro serio y amenazante.

- Señor, solicito permiso para cortejar y emparejarme con Yuka – directo al grano.

- ¿Qué te hace pensar en que te cederé tal cosa? –

- Confío en que su respuesta será positiva y estoy seguro de que habrán condiciones, que incluso al quebrantarlas es probable que me lleven a la muerte, aun así estoy dispuesto a aceptarlas –

Sesshomaru se levantó de su lugar y miró por el balcón.

- Sabes perfectamente que Yuka es mucho menor que tú – el demonio no quería dar su brazo a torcer.

- Señor con todo el respeto, la Señora Kagome sería un claro ejemplo de…. –

- Silencio – lo miró de reojo – Tendrás mi permiso, pero como le hagas daño, te destrozaré lentamente con mis garras, ¿entendiste? –

Hayato tragó fuerte, y asintió.

- Además de que si ella no quiere, pues por lo que escuché, no está del todo segura, no te atrevas a presionarla – la mirada de su señor era cada vez más penetrante. Definitivamente estaba mostrando ser muy posesivo con Yuka, más de lo normal.

- Sí, Amo –

- Vete –

- Una pregunta, ¿Puedo andar acompañado públicamente de Yuka como mi prometida? – agachó la cabeza esperando lo peor.

- Ella no es tu prometida, para empezar, y eso no tiene nada que ver conmigo, solo que deben presentar su relación ante todos, en caso tal de que ella te acepte. Ahora, largo –

- Sí – Hayato se retiró rápidamente.

Al salir, liberó una masiva cantidad de aire que había guardado en sus pulmones – Creí que moriría… - sonrió nerviosamente para sí mismo, miró al frente y justo del otro lado iba caminando Kagome junto a Rin.

- Entonces fuiste tú quien se lo dijo a Yuka, eso estuvo muy mal de tu parte, Rin – le reprochaba.

- Lo siento, no pude evitarlo, es que imaginármelos casados y con cachorros, es algo emocionante, aunque… ahora que lo pienso, ¿cómo serían los cachorros de un dragón y un lobo? – se llevó una mano al mentó – Quizás… lobos escupe fuego… o quizás… Dragones peludos –

Kagome rio ante las ocurrencias de Rin, también tenía algo de curiosidad por saber cómo serían esos cachorros.

Una suave brisa trajo consigo el aroma de Hayato, o al menos eso pensaba, advirtiéndole a Kagome que este se encontraba cerca.

- Hayato está cerca – miró a todos lados y lo ubicó.

- ¿Cómo? – Hayato supuso que Kagome sintió su esencia y por eso repentinamente empezó a mirar en todas direcciones – Señora Kagome – se acercó a las mujeres – Joven Rin – hizo una pequeña reverencia.

- Buenos días, Hayato – le sonrió Kagome – veo que has estado con Sesshomaru – sentía el leve aroma de su amado mezclado con el de él - ¿Qué te dijo? ¿Aprueba su relación? –

El dragón no pudo evitar sonrojarse frente a Kagome, le costó controlarlo frente a su amo, pero sabía que con ella era diferente.

- Bueno, sí… pero, perderé mi cabeza si hago sufrir a Yuka… Sólo eso – miró a Rin – y tú, deja de anticiparte a mis acciones – le regañó.

- Lo siento, Hayato, pero dime, ¿qué dijo Yuka? – los ojos de Rin se iluminaron.

- Creo que después ella te pondrá al tanto – regresó su mirada a Kagome – me retiro, con permiso – se despidió y regresó a sus labores.

- Señorita Kagome, cree que podríamos practicar mis poderes espirituales, hace mucho que no lo hago… - le puso su rostro de cachorro.

- De acuerdo, pero no voy a entrenar con esa ropa – señaló su Kimono, parecido a los que usaba Izayoi e Irasue – Iré a cambiarme y vuelvo… y trae tu espada – le guiñó el ojo a la chica.

- ¡Genial! – Rin corrió a buscar su arma a toda velocidad.

- ¿Podré ir y venir más rápido que ella? – desde que despertó de la siesta luego de su encuentro con Sesshomaru, se sentía más ligera y todo a su alrededor era mucho más notable, percibía su entorno con lujos de detalles.

Se disponía a correr cuando una voz la detuvo.

- Si no sabes que podría pasar no deberías intentarlo aquí, podrías lastimar o pasarle por encima a alguien – Irasue se percató de sus intenciones – Para nosotros los youkai, manejar la velocidad es algo en lo que se nos entrena desde cachorros –

- Sólo quería… –

- Adelante, entonces – Irasue la observaba.

Nuevamente tomó su posición de carrera, pero al avanzar a gran velocidad unos metros y detenerse de golpe, todo le dio vueltas, su respiración se dificultaba, su visión se oscurecía y sus piernas fallaban, cayendo de rodillas.

- ¿Qué ocurre? – se llevó sus manos al pecho, sentía que su corazón estaba por estallar.

- Sólo procura no morirte – Irasue le dio alcance rápidamente – Respira despacio, tranquilízate –

- ¿Tranquilizarme? Siento que me estoy muriendo, tengo mucho calor… –

- ¡Señorita Kagome! – gritó Rin.

Kagome se tapó los oídos en acción refleja a la voz de Rin.

- Lo lamento, ¿se encuentra bien? –

- Intentó usar habilidades youkai, que creo no sabía que tenía, y quedó en malas condiciones – explicó sin rodeos, Irasue.

Kagome ignoraba todo lo que se decía que comenzó a deshacerse de sus ropas, su cuerpo le quemaba.

- ¿Qué hace? – Preguntó Rin alarmada al ver como se despojaba de su ropa – Deténgase, espere llegar a su habitación – colocó una de sus manos sobre la piel de Kagome y esta estaba ardiendo - ¿Qué está pasando? –

- Rin – habló finalmente la Miko – justo debajo de las nubes que sostienen al palacio, hay un enorme lago, ¿cierto? – Rin asintió – Ve a buscarme con Ah-Uh… - terminando de decir eso, miró a Rin y sus ojos chocolates se habían tornado color miel.

- Sus ojos… - Rin no sabía cómo reaccionar.

- Niña, ve por tu amigo de dos cabezas – la sacó de su trance.

- ¡Sí! –

Kagome emprendió carrera solo con una delgada bata hacia la salida del palacio, pasando al lado de Kyosuke y compañía, a gran velocidad.

- ¡¿Qué fue eso?! – cayeron todos sentados.

Inuyasha observó como una ráfaga de luz pasó al lado de los chicos, dejando un sutil aroma al de Kagome.

- ¿Esto es en serio? – Miró al cielo y vio a Rin ir sobre Ah-Uh - ¡Oye, Rin! – Corrió y brincó sobre varios objetos para alcanzar la altura a la que iba Rin y caer sobre Ah-Uh - ¿Qué era eso? Olía a demonio pero con algo de Kagome, ¿Secuestraron a Kagome? – estaba algo exaltado.

- Para nada, esa era la Señorita Kagome… - Rin estaba en shock, recordando aquellos ojos miel, que vio en la joven miko.

- ¿Qué? – Analizó un segundo - ¡KAGOME SE LANZÓ AL VACÍO! –

- Debajo del palacio hay un gran lago, no se preocupe –

- ¡RÁPIDO! –

Rin apresuró a Ah-Uh y junto a Inuyasha fueron tras Kagome.

Sesshomaru caminaba apaciblemente por el palacio hasta que se topó con su madre.

- Tenemos un pequeño problema –

- … -

- Tu mujer se está por transformar – lo dijo con un rostro lleno de tranquilidad.

- ¿Qué dices? –

- Sólo que tenemos que irnos – el aura demoníaca de Irasue se comenzó a elevar – Preferiblemente en tu forma natural – un enorme can con dos coletas se alzaba en el jardín del palacio.

- *Creo que debemos seguirla* -

- Hmph – Sesshomaru procedió a transformarse, también.

Dos imponentes canes en el palacio, solo significaba que había problemas.

Alzaron vuelo hacia el lago.

Kagome iba en caída libre en dirección a la fría y refrescante fuente de agua. Con cada segundo que pasaba su piel se tornaba roja y quemaba, la sensación era terrible, además del hecho que su pecho quería explotar, escuchaba sus latidos con gran fuerza.

- ¿Qué me ocurre? –

-'Pronto perderás la conciencia' –

- ¿Eh? –

Su cuerpo impactaba contra el agua, hundiéndose cada vez más, sin embargo, su cuerpo seguía ardiendo, al punto que el agua a su alrededor comenzaba a evaporarse.

-'Ya casi... Kagome' –

- ¿Quién eres? – preguntó a la voz de la mujer en su cabeza, todo se estaba volviendo oscuro.

-'¿Quién soy?... Soy tu nuevo YO'- nuestra miko sintió como aquella voz sonreía dentro de sí.

Torbellinos se comenzaron a formar en el lago, fuertes corrientes en todas las direcciones.

- ¡¿Qué demonios pasa ahora?! – gritaba Inuyasha, al ver semejante espectáculo.

Rin se estremeció, haciendo que Ah-Uh se detuviera en el aire.

- Yo… - temblaba - ¿Por qué siento tanto miedo? – su cuerpo no dejaba de temblar.

- Vamos, tranquilízate, yo te voy a cuidar – regresaba su miraba hacia el agua, donde una enorme sombra negra se formaba en el fondo - ¿Qué es eso? –

Dos enormes ojos brillantes, se podían divisar desde las profundidades del lago, acompañados de un bestial juego de colmillos blancos, que contrastaban con la oscura sombra.

- Seño… rita Ka…go… me… - Rin estaba paralizada, viendo esos enormes ojos acechándolos.

Los ojos del monstruo bajo ellos emitieron un pequeño destello.

- Mierda, Rin… Será mejor que te alejes con Ah-Uh y… ¿Rin? – La joven no respondía, había dejado de temblar – Maldita sea, Rin, mírame – Inuyasha la atrajo hacia sí para poder mirarla a los ojos, topándose con dos orbes opacos sin vida, en un trance total - ¡Tsk! – apretó los dientes – Kagome, ¿Eres tú? – Esto iba más allá de la mente del joven hanyou, ahora si no entendía nada.

Tomó las riendas de Ah-Uh y cerró los ojos de Rin, quien quedó varada en el limbo, luego de aquel destello. Mantuvo una distancia prudente, mientras miraba constantemente como se calmaba el agua. Y los ojos y dientes, desaparecerían en la oscuridad.

Su olfato le avisó que su hermano se acercaba junto a Irasue, pero ambos en su forma demoníaca.

- ¡Oye, Sesshomaru! – quitó la vista del lago para ver a los recién llegados.

Error.

De improvisto, salió una enorme figura negra de entre las aguas, rodeada por vapor, con una velocidad increíble, se dirigía hacia Inuyasha, quien no tenía forma aparente de escapar.

Irasue se le adelantó a Sesshomaru y alcanzó a embestir al animal por un costado, desviándolo ligeramente de su camino.

Sesshomaru se apresuró y tomó entre sus mandíbulas a los tres seres que ya tenían un pie del lado de los muertos.

- Mantente lejos – le ordenó la voz de su hermano mayor a Inuyasha, en su mente.

- Para nada, yo me quedo aquí – amarró a Rin en Ah-Uh – Vete, llévala al castillo –

El dragón no era tonto, se fue tan rápido como podía con su carga, mientras que Inuyasha salió de las fauces de su hermano llegando a su lomo.

- No seas imbécil –

- ¡Keh! ¿Desde cuándo te hago caso? – Recibió un gruñido en respuesta - ¿Qué está pasando? Esa cosa, ¿Es Kagome? – ambos miraron hacia el lugar donde está el ser, el vapor se comenzó a disipar.

Un enorme perro negro, de ojos color miel, estaba parado a la orilla del lago, sus enormes colmillos más blancos que el marfil.

- *Su olor es el de la miko… pero no estoy seguro de su mente siga siendo la misma* - la bestia tenía un mal presentimiento - *Intenta acercarte… * -

- Hmph –

Sesshomaru comenzó a avanzar hacia el can, que lo veía fijamente sin moverse de su lugar.

- Oye… ¿Qué demonios piensas hacer? – Inuyasha notó las intenciones de su hermano de acercarse, y no pudo ocultar algo de temor, después de todo, solo era un hanyou.

- Si tienes miedo puedes largarte –

- ¡Keh! – se sentó sobre el lomo de Sesshomaru.

En un parpadeo, el can negro estaba frente a frente de Sesshomaru, listo para dar un zarpazo.

- ¡Tsk! – con apenas segundos para reaccionar, logró quitarse, pero las garras lograron rasguñar su rostro. -*Maldita sea, concéntrate* -

- Maldición… - miró a su madre quien solo observaba, pero lista para intervenir si las cosas se ponían feas, de pronto se acordó de Inuyasha, ya no estaba en su lomo - ¿Dónde está ese estúpido? – miró a varios lugares buscándolo.

- Oye, Kagome, creo que tu esposo es un completo idiota, pero no es la manera correcta de hacérselo saber –

Inuyasha de alguna forma había llegado al lomo de Kagome.

Ella lo miró de reojo, sus pupilas se encogieron y sus ojos se tornaron rojos, otro destello…

Inuyasha se llevó una mano a la cabeza, un fuerte dolor lo hizo hincarse, todo se oscurecía, su conciencia se iba, quedando completamente inmóvil.

- Estúpido – al menos la idiotez de su hermano le dejaba algo en claro, aquel enorme can, podía controlar tu mente si lo veías a los ojos.

Inuyasha desenvainó a colmillo de acero, y con una leve sacudida, soltó un Bakuryuha potente contra su hermano.

Irasue se movió un poco para atacar al can, pero sin previo aviso, ya estaba a un costado de ella, propinándole un gran zarpazo que la hizo salir disparada varios metros.

Tal cual, caninos que son, un chillido de dolor salió por parte de la madre de Sesshomaru.

En ese instante el youkai aprovechó para acercarse a la Miko, pero otro ataque de Inuyasha lo hacía guardar distancia, mientras que ella se acercaba a Irasue con ánimos de atacarla nuevamente.

-*Esto no está nada bien… Lo sabía, Kagome está siendo controlada por su propia bestia… * -

-[Eres un poco lento, cariño] – aquél can los miraba de reojo, tal como su dueña, podía meterse en la mente de los demás, al punto de controlarlos a su placer – [Kagome, Kagome… ella no está]- Miró a Irasue, quien seguía inmóvil, el golpe le había desencajado una pata delantera, y roto un par de costillas – [Terminaré con su sufrimiento…] – Abrió sus fauces, y tomó el cuello de Irasue – [Despídete de ella] – Comenzó a ejercer presión en el cuello de la Inu, quien chillaba de dolor.

Una estera de fuego, caía en dirección al oscuro ser, obligándola a soltar a su presa.

Hayato venía en su forma natural, Rin recobró el conocimiento y contó lo sucedido.

Se colocó entre ella e Irasue, a manera de defenderla.

Sesshomaru no podía acercarse, sin ser destajado por los potentes ataques del hanyou. Deshizo su transformación, así por lo menos podría moverse más rápido.

- ¡Hayato no lo mires a los ojos! – ordenó el lord.

El dragón asintió, desviando su mirada al suelo – Esto va a ser difícil – pensó para sí mismo.

-[Claro que lo será, dragoncito] –

Hayato abrió los ojos como platos, había invadido su mente.

- *Hayato puede manejarla mientras, debes sacar de combate a la marioneta que viene hacia ti en estos momentos* -

- ¿Qué? – Inuyasha lo atacaba de frente, impresionantemente alcanzó a cortar su estola - ¡Tsk! ¡Maldición, Inuyasha, deja de entrometerte! – Desenvainó a Bakusaiga - ¡Defiéndete! –

Chocaron espadas, el crujir del metal denotaba que ambos peleaban con fiereza, uno siendo controlado y el otro perdiendo la poca calma que le quedaba.

Una Inu-Miko, en su primera transformación, su madre había regresado a su forma humanoide, pero de igual manera no se podía mover, pues el veneno de Kagome era muy potente y demoraba en contrarrestarlo para sanar sus heridas.

Colmillo de acero salió volando por los aires, momento en que Sesshomaru le atinó un potente golpe en el estómago a Inuyasha, seguido por otro en la cara, cargado de ira, dejándolo tirado en el suelo.

Hayato había descubierto algo nuevo, aquel ser, levantaba campos de fuerza con mucha facilidad, lo que impedía un ataque directo.

Sesshomaru, convertido en una esfera de luz, apareció frente a ella.

- ¡Miko! – Le gritó, lo que menos se esperaba era el zarpazo que lo estrelló contra Hayato, haciéndolos retroceder - ¡Tsk! –

Hayato deshizo su transformación – Señor, qué hacemos… - se quedó observando el rostro de su amo - ¿Esa quemadura? ¿Energía sagrada? –

Sesshomaru lo miró confundido, vio su reflejo en el agua, había una horrible quemadura en su rostro, que se expandía, pero no era solo poder sagrado, llevaba un veneno.

- Eso no importa ahora – miró de nuevo al can – Kagome… - en estas circunstancias, no se le ocurría más nada que atacarla con todo lo que tenía – Llévate a Irasue a un lugar seguro – ordenó.

- Pero, amo… - la mirada de Sesshomaru le dio a entender que no había opción – Sí, Señor –

Nuevamente a combate, mostró su forma demoníaca, corriendo a toda velocidad hacia Kagome, quien por la combinación de sus poderes sagrados y ahora demoníacos, poseía un tipo de teletransportación, que le permitía moverse tan rápido.

-*Derecha*- logró adivinar por donde aparecería, atinándole un zarpazo en la cara., dejándole la marca de sus garras en su piel.

El can negro sacudía la cabeza por el dolor – [Maldito] – tomó carrera hacia él, pero nuevamente logró adivinar por donde atacaría, bloqueando el golpe.

-*Bien, ya sabemos cómo es su estilo*- se ponía en pose de ataque - *Nuestro turno* -

Sesshomaru lanzó un zarpazo, haciendo que ella levantara un campo de fuerza de inmediato, sin embargo el golpe nunca impactó con este, lo que la confundió. El campo bajó.

-*Lo levanta desde el punto donde cree que va a impactar* - Sesshomaru sonrió para sus adentros.

El gran perro blanco, soltó su aliento venenoso hacia el suelo bajo aquel ser del mismo tamaño de él.

El campo se empezó a formar desde las patas de la misma, momento en que Sesshomaru brincó y logró alcanzar el cuello de su rival con sus fauces.

FLASHBACK

- ¿Morder la marca? – preguntó a su madre.

- Sí, en caso de que su bestia la haya controlado, será la única forma de que la logres someter – le explicaba su madre – la marca tiene muchas otras funcionalidades, aparte de servir de "anillo de bodas" – enfatizó.

FIN FLASHBACK

- [No lo harás] – la bestia de Kagome, previo las intenciones de Sesshomaru, e intentó escapar, pero su cuerpo no respondía – Creo que ya fue suficiente… - Kagome había logrado recuperar parte de su conciencia – [¿Qué? Es imposible, una simple humana no puede controlar a una entidad demoníaca como yo] – El detalle es que no soy una simple humana, muchos dicen que soy la Miko más poderosa de este tiempo. Ahora quédate quieta –

Las cadenas comenzaron a brotar del cuerpo del can, incrustándose en el suelo, dejando el cuello libre para el golpe de su amado.

Hayato observaba desde lejos, mientras Irasue estaba recostada a un árbol.

- Esas cadenas… - Soltó el General.

- Sabía que ella no se daría vencida, solo esperaba el momento indicado… - decía Irasue con los ojos cerrados – Pero eso no evita el hecho de que me desquite por lo que me hizo –

Sesshomaru cerró su mandíbula con potencia en el lugar donde estaba la marca.

- [No] – El enorme perro se sacudía para liberarse – [Suéltame]- gruñía.

Pero el youkai mantenía su mordida firme.

Las cadenas comenzaron a halar al enorme perro contra el suelo, para que quedara totalmente en una posición de sumisión.

- [Jamás] – se sacudía y resistía, sus patas se enterraban en el suelo, para no dar a ceder.

En eso, el joven hanyou despertaba de su siesta forzada.

- ¡Mierda! – Todo le dolía - ¿Qué paso? – miraba a su alrededor desconcertado.

No fue difícil recordar lo que estaba pasando, vio como un enorme perro negro estaba siendo mordido por Sesshomaru y a la vez estaba siendo halado por unas enormes cadenas rosas contra el suelo.

Cruzó los brazos y solo se quedó observando el espectáculo.

A medida que la mordida se hacía más profunda, mayor era la cantidad de sangre que salía de la herida.

- * Maldita, ríndete, no podemos seguir mordiendo así, se va a desangrar* -

- Ya lo sé –

Kagome desde su interior notó un brillo en el área donde estaba la marca de Sesshomaru, tenía una especie de sello, que estaba a centímetros de entrar en contacto con los colmillos del youkai.

- Muerde… más fuerte… - el susurro de la voz de Kagome en su cabeza, lo hizo dudar si hacer lo que decía o no.

- *Hazlo* - Sesshomaru aflojó y arremetió.

Un horroroso chillido salió del can negro, como si ya fuera lo último de sí…

Kagome vio como los colmillos de Sesshomaru casi despedazan parte de su cuello, mientras el sello se rompía… comenzándose a sentir muy débil.

Un rugido de agonía retumbó por varios kilómetros a la redonda.

El enorme can, se convirtió en una esfera de luz, las cadenas desaparecieron, Sesshomaru deshizo su transformación.

Exhausto, vio como aquella esfera tomaba forma humana, la forma de la mujer que tanto amaba, su Miko, Kagome.

La mujer comenzó a descender, apenas cubierta por la delgada tela con la que había salido del palacio, teñida de rojo, por la cantidad de sangre derramada.

La tomó en sus brazos y se dejó caer sentado, con ella en su regazo, tenía una herida muy profunda en el lugar de su marca.

- Kagome – le llamó, pero no respondía, su respiración era forzada, se veía más pálida que de costumbre – Miko… - le llamó de nuevo.

Lentamente abrió los ojos, unos ojos color miel, lo miraban directamente a los suyos, tan penetrantes como los propios.

- Sessho… ma… ru… - con una mano, acarició la herida de su amado, sanándola solo con el roce – Ahora, está mucho mejor… - le sonrió.

- Sí, mi señora –

Miró sus cabellos, ahora completamente oscuros, como la noche.

- Me siento muy débil… como para curarme… -

- No hables, solo tenemos que regresar al palacio… y… - Los ojos de Sesshomaru se abrieron de par en par, cuando sus oídos le estaban jugando una mala pasada.

Los latidos del corazón de su amada, eran cada vez más lentos, su corazón se estaba deteniendo.

- Sesshomaru, yo… te amo… - una pequeña lágrima salió de los ojos de la mujer – Creo que no salió como esperaba… al menos ella no logró matarlos… - sonrió.

- No, no hables como si te estuvieras despidiendo… - un sentimiento de amargura recorrió al señor de las tierras del oeste.

Kagome sólo le sonrió, mientras sus ojos comenzaban a cerrarse, lentamente.

En eso llegó Irasue, que podía moverse por sí sola, con algo de ayuda de Hayato.

- Miko, no puedes dejar a mi hijo solo – le dijo con un tono frío.

Kagome seguía respirando, pero no abría los ojos.

- Sería una completa decepción, una completa vergüenza para nuestro linaje – las palabras de Irasue retumbaban en su cabeza – Ahora que eres miembro de nuestra familia, no puedes morirte como si nada – cada vez sus palabras eran más crudas – ¿Entiendes? –

Sesshomaru no entendía la rudeza de su madre, su esposa estaba por morir y él no podía hacer nada.

-[Qué molestos son todos estos idiotas] –

- ¿Sigues ahí? – Kagome, miró dentro de su ser, en una esquina, había una presencia demoníaca, sin embargo, tenía una esencia espiritual similar a la de ella - ¿Qué eres? –

-[Los humanos no son muy inteligentes, ¿verdad?, ya te dije que soy tu nuevo yo…]- bufaba aquella entidad.

- Eres grosera para ser yo –

- [¿Quieres que te diga por qué las humanas que se comprometen con youkais puros, mueren?]-

Kagome asintió.

-[Son consumidas por sus bestias, y como sus cuerpos y mentes no son los suficientemente resistentes, colapsan, sin haberse unido a sus bestias…] –

- ¿Estoy muriendo? –

- [En parte sí, lo que está acabando es tu vida humana]-

- ¿Seré youkai? –

- [Sólo si tu vida común no termina antes que se complete el enlace] – Aquella entidad hizo que Kagome mirara su marca, el sello que fue roto por Sesshomaru, ocultaba las dos mitades de un cuarto de luna, que se iban acercando poco a poco – [Mira la marca que tú le hiciste a él] –

Estaba una estrella de seis picos.

- [Esa marca fue apareciendo antes que fueran pareja, con cada encuentro, cada conversación, hizo que él fuera de a poco, asimilándote en él, abriéndose a ti, permitiendo dejar que tus poderes se alojaran en él, claro, él tampoco lo sabía, porque, lo idiota se pega, sé que le vamos a hacer] – bufó nuevamente.

- Tantas cosas, oh, mi Sesshomaru –

- [¡Iagh! Deja de ponerte tan asquerosamente amorosa] –

Kagome miró su marca, ya casi las dos mitades se encontraban.

-Tú… ¿me estás manteniendo despierta, para completar el enlace? –

Esa pregunta no se la esperaba.

- [Piensa lo que quieras] –

- Definitivamente eres algo que él me ha dado –

-[No digas estupideces] –

- Gracias –

- Hmph –

Las dos mitades finalmente se toparon, formando un cuarto de luna, en el hombro de Kagome, deteniéndose el sangrado y todos los golpes y heridas se sanaron en cuestión de segundos. Su marca comenzó a brillar.

Los presentes no sabían que ocurría.

Irasue esbozó una sonrisa fugaz.

- Ya levántate, Kagome de Taisho, mi hijo está sufriendo más de lo apropiado – dijo en tono burlón.

- Sí, Irasue –

Abrió sus ojos, ya no eran miel, pero eran más claros que antes, además de las marcas en su rostro, un poco más pequeñas que las de Irasue, pero del mismo color que las de Sesshomaru.

Se sentó y miró a su esposo.

- No me iré a ningún lado sin ti – puso su mano en la mejilla de su sufrida pareja y le dio un gran beso en frente de todos para confortarlo, recibiendo un gran abrazo en respuesta por el youkai.