CAPÍTULO 27: TODO ES POSIBLE CUANDO SE TIENEN AMIGOS
Segundos después de evaporarse del palacio de la Tierra, Arthur y Serena aparecieron en la parte del jardín lunar que daba al balcón de la habitación de la joven.
Ya estás a salvo.- fue lo primero que dijo el chico aliviado mientras se separaba de ella.
Serena contempló su alrededor con tristeza.
Vamos.- la apremió.- Tienes que ir a ver a la reina cuanto antes y yo tengo que ocuparme de la unidad, no nos sobra el tiempo.
Serena lo miró a los ojos y después se lanzó a sus brazos buscando algo de cariño. Si no podía tener a Endymión ahora que sabía que lo amaba, al menos intentaría llenar el vacío de su corazón con el amor de Arthur.
Solo unos minutos.- susurró la princesa mientras acercaba su rostro al del chico.- Luego iré con mi madre.
Ahora no, Serena.- la separó de él.- No hay tiempo.
Pero… .- protestó la chica, necesitaba más que nunca sentirlo cerca de ella.
No me malinterpretes.- se disculpó al ver tristeza en el rostro de su amada.- Nada me gustaría más que pasar el tiempo contigo pero estamos en guerra y …
¿En guerra!.- se alarmó la joven.- Mi madre no pensará declarar la guerra a la Tierra¿no¡Todo lo que pasó fue culpa mía! Fui yo quien…
No es con la Tierra con quien estamos en guerra.- la interrumpió.- Sino con aquellos que decían ser nuestros amigos.
¿No con la Tierra?.- inquirió un poco más tranquila pero no por ello menos alarmada. Una guerra siempre era asunto grave.
Arthur asintió con la cabeza y pasó a narrarle todo lo que había sucedido desde que ella se marchara de la Luna, incluida la traición de Urano.
¡Pero eso no puede ser!.- exclamó muy afectada.- Además, Haruka jamás nos traicionaría.
Las cosas no son siempre lo que parecen, Serena.
¡Pero yo conozco a Haruka muy bien!.- la defendió con vehemencia.- Y sé que nunca haría algo así si no la hubieran obligado de alguna manera.
No hay tiempo para discutir.-contestó con tono autoritario.- Simplemente mantente alejada de ella hasta que todo termine.
Pero…
Serena, por favor.- la agarró de los hombros.- Prométemelo.
No… .- observó la mirada suplicante del joven.- está… está bien.
Arthur sonrió complacido y la besó con suavidad en la mejilla.
Ahora vamos a ver la reina.- dijo separándose de ella y emprendiendo el camino de regreso a la sala del trono.
La princesa asintió con la cabeza y lo siguió en silencio.
Aposentos de la reina
Serena se encontraba delante de la puerta de la habitación de su madre intentando decidir qué hacer.
Por lo visto, la reina había tenido una reunión muy difícil hacia poco y se había retirado a su cuarto a descansar ( según les había informado un guardia en la sala del trono ) así que el capitán y ella habían ido a buscarla allí. Al llegar, Serena le había pedido a Arthur que la dejara sola.
El joven, compresivo, se había marchado a su unidad ( con las prisas ni siquiera se había despedido en condiciones de la princesa ).
Tras un rato de meditación, Serena decidió que era inútil retrasar por más tiempo el encuentro con su madre porque tarde o temprano se enteraría de que había vuelto e iría a buscarla, solo esperaba que no estuviera demasiado enfadada con ella, sabía que en el fondo se había comportado como una niña caprichosa al ir a la Tierra pero… llamó a la puerta y entró despacio.
Mama… .- susurró esperando que la reprimenda no fuera muy severa.- … ya he vuelto y estoy…
No pudo continuar. En cuanto la reina oyó la voz de su hija se levantó de la cama y corrió a abrazarla con lágrimas en los ojos.
¡Serenity!.- exclamó muy feliz.- Hija mía, menos mal que estás bien.
¿No… no estás enfadada conmigo?.- se atrevió a preguntar.
¿Enfadada?.- se separó de ella un poco.- Debería estarlo, y mucho. Lo que has hecho ha sido una insensatez, ir hasta la Tierra aún sabiendo el peligro que corrías si te descubrían solo para recuperar un anillo por mucho que este significara para ti.
Serena bajó la cabeza apesadumbrada. No es que se arrepintiera de haber ido pues allí había conocido a Endymión pero le dolía la preocupación de su madre. ¿Para qué demonios le habría preguntado si estaba enfadada?
Pero… .- continuó la reina con una sonrisa.- … estoy tan feliz de que estés bien que no creo poder reñirte.
A Serena se le iluminó la cara.
Solo quiero que me prometas algo a cambio.- la tomó de los brazos muy seria.- Prométeme que no volverás allí nunca más.
Pero… pero… ¿por qué!.- se negó a hacer tal promesa pese a saber desde el momento en que Arthur fue a buscarla que no podría volver.- No entiendo porque no quieres saber nada de la Tierra, la gente de allí es muy amable y estoy segura de que con un poco de diálogo se podría producir un acercamiento entre los dos reinos. La reina Calice no es una mala persona, solo está resentida por algo que desconozco pero, sea lo que sea, seguro que se puede solucionar¿verdad que si?.- la miró esperanzada.
Mi ángel… .- suspiró.- no es tal fácil como parece, hay muchas cosas de la relación entre la Luna y la Tierra que desconoces.
¿Cómo que mi padre murió allí?
¿Quién te ha dicho eso!.- se alarmó la reina.
Se lo oí decir al rey Etlio.- contestó la princesa algo sorprendida por la reacción de su madre.- ¿Es cierto?
Escucha Serenity.- le dijo muy seria.- Este no es el momento más adecuado para hablar sobre ese tema, solo quiero que me des tu palabra de que no volverás a la Tierra nunca más.
Pero mama… .- protestó.
No me obligues a ordenártelo, por favor.- reduciendo un poco la tensión de su rostro al ver la expresión de desconcierto de su hija.- Te prometo que cuando la guerra termine responderé a todas tus preguntas.- casi en un susurro.- Tal vez, incluso me replanteé el asunto de la Tierra.
Serena sonrió y abrazó con fuerza a su madre.
Y yo te prometo que me esforzaré al máximo para que esta guerra termine lo antes posible.- riendo como si hubiera hecho una travesura.- La verdad es que me hace mucha ilusión estrenar mi traje de sailor.
¡Serenity!
Ji, ji, ji, lo siento.
No importa.- le sonrió con dulzura mientras la miraba fijamente.
¿Pasa algo?.- inquirió la princesa extrañada de la penetrante mirada de su madre.
No, es solo que cada día que pasa te pareces más a tu padre.- suspiró con gesto cansado.
Serena, al ver a su madre tan agotada decidió que ya era momento de marcharse. Le dio un último abrazo y la dejó a solas para que pudiera descansar a gusto.
La promesa de su madre de que al finalizar la guerra se replantearía la relación con la Tierra, le había dado la secreta esperanza de que podría volver a ver a Endymión. Sin embargo, seguía estando presente la cuestión de su padre y de cuál era el motivo de la patente enemistad entre la Tierra y la Luna¿qué tenía que ver con la muerte de su padre? Y para colmo de males estaba el problema de Arthur, estaba segura de que le partiría el corazón si le decía que no lo amaba¿pero qué podía hacer?
Minutos antes había estado dispuesta a seguir adelante con su compromiso solo para poder olvidar al príncipe de la Tierra pero ahora que había pasado el tiempo y podía pensar con más serenidad se daba cuenta de que no era justo para Arthur que lo engañara haciéndole creer que lo amaba, existiera o no la posibilidad de que Endymión y ella estuvieran juntos. Pero hiciera lo que hiciera sabía que al final terminaría haciéndole daño y él no se lo merecía.
¡Ay!.- exclamó cansada de tanto problema.- ¿Por qué es tan duro ser adolescente?.- con gesto infantil.- Ahora sé lo que quería decir Haruka-chan cuando decía que estar enamorada era como tirarse desde un precipicio sin fondo.
Este pensamiento le hizo recordar la supuesta traición de su amiga y se deprimió aún más. Con cara de mártir se dirigió a su rincón secreto para poder pensar con tranquilidad y encontrar lo más rápido posible una solución a sus problemas. Después de todo, aún tenía una guerra que afrontar.
Habitación de Hotaru, palacio de Saturno
La estaba llamando, de nuevo, casi con desesperación, y esta vez no sabía si podría resistirse a su llamada. Les había dicho a sus compañeras sailors que se había rendido, sin embargo, esto no era del todo cierto porque muy en el fondo de su ser aún conservaba la esperanza de poder cambiar su destino. El problema era que él también lo sabía y no descansaría hasta acabar por completo con esa semilla de esperanza.
Hotaru trató de pensar en la reina, en su promesa de protegerla por siempre, en Setsuna, la única persona a la que podía llamar amiga y en Dain, la auténtica razón de que aún siguiera luchando para escapar de sus garras.
Sintió como poco a poco la llamada iba remitiendo hasta convertirse en apenas un murmullo en su mente, suspiró aliviada, pero por poco tiempo, porque su mente empezó a ser bombardeada por otras imágenes que no deseaba ver, su padre clavándole una daga en la espalda al rey Helios mientras sonreía triunfante, su madre agonizante, la mirada de desprecio de Urano y Neptuno y, finalmente, se vio a ella misma arrasando con planetas enteros indiferente a todo el sufrimiento que sembraba a su paso.
Se colocó las manos en las sienes y se dejó caer de rodillas mientras gritaba con todas sus fuerzas para alejar esas imágenes de su mente pero lo único que consiguió fue que estas se repitieran una y otra vez hasta que al final dejaron de parecerle algo monstruoso y cesaron por completo. Retiró las manos de su cabeza y se levantó del suelo. Asombrada, vio que llevaba puesto su traje de sailor, levantó la mirada y vio que se encontraba delante de la puerta dimensional creada por Hades. Él estaba allí, no podía verlo pero podía sentirlo.
Te esperaba.- habló una voz en su mente.
Lo sé.- susurró Hotaru.
¿Por qué me has hecho esperar?.- la reprendió.
La joven no respondió.
Aún piensas que existe otro camino para ti.- estudió su mente.- Pero no sabes lo equivocada que estás.
Hotaru permaneció en silencio.
¿No me crees?.- se mofó de ella.- Entonces mira a tu espalda.
No.- se negó.
¡HAZ LO QUE TE DIGO!.- gritó la voz furiosa al mismo tiempo que la esfera de energía se expandía con fuerza generando un gran destello eléctrico al chocar contra la barrera mágica que la rodeaba.
Hotaru giró la cabeza para evitar que el destello le dañara los ojos y, al hacerlo, vio lo que había detrás de ella. Eran los cuerpos de los dos guardias a los que su padre había ordenado vigilarla después de su escapada a las puertas del tiempo. Tenían la ropa desgarrada, el cuerpo terriblemente mutilado y el rostro contraído en una mueca de terror absoluto.
Asqueada, la joven retiró la mirada de inmediato y contuvo las ganas de vomitar. ¿Qué tipo de criatura capaz de hacer semejante barbaridad era la que se escondía detrás de la puerta?
Me halagas.- oyó decir en su cabeza.- Pero no ha sido obra mía.
Claro… claro que sí.- apretó los puños con odio.- ¡Eres un ser despreciable!
Te equivocas.- la corrigió sin aparente interés.- Has sido tu.
¡Cómo te atreves a acusarme!.- gritó con todas sus fuerzas.- ¡Yo jamás …
Guardó silencio, su rostro contraído en una mueca de incredulidad. Él tenía razón, había sido ella, al intentar marcharse lejos de su casa para huir de él y encontrarse con que esos dos guardias le impedían el paso.
Asqueada consigo misma se dejó caer al suelo de rodillas.
Así está mejor.- oyó en su mente al mismo tiempo que un rayo negro salía de la puerta atravesando la barrera mágica y se introducía en su cuerpo.
Segundos después, Hotaru se levantó e hizo una ligera reverencia al ser que se encontraba al otro lado de la puerta.
Estoy a vuestro servicio.- dijo sin emoción alguna.- Pharaon 90.
Jardines lunares
¿Estás segura de que estará allí?.- le preguntó Mercurio a Venus mientras se dirigían al laberinto de abetos que había en el jardín lunar.
Claro que sí.- contestó la rubia.- Si no está con su madre y no está en su habitación debe estar allí, es a donde va cuando tiene problemas.
¿Y por qué debería Serena tener problemas?.- insistió la chica no muy convencida.
¿Y cuando no tiene problemas Serena?.- habló Marte con una sonrisa mientras se acercaba a sus dos amigas acompañada de Júpiter.
¡Rei!.- se sorprendió Venus.- ¿Cuándo has vuelto de Júpiter?
Hace unos minutos.- respondió.- Fuimos a buscaros a la unidad y allí nos encontramos con Arthur que nos contó que habíais ido a buscar a Serena.
Sí.- asintió la chica.- Pero no la encontramos por ningún lado así que pensé que estaría en el laberinto de abetos.- mirando a Júpiter con preocupación.- ¿Cómo estás?
Bien.- contestó la aludida fingiendo una sonrisa.- Pero será mejor que nos apresuremos en encontrarla antes de que tengamos que volver a nuestros puestos.
Tras estas palabras un silencio incómodo se adueñó de las cuatro amigas. Marte, Mercurio y Venus se sentían mal por Júpiter, conscientes de lo que estaba sufriendo pese a su esfuerzo por ocultarlo. Júpiter, intuyendo lo que pasaba por la mente de sus amigas, fingió una nueva sonrisa y abrió la boca para decir unas cuantas palabras tranquilizadoras cuando, de repente, una potente voz gritó su nombre a los cuatro vientos y se abalanzó sobre ella llorando y abrazándola continuamente mientras decía una y otra vez que lo sentía mucho. Esa persona, por supuesto, era Serena.
¡Lo siento¡Lo siento¡Soy una mala amiga!.- la abrazaba sin parar.- ¡Con lo mal que lo debes estar pasando y yo solo pensando en mi!
¡Serena!.- exclamó Júpiter sorprendida.
La princesa la miró durante unos segundos conteniendo las lágrimas para luego volver a llorar aún más fuerte que antes. Júpiter, sin saber muy bien que hacer, se limitó a darle tímidas palmadas de consuelo en la espalda y a mirar de vez en cuando a sus amigas que estaban igual de sorprendidas que ella. La situación se prolongó un poco más hasta que Marte, cansada de la escena, la separó de Júpiter.
¡Basta ya!.- le gritó.- Todas estamos preocupadas por Lita pero no hace falta que armes un escándalo por ello.
¡No estoy armando ningún escándalo!.- replicó con fuerza.- Además, vosotras no necesitáis que os perdone.- añadió abatida.
¿Qué?.- preguntó Marte sin entender nada.
Mientras vosotras os preocupabais por ella, yo estaba en el laberinto de abetos lamentándome de lo desafortunada que era.- explicó.- Cuando os acercasteis hasta donde estaba me escondí porque deseaba estar sola, pero entonces me fijé en lo triste que se veía Lita y recordé lo que Arthur me había contado respecto a su padre.- afectada.- ¡He sido tan egoísta! Pero juró que haré hasta lo imposible por remediarlo.- dirigiéndose a Júpiter.- Juntas lograremos que tu padre recupere la cordura.- colocándose la mano sobre el pecho en gesto solemne.- Lo prometo, y una princesa jamás rompe sus promesas.
Serena.- llamó su atención Marte consciente de que esas palabras solo empeorarían el estado de Júpiter.- Será mejor que no hagas promesas tan a la ligera, sobre todo cuando involucran a terceros.
¡No seas aguafiestas, Rei!.- le gritó la princesa girándose hacia ella.- Cuando hay voluntad de por medio todo es posible.
¡Y tu no seas tan ingenua!.- le gritó Marte a su vez.- Tu voluntad no servirá de nada mientras Zeus siga anteponiendo sus deseos a todo lo demás.
¿Sabes Rei? Con esa actitud tan pesimista nunca encontrarás novio.- replicó Serena molesta haciendo que Marte hirviera de coraje olvidando por un momento el motivo de la discusión.
Si aún no tengo novio es porque no he querido.-se cruzó de brazos.
Ya lo sé.- sonrió Serena como si acabara de ganar la guerra.- Es exactamente lo mismo que ocurre con Zeus, sino se intenta no se obtienen resultados. Antes de condenar a alguien hay que intentar salvarlo incluso de si mismo, aún con más razón cuando esa persona es alguien querido para nosotros.
¿Insinúas que tendríamos que darle a todos nuestros enemigos la oportunidad de cambiar pese a lo que hayan hecho?.- inquirió Marte ceñuda. --
Eso mismo.- contestó Serena con total seguridad.- Es lo que nos diferencia de ellos.
Claro.- replicó con sarcasmo.- Y el hacer lo correcto y proteger a aquellos que no pueden hacerlo no cuenta para nada¿no?
¡Yo no he dicho eso!.-se quejó la princesa.- Solo intentó explicarte por que debemos intentar salvar al padre de Lita, seguro que en el fondo siente remordimientos por lo que está haciendo pero si no le damos la oportunidad de volver a atrás solo conseguiremos que se hunda cada vez más en el pozo en que está metido y, al final, Lita lo perderá para siempre.
Creo que Serena tiene razón.- intervino Amy por vez primera en la conversación.- Debemos intentarlo, sino por nosotras por Lita.
A su lado, Venus asintió con gesto enérgico.
Ni que fuera tan fácil de hacer.- gruñó Marte al ver que todas daban la razón a Serena.- Pero me parece que aquí la única que tiene derecho a opinar es Lita, es su padre.
Inmediatamente todos los rostros se giraron hacia la aludida que se había mantenido al margen de la conversación deseando que sus amigas cambiaran de tema. Lo último que le apetecía era que hurgaran en una herida que apenas acababa de abrirse y que seguramente nunca sanaría. Sin embargo, entendía que eran sus amigas, que se preocupaban por ella y, que si quería dejar zanjado para siempre el asunto, debía dejarles claro a las cuatro cual era su opinión al respecto.
Veréis.- habló con decisión.- Haga lo que haga no creo que mi padre de marcha atrás ahora que está tan cerca de su objetivo.- bajando la cabeza.- Por lo que entendí, lleva mucho tiempo planeando este momento con sus compinches y no creo que lo eché todo a perder solo porque yo se lo pida.- haciendo un gran esfuerzo por continuar.- Está claro que mi amor por él me cegó y no me dejó ver lo egoísta que era hasta que ha sido demasiado tarde, ahora no solo amenaza la vida de la reina y la tuya, Serena, sino también la de todos aquellos que confían en nosotras.- con determinación pero no por ello con menos dolor.- Soy una sailor, y es mi deber pararle los pies a cualquier precio.
Júpiter, que en realidad solo había repetido lo que le dijera a Marte cuando la rescató del demonio, esperó a que sus amigas dijeran algo al respecto. Pese a la seguridad que había demostrado en ambas ocasiones aún no estaba muy convencida de que la decisión que había tomado fuera la correcta, por eso sus palabras más que estar destinadas a lograr que sus amigas no volvieran a insistir en el tema, lo estaban a convencerse a si misma. No consiguió ninguna de las dos. Seguía sintiéndose igual de confundida y Serena, que no parecía dispuesta a dar su brazo a torcer, se acercó a ella y la tomó de ambas manos.
Llorar no es malo¿sabes?
¿Qué?.- no esperaba oír eso.
Que llorar no es malo.- sonrió compresiva.- Y menos aún cuando uno tiene una pena tan grande en su corazón.
No… .- intentó evadirse del tema pero Serena no se lo permitió.- … mi padre ha hecho demasiado daño, no puedo…
No importa lo que haya hecho, Lita.- respondió la princesa.- Sigue siendo tu padre, lo quieres y es normal que llores por él.
Júpiter, no pudiendo resistirlo por más tiempo se abalanzó a los brazos de Serena y comenzó a llorar desahogándose así de toda la pena que llevaba en su interior. Serena le correspondió al abrazo llorando ella también al sentir la tristeza de su amiga y prometiéndole que mantendría su promesa hasta al final.
Marte, Mercurio y Venus se mantuvieron al margen observando la escena con una sonrisa.
Nuestra misión no solo consiste en proteger a la reina, a la princesa y al reino.- comentó Amy.- Sino también a aquellos a los que amamos.
Sobre todo a los que amamos.- puntualizó Venus.- ¿No estás de acuerdo, Rei?
Supongo.- contestó la chica un poco molesta por tener que darle la razón a Serena.- Pero lo que me gustaría saber es desde cuando Serena se ha vuelto tan madura.
Será que el aire de la Tierra no sienta tal mal.- bromeó Venus.- Creo que deberíamos ir más a menudo.- la sugerencia le valió un caponazo de Marte.
A cabo de un rato Júpiter se tranquilizó por fin y, aprovechando que la chica se sentía mucho mejor gracias a Serena, las cinco amigas se sentaron cerca del laberinto de abetos dando paso a una amena conversación que terminó como era lógico en el viaje que Marte, Mercurio y Venus habían hecho a la Tierra para traer de vuelta a Serena. Marte y Venus detallaron el viaje con todo lujo de detalles calificándolo la primera como la peor experiencia de mi vida y la segunda como una auténtica pasada. También hablaron de la supuesta traición de Urano y de que al final solo había sido una falsa ( la reina ya se había encargado de remediar la confusión ) cosa que levantó bastante el ánimo de la princesa.
En cuanto a Mercurio, lo único que consiguieron sacarle fue que la gente de ese planeta le había parecido algo extraña pero se negó a hablar más del tema así que optaron por dejarla en paz por el momento. Además, Serena estaba más interesada en el chico del que Venus decía que era su alma gemela, estaba segura de que era el primo de Endymión pero como no sabía si Hiperión era un nombre muy común en la Tierra necesitaba asegurarse antes.
Y dime, Mina.- inquirió Serena con interés.- Ese tal Hiperión¿cómo era?
Ya te lo he dicho antes.- respondió la chica.- Era muy atractivo, audaz, gentil….
Me refiero a físicamente.- la interrumpió la princesa antes de que su amiga comenzara de nuevo a narrarles las mil y una virtudes del chico.- De casualidad no tendría los ojos verdes, el cabello plateado corto y vestiría casualmente¿no?
¡Sí!.- se sorprendió Venus- ¿Lo conoces?
¡Por supuesto!.- exclamó.- Es el primo de Endymión, el príncipe Hiperión.- dirigiéndose a Marte.- Y si no me equivoco creo que tú te encontraste con Euclides, uno de los amigos de Endy.
¿Endy?.- enarcó una ceja Marte.- ¿Es que acaso ya no lo odias a muerte?
Eh… esto… .- se puso roja al verse descubierta.-… es que Hiperión lo solía llamar así… y … supongo que se me ha pegado.
Marte la miró sin creer una solo palabra, ahí pasaba algo raro pero cuando iba a indagar más en el asunto Venus se le adelantó reclamándole a Serena que le contará todo lo que sabía sobre Hiperión, gustos, aficiones, amigos, chicas con las que había tenido algún romance antes de que quedará deslumbrado por su belleza indiscutible, la talla que gastaba de ropa interior, etc, etc, etc. La princesa respondió a todas sus preguntas, primero con entusiasmo, más tarde con cansancio y al final con evidente fastidio, tanto, que no pudo evitar preguntarle para qué demonios quería saber tantas cosas si posiblemente no volvería a verlo.
¿Y eso por qué?.- preguntó la chica.
Porque ir a la Tierra está prohibido, porque su tía detesta a la gente de la Luna y porque posiblemente lo hayan encarcelado por ayudarme a escapar ( o al menos por intentarlo ).
Venus la miró extrañada de la pena que había percibido en su voz mezclada con el tono molesto por sus continuas preguntas.
Serena.- dijo con una seriedad rara vez vista en ella.- Cuando uno está tan enamorado como yo no importa lo mal que parezcan estar las cosas, al final todo se soluciona y triunfa el amor.- guiñándole un ojo.- Te lo dice la diosa del amor y la belleza, la increíble e irresistible Minako, princesa de Venus.- terminó de decir mientras se erguía imponente y reía a carcajadas.
¿Tu crees?.- inquirió pensativa.
Si lo que Venus decía era cierto ya no importaría si su madre arreglaba el problema de la Tierra o no, su amor por Endymión lo solucionaría todo, la cuestión era ¿cómo?. Estaba por preguntárselo a su amiga cuando la voz de Marte la interrumpió.
Serena.- la llamó en tono meloso.- ¿Qué fue lo que pasó en la Tierra exactamente?
¿En la Tierra?.- preguntó nerviosa.- ¿Para qué quieres saberlo?
Por la misma razón por la que nosotras hemos contado nuestras experiencias.- contestó.- Por curiosidad.
Pero… pero… ¡Amy no la contado¿Por qué tengo que hacerlo yo?.- se quejó, la verdad es que no le apetecía para nada hablarles a sus amigas de Endymión.
Yo… no es que no quiera contarlo.- dijo Mercurio con timidez.- es que prefiero no recordarlo.
¡Lo mismo que yo!.- exclamó Serena.
Son situaciones diferentes.- insistió Marte.- Todas sabemos que a Amy no le gusta la Tierra y es normal que no quiera hablar de su experiencia pero tu eres harina de otro costal, además, ella estuvo apenas cinco horas y tu estuviste una semana entera.
Pero…
Venga Serena.- intervino Venus.- No te hagas de rogar, todas estamos deseando escuchar tu historia.
La verdad es que sí.- reconoció Júpiter.- Parece que conociste a gente muy interesante.
¿Interesante! Para nada, para nada.- sacudió la mano con gesto despreocupado para intentar restarle importancia al asunto.- En realidad, con él único con el que tuve contacto fue con Hiperión, a Euclides solo lo vi una vez.- mintió.
Pero al menos explícanos cómo se enteró la reina de quien eras y si al final recuperaste tu anillo o no.- dijo Marte.- Nos lo merecemos por encubrirte.
Bueno.- contestó débilmente.- supongo que sí.
Venus, Júpiter y Marte se acercaron un poco más a Serena para no perderse el menor detalle de la narración. Amy, por temor a que la obligaran a contar lo que le había sucedido con aquel chico tan extraño, Amadeus, prefirió quedarse en donde estaba.
Veréis.- empezó Serena.- el anillo me lo devolvió Endymión y la reina se enteró de quien era porque me escuchó confesárselo a su hijo.
¿Qué Endymión te devolvió el anillo?.- frunció el ceño Marte.- ¿Te refieres al mismo tipo al que no parabas de insultar y que se negaba a devolvértelo?
Esto…. sí…
¿Y como lograste que cambiara de opinión?.- inquirió Júpiter interesada.
Es que… .- retorció nerviosa su vestido.- hicimos un trato.
¡Serena!.- exclamó de repente Mercurio preocupada.- ¿No sé te ocurriría decirle quien eras a cambio de tu anillo¡Es una locura!
¡No¡No¡No¡No!.- se apresuró a responder Serena.- Lo de mi identidad se me escapó sin querer.
¿Cómo que se te escapó!.- le gritó Marte irritada.- ¿Es qué acaso no sabías lo peligroso que era?
¿Y cuál fue el trato?.- preguntaron a la vez Júpiter y Venus.
No creo que eso sea lo prioritario ahora.- masculló Marte molesta por la intromisión.
¡Claro que sí!.- replicó Venus.- Es más importante de lo que piensas.
Ññññññ.-gruñó la chica pero no dijo nada más.
Y bien Serena¿cuál fue el trato?
Pues… .- bajó la mirada y empezó a retorcerse las manos.- … fue…
¿Fue…. .- casi se pegan a ella Venus y Júpiter.
Fue… una cita.- respondió en apenas un susurro.
Como es lógico todas las chicas se quedaron de piedra al oír la revelación, bueno, todas menos Venus que después de asimilar la noticia se levantó de un salto con un sonrisa de oreja a oreja mientras hacía el signo de la victoria.
¡Lo sabía!.- exclamó triunfante.- Serena se ha enamorado del príncipe de la Tierra.
¡Yo no he dicho eso!.- protestó la princesa mientras se levantaba ella también.
¿Entonces por qué estás colorada como un tomate?.- la acusó.
No… no… ¡no estoy colorada!.- replicó poniéndose aún más roja.
¡Dios santo!.- se levantó Júpiter.- Minako tiene razón, te has enamorado de un terrícola.
¡Serena!.- se unió al grupo Marte.- ¿Cómo has podido enamorarte de un terrícola¿Qué pasa con Arthur?
Os repito que no estoy enamorada de nadie.- insistió la princesa.- Fue Endymión quien me propuso tener una cita a cambio de mi anillo, yo no estaba interesada en él.
¿Estabas?.- rió con malicia Júpiter.- Eso quiere decir que ahora sí lo estás.
¡Claro que no!
¿Os besasteis?.- curioseó Venus con los ojos brillantes.
S…¡no!.- exclamó aunque no pudo evitar sonrojarse.
Ji, ji, ji, ji, a mí me parece que sí.
Porque no la dejáis en paz.- se levantó Mercurio y la rodeó con sus brazos, cosa que Serena agradeció enormemente.- Si dice que no está enamorada de ese chico es porque no lo está.
Pero Amy.- protestó Venus que no estaba nada de acuerdo con su amiga y deseaba conocer más detalles sobre el asunto.
Me decepcionas, Serena.- habló Marte muy seria ignorando a Mercurio.- No puedo creer que te hayas enamorado de uno de esos impresentables y menos aún de un tipo como ese tal Endymión, tan rastrero que no duda en chantajear a una chica para obtener sus favores.- con desprecio.- Es un miserable.
¡Endymión no es un miserable!.- encaró Serena a Marte muy molesta por el comentario. Pese a ser capaz de soportar los insultos a su propia persona jamás había podido pasar por alto los que iban dirigidos a las personas a las que apreciaba.- ¡Es una de las personas más maravillosas que he conocido en mi vida¡¿Entiendes!
¡Claro que no!.- contestó.- ¡Y menos aún cuando fuiste tu misma la que me dijo que era imbécil, un idiota, un desconsiderado, un egocéntrico, un arrogante, un aprovechado y miles de cosas más!
¡Porque aún no lo conocía!.- replicó cada vez más furiosa.
¡Porque aún no lo amabas y ahora eres incapaz de ver la realidad!
¡Mentira¡Mi amor por Endymión nunca me… .- calló al ver que Marte se separaba de ella un poco y dejaba de mirarla con la vena de la frente hinchada.- ¿Qué….- retrocedió unos pasos dándose cuenta en ese momento del error que había cometido.- No quise… eso… .- se tapó el rostro con las manos y se dejó caer en el suelo.
Las chicas, que no esperaban esa reacción, se miraron confundidas hasta que al final fue Júpiter quien se acercó a ella y la abrazó con ternura.
¿Es por eso por lo que me pediste perdón antes?.- preguntó.- Por estar pensando en él en vez de en mí.
Serena asintió levemente con la cabeza mientras un par de lágrimas se deslizaban por su rostro.
Tengo miedo de no volver a verlo.- gimió.- Y aunque pudiera hacerlo.- dijo pensando en las palabras de su madre.- no es seguro que consigamos estar juntos, su madre, el odio que nuestro pueblo le tiene a la Tierra… son muchos impedimentos y eso sin contar con Arthur…¡dios¿qué voy a hacer con él?.- lloró aún más fuerte.
Contadle la verdad.- dijo Marte.- Es lo menos que merece.
Pensaba que estabas enfadada conmigo.- dijo entre sollozo y sollozo.- Dijiste que te había decepcionado.
Mentí.- respondió con una sonrisa mientras se sentaba a su lado.- Quería averiguar la verdad.
¿Por qué no querías decirnos lo que te pasaba?.- inquirió Mercurio con dulzura una vez que hubo asimilado la noticia.- ¿Acaso temías que no lo entendiéramos?
Serena asintió levemente con la cabeza.
¡No me puedo creer que no nos tengas más confianza!.- la riñó Venus.- Sobre todo a mí.- se arrodilló, la tomó de las manos y la miró con expresión solemne.- Iremos juntas a la Tierra a ver a tu chico y al mío, no importa lo peligroso que sea.
No te pases, Mina.- advirtió Marte.
Ji, ji, ji.-se incorporó.- Solo ten presente que el amor rompe barreras.
¿Cómo?.- quiso saber la princesa.
Con nuestra ayuda.- le sonrió Júpiter.- Para eso están las amigas.
Ante esta muestra de apoyo y amistad incondicional, la joven no pudo evitar llorar aún más fuerte para al final terminar abrazándolas y dándoles las gracias por su amistad.
Una cosa más, Serena.- dijo Marte una vez que hubo pasado el momento de efusión.- No le digas nada a Arthur hasta que la guerra haya terminado, es lo mejor.
Pero… ¿y si me busca?
No creo que lo haga.- meditó la joven.- Seguramente esté muy ocupado hasta que el asunto llegué a su fin, igual que nosotras.
Rei tiene razón.- dijo Mercurio.- Endymión tendrá que esperar a que la guerra termine.
Serena asintió, pese a lo que pudiera sentir no debía olvidar la situación en la que se encontraba el reino.
Lo entien….
¡Así que aquí estabais metidas!.- las interrumpió de repente una voz bastante conocida.- ¡Llevo buscándoos más de una hora!
¡Luna!.- exclamaron las cinco chicas al mismo tiempo.
He hablado con la reina.- centró su atención en Serena.- Y ni pienses que conmigo te va a ir todo también.
¿No?.- inquirió temerosa mientras se refugiaba detrás de Júpiter que se apresuró a alejarla de allí antes de que Luna la tomara con ella.
Lita… .- gimió desconsolada ante tal falta de piedad.
Si me vuelvo a enterar de que pisas suelo terrícola.- prosiguió Luna amenazadoramente.- te impondré un castigo tan severo que no volverás a reír en toda tu vida.- la princesa tragó saliva.- ¡Y esto va por todas¿Entendido!
Sí, sí, sí.- se apresuraron a responder.
Y ahora.- las recorrió con la mirada mientras las chicas retrocedían con precaución.- ¿No vas a darme un abrazo?.- sonrió.- He estado muy preocupada por ti.
Las chicas suspiraron aliviadas y Serena se apresuró a abrazar a su nana. A veces le daba mucho miedo pero en el fondo la quería tanto como a su madre.
Continuará…
En este capítulo me he centrado en los sentimientos de Serena tras volver de la Tierra, en el siguiente capítulo se verán los de Endymión.
Usagui: Me alegro que te haya gustado.
Abda: Hombre, Endymión lindo como mujer… en la imagen que yo me hice estaba bastante feo pero como quiere tanto a Serena pues le dio igual. Y respecto a Arthur, tenía pensada esa escena desde hace bastante tiempo, un primer encuentro entre los dos en los que Endymión saliera perdiendo, en el futuro quien sabe lo que pasará.
Lupita: Pero chiquilla¡¡¡si Arthur solo le dio en el hombro! ( y un poco ). Eso se cura rápido.
