XXIII

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El dios de la muerte y su ángel.

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Dainn lo observó detenidamente. Otro hubiese tenido piedad o por lo menos mostrado calma ante un oponente lastimado como Kapsuo. El joven en guardia conservaba la postura de defensa aun teniendo una pierna inmovilizada por el dolor. El cazador emitió un suspiro, mitad sonrisa y mitad gesto de ansiedad, y sin prolongar la espera se arrojó sobre él. Kapsuo mantuvo la calma a pesar de que eran segundos lo que lo separaban de la muerte y en un último instante dio un brinco atrás desviando la hoja de la guadaña con un hábil golpe de su espada Gram. Tras el rápido retroceso frenó apoyándose en su pie sano, se apoyó apenas en la pierna lastimada y conteniendo el dolor la utilizó para girar el cuerpo con inercia y volver a apoyar el pie sano mientras ya movía los brazos girando la Gram por delante de su cuerpo chocando dos veces el filo de la guadaña. Otra vez apoyó el pie y sintió los huesos quebrados de su pierna crujir como si se fragmentara en todavía más partes, incapaz de soportar la velocidad y fuerza de los movimientos de su mismo dueño que llevaba al límite su cuerpo con tal de contener los embistes del demoniaco Dainn.

Con un fuerte choque de aceros ambas armas se alzaron apenas siendo retenidas por las manos de sus amos. En aquel movimiento Kapsuo olvidó su pierna y se apoyó en ella sintiendo el dolor como una espada cortándole desde la rodilla hasta la cadera y dejó de sostenerse. Cayó hacia atrás y en el último momento utilizó la otra pierna para no caer. Todo esto lo distrajo y no vio cuando Dainn ya recobrando el equilibrio giró por completo su cuerpo estirando una pierna que lo conectó en el peco enviándolo al suelo. El cazador no esperó una invitación y ya saltó rápidamente con la guadaña en alto como un tigre sobre la presa. El joven giró por el suelo evitando el golpe mortal y en medio del movimiento apoyó una mano doblando el cuerpo apoyando rápidamente ambos pies para frenar quedando de rodillas. Dainn desencajó la punta de la guadaña del pavimento y arqueando los brazos se abalanzó sin tiempos de espera sobre Kapsuo, pero este ya lo esperaba con ambas manos estiradas teniendo la hoja de la Gram por delante de una de las palmas.

¡Oscuridad del alma!

Dainn sorprendido por lo rápido del conjuro y a apenas dos pasos del joven teniendo el ataque casi sobre su rostro apenas reaccionó cruzando la guadaña como escudo antes de que la explosión mágica los envolviera peligrosamente a ambos. Kapsuo se estrelló de espaldas contra un poste del tendido eléctrico arrancándolo desde la base, empujado por la explosión de su propio hechizo y atravesó también con su cuerpo la pared de un jardín. El polvo que se levantó ensombreció el aire y tosiendo trató rápidamente de incorporarse, pero apenas trató intentó enderezar la cabeza la bota de Dainn aplastó su pecho inmovilizándolo de espaldas contra el suelo.

—Muy osado, sí, osado, niño, sí, sí. Osado. Y estúpido, sí —rió.

El cazador con la guadaña colgando de una mano y el pie sobre el joven celebró su triunfo. A pesar de haber recibido el hechizo se movía con la misma agilidad que desde el principio. Su cuerpo se veía lastimado, la sangre de las heridas brotaba como una sustancia oscura desde cada agujero de su cuerpo y los labios amoratados se confundían también con la sangre que brotaba hasta el mentón, salía de una de las orejas y por el costado de la cabeza. Sin embargo, nada de esto parecía incomodarlo como si el dolor fuera parte de su bienestar. Todo lo que Dainn hacía en ese momento era reír y reír. Kapsuo no podía respirar soportando aquella presión que aunque en apariencia no parecía más que estarse apoyando sobre él, en realidad lo aplastaba con más y más fuerza cada segundo que la entusiasmada risa de Dainn continuaba agrietando la tierra a su derredor y sintiendo ya como otra costilla crujía y cedía bajo la pesada bota del cazador.

No cediendo a la desesperación estiró el brazo queriendo alcanzar la espada que descansaba a medio metro de distancia. Dainn lo notó, retrocedió el pie y con la misma presteza aplastó la mano del joven que esta vez no pudo evitar emitir un quejido de dolor antes de morderse los labios con orgullo. Dainn entrecerró los ojos buscando la mirada del joven mientras su pie se movía de un lado a otro sobre la mano, los huesos se escuchaban tronar uno tras otro. Kapsuo mantuvo el silencio.

—Cuánto orgullo, sí, cuánto desperdicio. ¿Pretendías algo con traicionarnos, sí, traicionarnos? Pobre miserable, pobre imbécil, crío deprimente, no, jamás, no, no, no, nunca adivinarías, no, adivinarías los planes del amo. El amo sabía, sí, sabía desde el primer día en que te trajo ante Dainn que nos traicionarías. Sí, él sabía.

En ese momento Kapsuo demostró por primera vez auténtico interés en las palabras del cazador y lo miró a los ojos. Aunque seguía silente su expresión lo delató y Dainn se sintió doblemente triunfador aquel día.

— ¡Oh, sí, él sabía! ¡Sí, sabía, el amo sabía, sí, sí! El amo quería que Dainn acabara contigo, el amo dijo a Dainn que Dainn debía esperar, porque el niño una presa de Dainn era, pero no aún, no, no, no todavía, el dijo que no. El amo ordenó cuando el niño traicionarlo quisiera. Sí, como ahora, sí. ¡Sí!

— ¿Por qué entonces…? —Apretó los labios pero ya era demasiado tarde, porque en un descuido había descubierto las dudas de su corazón.

Dainn lo observó y paladeó el momento. Torturar aquella frágil carne no se acercaba en lo más mínimo al placer de poder cortar una parte de su arrogante espíritu.

— ¿Por qué, pregunta el niño, por qué? Oh, sí, el porqué, sí, sí, el porqué siempre angustia, el porqué siempre se necesita. ¿Por qué existe el niño? ¿Por qué no murió en manos de Dainn mucho antes? ¿Por qué Dainn es Dainn? ¡Ah, la maldita necesidad de poseer un motivo para existir! —Volvió a estallar en carcajadas y parecía que mientras más se extasiaba más fuerte deslizaba la bota moliendo los huesos de la mano del joven que ya apenas podía sentir—. Sí, el porqué de tu miserable existencia, crío, ¿te interesa saber? El amo te quiso y el amo ahora te desprecia. ¿Qué planes tenía el amo para contigo, niño, tenía él, sí?

Levantó lentamente el pie liberando la mano amoratada del joven Kapsuo. Lo pateó una vez en el costado y a continuación se inclinó a su lado. Lo cogió por el mentón con los largos dedos obligándolo a levantar un poco la cabeza y mirarlo a los ojos.

—Lo veo, sí, veo en tus ojos, niño. Veo en tu alma. Necesitas saber, necesitas entender porque odiar a Dainn —rió entre dientes apenas conteniéndose—. Oh, sí, quieres entender el sentido de tu débil vida. ¿Sabes por qué el amo te quiso? ¿Por qué? ¿Sí? ¿No?

—Habla, miserable animal.

—Ah, ah, lo sabía, ¡el niño quiere saber! ¡Sí, sí, el niño es muy importante, sí! El niño es importante, el niño es parte de los grandiosos planes del amo, ¿sí, sí, lo crees? ¡Mentira!

Dainn estalló en nuevas carcajadas.

— ¡Mentira, mentira, sí, tu vida es una mentira! No, no, niño, no, no existe propósito, no existe plan, no. No para ti. Tú eres insignificante, tú eres miserable, tú no debiste existir en primer lugar, no, crío, no, vivir no debías. Pero el amo quiso, el amo quería fastidiar al miserable de Freyr, el amo quiso molestarlo, el amo quiso enfurecerlo, preocuparlo, lastimarlo reteniendo a uno de sus descendientes. ¡Sí! ¡Sólo fuiste una broma más del amo! Pero el amo se aburrió rápido, ¿por qué, porqué se aburrió, por qué, sí, por qué? Porque Freyr te abandonó, a él no le interesaste entonces a mi amo también dejaste de importarle. Ya no tenías valor, nunca lo tuviste.

Soltó el rostro del joven dejando que la cabeza cayera golpeándose bruscamente en el suelo. Se levantó estirando el largo cuerpo haciéndole sombra al joven como el destino cruel que le acababa de revelar.

—El amo esperó que murieras entonces, sí. Alvheim debió ser tu tumba, niño, una victoria imposible para ti. Pero lo superaste, oh, sí, venciste, viviste, demasiado molesto para el amo. El amo dejó de preocuparse entonces, importantes asuntos tenía el amo como para mirar una broma aburrida y de tan poca valía. Oh, sí, ahora Dainn debía encargarse de ti. ¡Qué fastidio, qué pérdida de tiempo! Qué afortunado eres, niño, que Dainn sea el único al que le interese tu vida… y tu muerte. ¿No te sientes conmovido ahora, niño, no, de saber que a Dainn es al único al que le importas? Dejaste de existir, dejaste de vivir, nadie te recordará en tu muerte, nadie, como nadie te recuerda ahora en tu vida. ¡Nadie! ¡Nadie! ¡Nadie! ¡No eres nada!

Tanta era la risa del cazador que arqueó el cuerpo hacia atrás con la boca abierta, las carcajadas hicieron eco en toda Nerima, escalofriantes y perversas. Finalmente había conseguido lastimarlo, finalmente el alma del crío el pertenecía y ahora satisfecho podría finalmente terminar con esa patética existencia. Todo había resultado perfecto en aquel maravilloso día y comenzaba a amar esa pequeña ciudad de Midgard donde tanta sangre había podido derramar y quizás cuánta más le esperaba. ¡Correría como ríos rojos por las calles! Sería una celebración a su triunfo.

Se detuvo. Paralizado con la boca abierta escupió sangre negra en su última carcajada. Cerrando la boca dejando una gruesa línea negra que manchó todo el mentón miró hacia su vientre. Otra vez había sido atravesado en el vientre, pero esta vez era la hoja de la Gram la que había aparecido desde la punta hasta la mitad de la amplia hoja que ahora refulgía en un intenso azul. Los ojos del cazador temblorosos se arquearon hacia atrás y se encontró con un nuevo guerrero. Era un hombre maduro y alto, de rostro delgado y barba corta y mal atendida. Llevaba una armadura ligera a base de una malla de acero que cubría su cuerpo, pantalones de cuero cubiertos por botas de metal que le llegaban al muslo así también como los guantes igualmente de pesado acero que le llegaban hasta las grandes hombreras. Usaba también un abrigo sin mangas amplio con un grueso cuello peludo. El cabello oscuro y desordenado coronaba un rostro de sonrisa irónica y despreocupada con un horrible corte marcado cruzándole el labio y uno de los ojos, donde un parche de cuero lo cubría.

—Qué desagradable placer volvernos a encontrar, Dainn.

—Oh, oh, oh, Hogrant, el rey mercenario, sí. ¿Cuántos siglos ya?

—No los suficientes como para haber olvidado la manera en que me asesinaste y despojaste de mi ejército. Sin contar que encerraste mi alma a esta maldita espada.

— ¿Y ahora sirves al niño, no?

— ¿Servir? No seas divertido, animal, simplemente nuestros interesas se alinean en esta hora. ¿No es así, mocoso?

Kapsuo se sentó lentamente a pesar de sus muchas heridas y cuando miró al cazador en sus ojos no había sentimiento alguno.

—Acábalo.

—Ya viste, el chico ha hablado.

Dainn volvió a sonreír. Esto sería divertido. Cogió con una mano la hoja de la Gram causando que sus propios dedos sangraran. Hogrant se sorprendió, ya que no había visto la osada acción encontrándose tras el cazador, cuando tiró de la espada sin poder arrancarla del cuerpo de Dainn. Aquella distracción le costó un fuerte golpe que Dainn le dio con el codo y que lo envió al suelo soltando la espada.

El nuevo espíritu invocado por la sangre de Kapsuo, uno de los mil que vivían esclavos a la espada y la voluntad de su amo temporal, se levantó rápidamente limpiándose el rostro y desenfundando cogiendo su propia arma que llevaba cruzada por la espalda; era una gran alabarda, un bastón largo con afilado extremo como el de una lanza, pero en cuyo extremo superior también era compartido por un filo enorme como el de una lanza. Dainn estirando el brazo hacia la espalda cogió la empuñadura de la Gram y doblando de manera anormal su cuerpo la desencajó arrojándola con desprecio. Entonces se aferró con fuerza del bastón de su guadaña sintiéndose otra vez interesado en la lucha. ¿Cuántas heridas mortales más podría soportar el cuerpo de ese monstruo antes de demostrar algo de debilidad? Nadie lo sabía.

—Volviste a mi ejército en mi contra —lo amenazó Hogrant—, y lo desviaste de su verdadero propósito cuando lo sometiste a esa perra de tu madre Jezenia y a la voluntad de la diosa Hel a la que ella servía. ¡Los mercenarios de Touni existíamos únicamente para obedecer la palabra del auténtico dios de la muerte!

— ¿Dios de la muerte, dios de la muerte, sí, sí, otra vez con eso, sí? —Dainn se mostró serio, incluso algo molesto—. Pobre mortal, no, miserable mortal, no, ¡patético mortal! ¡Yo, Dainn, soy el único señor de la muerte! ¡Yo soy la muerte encarnada!

—Pagarás por tu blasfemia, Dainn, ahora y de una vez por todas aquí cobraré mi venganza.

—Oh, sí, tú harás, sí. Entonces trata, trata, a Dainn intenta cortar. Si puedes —siseó con voz amenazante.

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Millia se detuvo a mitad de la calle. Observó con detenimiento a Nina que apoyada en un poste jadeaba tratando de recobrar el aliento.

—Dama Nina, no debería haber venido, sus heridas son graves y mi magia no puede sanar el daño profundo. Es peligroso.

—Sí, lo tengo claro, tú y tu inútil magia nunca son capaces de nada. ¿Pretendes que te abandone también a tu suerte? ¿Qué harás ahora si te encuentras de nuevo con Dainn?

Millia guardó silencio. Se sentía dolida por la brusquedad de la valquiria pero también sabía que no era su culpa. Nina se sentía culpable por la posible suerte del joven Mouse aunque no quisiera reconocerlo.

— ¿Estarán a salvo?

—No, no lo estarán. En ningún lugar de Midgard podrán esconderse de ese malnacido de Dainn. ¿Así que es verdad que los dos asesinos están luchando entre sí, no sería una trampa para desorientarnos?

— ¿Trampa?

—No, olvídalo, tu pequeña cabecita hueca sería incapaz de prever aun lo obvio.

— ¡Dama Nina, ya es suficiente!

La valquiria la miró enojada por la reprimenda, más luego se calmó inclinando el rostro.

—Lo siento. Eso no fue amable de mi parte y no lo merecías.

—Disculpa aceptada. No debe sentirse responsable por todo lo que sucede en Midgard sólo porque Akane no se encuentre con nosotras.

—Otra inútil más. Agradezco que no esté porque conociéndola tendríamos otra chica osada más que proteger, como si ya no tuviéramos suficientes problemas.

Millia se mostró en desacuerdo. Trató de pensar en otra cosa mientras le ofrecía su hombro a la valquiria para ayudarla a moverse y habló suavemente sin pensar.

—Sólo espero que no haya sido un error involucrar al amable doctor Tofú en esto cuando le pedimos que asilara a la familia Tendo en su consulta.

—No pienses mucho en eso. Si tus hechizos de protección funcionan como debieran a lo menos estarán a salvo por algún tiempo. ¡Por Asgard!, esto no está funcionando, no puedo moverme bien y de nada servirá que me arrastres por toda Nerima.

—Lo siento.

—Deja de disculparte, la culpa fue mía por insistir en venir también. De todas maneras me siento frustrada, debo reconocer que todavía me tiemblan las piernas al pensar en ese monstruo —dijo Nina, y a continuación meditó en como su compañera Millia a pesar de todo y siendo mucho más débil que ella en apariencia parecía estar menos asustada con esa situación. Aquello la hizo sentir todavía más humillada.

— ¿Se siente responsable por el joven Mouse? —Preguntó Millia preocupada.

—Él se metió donde nadie lo había llamado. Es su culpa si no consiguió escapar, pero ruego a todos los dioses que lo encontremos con vida.

Llegaron a la orilla del río y ambas guardaron un pesaroso silencio.

—No…

Nina se soltó del abrazo de Millia y prácticamente se arrojó por la empinada ribera. Tropezando rodó el último par de metros y gateando se acercó al cuerpo del joven Mouse al que rápidamente cogió con ambas manos por los costados del torso y arrastró dificultosamente fuera de las aguas. Lo palpó detenidamente en varias partes del cuerpo y al final se detuvo, de rodillas a su lado con el rostro inclinado y ambas manos sobre el pecho lastimado del chico manchó sus manos en la sangre todavía cálida que empapaba toda la túnica. No dijo nada. Millia desde la altura de la calle tampoco pudo hacerlo con ambas manos en su rostro.

—Te dije que no te metieras —Nina se llevó una mano al rostro pasándosela con insistencia por los ojos—. ¡Te lo dije! ¿Por qué no me hiciste caso? Este no era tu problema, estúpido midgariano orgulloso y entrometido. ¡Tenias que haberme obedecido! ¡Tenías que haber huido!

Entonces su espíritu percibió sintió algo cuando pasó su mano por la mejilla del chico.

—Su alma todavía se encuentra vinculada a su cuerpo. Quizás sí… —Alzó el rostro buscando a Millia—. ¡Qué haces allí, debes irte ahora!

—Pero, dama Nina, como podría dejarla atrás…

— ¡Vete, maldición, no te necesito! Dainn ya no volverá aquí, este sitio no le interesa y nuestro deber principal es proteger a Iris y la familia que le ha brindado refugio aun con nuestras propias vidas, no lo olvides. Una vez que esos dos asesinos acaben su estúpido duelo, si es que en realidad se encuentran enemistados, estoy segura de que volverá a cazar a Iris. ¡Debes velar por ella! Yo ya no puedo hacer nada en este estado, lo siento, sólo te demoraría más de lo prudente.

Millia comprendió que nada haría que la valquiria se moviera del lado del cadáver de Mouse. Quizás en su corazón noble se sentía responsable y como doncella santa al servicio de la voluntad de Asgard todavía más al no desear que el cuerpo de un guerrero tan valiente tuviera que permanecer solo en su muerte. Las valquirias debían honrar a los caídos así como servirlos en eternidad. Supuso que aquellos sentimientos se mezclaban en el corazón de la dama Nina junto con la culpa de no haber podido detener al asesino de Asgard. Más luego pensó en sus propios sentimientos, en el miedo que sentía hacia el cazador de almas pero que no se comparaba al temor de perder a uno de los miembros de esa querida familia. Nunca tendría una posibilidad en contra de Dainn, con la dama Nina en ese estado tampoco podría contar con su ayuda.

La lucidez de tintes estratégicos que se ocultaba tan bien debajo de su inocente timidez otra vez comenzaba a martillar en sus pensamientos con una osada idea que superaba sus más valientes intenciones. Ella no podría ganar en contra de Dainn, pero quizás sí podía asegurarse de que alguien capaz se enfrentara a él y venciera; aunque ese alguien pudiese ser uno de sus peores enemigos. ¿Tendría que ayudar entonces al causante de la caída de Alvheim, esa era la decisión correcta?

—Dama Nina, por favor espéreme y no se arriesgue, volveré en seguida.

La valquiria notó al instante aquel resplandor de terquedad en los ojos de Millia que le recordó tanto a otra terca que siempre buscaba meterse en problemas. Lamentablemente para ella sus temores fueron confirmados en cuanto la vio correr en la dirección opuesta a la que habían venido directamente desde la pequeña consulta del doctor Tofú y se maldijo entonces por no ser capaz de detenerla ni mucho menos de seguirla.

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Los aceros se estrellaron con furia. La alabarda se cruzó con la guadaña como si se conocieran de antes. ¡Y claro que lo hacían! ¿Quién sino él fue quién lo educó en los caminos de la guerra, en el uso de esa magistral arma que impondría el miedo a sus enemigos, arma que había visto una vez utilizar al dios al que había prometido servir con el último aliento de su alma mortal? Hogrant lamentó tanta estupidez entonces. Se compadeció de su propia ceguera recordando su pasado, de cómo debió haber vislumbrado las intenciones de esa mujer llamada Jezenia, debió también haber conocido que la bruja seguidora de las mentiras de Hel planeaba adueñarse de su poderoso ejército mercenario y de que ese crío que llegó cargando en su vientre llamado no se trataba de un ser ordinario. ¡Él mismo lo había bautizado y adoptado eligiendo un nombre digno de los mercenarios del dios Touni!: "Dainn", palabra que en su antiguo idioma significaba únicamente "muerte".

La ira alimentaba el poder de sus brazos tras cada embiste que Dainn recibía con notorio esfuerzo. Las heridas del cazador si bien no las reflejaba en su rostro ni palabras parecían menguar las fuerzas del siempre invencible einjergar y el espíritu de Hogrant con mente estratégica comenzaba a aprovechar cada movimiento y ángulo de ataque por donde el cazador de almas pudiera mostrarse más debilitado. Atacaba por los flancos de Dainn, presionaba los brazos en posiciones de defensa que moverían el cuerpo del cazador a realizar esfuerzos con las partes más lastimadas de su cuerpo. La sangre negra seguía desparramándose por el suelo. Sin embargo, algo preocupaba a Hogrant, y era que a pesar de presionar las heridas que ya habrían asesinado a diez fuertes hombres el cazador de almas continuaba mostrando la misma velocidad y fuerza que ostentaba desde el comienzo del encuentro. Pronto comenzó a creer que la debilidad de Dainn podría tratarse de una simple trampa para aumentar su confianza y llevarlo así a una muerte rápida.

Los aceros volvieron a deslizarse uno contra el otro y cuando se separaron dio un golpe confiado creyendo ya suyo el cuerpo de Dainn. Pero éste lo esquivó con impresionante velocidad y antes de que Hogrant pudiera permitirse pensarlo realizó un paso atrás evitando un fuerte contraataque. La guadaña rozó su rostro y cortó un par de cabellos por sobre su frente. Entonces Hogrant realizó un giro defensivo con el bastón de la alabarda y recibió un segundo impacto que no vio venir, pero que sí había previsto dada su vasta experiencia: él mismo había enseñado a un crío llamado Dainn siglos atrás aquel peligroso contragolpe en que el verdadero ataque sería el segundo impacto por un ángulo muerto del oponente. Rugió y recibió por respuesta la sonrisa de Dainn; ¡El maldito lo estaba disfrutando!

Hogrant miró hacia atrás de manera disimulada, ocultando de Dainn sus preocupaciones. El joven Kapsuo había desaparecido de la escena de combate, se había escabullido como una sombra tal y como él esperaba. Al final el nuevo amo tampoco confiaba en que él pudiera ganar ese encuentro y se habría propuesto retroceder y recobrar las heridas para luego tener una mejor oportunidad. No sintió en nada lastimado su orgullo sino que con la calma de un estratega alabó lo que para él habría sido la mejor decisión. La espada Gram también había desaparecido. Sonrió, por lo menos algo le salía bien cuando comenzaba a sospechar de la suerte destinada para esa batalla.

Un destello de plata vibró por encima de su cabeza, se agachó evitando ser decapitado y alzando la alabarda las armas chocaron otra vez y las chispas quemaron el césped a sus pies. Se había distraído y tuvo la suerte de que Dainn parecía ser más cuidadoso de lo que recordaba o ya habría muerto con a lo menos tres movimientos distintos que él mismo le había enseñado. Volvió a tomar distancia manteniendo la guardia. Los recuerdos lo invadían con tanto pesar que le fue imposible ignorarlos: la pérdida del joven Ignus al que creía su más prometedor sucesor afectó su confianza, luego vino la aparición de Jezenia cuando arrasaron un pueblo miserable hacia las tierras nevadas y él tuvo la mala decisión de perdonarle la vida y cogerla por su mujer. Luego se enteraría del hijo que cargaba en su vientre y lo creyó suyo, cuánto lamentó ese error cuando descubrió pocos años después que esa criatura era en realidad un vástago del demonio Grendel con quien la bruja Jezenia había yacido en oscuros y lujuriosos rituales, con ese demonio y quizás cuántos más alimentando la oscura simiente que engendraría a ese monstruo. Pero nada se compararía al dolor y la humillación de que un simple niño de once inviernos pudiera arrebatarle su propio ejército, declararse servidor de Hel junto a la bruja de su madre y quitarle la vida delante de todos sus hombres. Ese niño no era humano, no conocía piedad y su único placer era beber la sangre de sus enemigos como si fuera la leche que tomaba de la teta de su madre. Hogrant lo maldijo, porque por los años de crianza y duro entrenamiento fue recompensado con la muerte, cuando aquel niño le cortó los brazos y las piernas delante de sus hombres y no satisfecho con eso cogió la espada sagrada Gram que nadie debía empuñar y que el rey mercenario custodiaba en nombre del auténtico dios de la muerte, y con ella le atravesó el corazón.

La espada Gram cobró entonces su alma por la eternidad, ¿cómo podía saber que ese sería el precio por haber fracasado a la promesa que le realizó a su antiguo señor, el único dueño de la Gram, el dios de la muerte Yngvi Touni? Otras almas llegaron después a acompañarlo en la oscuridad y juntos formaron el ejército de los mil condenados por la hambrienta espada y por la mano sangrienta de Dainn.

Ahora Hogrant, el primero de los espectros, volvía a luchar gracias a la bondad del nuevo dueño de la Gram, un auténtico heredero del verdadero señor de la muerte. No estaba seguro del porqué pero lo sabía, porque podían los espectros sentir en el interior de la espada como la misma respondía con placer a la nueva mano que la empuñaba. Nunca Dainn había conseguido hacer más con ese acero que otorgar la sucia muerte, por el contrario el joven mortal de nombre Kapsuo podía retener el oscuro deseo del acero por asesinar a sus víctimas y más todavía ordenarle devolver a los espíritus que atesoraba con celo. ¿Cómo podía ese muchacho invocar con simple sangre mortal los cuerpos materializados de los espectros? Un milagro así era digno de los señores de Asgard y aunque aquel muchacho no parecía percatarse de la grandeza de sus actos sí lo hacían los espectros que juraron cada uno en sus corazones servir por siempre al señor de la espada maldita.

Recibió la guadaña con el bastón de la alabarda y la larga hoja curva se detuvo a centímetros de la cabeza de Hogrant. El rey mercenario gruñó inclinando el bastón y empujando el arma de Dainn. El cazador dio un giro hacia atrás, como si estuviera efectuando una alocada danza, y sin detener las vueltas volvió a atacar con la guadaña a una velocidad inimaginable para el espectro. Detuvo los primeros tres golpes y cuando se disponía por el siguiente no vio como Dainn se había acercado dando un raído paso en medio de los giros y conectándole un rodillazo en los brazos lo obligó a levantar el arma. Cuando bajando la pierna terminó el último giro y la guadaña probó de lleno la carne de Hogrant.

"Mi señor hizo bien en no haber confiado en mis pobres habilidades". Con la sonrisa de orgullo imaginando las sublimes habilidades de predicción de su joven amo se desplomó sobre el césped. La otra mitad de su cuerpo cayó hacia atrás y la sangre se elevó formando una figura en el aire guiada por el resplandor de la guadaña del cazador.

—Siempre fuiste divertido, rey de los mercenarios. Oh, sí. Oh, sí, sí, lo fue mucho. Sí que lo fue, sí. Hogrant, rey de los patéticos muertos.

Si alguna vez el afecto podría haberse retorcido a tal punto como para provocar nauseas de odio fue entonces cuando Dainn repitió en sus labios ennegrecidos por su propia sangre el nombre del que una vez fuera su padre en vida y también el primer hombre al que odio con deseos asesinos. Dainn rió, alzó la guadaña y la dejó caer clavándola en el pecho de Hogrant que aun con vida lanzó un grito de dolor al cielo. Desencajándola con tal violencia que arrancó la carne la volvió a dejar caer sobre el indefenso cuerpo del rey mercenario. Y la siguió alzando y clavando dos, tres, muchas veces provocando estallidos de sangre que empaparon parte de su ropa y rostro. Su risa se ahogó entre los quejidos del espectro hasta que ya no hubo más respuesta, los restos de se tornó en destellos blancos que se esparcieron por todo el lugar.

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2

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Ranma alzó la mano envuelta en las llamas doradas de K'Zun Fei como si el sol se hubiera alzado en mitad de la noche. Aquella energía irradiaba tal candor que el aire se distorsionaba alrededor del cuerpo del muchacho aunque no parecía lastimarlo.

—Geez —exclamó Touni mezclando su expresión con un intenso silbido. Erguido con confianza a mitad de la plaza se encontraba envuelto por la sombra que Ranma proyectó sobre la plaza al tener la intensa luna de Asgard justo a sus espaldas. La demostración del joven de Nerima parecía haber renovado su extraño interés—, mi intuición me decía que esto sería interesante.

— ¿Puedo preguntar algo? —Dijo Ranma rompiendo el dramático silencio que se había formado entre ellos.

—Puedes, de hecho ya lo acabas de hacer. Todo el mundo es libre de preguntar lo que quiera. Geez, por el contrario, yo soy libre de responder lo que se me antoje.

El joven mortal no reparó en el tono burlón de Touni y continuó.

— ¿Qué pretendes hacer, para qué renaciste? Parece que planeabas hacerlo desde un principio, ¿qué pretendes entonces hacer ahora?

—Muy incisivo, niño. Sí, sí, planeaba volver, mi renacimiento en este universo sería uno de mis más sublimes planes —mientras hablaba la mirada de Touni se tornó amenazante y su cuerpo adoptó una postura de combate—. Pero lamentablemente no tengo deseos de responderte.

—Ya veo.

—Así es.

—Mortal o dios sigues siendo el mismo idiota de siempre.

—Eso es… Oh, ¿me acabas de ofender?

Ranma sonrió.

— ¿Qué esperabas entonces? Estos últimos días no han sido para nada agradables y tú "renacimiento" no los mejora en nada.

—Geez, eres un amargado. ¿Cuántos milenios han transcurrido ya? A pesar de todo ese tiempo actúas tan parecido al aguafiestas de Njörd que hasta podría considerarte su hijo.

—No me ofendas.

Touni sonrió entre dientes.

—En eso estamos de acuerdo, parecerse a él debe ser todo un insulto. Lo siento, niño, por tener que revelarte tan dolorosa similitud.

Ranma estiró el brazo y las llamas de su mano rugieron alimentándose del aire.

—Y yo también lo lamento por ti.

— ¿Por mí?

—Porque Touni o Rashell, a pesar de que hayas renacido, sigues teniendo la misma cara de imbécil de siempre.

—Buen intento, mortal, sigue practicando y llegarás a tener una lengua tan afilada como la de mi querido primo. Geez, ¿entonces planeas utilizar "eso" o vamos a seguir discurriendo toda la noche? Tengo mucha curiosidad por saber de qué manera pretendes utilizar el alma de ese dragón.

Ranma guardó silencio. ¿Cómo adivinó Touni que la energía que utilizaba ahora pertenecía a la esencia heredada de su dragón K'Zun Fei? Ya no importaba, apretó los labios y afiló la mirada. Todo acabaría rápidamente de una manera u otra. Saltó abanicando el brazo con violencia.

¡Llama de Fei!

De su brazo las llamas se extendieron rápidamente formando una corriente similar al filo de una espada que golpeó el suelo justo donde se encontraba el dios de la muerte con tanto ímpetu que el fuego se esparció por los adoquines hasta consumir las casas colindantes como una violenta ola durante una tormenta. Touni estiró ambos brazos y las llamas se recogieron a su alrededor despejándose con la misma velocidad con la que habían cubierto todo.

— Geez, sí, eso me gusta. ¡Al fin nos estamos poniendo serios! —Cerró el puño delante de su rostro y lo abrió rápidamente liberando una pequeña luz con forma de un anillo de plata que se esparció desapareciendo. Por un momento nada sucedió. Ranma cayó a pocos metros delante del dios, con la mano pudo percibir el intenso calor que todavía emanaba de los adoquines y como el vapor ascendía rápidamente alrededor de ambos.

El joven no esperó un contraataque y se arrojó empuñando la Skirr con vehemencia. Pero Touni se movió deteniendo rápidamente la hoja de resplandor áureo con su simple espada de mithril asgariano. Aquello sorprendió a Ranma, esperaba partir esa hoja como una hojarasca y notó recién que la energía oscura del dios Touni también imbuía a su espada.

— ¿Y te atreves a levantar una de mis propias creaciones en mi contra? Geez, mereces un pequeño escarmiento, niño. Eso no ha sido nada decente de tu parte.

— ¿Cómo, tu creación?

—Oh, vamos —Touni entrecerró los ojos disfrutando de la curiosidad del jovenzuelo mientras ambos forcejeaban con las espadas—, ¿acaso te creíste también esa historia de que la Skirr que utilizó el gran Njörd era el auténtico corazón de Vanaheim?

Ranma abrió los ojos sorprendido. Mal momento para caer en una distracción.

—Deberías cuidar mucho mejor de tu oponente y dejar fuera tus problemas personales durante un combate, mi amigo.

Aquella advertencia lo alertó y siguiendo los rápidos ojos de Touni miró hacia el cielo. Recién entonces comprendió aquel extraño movimiento que el dios de la muerte había realizado antes de que cruzaran las espadas.

— ¡Demonios! —Exclamó sudando.

—Demonios no; bellas manifestaciones de mi maravilloso genio y arte creativo, sí.

Sobre ambos en el cielo se manifestó un aro de luz plateado que creció rápidamente hasta cubrir el espacio de toda la plaza. En el centro del aro no se veía el cielo oscuro ni las estrellas, tampoco las silenciosas nubes grises que ahora rodeaban el perímetro de la ciudad producto de los anteriores eventos que sacudieron a toda la bahía. Una negrura abismante llenaba el área al interior del aro atravesada por ondas de luz carmesí. Tres siluetas brillaron como estrellas dentro del aro y descendieron velozmente, tan rápido que parecían venir desde muchos metros de altura en aquel espacio mágico. En el momento en que las siluetas cruzaron la puerta que separaba dos dimensiones el aro se desintegró y la oscuridad desapareció en una lluvia de destellos que acompañó a las nuevas figuras en su descenso. Las tres siluetas cayeron formando un amplio triángulo alrededor de los dos combatientes.

Sin dejar de forcejear Ranma movió los ojos rápidamente hacia ambos lados tratando de no perder de vista tampoco a estas nuevas apariciones. Las tres entidades al caer habían doblado los cuerpos dejando los largos cabellos como velos por delante como si hicieran una profunda reverencia. Entonces se levantaron con bruscos movimientos. Los largos cabellos oscuros dibujaron siluetas en el aire y cayeron por las espaldas blancas de pieles delicadas. Eran tres mujeres cuyos vestidos vaporosos cubrían todo el cuerpo delgado por delante pero dejaban una pronunciada abertura en la espalda hasta el final de la misma. El joven de Nerima se quedó perplejo, tanto que perdió la fuerza y fue empujado por el atento Touni cayendo sentado en el piso. Ante él el dios de la muerte se mostró en toda su magnificencia celebrando su última maniobra.

—Te presento a mis mensajeras.

— ¿Mujeres?

—Casi. Creaciones mágicas de mi genio. Si mi espíritu es la voluntad que ejecuta el destino y mi mano es la muerte, ellas son los dedos que he moldeado con mi magia para llevar a cabo la gran obra. Geez, ¿no te parece que son hermosas?

Touni caminó hacia una de ellas y acarició la mejilla pálida. La mujer de apariencia joven y belleza perfecta no parecía reaccionar. Los ojos oscuros eran tan profundos y vacíos como el cosmos y los cabellos desordenados caían por delante y por detrás cubriendo parte de su rostro y labios algo ennegrecidos.

— ¿Qué le has hecho a ellas?

— ¿Hacerles? —Touni rió ante la inocencia del muchacho—. No les hice nada, ellas nacieron así. ¿No lo comprendes todavía, por qué no dejas que tu espíritu Vanir responda tus inquietudes antes de seguir avergonzándote con preguntas necias que no hacen sino revelar más y más tu ignorancia?

Al principio no entendió, más luego consiguió comprenderlo. Su percepción espiritual no le pudo decir nada sobre esas mujeres y entonces confundido se vio obligado a preguntar poniéndose otra vez en guardia.

—No puedo sentir sus almas.

—Es porque no poseen cosa semejante, ellas no son existencias reales. No son distintas a un juguete armado con mis propias manos, pero en este caso he utilizado la energía espiritual para ellas. Utilizando los residuos de las almas que he consumido las he creado. ¿Has oído sobre golems o autómatas? ¿No, nada? Geez, olvídalo, sólo imagina que ellas a diferencia de las otras burdas creaciones elaboradas con materiales tan hoscos como el acero o la greda, son seres artificiales creadas únicamente con energía astral. Yo les he dado forma y voluntad, ¿no te parecen hermosas? Son como el arte, réplicas maravillosas que buscan acercarse a la perfección que sólo el artista admira de una manifestación original —Touni la observó con dedicación como lo haría un dibujante ante una trazado hecho por horas con gran placer—. Sí, sí, geez, es que adoro el espíritu femenino y por ello he querido darles esta forma. ¿No crees que sean mucho mejor que aquellos que hacen bestias horribles o cosas por el estilo? Por supuesto, además de imitar la forma de una mujer perfecta también he querido darles algo de su espíritu.

— ¿De su espíritu?

—Oh, no, me expresé mal —la sonrisa de Touni se tornó peligrosa—. "Espíritu" está muy mal utilizado en este contexto, ya hemos abusado mucho de esa palabra. Geez, veamos, ¿Y si…? Sí, podría ser más adecuado. Digámoslo mejor carácter, sí, el peligroso, voluble, caprichoso y mortal carácter femenino.

Al instante los tres espectros estiraron uno de sus brazos y en cada mano una fuerza oscura se estiró como la macilla adoptando la forma de tres guadañas de bastones negros y hojas de plata curvadas. Cada una de los tres aceros reflejó un ángulo distinto del cuerpo del joven que tenían en el centro. Ranma se quejó entre labios y alzando la espada Skirr se mantuvo en guardia.

—Esto se va a poner muy divertido —murmuró Touni dándole la espalda a Ranma, y caminado se alejó de él cuando movió la mano como si diera una orden con muy poco entusiasmo—. Trata de que no te maten muy rápido, ¿quieres, niño?

Los tres espectros con forma de mujeres hermosas y a la vez de miradas tan afiladas como las guadañas que manejaban, mensajeras del dios de la muerte, se arrojaron al instante con los largos y abultados vestidos levitando sobre el piso en contra de Ranma que las esperó turbado.

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Touni caminó a solas algunos metros metiéndose en una oscura callejuela. Necesitaba pensar. El sonido de los aceros estrellándose entre sí, roca estallando y madera crujiendo no le interesó. Necesitaba pensar y nada más lo distraería, ni siquiera el extraño espécimen que resultó ser aquel joven descendiente de su estúpido primo Njörd. Llegó a un callejo donde la callejuela se ensanchaba un poco más transformándose en un pequeño patio formado entre tres callejuelas, un pozo y pequeñas casas con ventanales de varias formas, uno incluso compuesto por un entramado complejo de vitrales hexagonales y algunas enredaderas que colgaban de las columnas que soportaban los techos que como cobertizos se pronunciaban hacia la calle. Algunos charcos se amontonaban sobre los viejos adoquines. Suspiró.

Se acercó a una de las enredaderas y acarició las hojas.

—Se está perdiendo más rápido de lo que esperaba. No me equivoqué en mis cálculos, en realidad desperté en la mitad del ciclo de vida de este mundo, ¿por qué se encuentra tan agotado entonces como si estuviera a punto de morir? Geez, ¿será acaso culpa también de lo que hicimos con "ellos"? No, no puede ser, eso significaría que se encuentran carcomiendo los muros de su prisión —suspiró penosamente aceptando la realidad—. Así que este universo va a morir prematuramente por nuestra labor, Njörd. Por suerte que estás muerto, de ver esto habrías arrastrado una penosa cara de culpa por el resto de tu eternidad, como si no te conociera —rió con melancolía.

Pasó la mano por la cabeza sintiéndose cansado. El dios de la muerte se perdió en su propio reflejo. Escuchó entonces el doloroso grito de Ranma y algo lo perturbó, más todavía cuando notó su propio rostro y la preocupación que reflejó.

—Así que era verdad, en realidad debí ser amigo de ese chico si por instinto me inquiero por su seguridad. Quizás por eso no lo eliminé en un principio y he seguido con toda esta farsa sólo para dejarlo vivir unos minutos más. ¡Ah, la ironía! Fuimos camaradas en el pasado y ahora parece que lo volvemos a ser, Njörd. Quién diría que nuestro apego era tan fuerte que nuestros destinos se seguirían cruzando tras tantos milenios. Pero aunque estemos juntos en esto te haré un favor y me encargaré de que ese chico muera hoy. No dejaré que arrastre la misma aflicción que te destruyó a ti, no, con uno solo basta para llevar a cabo semejante crimen. ¡Geez! Después de todo soy un egoísta y desconsiderado individuo, no me interesa nada de este universo.

— ¿De verdad lo crees así?

La voz que escuchó le resultó ser demasiado familiar como para ponerse alerta. Alzando el rostro Touni se encontró otra vez con su reflejo, pero esta vez su propia imagen no lo imitaba sino que de brazos cruzados en el vidrio lo miraba con un aire más animado de lo que él mismo se conociera de sí.

— ¿Y quién eres tú?

—No preguntes idioteces.

—Ah, así que eres tú. O yo. O ambos. O… ¡qué disparate! ¿Por qué no desapareces?

Al mover la mano con insistencia su imagen se deformó retornando a su reflejo original.

— ¿Así que también estaba en tus planes el ignorarme?

Touni siguió la voz y se encontró con otro de sus reflejos, ahora en un vidrio de la ventana de la casa opuesta.

—No sé de lo que me estás hablando —respondió con orgullo.

— ¿No, no lo sabes? —El reflejo de actitud más enérgica pero no menos irónico hizo un gesto como si aclarara la garganta antes de hablar en voz alta con fingido dramatismo—. "Qué son los recuerdos de una vida mortal al lado de la eternidad", ¡por favor! ¡Cuántas mentiras! ¿No fue por temor a que en tu nueva reencarnación te encariñaras con este universo, con su gente, con sus amores, que planeaste sellar todos los recuerdos que crearas en este mundo tras tu despertar?

—La mentira es mi especialidad, ¡geez!

—Tanto así que te mientes a ti mismo. ¿Por qué quisiste separarme de ti?

—No sé de lo que me estás hablando, no escucho, soy sordo, tralalala…

—Geez, nunca creí que yo llegase a ser tan insoportable —replicó el reflejo ante la actitud tan infantil del temido dios de la muerte para luego desparecer.

Otra vez se quedó en silencio. Touni se sentía inquieto y mirando el piso trataba de retomar la línea de sus pensamientos pero algo se lo impedía. De pronto el ruido de la lejana batalla comenzó a enervarlo como si fuera aquello lo que tanto lo perturbaba. Otro grito de Ranma seguido por el sonido de la madera desplomándose lo alertó y giró agitado.

— ¿Cómo? ¿No decías que no te importaba nada? —dijo otra vez su reflejo apareciendo en una ventana.

— ¡Y no me importa! No es más que una reacción instintiva, un acto condicionado por la inútil vida mortal que he de haber tenido en este mundo, nada más.

—Te preocupas por él, tanto, que ahora no te lo puedes sacar de la cabeza —el reflejó se manifestó en otra ventana a su derecha—. ¿No deseas saber quién era en realidad, qué significaba para ti, qué significaba todos los que conociste en esta vida?

— ¿Y de qué serviría eso? Geez, si al final todos van a morir. Crear vínculos, relaciones de afectos, cariño, amor, amistad, ¿de qué sirve si todo ha de perecer? Sólo sería una inútil distracción en mis planes.

—El gran dios de la muerte está asustado de mirar en unos pequeños recuerdos.

—No, no lo estoy en absoluto. ¡Los sentimientos no son más que un estorbo! ¿Acaso no pude yo asesinar a mi primo Njörd con mis propias manos?

El extraño reflejo apareció en varias ventanas a la vez riendo a carcajadas.

— ¿De qué te ríes?

—De lo cobarde que puedo llegar a ser. ¿No recuerdas lo que sucedió en realidad u ocultaste intencionalmente otra parte de tu pasado?

— ¿No lo asesiné yo?

La risa de la decena de reflejos lastimó sus pensamientos.

—No, no lo hice. ¿Qué sucedió…? Ahora que lo pienso, en esa oportunidad. ¡No, fue ella!

—Geez, hasta que al final demuestras algo de valor.

—Eso no es verdad, ¿por qué ella? Ahora lo recuerdo, ella nos descubrió, sí, aunque éramos enemigos entonces jamás Njörd levantó la espada en su contra, incluso cuando… ¡pero ella nos descubrió!

—Sí, lo hizo, y trató de detenerlos.

—Y el estúpido de Njörd se dejó llevar por sus sentimientos y… ella lo mató. Ambos tortolitos murieron ese nefasto día. ¡Mentecatos!

—Y quedaste solo.

—No, no sólo, porque estaba "él".

— ¿Qué hiciste con él?

Touni no respondió, miró uno de sus reflejos acusadoramente y éste le respondió la mirada con una irónica sonrisa.

— ¿Qué hiciste con él?

Volvió a preguntar el reflejo y Touni se quedó en blanco. ¿Qué había hecho con "él", aquello tan importante y a la vez tan desagradable que unía el pasado de todos?

Entonces escuchó un fuerte sonido y al girar vio en el aire a uno de sus espectros que tras haber sido proyectado en el aire un rayo de luz lo atravesó en el pecho. El fantasma soltó la guadaña y al instante se desvaneció dando un alarido de dolor.

—No es posible, ni siquiera Njörd podía desintegrar así a una de mis mensajeras a menos que… ¡haya sido un ataque de existencia perfecta! Ningún mortal podría hacer algo semejante, ni siquiera los niños de los dioses, ¡debes estar bromeando conmigo!

— ¿De verdad el gran Touni es incapaz de intuir lo que ha sucedido?

— ¿Cómo, sabes algo? ¡Habla!

— ¿Hablar sobre qué? —Dijo el reflejo en una de las ventanas—. Nosotros no sabemos nada —dijo su reflejo en un vidrio roto al final de la callejuela—. Nada de nada —agregó su propio reflejo en un charco de agua a sus pies—, porque tú no quieres saber nada.

— No juegues conmigo, geez, ¿quién es ese mocoso?

Un grito desgarrador lo paralizó. No fue de Ranma. Una explosión con forma de una columna de luz levantó tierra y rocas y al instante percibió dentro de su espíritu que había perdido a otra de sus mensajeras.

— ¡Quién es él! ¡Cómo puede tener tanto potencial siendo un simple muñeco de arcilla creado por ella!

— ¿Creado por ella? —Preguntó un reflejo—. Interesante, puede que te estés acercando.

—No, no, debes estar bromeando. Yo no puedo haber sabido algo así y haberlo dejado pasar. ¿Qué hizo ese estúpido crío Freyr con "él"? Se supone que no debía tocarlo, no debía siquiera darle la posibilidad de…

—Lo que es una amenaza también puede ser una oportunidad.

—Todavía no te rindas.

— ¿Por qué no probar una vez más?

— ¡Yo lo probé todo! Geez, demonios, todo, sacrificamos todo y aún así nada conseguimos en contra de ellos. No existe otra solución, ¡deja de dudar! Yo mismo llegué a la conclusión de que no había otra manera, este universo debe desaparecer aunque me desagrade hacerlo.

—Has probado todo, menos la solución que te dio ella.

Touni abrió los ojos confundido, todo lo que escuchaba no eran sino los reclamos de su propio corazón al que creía muerto muchos milenios atrás más ahora regresaba con renovado ímpetu.

—No, es demasiado osado, no puedo estar seguro de que él sea "él". No, Freyr no podría haber sido tan estúpido como para desobedecerme, no. Pero y si lo hizo… debo estar seguro. ¡Dime todo lo que sabes, ahora!

— ¿Saber qué? —Dijo uno de los reflejos—. Yo no sé nada, porque tú no sabes nada.

—Tú no quieres saber nada —dijo otro reflejo llamando su atención del lado opuesto.

Touni inclinó el rostro y sonrió maquiavélicamente.

—Oh, ya veo. ¿Quién podría ser tan osado como para chantajearse a sí mismo? —Se preguntó en un oscuro susurro sin dejar de sonreír—. Bien, ¿qué quieres entonces?

El reflejo sonrió. Todos los reflejos que aparecieron en cada vidrio, ventana, poza de agua, cristal y aún en los metales que reforzaban una vieja carreta lo miraron a la vez con una actitud risueña y triunfante; era Rashell. Y todos ordenaron a una sola voz en un coro que saturó de sonidos el alma eterna de Touni.

— ¡Qué me recuerdes!

—Entonces que así sea —respondió Touni cerrando los ojos—. Cómo me odio —susurró concentrándose.

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Ranma giró hacia atrás apoyando una mano en el piso, evitando los rápidos cortes que rayaron la piedra ancestral del suelo. El espectro lo acechó rápidamente sin darle un respiro. El joven la rechazó con un golpe de la Skirr y tras el fuerte rebote de la guadaña aprovechó el espacio para saltar sobre un tejado. Entonces corrió rápidamente saltando de un techo a otro. El espectro apareció levitando a gran velocidad a su lado siguiendo su movimiento en paralelo.

—Maldición, ¿no podemos discutir esto? —Como era de esperarse no recibió ninguna respuesta del espectro—. ¿No? ¿Ni siquiera un poco?

El espíritu rugió con voz inhumana deformando la aparente belleza de su rostro y lo atacó rápidamente, arqueando la guadaña en el aire desplegó una oscura energía que con forma de luna creciente cortó el espacio que los separaba. Ranma apoyó el talón deteniéndose bruscamente cuando la hoja de energía oscura cortó el tejado hasta la pared del primer piso y pasó por delante de la nariz del joven como una cuchilla cortándole la punta de un mechón.

Abrió los ojos asustado y rápidamente se arrojó al piso cuando otra de esas ráfagas le pasó horizontalmente por encima.

— ¡Debes estar bromeando!

Con los brazos se impulsó elevando el cuerpo un metro evitando una tercera ráfaga que le pasó justo por debajo rozándole las manos. Apenas cayó rodó por la pendiente opuesta del tejado. El espíritu sobrevoló la casa para alcanzarlo pero apenas llegó del otro extremo se detuvo confundido. Moviendo la cabeza lentamente lo buscó pero no lo encontró. Entonces notó un movimiento tras unas cortinas, se trataba de un niño elfo que se había asomado con imprudente curiosidad. Su madre rápidamente lo cogió por la cintura para apartarlo de la ventana. Lamentablemente para ellos el espíritu no hizo distinción y alzó la guadaña emanando aquella fuerza oscura dispuesta para un nuevo ataque que demolería toda la pequeña edificación.

En el momento en que ejecutó el ataque Ranma apareció delante de ella y con la espada detuvo la guadaña. El choque fue descomunal porque la energía oscura también se ensañó en contra de la Skirr. Ranma resistió la fuerza y como si su espíritu hubiera llamado a la espada, ésta volvió a resplandecer como no había querido hacerlo durante toda aquella nefasta noche. Ganando empujó el arma de la mensajera de la muerte. El espíritu se vio desarmado y con los ojos todavía en el cielo siguiendo el girar de la guadaña recibió el contraataque de Ranma que la cortó en diagonal. El cuerpo astral se desintegró al instante siendo consumido por la fuerza de la Skirr y Ranma, triunfante, trastabilló torpemente hacia atrás hasta apoyar la espalda en una pared, dejó que su cuerpo se deslizara por la superficie sentándose en el piso y trató de recobrar el aliento. Su corazón se encontraba agitado, la respiración era irregular y el dolor sacudía cada músculo de su cuerpo. Había utilizado magia en contra de todas las indicaciones de Leshy y ahora sentía que aquel vacío dentro de su alma se había abierto otra vez, como si los finos hilos con los que había sido cerrado aquel abismo cedieron ante la inimaginable y voraz fuerza que lo consumía y que ahora sería imposible volver a contener.

Apoyó la cabeza en la pared y miró hacia el cielo. Las estrellas le parecieron maravillosas, no así la oscuridad del cosmos que lo asustaba como si también tratara de consumirlo.

—Ahora sí, ya no puedo más —jadeó dolorosamente apretando los labios. Abrió la boca tratando de respirar tragando grandes bocanadas de aire frío y cerró los ojos deseando que el aire frío de Jarnvidr también helara su rostro afiebrado—. ¡No puedo más!

— ¿Tan pronto te das por vencido? Geez, ¿justo ahora cuando recién nos comenzábamos a divertir? —Dijo el dios de la muerte—. ¿No te parece que eso es muy desconsiderado de tu parte, Ranma?

Ranma abrió un ojo y se encontró con Touni que con actitud descarada y con las manos en los bolsillos del largo abrigo se encontraba de pie ante él, de sonrisa arrogante y con el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante.

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3

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Kapsuo se encontraba sentado en el suelo contra la pared a mitad de la calle con las piernas estiradas. Con los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia atrás tenía los ojos cerrados. Entonces percibió un ligero movimiento y abriendo un único ojo y cerrando la mano alrededor de la empuñadura de la espada Gram que descansaba tirada a su costado la vio.

Millia con la mirada seria y el rostro palidecido lo observaba intensamente. Con ambas manos cruzadas en la espalda tenía el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante como si él fuera algo curioso de ver. Cuando la reconoció no relajó la mano en la espada sino que la arrastró un poco acercándola a su cuerpo. Ella notó al instante cuál era el problema. Se acomodó el vestido con las manos en un femenino gesto antes de doblar las piernas y acuclillarse a su lado manteniendo el equilibrio a una distancia que no sería prudente. Él levantó la espada cuando ella alzó ambas manos posándolas sobre la pierna lastimada de Kapsuo.

— ¿Qué pretendes?

Ella cerró los ojos y se concentró.

— ¡Qué pretendes!

Dejando cae la espada para utilizar el único brazo que podía mover la cogió por la muñeca lastimándola con su brusquedad y obligándola a abrir los ojos y mirarlo asustada.

—Ayudarlo —respondió nerviosa.

—No necesito tu ayuda.

— ¡Pero yo sí necesito la suya para derrotar a Dainn!

Aquel ser tan frágil como un pajarillo lo desafió y no desvió nunca los ojos, a pesar de que él le dedicó su más aterradora mirada.

—No quiero tu ayuda —insistió con violenta terquedad y la empujó.

Millia perdió el equilibrio y cayó hacia atrás quedando también sentada en el suelo. El silencio perduró hasta que se tornó incómodo entre ambos.

—Vete.

Ella no respondió, sino que con el rostro ligeramente inclinado y un gesto que Kapsuo no pudo interpretar si era miedo u odio, lo siguió observando hasta hacerlo sentir incómodo.

—Vete o él te matará cuando llegue.

No hubo respuesta, ni siquiera se movió en la posición en la que había quedado tras caer. Todo lo que hacía era observarlo con una insistencia que le pareció insolente.

—Vete o yo te mataré.

Más ella Insistió en guardar silencio.

— ¡Vete!

— ¡Oblígame!

Tras la fuerte respuesta de labios que sólo sabían hablar con suavidad volvieron a callar. Ella suspiró como si con ese estallido oculto de su personalidad hubiera conseguido que todo el temor y la tensión que sentía hubieran sido sacudidos de su corazón como si se hubiera librado de una pesada capa. Se acercó otra vez a él y ahora de rodillas volvió a colocar las manos sobre la pierna lastimada del joven.

—Te advertí que…

— ¡Guarda silencio, no dejas que me concentre!

Kapsuo obedeció. No por temor o sumisión, sino por una gran curiosidad. Sería tan sencillo para él apartarla, incluso lastimarla. Pero lo que lo detuvo fue justamente su latente odio por Dainn, sabiendo que la mitad de sus pensamientos eran obra del cazador de almas y por ello quiso oponerse a todos sus instintos que le decían que por la fuerza debí hacerse escuchar, o por el temor obligar a obedecerle.

— ¿Planeas ayudarme?

Siguió sin responder. Las manos resplandecieron en un ligero tono azulado y una onda de luz comenzó a pulsar sobre la lesión recorriendo el cuerpo de Kapsuo. El joven sintió al instante una sensación de frescura y una paz que no recordaba haber sentido jamás, como si todos los problemas del universo hubiesen dejado de tener sentido para él. Ni siquiera el dolor vivido, la angustia, la injusticia, y aún menos la venganza tenían razón para su corazón ahora envuelto por la quietud. Todos aquellos sentimientos reconfortantes y a la vez desconocidos combatieron en contra de su orgullo, sintiéndose también avergonzado de algo que creía una señal de debilidad y un embrujo de la muchacha. Luego vino a su nariz los aromas del bosque de Gimle y entonces recordó las muchas veces que recorrió esos parajes y que nunca antes había disfrutado de tan exquisito aire. Abrió los ojos con fuerza, parpadeó rápidamente asustado de haberse dejado llevar por aquel mágico sopor pero para su sorpresa Millia continuaba en la misma posición concentrada en su labor sanadora. El dolor retrocedió rápidamente y un incesante cosquilleo comenzó a invadir los músculos que antes se habían vuelto insensibles. Se quedó entonces quieto, su idea de detenerla se deshizo como la espuma de las olas y se dedicó a mirarla.

Los cabellos plateados se habían desordenado por el ajetreado momento y caían desenredándose por su naturaleza sedosa encima de los brazos. El rostro lo notó pálido y los ojos aún serios demostraban el temor y la preocupación. ¿Cómo no vivir con miedo siendo un ser tan insignificante ante los peligros de Asgard? Pero no fue desprecio lo que inundó sus pensamientos sino una secreta admiración. ¿Tenía mérito desafiar al peligro teniendo la fuerza para hacerlo, o sería más honroso acercarse a la muerte con tan poca capacidad para protegerse? Sin que ella lo notara él esbozó una sonrisa y quiso probar.

—No te he pedido tu ayuda. Cuando termines te mataré por tu insolencia.

Ella movió la cabeza dando a entender que lo había escuchado, pero luego la volvió a inclinar sin cerrar los ojos en ningún momento enfocada en su labor.

—Si así lo desea, por mí estará bien. Siempre y cuando venza a ese monstruo de Dainn.

— ¿Por qué debería yo…?

—Él vino por Iris. Si piensa que ella se encuentra con la familia Tendo sólo como una protegida se equivoca. Iris fue adoptada por Ranma, ahora es una Saotome.

Ella guardó silencio y esperó alguna reacción de su parte. Nada sucedió. Tampoco se atrevió a mirarlo a los ojos y siguió actuando como si se encontrara concentrada en sanarlo. Volvió a hablar.

—La señora Nodoka la considera su nieta y morirá antes de entregársela a un monstruo como Dainn. Proteger a Iris es proteger a también a su abuela. ¿Lo comprende ahora? —alzó el rostro y lo encaró—. ¿Lo comprende? Mi vida no importa, pero si realmente desea proteger a la señora Nodoka deberá también cuidar a Iris. Quizás así pueda en parte resarcir el daño causado en el pasado.

Kapsuo no dudó, sus ojos fueron implacables cuando respondió de manera abrupta y algo violenta.

— ¿Qué tengo que ver con esa mujer?

—Porque ella es su madre.

Terminó con un gesto de complacencia y retiró las manos dejándolas descansar sobre su vestido. Lo miró y esperó. Y se sorprendió al hallarlo turbado, era la primera vez que aquel rostro frío demostró tal confusión de sentimientos que lo hizo parecer tan humano como cualquiera. Millia sonrió, ella había concluido la verdadera identidad del temible asesino de Asgard y ahora confirmaba sus más locas teorías al notar la reacción del joven. Por un momento olvidó que se encontraba ante un peligroso criminal del mundo de los dioses y lo vio únicamente como el hermano mayor de Ranma al que acababa de conocer y su mente divagó rápidamente en los parecidos y las diferencias que existían entre ambos. De inmediato notó que el largo cabello de "Avari" se curvaba y rizaba en las puntas y mechones, similar en forma al de su madre Nodoka.

—Te mataré —dijo finalmente con tal frialdad que Millia sintió un escalofrío. Acababa de comprender que reveló lo que debía ser un terrible secreto para el azote de Alvheim y recién recordó que aquel joven hombre no era Ranma. Pero para su sorpresa él se inclinó un poco hacia adelante y estiró su brazo herido—. Ahora termina con esto, luego te quitaré la vida por entrometida.

Ella no sabía si tomarse aquello seriamente o en broma, no había manera de volver a indagar en los sentimientos de Avari cuando volvía a ocultarlos tan en lo profundo de su alma. Turbada y nerviosa asintió tomando el antebrazo con las manos y volviendo a concentrarse.

—Pero no será hoy —agregó Kapsuo y ella tembló ligeramente sintiéndose todavía más confundida. Asintió otra vez sin saber realmente qué responderle y continuó sanando el brazo herido con su magia.

Millia se hallaba otra vez concentrada en la magia cuando Kapsuo notó algo nuevo e inquietante. La hoja de acero de la espada Gram resplandeció como si uno de los espectros hubiera retornado y al instante entendió que ya no les quedaba más tiempo. Actuando con calma volvió a levantar ligeramente la espada deslizando por debajo de la empuñadura los dedos. Como si no quisiera interrumpir a la concentrada chica no movió la espada, sino que sus ojos se movieron inquietos recorriendo cada parte de la silenciosa calle.

—Terminé —dijo ella algo animada, pero cuando lo observó se encontró con una mirada amenazante.

Sin poder articular palabra alguna Kapsuo se abalanzó sobre ella y sólo reaccionó cerrando los ojos asustada. Escuchó el tronar de una explosión y sintió pequeñas piedrecillas y polvo cayendo sobre su cuerpo. Entonces abrió los ojos y más intranquila se encontró recostada sobre él. El joven había saltado alejándose de la pared y había caído de espaldas a algunos metros de distancia. Levantando un hombro del suelo sostenía con una mano la espada recostada sobre el piso y con el otro brazo rodeaba la cintura de Millia a la que había apegado a su cuerpo con un inesperado celo. Ella recién notó la cercanía y se sonrojó con fuerza, jamás había osado estar tan apegado al cuerpo de un hombre y se sintió perturbada, tanto, que olvidó la situación y no reparó en que el rostro de Kapsuo la evitaba mirando en otra dirección, con los labios apretados como si se encontrara en gran tensión. Recién entonces Kapsuo giró la cabeza y la miró como si recién la hubiera recordado.

—Yo… —Millia murmuró apenada pero él no le dio tiempo para hablar.

— ¡Apártate!

La arrojó con el brazo a un costado haciéndola girar por el suelo. Cuando se detuvo iba a reclamar pero vio una escena horrible. Dainn caía desde el cielo enterrándole una feroz patada en el abdomen al joven que lo hundió en el asfalto agrietando todo el suelo alrededor y lo primero que pensó fue en que si no hubiera desperdiciado el tiempo en alejarla habría podido defenderse mejor.

— ¡No lo lastimes! —gritó sin pensar sintiéndose culpable de su dolor.

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Touni dejó que su cuerpo descansara en la pared y se deslizó hasta quedar sentado en el piso al igual que Ranma. Ambos con las piernas estiradas y las miradas puestas en las estrellas se mantuvieron en un inquietante silencio.

—Lo siento —dijo el divino señor de la muerte.

—Yo también —respondió el extrañamente calmado estandarte del caos de Nerima.

Rashell sonrió con los labios juntos.

— ¿Y cuál era tu plan para que volviera en mí?

Ranma hizo un sonido como si estuviera pensando en voz alta antes de responder.

—Lo de siempre, golpearte hasta que entraras en razón.

—Geez, qué suerte tengo entonces de que no tuviéramos que haber llegado a eso.

—Aun no estoy tan seguro. ¿De verdad te sientes bien o necesitas un poco más de ayuda? —dijo Ranma levantando la mano empuñada y mirándolo de manera amenazante.

— ¡No, no, completamente seguro! —respondió Rashell abanicando ambas manos en señal de rendición. Ahora soy ciento por ciento el inigualable Rashell.

—Pero eso no quita que también seas ciento por ciento el insoportable de Touni.

Ahora los ojos de Ranma fueron de una mortal seriedad. Rashell suspiró rendido.

—Estás en lo cierto, soy ciento por ciento ambos encantadores individuos, envidia de hombres y deseo angustiante de todas las mujeres del universo.

—Ahora no estoy seguro.

— ¿De qué?

—De cuál de los dos es peor.

—Geez, gracias, amigo.

—De nada, amigo. Ahora deja que recupere un poco la fuerza en los brazos para golpearte como te lo mereces.

—Oye, ¿y dónde está eso del perdón de corazón? Soy un profundo camarada arrepentido de todo lo que te he hecho pasar.

—Sólo después de los merecidos golpes, no antes.

—Eres terco.

—Y tú un insensato arrogante.

— ¿Arrogante yo?

—Porque aquí el único sueño de las mujeres soy yo. Tengo experiencia en el tema —respondió Ranma con una gran sonrisa.

—Le diré eso a Akane.

—Maldito traidor.

Ambos rieron.

— ¿Qué planeaba Freyr al reunirnos?

Rashell no respondió de inmediato. Volvió a mirar las estrellas y recordó que lo mismo hacía milenios atrás junto a otro personaje muy parecido a su ahora amigo mortal.

—No me lo imagino. Recuerdo algunas cosas, otras no, la mente de Touni se encontraba en un caos peor del que quería confesar y al romper el sello que apartaba esa última parte de su mente que soy yo volvió a desorganizar lo poco que había logrado unir tras su despertar. Ahora que somos otra vez uno sus recuerdos comienzan a llegar a mí como gotas de agua tratando de regar un inmenso desierto. Geez, es problemático. Además de que Touni mismo en todo su conocimiento puede que no conozca tampoco las respuestas de lo que estaba tramando Freyr, recuerdo que él mismo murió hace ya mucho tiempo.

—Sigues hablando de él como si fuera otra persona.

—Lo sé, lo sé, pero es que todavía no me acostumbro. Todavía sus recuerdos me parecen los de otra persona.

—Pero siendo Touni eras bastante Rashell para mí.

— ¿Sí, lo crees?

—Sí, idénticamente insensatos, engreídos además de mujeriegos.

—No me lo menciones —Rashell comenzó a realizar figuras con los dedos como si tratara de recordar algo específico—. ¿No te fijaste lo que "yo hice" cuando invoqué a esas encantadoras invocaciones?

—Ah, retiro lo de mujeriego. Ambos son perfectos pervertidos.

—Geez, no me malinterpretes. Es sólo curiosidad.

—Sí, sí, lo que tú digas.

—Entonces, ¿de verdad no quieres que trate de utilizar algunos de los poderes divinos del gran Touni para ayudarte?

—Olvídalo. No quiero ser el conejillo de indias de nadie, menos de un idiota que ni siquiera tiene idea de lo que estaría haciendo.

—Gracias por el voto de confianza.

—Además me quedó bastante claro eso de que Touni utiliza almas como fuente de energía. No quiero vivir por el sacrificio de otros.

—Tan noble, ¡geez!, quizás demasiado para tu propio bienestar.

—Y Touni es demasiado peligroso para el bienestar de los demás.

— ¡Geez! ¿Desde cuándo te volviste tan irónico?

—La mala influencia, amigo, todo es culpa de la mala influencia.

Rashell sonrió con descaro.

—Pues sí, Méril nunca ha sido un buen ejemplo para nosotros los más jóvenes.

Ambos volvieron a reír. Suspiraron al final rendidos.

—Entonces —dijo Rashell seriamente—, ¿eso es todo, te darás por vencido?

Ranma se encogió de hombros.

— ¿No te da miedo morir?

—Tú lo hiciste dos veces y aquí te tengo a mi lado. Supongo que eso me ha ayudado a perder un poco el miedo.

—Pero lo sigues teniendo.

Ranma sonrió sin responder.

—Ah, no te preocupes, ahora que trato de recordarlo siendo un experto mercenario o aún un dios de la muerte también sentí miedo en su momento. Es algo inevitable.

—Estás muy tranquilo para saber que me estoy muriendo.

—Y tú más para ser el que se está muriendo.

— ¿Sabes algo que yo no sé?

— ¿Me creerías capaz de mentirte?

Se miraron fijamente.

—Sí —respondió Ranma.

—Quizás —agregó Rashell.

Ambos cerraron los ojos y apoyaron otra vez las cabezas en la pared.

— ¿Qué estamos esperando? —Preguntó Rashell.

—A que pueda mover otra vez el cuerpo.

—Sí, era eso, verdad. Lo siento, lo había olvidado.

.

La pared cedió ante el cuerpo de Kapsuo que de espaldas la cruzó entre escombros. Dainn lo siguió, sin piedad, nunca satisfecho y deseando más del dolor de su oponente. El joven no se rindió y a pesar del duro golpe consiguió girar en el aire hacia atrás, apoyar ambas manos sin soltar la espada y terminar la voltereta apoyando ambos pies. Pero no esperó al cazador sino que al momento se impulsó en un gran salto. Dainn le pasó por debajo algo sorprendido cuando Kapsuo giró en el aire e invocó un hechizo explosivo, y al igual que aprendió de su encuentro con Ranma utilizó la espada Gram cruzada por delante de la palma como un amplificador de su hechizo.

La explosión aplastó al cazador contra el suelo levantando una pared de rocas alrededor del cráter que se formó en una fracción de segundo. Kapsuo cayó dando giros, apoyó una rodilla en el piso y jadeando alzó la espada por sobre la cabeza no perdiendo nunca la concentración en la peligrosa batalla.

De la columna de humo Dainn emergió lentamente. Caminando arrastró los pies y balanceó los brazos con amenazante ritmo. Se detuvo en el lugar donde había caído la guadaña y envolviéndola con largos dedos la desencajó del suelo cargándola sobre el hombro y sonrió al joven.

—Bien, ¡muy bien! Sí, bien. Qué bien se siente, sí, sí, ¡sí! Se siente tu odio, niño, tu odio hacia Dainn. Sabroso odio, doloroso odio, sí.

Las ropas del cazador se encontraban teñidas por la sangre negra que emanaba de las muchas heridas incluso de las perforaciones de espada que traspasaban su cuerpo. El rostro demacrado, el cabello pegajoso por la sangre seca y las manos lastimadas, pero nada de eso parecía menguar el ánimo desquiciado del cazador, por el contrario, aumentaba su presencia atemorizante. ¿Cuánto más sería necesario para detenerlo? Esa sola idea podría destruir el espíritu de su rival más aguerrido, pero Kapsuo seguía allí dándole batalla al einjergar mitad hombre, mitad demonio, y de espíritu depravado como ninguno.

El joven contradiciendo las expectativas del cazador, en lugar de esperar defensivamente otro ataque se arrojó sobre él. Dainn se dio el tiempo de hacer girar el bastón de la guadaña alrededor de su cuello con un fuerte empujón de la mano antes de cogerla otra vez como una burla hacia su rival antes de avanzar para chocar otra vez los aceros. Pero no se esperaba que Kapsuo se deslizara a ras de suelo pasando por debajo de la guadaña y con un rápido movimiento empuñando una daga más rápida que la espada cortó la pierna del cazador.

Dainn mostró sorpresa y cayó al suelo producto de su propia fuerza y de la forma en que había perdido el control sobre su propia pierna. El corte tras el tobillo había cercenado el tendón de Aquiles de tal forma que le dejó la pierna paralizada. Kapsuo no se mostró alegre, sino que volvió a adoptar la defensa con la Gram en una mano y la larga daga en la otra. Dainn se irguió lentamente apoyándose en la guadaña y se miró la pierna, luego a Kapsuo complacido.

—Aprendiste bien, sí, bien, niño. ¡Muy bien, sí! —Rió a carcajadas extasiado de placer—. ¡Bien, bien, bien, muy bien! Dainn es un gran maestro, Dainn enseñó bien, sí —y ante la sorpresa de Kapsuo Dainn dejó de actuar como si tuviera la pierna inmóvil y la volvió a apoyar con firmeza ignorando la herida—. Muy bien —susurró finalmente en un inquietante siseo.

Kapsuo gruñó. Ni siquiera él conocía los límites de su antiguo maestro y ahora comenzaba a sentir que todas las estrategias aprendidas por ese monstruo no servirían en su contra. Enfadado de su propio temor avanzó otra vez. Las armas se cruzaron, chocaron, lucharon. Kapsuo giró, lanzó un golpe que no alcanzó a Dainn, rápidamente retrocedió el brazo y evitó que la guadaña lo dejara sin una de sus manos. Trató otra vez, ambos cuerpos giraron muy pegados el uno contra el otro pero ninguna de las armas fue capaz de alcanzar a su rival. Kapsuo movió rápidamente lanzó un golpe inesperado hacia atrás con la empuñadura de la Gram, pero para su sorpresa una de sus mejores tretas no dio en el mentón del cazador, sino que éste dobló la cabeza hacia atrás esquivándolo por milímetros. Por su osadía recibió un codazo de Dainn en el costado de la cabeza que al instante lo aturdió, pero con la mirada borrosa consiguió ver un destello de plata y se agachó justo a tiempo para evitar ser decapitado. Entonces volvió a girar la espada con un movimiento defensivo algo torpe y consiguió que Dainn retrocediera un par de pasos, lo suficiente como para recobrar un segundo aire.

—Más, más, más, ¡más! —Gritaba Dainn arrojando despiadados golpes, cada uno más rápido y astutamente mortal que el anterior. Kapsuo se vio retrocediendo, casi tropezando, mientras giraba la espada Gram de derecha a izquierda tratando de detener todos los embistes—. ¡Más, más, más, más, más! —Con la hoja curva de la guadaña atrapó en su interior al acero de la Gram y llevando ambas armas hacia el suelo quedaron los cuerpos topando hombro contra hombro. Entonces el rostro de Dainn quedó muy cerca del de Kapsuo. Alegre y sonriente le susurró con complicidad al joven—… Más, todavía quiero un poco más, sí.

El joven por instinto quiso retroceder pero olvidó en la desesperación la forma en que la espada estaba atrapada y los brazos tiraron de ella sin esperanzas. Cuando lo notó no pudo siquiera expresar su frustración porque Dainn le dio un violento golpe con la cabeza en su frente que lo envió al suelo soltando la espada. La cabeza de Dainn la sintió como una maza de acero y tirado en el suelo trató de levantarse. El cazador hizo bailar a la espada Gram que con la punta en el suelo y la hoja deslizándose bajo la empuñadura rozando el filo de la guadaña de un lado a otro girando como un trompo antes de cogerla con una mano. Así armado con la guadaña en la diestra y la Gram en la mano zurda hizo aspavientos amenazando al joven.

—Se terminó, sí, acabó, sí, finalizó, sí. ¡Tu vida, niño, tu vida, sí!

Ahora estaba en problemas. Débil, cansado, adolorido y ahora desarmado miraba a Dainn y los aceros que portaba que de un lado a otro se movían sin un ritmo que pudiera adivinar mientras el cazador se acercaba con lentos pasos obligándolo a retroceder. ¿Eso era todo, se habían acabado sus opciones, no le quedaban planes, no más movimientos o estrategias a seguir? Rabeó contra su propia debilidad. ¡Deseaba acabar con Loki y todo su maldito legado! Y ahora he aquí que era incapaz de enfrentar al más vil de sus perros.

Él ya no toleró aquella humillación y tal como el cazador esperaba fue más grande Avari y su orgullo ciego orgullo que el corazón de mortal de Kapsuo. Neciamente y en apariencia diestro y frío se abalanzó como una sombra sobre Dainn. Desapareció a menos de un metro de distancia. Dainn lo esperó paciente y sonriendo. "Avari" apareció a su lado y le conectó una fuerte patada en la nuca elevando su cuerpo tras un corto brinco. Dainn lo recibió sin siquiera poder defenderse, pero tampoco cayó porque el joven no se lo permitió, sino que poseído por un inigualable rencor comenzó a lanzar golpe tras golpe, patada tras patada sobre el cuerpo ya lastimado de Dainn. Las armas cayeron de sus manos, volaron cuando el joven cogió un brazo tras otro quebrándolos con las mismas técnicas que había aprendido de su maestro. Avari golpeó todos los puntos vitales en un conjunto de técnicas cuerpo a cuerpo que demostraba la inmisericorde arte de la muerte. Los años de entrenamiento en la escuela del asesinato se demostraron cuando golpeó con los codos los costados de Dainn quebrando sus costillas y atrapándolo por los hombros quebró ambas de sus piernas. Golpeó tantas veces y de manera tan brutal la cabeza del cazador que esta parecía flotar libremente del cuello. Al final reunió ambas manos en el pecho de Dainn y ejecutó su último movimiento.

¡Oscuridad del Alma!

El cuerpo de Dainn voló como un muñeco de paja empujado por el vibrante rayo de magia oscura, atravesó una casa y dos muros antes de detenerse con una explosión que como un géiser se elevó oscureciendo el cielo.

Todo había terminado. Avari cayó sobre sus rodillas jadeando. Entonces recién su ira se calmó y consiguió pensar con claridad. ¿Sentía orgullo, placer, siquiera un poco de alivio de haber derrotado a ese monstruo? Nada de eso lo llenó. La imagen de Ranma en la arena de Noatum apareció en su mente, las mismas recriminaciones que le hiciera entonces él mismo se las hacía ahora. ¿Qué había sido de su propósito de desafiar la voluntad de Loki y torcer la mano del destino? Rugió enfurecido y golpeó varias veces el suelo hasta que las manos sangraron. Había vuelto a actuar como el antiguo asesino de Loki, había dejado de lado su corazón mortal. Al final jamás podría librarse del legado que se le había heredado contra su voluntad.

—Muy bien, niño, sí, muy bien, sí, sí.

Sorprendido Kapsuo retrocedió levantándose y cruzando los brazos en guardia, pero tal fue su sobresalto que no pudo ocultar el impacto que causó en su rostro ver de nuevo a su viejo maestro. Dainn parecía deshecho por los ataques que sufrió tan inmisericordemente de parte del joven, pero a pesar de ello caminaba bamboleándose de lado a lado. Cuando estuvo frente a él la cabeza le colgaba horriblemente de la piel al tener el cuello roto. Levantó un brazo y cogiendo la cabeza por un extremo la enderezó bruscamente hasta que los huesos tronaron. La giró de un lado a otro hasta que la sintió en su sitio y otra vez sostenida por su propia fuerza.

—Una ejecución sublime, sí.

Luego cogió el otro brazo y lo enderezó haciendo sonar hueso por hueso, articulación por articulación hasta que recobró su verdadera forma.

—Maravillosa técnica, ¡oh, sí, sí, técnica!

Golpeó con sus propios codos los costados de su cuerpo hundiendo las costillas rotas que se asomaban empujando la piel. La sensación hizo al cazador aspirar una rápida bocanada de aire entre los labios provocando un silbido, para luego expirar como si aquello le hubiese causado un enorme placer.

— ¡Cuánto odio! ¡Cuánto maravilloso dolor! Oh, niño, eres sublime, ¡sublime, sí, maravilloso, sí! ¡Sí, sí!

Entonces cogiéndose la frente echó la cabeza hacia atrás riendo en oscuras carcajadas. Se detuvo repentinamente y movió los ojos para mirar a Kapsuo directamente a través de los largos dedos.

—Te faltó tan poco, oh, sí, tan poco para destrozar el corazón de Dainn. Pero dudaste. ¡Dudaste! ¡Dudaste! ¡Dudaste, malnacido crío! ¡Dudaste! ¡Por qué dudaste!

¿Por qué dudo? Kapsuo se mostró confundido, ¿había algún movimiento que no realizó al final, en algún momento se contuvo cuando la ira lo dominó?

Entonces recordó, cuando atacó al cazador su mente estaba llena de todos sus recuerdos de entrenamiento cruel, de asesinatos selectivos contra su voluntad, de sus años en Midgard oculto bajo la mirada de otros y peores maestros que lo instruyeron en las peores maquinaciones y técnicas para repartir la muerte. Sin embargo hubo un momento, un único momento, en el que dejó de sentir ira, ¿a eso se refería su viejo maestro? ¿Pero qué, cuándo, qué había recordado entonces?

La luz vino a su mente como un rayo de sol que encandiló sus ojos. Vio entonces por encima de su hombro como tras algunas ruinas del otro extremo del jardín que ahora pisaban la silueta muy mal oculta de Millia que observaba la contienda. ¿Qué hacía allí esa entrometida, por qué no se había largado cuando pudo hacerlo? Pero esa presencia lo hizo recordar.

Durante su brutal ataque el recuerdo que interrumpió sus más asesinos deseos había sido el único acto de bondad que había recibido en su vida; la imagen de Millia sanando sus heridas con la única intención de que él cuidara de otros.

Cómo maldijo a esa chiquilla entonces. Pero todo fue interrumpido por el feroz ataque de Dainn cuando sin siquiera percibirlo apareció ante él conectándole un poderoso golpe en el abdomen.

— ¡Ojo por ojo!

Lo castigó aplicándole terribles golpes y horrendas llaves que tronaron los huesos del joven pero no se los quebró, no, porque lo haría sufrir hasta el último momento.

— ¡Hueso por hueso!

Entonces el primero de los huesos sonó, el antebrazo derecho de Kapsuo se dobló y crujió como una ramilla estrujada por poderosas manos. La llave que le aplicó el cazador al final terminó por hacerlo girar y rodeándolo por la espalda lo cogió con un brazo por el cuello amenazándolo con partírselo con la facilidad de quien cortaría una espiga. Aquello alertó a Kapsuo y lo hizo sentir su pronto final. Pero Avari esperó, esperó pacientemente a que el joven temblara y rogara por su vida. Nada de eso sucedió. Enfurecido entonces lo soltó y aplicándole una nueva llave le quebró el otro brazo y cogiéndolo por la camisa lo arrojó contra la pared. Kapsuo cayó sentado sintiendo el terrible dolor sacudiendo todo su cuerpo. Cuando levantó la cabeza Dainn caminó lentamente hacia él, se agachó para coger la espada Gram y con ella lo amenazó poniendo la punta a milímetros de su nariz.

—Eres patético, niño, ¡patético! ¡Llora, gime, suplica! ¡Arrástrate ante Dainn, arrástrate ante tu verdadero creador! ¡Sí! ¿No, todavía no, no, no quieres, no, no, no? ¡¿No?

Y enterró la espada en la pared justo al lado de la cabeza de Kapsuo, para que el joven pudiera ver en el acero su propio reflejo. El rostro amoratado, los labios sangrantes, la rabia y la humillación, la derrota pintada en sus ojos. Dainn rió maniáticamente.

—Se acabó, niño, se acabó. ¡Se acabó, se acabó, todo terminó! Dainn gana, Dainn siempre gana, sí, siempre. Siempre. ¡Siempre!

.

Rashell abrió un ojo y las estrellas seguían estando allí en el mismo sitio que en la última vez que las miró hacia pocos minutos atrás.

—Te hubiera ganado —dijo relajadamente con un ligero tono de provocación.

Ranma no lo miró pero se sonrió.

—Sí, cómo no. Te aseguro que nadie te habría librado de la paliza que te hubiera dado.

—Oye, oye, recuerda que yo soy un dios, o lo era, o lo seré, o lo soy ahora a medias, o... Como sea, las posibilidades estaban a mi favor. Además yo no soy el que está ahora tirado en el piso incapaz de mover un solo dedo.

—Detalles, igual te hubiera vencido. Por suerte volviste a ser tú sino…, no quería que Nabiki llorara por tu culpa. Eso habría sido escalofriante de ver, más si luego me lo cobraba de verdad enfadada.

— ¿Nabiki, quién es ella?

Rashell se levantó de un salto y retrocedió rápidamente cuando Ranma lo amenazó con la espada.

—Espera, geez, que era una broma, ¡una broma!

—No me pareció divertido —bajó la espada sin dejar de mirar a Rashell con desconfianza—. Prométeme algo.

— ¿Qué cosa?

—Cuando todo esto termine ve a verla.

— ¿Y por qué ahora, a qué viene esa recomendación? No sabía que te habías vuelto un consejero sentimental, geez.

Ranma, ya de pie y apoyándose en la pared evitó mirarlo a los ojos.

—Porque cuando uno sabe que ya no podrá hacerlo es cuando te arrepientes de todas las oportunidades perdidas.

—Lo dices por Akane, ¿no?

— Quizás. ¿Podrías hacerme un favor?

—Lo que quieras, ¿cuándo me he negado a una de tus locuras?

Ranma suspiró una sonrisa y continuó.

—Una vez que todo esto termine, ¿podrías cuidar de Akane, tú y Méril, protegerla y asegurarse de que abandone esta maldita tierra de Asgard cuando ya no me encuentre en este mundo? No me contradigas y escúchame. La conozco y sé que podría cometer alguna locura, por eso te lo ruego, amigo, no le permitas que siga los planes de Freyr ni los de nadie más, ella debe vivir en Nerima, en nuestro mundo. Que toda esta estupidez se termine conmigo para siempre.

Rashell trató de sonreír y le dio suaves palmaditas en el hombro.

—Tú mismo te la llevarás de regreso a Nerima, ten un poco de fe en el mañana.

— ¡Deja de mentir! Lo siento, pero cien veces en un día es más que suficiente —dándole la espalda comenzó a caminar en sentido contrario—. Debemos encontrar al resto.

— ¿Ranma, seguro que ya estás bien?

—No podría estar mejor —respondió levantando la mano con dos dedos estirados en gesto de victoria—. Ahora démonos prisa, ellos nos necesitan, puedo sentirlo.

Rashell guardó silencio y vio caminar a su amigo. Notó al instante como la espalda de Ranma se curvaba penosamente como si todo su espíritu se estuviera apagando tanto como su ánimo por luchar y vivir. Miró entonces hacia un lado y se encontró otra vez con su propio reflejo en una ventana. De pronto tuvo la idea de imaginar a Akane y la forma en que ésta reaccionaría si Ranma llegase a faltar.

—Geez, pobre chica, esto va a ser muy doloroso para ella —comenzando a caminar su mirada se tornó fría y su rostro oscuro e ilegible, como si sus pensamientos viajaran mucho más hacia el futuro elaborando cuidadosos cálculos que incluían la vida y muerte de muchos seres en el porvenir—. Pero por otro lado, lamentablemente todo será absolutamente necesario —murmuró, ya no Rashell, sino el maquiavélico Touni antes de seguir a Ranma y su inseguro caminar hacia su destino.

.

Continuará.