Capítulo 28: Orden

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Todo el mundo siempre había considerado a Yuuto Kidou, como el más grande estratega y la cabecilla principal de inteligencia de la "Rosa blanca". Sin embargo, en esas ultimas semanas no había siquiera mostrado un poco de aquella aclamada inteligencia ¿La razón? Era obvio que se debía a su mayor dolor de cabeza; Fudou Akio.

No es que negase que hubiera estado distraído, incluso muchas decisiones que fueron tomadas por la organización no habían sido analizadas por su cabeza, es más ni siquiera les había dado la importancia o relevancia que éstas ameritaban. Desde la perdida del secuestro del pequeño sobrino de Kageyama todo se había desatado y lo peor de todo era que su mente al fin reaccionaba ante la realidad. Más bien desde el secuestro del que había sido su mano derecha.

Shindou Takuto, el joven que heredaría el cargo del mismo Kidou cuando se retirase o en el peor escenario muriera, joven que él había preparado en muchos aspectos de estrategia, inteligencia y obtención de información, que había demostrado ser un prodigio desde su entrada como novato y no sólo por el nombre de su familia, sino que era un chico que se había ganado heredar ese rango por sus meritos. Un chico que había caído en manos de un enemigo, cosa que jamás debió a ver pasado bajo su mandato, aunque después de aquel error su mente le había abierto las puertas a su nada dulce despertar, dejando de esa forma a Fudou en segundo término y darse cuenta del completo desorden que emergían de toda la Rosa blanca y claro, de igual forma la Rosa negra.

Y ahora ahí se encontraba, sentado en un sillón, bebiendo té tranquilamente y pensando seriamente en cuál sería el siguiente paso que daría para lograr amenizar y tranquilizar todas las cosas.

–Oye– La voz fría e incluso divertida de Nepper, lo había sacado de sus cavilaciones, haciendo que sus ojos rojizos se clavaran fieramente en el de ojos azules, quien sin dar previo aviso se sentó a su lado, extendió su mano y cruzó sus piernas de forma tranquila. –Termine el interrogatorio. – Informó, bostezando aburrido, era ya tarde y el sexo con Heat había sido agotador, pero aún tenía que darle al estratega los resultados que le había encomendado.

– ¿Descubriste algo de utilidad?– Preguntó Yuuto, tomando un sorbo de su taza de té, para luego regresar su mano a su sien, mover un poco su cuerpo y observar a Netsuha, algo irritado por ver las fachas que éste mantenía, es decir andar por ahí sin playera y el pantalón sin abrocharse no era algo que él considerada correcto. El pelicafe por su parte formó una suave sonrisa, estiró sus manos y acomodó su cuerpo en el mismo ángulo que Kidou había adquirido.

–Nada a parte de descubrir que es un cobarde niño de mami, nada nuevo, al parecer no sabe ni por qué fue secuestrado– alzó los hombros, sin embargo la mirada fija de Kidou en sus facciones fue lo suficiente para que su cuerpo volviera a retomar la postura que anteriormente tenía – ¿Sucede algo?–Preguntó, sin poder descifrar los ojos rojos del mayor, que al parecer buscaban penetrarle el alma.

–No me mientas– Reclamó el de rastas, manteniendo un semblante neutro– Eres un maldito sádico que no saldría de ahí sin nada de información y mucho menos se notaría en tus facciones esa felicidad.

–Acabo de tener sexo, eso pone a cualquiera feliz ¿No?–indicó, sabiendo que un comentario como ese no haría desistir al de ojos rubí.

– ¿Sabes por qué lo secuestraron?– Volvió a interrogar Kidou, nepper sonrió, volviendo a negar.

–Tal vez sólo lo hicieron por presionar a su familia o sacarles dinero, además está tan traumado como un ratón que no quiso hablar. –Manifestó, acercando su cuerpo un poco más al de rastas, quien no tomó importancia del acto.

–Eso no me sirve– dijo, llevando su mano a su barbilla, tratando de analizar bien el contexto –Si no fue por eso, entonces…– tomó un sobre de la mesa, sacando varios registros y fotografías de hace algunos años, donde se observaba a Kyosuke, mano de Fudou Akio con un castaño de ojos azules, eran algo borrosas sí, pero suficiente claras para reconocer los rostros de la imagen, porque desde sus inicios en la Rosa negra Tsurugi Kyosuke y su hermano habían sido monitoreados, por futuras amenazas que pudieran darse en la organización. –Matsukaze Tenma– susurró de forma baja– Es el mismo que registró las cámaras de seguridad de la casa de lado donde secuestraron a Shindou, tardamos en obtener el video, llegó hace una hora, como se encontraba en un área VIP todo contaba con cámaras y seguridad, ese rostro es el mismo de uno de los actuales miembros de la mafia Italiana, pero...– se detuvo un poco para beber té, sonriendo al ver el caso omiso que Netsuha le brindaba– Se supone que él desapreció hace más o menos dos años, su familia lo reportó como desaparecido y nunca se volvió a saber nada de él.

–La verdad esto no me interesa…–Manifestó Netsuha, acercándose un poco más el de ojos rojos, que estaba completamente sumergido en la información. Kidou clavó su mirada en las fotos e informes, sintiendo sus ojos brillar con adrenalina, tanto que se sintió extasiado al hacer un gran descubrimiento.

–Kyosuke Tsurugi… La relación de Kyosuke y Shindou–Dijo el de rastas. Era más que obvio y no lo había podido notar desde antes, en ese momento se sentía un estúpido, aunque al mismo tiempo sentía que había despertado. Nepper torció una mueca de fastidio, como si el nuevo descubrimiento del mayor no le agradara, aunque era obvio que no lo hacía.

– ¿Estás afirmando que tu subordinado es un traidor que se metió con Kyosuke?–Cuestionó de forma banal, desviando su mirada.

–No es como que no supiese o esté al tanto de todo lo que sucede, que me lo calle por conveniencia es otra cosa distinta, sé de la relación de Kyosuke y Shindou, demás sé incluso que Masaki tenía contacto contigo después de que lo dejaron libre ¿Me creían tan idiota para creer que por tan poco dinero dejarían libre a uno de los parientes directos de los Kira? Sé que averiguaste lo de Kyosuke, es más que obvio. –Sonrió, dejando de lado los documentos y recargando su brazo en el sillón– Si los elegí a ti y a Heat en esta "misión" y no a alguien que se dedica únicamente a misiones de campo como Nagumo o Afuro, fue porque tú de alguna manera averiguarías esto, nunca he subestimado tu inteligencia Nepper, y no pienso hacerlo, además sé de boca del propio Sakuma tus métodos, yo no juego con fuego, yo lo creo– le dijo, observando los ojos neutros del pelicafe mirándolo fijamente –Pensé que averiguarías alguna otra cosa, no algo que ya sabía, Sabes lo de Shindou sí, pero recuerda que nada, ni nadie mueve un dedo sin un sí de mi boca, Takuto es mi subordinado y uno de los hijos de alguien tan influyente no sólo aquí si no en el mundo, que no me daría el lujo de desatar una guerra por culpa tuya o cualquier otro que buscase dañarlo. Incluso ahora mismo Shindou está recibiendo una visita de Kyosuke–promulgó, dejando salir un suspiro de su boca y rodar los ojos–Así que por tu bien no muevas un solo dedo contra él, recuerda que si estás vivo– Murmuró, levantándose de su lugar, para luego inclinarse sobre el de la banda, tomándolo de la barbilla– Es porque yo quise, porque creí que Heat no se equivocaría al traerte aquí, recuerda también que perdí el seguro que tenía con los Yakuza por ti, no hagas nada fuera de mis órdenes. Después de todo aún estás en "observación". –Susurró ahora más cerca de sus labios, mirándolo con aquellos ojos llenos de fuego, aclamando el renacimiento de un fénix – ¿Quedó claro? – y sin esperar una respuesta se dio la vuelta, sacando su celular y marcar un número en específico.

–Sé que tengo tiempo sin molestarte, pero Tachimukai, necesito que me traigas a Tenma Matsukaze. – Manifestó colgando el celular y dándose la vuelta de nuevamente– Si me obedeces, yo te daré la cabeza de Goenji, ya sabes que él causo el accidente del Tanabata ¿No? Él arruinó tu perfecta vida a parte de traicionarte en la misma Rosa negra– sentenció, mientras un gesto de egocentrismo se posaba en su rostro, con una sonrisa tan prepotente que pareciese una persona completamente distinta a la que Nepper había conocido en su ingreso a la Rosa blanca.

Ese era la verdadera esencia de Yuuto Kidou que había vuelto a la vida.

Kidou sin decir una palabra más, sonrió, saliendo fuera de ese lugar, aun tenía mucho que planear y una llamada que hacer a cierto estratega de la Rosa negra.

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Sus ojos ámbar se encontraban clavados en el cuerpo del pianista. Su boca se movía de forma suave, sin pronunciar ninguna palabra, o más bien no sabía qué decir, ése que estaba delante de él no podía ser Shindou. Sus brazos se estiraron en un gesto conciliador, uno que pocas personas, si no era que contadas, habían logrado ver alguna vez en su vida por parte del oji caramelo.

Tsurugi siempre había sido una persona arisca, de pocas palabras y atemorizante. Él, quien debió haber crecido como un niño normal, rodeado de una amorosa familia y con un hermano que lo atesoraba más que su propia vida, había terminado en aquel lugar, manchándose de sangre desde que tenía conciencia. Después de aquel horrible accidente, donde había quedado huérfano y su hermano paralítico, él como único miembro activo de los Tsurugis y claro "servible" para la organización había heredado el cargo en la mafia de su difunto padre y que en algún momento iba a ser tomado por Yuuichi.

Otra cosa que cabía destacar es que a su hermano jamás le había gustado la idea de que Kyosuke siguiera en aquella mafia, sin embargo sus razones nunca habían sido claras, además, era bien sabido por el mundo que la única forma en que una persona saliese de la mafia era como se dice vulgarmente "con los pies por delante" o en pocas palabras: Muerto. Y Kyosuke no se podía dar el lujo de perder a la única pieza de su familia que tanto amaba. Era cierto también que Kyosuke desde hace más o menos 3 años había dejado de ser constante en las visitas a su hermano, más que nada porque si alguien de otra mafia lo descubría Yuuichi sería un blanco predilecto y un punto de vulnerabilidad, no perdería a una de las dos personas con la cual se podía aún comportar como un ser humano. Aunque ahora mismo sentía que había perdido gran parte de su fortaleza al ver el estado de Shindou Takuto.

No sabía qué decir, ni cómo disculparse, porque a pesar de todo Kyosuke sabía que si Shindou había pasado por esa situación fue por su culpa. Sabía de antemano –ya que él era el encargado de vigilar a Shindou- que el pianista era pésimo en lidiar con esas situaciones. Su mente era la de un genio y había sido entrenado como tal, él no sabía lo que era el dolor, mucho menos lo que era sufrir una tortura y ver su vida en peligro, porque la única vez que había experimentado algo así había sido cuando vio morir a su compañera en su primera misión encubierto, aunque claro comprendía a Yamana, ya que según las palabras de Shindou ella había decidido entregarse propiamente por amor al castaño y esa muerte ahora era una cicatriz que había hecho madurar a Takuto y hacerlo la persona de la que él se enamoró, aunque claro nunca faltaron las malas lenguas que afirmaban que el mismo Takuto en un acto de cobardía había entregado a la chica. Y también entendía por qué Shindou había sido capaz de arriesgar todo por Kirino, incluso su integridad y vida al estar al lado de Kyosuke.

Salió de su trance por un momento, refugiando al castaño en sus brazos, de forma silenciosa y tranquila, brindándole toda la protección moral y física que Shindou necesitaba en ese momento. No es que pudiera hacer mucho, menos darle un discurso de que todo estaría bien y mejoraría, eso sería mentirle de la manera más vil posible.

–Lo siento– susurró, aferrando el abrazo y frunciendo su ceño por la impotencia que lo invadía. No recibió respuesta del castaño, sólo pudo sentir cómo su pecho se humedecía por las lágrimas silenciosas que Shindou derramaba –Todo fue mi culpa, pasaste por esto por mi culpa…–Volvió a repetir, pasando ahora su mano por los cabellos del pianista, que se encontraban cortados de forma dispareja. Takuto se separó un poco del más alto, para luego mirarlo directo a los ojos, cuestionándole la pregunta más grande que se había hecho en todo ese tiempo del secuestro.

– ¿Por qué no viniste a rescatarme?– Preguntó. Mientras sus ojos brillaban con rabia y decepción, cambiando por completo el semblante de cordero degollado que hace poco tenia – ¿Tan poco te importo?–le volvió a retar. Kyosuke abrió sus ojos sorprendido, mordió su labio indignado y negó con su cabeza con rapidez.

–Hicimos un voto Takuto–contestó, recordado aquel día en el que se habían entregado por primera vez –tú ante todo para mí y yo ante todo para ti ¿Lo recuerdas? No pienses que yo…

–No me digas mentiras, Tenma… él me lo contó todo, tú le mentiste, lo engañaste y luego intentaste matarlo. –Reclamó, mientras los ojos tristes y la desesperación de Tenma al pronunciar el nombre de Kyosuke acudían a su mente.

–Takuto él era una molestia…

– ¡No me mientas!–Bramó de nuevo, esta vez enterrando sus uñas en el brazo del peliazul, sollozando de forma incontrolable.

–No es…

– ¡Callate!

–Shindou… escu…

– ¡No quiero escucharte!–Negó el pianista con su cabeza, elevando aún más la voz.

– ¡Tú estás siendo una molestia ahora mismo!–Gruñó molesto, separándolo de su cuerpo. Suspiró y miró directo a los ojos a Shindou, dándole a entender que lo dejase hablar. Sin embargo los ojos cristalizados del pianista sólo lo hicieron abrazarlo con más fuerza a su cuerpo. –Hice que Kirino se uniera a la Rosa negra –Afirmó. Tras sus palabras Shindou trató de hablar mas no tuvo éxito ya que el de cabellos azules lo apretó con más fuerza. –Me pidieron que entregara a Ichirouta para que te liberaran y lo hice… o al menos intentamos hacerlo–un largo suspiro salió de sus labios, para luego acariciar los desarreglados cabellos del pianista por segunda vez. –Ahora debemos limpiarte esos labios. –Dijo, esta vez caminando hacia un pequeño tocador, en el cual se encontraba agua oxigenada entre otras cosas. Shindou sollozó otro poco, limpió sus lágrimas y se sentó en la cama de aquella habitación, sintiendo su cuerpo temblar con leves espasmos de dolor, Netsuha había sido un verdadero animal con él, tanto que ahora al solo pensar en su mirada y en la de Heat temblaba de pies a cabeza.

– ¿Qué pasó entre Matsukaze y tú?– Musitó en pregunta el pianista, observando cómo el más alto se acercaba a él con un algodón húmedo. Tsurugi torció la boca demostrando su fastidio, deslizando el algodón por todas las manchas de sangre del rostro de Shindou, teniendo cierto cuidado en las marcas de su boca.

–Intenté matarlo porque me estorbaba– sin ningún pelo en la lengua el de cabellos azules le soltó la verdad, de forma cruel y fría, pero una que al fin y al cabo era digna de Tsurugi. Shindou tragó saliva, recordando las palabras de Nepper y Tenma, los cuales le afirmaban que Kyosuke no lo quería de verdad y ni siquiera se preocupaba por él.

–Entonces… ¿Me mataras si soy un estorbo para ti también?–Preguntó en forma de susurro. Kyosuke, tras la cuestión dejó el algodón a un lado para agacharse y quedar a su altura, mirando fijamente a aquellos ojos chocolate que lo habían enamorado. Sus dedos se deslizaron por sus labios, delineándolos con suavidad, para luego darles un casto roce.

–Sabes que yo daría la vida por ti. –Habló en voz baja, escondiendo su mirada de los ojos del castaño cenizo, a los pocos segundos unió sus labios a los de Shindou. Al fin, después de tanto tiempo Takuto sintió una tibieza y tranquilidad en el pecho que era indescriptible. De alguna manera Kyosuke le despertaba aquel sentimiento que por su naturaleza salvaje nadie le creería, podía sobre todo leer aquellos roces como algo sincero, como algo real y tener la certeza que el ambarino no lo dejaría solo, al menos no por gusto. –Te amo, no sabes cuánto temí que Tenma atentara contra ti, quería venganza, quería arrebatarme una de las cosas que más atesoro en el mundo–manifestó con voz algo neutra, volviendo a tomar los labios ajenos como suyos. Su mano se deslizó hacia su nuca, buscando profundizar el beso que ambos mantenían.

A los pocos segundos ya besaba sus labios como un ser desesperado, hambriento, necesitaba a ese chico a su lado ahora o moriría. Shindou por su lado, correspondió ese beso como si fuera la última vez que se verían, tanto que sus mismos cuerpos terminaron de un momento a otro sobre la cama, con el peliazul encima del castaño. Kyosuke con su mano libre atrajo más esa deliciosa boca, el néctar emanado por ella era tan delicioso como una copa de vino tinto en invierno. Sus lenguas danzaban un excelente tango, sensual, que despertaba toda la libido con sólo el roce de tales frutillas rosadas. El beso era excitante en toda su extensión.

–Te amo– susurró el castaño, dejando salir varios suspiros de su boca sintiendo nuevamente lágrimas recorrer sus mejillas.

–Eres un llorón y mimado–Contribuyó Kyosuke, mientras su nariz se entretenía delineando el cuello de pianista, sonriendo ente las palabras que el músico había dicho–Eres débil físicamente Shindou, eso debe cambiar– Tras sus palabras Takuto asintió con su cabeza, mirando al techo mientras el chico se encargaba de besar su cuello y dejar varias mordidas en el proceso.

¿Qué debía ser más fuerte? Eso el estratega lo sabía de antemano, durante el encierro se había planteado varios escenarios, dándose cuenta que en cualquiera donde él tuviera un mano a mano con un asesino o loco como Tenma, él saldría perdiendo su vida. Así que al salir vivo de aquel infierno. Que claro, él sabía que no era nada comparado a lo que algunos de sus compañeros habían sufrido, tomó la decisión que eso cambiaría. Sintió de repente los dedos traviesos del oji caramelo levantar su camiseta para acariciar su abdomen como si sus músculos marcados fuesen las teclas, Kyosuke estaba a punto de explotar, quería tocarlo, fundirse entre el fuego de su cuerpo, lamer su cuello, marcarlo todo.

Un vibrar se hizo presente en el pantalón de Kyosuke, perteneciente a su celular, muchos en su situación hubiesen preferido dejarlo de lado y proseguir con su amante hasta el amanecer, ignorando por completo cualquier llamado; pero para él no era una posibilidad. Chasqueó los dientes, separándose de Shindou y sólo delinear con sus dedos el torso ahora desnudo del pianista, quien lo miraba expectante, detallando cada acción del de ojos amarillos.

–Hola–Saludó sin muchos ánimos, mostrando una mueca de fastidio en su rostro. –Si me hablas para una tontería yo…

Tu hermano está muerto…– la voz fría y tenue de Akio había sonado por el auricular.

Dejó caer el teléfono en la cama, sus pupilas se habían dilatado y su corazón se había comprimido de tal forma que ni siquiera las lágrimas fueron capaces de salir en ese momento.

–Tengo que irme ahora, lo siento, juro que regresaré– Dijo rápidamente, separándose de su lado para acomodar su ropa. Shindou parpadeó, alzándose al momento de usar sus codos como soporte, sin poder comprender del todo lo que sucedía. Kyosuke caminó hacia la ventana, deteniéndose antes de saltar por la misma. Takuto estaba seguro que Kyosuke en esa mirada iba conjugando el verbo odiar. –Regresaré…–dijo por último, antes de salir del rango de vista de Shindou.

El estratega por su parte no entendía nada, algo le decía que debía seguir a Tsurugi y verificar que estuviese bien, lamentablemente su estado actual no se lo permitía. Suspiró, se miró al espejo y sintió de nuevo sus ojos oscurecerse; estaba solo de nuevo.

Acomodó sus ropas con cuidado, cerró sus ojos para luego acariciar sus labios de forma suave, repitiendo en su mente aquellos roces que le habían hecho olvidar su pesar. Tomó un cepillo y de forma lastimera comenzó a cepillar su cabello– "Es un completo desastre"– pensó para sí mismo, no sólo refiriéndose a su cabello si no a todo lo que pasaba en ese momento. ¿Cuándo las cosas se habían complicado tanto? Otro suspiro.

Para cuando abrió los ojos, su rostro no pudo emitir nada más que temor.

En el espejo que tenía frente a él se reflejaba la figura de Heat con unas tijeras en sus manos, sonriendo de forma tranquila y acercándose poco a poco su cuerpo. Tragó saliva, mientras Heat por su parte no podía más que deleitarse con aquel terror que emanaba del niño rico y mimado que se había atrevido a tocar a Nepper.

–Sabes Shindou…–Habló el negociador, observando cómo el pianista había tratado de correr, pero claro él era más rápido que él así que en un segundo lo había vuelto a inmovilizar en la silla. –No me gustó para nada lo que pasó en el interrogatorio.

–Yo no hice nada– contestó atemorizado, apretando el mango del cepillo que se encontraba en sus manos, Shindou era un genio y por lo mismo nunca sería tan idiota como para pelear contra Heat. Mala hora había escogido Tsurugi para irse.

– ¿Haces siempre eso con los novios ajenos? Ya veo por qué ese chico que te secuestró te tenía tanto odio– comentó como si nada, poniendo sus manos sobre los hombros tensos del castaño, quien sólo abrió la boca sin decir una sola palabra. –Así que creo que usaré el mismo método que él usó para que aprendas la lección. – La sonrisa que Heat había mostrado, no se podía comparar a nada, siquiera a la sonrisa de una hermosa muñeca vacía, que por más bella que fuera lo único que podía lograr era infundirte miedo. Especialmente si se estaba en una habitación a solas y a luz media con ella. –Sólo que esta vez de una forma más efectiva, así evitaremos ver tus lastimeras lágrimas. – Indicó, deslizando unas largas y estilizadas tijeras por sus dedos, para luego posarlas justo en su cuello – Recuerdas este lindo instrumentó ¿Verdad? ¿Qué tal si callamos esa fea boca cocida para siempre? Aunque también sería divertido cortarla.

Todo fue demasiado rápido, en la cabeza de Shindou sólo se pudo dibujar su futuro, su sangre deslizándose por su garganta, mientras lentamente su espíritu y su vida se apagaban, por una acción tan estúpida en la cual no había sido participe. Abrió su boca dispuesto a pedir a ayuda pero cuando lo intentó sintió la fría mano del moreno cubrir la misma.

Cerró sus ojos esperando su eminente fin.

–Takuto cariño– Una voz reconocida llenó el aire de la habitación, Shindou pudo deducir enseguida que pertenecía a su madre, quien había prendido la luz por completo al ingresar a su habitación. La mujer alzó la ceja al ver la posición del "negociador" de la Rosa, en aquella posición y con unas tijeras tan cerca del cuello de su hijo –¿Qué haces?– se dirigió de forma fría al de cabellos rubios, quien sonrió pasando sus tijeras por un mecho libre del pianista.

–Sólo le ofrecí a Takuto arreglar su cabello ¿No es así? –Inclinó la cabeza, mirando a Shindou fieramente, quien sin dudarlo dos veces asintió ante lo dicho, mientras sentía su alma volver al cuerpo. Que ironías de la vida, su propio salvador había intentado asesinarlo. –Continuaremos después Takuto– Prometió, ocasionando un estremecimiento en el estratega, quien tragó saliva y fingió una sonrisa falsa asintiendo.

–Espera–detuvo la mujer recién llegada, ambos menores ante su llamado observaron cómo una nueva figura entraba por la puerta. –Ya que estás aquí permíteme informarte que la seguridad de mi hijo no estará más en manos de ustedes, se lo he informado a Yuuto– Mencionó, formando una mueca de desagrado–Ichimonji ven acá– Llamó al recién llegado. Los ojos de Takuto no pudieron evitar observarlo de arriba hacia abajo, mirando aquella piel morena, esos ojos penetrantes que danzaban en un contraste perfecto con un cabello tan rojo como debía ser el rojo del infierno. Lo recordaba bien, se trataba del chico que había estado a su lado cuando eran niños "su compañero de juego" un viejo amigo de la infancia que había soportado gran parte de sus berrinches cuando era apenas un niño. Kirito ese era su nombre, pero él lo recordaba como un chico tímido que nunca hablaba, que siempre en silencio lo consolaba cuando lloraba o se caía de algún lugar, su amigo. Uno que había dejado de frecuentar cuando se había unido a la Rosa blanca. Ahora que lo miraba de cierta forma le recordaba a Nepper, muy de rara forma, tal vez por la banda que éste tenía en su frente. Tras compararlos como un reflejo, tembló. –Takuto hijo, mañana hablaremos pero por ahora necesito que confíes en Ichimonji por completo, él nació con el único propósito de protegerte, como heredero de la familia eres nuestro más grande tesoro y él lo sabe perfectamente es su vida o la tuya, ¿Lo recuerdas no? Él estuvo a tu lado desde que naciste, desde sus dos años y tú apenas como un recién nacido, desde niño fue entrenado para esto, es en el único que puedes confiar ahora.

–Mamá no es necesario–Promulgó el menor, enfocando su vista en el pelirrojo, quien de igual forma lo hizo, para luego sonreírle tranquilamente, Shindou sonrió también, con un suave toque de melancolía al recordar a su viejo amigo, pero sintiendo pena por él, nunca le había gustado la sobreprotección de su madre y ahora Ichimonji tendría que pagar las consecuencias de su obsesion por su seguridad. –Yo puedo cuidarme y Yuuto lo ha hecho bien todo este tiempo.

–No confío en nadie Shindou, ni siquiera en ti, sólo puedo hacerlo en Ichimonji, obedece y tú–Señaló al de cabello rubio – Trae un poco de café– sugirió la mujer, Heat torció un gesto de molestia, sin embargo lo disimuló, sería un gran problema deshacerse de tres personas al mismo tiempo, tendría que esperar un poco más para hacerle pagar a Shindou.

–Yo lo acompañaré señora– indicó el de cabellos rojos, la mujer asintió, moviendo su mano de un lado a otro en señal de que se retirasen, abrazando con fuerza a su hijo, quien sólo veía de forma ausente cómo los dos morenos se retiraban de la habitación.

Heat e Ichimonji salieron del salón, el primero frustrado por haber estado tan cerca de deshacerse de la única amenaza que se había atrevido a interferir con él y Nepper.

Mucha gente podría afirmar que mientras estás distraído es imposible ver venir un ataque, pero para Heat era algo mecánico, por eso no era de sorprenderse que cuando Ichimonji se abalanzó contra él, rápidamente pudo defenderse, evitando un golpe que iba dirigido a su estómago.

–No sé por qué Takuto mintió–Indicó Ichimonji, empujando al de cabellos rubios a la pared, sintió las tijeras que Heat traía apuntando a su estomago, Ichimonji sonrió, mostrando un pequeño anillo en su dedo izquierdo con dos picos –no querrás hacerlo a menos que quieras morir retorciéndote con dolor, el veneno que tengo aquí te mataría en segundos– amenazó el de cabellos rojos. Heat sonrió, dejando salir una suave risa de sus labios. –Bien, mejor escúchame, sé lo que intentabas hacer, y sé también que como tu vida es proteger a Nepper la mía es proteger a Shindou, tengo el mismo entrenamiento que tú, varios descendientes del clan de Nagumo quedaron al servicio de los Shindou, pude escuchar desde hace tiempo la historia de ti y Nepper, son leyendas. –Afirmó, la sonrisa Shigeto desapareció de sus labios, afilando su mirada como una víbora a punto de morder a su presa. –Sé lo que es el dolor y te aseguro que una herida con esas tijeras no se compara en nada a lo que me han hecho, tú mejor que nadie lo sabes ¿No? Gritar, llorar, sentir como poco a poco te quiebran…Shigeto, si intentas algo contra Shindou, no te mataré a ti, mataré a lo que más necesitas en el mundo–dictó el más chico, separándose del cuerpo de Heat quien no se había movido ni un solo milímetro. Sólo había empuñado sus tijeras con más fuerza, con el espíritu latente de matar al pelirrojo por atreverse a amenazar la seguridad de Nepper, pero el objeto punzante que Ichimonji mantenía en su mano lo detuvo nuevamente.

–Este juego es divertido, te prometo que mataré a Shindou primero– susurró Heat, sintiendo su corazón latir acelerado, tal vez el chico ese tuviese unos 18 ó 20 años por lo tanto aquello que había dicho era completamente real, la forma en que él había sido educado era algo que no muchas familias ponían en práctica, pero en "dinastías" tan antiguas como lo habían sido los Nagumo y lo eran los Shindou, aquel método era algo que aseguraba una lealtad absoluta a la seguridad de su futuro heredero. Rió para sí mismo, decidido a regresar a su habitación, tenía muchas cosas que pensar.

Las cosas se pondrían divertidas a partir de ahora.

Fin del capítulo 28

Continuará.