28. Maraña de problemas

El día del partido había amanecido con una leve llovizna y un cielo que amenazaba con descargar su furia contra el campo. En el vestuario de Slytherin, algunos jugadores habían manifestado su preocupación si la lluvia se volvía más fuerte, por si cancelaban el partido, pero finalmente, pudieron salir al campo sin problemas. Albus había recibido órdenes expresas del capitán sobre cómo quería que fueran las cosas.

-Danos tiempo a los cazadores de hacer la mayoría de puntos posibles antes de atrapar la snitch. Tenemos que tener una gran ventaja para cuando juguemos con Gryffindor, estamos muy igualados.

El partido había empezado como esperaban: Slytherin llevaba una gran ventaja sobre Hufflepuf, y el buscador de la casa amarilla, Ashton Macmillan, no era un gran contrincante para Albus, por lo que se había limitado a vigilar que su adversario no viese la snitch. Él la había visto dos veces, pero lo había dejado pasar, siguiendo las instrucciones de Scorpius.

-¡ Diez puntos para Slytherin!

Los jugadores lo celebraron juntándose levemente en el aire, mientras Albus aplaudía la gran jugada de Bradshaw y Scorpius. Estaba vigilando los recobecos del suelo, cuando ocurrió algo abajo que llamó su atención: El profesor Longbotton corrió hacia la grada donde se encontraba la Directora McGonagall, que se levantó y comenzó a movilizar a los profesores. Estos se levantaron del asiento rápidamente y salieron en dirección al castillo. En las gradas, la gente estaba más pendiente de eso que del partido. Scorpius llegó a su lado.

-Te he dicho que no cogieras la snitch de inmediato, pero eso no significa que te quedes dormido en la escoba.- dijo en tono de broma.

-Ocurre algo.- contestó Albus señalando con la cabeza al campo. La gente estaba empezando a abandonar la grada.

-Mi hermana está allí abajo.- dijo Scorpius, mirando el campo preocupado. Recuperó su entereza.- Muy bien, búscala y acabemos con esto.

Albus se esforzó en buscar la pelota dorada y la vió justo cuando Macmillan pasaba de largo delante de ella. Aceleró con su escoba, y aunque el buscador amarillo se dio cuenta, fue demasiado tarde: Albus atrapó la snitch justo en sus narices. Descendió rápidamente junto al resto del equipo, pero ninguno celebró la victoria. El campo era un hervidero de carreras y confusión.

-Voy a buscar a Vega, ha venido a ver el partido.- dijo Scorpius partiendo hacia la grada verde. Albus se fue preocupado a las gradas de Gryffindor: sabía que Lily también había ido a verlo. Avanzó apartando alumnos y finalmente la vió en medio de gente que iba y venía , sola y con el rostro preocupado.

-¡Lily!- exclamó acercándose a ella. La joven se volvió aliviada.

-Albus.- miró con preocupación a su alrededor.-¿ Qué pasa?

-No tengo ni idea, pero será mejor que volvamos al Castillo ¿Dónde están tus compañros?

-El profesor Longbotton nos ha dicho que vendrían ahora los prefectos a buscarnos, pero que no entrásemos solos al Castillo. Y aquí no hay nadie de Griffyndor porque no jugamos hoy, creo que sólo estoy yo.

-No te preocupes. Ven conmigo y no te separes de mi

Avanzaron hasta las puertas del castillo, donde se concentraban la mayoría de los alumnos. Albus se hizo hueco hasta llegar al acceso, flanqueado por varios profesores que impedían el paso.

-¡ Albus!.- el chico se volvió. Jeremy acudió con Richard hasta donde ellos estaban.-¿ Sabes qué sucede?

-No, pero es algo gordo. No nos dejan entrar al Castillo.

Richard atisbó por encima del hombro de los profesores y se le cambió la cara.

-¡ Queen!- antes de que nadie se lo impidiera, se coló rápidamente en el castillo, aprovechando que el profesor Longbotton daba instrucciones a los prefectos, mientras Jeremy, Albus y Lily le seguían. Cuando el profesor se dio cuenta, fue detrás de ellos.

-¡ No podéis entrar todavía!¡Venid aquí!

Los chicos se quedaron mudos. A lo largo del pasillo, podían verse diferentes cuerpos animales de distinto tamaño: eran gatos, lechuzas y sapos, a todas luces, mascotas de los alumnos. Richard se acercó sollozando hacia donde su gatita negra yacía, sin vida.

-No, Queen... - musitó arrodillándose junto al animal. Jeremy le echó un brazo por los hombros, mientras Albus se preocupó por Garra ¿Y si también había muerto? El profesor Longbotton llegó junto a ellos.

-Os he dicho que no entrarais.- les dijo, con el rostro entristecido. Albus se volvió a él.

-Necesito encontrar a mi mascota, señor.

-No es necesario.- Lily y Albus le miraron sin comprender.- Sólo hay mascotas de nacidos de muggles: lo hemos verificado. Y ahora, buscad a vuestros prefectos e id a vuestra Sala Común. Algo está pasando en el colegio.

[…..]

Albus bajó junto a Jeremy a las mazmorras en dirección a su Sala Común, después de haber dejado a Lily sana y salva junto a Rosie. Caminaron arrastrando los pies sin decirse gran cosa. Sus mentes estaban junto a Richard, y junto a todos los alumnos que habían visto cómo habían perecido sus mascotas. Las cosas estaban adquiriendo un matiz muy serio: hacer estúpidos clubs secretos era una cosa, pero pasar a atacar a los alumnos era otra. Albus se preguntó si Silver también estaría afectada, aunque ella no era enteramente muggle, sino mestiza.

-Esto ya se está saliendo de madre.- musitó Jeremy. Albus asintió, taciturno, mientras llegaron a la puerta de su Sala Común. Los alumnos esperaban en la puerta, sin entrar.

-¿Tampoco podemos acceder a la Sala Común?- preguntó Jeremy, incrédulo.

-Estamos esperando a Dylan.- dijo Leeds, todavía con el uniforme de Quidditch cubierto de barro. Le acompañaba el resto del equipo- Es el prefecto. Órdenes de McGonagall.

-Ahí viene.- dijo Liotta. Todos se volvieron a mirarle, venía con el semblante serio, seguido de cerca por Bere , que parecía impresionada. Los alumnos se fueron apartando a su paso, hasta que llegó a su altura.

-¡Entraremos por orden! Los alumnos de primer y segundo curso entraran primero, luego los de tercero y cuarto. El resto entraremos después.

Los alumnos más jóvenes empezaron a entrar en silencio, mientras Albus miraba con el ceño fruncido a Dylan, que hablaba con los otros prefectos. Era todo por su culpa. Verle ahí, con el semblante serio y preocupado, como si sintiera algo de lo que había ocurrido era más de lo que podía soportar. Se dirigió hacia la puerta con paso decidido.

-Albus¿se puede saber qué haces?- le dijo Jeremy en un susurro. Él lo ignoró. Iba a enfrentar a Dylan allí mismo, delante de él, delante de Bere, delante de todos: le daba igual. Caminó con paso decidido hacia el prefecto y le cogió del cuello de la túnica, aprisionándolo contra la pared. Varios alumnos gritaron.

-Quítame las manos de encima, Potter.

-Reconoce que has sido tú el que ha organizado toda esta mierda.- le dijo Albus alzando la voz.- Estoy cansado, cansado de tu hipocresía, de cómo te las das de recto y decente cuando eres cualquier cosa, cualquiera, menos eso.- le dijo en un siseo furioso. Los alumnos comenzaron a agruparse a su alrededor. Dylan le agarró de las muñecas y se zafó de sus manos.

-Tú sí que me estás empezando a cansar con tus acusaciones,Potter. Yo no he hecho nada, pero atrévete a tocarme otra vez y lo lamentarás.

Dylan sacó su varita en un movimiento rápido y los niños contuvieron un grito.

-¡Por favor chicos, dejadlo ya!- se oyó gritar a Bere entre el resto de alumnos que se agolpaban alrededor de ellos.

-No necesito una estúpida varita para partirte la cara.- dijo Albus, tirando la suya al suelo en un ademán agresivo. Dylan también tiró la suya.

-Lo estoy deseando.

Albus se lanzó como un rayo contra Dylan, que lo estaba esperando, y le dio un puñetazo contra la mandíbula, pero el prefecto consiguió apartarse y el golpe no fue tan certero.

-¡Vamos Potter, dale duro!- gritó un alumno de quinto. Scorpius llegó abriéndose paso entre la gente, acompañado por Vega. Dylan arremetió contra Albus, agarrándole de la cintura y tirándole contra el suelo. Cuando lo tuvo aprisionado, le pegó justo en un ojo, y Albus vio las estrellas pero le devolvió el golpe, haciendo que Dylan girara la cara y su labio comenzara a sangrar.

-Voy a buscar a Slughorn.- dijo Jeremy, echando a correr por el pasillo. Bere sollozaba. En el momento que Dylan volvía a golpear, Albus se apartó, agradeciendo sus reflejos como buscador y Dylan golpeó la dura piedra de la pared, mientras hacía un gesto de dolor, sujetándose los dedos. Albus aprovechó su momento de debilidad para devolverle el golpe, cuando alguien lo atrapó por los hombros. Era Scorpius.

-¡Suéltame, maldita sea!- gritó ,luchando entre sus brazos. El rubio lo sujetó a duras penas, mientras Leeds hacia lo mismo con Dylan.

-¡Para ya, joder! Te vas a buscar un lio.

-¡Me da igual!- gritó Albus. En ese momento ya todo le daba igual, sólo quería hacerle pagar a Dylan todo lo que estaba haciendo. Unos pasos por el pasillo hizo que los chicos se tranquilizaran. Era la directora McGonagall.

-¿Se puede saber qué está pasando aquí?

-Potter me atacó.- dijo Dylan mirando con desdén hacia donde estaba Albus.

-Dile porqué.- dijo Albus en un tono bajo.-¡Cuéntale la verdad, maldita sea,!- gritó esta vez, perdiendo los estribos. McGonagall frunció el entrecejo.

-Está claro que ninguno de los dos sois de gran ayuda en estos momentos.- se volvió al resto.-¿ Alguien puede explicarme que ha sucedido?

-Potter atacó a Dylan sin venir a cuento.- dijo Avery.- Todo estaba tranquilo, y entonces llegó Potter y tuvo que liarla. Siempre lo hace.

-¡Eres un mentiroso!- saltó Jeremy.- Albus no lo ha atacado sin venir a cuento. Tiene sus motivos.

-¿Cuáles?- preguntó McGonagall con la ceja enarcada. Jeremy calló.

-Sean cuales sean, no me parece que sea forma de resolver nada, directora.- dijo Avery adoptando un tono maduro y sosegado. Albus le miró con desprecio, soltándose en un ademán molesto de los brazos de Scorpius, que seguía sujetándole.

-Bueno, sin que sirva de precedente, esta vez estoy de acuerdo con Avery.- dijo Scorpius.- Es una tontería que os pongáis así por una chica.

Todos se volvieron a mirarle. Albus entendió que estaba a punto de meterse en un buen lío.

-¿ Qué chica? ¿Qué dices, Scorpius?- dijo Dylan, alucinando como el resto de los alumnos. Albus gimió internamente.

-Bere, ¿Qué chica va a ser?- se volvió hacia ella, que permanecía junto a Mc Gonagall con ojos llorosos.- En realidad, ha sido por tu culpa. Eso pasa por estar con dos amigos a la vez.

-¿¡QUÉ!?.- gritaron Bere, Jeremy y Dylan a la vez.

Albus resopló, abatido y desganado, mientras todos le miraban en busca de una respuesta .No sabía cómo iba a hacer para salir de esa maraña de problemas.