Uf! Hace mucho que no subía nada 0.0! Vaya que floja soy xDDDD! Estoy muy feliz que muchos aún sigan queriendo mi historia y les doy por seguro que NO LA DEJARÉ INCONCLUSA NUNCA xDDD! Menos por la paja de tener que actualizar periódicamente xDDD. Como sea... como el 24 de septiembre se cumplen ya dos años desde que empecé a escribir este pedazo de papel higiénico pixelado, les vengo con un nuevo cap... y este fin de semana CON DOS CAPS NUEVOS 8D! Así para fines de este año quiero tener este fic terminado y poder dedicarme de lleno al dibujo, si puedo escribir sobre Meitantei Conan... quién sabe... mas necesito tiempo para mi cómic original que inicié el mes pasado xDD.
Muy bien... CORRE FIC 8D !
El Código Maestro
Capítulo XXV
Las relaciones entre los inmigrantes, debido a la monotonía y la desesperación se hacían cada vez más grandes que era casi imposible de soportar el aburrimiento. En tanto, la única que parecía un poco más entretenida era Isabella y eso Phineas comenzó a notarlo, lo cual aumentó su curiosidad. Mas era demasiado orgulloso como para preguntarle personalmente sus levantadas temprano, su actitud misteriosa y casi ni hablaba, como si estuviera ocultando algo que no quisiera compartir con nadie.
Él no sabía desde qué hora la muchacha despertaba, mas cuando Vanessa, más preocupada del asunto le interrogó del asunto, ella solamente atinó a contestar que no estaba segura, pero el sol ya había salido del este cuando lo hacía. El pelirrojo la conocía muy bien, y por el tono de las palabras arrastradas y entrecortadas de la morocha, como si buscara una excusa perfecta, así que dedujo que todo lo que decía y afirmaba ser era mentira.
Intrigado, una noche fingió estar profundamente dormido, decido a descubrir las andanzas vespertinas de su amiga. Esperó pacientemente que Isa se pusiera de pie repentinamente, mas en vez de eso, lo primero que pasó fue que una luz media fantasmagórica, una vela alumbraba el pasillo a las habitaciones. Entonces ahí recién la morena se levantó y caminó de puntitas a la salida, cuidando que nadie despertara ni la siguiera, cuando murmuró algo a quien portaba el artefacto que emanaba el albor, que tenía una sombra en forma de conejo antropomórfico con sombrero fedora.
- Espérame, Dennis –murmuró por lo bajo –Debo colocarme mi abrigo. Está muy helada esta madrugada…
Luego de ponerse encima una chaqueta para ahuyentar la brisa que en esa torre hacía calar los huesos, desapareció por la puerta. Phineas supo que era hora de actuar.
Sin abrigarse, solo se vistió arrebatadamente sin hacer mucho ruido y corrió en busca de Isabella. Afortunadamente, ella no estaba muy lejos. La luminiscencia todavía podía verse al fondo del corredor. La siguió como había hecho la jovencita hace unos días atrás, con el mismo cuidado para no llamar la atención. Al rato se detuvo frente a un túnel secreto; ahí la chica y el ser desconocido se adentraron a quién sabe dónde, quizás a un mundo fantástico lleno de lo más inimaginable.
No dudó mucho. No era de esas personas que miden el peligro que puede existir detrás del atractivo de lo misterioso y oscuro, tal vez aguardando la muerte o cosas peores.
- Bueno… si Isabella ha estado en esto durante los días que hemos estado aquí, no creo que sea malo –se dijo.
En un dos por tres se tiró al agujero. No le incomodó tanto estar allí, pues él era más pequeño que su compañera y cabía perfectamente, incluso sobraba espacio. Solo atinó a continuar siguiendo la luz amarilla que estaba adelante.
Después de minutos, volvió a desaparecer la fosforescencia. Ni siquiera reflexionó el regresar, pues el sentido común no era lo que trabajaba en su cabeza, no como lo hacía en Isa. Así permaneció en el camino, hasta que llegó al final. A la salida del túnel, se levantó, sacudió sus pantalones y la polera, que se ensució de polvo, lo cual era normal si nadie más que él, la chica y el conejo sabían de la existencia del lugar, entonces ninguna persona debió haber limpiado el sendero desde la construcción de la catedral.
Levantó la mirada y por primera vez se asombró en mucho tiempo. Estaba en la parte trasera de la iglesia, que atrás suyo se alzaba enorme sobre la ciudad. Adelante, varias casas y una calle que se abrazaba alrededor de la construcción. Los postes de luz alumbraban la vía y le fue difícil distinguir si estaba cerca la morocha, hasta que pudo verla, una cuadra más allá, donde efectivamente, quien la acompañaba era un conejo, de la misma forma como lo imaginaba: De pie, blanco y con un sombrero. No hablaba, solo asentía o negaba con la cabeza si le hacía ella alguna pregunta, que trataba de formular de la manera que pudiera responder solo con gestos.
Isabella había simpatizado con el animalito, y como jamás había conocido un conejo que comprendiera lo que le decía, empezó a descargar sus penas con él. Justo en ese momento lo estaba haciendo. Phineas intentó escuchar la conversación, mas no pudo lograr entenderla. Jamás supo lo que hablaba exactamente aquella noche.
- Oye… ¿tú estás solo?
El pequeño ser movió la cabeza en señal que sí.
- Ah… pues yo no… vengo con unas personas. Pero es como si estuviera sola… Me alegro de haberte conocido, Dennis. ¿A dónde iremos hoy?
A aquella interrogante el conejo no contestó, agarró fuertemente de la mano a la muchacha y empezó a correr por diversos callejones. El chico de cabeza triangular tuvo un mal presentimiento de todo esto e intentó alcanzarlos a todo lo que daban sus piernas.
Luego de casi media hora interrumpieron la marcha frente un enorme museo y entraron por una ventana que no tenía vidrio, que estaba oculta de la mirada de curiosos. Phin, preocupado, se adentró, mas al hacerlo, como no se abrió paso de la manera correcta, cayó y casi se le rompen las rodillas. Un espeso líquido corrió por sus piernas y se dio cuenta que estaba sangrando por el golpe contra el asfalto. El lugar donde estaba era un sótano oscuro y frío, abandonado a su suerte. Sin preocuparse de sacudir la tierra de su ropa, tanteó el vacío hasta llegar a una escalera metálica. Subió por ella y llegó a un corredor levemente iluminado por la irradiación lunar. Sacó el reloj de su bolsillo para ver la hora: eran las dos de la mañana.
Avanzó distraído y chocó contra algo metálico, frío y duro, cuando escuchó que algo emitía un sonido semejante a un silbido, como si cayera sobre él. Abrió bien los ojos y con horror descubrió que era una hoja de hierro filosa estaba a punto de cortar limpiamente su cuello. Inmediatamente retiró su cabeza y el arma letal se detuvo diez centímetros de golpear la madera donde había caído del joven, ya que se había atascado con lo vieja que estaba. Era una guillotina, y si se hubiera quedado petrificado, la cuchilla ni habría cortado su cabeza, sino que habría agonizado durante largos y dolorosos minutos hasta morir de la manera más terrible.
Ya repuesto del miedo, oyó que una voz femenina lejana repercutía en el pasillo.
Reconoció el lugar ¡Era el Museo de la Guillotina! Evitó cruzar la vista con aquellas ilustraciones de las muertes de diversas personas en la historia, que habían sido pintadas con sumo realismo en varios cuadros, para dirigirse a Isabella, a quien pertenecían aquellas palabras.
Mas antes que pudiera alcanzarla, alguien lo sorprendió por la espalda. Era algo pequeño, peludo y lo recorría por detrás. Entonces le tocó una parte exacta del hombro y se desplomó por el suelo. No supo nada más desde ese instante.
La figura extraña avanzó hasta detenerse cerca de la morocha y el animal. Oculto entre las sombras, el conejo sintió la presencia de aquél misterioso intruso y comenzó a castañear sus dientes furiosamente.
- ¿Qué Dennis? ¿Qué pasa? –preguntó confundida la niña.
Antes que pudiera repetir la duda, saltó de las tinieblas aquello que les acechaba. Confundida, trastabilló sin poder creer lo que veía.
- ¿Perry? ¿Qué haces aquí…? ¿Y por qué…?
El ornitorrinco, viendo que ella estaba allí con su viejo enemigo, vio que no tenía por qué seguir ocultando frente a Isabella su identidad secreta. Estaba dispuesto a luchar para descubrir qué hacía el roedor allí.
Sacó dos sables que estaban en las manos de una armadura cercana y le entregó una a Dennis. Lo estaba provocando a un duelo, así que esperó a que el conejo agarrara el mango del arma, para pelear limpiamente. El oponente aceptó y se quedaron quietos, esperando el primer ataque.
Mientras tanto, la morena no comprendía lo que estaba por suceder. Observó detrás de Perry y se percató que Phineas estaba tendido en el suelo, inconsciente.
- ¡Phineas! –gritó para después acercarse a socorrerlo. Lo acercó a su regazo y contempló la contienda. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo no había nadie en el museo si por lo menos debía haber un guardia vigilando?
Los dos animales intentaban herirse mutuamente. Chocaban las espadas cuyo sonido metálico inundaba el vacío. Pasó largo rato hasta que el ornitorrinco recibió un corte en el costado. La sangre empezó a correr por el suelo, como una fuente rota, mas seguía en pie para la batalla y se vengó hiriendo al conejo por la espalda. El líquido rojo tiñó su pelaje albo, pero no pareció importarle. Así, continuó la carnicería, matándose a cuchilladas dignas de un mercenario. Hasta que ambos cayeron rendidos en un charco de sangre y pelo suelto, de color verde y blanco, debilitados.
Ambos se miraron a los ojos, cargados de odio y rabia. Entonces empezaron a dialogar entre ellos, por supuesto en un idioma, ese lenguaje animal que nosotros como seres humanos no podemos entender.
- ¿Qué quieres de la niña? – preguntó Perry, adolorido.
- Mucho… -fue la simple respuesta.
- Para qué la quieres exactamente es mi pregunta. No es momento de jugar a los acertijos…
Mas a aquél dicho ninguna palabra fue devuelta.
Isabella, todavía perpleja, intentaba acomodar las cosas que veía en su cerebro. Ver al monotrema así le parecía tan familiar…
El albino levantó lentamente su sombrero, como si fuera a dar un saludo cortés. Cual mago lleno de sorpresas, volteó la fedora y cayeron al piso dos extraños artilugios:
Eran unos collarines que relucían a la luz como metal pulidísimo. En el centro brillaba algo negro, como si fuera una bombilla que indicaba que estaba apagado. La bestia se colocó el artefacto alrededor de su cuello, cuando entonces la ampolleta se prendió a un rojo escarlata vivo que iluminó todo el lugar. Un sonido parecido al de una radio mal sintonizada comenzó a zumbar hasta que se fue apaciguando y una voz dijo lo siguiente.
- ¡Vamos, Perry el ornitorrinco! Sin temor. Ponte el otro collar… no tenemos nada que ocultarle a esta jovencita ¿No que el legendario y valiente agente P no le tiene miedo a nada?
- ¿Agente P? –se impresionó la joven –Eso quiere decir…
¡Y por fin se acomodaron las piezas del puzle! La persecución, las razones, el viaje de las dimensiones… ¡Todo calzaba! Una avalancha de recuerdos y memorias olvidadas se agolparon como una estampida de información en su cabeza… Hasta que al fin, después de un minuto de migraña profundamente terrible, pudo resonar lo último que sucedió aquella vez, al final de la aventura, cuando besó a Phineas hace un par de años atrás.
Pestañeó un par de veces. Su otro yo, que fue bloqueado de su conciencia, estaba acomodándose en el tiempo y el espacio, fundiéndose en la actualidad. Cuando por fin logró reconocerse a sí misma, se horrorizó al ver que el muchacho que tanto deseaba su corazón estaba en sus brazos aturdido, avergonzándose de su beso luego de tanto tiempo.
- ¡Ah! –chilló -¿Pero qué…?
- Luego te explico, Isabella –le interrumpió Perry, ya habiéndose puesto el aparato que en realidad era una especie de traductor –Ahora tú y yo, Dennis.
- ¿Cuánto tiempo que no nos vemos? ¿Unos dos años? –dijo el conejo.
- ¿Qué haces aquí? Y todavía no me contestas decentemente la duda que te hice hace un rato…
- Calma, todo a su tiempo. ¿No viniste en busca de pelea? Te la di. Bueno… es hora que me des el gusto a mí y yo prefiero dialogar…
- No hablo con criminales.
- Bien… eso lo entiendo. Mas considera… ¿acaso crees que no sé por qué tú estás aquí? ¿No somos más que contenido en el mismo saco? ¿Y quién te dijo que yo era un criminal?
Tenía bastante sentido lo que tenía. El ornitorrinco lo reflexionó y tenía razón. Tanto él como su oponente eran fugitivos de la mano de Francis Monograma, quien podía tergiversar sus antecedentes de la forma que se le diera en gana.
- Tú no estás con esta niña por nada… -prosiguió la conversación Perry –Siempre tienes algo oculto, para tu propio beneficio…
- ¡Ah! Creo que me conoces bien. Sí, es verdad. Trabajo para alguien y la necesito a ella para atraer a los demás. Gracias a ellos obtendré lo que quiero desde el principio que me rebelé por mis razones de la agencia. Veo que solo me falta uno –sus ojos miraron interesados en Phineas.
- ¿Para quién trabajas…?
El roedor iba a objetar, cuando un estruendo ensordecedor sacudió el edificio, desmoronándose el muro que separa el interior del exterior. La morocha se abrazó a su amigo para protegerlo de los escombros que caían como lluvia mientras los dos ex-agentes se tapaban la cara para no ser heridos por las astillas.
Cuando el polvo se disipó y la oscuridad fue ahuyentada por la luz de la luna, atemorizados descubrieron que detrás de la nube avanzaba autoritario y amenazante su perseguidor.
- Vaya, vaya… ¿Qué tenemos aquí? –sonrió astuto Monograma –Nada mal la presa que conseguí: Dos tortolitos y un par de agentes renegados. Veremos si claman por piedad luego de osar a insolentarse conmigo ¡Arréstenlos!
Continuará...
MUERAN DEL SUSPENSO! MUERAN xDDDD!
Bien... esta vez no podré contestar reviews, por dos razones: 1) Estoy actualizando esto desde un compu de mi colegio y no tengo mucho tiempo de recreo xDD 2) Me da paja ¬¬...
En fin... no se sientan mal, leí todos sus reviews y muchas gracias por seguir, se agradece su participación y las ganas de leer y comentar ;) . Si me necesitan, pueden visitarme en mi página DART, el link está en mi perfil :D. Ojalá les haya gustado el episodio de hoy, que pronto se vendrán aventuras y una batalla final imperdible, más un final... QUE NO SE ESPERARÁN xDD!
Gracias (again) y nos vemos en la próxima entrega. CHAU CHAU!
