XXV._ Alas de Algodón: II

Birdy levantó vuelo para esquivar su ataque. Desde ahí miró cómo ella corría hacia él, se tropezaba y caía de bruces.

-¡Aaaaaaaaaaaahhh! ¡Me pegué!- lloró- ¡Aaaaaaaaaaaahhh! ¡Mi cara!

Birdy aterrizó a su lado, algo desilusionado.

-Debí imaginármelo- se reprimió a sí mismo.

De pronto ella dejó de llorar, se levantó y le dio la espalda a él.

-Bien hecho, extraño. Has logrado pasar la prueba- nuevamente dio media vuelta, sonriente- ¡Eres el nuevo rey de los Swablu! ¡Felicidades!

Todos los Swablu que había derrotado estallaron en vítores nuevamente.

-¡Que viva el rey! ¡Larga vida al rey!

-¿No que ya era rey?- alegó él- ¡Argh! Olvídenlo, yo me largo.

Birdy levantó vuelo, pero la muchacha lo agarró del tobillo para retenerlo.

-Pero no puedes irte así como así. Te necesitamos.

-Solo me necesitan para entretenerse. Tengo que volver con mis amigos, se está haciendo de noche.

-Pero… pero al menos, tienes que limpiarte antes de ir con ellos.

-¿Limpiarme?

-Sí, mira tus alas.

Birdy miró el dorso de sus alas, y advirtió que ella tenía razón. Después de tanto pelear, sus plumas se habían ensuciado un montón.

-Supongo que me puedo quedar para…

En eso, ella también levantó vuelo y lo cogió de la mano.

-¡Ven, ven conmigo! ¡Conozco un hermoso lugar para lavarte!

Sin esperar su respuesta, ella lo condujo hacia el norte, donde se encontraba una cascada relativamente grande. Junto a ella se veían ciertos lugares verdaderamente acogedores para sentarse y acicalarse las alas. Allí se sentaron, uno junto al otro, con una vista espectacular al río durante anochecer.

-Vaya, esto es… hermoso- observó Birdy.

Se fijó en ella, extrañado que no dijera nada. Para su sorpresa, estaba sonrojada.

-¿Qué… qué sucede?- le preguntó, no muy seguro de si debía hacerlo.

-Es que…- la muchacha se llevó las manos a la cara, claramente avergonzada- es mi primera vez. No sé qué hacer.

-¿Nunca has acicalado a alguien más?- se extrañó Birdy.

-¿Tú sí?

-Claro. En el bosque a veces hasta lo hacíamos entre desconocidos.

-¡¿De… de… desconocidos?!- exclamó ella, más roja que antes.

-Sí. Hay lugares a los que no podemos llegar, y nuestra higiene nos preocupa mucho, por lo que a veces lo hacíamos hasta cinco veces al día.

-¡¿Cinco veces al día?!- la muchacha comenzó a respirar agitadamente- ¿Y no se cansaban?

-¿Cansarnos? No, es muy divertido. Me encanta.

Ella intentó retroceder, pero se cayó de poto de inmediato.

-Yo… yo… no sé si esté preparada para esto.

-¿De qué hablas? Tus alas están sucias por escapar de ese Zangoose.

-¡¿Qué?!

Ella se examinó las alas, y confirmó las palabras de Birdy.

-Entonces… creo que no hay de otra.

-Ven, tú puedes ir antes, si quieres.

-Yo… yo…- balbuceó ella, completamente roja, mientras Birdy se le acercaba gateando para examinar sus alas.

Muy nerviosa y sonrosada, se dejó acicalar por Birdy, y luego ella le quitó la mugre a él. No se tomaron más de cinco minutos, pero cuando terminaron ella dejó soltar una bocanada de aire.

-Eso fue más intenso de lo que esperaba.

-En serio, es solo higiene. No es nada del otro mundo

Birdy suspiró. Al final se había divertido un poco, y había conocido suficiente a esa muchacha como para quedar satisfecho. Ya podía volver tranquilamente con su entrenador. Se preparó para levantar vuelo nuevamente, pero de la misma forma ella lo paró.

-¿Qué haces?- le preguntó, consternada.

-Me voy. Mi entrenador me espera.

-¡¿Qué?! ¿Eres un pokemon con entrenador?- exclamó ella, con mucho más dramatismo de lo que podría esperarse- Pero… pero… hace un momento pasamos un momento mágico y hermoso, y ahora me dices que tienes un entrenador.

-No es la gran cosa.

Pero en ese momento ella echó a llorar. Birdy se alarmó, y volvió rápidamente a su lado para consolarla.

-Oye, tranquila. No es tan malo.

-¡Sí, es malo!- lloró ella- ¡Es horrible! ¡Eres un pokemon capturado y yo no lo sabía! ¡Hasta nos casamos!

-No nos casamos.

-¿Y qué significa esto?- alegó ella, mostrándole su anillo del Equipo Libertad.

-No, eso no tiene nada que ver contigo.

-¡Eres horrible!- gritó, para ponerse a llorar nuevamente.

Birdy, nervioso, se vio a sí mismo junto a esa Swablu llorando desconsoladamente, hasta que tomó una decisión precipitada.

-De acuerdo, me quedaré contigo.

-¿En serio?- ella le sonrió como si no hubiera estado llorando.

-Supongo que… me puedo quedar un rato más.

Para su sorpresa, ella saltó sobre él para abrazarlo. Sus alas esponjosas rodearon su pecho, y su cabeza dorada le acarició el mentón. Birdy era muy valiente, quería mucho a sus amigos y estos lo querían a él, pero una muestra de afecto tan repentina de esa forma lo paralizó por momentos.

De repente se preguntó si de verdad tenía que volver. Después de todo ¿Por qué no quedarse así, un rato más, abrazado por las esponjosas alas de la Swablu dorada? Ahí se sentía bien, tan reconfortado como cuando reía junto a sus amigos, o como cuando Ruby posaba su mano en su cabeza para felicitarlo por algo, pero de una forma distinta. Por primera vez no había nadie más fuerte en quién confiar, nadie más que pudiera proteger a esos Swablu además de él. Por primera vez él era el guardián de alguien además de sí mismo, y eso, en vez de amedrentarlo, lo reconfortó. Se sorprendió al cerrar las alas en torno a la chiquilla, pero eso estaba bien. Él se sintió feliz, y eso le bastó por el momento. Ya pensaría sobre lo demás después.

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Birdy se despertó a la mañana siguiente, bastante tarde.

-¡Señor presidente!- exclamó un Swablu sobre él- ¡Señor presidente, es una emergencia!

-¿Qué es un presidente?- inquirió Birdy soñoliento, pero el Swablu ignoró su pregunta.

-¡Es urgente, señor presidente! ¡Los otros pokemon están causando problemas! ¡Tiene que venir a derrotarlos!

Birdy se sentó y se fijó en el puesto a su derecha. Después de acicalarse, él y su prometida (o princesa, o reina, o lo que fuera en ese momento) se habían ido a dormir junto con los demás Swablu a la cima de la montaña. Estaba seguro de que ella se había acurrucado junto a él, por eso le pareció extraño no encontrarla.

-¿Dónde está la chica de plumas doradas?- preguntó mientras se ponía de pie.

-La primera dama se marchó temprano para recoger bayas.

-Ah, ya veo ¿Y cuál era el problema?

El Swablu lo llevó al borde del abismo, desde donde pudieron ver hacia abajo. A lo lejos, en la zona de la hierba alta, un grupo de Zangoose y Seviper parecían tener una discusión acalorada.

-No, esos tipos solo tienen problemas entre ellos- le corrigió Birdy- No debemos meternos en asuntos que no nos incumben, sobre todo si no somos lo suficientemente fuertes para dar pelea.

-Pero usted es poderoso, señor presidente- lo alentó el Swablu.

-Sí, pero de todas formas no nos meteremos en esa pelea. Deja que se machaquen entre ellos.

-¡Ya veo! ¡Es muy inteligente, señor presidente!- lo felicitó el Swablu. Entonces dio media vuelta para hablar a un público- ¡El presidente dice que esperaremos a que los dos bandos se debiliten entre ellos! ¡Entonces nosotros atacaremos!

-¿Qué?

Birdy se dio la vuelta, sorprendiendo a un enorme montón de Swablus a su espalda. Muchos se habían puesto tierra en las mejillas a modo de maquillaje de guerra, y esperaban las órdenes de su superior con cara de pocos amigos.

-¡¿Qué hacen?!- les reclamó Birdy- ¡Ninguno de ustedes irá a pelear con esos pokemon! ¿Entendido?

Todos los Swablu se miraron, algo extrañados.

-¡El presidente dice que ninguno irá a pelear solo!- gritó uno- ¡Todos somos uno! ¡Poder Swablu!

Y eso bastó para alzar el espíritu de batalla de los pokemon esponjosos. Alzaron sus alas a modo de saludo mientras gritaban a todo pulmón. Birdy intentó explicarles, gritarles que se detuvieran, pero ni él podía oír su voz entre tanto griterío.

-¡A la cargaaaaaaaaaaaaaaa!- vociferó el que se encontraba junto al presidente.

-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!- contestaron todos los demás, mientras se apresuraban hacia el barranco.

-¡No, rayos! ¡NOOOOOOO!

Birdy enfureció tanto que golpeó con todas sus fuerzas a los primeros Swablu que se le atravesaron, pero eso no frenó a todo el resto de arrojarse donde los Zangoose y Seviper estaban a punto de comenzar una batalla.

-Esta vez será el duelo definitivo- anunció el líder de los Zangoose, aún ignorante de lo que le deparaba- No tomaremos prisioneros. Esto es todo o nada, Seviper.

-Lo mismo digo, Zangoose- contestó la jefa de las Seviper- Estamos hartos de ustedes haciendo lo que se les dé la gana por nuestro territorio. Hoy se acaba.

Los pokemon de ambos bandos se alistaron junto a sus respectivos líderes para comenzar la pelea. Los Zangoose abrieron sus garras, los Sevipers prepararon sus colas. Ya no había marcha atrás. Ambos líderes pisaron fuertemente la tierra para arrojarse contra su adversario, pero en eso algo esponjoso los golpeó en la cabeza.

-¡¿Pero qué fue eso?!- alegó el líder Zangoose.

La jefa de los Seviper buscó con la mirada, consternada por el golpe sorpresa, hasta que encontró a un pequeño Swablu sobándose el poto por la caída.

-Oh… ¡Oh, no!

Ambos ejércitos miraron hacia arriba, justo cuando el resto de pokemon esponjosos caía como una avalancha de algodón de azúcar. Los Swablu apenas pelearon, simplemente cayeron suavemente contra quienes tomaban por enemigos. Cuando se recuperaban, se levantaban de un tirón y se reagruparon justo entremedio de ambos bandos.

Birdy llegó volando detrás de todos, demasiado tarde para detenerlos. Aterrizó entre ambos líderes, nervioso, y rápidamente asumió una pose de combate. Ambos ejércitos estaban listos para atacar, y los Swablu se habían molestado en caer en el peor lugar posible para armar una estrategia de batalla. Sin duda serían atacados, y Birdy no sabía a cuántos podría salvar, sin contar que lo mataran antes a él. Era una situación desesperada.

-Lo siento, Ruby- pensó- No podré ayudarte en tu viaje.

-¡Oh, tú eres el Swellow que defendió a esa ladrona!- exclamó un Zangoose desde sus filas.

-¿Lo conoces?- inquirió su líder.

-¡Sí, rayos! Me perdí el almuerzo por culpa de esa niña.

Birdy suspiró, no muy optimista. Se le ocurrió una idea arriesgada.

-Siento haberla defendido esa vez- se disculpó, dirigiéndose a todos los enemigos a la vez- esa muchacha me engañó completamente. Y también siento que estos Swablu hayan caído sobre ustedes con aires de guerra, pero por favor, déjenlos marchar. Yo pagaré por sus travesuras.

El líder de los Zangoose se rascó una oreja, mientras que la jefa de las Seviper se acarició el filo de su cola con la lengua, ambos en gesto pensativo.

-¿Dices que vas a recibir el castigo que les corresponde a esos imprudentes?- inquirió la jefa de las Seviper- Este es un asunto muy delicado, y nuestra rabia es grande. Quizás no lo aguantes, chico.

-Por mí no hay problema- anunció el líder de los Zangoose a la vez que mostraba el filo de sus garras- ¿Estás listo?

Birdy bajó la guardia, respiró hondo y asintió. No podía dejar simplemente que esos tontos de los Swablu fueran dañados por aquellos pokemon tan fuertes. Muchos no podrían resistirlo.

Ambos líderes echaron a correr hacia él, preparando sus ataques más poderosos. Birdy se preparó para recibirlos en vez de esquivarlos. Era necesario. Simplemente cerró los ojos, apretó el pico y esperó a que todo terminara.

Entonces sintió una garra enorme posarse en su hombro, y una extremidad filosa acariciar su mejilla. Abrió los ojos, sorprendiéndose al encontrar al Zangoose y a la Seviper junto a él, muy sonrientes.

-¿De qué hablas, chico? Nosotros llevamos décadas aquí- le explicó el Zangoose- Conocemos muy bien a esos Swablu.

-No podríamos castigar a nadie por lo que hacen, ni menos sentirnos ofendidos- aclaró la Seviper- Son algo estúpidos, pero hemos llegado a adaptarnos a su forma de ser.

Birdy exhaló todo el aire que tenía, aliviado. Por un momento realmente pensó que iba a morir ahí.

Entonces se giró hacia los Swablu, advirtiendo que estos se habían olvidado de sus aires de guerra para sentarse a conversar animadamente con ambos bandos. Los Zangoose y Seviper aceptaron conversar sin problemas, y de un momento a otro todos parecían haberse olvidado de la pelea.

-Parece que nuestro duelo será otro día- observó el líder Zangoose.

-Sí, otro día- luego la Seviper se fijó en Birdy- Eres muy valiente, chico. Todo un Swellow. Pero dime ¿Qué habrías hecho si de verdad hubieras tenido que enfrentarte a nosotros dos a la vez?

Birdy se rascó la cabeza.

-No quiero ni pensarlo.

Los líderes de ambos bandos bromearon un poco con Birdy, mientras un apresurado Swablu se acercaba desde lo lejos. Batía las alas tan rápido como su esponjoso cuerpo le permitía, hasta que cayó a los pies de su rey.

-¡Majestad, majestad!- lo llamó, casi sin aliento.

-¿Qué ocurre?- inquirió Birdy.

-¡La reina!- necesitó recuperar el aliento- ¡La reina ha sido capturada por un entrenador!

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Ruby bostezó. Sabía que Birdy estaría bien, pero no podía evitar preocuparse, y eso lo había mantenido gran parte de la noche despierto.

-¿Dónde estará ese tonto?- alegó Brainy, junto a su entrenador- ¿No escuchan nada, ustedes dos?

-No, nada- contestó Kitten.

-Cuando lo encuentre, más le vale darnos una buena explicación de qué estaba haciendo- se quejó Fiercy- Ese estúpido pájaro.

El grupo se había despedido de Lanette por la mañana para continuar su viaje hacia el sur. Caminaban lento, pues tenían que concentrarse en buscar a Birdy más que llegar a su destino. De esta forma se encontraron con varios entrenadores pokemon que los desafiaron. Como siempre, Ruby los venció a todos y les quitó su dinero y objetos valiosos, sin embargo el último de ellos resultó algo peculiar.

El entrenador cayó de poto, asustado de lo que había hecho aquel muchacho a todos los entrenadores antes de él.

-¡Eso no está permitido!- exclamó el entrenador.

-¿Qué cosa?- inquirió Ruby, con su cuchillo ensangrentado al aire- ¿Asesinarlos? Descuida, no los maté. No valen la pena.

Ruby comenzó a caminar hacia el entrenador, por lo que este, asustado, retrocedió a gatas lo más rápido que pudo.

-¡Aléjate de mí! ¡Aléjate!- exclamó.

-¿Y si no quiero?

Entonces el chiquillo sacó una pokebola de su cinturón, y la arrojó. Era el único pokemon que tenía, y lo había capturado tan solo una hora antes, pero no tenía de otra.

-¡Defiéndeme!- le ordenó.

De la pokebola apareció un pokemon hembra, de corto cabello dorado, con dos mechones de pelo saltándole por la nuca, y esponjosas alas blancas como las nubes.

-¿Una niña?- se extrañó Ruby- ¿Usas a una niña para defenderte?

-¡¿Qué haces, Swablu?! ¡Defiéndeme!- exclamó el entrenador- ¡Atácalo con todo lo que tengas!

La reina de los Swablu miró al entrenador que la había capturado, y asintió. Si iba a ser una esclava, aceptaría su destino sin quejarse, porque ella era la reina. Se puso de pie, desafiante, y adoptó una pose de combate frente a Ruby.

-Qué hombre más cobarde- reclamó Ruby.

Sin molestarse mucho, en un parpadeo rodeó a la Swablu y atacó a su entrenador con el cuchillo.

-¡Oh, no!- exclamó la chiquilla.

Cuando terminó de registrar al chico, Ruby se volteó hacia sus pokemon. Para su sorpresa, la Swablu aún se encontraba ahí, parada, sin saber qué hacer. Entonces el entrenador apuntó su cuchillo hacia la muchacha para darle un discurso de cómo tenía que evitar ser capturada por imbéciles como aquel sujeto, cuando algo apareció desde la hierba alta y le dio una patada en la cara tan fuerte que lo mandó contra el piso.

-¡¿Pero qué… ¡Birdy!- exclamó Smoky- anonadado.

Birdy aterrizó, consternado de haberle hecho eso a Ruby, pero no había de otra. Lo había visto apuntar su cuchillo a su prometida. Menos mal que había llegado a tiempo.

-¿Estás bien?- le preguntó a ella.

-¡Sí!- contestó alegre, como si no hubiera ocurrido nada.

Birdy la tomó por los hombros, muy apresurado.

-Escúchame: Corre, aléjate rápido de aquí.

-No quiero- se negó ella.

-¡Rayos, escúchame alguna vez!

Pero en ese instante sintió la mano de Ruby en su hombro, y se dio vuelta para proteger a la Swablu. Si no podía escapar, se quedaría a pelear, aunque fuera contra su entrenador.

-Oye, Birdy. Eso dolió- se quejó Ruby.

Birdy le mandó otro golpe a la cara, pero Ruby detuvo su puño con confianza. Birdy atacó con el otro puño, pero Ruby lo sujetó de la misma forma. Luego, al tenerlo indefenso, lo atrajo hacia sí mismo y lo atrapó en un abrazo.

-Me alegro que estés bien.

Birdy intentó zafarse, pero después de esas palabras se rindió. Algo muy parecido había ocurrido el primer día en que lo vio. Ruby era Ruby, no había forma en que pudiera querer matar a un pokemon.

-Lo siento- contestó.

-No, aún no- le corrigió Ruby.

Entonces lo alejó un poco para mirarlo a la cara. Le sonrió, y después le mandó un combo en la mejilla tan fuerte que lo arrojó hacia sus amigos.

-¡Estaba preocupado, maldición!- vociferó.

Birdy se sujetó la mejilla en donde le había pegado. Justo después fue golpeado en la nuca por todos sus amigos.

-¡Nosotros también!

-Aaaaaaay. Lo siento- se disculpó sobándose la cabeza.

-Jejejeje. Ustedes son chistosos- observó la Swablu- ¿Son amigos del rey?

-¿El rey?- se extrañó Ruby- Ya veo, pasaron muchas cosas sin nosotros. Sí, somos sus amigos ¿Y tú quién eres?

Ruby también sacó su Pokedex para analizar los datos de Swablu.

-Yo soy la prince… digo, la reina de los Swablu- se irguió, se llevó un ala a la espalda y otra al pecho a modo de postura formal- Somos un pueblo sagrado, descendiente del cielo.

-Ah, ya veo.

La reina se dirigió a Birdy, sonriente.

-¿Estás listo? Tenemos que volver.

-Ah, es verdad.

-Espera ¿Cómo que volver?- inquirió Smoky- ¿No vienes con nosotros?

-Pues… yo…- Birdy se rascó la cabeza, indeciso.

-Pero mi rey- le reclamó la reina- Ya hiciste tu decisión.

Todos miraron a Birdy. Este suspiró, triste.

-Tienes razón, ya hice mi promesa. Lo siento, Ruby, pero este pueblo me necesita.

-Sí, claro- Ruby se encogió de hombros- Oye, chica ¿No quieres venir con nosotros?

-Muy bien.

-¿Pero no eras la reina?- alegó Fiercy.

-¿Reina de quién? ¿De los Swablu? ¡Pfff! Es solo un juego. Cada quien se cuida solo.

-¿Tienes un nombre, reina?- le preguntó Ruby.

-Me llaman reina. Tú me puedes llamar "Majestad" o "Alteza"

-¿Y qué tal Ms. Cloudy?

-¡Sí, me encanta!

Ruby y Cloudy chocaron palmas, y luego ella se subió a la cabeza de él a modo de sombrero.

-Jeje ¿Te gusta la aventura, Cloudy?

-¡Sí, aventura!

Birdy se quedó parado donde estaba, con el pico abierto. Todas esas horas de pensar y reventarse la cabeza intentando decidir con quién quedarse, y al final todo había terminado de forma tan simple. Se sentía como el tonto más tonto del mundo.

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Swablu, el pokemon Ave Algodón:

-Peso: 1,2 kg

-Altura: 0,4 m

-Observaciones:

Les encanta pararse en la cabeza de la gente, pero nadie sabe por qué

Es extremadamente limpio, sobre todo con sus alas.

Equipo de Ruby:

1._ Combusken: Mr. Smoky. Naturaleza Gentil

2._ Mightyena: Ms. Fiercy. Naturaleza Audaz

3._ Kirlia: Ms. Brainy. Naturaleza Impaciente

4._ Swellow: Mr. Birdy. Naturaleza Valiente

5._ Skitty: Ms. Kitten. Naturaleza Audaz

6._ Swablu: Ms. Cloudy. Naturaleza Descarada