Estoy viva.

Aisha está muerta. Luz está muerta. Cirella está muerta. Prada está muerta. Core está muerto.

He vencido.

En mi nueva casa de la villa de los vencedores donde me he mudado con mis padres, las cosas no parecen asentarse del todo. Estoy triste, lloro todo el día y mis padres no se atreven si quiera a mirarme a la cara.

—Pensé que querrían verme de nuevo —le digo a Beetee—. Pensé que no les importaría lo que hiciese siempre que volviera. Papá me dijo que...

—Wiress, la gente dice muchas cosas, no con mala intención pero hasta que no se ven en la situación concreta no pueden comprender del todo lo que la misma implica. Tus padres no pueden entender por lo que has pasado ni lo entenderán nunca, pero acabarán aceptándolo. Mi familia lo hizo. Recuerda que sigues siendo su hija.

—Sí. Su hija la asesina.

La televisión se enciende en ese momento, mostrando la escena donde le clavo mi daga en la garganta a Sorrento. El chico se ahoga en su propia sangre, que sale a borbotones de la arteria seccionada, un chorro con cada latido hasta que su vida se apaga. Mi yo de la pantalla se mira las manos llenas de la sangre del chico y yo hago lo mismo con las mías.

—Aún no se limpiaron —murmuro.

—En verdad nunca lo harán —contesta Beetee—. Tendrás que vivir con ellas así, y lo peor. Nunca se olvida. Si cabe, cada día es más duro que el anterior.

Ahí es cuando me doy cuenta que sus manos también tienen sangre. Salgo corriendo de allí sin saber a dónde ir. No quiero volver a casa donde mis padres a penas me hablan, tampoco a Penny y Canaima, ellas también evitan mi mirada. Es como si me vieran a mí en los momentos en los que cometí todos y cada uno de los asesinatos.

No tengo a dónde ir a parte de con Kernel y Beetee. En el Capitolio me aclaman pero eso no me tranquiliza, se siente la reacción más antinatural. Lo normal sería que me repudiaran igual que hacen todos. Hasta yo misma lo hago.

Y ahora tendré que vivir así el resto de mi vida...

Me detengo agotada de tanto correr y me tomo unos segundos para recuperar el aliento. Luego grito. Grito con todas mis fuerzas, a la máxima capacidad de mis pulmones, dejando escapar toda mi frustración.

—¡Baja la voz! ¿Quieres? Lo que quiera que esté pasando en esa cabeza no es real. Ya acabó.

Aisha me mira frunciendo el ceño mientras yo trato de normalizar mi agitada respiración. Mi frente está empapada en sudor así como mis manos.

—¿Qué hora es? —pregunto.

—No lo sé —responde Aisha—. Cuando me desperté ya había amanecido. Tendremos que esperar a que toquen las campanas.

Aisha está lanzando el cuchillo una y otra vez contra la pared a una diana improvisada.

—¿Cómo está tu mano? —digo incorporándome.

—Bien, he tratado de no moverla mucho y cambié los vendajes cuando me desperté.

Al asomarme por la ventana veo que la calle está seca, el cielo está azul y el sol brilla alto en el cielo. Debe ser cerca del medio día.

—No puedo creer que hace unas horas estuviera diluviando y ahora esto... —murmura Aisha.

¿Es si quiera real? ¿De veras solía el Londres real ser así?

—Es como ser recordado una vez más lo rápido que pueden cambiar las cosas aquí. Tranquilo en un minuto, en peligro de muerte al siguiente.

Aisha retoma su labor de lanzar el cuchillo a la pared y yo rebusco en las mochilas para buscar algo que desayunar.

—¿Cuándo nos vamos de aquí? —pregunto mientras doy sorbos a la lata de sopa de pollo y verduras.

—En un rato. Debemos aprovechar la luz del día mientras podamos. Hoy es un bonito día. ¿No te levanta eso el ánimo?

—Mmm supongo. No me lo he planteado.

Desde que me desperté he tenido este nudo en la garganta y el sueño sigue volviendo a mi mente. ¿En serio vale la pena luchar por sobrevivir?

¿En serio vale la pena matar?

Aisha ríe.

—Nunca había conocido a alguien así, tan poco entusiasta. ¿Creo que me aburriría terriblemente viviendo en el tres.

—Créeme, no lo harías. No hay tiempo para aburrirse en el Distrito 3.

De las tres, Penny, Canaima y yo nunca destaqué por ser la menos entusiasta. Tampoco la que más, era algo intermedio. Pero obvio que ni la persona más agradable del mundo pasaría por aquí intacta. Ha empezado, el cambio ha empezado y los juegos aún no se han puesto demasiado feos.

Tras el desayuno, recogemos todo y nos vamos a Hyde Park. Nos es imposible seguir en línea recta pues la cantidad de escombro ya es demasiada. Calculé que nos llevaría unos veinte minutos. En su lugar tardamos casi una hora.

Llegar al parque se siente como haber llegado a un remanso de paz. Es el lugar que mejor conozco de toda la Arena y el que menos ha cambiado.

—Busquemos un lugar seguro para esconder las mochilas y llevemos encima nada más que lo imprescindible. ¿Sabes de algún lugar así?

Saco el mapa del bolsillo, que ya se ve bastante deteriorado. Recuerdo que hice una muesca en el lugar donde estaban escondiéndose Milli y Lycoris. La chica del Distrito 9 está muerta ahora y desconozco si su aliada sigue ahí. Después de la lluvia de ayer lo dudo mucho. Puede que hasta haya muerto más gente desde entonces, herida y asustada como estaba me pregunto cómo estará sobreviviendo.

—Busquemos un lugar recóndito cerca del centro. Así estemos donde estemos podremos acceder fácilmente.

El lugar que encontramos al fin está algo apartado del camino. Un par de arbustos espinosos cumplen bien la función de esconder las mochilas. Lo único que nos quedamos son el arco, el bate, un par de cuchillos, mi daga y el último paquete de tiras de cecina. En mi bolsillo también guardo el espejo regalo de Beetee el cual uso para vigilar disimuladamente nuestra retaguardia. Puede que si esta vez nos sigue alguien se descuide un poco si cree que no estamos prestando atención a nuestras espaldas.

Avanzamos con sumo cuidado, procurando no hacer ruido y manteniéndonos a cubierto, desviadas del sendero pero paralelas al mismo. Nuestro objetivo es la caseta del extremo este del parque. Una pena que las paredes sean de cristal, sino podríamos habernos asentado ahí. Es un sitio bien ubicado.

Pronto llegamos a donde estaba el río. La zona ha cambiado mucho, si el cauce se duplicó del primer día al segundo, ahora está como tres veces más ancho.

—Esto no estaba así la última vez que vine aquí —susurro.

—¿Cómo vamos a cruzar ahora? —responde ella.

De repente, Aisha se pone muy tensa.

—¿Qué pasa?

—Creo que oí algo.

Y ambas nos quedamos quietas. Muy quietas, poniendo atención a cualquier ruido extraño que pudiera haber. No mucho después percibo algo que parece ser un sollozo. Aisha y yo hacemos contacto visual y nos agachamos un poco más.

Lycoris aparece a nuestra izquierda caminando por el sendero con la mochila al hombro. Los Juegos parecen haber tenido un gran impacto en ella, su cara está sucia y su cabello desordenado y aceitoso. Va cojeando y sorbiendo por la nariz hasta que se topa con el río. Mira a su alrededor, imagino que tratando de encontrar un puente para llegar al otro lado y ve la barca que yo dejé ahí el segundo día.

—¿Crees que va sola? —susurra Aisha.

—Sí. Su aliada murió días atrás —contesto.

Lycoris empuja la barca hacia el agua.

—Pásame una flecha —dice.

—¿Crees que tu herida estará bien? —contesto preocupada. No le va a hacer bien el forzar tanto la mano.

—No lo sé. Quizá no, pero honestamente no me importa forzar la mano herida un poco si con eso nos quitamos de encima a alguien.

Aisha no espera a que yo le pase la flecha, la toma ella misma del carcaj. Pero justo cuando se dispone a cargar el arco un agudo grito de terror brota de la garganta de Lycoris. Kopper aparece en el camino y ella viéndose atrapada no le queda más remedio que adentrarse en la maleza, rumbo a donde nosotras estamos.

Aisha tira la flecha al suelo e intenta sacar el cuchillo pero Lycoris ya está sobre nosotras. Grita más cuando nos ve y al intentar cambiar de dirección se choca conmigo pero sigue adelante luchando con la maleza que encuentra a su paso.

Kopper aparece detrás a mucha más velocidad, cuando nos ve ya es demasiado tarde, incapaz de frenar cae sobre Aisha y ambas acaban en el suelo.

Inmediatamente saco mi daga y apunto a su espalda, justo donde su corazón debería estar.

—¡Aisha, joder! —exclama.

Aisha se incorpora haciendo rodar a ambas en el suelo y decido no atacar para no dañar a mi aliada sin querer.

—¡Quieta! —dice Aisha—. Hablemos un momento.

Kopper no la escucha, forcejea para soltarse y le escupe en la cara.

—¡Basta! —grita Aisha—. Eso fue asqueroso.

—¿Dónde están Cirella y los demás? —exige saber Kopper.

—No lo sé. No voy con ellos. Me fui de aquella alianza poco después que tú.

—Júramelo.

—¡Te lo juro! ¿Crees que hubiera podido aguantar mucho tiempo en una alianza con todos en mi contra? Hubiera sido la primera a la que le hubieran dado pasaporte.

Ambas se incorporan.

—Oh... Te fuiste por tu cuenta como yo.

—En verdad me fui con ella.

Aisha me mira y Kopper se da la vuelta y repara en mí por primera vez, sorprendida al verme blandiendo la daga. Lentamente, alza los brazos.

—Podría darte una patada en la mano tan rápida que ni la verías venir y luego usar ese cuchillo para rajarte de arriba a abajo y de derecha a izquierda. Todo en menos de cinco segundos. Pero no lo haré por devolverle el favor a la única persona que me defendió en aquella alianza de niñas histéricas.

—Hazle algo y después vas tú —sentencia Aisha.

—¡Tranquila! Además estoy ocupada ahora por si no te has dado cuenta.

—Esa niña posiblemente esté a kilómetros ya.

Kopper niega con la cabeza.

—Está herida. Yo la herí en el baño de sangre en la planta del pie. Tarde o temprano la voy a encontrar y esta vez no se me escapará.

Kopper busca por el suelo, recoge su cuchillo y lo limpia de barro por ambos lados contra su chaqueta.

—Además —prosigue—, imagino que querrás quitar a Cirella de enmedio tanto como yo y eso me beneficia.

Kopper desaparece entre la maleza en la dirección en que Lycoris se fue.

—Vamos a ayudarla. Quiero hablar con ella sobre la alianza de Cirella. En cuanto la del 12 muera estaremos en los últimos diez. No quiero arriesgarme a que llegue mucho más lejos.

Aisha va tras Kopper y yo la sigo, aunque no me gusta la idea porque no confío en Kopper no importa lo que ella diga o piense. Kopper es una pandillera, ella misma lo dijo en su entrevista. Aisha intenta valerse de ella pero es un plan arriesgado con muchas posibilidades de que salga mal.

Corriendo, deshacemos el camino andado en un tiempo récord. La maleza acaba y salimos a una extensión de césped y flores desde la que tenemos una mejor visión de todo. Lycoris recoge las piedras que encuentra y se las tira a Kopper, haciendo que esta se retrase. Una de ellas le da en la frente.

—¡Perra asquerosa, voy a tomar la piedra que me tiraste y voy a hacer que te tragues todos y cada uno de tus dientes con ella! —grita Kopper.

El césped también acaba y comienza en camino asfaltado, señal de que estamos llegando al extremo este del parque. Lycoris cruza la salida con Kopper pisándole los talones. Es rápida para estar herida pero la profesional lo es más.

Las cuatro cruzamos la carretera una detrás de la otra, pero cuando Lycoris y Kopper pasan por el arco de triunfo algo inesperado sucede.

Por la salida del mismo una reja baja cerrándoles el paso. Lycoris se estrella contra ella y Kopper casi lo hace. La primera reacción de ella es retroceder sobre sus pasos, justo cuando la reja del otro lado se baja. Kopper consigue salir a tiempo, pero Lycoris no.

La chica se queda perpleja unos segundos, lo que tarda la realidad en golpearla. Está encerrada.

Ninguna de nosotras reacciona tampoco tomadas por sorpresa por lo que acaba de ocurrir, cuando de repente, Kopper grita de dolor a la vez que cae al suelo, un reguero de sangre resbalando por su cara mientras que en el suelo se puede ver una maceta partida con su planta y todo y un montón de tierra esparcida por el suelo.

Cuando examino los alrededores para ver de dónde proviene el ataque, veo a alguien en lo alto del arco de triunfo.

—¡Ahí! —señalo a Aisha—. Pongámonos a cubierto.

Ella y yo retrocedemos hasta una distancia segura a la vez que un objeto de cristal se hace añicos contra el hombro de Kopper. Y luego otro y otro...

Kopper comienza a huir doblada sobre sí misma, y dos objetos más caen muy cerca de ella. Ni Aisha ni yo acudimos a ella, tan sólo la seguimos con la vista hasta que se adentra de nuevo en Hyde Park.

—¿Quién está ahí? —dice Aisha.

Ambas ponemos la mano sobre los ojos intentando cubrirlos de la molesta luz del sol. Un tributo está en la cima del arco de triunfo, junto a la escultura del ángel a caballo.

—Es un chico —digo.

—Y no parece ni Sparkle ni Sorrento. ¿Quién más queda?

Hago recuento en mi cabeza. Descartando a los profesionales, los chicos de los distritos 5, 6, 7, 10, 11 y 12 han muerto ya.

—Custo y Oneida —informo—. No nos hemos encontrado con ninguno de los dos desde el comienzo de los juegos.

—Debe ser Custo —dice.

—Opino lo mismo.

—Tiene gracia porque ese chico casi se carga a Sorrento en el baño de sangre. ¿Será uno de esos justicieros cazadores de profesionales que se ven a veces?

El chico ha desaparecido de donde estaba y nuestra atención ahora se centra en Lycoris, que nos ha visto y está gritando en nuestra dirección.

—¡Ayúdenme! ¡Por favor! ¡Haré lo que sea que me pidan pero sáquenme de aquí!

La chica dice más cosas entre llanto y sollozos pero por el traqueteo de los barrotes es difícil oírla.

—Vigila que Custo no aparezca, podría tener un as en la manga —murmura Aisha—. Voy a ayudarla.

—¿Ayudarla?

Y cuando veo a Aisha tomar de nuevo la flecha comprendo lo que quiere decir. Ayudarla a terminar con todo.

Un dilema se me cruza por la mente. ¿Cerrar los ojos o permanecer con ellos abiertos?

¿Servirá de algo? ¿Servirá para protegerme de tener la imagen de ella muriendo tatuada en mi retina para siempre? ¿O quizá sean sus gritos desesperados lo que nunca pueda olvidar? Pues en cuanto Lycoris ve a Aisha buscar una flecha en su carcaj hace la conexión en su cabeza y retrocede aún más enloquecida que antes hasta la parte de atrás.

—¡No...! ¡No... por favor! ¡No lo hagan!

—Se está moviendo demasiado. Quizá... Deberíamos acercarnos más —murmuro—. Con tu mano así sólo vas a poder permitirte un disparo.

—La herida se va a abrir —responde.

—Y cuando lo haga va a doler —agrego yo.

Avanzamos unos metros por uno de los laterales del arco y Aisha se prepara de nuevo pero...

—¡IMBÉCIL! ¡IMBÉCIL, ESTÚPIDA, IDIOTA!

Custo aparece por la puerta del interior del arco con la cara desencajada por la rabia y comienza a empujar a Lycoris.

Aisha me agarra del brazo y ambas nos refugiamos tras la pequeña cabina roja con un arcaico teléfono dentro.

—¡ESTA TRAMPA NO ERA PARA TI! ¡ERA PARA ELLA! ¡TODO EL TRABAJO DESPERDICIADO!

—¡Déjame ir, te ayudaré a atraparla otra vez! ¡Haré todo lo que me digas!

—¡NO! ¡Debes pagar! ¡Debes pagar por haberme hecho trabajar para nada! ¡ESTÚPIDA, INÚTIL, DESPERDICIO DE AIRE Y ESPACIO!

—Menudo culebrón tienen montado. Los capitolinos deben estar felices —susurra Aisha.

Los imagino avisándose los unos a los otros, gente en sus trabajos conectando la televisión, la peluquera despistada arruinando el peinado del cliente por prestar atención a los juegos, la cafetería entera pendiente de ellos dos...

Y mientras en el Distrito 12, la familia de esta chica debe saber ya que está condenada. Me entristece pensar en ello, y más aún sabiendo lo raro que es que un tributo de ese distrito pase del segundo día.

Pero yo ya tomé una decisión y no puedo flaquear. Antes su familia que la mía.

Custo sigue empujando a Lycoris mientras la insulta y la patea. Ella se defiende, lo que no parecía que fuera a suceder. La chica pelea con ganas y en un descuido de Custo trata de acceder a la puerta. Custo la detiene agarrándola del cabello y la chica grita, se revuelve y le muerde el antebrazo. Ahora es él quien grita, y de un rodillazo en la nariz la hace sangrar, la empuja hacia atrás y vuelve a desaparecer tras la puerta. Lycoris trata de abrirla pero está bien cerrada.

—Esperemos un par de minutos a ver qué ocurre —dice Aisha.

Ni un minuto más tarde, Custo aparece de nuevo con un cuchillo y un recipiente de gasolina de color verde. Con el cuchillo hiere a Lycoris en la clavícula cuando ella trataba de apartarlo para escapar y una vez ella está en el suelo sujetándose el hombro comienza a esparcir la gasolina por todo el lugar incluyendo a la misma Lycoris.

Para entonces ya ha quedado bastante claro qué es lo que se propone.

Cuando el recipiente se vacía lo tira al suelo.

—Esto es lo que tenía preparado para aquella profesional y que ahora tú por tu torpeza vas a vivir en primera persona.

Lycoris grita que tenga piedad mientras lloriquea en un rincón sujetando su hombro ensangrentado, pero él no la escucha. Saca un paquete de cerillas del bolsillo, enciende una mientras retrocede hasta la puerta y cuando ya está al otro lado la cierra.

La llamarada estalla inmediatamente y Lycoris se pega todo lo que puede al extremo izquierdo del interior del arco. Su ropa se prende fuego y la veo dar saltitos, intentando inutilmente apagarlo. Ahí es cuando los gritos comienzan. Gritos desgarradores e inhumanos como nunca antes los he oído. Incluso Aisha ha palidecido al oírlos.

—Ahora sí que deberíamos ayudarla a sacarla de su miseria -digo.

Para ahorrarle sufrimiento y para dejar de oír esos alaridos que me hielan la sangre.

—Ella está condenada —contesta—. Pero nosotras aún estamos vivas y puede que necesitemos esta flecha más adelante. Ven. Dejemos a Custo y su arsenal de dios-sabe-qué-más ahí. Hay algo que nos interesa más.

Aisha vuelve a la calzada y examina el estropicio generado por Custo y comienza a seguir las manchas de sangre que han quedado en el asfalto. Está tratando de encontrar a Kopper. Por precaución, saco la daga de nuevo cuando volvemos al Hyde Park. Las manchas de sangre continúan apareciendo por el paseo de la arboleda del principio pero llega un momento en que se desvían hacia la derecha, adentrándose entre la maleza.

—Vamos a tener que buscar a mano —susurra Aisha—. Mantén los ojos abiertos.

Kopper no tarda en aparecer. Está tirada en el suelo, apoyada en un arbusto. Tiene hilos de sangre seca saliendo de su nariz, boca y cuero cabelludo.

Justo cuando nos ve, el cañón de Lycoris suena lo cual deja una extraña sensación en mi interior.

—La del doce acaba de achicharrarse —dice Aisha.

—Ja —dice Kopper, a lo que le sigue una mueca de dolor—. Ya no se cuántos golpes en la cabeza he recibido.

Aisha me quita la daga y la pone junto al cuello de Kopper. Tanto a la misma Kopper como a mí nos sorprende esto, pero la verdad es que ella ya está algo acabada. Aisha pensaba usarla para tener una ayuda extra en su misión de hacer mella en la Alianza Primaria. Pero ahora que está herida no le sirve de nada.

—Adelante. Hazlo —dice Kopper—. Todo se había puesto muy difícil para mí de todos modos.

—Dirás imposible.

—No, no imposible. Aún me queda una última esperanza. O me quedaba antes de que tú me encontrases. No te culpo, yo haría lo mismo. Es la ley del más fuerte.

—¿Y cual es esa última esperanza tuya?

—Como que te lo voy a decir —dice la chica del 2.

—Bueno, vas a estar muerta en un minuto así que no importa. ¿No? Puedes decirlo.

—De hecho, si eres inteligente, y sé que lo eres, me dejarás vivir.

—¿Y cómo es eso?

—Hace unos días recibí otro mal golpe y mis patrocinadores me enviaron un lindo regalo. Un elixir que acelera los procesos de curación del cuerpo. Aún me queda un poco pero no basta solo con eso. Necesité días para volver a recargarme porque no me lo tomé entero. Días en los que mantuve un perfil discreto. Ya estamos muy avanzados en los Juegos y desconozco si eso será posible. Pero Aisha, puedes prestarme una mano. Puedes matarme y robarme el elixir para ti o puedes compartirlo conmigo y te garantizo que te quitaré a uno de esos cuatro de encima. Con suerte a más de uno. ¿Ves ahora por qué?

—¿Y cómo se que tengo tu palabra de que harás eso?

—Es lo más lógico. ¿No? Atacar al grupo más fuerte. Ellos son el grupo más fuerte. Mira lo que me ha pasado por querer cobrarme una cuenta pendiente. Siempre pensé que buscar venganza en los Juegos era absurdo. Una vez aquí cambié de opinión, pensé que me daba un objetivo, algo con lo que trabajar. Ahora creo que ninguna de las dos opciones es mala si se hace en equilibrio. No tengo nada contra ti, Aisha. Y el día que te mate lo haré muy a mi pesar, pero hay gente que tiene que ser eliminada antes.

Está desesperada. Esta chica prorablemente esté muerta de miedo por dentro, pero actúa como si la muerte no fuera gran cosa para no flaquear y que eso posiblemente la salve. Igual que todos, ella también se está aferrando a lo que sea.

—En eso tienes razón —y Aisha me mira a mí—. ¿Aceptamos su trato?

No se puede saber con certeza de todos modos cual es la mejor solución. Matarla nos quita un competidor fuerte de encima y nos deja con la botella de elixir. Dejarla viva nos deja sin el elixir pero con otra fuerza más para abrir una brecha en un grupo de tributos poderoso y para el cual no tenemos una estrategia sólida. Puede que en el futuro Kopper se convierta en un problema, pero si se atiene a su palabra entonces nos beneficia más viva.

De momento.

—Aceptemos —digo, tomando la daga que Aisha me devuelve.

Además temo que no podré soportar ver a otra persona morir enfrente de mí cuando ni siquiera he asimilado lo de Lycoris.

Kopper rebusca en su mochila y saca una botellita medio llena de un líquido viscoso y naranja, se bebe la mitad de lo que queda y nos pasa el resto.

—Me lo voy a beber ya —me dice Aisha—. No es mucho además, y todo lo que ayude a curar mi mano más rápido es bienvenido.

—Sin problema —digo—. Yo estoy bien.

Aisha apura la botella y la tira.

—Y ahora debemos encontrar un buen sitio a Kopper para que se reponga mientras mantiene un perfil discreto. Wiress, busca el libro de los horarios en la mochila, trae también algunas vendas.

—Yo tengo botiquín —dice Kopper—. No hace falta.

—Aún así necesitamos el libro.

No me hace gracia que se queden ellas dos solas. Podría decir que Aisha no me la va a jugar, pero aún así no me siento cómoda con eso.

—Yo atenderé a Kopper —me ofrezco—. Se me dan bien los primeros auxilios.

Antes de que ella conteste ya estoy buscando el botiquín en la mochila de Kopper.

—Pero... —dice Aisha.

—¿Pero qué?

—Nada, nada. Vuelvo en un momento.

En silencio me pongo manos a la obra. Mojo un algodón en desinfectante y le limpio la sangre y la brecha del pelo. Kopper se deja hacer.

—¿Por qué está Aisha contigo? ¿Cómo es que ustedes se encontraron?

—Ella no estaba a gusto en esa alianza —digo, no dando demasiados datos y omitiendo que nuestro plan ya venía de antes de entrar a la Arena. Eso podría hacer que desconfiara de Aisha—. Se fue, nos encontramos y me ofreció el aliarnos.

—¿Así a bocajarro sin más? Es raro.

Vaya. No es tan bruta como imaginé.

—Ella necesitaba alguien para los turnos montando guardia y yo también. Solo será temporal.

—Entiendo. Hasta que queden pocos y ella te pueda dar la patada sin sentirse desprotegida. Porque no pienses que va a ser al revés. Los profesionales siempre nos aseguramos de ir un paso por delante y en una alianza mixta eso solo favorece a una parte, y no es a ti. Aisha sabe lo que hace.

No le contesto a eso. Está claro que a ella le conviene desestabilizarnos para en un futuro avanzar más fácilmente. Doy gracias a que ella está herida. De lo contrario si hubiera ido yo a por el libro ella podría estar aquí contándole cuentos a mi aliada. No me conviene que ella esté cerca, incluso si vamos a mantener un pacto temporal de no agresión. En cuanto Aisha venga con el libro pienso enviarla bien lejos de la zona en la que operamos.

Otra cosa que he notado es que Aisha no ha mencionado a Kopper nada sobre lo que dijo Custo. Si no lo ha hecho es porque le conviene que desconozca que Custo vaya a por ella. Y yo creo que es lo mejor también. Ella no parece saber que él la tiene de objetivo, ha debido pensar que él la atacó sólo porque estaba a su alcancey que habría hecho lo mismo de haber sido otro tributo.

—¿Y tú? ¿Prefieres ir en solitario? —pregunto.

Cuanto más la conozca menos me podrá pillar desprevenida.

—Yo sí. Mi plan era acabar aliándome con mi compañero de distrito eventualmente y mi plan B ir por mi cuenta. Al final tuvo que ser lo segundo —y de repente, Kopper se pone muy tensa—. ¿Oíste eso?

Me quedo congelada a medio vendar la frente de Kopper. En cuanto me concentro, mis oídos registran el sonido. Es el ruido de pisadas sobre hojarasca.

—¿Será Aisha? —susurro.

—Podría. Y también podría no serlo.

Y si no lo es y nos ven estamos perdidas. Kopper está aún muy vulnerable. Termino de vendarle la frente lo más rápido que puedo, cojo su mochila y la ayudo a trasladarse hasta un cúmulo de arbustos cercanos.

—¿Puedes quedarte aquí mientras vigilo? —digo.

—Sí. ¿Por qué no?

Kopper se arrastra hasta quedar camuflada entre los arbustos y yo vuelvo a prestar atención a los pasos que ahora se escuchan mucho más cerca.

—Creo que escuché algo —dice una voz de chico.

—Será un pájaro como antes —le contesta una chica.

¡¿Será la Alianza Primaria?! ¿Y Aisha? No pueden haberla visto aún, pero cuando vuelva la van a ver...

—Bueno, esta sangre tiene que pertenecer a alguien cuyo cañón aún no ha sonado.

El corazón me da un acelerón. El rastro de sangre.

Va a llevarlo directamente a nosotras.

Puede que si me voy sin hacer ruido no me vean. Pero definitivamente no puedo cargar con Kopper, y si me muevo Aisha no podrá encontrarme. Aunque es posible que ella ya sepa que ellos andan por aquí y no va a poder reunirse con nosotras de igual modo.

A lo lejos ya veo a los profesionales revisando el lugar. Llevan palos con los que golpean los arbustos. También veo a Cirella usar su espada curvada para la misma tarea.

Tengo que huir de aquí. Pondré tierra de por medio y trataré de encontrarme con Aisha.

Wiress un susurro a mis espaldas hace que me gire de golpe.

Jamás hubiera adivinado que sería ella, casi se ve como un fantasma ante mí. El peso de haber estado seis días en la Arena ha hecho mella en ella, igual que todos nosotros. Pero aún en esas circunstancias se ve bien. A simple vista al menos.

¡Luz! exclamo.

En medio de la situación de emergencia debo decir que me alegro de verla. Ella se ve alarmada.

Wiress tienes que irte de aquí. Corres mucho peligro si te ven.

Lo sé, pero...

No, de pero nada. Si te ven no podré defenderte. ¿Entiendes? Tendré que... tendré que cazarte.

Y lo entiendo, porque si Aisha viniera ahora mismo y la encontrara aquí yo tampoco podría hacer nada para defenderla sin enemistarme con mi aliada.

De acuerdo. Déjame decirte antes que me alegro de verte.

Ella sonríe.

Yo también. Ahora vete de aquí. ¡Rápido!

Le devuelvo la sonrisa antes de comenzar a alejarme del claro por entre la maleza.

¿Qué haces ahí Luz? ¿Encontraste algo? oigo decir a Cirella.

Pensé que sí, pero me he equivocado.

El miedo que siento es tanto que casi parece que me va a dar un ataque al corazón. Me sentí igual el día del lanzamiento, aunque creo que esta vez es aún peor. Y lo peor es que mi prioridad es no hacer ruido ni ser vista, por lo que no puedo huir tan rápido como me gustaría.

¡Ahí hay alguien!

Miro hacia atrás por medio segundo. Sparkle me ha visto.

Ahí es cuando comienzo a correr lo más rápido que puedo. No podré despistarlos corriendo, necesito algo más. Tampoco puedo trepar a los árboles y aún cuando supiera, Sparkle usa hachas, podrían cortar el árbol al que me suba o provocar un incendio y acabar igual que Lycoris.

Pero entonces la recuerdo...

¡La barca!

Lycoris ya hizo la mayor parte del trabajo arrastrándola al agua. Debe necesitar tan sólo un empujón más. En la barca estaré segura. Los mutos me protegerán. Una vez se separe de la orilla ya no podrán tocarme.

Debo llegar a ella como sea, no quiero acabar así. No quiero ser la siguiente.

Me niego a ser la siguiente.

Cuando me empiezo a cansar de tanto correr, ignoro el dolor en mis extremidades, ignoro la sensación de asfixia y sigo corriendo. Puedo soportarlo, puedo lograrlo. Tengo que lograrlo.

Tengo que lograrlo. Tengo que lograrlo. Tengo que lograrlo porque es la única opción que me queda en este momento.

Me voy desviando para posicionarme junto a la barca. Los profesionales me van ganando terreno pero una vez en el camino correcto no me lleva mucho localizarla. Ellos no lo esperan. La empujo al agua aprovechando el impulso de mi velocidad y cuando siento que ya está en el agua salto adentro, tomo el remo y lo utilizo para impulsar la barca río adentro.

Estoy agotada. Trato de recuperar el aliento en los escasos segundos de tregua que tengo, justo a tiempo para cubrirme con el remo a duras penas cuando Sparkle me lanza una de sus hachas. La lanza se clava en él y el impacto de la pala me golpea en la frente. Justo donde se debía haber clavado el hacha.

Miro alrededor mío buscando los mutos, están ignorándonos unos metros más a la derecha.

—¡Luz, Sparkle, no malgasten munición en ella! Esto va a ser sencillo. No sabe donde se ha metido —dice Cirella.

El agua no te salvará pero buen intento. Acabas de firmar tu sentencia de muerte dice Sorrento sonriendo con malicia, mientras se quita la parte de arriba de su atuendo.

¿Necesitas ayuda en el cometido, Sorrento? se burla Cirella.

No lo creo mi estimada señorita pero gracias, la intención es lo que cuenta. Esto me llevará un par de minutos. No te impacientes.

Sorrento se queda en ropa interior y se lanza al agua mientras yo remo cuanto puedo. Por un momento dudo de la efectividad de los mutos y me preparo para darle un golpe con el remo en cuanto se acerque, pero mientas veo a Sorrento nadar hacia mí percibo algo de movimiento a un lado. Un par de segundos después, los tiene encima. Patos marrones de cuello verde, cisnes y otros más pequeños. Sorrento parece desconcertado cuando los ve ir hacia él y cuando al fin comprende lo que está a punto de pasarle, ya no puede hacer nada.

El chico grita, intenta apartarlos a manotazos y mantenerse a flote a la vez pero le es imposible. Esa es la última vez que lo veo con vida. Enseguida es cubierto por una maraña de plumas y aleteos difícil de distinguir de cuyo núcleo se pueden escuchar los alaridos de Sorrento.

Pronto el agua se tiñe de sangre a la vez que los gritos se vuelven más desesperados. Cirella grita en la orilla e intenta tirarse al agua pero Sparkle se lo impide y Luz lanza unos cuantos cuchillos que acaban con unos cuantos patos pero hay demasiados.

BOOM

Los gritos cesan. Los de Sorrento al menos pues los de Cirella aún se pueden oír en la otra parte del río, de rodillas en el suelo repite el nombre de su aliado muerto una y otra vez. Cuando las aves se retiran de Sorrento sólo queda un collar de cuerda con una caracola alargada flotando en el agua ensangrentada.

No me quedo ni un segundo más del necesario en la escena. En cuanto la barca choca contra la orilla me bajo y me alejo de allí tan rápido como la fatiga me lo permite.

¡Te encontraré, Tres! ¡Ya nos encontraremos en otra ocasión, y créeme no va a ser bonito para ti eso te lo prometo!

No pueden seguirme. No pueden al menos que salgan del parque y den toda la vuelta a la manzana. Pero saberlo no me relaja.

Lo he logrado. Pero eso tampoco me relaja.

Sigo corriendo como si fuera en piloto automático rumbo al edificio que era nuestro objetivo inicial antes de que se fastidiara el plan por una serie de sucesos encadenados.

Miro hacia atrás cada pocos segundos, pero no viene nadie. Antes de entrar al edificio también miro. No hay nadie.

Tenía una pizca de esperanza de ver a Aisha ahí, pero ella debe estar al otro lado del río. O tal vez ha huido. Ya somos nueve, tiene todo y no tendrá que compartirlo.

Entonces caigo en la cuenta de que yo no tengo nada, absolutamente nada. Aunque ahora mismo lo que menos me apetece es pensar en eso. Si tuviera algo en el estómago ya hace rato que lo habría devuelto.

Paso a la caseta y la inspecciono. Es una galería de arte. Tiene varios pasillos de los que hay colgadas extrañas y grotescas pinturas.

Un hombre gordo vestido de rey, una señora con una corona en la cabeza sosteniendo una mano ensangrentada entre las suyas la cual está lamiendo, una pintura de un accidente de auto en el que hay una señora muerta yaciendo en el suelo, una mujer ahorcada, otra tomando un baño en lo que parece ser una tina llena de sangre, un hombre enmascarado siendo quemado en una pira...

Sorrento y Lycoris. Sangre, gritos, humo, lamentos. Muerte.

Todo grabado a fuego en mi memoria. Fuego como el que acabó con ella.

Saco la daga y destrozó el cuadro con saña. Cuando termino con él voy a por otro. Los rajo, los tiro al suelo, los pateo y los pisoteo hasta que ya no me quedan fuerzas.

Mi cabeza está saturada. Siento las ideas formarse en algún lugar de mi mente, la parte de mí que me insta a seguir jugando a esto, a pensar en algo. Pero sea por lo que fuere, tantas imágenes y pensamientos me atacan simultáneamente que mezclan los unos con los otros, sin resultar en nada coherente.

Rendida, al final me recuesto en una alfombra en la parte trasera del edificio y me quedo ahí mirando al techo y tratando de poner orden en mi cabeza. No lo logro del todo, pero al menos consigo aislarme del ritmo que han tomado los juegos por unas horas.

Nueve. Somos nueve y a la inversa de lo que siempre pensé, cuanta menos gente queda más difícil me parece.

Casi diría que imposible.


Hola a todos. Estoy de vacaciones. Normalmente no actualizo en vacaciones, pero quería hacerlo antes de irme y no pudo ser por lo que vine en cuanto pude a ensamblar el capítulo y corregirlo, ya que tenía diferentes fragmentos en diferentes archivos de texto, corregir guiones y demás.

Esta vez no hay POV de la sala de control, pero los tributos han estado muy juntos así que no ha hecho falta. Pero en el episodio siguiente volverá.

Oblituarios.

Puesto 11º: Lycoris. D12. Custo.

Imaginé muchas muertes para ti. Tantas que al final no sabía cual usar. Al principio eras otra víctima más de Klutch y su autobús. Hace dos capítulos estuve a punto de matarte en un derrumbamiento y en otra versión estabas a punto de morir muchas veces y llegabas ilesa a los cinco últimos contra todo pronóstico. Pero... ¡Hey! Puesto 11 está muy bien para una chica del distrito del carbón. Y la verdad, elegí esta muerte de entre todas por un comentario de Valdemar donde dijo que le gustaría ver a Custo en acción. Eso me inspiró y aunque tú no eras la víctima inicial, siempre parecías estar en el lugar equivocado. Tuviste muchísima suerte, y esa suerte se acabó aquí y te comiste lo que estaba reservado para Kopper. Los Juegos suelen minar primero a los débiles, y aunque tú no estabas cortada para los mismos, la suerte solo puede llevarte hasta tan lejos. Pero no hasta la victoria ni hasta los cinco últimos.

Puesto 10º: Sorrento. D4. Wiress.

Tu muerte sin embargo fue la primera que se me ocurrió de todos los 24 tributos. Sabía cómo sería, y cuándo y solo cambiaron unos cuantos detalles secundarios al final. Te imaginé como un chico guapo, sensual y sarcástico cuya fortaleza estaba en su agilidad y rapidez. No se vio mucho de eso al final, pero lo siento no eres protagonista.

Quedan 9 tributos.

Aisha y Wiress

Sparkle, Cirella, Luz

Kopper

Custo

Ivy

Oneida

La corrección sigue estancada. :(

Samanta Friki Black, así es. Mi meta es que cada capítulo se vaya volviendo más oscuro y macabro y Wiress un poco más traumatizada, aquí ya está empezando. Cuando quedan tan pocos, todos pelean con furia y eso hace las cosas cada vez más difíciles.

Valdemar, no tienes que disculparte yo también ando con la cabeza en la luna y se me olvida comentar los fics que sigo xD. A Wiress no le queda otra que usar su capacidad estratégica para avanzar. Ella no está hecha para los juegos en los libros, pues el paso del tiempo y sus Juegos no la dejaron bien, pero si ganó es porque tenía algo y ese algo yo elegí que fuera el organizse bien, ver sus oportunidades y saber usarlas. Y claro, Beetee y Kernel también potenciaron eso. Bueno, ya debes haber leído la primera resolución del enfrentamiento Custo/Kopper. Para mí a ganado él pues estuvo muy muy cerca de matarla, y eso Kopper lo debe saber. Ahora ella lo respeta pues no está en posición de otro enfrentamiento directo. ¿Quizá Custo vuelva a la carga? :D Y en cuanto a Ivy y Oneida, ellos están algo olvidados pero es que están en otra zona y por ahí ya no quedan más que ellos... pero cuando los capitolinos comienzan a aburrise de alguien, entonces ahí es donde los Vigilantes intervienen. Tal vez lo hagan pronto. :D

Cire, cada vez que leo una de tus reviews me sonrojo en serio jajaj. Sí, Wiress desea vivir y sabe cual es la única forma que tiene de hacerlo. Pradita sigue siendo una de las que más me duelen y de los que aún quedan la mayoría me van a costar. Me va a costar matar a Luz, a Aisha, Custo y Oneida. Los demás ya los tengo asumidos y a Sparkle y Cirella les tengo especiales ganas. Por cierto me reí mucho con eso que dijiste de que Peeta es tan sumiso que podría haber sido él quien engendrara a los hijos hahahah tengo previsto un capítulo extra con omakes bien absurdos, pero no será hasta después de mis vacaciones. Fue un reto escribir yaoi pero me acabó gustando xD

AleST, gracias de nuevo por el esfuerzo que estás tomando en comentar todos los capítulos. Me produce un montón de nostalgia recordar esos capítulos en el Capitolio. Hace tanto que los escribí... y estaba enamorada de la parejita, sigo estándolo por supuesto aunque haya quedado apartado temporalmente. A ver si con ella de vuelta da para alguna escena hurt/comfort/angst/fluff/cute. Además, el final de este capítulo lo escribí en el aeropuerto esperando el avión. Justo en ese momento recibí el mail de la review del capítulo 11 cuyo principio también lo escribí mientras esperaba un avión para empezar mis vacaciones. Me gustó esa sincronización y recordar a semihombre jajaja. Beetee y Kernel sí, serán mentores que se preocupan por sus tributos y no dejarán de luchar por ellos por mucho que les duela perderlos. Cuando acaben los juegos quizá siga escribiendo más capítulos sobre años posteriores y cómo lo fue llevando ella. De todos los vencedores del Alphaverse en el D3 ella será la más afectada. Beatrix que es la otra mentora ya fallecida no es mía sino de un amigo y no la pude incorporar, pero en su lugar en el Alphaverse está Doka, quien de haber estado desde el principio hubiera estado también por ahí, aunque no hubiera ido al Capitolio. A ver cuando los saco de nuevo por ahí, amo el D3 jajaja.

Creo que no me dejo a nadie, y si lo he hecho, un toque de atención.

Ya no sé cuantos capítulos de juegos quedarán. Son poquitos ya. ¿Tal vez 4? ¿Ustedes qué opinan? Siempre que hago cuentas nunca se cumplen xD. Gracias de nuevo por sus rewiews. Me hacen feliz y me alegran el día. Saludos y gracias por seguir a Wiress.