Nota:

¡Hola a todos/as!

Me disculpo por mi irregularidad en las últimas publicaciones. Estoy terminando los capítulos finales y la cosa se está alargando.

Quiero avisar sobre éste capítulo porque ¡CONTIENE MATERIAL +18!

Está distribuido como la última vez, hasta la línea divisoria podéis leer tranquilamente. La escena +18 no tiene repercusión alguna en la historia original, es pura diversión.

Agradezco vuestro apoyo y comentarios, espero haber mejorado poco a poco en mi escritura y que disfrutéis con la historia de Elissa.

¡Hasta la semana que viene!


Capítulo 28: La distancia entre tu y yo

-¡Maldición!

Elissa desvió la mirada hacia la tienda de su derecha donde Oghren se revolvía entre las sábanas intentando conciliar el sueño. El enano había decidido acompañarles tras la coronación del rey Harrowmont, pero lo de caminar bajo el cielo abierto no lo llevaba muy bien.

-¿Qué ocurre Oghren? – Preguntó la muchacha por enésima vez.

-Esta maldita tienda traslúcida… ¡Puedo ver perfectamente los puntitos brillantes a través de la tela del techo!

-Eso son estrellas – Bufó Elissa – Prueba con cerrar los ojos.

El enano gruñó de nuevo y se dio la vuelta, inquieto. La muchacha suspiró a sabiendas de que no tardaría mucho tiempo en volver a despertar. El frío era cada vez menor, habían dejado atrás la Montaña de la Espalda Helada y se encontraban a pocas semanas del pueblo de Risco Rojo. Elissa tenía muchísimas ganas de saber si la enfermedad del Arl Eamon había remitido o las cenizas de Andraste eran simplemente una leyenda. También deseaba ver a sus compañeros, y esperaba con toda su alma que Zevran no hubiera molestado demasiado a Morrigan o las consecuencias para su persona serían nefastas.

No pudo evitar que una risilla divertida escapara de sus labios. Habían pasado por tanto juntos que parecía conocerles de toda una vida, a pesar de que en realidad tan solo habían transcurrido unos meses. Cada compañero era único y peculiar a su manera, y a pesar de las riñas y diferencias, les quería a todos por igual.

A todos excepto a Alistair, él era especial por supuesto. La joven levantó la mirada hacia la tienda que tenía frente a ella. A través de las llamas de la hoguera divisó un bultito de mantas acurrucadas en un rincón respirando pausadamente. Últimamente habían decidido dormir juntos, descansar entre los brazos de su amado se había vuelto algo necesario para ella. Sentir su calor, su esbelto cuerpo, su respiración al dormir y sus besos al despertar… Jamás habría imaginado que se enamoraría tanto de un simple muchacho.

-Parece que os lleváis muy bien ¿No?

Elissa dio un respingo al sentir la fía mano de Wynne apoyarse en su hombro. La mujer se sentó junto a la muchacha y la miró con ojos cansados. A pesar de la insistencia de sus compañeros para que la anciana no formara parte de las guardias nocturnas, ésta terminó convenciéndoles de que era lo mejor para todos.

-¿Hablas de Alistair y yo? – Preguntó la chica algo avergonzada.

-Es difícil no darse cuenta de las miraditas que te echa. Especialmente cuando cree que no hay nadie mirando – Rió la anciana – Es… Demasiado meloso para mi gusto, y eso que soy una anciana que debería estar haciendo corazones de encaje y mantas mullidas con dibujos de animales.

-Lo de las mantas no es una mala idea.

-No he descartado del todo dedicarme a ello profesionalmente – Bromeó Wynne – Quizás algún día decida hacerte calcetines con pompones.

Elissa soltó una carcajada que resonó en la noche. No se imaginaba a Wynne como una anciana cualquiera haciendo punto junto a la chimenea.

-Querida, quería hablar contigo de algo – Elissa observó como el rostro de la mujer adoptaba una expresión de seriedad – Me he dado cuenta de vuestra floreciente relación. Al principio pensé que no sería nada serio, pero ahora veo que las cosas son distintas y me gustaría preguntarte adónde crees que va.

La muchacha contuvo la respiración durante un instante. No comprendía por qué Wynne estaba haciéndole aquellas preguntas, pero viniendo de ella no podía ser nada malo.

-No… No sé a qué te refieres.

-Alistair es un buen chico, hábil en el combate, pero bastante inexperto en las cuestiones del corazón. No me gustaría nada verlo herido.

Elissa sintió un pinchazo de ira en el pecho, pero respiró profundamente y contuvo su incipiente irritación.

-Estás… ¿Estás diciendo que yo podría hacerle daño?

-No, adrede no – La anciana negó con la cabeza – Pero hay un gran potencial de tragedia en el asunto.

La joven permaneció en silencio.

-Los dos sois guardas grises, y él es el hijo de un rey – Continuó – Tenéis responsabilidades que han de anteponerse a vuestros deseos personales.

-Alistair no quiere ser rey – Susurró Elissa – Y yo soy hija de un noble.

-Puede que sea cierto, pero aún seguís siendo guardas grises.

En la voz de la anciana no se percibía ironía ni maldad, tan solo preocupación y dulzura. Aquellas no eran las palabras de alguien que se inmiscuía en los asuntos de otras personas, sino las de una mujer preocupada por su familia.

-El amor es egoísta a la larga. Exige que una se dedique a una sola persona, que ocupe completamente su mente y su corazón, excluyendo todo lo demás – La anciana posó su mano sobre el puño apretado de Elissa – Un guarda gris no puede permitirse ser egoísta. Puede que te veas obligada a escoger entre salvar a tu amor y salvar a todos los demás. ¿Qué harás entonces?

-¿Qué se supone que he de hacer según tú? – Bufó la muchacha alejando su mano de la mujer - ¿Decirle a Alistair que se vaya?

-Tendrás que hacerlo, y así os ahorraréis una pena innecesaria más adelante.

Elissa se puso de pie de un salto y observó a la maga con intenso odio. ¿Quién era ella para darle órdenes? ¿Qué sabia ella de su relación?

-¿Has terminado de decir estupideces o aún te queda alguna tontería más?

-Elissa querida, yo no…

-Que vas a saber tu del amor. Que vas a saber tú de lo que es mejor para nosotros – La rabia estaba desbordándose y le costaba mucho controlar su cuerpo, que temblaba completamente – Que si los guardas grises, que si el deber y las responsabilidades… ¡Me he pasado toda una vida encerrada en un castillo mientras todo el mundo me decía que hacer, que decir y como vestir! Nunca he sido egoísta, nunca he deseado nada por encima de mis posibilidades. Hasta estaba dispuesta a casarme solo porque mi condición noble lo requería. ¡Pero ahora no voy a renunciar a lo mejor que me ha pasado en la vida solo porque todo puede terminar en tragedia!

La muchacha caminó firmemente alejándose del campamento, intentando contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse por sus mejillas. Antes de adentrarse en la maleza que rodeaba el lugar, tragó saliva y dio media vuelta mientras observaba a la anciana que, a su vez, le miraba con tristeza.

-Y si en algún momento del camino hubiese de elegir entre salvar a Alistair o a toda Thedas, elegiría salvarlo a él – La joven continuó su marcha – El mundo puede volver a nacer. El amor no.


Elissa caminó entre los árboles cabizbaja sin saber hacia dónde dirigirse. Ya no retenía la tristeza que sentía y las lágrimas caían humedeciendo sus mejillas. El aire, a pesar de que no era gélido, enfrió rápidamente su cuerpo, así que decidió detenerse antes de perder de vista completamente el campamento. Si se perdía con aquella temperatura y la poca ropa que llevaba, acabaría muriendo congelada.

Tenía ganas de correr, de correr hasta perderse entre aquellos árboles. Quería gritar hasta quedarse sin voz, de decirle a Wynne lo equivocada que estaba, lo que realmente sentía por Alistair y lo dispuesta que estaba a entregar su propia vida para que él fuese feliz. Debía ser egoísta por una vez, quizás jamás lograran tener una vida normal tratándose de guardas grises, pero si estaban juntos lo demás dejaba de tener importancia.

Cuando al fin logró tranquilizarse y su mente se debatía en volver al campamento o esperar al cambio de turno para no encontrarse con Wynne, unas grandes y frías manos agarraron su cuerpo desde atrás y tiraron de ella hacia el desconocido que lamió el cuello de la muchacha con anhelo. La joven no dudó ni un instante en actuar y tras girar sobre sí misma y deshacerse del agarre, propinó una fuerte patada en la entrepierna del extraño.

-¡Maldición Alistair! – Chilló la chica - ¡Me has dado un susto de muerte!

-¿Se puede saber porque eres tu quien se está quejando? – Bufó el guarda levantándose con dificultad del suelo – Suerte que conozco tu forma de luchar y me he podido proteger en el último momento… Si no podemos tener hijos será tu culpa.

-No te preocupes, adoptaremos un elfito – Gruñó la muchacha dando media vuelta y alejándose del joven.

-El campamento no es por ahí – Alistair trotó hasta ponerse a la altura de Elissa - ¿Ocurre algo?

-No.

-Oh, vamos. No empecemos con adivinanzas. ¿Por qué has gritado antes?

La joven se detuvo de repente y se giró hacia el chico, que desvió la mirada con fingido temor.

-¿Has oído mi conversación con Wynne? Creía que estabas dormido.

-Lo estaba – El muchacho se encogió de hombros – Me he despertado al oírte gritar. Después he visto cómo te alejabas corriendo y sin pensarlo dos veces he ido detrás de ti.

Elissa observó con una mezcla de sorpresa y ternura los pies desnudos de Alistair y su delgada ropa que solía utilizar para dormir.

-Volvamos al campamento – Dijo la chica cogiendo la mano del joven y tirando de él.

-Espera – Alistair no se movió – Quiero saber que ha pasado con Wynne.

-No es nada, volvamos antes de que cojas un resfriado.

-Quiero saberlo.

Elissa cogió aire y respiró profundamente. Alistair le estaba poniendo nerviosa. Sabía que aquel sentimiento era un rastro de la discusión que había tenido con la anciana maga y no quería que él pagara su mal humor, pero a veces podía ponerse realmente testarudo.

-Aquí no. Volvamos a la tienda y te lo explicaré.

-No. Si volvemos te pondrás cariñosa, dirás que tienes sueño y mañana fingirás que no te acuerdas de nada – Dijo el joven cruzándose de brazos – Quiero saberlo ahora.

La chica caminó hacia el muchacho y se situó a muy corta distancia de él. Podía oler el aroma de pino y madera de su ropa. Lo más seguro es que se hubiera bañado antes de ir a dormir.

-¡Por el Hacedor, Alistair! No me presiones más – Chilló Elissa ante la sorpresiva mirada de su compañero – Necesito estar sola ¿Vale?

-¡¿Pero qué ha pasado?! – Lejos de dejarle ir, Alistair sujetó aún con más fuerza el brazo de la muchacha e intentó abrazarla.

-¡Pasa que el mundo entero anhela que mi vida sea un completo desastre! – Las lágrimas volvieron a brotar de los aceitunados ojos de Elissa – Todo este tiempo ha sido una tortura. Mi familia muere, mi hermano desaparece, me convierto en guarda gris… Y cuando creo haber encontrado algo por lo que vale la pena luchar, Wynne dice que todo tiene que salir mal.

Alistair permaneció en silencio observando a la desconsolada muchacha que intentaba disimular su llanto, en vano.

-Elissa, yo…

-¡DÉJAME EN PAZ!

Sabía que estaba pagando su frustración con la persona que había corrido descalza por todo un bosque para buscarla. No quería que Alistair fuera su desahogo personal, sabía que lo estaba haciendo mal, y, sin embargo, no podía mirarle a la cara. Tenía la sensación de que, si decidía hablar del tema, el opinaría de la misma manera que Wynne y su relación se terminaría. No creía poder seguir con tal batalla sin su compañía. Se había enamorado de verdad de Alistair y tenía miedo, por primera vez en su vida, de perderle.

Alistair le agarró de repente del brazo y la giró bruscamente hacia él. Antes de que la muchacha pudiera replicar, él le calló con un beso. Sus labios se encontraron en un feroz choque que rápidamente se convirtió en un lujurioso baile de sus lenguas. Aquel beso era distinto, nada que ver con las tiernas y dulces caricias que solían compartir a escondidas de sus compañeros, aquello era totalmente diferente.

El chico le sujetó el cabello con una mano mientras con la otra le agarraba firmemente ambas muñecas. Sus respiraciones se tornaron violentas y la saliva se deslizó entre las comisuras de sus labios. Elissa intentó resistirse al principio, pero se percató de que el muchacho estaba utilizando toda su fuerza en mantenerla inmóvil, así que dejó atrás su orgullo y correspondió a su beso con el mismo entusiasmo. Sentía su corazón latir desbocado mientras un calor incipiente nacía de su bajo vientre y ascendía por todo su cuerpo.

Ambos comenzaron a moverse, caminando en todas direcciones hasta que la espalda de la muchacha colisionó violentamente contra uno de los cientos de árboles que les rodeaban. Lejos de pedir disculpas o preguntar por su bienestar, Alistair se separó de ella y comenzó a desvestirla con brusquedad, acariciando las zonas más erógenas de su cuerpo deliberadamente mientras la joven sentía como toda ella temblaba descontroladamente.

La humedad de su intimidad crecía de forma alarmante al advertir como las manos del chico terminaban de desvestirla completamente y sus ojos devoraban con avidez cada rincón de su cuerpo. Estaba totalmente desnuda, a merced total del joven, pero no le importaba. Ansiaba tanto como él aquel momento, deseaba con todo su ser que sus manos le acariciaran, que sus labios rozaran su cuello y que finalmente la poseyera sobre el abrupto terreno dónde se encontraban.

Los labios de Alistair buscaron de nuevo los suyos, pero esta vez sus besos fueron apasionados y cortos, devorándose mutuamente durante fugaces segundos. Las manos del muchacho comenzaron a recorrer su piel desnuda y su boca descendió lentamente bajando hasta su cuello. Su húmeda lengua trazó la sutil forma de su clavícula dibujando figuras en su erizada piel y provocando que sus piernas temblaran ante aquella sensación.

Alistair siguió explorando su torso hasta que llegó al inicio de sus senos. Allí se entretuvo durante un buen rato acariciando y lamiendo cada rincón de sus pechos, jugueteando con sus duros pezones y causando leves espasmos en la chica acompañados por leves grititos de placer. Movía sus manos con tal habilidad que parecía acostumbrado a ello, a pesar de que hacía poco tiempo que habían iniciado sus furtivas actividades nocturnas.

La boca del chico abandonó los pechos de la muchacha y siguió bajando por su abdomen y su barriga dando de vez en cuando algún que otro furtivo beso, hasta encontrarse con su zona más sensible. Elissa abrió los ojos que hasta el momento habían permanecido cerrados, y observó las acciones del muchacho, asustada.

-A-Alistair – Tartamudeó - ¿Qué haces?

Sin responder a aquella pregunta, el chico acercó el rostro a su centro y besó con ternura el suave vello dorado que se vislumbraba entre los apretados muslos de la joven.

-¡Alistair!

-Shhht, calla – Ordenó con un susurro – Déjame.

En un rápido movimiento, Alistair separó sutilmente las piernas de Elissa y situó sus labios en el húmedo centro de ésta. En un solo instante millones de sensaciones indescriptibles recorrieron el cuerpo de la muchacha. Oleadas de placer incontrolables inundaban cada rincón de su ser, provocando que de su garganta brotaran desmesurados gritos que ahogaron el silencio de la noche. Jamás había experimentado algo semejante. La húmeda y cálida lengua de Alistair recorría cada rincón de su intimidad, realizando movimientos circulares que estaban llevándola hasta la locura.

No podía mantenerse en pie por si misma puesto que todas sus fuerzas estaban desapareciendo con rapidez, así que apoyó ambas manos en los hombros del muchacho, atrayéndole así aún más hacia ella. Sentía una sensación eléctrica hacerse cada vez más presente en su vientre y una intensa necesidad apremiante provocó que sus caderas comenzaran a moverse por sí solas. Alistair comprendió lo que estaba ocurriendo y rápidamente introdujo sus dedos en el interior de Elissa, que emitió un ahogado chillido acompañado de intensos temblores y contracciones hasta que se dejó caer en los brazos de su amado respirando entrecortadamente.

Rápidamente Alistair levantó a la muchacha y giró todo su cuerpo con brusquedad, situándola de manera que su cabeza quedara a la misma altura que sus caderas, apoyando ambos brazos sobre el musgoso tronco de árbol.

-Perdóname – Susurró jadeante – Pero no puedo más.

Elissa sofocó un grito de sorpresa al sentir como el joven entraba lentamente en ella, incentivando así el clímax que acababa de experimentar. El muchacho agarró con fuerza su cintura y le embistió con rudeza gruñendo tentadoramente.

Sentía la presión, el calor y la humedad en su interior, su mente estaba totalmente en blanco, incapaz de concentrarse en nada, tan solo podía sentir el cuerpo de Alistair zarandeándose sobre ella y el inmenso placer que aquello estaba produciéndole. Su vientre comenzó a contraerse de nuevo y sus piernas temblaron incontrolablemente, Alistair debía estar experimentando algo similar porque incrementó la velocidad de sus movimientos y asió con más fuerza aún la cintura de la joven.

Una oleada de placer inundó sus sentidos y su cuerpo se arqueó al sentir como Alistair culminaba, a su vez, dentro de ella. Ambos muchachos se dejaron caer exhaustos y sudorosos sobre los tupidos matorrales del camino y quedaron allí durante varios minutos observando en silencio el mecer de las copas de los árboles. Elissa suspiró mientras el latir de su corazón volvía a su habitual pálpito, no sentía frío a pesar de que el aire primaveral acariciaba su piel y provocaba que ésta se erizase.

Alistair se irguió durante un instante y agarró a la muchacha con dulzura mientras situaba su cuerpo desnudo sobre el suyo. Le besó incontables veces en los labios y acarició sus rizos con aquella habitual muestra de afecto que solía darle.

-¿Sabes qué? – Dijo con voz grave – Las hermanas del monasterio solían decirme que si tenía sexo con una mujer me fulminaría un rayo.

Elissa observó con fingida preocupación el cielo nocturno.

-Creo que se está nublando.

Alistair rió a carcajadas y volvió a besar los labios de su amada.

-No quiero arruinar el ambiente, pero necesitamos hablar de lo que ha pasado antes – Elissa se tensó – No sé lo que te habrá dicho Wynne, pero poco me importa. Eras consciente de que el grupo cotillearía sobre nosotros, y tú fuiste la que amenazaste a todos con echarlos a los engendros tenebrosos.

Elissa acarició con ternura el collar plateado repleto de grietas que colgaba del cuello del muchacho junto con el que portaba el emblema de los guardas grises.

-Sí, y aún mantengo mi promesa – Suspiró la chica – Pero la conversación que he tenido con Wynne ha sido… Diferente.

Alistair quedó en total silencio, animando a la muchacha para que continuara.

-Ella dice que debemos dejar lo nuestro porque todo va a salir mal – Las lágrimas amenazaban con volver a hacer presencia – Yo… Sé que las cosas no van a acabar bien, sé que habrá pérdidas durante el camino, pero no quiero dejarte Alistair.

El muchacho agarró con fuerza las mejillas de la joven y giró su rostro hasta que sus ojos quedaron a la misma altura.

-Escúchame bien, Elisabeth Cousland – Alistair arrugó la frente – Te amo.

Elissa sintió como su corazón se detenía durante un breve instante.

-Nunca, y que esto te entre en la cabeza, nunca voy a dejar que te vayas de mi lado – A pesar de la oscuridad que les envolvía, Elissa percibió un rubor intenso en el rostro del joven – Juro por Andraste que cuando todo esto acabe te haré mi mujer y estaremos juntos el resto de nuestra existencia.

Alistair no terminó la frase. Elissa saltó sobre él y el muchacho cayó de espaldas golpeándose la cabeza contra el tronco del árbol que momentos antes había sido su espectador. El chico se irguió con dificultad rascando la parte posterior de su cabeza y riendo a carcajadas.

-Bien, ahora que todo está solucionado busquemos nuestra ropa entre estos malditos zarzales.