Naruto es de Masashi Kishimoto. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener a todos ustedes.

La Historia Original es de Kresley Cole de la novela "Inmortales de la Oscuridad."les recomiendo leer su sagas son súper… y obvio que como son super quise hacer adaptación de una de sus historias en un SASUSAKU

#Libro5

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CAPÍTULO 27

Se había pasado los últimos quince años de su vida yendo demasiado arreglada a todas partes. Y ahora el demonio la metía en un elegante restaurante vestida con vaqueros.

Mientras esperaban a que les trajeran la comida, se preguntó qué habría pedido para ella. ¿Una lata de guisantes? ¿Un zumo de frutas? Dado que estaban en una marisquería, no descartaba terminar cenando una lata de atún.

—Mira lo que he comprado —dijo Sasuke inclinándose sobre una de sus bolsas. Se había quitado el sombrero y se había atusado el pelo para tapar los cuernos. Estaba irresistible. Le dio dos paquetes.

—Te he comprado un reloj. Tú solías llevar uno muy bonito.

¿Se había fijado incluso en ese pequeño detalle?

—También he comprado uno para mí —añadió.

Oh, sí, porque antes había pulverizado el suyo de un fuerte puñetazo.

—No serán iguales, ¿no?

—Sakura, sólo soy un demonio, no un idiota.

—Claro, por supuesto. —Aceptó la cajita y, al ver la marca, enarcó las cejas: Cartier.

Ella siempre se mantenía alejada de los escaparates de esa joyería porque sus relojes estaban repletos de diamantes, lo que resultaba muy peligroso para Sakura, que se quedaba embobada mirándolos.

Al abrir el paquete casi sonrió. No había ni un diamante a la vista. Platino, simple pero elegante.

¿Por qué era tan... delicado?

—Es precioso, Sasuke, pero es demasiado. No puedo permitir que...

—Lo pasaré como gastos. Cierra el pico y abre el otro regalo.

Ella se quejó, pero obedeció. Dentro estaban... sus gafas Modelo Gatita seductora. Lo miró atónita.

—¿Me estás regalando mis propias gafas?

—He hecho que te cambien los cristales. Dijiste que no podías concentrarte sin ellas, pero te estaban dando dolor de cabeza.

Sakura se las puso, todavía embobada. ¿Quién la apoyaba más? ¿Lee, que le daba ánimos de boquilla, o Sasuke, que hacía todo lo posible para que ella pudiera trabajar?

«¡Deja de compararlos!»

Lee no entra en un bar y se acuesta con diablesas insaciables.

—Son perfectas. Pero Sasuke, volveré a ser como antes. Mi vista volverá a empeorar.

—Pues cuando llegue ese momento, vuelves a cambiar los cristales. Pero ahora tienes trabajo que hacer —dijo, y añadió con seriedad:

—Sakura, el código no se escribirá solo. —Le dio otra bolsa.

—A ver si te gusta el abrigo que te he comprado.

Ella metió la mano y sacó un pequeño y confortable anorak de esquí.

—Es rojo.

—En efecto. No tienes nada de este color. —De nuevo, el demonio había observado ese detalle. Estaba sorprendida de su buen gusto.

—No parece muy pesado —comentó.

—Tecnología punta, princesa. Te mantendrá abrigada incluso a veinte bajo cero. Confía en mí.

Además, ahora ya no tienes tanto frío como antes, ¿a que no?

—No, supongo que no.

El camarero apareció con sus bebidas: una cerveza para él, y para ella una botella de agua Perrier bien fría y sin abrir, por petición expresa de Sasuke.

—¿Por qué te preocupa tanto que coma? —preguntó Sakura cuando el hombre se retiró.

Sasuke soltó aire, odiando tener que ocultarle la verdad.

«Porque no soy una buena persona, y estoy a punto de traicionarte del peor modo imaginable...»

Tenía la sensación de que cada momento de felicidad que podía disfrutar con su compañera iba acompañado de una mentira, haciendo que así se hundiera más y más en su agujero, asegurándose así de que ella jamás lo perdonara.

«No pienses en eso.»

—No sé. Quizá podamos aminorar la velocidad de tu transformación si sigues comportándote como una humana.

—Cada vez tengo menos hambre —suspiró ella. —La verdad es que podría dejar de comer del todo.

—El cambio ya se ha asentado en tu interior. No creo que seas consciente de la fuerza y la velocidad que has adquirido.

Sakura se quedó pensativa durante mucho rato, doblando y desdoblando la servilleta con sus delicados y diestros dedos. Los mismos con que había sujetado su erección hacía sólo unas pocas horas. Se removió incómodo en la silla.

—Sasuke...

—¿Qué te preocupa?

—Me estaba preguntando... ¿cómo es vivir para siempre?

«Agotador.»

Sin pareja ni familia, era condenadamente agotador. Pero optó por responder otra cosa:

—La vida eterna tiene sus ventajas. Como no morir, por ejemplo. ¿Estás pensando en suscribirte al club de los inmortales?

—No sé qué contestar. Lo de ser una valquiria parece una buena cosa, pero no quiero ser la Vestal. No quiero que mi futuro sea procrear o morir. Y no sé cómo conciliar mi vida actual con la nueva. ¿Y si los alumnos de mi clase ven mis nuevas orejas?

—Te sorprendería saber cuántos miembros de la Alianza Shinobi viven entre los humanos y nadie se ha fijado nunca en ellos.

Ella ladeó la cabeza.

—La verdad es que no sé si quiero vivir para siempre... —Se interrumpió al ver que el camarero regresaba con su cena.

A Sasuke le trajo el entrecot de la casa. A ella, plátanos sin pelar y huevos hervidos con la cáscara intacta, acompañados de unos cubiertos de plástico todavía en su envoltorio.

Sakura, con mirada triste, desvió la vista de su comida hacia la de Sasuke.

—Te apetece probar mi entrecot, ¿a que sí?

Ella negó con fuerza, dejando bien claro que se moría de ganas de hincarle el diente a aquel pedazo de carne.

—Aún tengo... problemas con la comida.

—Lo sé. Lo sé. Quieres cosas que no haya tocado nadie y envasadas.

Sakura frunció el cejo al ver que el camarero volvía con otro plato para ella; una langosta con la cola y las pinzas intactas.

—Damas y caballeros —dijo Sasuke cuando volvieron a quedarse a solas,

—pasen y vean lo último en comida envasada. Puedes romper el caparazón tú misma, sin que haya ninguna transferencia, y luego comerte la carne con el tenedor de plástico.

Ella se quedó mirándolo.

—¿Sabes cuánto tiempo hace que no como marisco fresco? —Y esbozó una sonrisa.

«Otro punto para el demonio.»

—Soy un buen novio, ¿a que sí?

—Si no fueras tan modesto... —respondió ella, ya fuera del restaurante.

La verdad era que sí, Sasuke era un buen novio; creativo a la hora de enfrentarse a sus fobias. Y durante la cena se lo había pasado fenomenal.

El demonio se encaminó hasta la basura, donde tiró las cajas de los relojes. Desde allí, lanzó algo hacia ella.

—¡Cógelo, rápido! —le dijo.

Era algo brillante.

¡Un anillo de diamantes!

Sin apartar la vista de la joya, Sakura levantó la mano y la cazó al vuelo. Abrió la palma y se estremeció de la impresión.

—¿A qué viene esto? —preguntó fascinada.

—Entrenamiento. Ahora tienes que apartar la mirada del anillo —le dijo junto al oído. ¿Cuándo se había acercado tanto a ella?

«Deja de mirarlo. »

Sakura negó furiosa con la cabeza. El se lo había dado, ¿y ahora esperaba que apartara los ojos de aquella preciosidad?

—Deja de mirar el anillo o lanzaré tu portátil a esa basura. Imagínate cuántos gérmenes puede haber ahí. ¿Crees que el disco duro sería recuperable?

Sakura tembló por el esfuerzo que hizo por apartar la vista.

—¡No... no lo hagas... por favor!

Él le tapó la mano y cogió el anillo de entre sus dedos, que trataban de aferrarlo. Roto el estado de trance, Sakura miró a Sasuke.

—¡No ha tenido gracia!

—No pretendía que la tuviera. Tienes que practicar, diez veces al día si es necesario. Tienes un punto débil, princesa, y debes superarlo.

A pesar de que sus técnicas eran algo bruscas y agresivas, el demonio parecía estar preocupado por ella de verdad. Sakura se mordió el labio inferior.

—El diamante es de verdad, de lo contrario no lo habría cogido. —Al ver que él se lo confirmaba, le preguntó:

—¿Cuánto gana un mercenario como tú hoy en día?

—Tengo una fortuna en oro. Ah, ¿ha sido un destello eso que ha brillado en el fondo de tus ojos? ¿Te gusto más ahora que sabes que soy rico? —Le colocó un dedo bajo la barbilla.

—Porque si es así, me parece bien.

Sasuke le dio un beso en los labios.

—¡Deja de hacer eso!

El demonio seguía robándole besos, tratándola como si fuera su novia. Y eso la ponía nerviosa y no le gustaba. Qué va.

—Y ahora, prepárate —le dijo él.

—Ha llegado el momento de que conduzcas un coche rápido de verdad.

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Algo de Lemmon suave en en proximo cap... estan avisados o/

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