CAPITULO 28

(Pov Hannival)

Poco a poco fui perdiendo la movilidad de mi cuerpo y finalmente toda la movilidad entrando en un sueño profundo. Cuando abrí los ojos estaba frente a mí mismo, pálido, veía a Hakon mirar fijamente el reloj y tener preparada la otra inyección en su otra mano cerca de mi pecho. Yo miré hacia atrás buscando a mi padre y no fue hasta que vi una sombra en el pasillo del sótano que no salí para ver de quién se trataba.

Allí estaba, tal y como lo recordaba, tal y como lo maté con la misma ropa, con mi misma mirada y un físico muy semejante al mío, con su cabello del mismo color...

-Hola hijo.

-Quiero que dejes a Anny.

-¿Y has hecho esta tontería para demostrarlo?

-Sí.

-Ella te hace débil.

-No soy débil, tengo a mis pies a medio mundo, soy el narcotraficante más grande de la jodida historia, mucho más de lo que tú habrías podido llegar a soñar y se lo debo a ella.

-¿Que ha hecho ella para ayudarte? Vamos, mírala... su imagen es como la de una niña.

-Es mi niña, es mía y te prohíbo que te acerques a ella o volveré definitivamente a este mundo y te mataré una y otra y otra y otra vez... no me importa.

-¿Morirías por ella?

-Lo haría, ahora mismo estoy muerto y si me quedo en este mundo será para hacértelo recordar cabrón desconsiderado.

-Gracioso es que des la vida por ella y tu le hayas quitado la vida a tu propio padre.

-Tuve un gran maestro.

Él me miro fijamente y negó con la cabeza.

-Dejaré en paz a esa cría pero yo... siempre estaré contigo, porque cuando te mires cada mañana al espejo Hannival... me verás a mí...

(Pov Hakon)

Miré el reloj y cuando pasaron los tres minutos exactos le puse la jeringuilla pero no se movió...

-MIERDA HANNIVAL!- grité y saqué el punzón.

Y tras unos segundos agónicos el hijo de puta tomó una respiración profunda y abrió los ojos comenzando a toser.

Las piernas no me sujetaban, me sostuve a la camilla con una mano y respiré hondo.

Mierda... menos mal...

-¿Lo has resuelto?

-Creo que si- graznó y respiró profundamente.

-Hannival...- la voz de Anny nos distrajo a los dos.

-Eh... mi niña...- dijo Hannival.

-Se ha mareado Anny, te dejo a solas con él.

Cogí las cartas y las escondí en el bolsillo de mis pantalones marchándome de allí para darles privacidad, si yo fuese él, querría echar un polvo.