Capítulo 17
Unos últimos toques en la época actual. Próximamente el retorno de Aome al Sengoku, ¡al fin!
El segundo año en el Instituto empezó como un buen día. Aome se encontró con Rumiko en la entrada del plantel y gustosamente la presentó con sus amigas. Ellas se asombraron un poco de que la creadora de los dibujos para la animación de la historia "Un cuento de hadas de la época feudal, Inuyasha" fuera tan joven. Lo pesado fue que la bombardearon con preguntas sobre… su hermano, Shinosuke. Nuestra amiga la rescató a tiempo, alejándola de sus camaradas para llevarla al baño.
Discúlpalas, por favor— Aome sonrió con timidez, excusándose por ese mal momento —, es que eran… son…
Descuida, Aome — respondió Rumiko también sonriendo —, no es la primera vez que me ocurre algo similar por causa de mi hermano.
En cuanto había regresado de Inglaterra, la joven Takahashi se había visto con Aome, y platicaron alegremente de muchas cosas. La invitó a la mansión, aprovechando que el abuelo se fue de gira al cielo. Claro que le había pedido permiso, nada de desobedecer al gran demonio. Shinosuke le envió muchas fotos y postales de lugares importantes, y un bello regalo con mucho cariño.
********** Flash Back **********
¡Guau, de verdad que Inglaterra es un hermoso lugar! — dijo Aome en tono de admiración, contemplando las postales.
¡Uy si!, y también Gales y Escocia — afirmó Rumiko mostrándole algunas fotos más de los lugares mencionados —. Y la escuela donde va a estudiar Shinosuke es enorme… — para sonreírse pícaramente a continuación —… ni tiempo va a tener para conquistar inglesas.
¿En serio pensaba ligar a una inglesa? — la joven de larga cabellera negra se asombró ante esa información… le parecía un poco absurdo que su amigo quisiera dedicarse ahora a enamorar chicas, cuando nunca lo había hecho.
¡Eso es muy gracioso! — ahora sí se rió la de gafas —. El muy bobo quería conocer a Emma Watson en persona, pero ella se fue para Estados Unidos a estudiar; y el abuelo no va a consentir cambiarlo de escuela sólo por el capricho de ligarse a una mujer — y después puso los ojos en blanco un momento.
Mmm… ¡qué pena! — suspiró Aome apoyando el rostro en sus manos —. Me parece que si hubieran hecho una bonita pareja… pero creo que ella hace mejor pareja con Ron… o Rupert Grint — y se sonrojó un poco ante su comentario tan fuera de lugar —. Lo siento, me acostumbré a Ron y Hermione.
Y yo también — Rumiko volvió a sonreír, restándole importancia, y se encogió de hombros —. En fin… Mejor mira, Aome, aquí hay algo más para ti — sacando un paquete pequeño de la caja de recuerdos y obsequios mandados de Inglaterra, entregándoselo en las manos.
¿Qué es? — preguntó la aludida con curiosidad.
Ábrelo — le indicó su compañera sin ocultar la sonrisa —. Shinosuke sabe que te será de utilidad.
Era un hermoso y pequeño libro, bellamente encuadernado, que tenía escrito en la portada la palabra "Diary" en letras doradas. Anexo una linda tarjeta con una excelente caligrafía.
"Amiga: Te mandó este diario para que nunca dejes de escribir, es lo que te gusta"
¡Pero qué lindo detalle! — dijo Aome con una gran sonrisa, mientras le brotaba una lagrimita.
Ahora podrás escribir tus memorias de esta época también — Rumiko se alegró con ella, pues sí estaba al corriente de lo que su hermano había mandado —, para que no te olvides de nosotros en el Sengoku.
¡Rumiko, yo jamás voy a olvidarles! — la de larga cabellera la abrazó, y la chica de gafas correspondió el gesto.
********** Fin de flash Back **********
Cada una de ellas se fue a su salón cuando salieron de los sanitarios. Aome alcanzó a sus amigas y entraron juntas para iniciar con las clases.
Oye, Aome — le dijo Yuka un poco inquisitiva mientras tomaban sus lugares —, ¿en serio no te relacionaste sentimentalmente con Takahashi?
La aludida puso los ojos en blanco por un instante… ya iban a empezar de nuevo.
Yuka… — le contestó mientras se desbordaba un poco de su "aura maligna", lo que hizo que Eri y Ayumi retrocedieran un paso —… no comiences otra vez con lo mismo.
Oye, Aome, tranquilízate, por favor — dijo Ayumi en lo que sonreía como bobita, pidiendo calma con las manos —. Sólo son… celos profesionales de Yuka.
¿Celos profesionales? — dijeron al unísono las dos... Eri afirmó con un gesto de la cabeza, recuperando la expresión de circunspecta.
¡Ayumi, explícate! — reclamó Yuka mientras la joven Higurashi parpadeaba con asombro.
Eee… bueno… — tartamudeó su amiga de rizada cabellera, sin saber que más decir. Ahora resulta que la ofendida era otra.
Vamos, Yuka, eso es clarísimo — Eri salió en defensa de su tímida compañera — Tú — y señaló a la otra — aún no has conseguido novio.
¿Qué? — la aludida pareció pasmada por un segundo. Aome no entendía nada de nada —. ¿Ustedes creen que es…?
¿Y por qué más? — afirmó Eri en tono de triunfo, cruzándose de brazos.
Ayumi prefirió no decir nada más, y sólo enrojeció un poco de pena; Yuka parecía ofuscada; y, en cuanto a nuestra conocida… la de larga cabellera negra parpadeó varias veces con incredulidad mientras trataba de digerir lo que escuchó en la plática de sus amigas, para después soltar una carcajada tan sonora, la cual hizo que todos los demás alumnos de su clase, incluidas sus incondicionales, la quedarán viendo como si estuviera loca de remate.
¡Oh, amigas, pero que graciosas son! — dijo entrecortadamente, y se rió por largo rato… casi le brotan lágrimas.
La llegada del profesor en turno puso fin a la discusión. Aome respiró profundamente para calmarse, y se mantuvo muy sonriente durante la clase y subsecuentes. Respondió algunas preguntas que hicieron el profesor y los siguientes, pues antes del almuerzo tenían tres horas seguidas de cátedra.
Ya a la hora del descanso, las cuatro amigas se juntaron en la cafetería para finalizar el interesante tema de la primera hora. Aome saludó a lo lejos a Rumiko, que andaba con sus nuevas compañeras.
En serio que ustedes dos están locas — les reclamó Yuka a Eri y a Ayumi en tono ofendido —, ¿cómo pueden pensar semejante cosa, que yo tenga celos profesionales de Aome?
Es que… — Ayumi tartamudeó un poco apenada.
Tú bien sabes que es verdad, Yuka — Eri contraatacó —. Nadie te ha pedido formalmente salir con él.
La aludida enrojeció de vergüenza… parecía a punto de llorar. Su amiga de cortos cabellos había sido bastante cruel en su observación.
Vamos, Yuka, no tienes porque desesperarte — Aome dejó su almuerzo de lado y le dedicó a su amiga una sonrisa sincera, queriendo saldar las cosas. Sus acompañantes voltearon a verla, pues de alguna u otra manera, las palabras de Higurashi las hacían sentir bien —. Ya llegará alguien adecuado, es sólo cuestión de paciencia. Además, por lo menos no te han dejado plantada o te han visto la cara… ¿verdad, Eri? — agregó y miró significativamente a su otra amiga.
Eee… — tartamudeó la aludida, y ahora ella enrojeció de pena.
El chico que le había pedido salir antes de que terminaran el ciclo anterior la engañó con otra muchacha. Aome recordaba todas y cada una de las veces que le había dicho que ese tipo no le convenía, pero su amiga no le hizo caso. Eri se había sentido dolida y traicionada por eso, pero Aome la consoló y le dijo las mismas palabras que en este momento le dirigió a Yuka.
Es cierto, Aome — afirmó Yuka ya más alegre, volviendo también la vista hacia Eri —. ¿Qué me dijiste que paso con…?
Ok., ya entendí — dijo la de cortos cabellos a modo de defensa, reconociendo su error.
Ayumi sólo atinó a sonreír como bobita, apenándose un poco por la insistencia en el tema.
Bien, así está mejor — Aome volvió a hablar, sonriendo nuevamente —. Chicas, el tener o no un novio o alguien con quien salir no debe ser una necesidad.
Claro, Aome tiene razón — intervino Ayumi más animada —. Así que no se alucinen.
Ambas respiraron profundamente y decidieron continuar con el almuerzo, platicando ya de otra cosa. Al tocar el timbre se dirigieron nuevamente a clases.
Después de la salida Aome se quedaría un poco más tarde por el club de arquería, para mostrarles a los novatos lo que se hacía en ese lugar. Rumiko Takahashi estaba decidida a entrar en esa agrupación, así que se encontraba en primera fila. Incluso se dio el lujo de acompañar a Aome al vestidor para que la señorita Higurashi cambiara sus atuendos.
Y bien, Rumiko — le dijo una muy sonriente morena en lo que se ponían el uniforme especial —, por curiosidad, ¿por qué escogiste este club?
Bueno, eso es muy simple — contestó la de gafas igual de sonriente —; no quise el de dibujo porque… tú ya sabes — y puso los ojos en blanco por una fracción de segundo —, y el de lectura… me aburre, prefiero leer sola en casa. Además… — agregó haciendo un gesto a modo de súplica — sé que me vas a ayudar mucho, ¿verdad?
Claro… pero, a todo esto, ¿qué dice tu "abuelo"? — interrogó Aome con curiosidad. Siempre, desde la época Sengoku, se ha preguntado como demuestra Sesshōmaru su cariño.
Vamos, Aome, ya lo conoces como es de afectuoso — Rumiko volvió a poner los ojos en blanco por un instante, levantando brevemente las manos —, sólo me dijo "Haz lo que quieras".
Así fue que empezaron con las clases. Aome le explicó a Rumiko, y a varios adolescentes más que tenían curiosidad por saber cómo se disparaban flechas, cual era la forma correcta de tomar el arco. Fue un momento de "diversión", pues la joven les mostraba un ejemplo… y le volvió a pasar lo mismo de meses atrás.
Muy bien, señoritas, pongan atención, por favor — les sonrió a unas seis novatas, incluida Rumiko —. Deben concentrarse para tensar el arco, sostener la flecha muy derecha y fijar la vista en el objetivo — decía mientras hacía lo que explicaba —, y, en cuanto estén seguras, sólo lo sueltan sin titubear.
En ese lapso de tiempo, cuando concentró su mente, volvió a cargar levemente su poder espiritual, y, al disparar… el blanco se desvaneció al recibir el impacto de la flecha. Todos parpadearon anonadados por lo que habían visto, y Aome fingió indiferencia en tanto le brotaba una gotita anime en lo alto de su frentecita, para expresar lo avergonzada que estaba ante lo sucedido. Sólo Rumiko sonrió con bochorno, pues ella si comprendía exactamente lo acontecido.
¿Pero qué fue lo que ocurrió? — dijo Aome como si no entendiera nada de nada —. ¿Alguien puede explicarme?
Al final, entre todos limpiaron el desorden, y Aome se disculpó diciendo que se sentía mareada, por lo que pidió permiso para retirase antes que los demás. Rumiko le guiñó un ojo con complicidad.
¡Pero qué barbaridad! — se dijo a si misma mientras caminaba con rumbo al templo —. ¡Tengo que controlar mejor mis poderes espirituales o si no…! — y soltó un suspiro de abatimiento —. Vamos, Aome, tranquila.
Llegó presurosa a casa, pasando cerca del Árbol Sagrado antes de entrar, y lanzó un pequeño beso al aire para su amado Hanyō, como si estuviera segura de que lo recibiría, como si las hojas lo atraparan y lo hicieran llegar atrás en el tiempo.
Inuyasha, hoy tengo mucho quehacer — le dijo sonriente sin dejar de caminar —, así que no podré estar contigo más tarde.
"Inu", su querido perro blanco, llegaba corriendo para recibirla, y se fue con ella para comer, meneando la cola de puro gusto. Después de las rutinas diarias hogareñas, como ayudar a su mamá a lavar los trastes, a su abuelo a acomodar algunos papeles, hacer sus deberes escolares, asear a "Inu", auxiliar a Sota con sus tareas…, ya tomaba su baño nocturno para posteriormente descansar. Al término de la larga jornada secaba su largo cabello, y se estiró un poco para desperezarse, pues aun tenía un pendiente por cumplir. Se sentó nuevamente a su escritorio para anotar sus memorias del día, en la bella agenda que le envió su querido amigo, al cual nombro en su honor:
"Mi querido Shinosuke:
"Hoy fue un día tan especial, ¡ya estoy en el segundo grado del Instituto! Mis planes de antes han cambiado, y ahora lo importante es que me iré con mi amado… aunque aun faltan dos años, pero no importa, porque sé que él me esperará en el "pasado"… Pero te quiero contar que el primer día de clases es siempre muy cansado, porque a veces las nuevas materias son más difíciles, los nuevos profesores son más exigentes, tienes algún nuevo compañero… en fin.
"Lo mejor es que Rumiko está en la escuela y, en cuanto dispongamos de tiempo, podremos hablar de muchas cosas más… de acuerdo con lo que aun pueda contarme, y ampliar mi panorama…
"Ella tomará las clases en el club de arquería. Y ocurrió un hecho sorprendente… debo controlar mi poder espiritual o tal vez todos se asusten y me vean como un fenómeno…"
Entonces recordó una vez más a su amado…
¡Ay, Inuyasha! — dijo suspirando un poco —, a veces las personas suelen ser crueles con las cosas que no entienden… ¡Pobrecito de ti, me imagino lo que debes haber sufrido cuando eras pequeño!
Continuó escribiendo después de limpiar una pequeña lágrima que le había salido. Media hora más tarde…
¡Pero que sueño tengo! — bostezó grandemente y se estiró nuevamente —. ¡Qué buen día tuve hoy! ¡Y gracias, Dios mío, porque aún estoy viva, y podré volver al Sengoku! ¡Qué pases buenas noches "Inuyasha"! — dijo emocionada antes de dejarse caer en la cama, llevando abrazado a un pequeño muñeco.
Era el perrito de peluche que había ganado en la feria, el último día que salió a pasear con Shinosuke. El juguete lo tenía sobre la mesita de noche, junto a varias hojas de pergamino viejo, en las cuales había escritos breves poemas… breves poemas llegados del otro lado del árbol, especialmente para ella.
********** Flash Back en el Sengoku **********
Fue aproximadamente a los cuatro meses del nacimiento de las gemelas de Miroku y Sango, que Inuyasha había pensado un poco en ceder a sus negativas y pedir la ayuda del único hombre que podía apoyarle, aunque eso significaría admitirle que verdaderamente tenía "sucios e indecentes" deseos ocultos. Se encontraba sentado entre las ramas del Árbol Sagrado, sumido en sus pensamientos.
¡Keh!, pues ni hablar — se dijo a sí mismo después de un buen rato de meditación —. Le pediré un empujoncito a ese monje mañoso y enfermo. Sólo espero que no empiece con sus cochinadas…
Bajó de un salto y se encaminó con paso firme hacia la cabaña de sus amigos. La tarde era algo calurosa, por lo varios niños de la aldea jugaban cerca del río. Se apersonó sin mucha delicadeza en el hogar de la pareja, y los encontró haciendo… bien, el maníaco calenturiento de su amigo muy cerca de su hermosa mujer, la cual alimentaba a una de las niñas.
Eee… perdón — habló Inuyasha todo enrojecido al ver a Sango en esa posición, con Kikyō en su regazo. Ahome dormía profundamente en los brazos de su padre.
Adelante, amigo — le dijo Miroku, acostando cuidadosamente en su "cunita" a la nena dormida —, sabes que puedes entrar con confianza.
No, mejor no… gracias — Inuyasha desvió la mirada de su amiga, la cual sonrió muy sutilmente sin dejar su deber maternal. El Hanyō aún seguía sonrojado —. Yo sólo quería hablar contigo, Miroku… de hombre a hombre.
El aludido observó al de ojos dorados de forma un tanto escrutadora, al tiempo que se le dibujaba una sonrisita significativa en los labios, lo que hizo que su amada parpadeara extrañada… ¿dónde estaba lo gracioso?
Vaya, ya veo por donde va la cosa… Bueno, Inuyasha, dame unos tres minutos y en seguida te alcanzo en el Árbol Sagrado — le respondió disimulando lo más que pudo el tono de diversión.
Inuyasha se retiró rápidamente, sin volver la vista aunque lo acusaran de descortés.
Miroku, querido, ¿qué es lo que le pasa a…? — Sango no quiso quedarse con la duda y se animó a preguntar, mientras acunaba a Kikyō entre sus brazos, la cual ya parecía más dormida que despierta.
Más su marido la hizo callar suavemente con un pequeño beso en los labios, acariciándole dulcemente el rostro. A pesar de todo, de ser algo liberal, los tratos de hombres son entre hombres.
No es nada para preocuparte, Sango, amor mío, deja todo el asunto de Inuyasha en mis manos — le sonrió con complacencia para transmitirle tranquilidad —. Tal vez luego te cuento… si es que acaso tenemos tiempo de hablar… — y le dio un último ósculo un poco más apasionado cerca de la oreja, para posteriormente lanzarle una mirada pícara antes de abandonar la estancia, dejándola toda enrojecida y acalorada.
En el tiempo acordado se encontró con el Hanyō. Inuyasha parecía nervioso.
Y bien, mi estimado amigo, ¿al fin has decidido aceptar la verdad que te atormenta y liberar tus sentimientos? — dijo el monje en tono de sabihondo.
¡Keh! Miroku, no empieces con tus sand… — espetó el ojidorado.
¿Sí o no? — Miroku se impuso por sobre la protesta, mirándolo muy duramente —. Es por eso que me has pedido con urgencia hablar aquí ahora. Así que no finjas más porque ni Shippou te cree.
Bueno… yo… — el de plateada cabellera tartamudeó cohibido antes de volver a rezongar —. ¡Keh! Sólo es por… ya sabes porqué.
Inuyasha, Inuyasha — el monje le palmeó el hombro a modo de deferencia —, debes poner toda tu atención a mis sabios consejos, te servirán para desahogar las penas.
Déjate de tanto rollo y vamos al grano, pedazo de animal — dijo el aludido con brusquedad, separándose un poco de su amigo —. Dame unas cuantas sugerencias para… — y se sonrojó una vez más, pues le daba harta vergüenza confesarse — ser… algo… cariñoso… y… — más volvió a hablar con dureza, mirando a su camarada con enfado, como si el tuviera la culpa de sus tribulaciones —. ¡Pero no quiero nada de… manías!
¡Ah, pero qué carácter! — le reprochó el joven Hoshi —. ¡Mira que, si no cambias de actitud en este instante, me regreso con mi Sanguito para hacer…! — y ahora el sonrojado fue otro, al darse cuanta de que casi se va de boca —. Bueno, para ver si Kikyō ya se durmió también — especificó sonriendo como tonto ante la magnitud de lo que estuvo a punto de decir, sobre todo considerando lo que su amigo requería en esos momentos, su ayuda, sin que le restregara en la cara que él, Miroku, había logrado sus sueños con la que es su esposa.
Inuyasha le dirigió una mirada escrutadora en tanto le brotó una gotita anime en lo alto de su cabeza, más no podía negar de que Miroku tenía razón en cuanto a su carácter; con todo y ser un mañoso y libidinoso, el monje era un hombre bastante cursi y sensible al que su mujer adoraba, aunque al semidemonio le pareciera una exageración de parte de Sango.
¡Keh!, esta bien, torpe — dijo ya más calmado, recuperando una expresión de serenidad —, trataré de no enojarme. Ahora… ¿qué me sugieres hacer mientras Aome no está?
Mmm… — el de ojos azules meditó cerrando los párpados —. Me parece que… mmm… lo conveniente es… — y se cruzó de brazos.
El Hanyō lo miraba escrutadoramente, más lo dejó hacer… si su amigo se molestaba tendría que empezar otra vez para convencerlo; por eso era mejor esperar a ver que se le ocurría.
Si… creo que eso es lo conveniente — el monje abrió los ojos después de dos minutos —. Bien, Inuyasha, mi buen amigo, me parece que podrías expresarle tus sentimientos a la señorita Aome escribiéndole palabras bellas… así, cuando ella regrese a tu lado, te será más fácil confesarlos.
Eee… ¿tú crees? — tartamudeó el aludido una vez más. En cuanto su camarada le afirmó muy sonriente con un movimiento de cabeza, preguntó con un poco de timidez — ¿Podrías decirme como lo hago?... no sé escribir muy bien.
Para eso somos los amigos, así que ponme toda tu atención — Miroku no dejó de sonreír, y sacó del interior de su túnica unos cuantos pergaminos.
Fue así que el semidemonio aprendió a escribir y describir lo que sentía.
Unas diez noches más adelante…
Listo — dijo Inuyasha en tono complaciente, haciéndose unos pasos atrás para contemplar su obra.
Colocó en el Árbol Sagrado, en el lugar donde la flecha que lo selló en el limbo del tiempo se había clavado, un pequeño pergamino. Había recordado que fue por ese lugar donde contactó con Aome en alguna ocasión… Tal vez aún tuviera esa oportunidad.
Aome — susurró un poco sin quitarle la vista de encima, esperando que algo sorprendente ocurriera —, espero que te guste. Lo hice con… amor.
Y fue así, del otro lado del tiempo, que Aome encontró el pedazo de papel en el Árbol, el día en que Shinosuke se despidió de ella. Ese descubrimiento había alegrado más su vida.
********** Fin de Flash Back **********
"Me dijiste ¡vuelvo!
Y se llenó de sombra el firmamento,
y se cubrieron de nieve mis ocasos,
y se pintó de rojo mi nostalgia;
y aún espero tu regreso."
"Te extraño, pero sé que volverás cuando tengas que volver"
Esas fueron las palabras el primer poema, escrito con una burda y torpe caligrafía, pero encerrando una gran cantidad de sentimientos. Cada 20 días más o menos había recibido más.
En seguida Aome quiso confirmar que recibía los mensajes pero, al parecer, sólo funcionaba de atrás para adelante.
¡Qué pena! — se dijo a sí misma soltando un suspiro de desilusión, al notar que el pedazo de papel que ella había escrito continuaba allí colgado. Se encaminó al interior de su vivienda —. Me hubiera gustado tanto que Inuyasha supiera que estoy bien.
Pero, por lo menos, el movimiento de las hojas transmitía sus palabras a los pensamientos y recuerdos del Hanyō.
"Con la fragancia de las horas idas,
se cubran de luz nuestras auroras,
y con la vida de las nuevas horas
el tiempo no rompa nuestros lazos"
"Con cariño de Inuyasha"
Este era el último, así que nuestra pelinegra amiga ya tenía un álbum de colección de poemas. Se durmió y en sus sueños estaba ya con su amado. Y el tiempo sigue su curso.
Nota de la autora: Jajaja Inuyasha escribiendo poemas de amor para ser cursi… ¿quién lo viera? Jajaja pero a la hora de la hora… ya verán que trabajazo le va a costar decirle de frente lindas palabras a su amada porque… él es así de brusco. Si no lo fuera, dejaría de ser Inuyasha. Jajaja ¡Miroku y Sango siguen a la cabeza en cursilerías! Ya en menos tiempo Aome estará con ellos.
P.D. Los pequeños poemas son de la autoría de un poeta de mi tierra que se llama René Vidaña. Sayonara.
