EL DESCANSO

28

El día viernes era para pasarlo bien, salir a alguna taberna y tomar algo de cerveza escuchando el ruido ensordecedor del gentío. O eso es lo que creía cuando era joven, antes de la guerra, las balas y –por qué no decirlo- de Sherlock Holmes. Ya no creía ser capaz de salir a divertirse, porque siempre estaba demasiado cansado para ello.

Así que eran las 9 de la noche y estaba en su sillón con la vista fija en las llamas de la chimenea. No era una persona complicada, por lo que el estar allí, así, era bastante bueno. El único inconveniente es que no estaba solo. Sherlock, dormido en el sofá, lo distraía un poco. Bueno, no era normal verlo tan quieto por tanto tiempo. Tampoco es que hubieran tenido muchas cosas que hacer, porque diciembre había estado bastante flojo en casos, y los que habían tenido rayaban en tonterías que más bien terminaban desquiciándolos antes de tiempo. Primero al detective que se ponía de muy mal humor, y en consecuencia a él, al tener que aguantarlo.

-Me estoy volviendo viejo. —Murmuró John mientras se tapaba más con su manta y cerraba los ojos.

Sherlock abrió los ojos lentamente, quizás despertado por la ligera queja del médico o quizás porque su cuerpo ya había dormido las dos horas que necesitaba para volver a ser él. Miró al médico desde su posición, más bien por costumbre que por otra cosa. Se refregó los ojos con fuerza, para sacarse el sueño de encima. John estaba quieto y al parecer dormido. Se sentó en el sofá con sigilo. Miró la noche tras los cristales antes de escuchar a su móvil emitir un sonido.

Sonrió leyendo el mensaje. Hizo el amago de hablarle al médico, pero se contuvo. Sabía que el trabajo lo tenía más cansado de lo normal, y que de paso no estaba de muy buen humor. Así que poniéndose de pie, decidió hacer el trabajo en solitario. Sólo sería investigar un poco y volver antes de media noche.

John despertó a eso de las 2 de la mañana algo inquieto. Miró que la chimenea estaba apagada y que el salón estaba más frío de lo normal. La oscuridad no le dejaba ver si Sherlock seguía en el lugar, así que se estiró un poco para dar con una de las lámparas en una de las mesitas. La luz le dejó medio ciego por algunos segundos, pero pudo comprobar que estaba solo.

Sherlock apoyó la espalda en el muro frío y húmedo de la ribera del Tamesis. Sonrió a la nada antes de decidir sentarse un momento a recuperar el aliento. Había salvado el culo de pura suerte, aunque sabía no que había salido ileso. Aquello habría sido mucho que pedir. Eran las 2 y 30 minutos de la mañana, el ambiente estaba demasiado frío y hasta podía sentir en su rostro que pronto nevaría. Tenía que volver a Baker Street. Su mano derecha presionó su estómago con fuerza mientras volvía a ponerse de pie. Cuando subía una de las escaleras para subir a la calle, un hombre se le acercó corriendo con una linterna en la mano.

….

Lestrade aparcó el automóvil policial frente a Baker Street. Eran las 4 de la mañana. Sherlock parecía más enojado de lo normal. Greg no había dejado de mirarle por el retrovisor mientras viajaban desde el hospital a su casa.

-¿Se lo vas a decir?

-Se más explícito. —Dijo Sherlock ya con la puerta abierta del automóvil.

-A John… que casi te mataron este día.—Dijo el policía volteando del todo para verle con seriedad.

-¿Para qué? No me morí. Además ahora están sobre la pista correcta y pronto atraparan al tipo.

-Porque es tu amigo y se preocupa por ti. Además es médico y es bueno que sepa que tienes puntadas en tu estómago.

Sherlock bufó y salió del automóvil dando un portazo.

-¡Le mandaré un mensaje diciéndoselo!—Gritó Lestrade por la ventana del automóvil antes de irse.

….

El salón estaba vacío. Sherlock caminó hasta el sofá y se decidió descansar allí. Los medicamentos que le habían inyectado lo estaban adormeciendo y volviendo torpe. Ya mañana tendría tiempo de explicarle al blogger su camisa rota, la sangre en su ropa y las ganas de matar a Lestrade.

DarkCryonic