Visiones de mí
Verla siempre me rompe. Ver aquel tren alejándose me trae recuerdos de mi más difícil decisión. Yo necesitaba aquella decisión torturadora. No estaba preparada para la srta. Swan. Intenté olvidarla de formas diferentes, intenté seguir con una vida llena de páginas insignificantes.
Intenté seguir con un matrimonio acabado desde su inicio. Intenté guardar un sentimiento que no comprendía, vi su violenta lucha recordando las ondas que deseé, que aún deseo.
Observé tal una espectadora ver mis días volverse pálidos. Vi de cerca las consecuencias insoportables de una elección.
Aquella decisión tenía que ser tomada, necesitaba cargar con mis elecciones, necesitaba crecer viviendo sin ella. Sin sus ojos verdes llenos de verdad. Necesitaba percibir por mí misma, sin empujones, sin linternas, sin nortes, sin brillos o sonrisas en monturas. Necesitaba percibir que mi felicidad no estaba en la comodidad, no estaba en el estancamiento de años. No estaba en los cuidados que pensé darle a mi marido que gritaba mi nombre.
Él me necesitaba, más que cualquier cosa, me necesitaba a mí.
Aprendí a sonreír de un rosa desconcertado.
Aprendí a sonreír de un esmeralda tímido.
¿Cómo volver al opaco pozo de un matrimonio acabado?
Me olvidé de mí por una obligación que era solo mía, o creí que era solo mía. Fue necesario el más profundo sentimiento para encontrarme. Fue necesario olvidar el significado de los días para vislumbrar el lugar donde necesitaba estar. Fue necesario, para correr, el silencio de las sonrisas.
Yo corrí, grité, busqué, lloré, me deshojé, me desvestí de una dura capa. Me transformé, trascendí, aprendí a sonreír por una brisa.
Emma me enseñó cómo andar con pasos leves, cómo dejar de esconderme en mi antiguo muro.
Hoy camino hacia fuera de la estación sintiendo cómo mis capas se deshacen, veo a mis antiguas Reginas dejándome, camino hacia mis nuevas versiones, mis partes escondidas. Las oscuras, las claras, las rudas y las ligeras.
Recuerdo el día en que Zelena entró en mi despacho pidiendo explicaciones por una noche que quiero olvidar, abstraerme. La noche en que vi a Emma romperse por segunda vez, la noche que la quebré.
Recuerdo las insensatas acusaciones de mi hermana- insensatas para mí- recuerdo la falsa versión de felicidad que inventé. Estabilidad que no crea recuerdos únicos.
Zelena creyó.
Yo solo dudé.
Parecía distante y utópico estremecerme por una mirada, ansiar una alegría que no era mía. Parecía absurdo viajar kilómetros para ser recordada, para explicar una elección, para mostrar que lucharía por alguien. Para justificarme.
Nunca había luchado por alguien.
Emma me presentó a una Regina que nadie más veía.
Aprendí a reaprender, conocí mis dimensiones, y vivo en todas ellas.
Aquella soledad acompañada no me atormenta más, las horas con sonrisas falsas, saludos obligatorios, noches frías, la fluidez de los días agitados, todo eso se volvió una fumarada blanca, pasajera.
Hoy soy pedazos, estoy entera, soy tempestad y colores. Hoy soy brisa. Hoy yo soy Regina.
Mis semanas iguales aún son iguales. Paso días contados esperando un retorno, esperando a que ella vuelva de su ciudad. Mi nuevo vaso me hace compañía mientras las horas se deslizan insistentes.
-Ella dijo que iba a volver- mi manía de conversar con un objeto que no me va a responder continúa perturbando mi salud mental -¿Por qué aún te tengo?
Manía, costumbre, gusto por pensar en los motivos, en las razones. Gusto por mirar un vaso y ver mis huellas. Todos los errores me han traído a este exacto momento y no puedo arrepentirme de ellos.
Trabajo para alejar la lentitud del tiempo, para olvidar mi ansiedad y mi deseo. Trabajo para salir del tedio de mis días sin verdes, sin gafas, sin sonrisas aún tímidas.
Mis días no están hechos de Emma, pero son los mejores, los más plenos y los más vacíos. Están hechos de sensaciones y reacciones. Están hechos de carcajadas olvidadas, de corazones abiertos y transparencias. Emma no crea mis días, ellas los colorea, por eso mi ansia de días rojos, amarillos, castaños, verdes y grises. Claros y oscuros.
Miro mi mesa y los papeles vestidos de muros separan mi antes y después. Separan mi vida acomodada y mi vida descubierta. Me siento libre, me siento bien, mi nombre en esas páginas escritas cierra mi jornada.
No puedo decir que Robin sienta esa misma felicidad que emana de mí. Me sentí tranquila en cada desesperada crisis que él tenía, en sus súplicas y chantajes. Respiré con facilidad en cada una de ellas. Le expliqué que no lo amaba, me compadecí de su sufrimiento o de su comodidad. Nuestro casamiento era eso, cómodo, fácil.
La comodidad no puede privarnos de la felicidad escondida en un bosque de espinos.
Yo lo entendí.
Ella no.
Recuerdo caminar en su dirección, tocar su rostro con sincero cariño, sonreír y decir "Mereces a alguien que te ame y esa persona no soy yo"
Él aún estaba lleno de esperanzas.
Mi separación previsible fue una sorpresa para la mayoría que no conoce mis trazos, mis pasos, mis callos. Lidié con cada pregunta entrometida y desagradable. Ignoré a los desavisados.
De todos los "desconocidos", la señora Cora fue la peor. Mi madre siempre vio mi matrimonio como una oportunidad, no como una felicidad. Escuché frases duras y acusadoras, mostrando cómo había desperdiciado una "unión perfecta", una "pareja perfecta". Recuerdo los años desperdiciados y la "persona ideal" perdida.
Mi concepto de "unión perfecta", "pareja perfecta" o "persona ideal" viene con sonrisas en la lluvia y días sin palabras, cubiertos de silencios plenos y pechos abiertos. Viene con ojos y respiración. Viene con chimenea y cielo nublado.
Viene con la sencillez de las horas. Viene con la alegría de la nada. Con la satisfacción de despertar y saber.
Mientras sus palabras rodeaban mi cuerpo, yo sonreí. Sonreí por entender que nada importaba. Sonreí por saber que mis decisiones, y solo las mías, podrían trazar mis caminos. Percibí el egoísmo detrás de las falsas acusaciones.
Miré mis manos y vi mi mañana. Vi mis decepciones y mis conquistas, y estas, solo yo puedo tocarlas, alcanzarlas. Solo yo puedo correr hacia la línea de llegada y descubrir si ha valido o no la pena. Y cuando ese día llegue, cuando finalmente descubra, voy a darme cuenta de que lo intenté, que luché con todo lo que podía. Que no desistí de mí por frases, por lágrimas, por cortes.
-Regina, ¿estás lista?- Zelena me arranca de los recientes recuerdos.
-Lo estoy.
Me recompongo y regreso a la realidad de hoy. Cojo mi abrigo azul y pienso en la fascinación de Emma con mis prendas oscuras. Le gusta cada pedazo de mí, incluso los imperceptibles para el mundo.
Camino escuchando mis resonantes tacones, el pisar fuerte, amedrentador.
Entramos en mi coche y conduzco. Conduzco por la antigua ciudad con visiones nuevas. Conduzco hacia mi lugar de refugio y consuelo, el lugar al que nunca la llevé. Hoy percibo mi recelo por sentirme invadida. Quiero compartir mi momento, mi mesa en un restaurante y mi puesta de sol.
Entramos y el camarero ya conocido solo asiente con la cabeza.
Me gusta mi tiempo con mi hermana. Me gusta escucharla bramar contra el mundo y derretirse por una morena. Vivimos un momento con el que nunca soñamos. Zelena con sus ojos brillantes y enfocados, enamorada. Ella se siente bien con nuestros sábados.
¿Yo? Bueno…
-Gracias, Zelena.
-¿Por qué?- sus ojos cristalinos esperan entender el agradecimiento.
-Por entrar en mi despacho, gritarme y pedirme que lo intentara. Por preocuparte por una rubia que nunca vio. Por percibir que existía algo. Por hacerme ver que el estancamiento nunca fue suficiente.
-No has sido hecha para el estancamiento, Regina. Y fue un placer mostrarte que no amabas al idiota de tu marido.
-Ex…idiota de mi ex marido- reímos como si hubiéramos escuchado el mejor chiste.
Zelena me obligó a intentarlo profiriéndome sus gritos inconformes.
Conversamos sobre banalidades, sobre Ruby, sobre Emma, sobre Killian. Recordamos nuestros caminos.
Miro hacia el colorido horizonte y soy tragada.
-La traje aquí. Fue en esta mesa donde mi pecho se debatió con sus historias. Fue en ese día cuando me lo admití a mí misma y lo dije en voz alta.
Recuerdo nuestro toque. Un gesto de comprensión, que proporcionó un calor diferente.
-¿Qué admitiste?- sé que Zelena lo sabe, pero quiere escucharme. Necesita el sonido de mi voz.
Respiro hondo, miro los ojos de mi hermana.
-Admití que estaba enamorada de Emma.
Ella sonríe.
Ella sonríe por mí.
-Brindemos porque finalmente Regina Mills lo ha aceptado.
-¿Y tú? ¿Cuándo admitiste estar enamorada de Ruby?
Ella se calla unos segundos, buscando en sus recuerdos el momento exacto.
-Estábamos en su apartamento, yo estaba nerviosa, entonces Killian dijo algo y ella se echó a reír a carcajadas. Ahí entendí que una sencilla carcajada transforma mi día.
-Te entiendo. Sé cómo es la sensación de satisfacción solo por ver el sol reflejado en un par de ojos.
-¡Exactamente!
Fue una noche maravillosa. Solté todas las palabras presas y escondidas en el fondo de mí. Le conté a mi pelirroja los cambios, la añoranza y todo el sentimiento nuevo y extraño que recorre mi piel.
Le conté la ausencia de ojos, bocas y del calor que solo siento con ella.
Nos reímos de nuestros propios descubrimientos. Nunca había conversado abiertamente con nadie, necesitaba esas horas llenas de crudas sinceridades. Estuvo bien escuchar, estuvo bien hablar.
Compartimos el amor distante de una realidad.
Yo siempre había huido y fingido. Siempre había mostrado mi lado fuerte, seco, grosero. Hoy, muestro mis pétalos, mi reservada tranquilidad.
Soy varias y muestro todas ellas.
Fue una noche importante de completa apertura. Ahora sé que las luces, diferentes para mí, también lo son para mi hermana. Vi que el cielo estrellado tiene más sentido para nosotras dos.
Esta noche no me siento sola como en muchas otras, me siento abrazada por la familia y sé que me puedo apoyar. Entiendo que no necesito cargar con el mundo. Fue difícil entender esto.
En mi viaje de conocimiento, aprendí a confiar, aprendí a entender, aprendí a conversar sin palabras. Aprendí a admitir y volver. Me di cuenta de lo que quiero, de lo que busco. Aprendí a no tener miedo de la desaprobación y vi que puedo ser más.
Vislumbré la belleza de horas sentada en un banco, solo disfrutando de una compañía.
Crecí con la caída de cada muro. Vi el azul de un día claro al ver mi techo destruido por el verde. Fui abierta de par en par y deshojada. Fui liberada de las cadenas que había creado. Fue aceptada por la fluidez y cambié. Cambié por conseguir mirar más alto. Entendí que no necesito cerrarme en una caja. Abrí una ventana en mi cuarto blanco y la vista es hermosa.
Viernes.
Estoy agitada, nerviosa. Miro las infinitas agujas de un reloj que no camina. Tendré un fin de semana con horas importantes y cada minuto será contado y aprovechado.
Adoro mis fines de semana con ella.
Mi despacho de la undécima planta con nuestro vaso en mi aparador está más apretado, más caliente. Emma llegará por la noche y estoy aprensiva, con los nervios que no pasan típicos de una adolescente. Nuestros variados encuentros siempre han sido los primeros.
Voy a ir a buscarla a aquella estación llena de momentos y despedidas. Llena de huellas de mi pasado. Deseo no tener que volver ahí. Deseo más horas, más tiempo, más días, pero espero con la paciencia que nunca he tenido.
Escucho golpes en la puerta y siento el aroma que espero hace días.
Emma está parada en la puerta mirándome con sus ojos fascinados- siempre como la primera vez. No he aprendido a entender los motivos de su fascinación en un ser lleno de defectos incorregibles, defectos que ella ama.
-Te he echado de menos.
Ella habla y siento mi pecho henchirse y arder con la frase de tono desacreditado.
-He echado de menos tus ojos.
Ella sonríe inclinando la cabeza con sus maneras encantadoramente tímidas. Veo sus pasos lentos en mi dirección y nos olvidamos del resto, del pasado, los puentes. Emma toca mi rostro y el calor de su piel única me invade, me toma.
Un sencillo toque mueve mis pedazos y eso me basta.
-He vuelto a Boston. Estoy lista para el mañana, estoy lista para caer o emerger. Estoy lista para nosotras. No quiero estar lejos de ti, estoy cansada de nuestros kilómetros.
La beso con sabor a alivio, con sabor a comienzo.
La beso con sabor a Nosotras.
