Traducción de la historia 'The secret's in the telling'
De Sakuri
Por supuesto, los personajes, etc, etc, etc no son míos, sino de JKRowling
Capítulo 28:
La mañana después de anoche
De algún modo, Harry se las arreglaba para mantenerse de pie. Él no era de los que beben excesivamente, y en especial no licores fuertes, pero eso no evitaba que equiparara a su contraparte Slytherin trago por trago del líquido ardiente que un inestable Draco servía para los dos. Había pequeños charcos sobre la mesa, alrededor de donde apoyaban los vasos, producidos ya sea por los movimientos descordinados de las manos que fallaban en el destino del líquido, a medida que se emborrachaban, o como resultado indigno de uno de ellos riendo abruptamente al intentar beber.
En ese momento, Harry sonreía como un idiota por algo que alguno de ellos dijo -aunque por nada del mundo sería capaz de recordar qué era o quién lo dijo-. Por algún lugar de su cabeza, una voz insistía en que se arrepentiría de ésto a la mañana siguiente, cuando no pueda moverse a causa de una resaca de proporciones épicas, pero él se creía capaz de arreglárselas para bajar unos cuantos tragos más. Se sentía a la deriva, mente y cuerpo zumbaban placenteramente, mientras Malfoy parloteaba en el trasfondo. El Gryffindor fallaba completamente en prestarle atención, pero no parecía importarles a ninguno de los dos, mientras asintiera en los lugares correctos.
-¡...y Nott! Ese completo p-pre-preten – ese idiota!¡¿Cómo se atreve? ¿Sabes lo que me dijo? Dijo que yo me caí.
-¿Te caíste?
-No, eso fue perfectamente grácil. El punto es...el punto es...-. Parecía que Draco no podía recordar exactamente cuál era el punto, así que lo sustituyó sirviendo las últimas gotas de whiskey de fuego en los pequeños vasos. Frunció el ceño, lamentándolo, cuando la última gota dejó la botella.
-Deberíamos brindar por algo-. Dijo Harry, de pronto. Draco levantó su vaso, listo para tomarlo sin pensar.
-¿Por qué?
El Gryffindor se encogió de hombros. -No sé, para hacer algo.
Su acompañante parpadeó, perplejo, por unos momentos. -Mm...¿Por qué?- Finalmente pareció recobrarse lo suficiente como para preguntar, ignorando que el mundo daba un barquinazo mientras él se movía lentamente, tratando de sentarse sobre sus piernas. Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, el otro chico se sentó enfrente, en la misma posición, con la mesa de café en el medio. Por el rabillo del ojo, captó un movimiento y giró para ver que Vanima serpenteaba hacia el calor de la chimenea encendida.
Inspirado, se volvió hacia el Gryffindor, momentáneamente despreocupado y permitiéndose una similar sonrisa idiota. -¡Haz un brindis en pársel, para mi!- Insistió, recordando lo agradable que era cuando las palabras sibilantes salían de los labios de Harry.
Los ojos verdes parpadearon sorprendidos, pero no pasó mucho para que el entusiasmo de Draco lo contagiara. -¿Qué quieres que diga?- Preguntó, sonriendo. Era extraño saber que alguien apreciaba el idioma; hasta a Ron y a Hermione los intranquilizaba, y medio colegio seguía considerándolo magia oscura. Y bueno, supuso que eso explicaba por qué le gustaba a Draco, con su fijación con todo lo mágico de ese lado de la ley.
El rubio sacudió la cabeza. -Lo que sea-. Dijo suavemente, inclinándose hacia adelante con expectación. Probablemente, más tarde se arrepentiría de mostrar semejante entusiasmo, lo sabía, pero no podía evitarlo. Sí, había oído antes a Potter hablando el lenguaje de las serpientes, pero quería oírlo hablándolo directamente para él...
El Gryffindor miró alrededor, buscando ideas, hasta que pareció pensar en algo satisfactorio y levantó el vaso. Le lanzó una mirada a Vanima, concentrándose por un segundo y comenzó a hablar.
Ahí estaba, ese sonido que Draco jamás admitiría, pero del que nunca tendría suficiente: susurros suaves, fluídos -que nunca comprendería pero que ciertamente, admiraba-. Los ojos verdes perdieron dureza y se nublaron mientras Harry imaginaba que hablaba con una serpiente, a pesar de que las palabras se dirigían al rubio.
Realmente, Draco no fue consciente de lo que hacía, bruscamente notó que se había movido a mitad de camino, rodeando la mesa, tratando de cerrar la distancia entre él y ese hermoso idioma. Por un momento, Harry pareció sorprendido, luego sonrió, terminó el discurso con lo que fuera que dijo, haciendo una floritura y bajó el último trago. Draco se había olvidado del suyo, y tampoco tenía intención de recordarlo.
Instintivamente, tomó la muñeca del otro, exigiéndole. -¡No te detengas!- Con su mejor tono de mocoso consentido.
Harry pareció divertirse. -No tengo más que decir-. Respondió, bastante lógicamente. -Ni sabes qué fue lo que te dije antes.
-No me importa-, Dijo el Slytherin, negando con la cabeza. -No quiero saber. Sólo...hazlo otra vez-. Se levantó y quedó de rodillas, tratando de lanzarle una mirada autoritaria al Gryffindor que seguía sentado.
Desafortunadamente, el mundo eligió ese preciso momento para ladearse, y sin ninguna advertencia decente, Draco se halló trastabillando sin elegancia, directamente sobre el otro chico. Inútil como siempre, Harry no ofreció resistencia y terminaron desparramados por el piso, apenas salvándose de golpearse con la esquina de la mesa, en la caída.
Acostado de espaldas, Harry levantó la vista hacia el rubio que lo miraba, sintiendo el peso sólido y cómodo de Draco sobre el pecho. La visión de Harry se nubló, por la combinación de la intoxicación y el hecho de que sus lentes estaban severamente torcidos. Era una imagen agradable: los rasgos afilados y pálidos del Slytherin, suavizados e iluminados atractivamente. Complacido, sin pensar realmente en lo que hacía -algo que iba a convertirse en su legado-, Harry levantó la mano y recorrió con sus dedos los suaves mechones de cabello, despejando los ojos de Draco.
Ciertamente, Draco ronroneó -lo que debería ser imposible, pensó Harry a lo lejos, se suponía que era un lobo, no un gato-, y prácticamente se derritió contra él por las caricias. De ordinario, la reacción debería haberlo sorprendido, tan abierta, tan patentemente no-Malfoy, pero en esos momentos, ninguno de los dos estaba demasiado cuerdo; Harry lo disfrutó y repitió el movimiento deseando que el rubio le respondiera nuevamente con ese sonido de placer.
Hizo exactamente eso, suspirando suavemente con el aliento dulce por el whiskey; sus ojos grises se cerraron, completamente relajado, y hasta se inclinó contra la mano que se enterraba en su cabello. Realmente, pensó Harry, puede que Draco sea un hombre lobo, pero esto era como lidiar con un gran gato. Por supuesto, a él no le molestaba; de hecho, disfrutaba el ronroneo profundo, placentero, que emitía ondas vibratorias que lo atravesaban. No se había dado cuenta de que el rubio se movió, hasta que sintió que le quitaba cuidadosamente los lentes. Parpadeó, ligeramente sorprendido, tratando de enfocar los ojos, sin éxito. Escuchó que Draco depositaba los anteojos en algún lugar, a un lado.
-¿Harry…?
No le pareció raro oír que el otro usaba su primer nombre, y por lo demás, le pareció perfectamente normal estar acostado así con él. Harry solamente sonrió para mostarle que lo había oído. -¿Sí?- Se estaba mareando y su voz se arrastraba más que antes. Pronto estaría dormido; esperaba que Draco no sintiera la necesidad de moverse porque él estaba cómodo así...
-Harry…- El nombre salió como una exhalación contra su boca, apenas audible, apenas sentido.
El Gryffindor suspiró, sus ojos se cerraron por su propia cuenta; estaba tan cansado, tan mareado, tan tibio. Feliz, su mano dejó el cabello rubio, pasó por encima del vago indicio de un omóplato y quedó quieta en el final de la espalda de Draco.
Sin embargo, se despertó considerablemente cuando sintió la otra boca descendiendo contra la suya. Los ojos verdes se abrieron enormes, pero Draco pareció no notarlo. Actuaba por capricho, no con un objetivo, sino curioso y con toda la vacilación de lanzarse a lo desconocido. Era un experimento, algo que tenía en la cabeza por más tiempo del que quisiera admitir y que ahora le resultaba imposible negar. Debajo suyo, Harry siseó sorprendido, y fue tan similar a la lengua pársel que había hablado momentos atrás que Draco se estremeció, contento. Las uñas que se aferraban a su espalda a través de la camisa, donde las manos del Gryffindor se cerraban convulsivamente, parecían la única respuesta de su asombrado compañero. Bastante decepcionante, para ser franco.
Determinado a lograr algún tipo de reacción, antes de que esto terminara, el Slytherin trató de profundizar el beso insistentemente. Los labios se movían con un dejo de incertidumbre, comunicando su curiosidad y un deseo mudo que él mismo no sabía que existía, compartiendo secretos, incómodo sólo cuando abrió los ojos y se encontró con una mirada verde deslumbrante, libre de la barrera de los lentes y que seguía asombradísima. Un breve y casi tímido asomo de la lengua de Draco, finalmente ganó el efecto que quería. La respiración de Harry se alteró, repentinamente aturdido, las pestañas bajaron; arqueó la espalda al parecer contra su voluntad y ambas manos se elevaron para sujetar con fuerza la cintura del rubio.
Por supuesto, con el compartido estado de ebriedad, fue un beso un tanto torpe y ligeramente merecedor de un respingo, en retrospectiva; pero por el momento, resultaba más que satisfactorio.
La frustración que había estado molestando a Harry durante semanas, finalmente alcanzó su cima, y sin advertirlo, se movió abruptamente, sin darle tiempo para protestar al Slytherin, lo giró de modo que él quedó arriba. Los ojos grises parpadearon sorprendidos, pero un destello de sonrisa apareció y le recordó a Harry que debía bajar la cabeza y retomar lo que Draco había comenzado.
Ninguno de los dos sabía lo que estaban haciendo. Harry copiaba fragmentos, semi recuerdos del sueño que rondaba por su mente y hacía que su corazón golpeara como un martillo por la excitación. Por otro lado, Draco obedecía el victorioso aullido del lobo que resonaba en su cabeza, y él estaba extrañamente de acuerdo con eso. No estaba mal, concedió, todo esta cosa de besar a Harry Potter. Con eso en mente, permitió que sus dedos se enredaran en los incesantemente desacomodados mechones del Gryffindor, se separó, pero sólo para dejar una huella de besos descordinados sobre su cuello y su mandíbula.
No, no estaba nada mal, pensó Draco, a la distancia, segundos antes de que sus ojos se cerraran y se durmiera inmediatamente, con la mano en la camisa del Gryffindor y la cara de Harry escondida en el hueco de su cuello.
Horas más tarde, el sonido de la ducha, despertó eventualmente al inconsciente Gryffindor. Se estiró, los últimos vestigios del sueño lo abandonaron e inmediatamente sintió que se le tensaban más músculos de los que creía tener. ¡Buen Dios!, ¿en qué horrenda posición había dormido anoche?
Abochornado, a ciegas, trató de agarrar sus lentes, a los que sólo llegó después de gatear sin ninguna elegancia por los nebulosos alrededores. Aturdido y con torpeza, se los colocó con las manos extrañamente tensas, no hábiles como de costumbre. Desde que se despertó, un dolor sordo, irritante, comenzó a crecer por detrás de sus ojos y llegó a ridículas proporciones al intentar ponerse de pie. Horrorizado, apretó sus dedos con fuerza contra las sienes, cerró los ojos, tambaleándose desorientado.
En el trasfondo, el sonido del agua que corría se detuvo de pronto y Harry se quedó helado. La presencia de otra persona se hizo demasiado obvia como para ignorarla, además de una sensación espeluznante de temor a la que no podía ponerle nombre.
Algo estaba mal y él no podía recordar qué. Miró alrededor, por unos momentos, tratando de descubrir de qué se trataba. Fue la visón de una corbata de Slytherin tirada al descuido sobre el sofá cercano, lo que finalmente lo ayudó a hacerlo. Sintió como si un peso muy, muy grande, le hubiese golpeado las entrañas. Giró y miró el lugar del suelo adonde había dormido, recordando -con una extraña mezcla de horror y placer- cómo Malfoy y él se habían besado y, en caso del rubio, hasta le había robado una rápida agarradita antes de dormirse.
No. Tiene que haber sido un sueño. ¡Tiene que haber sido un sueño!
Se quedó allí parado, anonadado, inmóvil, hasta que se abrió la puerta del baño y le ocasionó un pánico galopante a Harry. Se reprendió a sí mismo por la reacción, recordándose que él era un Gryffindor y debería enfrentarlo, ¿no?Aún así, no pudo evitar que su expresión mostrara algo parecido al terror cuando apareció Draco.
El rubio entró lo más campante a la habitación, como si fuera perfectamente normal tener un Gryffindor semi despierto y con resaca, parpadeando y marcado con el diseño de la alfombra en la mejilla izquierda. Obviamente había tenido más tiempo que Harry para recobrarse, estaba vestido con unas extremadamente sentadoras ropas muggles: jeans negros, una camiseta de polo que resaltaba la palidez increíble de su piel y el color de su cabello.
Sin embargo, al posar los ojos en Harry, su expresión rápidamente pasó de despreocupada a incrédula.
-Seguro que no pensarás mostrarte en público así, ¿verdad?- El Slytherin pareció verdaderamente disgustado, torció la boca como para hacer una mueca de disgusto. -¡Merlin, Potter, ve a darte una ducha!
Harry se puso pálido. -¿A...allí?- Señaló vagamente hacia la habitación que Draco acababa de dejar.
-No, estaba pensando en que la tomes en el lago. Escuché que es refrescante a estas horas de la mañana. Sí, allí, Dios-. Al parecer el sarcasmo era una cosa muy de la mañana del rubio y su escasa reserva de paciencia aún no emergía. Puso los ojos en blanco y pareció burlarse completamente, giró y desapareció nuevamente en el cuarto.
Un tanto perdido, Harry se rascó la nuca, incómodo. Existía la oportunidad -una pequeñita-, de que el otro chico no recordara lo sucedido. Parecía bastante poco consciente...tal vez...
-¡Potter, te dije que vayas a tomar una jodida ducha para poder tomarte en serio! Tenemos que hablar.
Tal vez no.
¡Dios, Malfoy es una chica! Ese era el pensamiento solitario e inútil que se repitió en la cabeza de Harry al entrar al baño y contemplar el depósito increíble de productos: champú, acondicionador, humectante, baño de burbujas, ¡por amor de Cristo!, gel de ducha, gel para el cabello...y la lista seguía, todos en botellas de colores brillantes alineados prolijamente en un estante cercano a la ducha. Harry los contempló incrédulo, cerró la puerta trás él y colocó un encantamiento candado. Tal vez no debería sorprenderse de que el Slytherin fuera gay…
Empujando el pensamiento de su cabeza, se desvistió rápidamente, abrió la ducha y se puso debajo del agua caliente antes de que el aire comenzara a helarle la piel. De allí en más, se movió como un autómata, usando champú y jabón mecánicamente, mientras sus pensamientos corrían diferentes caminos.
¿¡Qué mierda había pasado?
No, tachemos eso. Él sabía lo que había pasado; tal vez la cuestión debería ser cómo fue qué pasó. Él estaba seguro de que no había iniciado lo que sea que hicieron. Malfoy, bueno, supuso que debería llamarlo Draco, después de haber intercambiado saliva y todo lo demás. Draco había sido el que inició todo, definitivamente eso sí lo recordaba.
¿Y qué significaba? No había modo de que el Slytherin fuera en serio...Y si...? Aunque Harry temía al mismísimo pensamiento, de repente se encontró recorriendo su memoria para asegurarse de que no le había ordenado algo al rubio, sin querer, otra vez.
¡Ay Dios! ¿Y sí lo había hecho? ¿Y si había tomado ventaja no sólo de ese poder, sino de que anoche, Draco había tomado más allá de la razón? ¿Sobre qué querría hablar? ¡Merlin, debe estar furioso!
Avergonzado, Harry se cubrió la cara con las manos y dejó que el agua cayera sobre él. No quería dejar el baño por miedo a lo que vendría. El Slytherin iba a matarlo y Harry no podía culparlo, en realidad. Después de haberle prometido que no iba a usar la compulsión, lo había hecho...¡¿Qué era lo que había hecho?
Pero no, él no había dicho nada que llevara a alguna otra interpretación. ¿Qué podría haber dicho? 'Ey, Malfoy, sírveme otro vaso...ah! y después besémonos en el suelo, si no te importa'.
Era algo improbable, pero, ¿qué otra explicación quedaba?
Vestido, Harry regresó a la habitación principal, alisándose apenado, las ropas arrugadas de la noche anterior. Draco se dio vuelta -desde donde había estado parado, junto a la repisa de la chimenea, observando cómo uno de los adornos subía y baja-, y lo miró, inexpresivamente. Toda la valentía Gryffindor salió volando, y de pronto, Harry se alegró de haber pasado la mayor parte de su ducha planeando qué decir.
-Malfoy-. Comenzó, preparándose, luchando contra los nervios y la vergüenza que amenzaban abrumarlo. -Draco. Lo que pasó...Mira, lo siento. No creí decirte nada que pudiera ser considerado una orden, pero tal vez...- Se interrumpió, encogiéndose de hombros con incomodidad. -Si quieres olvidar lo que pasó...quiero decir, afrontémoslo, yo soy prácticamente tu único amigo en este momento. Y para complicarla...
-Tú no me ordenaste, Harry.
-Además, anoche tú estabas realmente borracho. Bueno, ambos lo estábamos, para ser honestos...¿¡Qué!- Bueno, pensó Harry, allí estaba su explicación preparada.
Draco lo miró fijamente, con una expresión tan neutra que el Gryffindor sintió, ciertamente, que él no había sido el único que había tratado de planear esta conversación.
Harry sacudió la cabeza, decidiendo comenzar de nuevo. -Pero...pero tú eres...tú no eres gay. Quiero decir...¿lo eres?
El rubio frunció el ceño. -No. Yo soy un sangre pura.
Por los simplista de la respuesta, Harry debió cuestionarla. -¿Y...?- Preguntó, incrédulo, incapaz de seguir la lógica.
-¡Dios, Potter! No existen los sangre pura gays.
Harry parpadeó, y no pudo evitar el sarcasmo. -No, sólo existen los heterosexuales que se dedican a besar chicos en ocasiones-. Exasperado, puso los ojos en blanco ante lo ridículo de la afirmación del rubio.
-No te burles de mi.
-No lo hago, sólo te hago notar que tú fuiste el que empezó-. Harry levantó un hombro, cohibido, arrepintiéndose del comentario apenas salió de su boca. ¿Y qué pasó con la disculpa? Se preguntó a sí mismo, viendo cómo los ojos de Draco se endurecían y se cruzaba de brazos, a la defensiva.
-Espero que no te creas que eres especial, Potter-. Puso un énfasis especial en el uso del apellido de Harry. -No, tú no me ordenaste, pero tampoco estaba en mis cabales. Estoy privado de actividad sexual desde el comienzo de toda esta cosa del hombre lobo, para que sepas. Y tú estabas allí, ¿entiendes? Estábamos borrachos, y la pasamos bien en ese momento. No soy gay, sólo estoy...desesperado-. Aparentemente, el rubio se dio cuenta de lo que había dicho y frunció el ceño a sus propias palabras. Se alejó de la chimenea y, derrotado, se dejó caer en el sofá y se cubrió la cara con las manos.
Como perdido, el Gryffindor se movió incómodo, sin deseos de adentrarse más en la habitación. El dolor de cabeza aún no se disipaba, seguía latiéndole detrás de los ojos, haciendo aún más tenso su temperamento. A pesar de eso, observó la confusión de Draco con simpatía, y trató de ignorar lo filoso de sus palabras.
Finalmente, suspiró y se sentó junto al otro chico, asegurándose de mantener una distancia cómoda entre ellos. -Bien. Entiendo, pero...¿estás tan desesperado?
Furioso, Draco se volvió hacia él. -¿Y tú? Tú no te rehusaste, no diste ni una pelea decente, así que no puedes clamar que eres inocente.
-No pensaba hacerlo-. A pesar del brillante rubor, se las arregló para permanecer calmo y mirar hacia adelante.
Los ojos del Slytherin, repentinamente, se agrandaron y abrió la boca, mirando al Gryffindor, una nueva comprensión nacida de una corriente de intuición, le aclaró la cuestión. -¡Tú querías que pasara!
-Tú también...
-¡No, quiero decir que tú lo pensaste antes de anoche!- Lucía vagamente incrédulo. -¡Potter! ¿Me sedujiste?
-¿¡Qué! ¡No! Yo...Dios, ¡por supuesto que no!
Ahora los avergonzados, eran los dos, el color teñía las mejillas del Slytherin. -Bueno...digo...¡Eso no es algo que yo tenga costumbre de hacer!- Hizo un gesto vago con la mano, como si abarcara todo lo que pasó la noche anterior.
Harry resopló. -Creí que los Slytherin eran partidarios del sexo ocasional.
-Ah, espero qe no seas tan inocente como para pensar que eso fue sexo...
El Gryffindor le lanzó una mirada enojada, advirtiéndole, pero no había real malicia en ella. Estaba demasiado cansado como para estar realmente enojado y sospechaba que a Draco le pasaba lo mismo. Ahora que los dos se sentaron, pareció que el cansancio los asaltó. Harry se halló a sí mismo recostándose en el sofá, con la vaga sensación de que debería sentirse más incómodo de los que verdaderamente se sentía.
A su lado, el rubio se restregaba los ojos, y los signos previamente escondidos de la resaca comenzaron a mostrarse en el modo en el que se apretaba el puente de la nariz. Se quedaron sentados por un largo rato, en perfecto silencio, ninguno sabía como sacar el tema que se había instalado entre ambos.
Eventualmente, después de unos veinte minutos sin palabras, el Slytherin se inclinó hacia adelante y apoyó los codos en las rodillas.
-No sabía que eras maricón-. Comentó suavemente, como si fuera un tema de conversación completamente normal.
Harry lo miró. -¿De verdad? Yo siempre lo creí de ti.
Se ganó una mirada enojada, de ojos entrecerrados. Retomaron el silencio, inseguros de haber llegado a alguna conclusión, al menos.
