Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama es en mayoría mía, la otra parte es basada en una película algo retorcida que les tendré que ocultar hasta nuevo aviso para no arruinar el misterio de la historia.
Capítulo 27
Creí que había arruinado por completo la relación sin comienzo entre la madre de Edward y yo, pero no sucedió así, ella aceptó mis disculpas inmediatamente y me miró como si supiera exactamente lo que me sucedía. A pesar de eso, me sentía ridícula.
Como Emmett ya había saludado y los Hale habían sido presentados, la señora Cullen nos hizo pasar a la casa. El interior era tan impresionante como el exterior. El lugar era espacioso, y aunque ya había oscurecido, podía decir que durante el día era bastante luminoso.
- ¿Y papá? – preguntó Alice mirando en todas direcciones.
- Tomó unos turnos nocturnos en el hospital para poder estar en casa el resto del tiempo que ustedes estarán aquí, lo verán mañana – respondió su madre.
Alice sacó su labio inferior – Ow, mi pobre papi.
- Tenemos dos habitaciones de invitados, así que como Edward y Alice toman sus habitaciones, queda una para los chicos y una para las chicas – dijo la señora Cullen mientras caminábamos por el vestíbulo hacia las escaleras de mármol.
A excepción de Alice y su madre, todos miramos a Edward – Bella se quedará conmigo – dijo con voz ronca.
Su madre volteó a verlo con una ceja levantada y me sentí más avergonzada de lo que ya estaba. Mis mejillas estaban ardiendo – Me puedo quedar con Rose, no hay problema – susurré.
Edward negó con la cabeza - Dormí por ocho horas, pero sé que tú no dormiste nada en ese tiempo. Tienes que descansar. Si te quedas con Rose, no vas a hacerlo.
- Bueno, Rose puede quedarse conmigo – dijo Alice exasperada, comenzando a subir las escaleras. Ella no traía equipaje, solo un pequeño bolso con cosas estrictamente necesarias – Necesito una ducha, el baño de ese motel era un asco…
- ¿Puedo tomar la habitación destinada para las chicas? – preguntó Jasper con expresión suplicante - Dormir con Emmett es asqueroso.
La señora Cullen suspiró derrotada y ondeó una mano mientras retrocedía los pasos que había dado hacia las escaleras – Ustedes solo vayan y pongan sus maletas donde quieran. Tendré lista la cena en quince minutos.
Emmett le dio un puñetazo a Jasper en el hombro y yo fulminé a Edward con la mirada. Subimos las escaleras hasta el pasillo y Edward fue señalando las habitaciones. La primera habitación a la izquierda era para Emmett y la de enfrente para Jasper, la siguiente habitación a la derecha era la de Alice y la de enfrente era la de él. La habitación al final del pasillo pertenecía a sus padres.
Edward abrió la puerta de su habitación y entró primero con nuestras maletas, yo entré justo después para verlo ponerlas en el suelo alfombrado y girar hacia una puerta en el extremo derecho de la habitación, que supongo que era el baño, porque inmediatamente escuché la regadera. Caminé hasta una cama queen size justo debajo de la ventana que daba al patio trasero, me senté a la orilla y empecé a mirar alrededor. Las paredes tenían unos pocos posters de bandas y estaban pintadas de azul claro, contrastando con el edredón de la cama, que era azul marino. No había nada en el lugar que demostrara que en sus días de instituto Edward era un chico diferente a como es ahora. Correcto y ordenado. Las mesitas de noche a cada lado de la cama, el escritorio en la pared opuesta, la estantería de libros al lado y la guitarra acústica en una esquina era lo que me esperaba.
Me enojé conmigo misma cuando sentí el alivio recorrer mi cuerpo. Por más que me esforzaba y por más que amara a Edward, esa parte podrida de mi mente seguía esperando que las cosas no fueran como yo lo pensaba y se arruinaran.
Edward se tardó unos diez minutos en el baño, salió con el cabello mojado y una toalla envuelta alrededor de la cintura - ¿Qué pasa? – dijo caminando hacia donde estaba. Me incorporé después de haber estado inclinada hacia mi maleta en el suelo, él se detuvo frente a mí y se acuclilló, poniendo una mano en mi mejilla – Te ves triste.
Me encogí de hombros – No estoy triste, solo estaba pensando que tu madre no ha tenido una buena primera impresión de mí.
Frunció el ceño – ¿Eso crees?
- Fui una completa maleducada al presentarme y luego una descarada por querer dormir en la cama de su hijo bajo sus narices.
Edward soltó una risita por la nariz – No te preocupes, ella no le ha prestado atención a nada de eso. Ya le gustas a mi madre, por el simple hecho de que me gustas a mí – acarició mi mejilla con su pulgar – Además, el hecho de que tenía la intención de ubicarte en una habitación diferente a la mía, no quiere decir que no imaginara que terminarías amaneciendo en mi cama. No había regresado a casa en casi un año porque estaba pegado por la cadera con mi novia, que vive bajo el mismo techo que yo – levantó una ceja, como lo había hecho su madre abajo – ¿No sería evidente para ella que hemos tenido relaciones sexuales ya?
- Pero no las hemos tenido – dije, mis mejillas ardían – A pesar de que duermo en tu cama cada noche.
Me sorprendía que no se notara frustrado o avergonzado por eso, yo medio que lo estaba. Él solo se echó a reír, divertido por mi sonrojo, antes de darme un beso rápido en los labios – Y apuesto lo que quieras a que ella estaría orgullosa de ti y de mí.
- Lo estoy.
Levanté la mirada bruscamente al mismo tiempo en el que Edward se giraba hacia la puerta abierta de su habitación, donde su madre estada de pie junto a Emmett y Jasper. Yo no había cerrado la puerta cuando entré, no sentí la necesidad de hacerlo ya que no había un alma en el pasillo. Debí hacerlo. Ella estaba sonriendo ampliamente, Jasper era el horror personificado y Emmett tenía las cejas levantadas en incredulidad.
Quería morir. En este momento.
- Oh, mierda – dijo Edward tapando su rostro con una de sus manos.
La señora Cullen entrecerró los ojos, pero aun sonreía - Solo porque estoy rebosando orgullo hacia ti y Bella, no diré nada sobre tu lenguaje soez.
- ¡¿Qué demonios?! – casi gritó Jasper – ¡¿De verdad que llevas durmiendo casi un año en la misma cama junto a la chica que amas como un demente y no te la has coji … er… tenido… ya sabes?! – nos señaló con su dedo índice – ¿Eres un implante extraterrestre o qué?
Escuché que la puerta de enfrente se abrió - ¡¿Qué?! – gritó Alice.
- Realmente me gusta esta declaración de hechos, pero estoy de acuerdo con Jasper – dijo Emmett cruzándose de hombros y frunciendo el ceño – ¿En serio, hombre?
Edward se levantó del suelo y caminó hacia ellos con la cara roja – Esto no es de la incumbencia de ninguno de ustedes – dijo antes de cerrar la puerta en sus caras.
- ¡Siento haber escuchado su conversación, solo venía a decirles que la cena está lista! – gritó su madre a través de la puerta.
Me tapé la cara con las manos y gimoteé, horriblemente avergonzada. Cuando Emmett escuchó la confesión de amor de Rose en Phoenix, me imaginaba como Rose debió sentirse, pero ahora realmente lo sabía. No quería bajar a cenar ni salir de esta habitación nunca más. Sentí los brazos de Edward a mi alrededor cuando se sentó a mi lado y me recosté contra su pecho, pero me despegué de él cuando lo sentí vibrar como un masajeador electrónico. Estaba muerto de la risa. Se estaba riendo tan duro que ni siquiera hacía ruido.
Suspiré, dejando que parte de mi vergüenza se fuera con el aire que exhalé. Era bueno que él no se sintiera mortificado por eso – Bueno, creo que ahora tu madre me ama con pasión. Eso va a cubrir mi mal comienzo.
Él se tiró hacia atrás sobre la cama haciéndose rebotar en el colchón, sus ojos tenían lágrimas de risa. Me miró y suspiró para calmarse, pero su sonrisa seguía ancha. Era hermoso ver cuán feliz podía ser. Sin pensarlo, me incliné y lo besé, dejando caer mi peso en su pecho. Él me rodeó la cintura con sus brazos al instante, me devolvió el beso y me apretó contra su cuerpo, antes de hacernos girar, dejándome debajo.
Dejamos de besarnos y nos miramos a los ojos, él me sonrió emocionado - ¿Qué fue eso?
Pasé una de mis manos por su cabello húmedo y tomé un puñado en la coronilla – Amo verte reír – lo pensé mejor, mi estómago haciendo esa cosa emocional - Te amo. Punto.
Sonrió ampliamente y volvió a besarme – Te amo, también – dijo cuando alejó sus labios de los míos, me miró con anhelo – Y sería algo extremadamente maravilloso si pudiera escucharte reír, o pudiera verte sonreír. Sé que lo amaría.
Mi pecho empezó a doler, y mi rostro lo reflejó – Edward…
- ¿No eres feliz? – dijo interrumpiéndome, su rostro también había decaído – Me amas, te amo. Amas a tu hermano y él te ama. Amas a tu mejor a tu mejor amiga y ella te ama. Jasper y Alice te quieren un montón y tú los quieres, y los amigos que hiciste en el instituto. Sé que el amor puede doler, doler mucho, pero también te hace inmensamente feliz – cerró los ojos – Odio lo que sea que te pasó, o a quien sea que te hizo perder la sonrisa. Porque era hermosa. La veo todos los días desde que pusiste ese cuadro en la sala de estar del departamento. Me duele cada vez que hay algo gracioso y todos estamos riendo excepto tú, a pesar de que también te divierte. ¿No son tus seres queridos suficiente para sonrías? ¿No soy yo suficiente para que te sientas feliz? ¿Mi amor, nuestro amor, no lo es?
Mientras Edward hablaba, había soltado su mechón de cabello y me había tapado los ojos con el brazo para que no me viera llorar – Sí lo son – dije con voz entrecortada – Es solo que yo… ya no sé cómo exteriorizarlo. Creía que no merecía ser feliz, que no tenía por qué sonreír. Aun lo creo, pero no puedo evitar sentirme de esa manera ahora, cada persona que he conocido desde que salí de Forks ha traído consigo un poco de felicidad y me la ha ofrecido, metiéndola en mi corazón sin mi consentimiento. Y lo que siento por ti… - me quité el brazo de los ojos para poder mirarlo – Al principio me asustaba y abrumaba. Hay veces en la que no comprendo cómo puedo sentirme tan feliz con el hecho de que solo tomes mi mano, me acaricies el cabello, o me digas buenas noche y buenos días. Pero ya no sé cómo debería mostrar eso en mi rostro. No lo sé. He estado proyectando tristeza tanto tiempo, sin razones para sonreír, que ya no sé cómo hacerlo.
Edward pegó su frente a la mía – Vas a poder hacerlo, solo tienes que dejar de pelear contra eso. Si dejas que esos momentos en los que te sientes feliz, llenen por completo tu cuerpo, vas a poder sonreír.
- ¿Realmente puedo ser feliz? ¿No está mal que lo sea? – pregunté en un susurró tan bajo que quizás Edward no pudo escucharlo.
Él negó con la cabeza – No, no está mal.
Puse mis manos en sus mejillas – Te amo, Edward.
- Yo también te amo, Bella.
Nuestros labios estaban a un centímetro de distancia, así que los unimos para un beso. Un beso largo y profundo que se volvía más salvaje a medida que pasaban los segundos, mis manos se deslizaron de sus mejillas hacia su cabello y de allí a su cuello, mis dedos sintiendo la piel suave y fresca de su espalda. Edward tenía una mano en mi nuca y la otra hizo un recorrido desde mi hombro izquierdo hasta mi cintura, donde la blusa se había levantado un poco, mostrando una franja de piel que él acarició con su dedo pulgar. Repentinamente, quería quitarme la blusa, me incomodaba; si me la quitaba, Edward podría acariciar el resto de la parte superior de mi cuerpo. También quería despejar para él la parte inferior. Y eso fue lo que hice.
- ¿Bella? – preguntó Edward mirándome a los ojos, lo suyos estaban sorprendidos.
No dije nada, solo lo besé para hacerle saber que estaba bien. Sabía que él quería esto tanto como yo, lo sentía a través de la toalla que llevaba atada alrededor de la cintura. Yo lo amaba, y quería amarlo completamente. Quería sentir su amor en cada parte de mi cuerpo, como él había dicho que debía sentir la felicidad. Quería esta con él, en cuerpo y alma. Había sentido que no estaba lista para esto porque temía sentir que era sucio, como lo había sido antes de Edward, pero ya no temía por eso. Iba a ser fantástico. Porque éramos Edward y yo.
Hubo un golpe en la puerta – ¿Chicos? Mamá quiere saber si no piensan bajar a cenar.
Edward separó sus labios de mi cuello y aventó mi sostén al suelo – No – dijo antes de besar mis labios.
Lo besé con fuerza y estiré la mano hacia su toalla para quitársela – Dice que no tienen que estar avergonzados, que es genial que no hayan tenido sexo y esperen hasta que sean chicos grandes y maduros.
Esta vez fui yo la que separó sus labios del cuello de Edward - No queremos comer.
Edward se echó a reír en mi cabello y sabía que había tomado mis palabras en otro sentido – De hecho, sí queremos – susurró en mi oído.
Mis mejillas estaban ardiendo otra vez, por lo que solo me concentré en besarlo, pero Alice volvió a tocar la puerta – Oigan, no sean así, chicos. Es la primera cena con mamá, ¿en serio van a perdérsela porque todo el mundo sabe que son unos novios anormales?
- ¡Vete, Alice! – gritó Edward exasperado – ¡Si no te vas, vamos a seguir siendo unos malditos novios anormales!
- ¡Oh, por Dios! – exclamó Alice, luego escuchamos sus pisadas alejándose por el pasillo - ¡Lo siento!
Edward suspiró y recostó su cabeza en mi pecho desnudo – ¿El mundo está en contra de que pueda hacer el amor con la chica que amo? He sido un buen chico.
Levanté su cabeza y besé sus labios lentamente – Yo no lo estoy.
Sonrió ampliamente y me envolvió con sus brazos – Y eso es todo lo que importa, ¿no?
Hicimos el amor esa noche. Varias veces. Edward me amó con todo lo que tenía y yo lo amé de la misma forma. Lo sentí en todo mi cuerpo, la felicidad y amor.
Así es que, al amanecer, mientras descansaba mi cabeza sobre el hombro del hombre que estaba segura que iba a amar por el resto de mi vida, cerré los ojos y sonreí. Sonreí ampliamente.
Hola!
Espero que les haya gustado el cap.
Realmente quiero comentar sobre sus conclusiones, pero... ¡rayos! no puedo hacerlo u,u voy a arruinar las cosas si lo hago.
Muchas gracias por sus comentarios y por estar ahí siempre n.n
Les mando un beso y un abrazo, nos leemos en el próximo cap.
Bye!
