Mr. Misterious.


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo XXVII.

Popularidad.


Los últimos días del College se hicieron eternos, realmente tener que sentarme a estudiar todo el día y pasar de una materia a otra era agotador, incluso si tenía mis mejores amigas ayudándome a superarlo. Jess últimamente había estado fría y distante, no la culpaba, había roto el corazón de su hermano y con ello, un trozo de su propio corazón. La familia de Jessica sin duda era una familia excepcional, me encantaba estar con ellos y jamás olvidaría todo lo que viví estando allí, pero por lo mismo les debía sinceridad y, pese a que me dolió haber distanciado mi relación con Pet, me di cuenta que fue lo mejor que pude hacer.

Lauren estaba loca con los últimos exámenes, quería aprobar todo porque se iría a Europa de vacaciones si lo conseguía y con ello nos prometió traernos algunas cosas de allí siempre y cuando aprobáramos todas las materias. Todo iba en marcha hasta que recibimos unas invitaciones ese día en la mañana.

—¿Qué es esto?—dijo Jess sin mucho ánimo.

—Ni idea—sonrió Alice volteando el sobre que cada una tenía en sus manos.

Me quedé de una pieza al abrir la invitación y leer las primeras líneas, sentí como si el mundo no calzara en absoluto. Las chicas quedaron todas mirándome como si exigieran una explicación a lo que recién habían leído, pero yo no tenía ninguna, estaba tan sorprendida como ellas. La primera en hablar fue Lauren.

—¿Sabías de esto?

—No tenía la menor idea—susurré aún sosteniendo la invitación en mis manos.

Alice fue la primera en abrazarme hasta que casi perdí el aire, luego lo hizo Rose con un poco menos de efusividad pero el mismo cariño, luego fue Lauren que me deseo lo mejor y me hizo jurar que no compraría nada sin su consentimiento y luego todas quedaron mirando a Jess que aún sostenía la invitación en silencio.

—Felicidades, Bella—sonrió y me abrazó.

Sabía que para ella era difícil, ¡Dios, pensaba en su hermano, era lógico! Así que cuando me abrazó sentí la sinceridad de sus buenos deseos y sonreí junto a ella cuando vi que sus ojos se tornaban llorosos. Cuando todas las chicas se hubieron callado esperando que les entregase la información que realmente desconocía, volví a leer la tarjeta.

≪Isabella Marie Swan & Edward Anthony Cullen tienen el honor de invitarle a usted y al acompañante que escoja para la ceremonia de compromiso a realizarse este viernes a las 19:30 horas en la residencia del señor Cullen. Será una ocasión formal e intima donde la feliz pareja querrá compartir su alegría con ustedes≫

Al final de la invitación la exigencia era ir vestidos de gala y aparecían los detalles de cómo llegar a la casa de Edward.

Luego de toda la sorpresa de las invitaciones y luego de haber pasado el bombardeo de preguntas mis amigas y yo nos dirigimos al aula dónde tendríamos que dar el último examen y seríamos libres hasta el año siguiente.

Por los pasillos la gente me miraba y no comprendía por qué lo hacían. Era la comidilla del College por mi relación con Edward y porque había comenzado a publicar regularmente en el diario escolar, además de una revista de la zona, pero cuándo hablaban de mí solían ser más discretas, ahora todas parecían querer apuntarme con el dedo y no comprendía el por qué.

—Tienen tus invitaciones—murmuró Alice mientras caminábamos.

En ese momento me di cuenta que no había una sola chica en todo el College que no hubiese recibido la invitación a la fiesta de compromiso, lo que no sabía exactamente que me producía, pero todas ellas parecían mirarme diferente. En sus ojos no había rencor ni reproche, al parecer no estaban odiándome como pensé que lo hacían.

—¡Isabella!—dijo una chica del equipo de vóleibol—. Muchas gracias por tu invitación.

Todas comenzaron sonreírme en los pasillos, incluso a hablarme con naturalidad o agradecerme la invitación y mi típico día de exámenes con el camino de quince minutos hasta el aula se tornó en un extraño camino lleno de saludos y sonrisas de veinticinco minutos.

—¿Qué fue eso?—dijo Jess frunciendo el ceño—, parecía que todo el mundo quiere ser tu amiga sólo porque las invitaste.

—Y ayer todas hablaban pésimo de ti—añadió Lauren.

No le tomé demasiada importancia al asunto, intenté mantener mi concentración para retener lo máximo posible para rendir el último examen y aunque todo me resultaba curioso me dije que nada cambiaría, luego de la fiesta no vería más a esas chicas y al siguiente año nadie me recordaría ni por algo bueno o malo, así que pasaría de ello.

Pasar de ello podría ser más difícil de lo que creí, mientras estábamos en el examen y todo el mundo se encontraba en silencio en el aula todo parecía normal y callado, cada una se preocupaba de las hojas que tenía en su pupitre y nadie molestaba a las otras, pero a penas salí del aula luego de haber finalizado, una avalancha de personas se acercaron a mí para preguntarme cómo me había ido, si lo había encontrado difícil y que esperaban que me fuese muy bien. Algunas fueron directamente al grano para preguntarme si era obligación ir vestido de gala o si podían invitar a alguien que nosotros no conociéramos como acompañantes a lo que no sabía qué responder, por lo que intenté ser cordial y dar respuestas obvias.

Ese día las chicas fueron a almorzar todas juntas así que las acompañé sólo por un rato ya que tenía otros planes para aquella tarde. Sabía que Edward estaría trabajando en el hospital y que Christine estaría en casa, así que fui a verla para pasar tiempo con ella ahora que podía y de paso encontrarme con Edward si es que aparecía en casa.

La pequeña Christine crecía a pasos agigantados y me sentía fatal por perderme momento tan especiales en su vida, pero ella parecía no criticármelo, seguía jugando con mi cabello y besándome, aunque en realidad me mordía, las manos.

—Eso no se hace—le dije a Christine que me sonrió mostrándome sus pequeños dientecillos.

Estuve largo rato con ella hasta que se debió ir a dormir, era hora de su siesta. Me aburrí terriblemente en casa de Edward, tenía tantas cosas allí que me fui a la biblioteca a visitar la cantidad de libros que tenía, disfruté de ver algunos que tenían dedicatorias de viejos personajes de la historia de la familia Cullen y otras de la familia Black, aunque me quedé de una pieza cuando vi que había un libro que Edward le había dedicado a la madre de Christine: Sussan. No quise entrometerme ni sentirme celosa, así que volví a dejar el libro donde estaba.

—Srta. Isabella —sonrió Gretta—, quería felicitarla, espero no haberla molestado.

—No para nada—respondí sonriente—, estaba sólo mirando los libros.

—Me alegra mucho que el señor pueda haber encontrado una muchacha tan buena como usted—dijo acercándose a mí y sosteniendo mis manos.

Eso me llenó el corazón. Gretta era una parte muy importante de la familia, había servido a los Cullen desde hacía muchísimo tiempo y que ella estuviese contenta por nuestra unión me hacía feliz a mí también, así que conversamos del compromiso y de la fiesta que se celebraría allí. Entonces descubrí que Gretta sabía más que yo respecto a la fiesta. Se esperaban más de setecientos invitados y todos en casa de Edward, por lo que no comprendí cómo cabrían todos aquí. Es cierto que la casa de Edward parecía una mansión y que todo era muy espacioso, pero no creo que alcanzaran setecientas personas en el salón, quizá trescientas.

—¿Cómo cabrán todos los invitados en la casa? —fruncí el ceño.

—Hay salones que Edward ha dispuesto para la recepción de invitados, son dos o tres que no se habían ocupado en mucho tiempo y ya que están en la primera planta habrá suficiente espacio para que alcancen todas las personas, además el acceso estará restringido por lo que no habrá problema con la gente.

Cuando Edward llegó se sorprendió de verme allí, por primera vez en mucho tiempo le vi agotado por su trabajo, por lo que no quise extender demasiado mi estadía, tenía que volver al College se lo había prometido a las chicas ya que al día siguiente iríamos por las compras de mi vestido y todo eso.

—Que bueno verte amor—sonrió Edward acercándose a mí.

Me abrazó y me besó tiernamente, estrechó sus brazos entorno a mi cintura y me dejé llevar por ellas. Era tan tierno y dulce que me quedé mirándole embobada hasta que recordé el por qué estaba allí. Encontré un hermoso detalle que hiciese una fiesta por nuestro compromiso, pero la verdad me molestó un poco que no me lo hubiera dicho, sino que esparció invitaciones por todo mi College.

—No sólo por tu College, también tengo gente invitada del Hospital —sonrió hacía mí.

—Pero Edward es demasiado ¿Cuántas personas están invitadas sin considerar sus acompañantes?—fruncí el ceño.

Él me tranquilizó con otro beso a lo que no pude negarme, era la manera más fácil de manipularme y él lo sabía, pero se veía tan tierno y feliz que no podía negarme. ¿Cómo podría?

—Tranquila, no todas las tarjetas decían que tenían derecho de llevar a un acompañante, aunque la cantidad de mujeres y hombres no está del todo equilibrada para la fiesta, pero hice lo que pude, créeme, todo saldrá muy bien—sonrió.

Entonces Edward me dijo que esa noche había invitado a Jasper para que le acompañase en algunos asuntos que tenía que resolver en el Hospital así que vendría a cenar con él, me pidió que me quedase, pero le expliqué que tenía planes con las chicas y que sería mejor que me fuera y que me despidiera de Christine.

Al día siguiente en el College todo seguía su normalidad, los cursos inferiores seguían con exámenes y los dos últimos cursos estaban casi libres de evaluaciones, aún así algunas chicas permanecían en las salas de estudio. Allí estaba mi amiga Rose junto a Lauren.

Una vez que nos hubimos reunido todas en la recepción para ir de compras, la recepcionista me habló. Al parecer ya no disfrutaba de llamarme por alto parlante y me dijo que en la sala de espera tenía visita.

—Te esperaremos, no hay problema—sonrió Alice.

Estaba casi segura que era Edward, pero cuando entré me sorprendió ver a Seth, hacía tiempo que no le veía. El secretario de Mr. Smith había tenido tantas cosas que hacer que cuando supe que Jacob era Mr. Misterious prescindimos de sus servicios, pero esta vez parecía ser necesaria su presencia nuevamente.

—Bella—sonrió—. Mr. Smith te ha enviado esto.

Me entregó una gran caja blanca envuelta por un hermoso rosón lila de cinta de regalo. Sobre la caja blanca había una bolsa con la marca de una importante casa comercial y además de eso había una caja más pequeña.

—¿Qué es todo esto?—dije asombrada.

—El señor Smith ha decidido entregarle un regalo muy especial por su compromiso, dice que debe asistir con esto para la fiesta de compromiso ya que se sentiría muy halagado si usted lo hace—dijo con su misma entonación de siempre dándole real importancia a este tipo de cosas.

—Seth, ya sé que Mr. Smith es Jacob, no es necesario que le llames así —sonreí.

—Entenderá usted que estoy acostumbrado a llamarle así, sería peligroso que confundiera los papeles y a algún pupilo de Mr. Smith terminase revelándole la verdadera identidad de su tutor. Es por eso que es mejor mantener la tradición, señorita Swan—me explicó.

Agradecida de haber visto a Seth nuevamente y también por el obsequio que me había enviado mi tutor lo mejor fue aceptarlo y sonreír, sabía que negarse a algún regalo de Mr. Misterious sería una discusión perdida.

Seth me pidió que llamara a Alice y a Rosalie también, por lo que las chicas no tardaron en llegar. Había un paquete similar al mío para ellas también, por lo que todas sonreímos felices de haber recibido el regalo de Mr. Smith. Sabíamos que lo que había dentro de estas bolsas de seguro era carísimo, pero no sabíamos si nos habíamos acostumbrado a sus regalos o ya nos habíamos resignado a devolverlos, así que los aceptamos feliz y sin cargos de conciencia.

Con las chicas decidimos abrir todo en la habitación, así que subimos corriendo las escaleras desesperadas por llegar a ver todo lo que allí había.

—¡Apuesto que son hermosos vestidos!—sonrió Jess.

—Mr. Smith siempre ha tenido buen gusto, no cabe duda —añadió Lauren.

Estaba desatando el lazo cuando veo una pequeña tarjeta sujeta a él. La quito de allí y la abro para leerla en voz alta.

≪Ha pasado tan rápido el tiempo querida Bella, desde que te vi por primera vez en San Francisco de Asís hasta ahora que te has comprometido en matrimonio. Siempre creí en ti, en tu capacidad, espero que seas una gran mujer, más de lo que ya lo eres. Recuerda siempre esto: "Nada hay bajo el sol que no tenga solución, nunca una noche venció a un amanecer" Con cariño Mr. Smith≫

Luego del tierno momento, destapamos nuestras bolsas. Alice tenía un hermoso vestido largo de satén, era color esmeralda lo que resaltaba su piel y su cabello, se ceñía perfectamente a su cuerpo y era tan hermoso que nos quedamos embobadas viéndolo. Tenía el escote en forma de corazón y una hermosa pedrería al centro, además venía acompañado de un pañuelo que hacía juego con el vestido. Cuando ya creímos que no había nada en la caja nos sorprendimos con un hermoso bolso estilo sobre y unos pendientes de esmeraldas. La otra caja traía unos tacones preciosos para cerrar un conjunto perfecto.

El vestido de Rosalie era tan hermoso como el de Alice, era de color amarillo, del tono de amarillo que sólo a Rose podía quedarle bien y al ser rubia resaltaba su cabello. Era realmente hermoso, tenía sólo un tirante y el otro hombro iba al descubierto, tenía unos detalles bordados desde su busto hasta su cadera y la caída de la tela era suave y daba la sensación que Rose flotaría en vez de caminar. También tenía su juego de zapatos, pendientes y un pañuelo.

Cuando llegó mi turno de abrir la caja me quedé de una pieza al ver su contenido. Como era mi cena de compromiso esperé que el vestido fuese blanco o marfil o cualquier color pastel para la ocasión, pero contrario a lo que esperaba el vestido que había en la caja era rojo, un rojo rubí intenso, tanto así que quedé sin palabras. Era precioso, no sabía cómo describirlo, el escote era bajo sin llegar a ser vulgar y se ataba al cuello, no tenía espalda y la caída era muy similar a la del vestido de Rose, la tela era suave y cuando abrí la caja de los zapatos vi que eran tan hermosos y con unos tacones de suicidio, pero todo era tan perfecto que la boca se me caía una y otra vez. Además de todo lo que traía, al igual que las chicas, este traía un collar con un pequeño rubí que hacía juego con los pendientes.

Ya que no debíamos ir a comprarnos nuestros vestidos sólo acompañamos a las chicas a elegir los suyos. Lauren eligió un hermoso color morado que resaltaba el tono de su piel mientras que Jess eligió un vestido Rosa pastel que se ceñía a sus hermosas curvas.

Durante todo ese tiempo no vi a Edward, siempre que fui a su casa, incluso fui con las chicas, no lo encontraba. Estaba ocupado con el Hospital o con los preparativos de la recepción, Incluso Gretta no paraba en casa, vivía de un lado a otro trabajando en los adornos de los salones, en las disposiciones de las mesas y todo lo demás. Me sentía culpable de ver a todos trabajando o ayudando en algo y yo sin hacer nada.

—Tranquila—me decía Gretta—, Edward tiene un gusto muy fino para las fiestas, de seguro todo será espectacular. Sólo disfrute de estos momentos.

Y así fue, tal cual como Gretta lo había dicho. El salón de recepción estaba hermoso, decorado sutilmente y con grandes y costosos candelabros de pie que daban a la escena el toque más hermoso y exclusivo que mis ojos hubiesen visto. Me sentí como una princesa al entrar allí del brazo de Alice y Rose, detrás de mí venían Lauren acompañada de Pet y Jess que había sorpresivamente invitado a Seth que le rechazó porque estaría fuera de la ciudad fue acompañada por nada más ni nada menos que por Emmett, el hermano de Lauren, que hacía mucho tiempo que no veíamos ya que Princeton absorbía todo su tiempo.

Alice y Rose no tendrían acompañantes esa noche y aunque no supe bien por qué, Edward parecía manejarlo todo cuidadosamente. En el salón ya habían personas con hermosos trajes y sus acompañantes, pero no me costó nada visualizar a Lisa, la chica que trabajaba en la casa de los Black y estaba acompañada de Richard, el hijo de Emma. Quedé gratamente sorprendida de verlos conversando tan animadamente y verla a ella tan hermosa, les comenté a Alice y a Rose sobre aquello y como nos habíamos convertido en amigas de Lisa fuimos a hablar con ella, aunque en todo momento estuve pendiente si veía a Edward por alguna parte.

—¡Lisa!—dijo Alice—. ¡Qué alegría verte, tanto tiempo que no te veíamos!

Richard estaba igual que siempre, encantador y muy agradable, además de las típicas noticias y ponernos al día y de las felicitaciones por mi compromiso, me sorprendí gratamente al saber que Lisa y Richard estaban de novios hacía dos meses. A nuestro pequeño círculo de conversación no tardó en unirse Emma. La mujer de quién alguna vez desconfié ahora estaba sonriéndome. Ella era el mayor temor que tenía respecto al compromiso con Edward, pero me recibió tan cálidamente que luego del caluroso abrazo que me dio me quedó claro que no se oponía al compromiso de su sobrino. Así, poco a poco me fui encontrando con la familia Black y el salón se fue llenando tanto que no supe dónde estaba Edward. Los meseros se paseaban de un lado a otro ofreciendo copas y preparados, las personas comenzaban a pasearse por el resto de los salones que tenían sus puertas abiertas y yo me sorprendía al ver la cantidad de personas que había allí. Gente de mi College que me saludaba animadamente al ser el único rostro conocido y entonces me sorprendí al ver a Seth allí, se suponía que había rechazado a Jess porque estaría fuera de la ciudad.

—Seth—sonreí—. Pensé que no estarías en la ciudad, mi amiga Jessica debió invitar a alguien más.

—Pensé que no podría asistir por trabajo, pero finalmente pude hacerlo—sonrió—. ¿Dónde está la señorita Jessica?

—Debe estar paseando por los salones, lleva un precioso vestido Rosa—sonreí al verle marchar.

Rosalie quedó de acompañar a Seth a buscar a Jessica, aunque la verdad tenía serias sospechas que poco le importaba que Seth la encontrara para que charlara con ella, estaba segura que tenía deseos de encontrarse con Emmett, hacía tanto que no se veían y podría estar segura que ahí había algo.

Alice fue la única que me acompañó a buscar a Edward, aunque entre la cantidad de gente que conocía y la que no conocía, el tránsito se hacía dificultoso entre tanta gente sobre todo porque cada dos por tres me paraban para desearme felicidad y todo lo demás. Cuando ya me había rendido de buscar a Edward sobre todo porque no estaba acostumbrada a caminar con los tacones me encontré con Jacob.

—¡Que sorpresa verle aquí!—sonreí—. ¡Qué guapo se ve!

—Ustedes se ven maravillosas—sonrió Jacob.

—Gracias a su buen gusto—añadió Alice.

Conversamos un poco de asuntos sin relevancia hasta que Jacob nos señaló que hace poco había visto a Rosalie con un chico y a Seth, su secretario, con una compañera nuestra. Entonces supe que Rose estaba con Emmett, me alegré por ella, aunque noté que Alice se sintió algo incómoda.

—¿Has visto a Edward?—fruncí el ceño—, no he podido encontrarle en este mar de personas.

—No, no lo he visto. Lo he estado buscando pero al parecer nadie le ha visto—respondió—. ¿Has visto a mi madre?

Alice les señaló dónde podría encontrar a su familia, mientras que yo seguía buscando a Edward o siquiera a Gretta para que me dijese dónde podría estar. Quise subir las escaleras y desde allí tendría una mejor vista al salón, pero estas estaban cerradas con un cartel que señalaba que estaba prohibido el paso.

Me encontré con dos o tres chicas del taller de literatura que me saludaron muy amables y dieron grandes halagos por mi vestido. Les agradecí y me volví a encontrar con Alice que estaba conversando con un chico que estaba de espaldas a mí, pero no supe reconocerle, por lo que me acerqué y cuando el volteó para saludarme supe de inmediato quién era. Era Jasper Whitlock, amigo y colega de Edward. Le saludé muy amablemente, él piropeo mi apariencia y se lo agradecí, entonces me di cuenta que estaría molestando en su conversación, por lo que me alejé de ellos en cuanto me fue posible. Los meseros seguía atendiendo de un lado a otro, cogí una copa, sabía que no podía beber y la verdad es que no me gustaba el licor, pero uno de los chicos me dijo que era un trago de fantasía sin alcohol para las muchachas. Quedé sorprendida de aquel detalle, de seguro Edward lo había pedido así.

Una vez que me cansé de buscar quedé sorprendida, congelada y asustada de ver a quién menos lo esperé en esta fiesta. Allí estaba, con un vestido negro con un escote muy recatado y los labios fruncidos, la Srta. Robbins. Quise esconderme entre las personas que conversaban pero era tarde, de todas las personas de la fiesta que podría haberme ignorada, ella fue la única que a gran distancia me reconoció y se acercó a mí.

—Isabella Swan—murmuró entre dientes.

—Srta. Robbins—alcé el rostro demostrándole que no tenía de qué avergonzarme ni pedir disculpas.

—Con que te has salido con la tuya y él terminó dando una fiesta—dijo y luego bebió de su copa.

No respondí a sus comentarios mal intencionados, intenté ignorar todo su veneno. Sabía que no era una buena mujer, pero jamás creí que fuese tan víbora, habló pésimo de mí y de Edward, pero por sobre todo de mí, pareció importarle poco que esto era una fiesta no un momento para reprenderme, deteste que Edward la hubiese invitado, pero entendía que se veía obligado a hacerlo, así que intenté ser lo más cortés que pude y muchas veces debí morderme la lengua. Un par de veces alguien se acercó a saludarme y pude quitarme de encima sus comentarios, pero luego que volvíamos a quedar solas salía con comentarios tan desagradables como que una señorita que planea entrar al círculo de los Cullen y los Black no debería usar un vestido tan audaz.

Cuando ya creí que la mujer me agobiaría toda la noche con sus odiosas palabras llegó el tutor a quién Frederick una vez le orinó en la cara, allí estaba calvo y gordo como siempre se acercó a mí y sonrió. Una vez que pude zafarme de la desagradable compañía de la Srta. Robbins fui en busca de Edward nuevamente.

—Atención queridos invitados—dijeron por alto parlante—. Daremos inicio a esta especial fiesta con un pequeño obsequio para la novia.

La voz era femenina, no sabía de quién se trataba pero a lo lejos podía notar que había alguien de pie con un micrófono, estaba en uno de los salones donde nunca antes había entrado. Recordé que Gretta me había dicho que abrirían esos salones para que aumentara la capacidad de la casa de Edward, así que instintivamente me acerqué hasta la mujer que estaba sosteniendo el micrófono, aunque poco pude conseguir ya que las personas curiosas se había puesto en torno a ella.

—¿Dónde se encuentra la novia?—dijo la chica.

En ese mismo instante una luz cayó sobre mí, era uno de los focos que estaba sobre el techo, la columna de luz hizo que todo el que se encontraba al lado mío se alejara dejándome completa visual a lo que estaba ocurriendo frente a mí y en ese momento la chica pasó a segundo plano.

Allí estaba Edward con Christine. Edward estaba sentado en el banquillo frente a un piano forte y Christine estaba sentada a su lado. Una vez que nuestros ojos se encontraron y vi en ellos el brillo de un niño que hace alguna maldad no pude evitar sentir que mi pecho iba a explotar de tanta presión y tanta alegría. Edward se acercó al micrófono.

—Esto es para mí futura esposa—sonrió—, mi amada Bella.

Sus dedos comenzaron a moverse por todo el piano desprendiendo de él notas armónicas que conformaron una hermosa pieza musical que inundó todo el salón. El silencio de las personas que estaban allí fue señal clara de que la pieza era especial, en el ambiente se sintió lo que las notas expresaron y de mis ojos brotaron lágrimas de alegría contenidas. Fue entonces cuando ya creí que no podría más de felicidad que Christine puso sus manitos sobre el piano y comenzó a tocar junto a Edward, presionaba una o dos teclas cuando Edward se lo señalaba y me miraba sonriente, una o dos veces se distrajo y Edward le ayudó a presionarlas, pero nada de eso importó, salió tan perfecto que una vez que Edward y Christine terminaron de tocar la hermosa melodía me acerqué a ellos y les abracé. Lo único que fui capaz de hacer en ese momento fue de llorar. Fue una de las primeras veces que lloré hasta que mi pecho dijo basta, no me importó estropear mi maquillaje, era la primera vez, que recordaba, que lloraba de alegría.


Hola chicas.

Estoy feliz con esta historia, me he vuelto a encontrar con ella y me siento feliz por ver que aún pocas, pero buenas chicas, siguen allí comentando y leyéndola. Muchas gracias por su apoyo, sé que esto lleva ya más de dos años y muchas veces no hubo actualización por varios meses y ustedes chicas siguen allí. Al pie del cañón como diría mi padre. Gracias por comentar, no me importa si es un review o son miles, para mí que sigan leyendo Mr. Misterious después de dos años de publicación es lo que me hace feliz.

Las quiero y siempre les deseo lo mejor. Obviamente nos vemos en los siguientes capítulos.

Manne Van Necker