Capítulo 28 – "El amor a la más pura pasión"- .
Cómo ningún año antes, el frio se hizo extremadamente intenso en Londres. Los árboles se dedicaban a acumular montones de nieve en sus ramas y las calles esparcían hielo. A todo le rodeaba una atmosfera intensa, heladora, cegadora de frio. Miles de jóvenes abarrotaban en las calles. Para muchos, los días pasaron en un abrir y cerrar de ojos.
-Hermione ¡corre! El tren saldrá dentro de media hora – chillaba histérica su madre.
-Voy – murmuró con prisa. Sus vacaciones pasaron sin darse cuenta. La mayoría del tiempo lo había pasado con Ann, Dan, Josh y todos los demás. Sus padres… ese era otro tema. No había podido adivinar qué era lo que les ocurría, pero tenía claro que algo ocultaban. Ambos.
Terminó de cerrar la maleta y fue directa a terminar de maquillarse. Se maquilló suavemente y se echó más cantidad para tapar aquellas marcas, ahora rosadas, que le habían producido los besos de Tom.
Bajó corriendo las escaleras y se fue hacia el coche, donde su madre la esperaba. El trayecto fue como todos los años. Sus padres le deseaban un buen curso y que tuviera cuidado, mucho cuidado. Hermione asintió automáticamente, se despidió de ellos y se fue hacia su tren.
Acomodó su equipaje y fue en busca de Harry y Ron. No hizo falta buscar mucho, el cabello de su amigo pelirrojo resaltaba entre todos. Fue hacia ellos con una sonrisa y en cuanto su mirada chocó con el que tenía en frente, Harry, se fundieron en un caluroso abrazo.
-Hermione ¿cómo estás? – preguntó interesado Harry mientras esta le daba otro abrazo fraternal a Ron.
-Genial. Las vacaciones se me han pasado volando. –Dijo animada – no literalmente, claro – aclaró al ver la cara de sus amigos - ¿Vosotros? – preguntó sonriendo.
-Ni te imaginas – comenzó Ron mientras comía una barrita de chocolate – fuimos al campo de Quidditch más grande de toda Inglaterra esta en Bournemouth. Es increíble. Había cientos de personas observando y fotografiando el campo. ¡Incluso vimos a jugadores profesionales de quidditch!
-Es verdad – comenzó a hablar otro emocionado Harry – vimos a Roger Johnson, Matt Stuart … vimos también a muchos compañeros de Krum – inquirió Harry queriendo ver la expresión de su amiga, pero ésta ni se inmutó. Ellos dos no sabían nada acerca de lo ocurrido con Víctor, y así tenía que seguir – y también a Oliver – agregó animado.
-¿Qué Oliver? ¿Wood? - preguntó ella, desviando el nombre de Krum a propósito.
-Claro. Ahora es jugador profesional de los Red Draggons.
-Hace años que no lo veo. ¿Cómo le va todo? – preguntó ansiosa.
-Bastante bien, está saliendo con Katie Bell – dijo sonriendo, haciendo que los tres sonrieran – y está encantado con su equipo y con la fama que está cogiendo – terminó de relatar el niño de sobrevivió mientras los tres amigos subían al tres en busca de un vagón que estuviera vacio.
-Un momento… - dijo Hermione deteniendo el paso ante la mirada de sus dos amigos - ¿Ginny?
-Em... – dudó Harry – estará con sus amigas ¿no? – preguntó.
Hermione asintió no muy convencida y siguió hacia un vagón. Se sentó en frente de Harry y le miró insistentemente. Harry le captó aquella mirada a la primera.
-¿Qué? – preguntó ya nervioso.
-Qué ocurre con Ginny – le instó.
-Nada, y ese es el problema para ella. Que yo sigo tan feliz con Cho pero ella no lo acepta - dijo preocupado.
-No te preocupes Harry. Ya sabes lo orgullosa que es Ginny. Tu intenta comportarte normal ante ella, como si para ti todo fuera como antes.
-Pero es que no es como antes Herm. Ella quiere que lo nuestro vuelva a ser como antes y que yo esté todo el día junto a ella. Pero las cosas han cambiado. He vuelto con Cho, y me alegro por ello. Mi novia también necesita mi atención, y yo la suya – añadió cansado de la actitud de Ginny. Hermione suspiró y apoyó su cabeza al cristal. Era mejor mantenerse al margen de las discusiones de aquellos dos.
Llevaban ya media hora de camino cuando de repente los dos amigos, se levantan a la par
-¿A dónde vais? – preguntó sorprendida Hermione.
-Yo… he quedado con Cho – empezó el primero, Harry – luego estamos – y se despidió dándole un beso en la mejilla.
-Yo… he quedado con… Pansy – Hermione lo miró boquiabierta – luego estamos – dijo mientras se acercaba a ella para depositar un beso en la mejilla, pero ésta se adelantó.
Le agarró de la muñeca, y le dijo,
-Ten cuidado Ron– él asintió y terminó de depositar aquél beso sobre ella. Ambos sabían a qué se refería Hermione. Ella había sufrido mucho por otra serpiente, Draco, y no quería que a su mejor amigo le pasara lo mismo que a ella.
En un momento, la castaña se encontró sola dentro del vagón. Se echó en el asiento e intentó dormirse el resto del trayecto.
Se durmió un rato y se despertó acalorada. Miró su reloj y vio que apenas en media hora llegaría a Hogwarts, así que cogió su uniforme y se fue al baño a cambiar y a refrescarse.
Se echó agua sobre el cuello para relajarse quitando, sin darse cuenta, la mayor parte de maquillaje que cubría aquellas marcas.
Se miró por última vez en el espejo y salió para volver a su vagón. Cogió el manillar para abrir la puerta pero una fría mano la agarró del brazo y le hizo dar media vuelta.
Le miró, allí estaba él. Sonriéndole como solo él le sonreía. Sabía que esa sonrisa era de verdad. Con el flequillo rubio cayéndole por la frente y con esos ojos mirándola con ¿cariño? Él le sonrió a ella, y ella aun no queriendo demostrar su alegría, tuvo que devolverle la sonrisa. No lo podía evitar.
Se acercó a ella antes de que le diera tiempo a reaccionar, olió su aroma. Aquél aroma que no podía dejar de olvidar. Se aproximó a su oído y le murmuró con una voz tan atractiva que hizo temblar a Hermione.
-Feliz año.
-Gracias – dijo intentado recomponerse de los nervios. '¿Cómo podía ser tan endemoniadamente atractivo, sensual, sexy?' Lo amaba, claro que sí. Pero lo suyo, era imposible. Esa idea Hermione intentaba metérsela en la cabeza, pero no lo conseguía. Ella no podía estar con él. Estar con él significaba darlo todo, y recibir poco o nada. Vivir llena de altibajos, y soportar las constantes humillaciones por parte de él. No, definitivamente no estaba preparada para soportarlo, no otra vez. – Igualmente – terminó de decir. El rubio no quitaba aquella tierna sonrisa que le hacía desfallecer a la bruja - ¿Qué tal tus vacaciones? – se interesó en saber la joven mientras él la observaba, poniéndola nerviosa, al igual que semanas atrás.
Pero para entonces, sin ningún motivo que Hermione llegaba a comprender, el rubio había cambiado aquella cara de cariño por una cara desencajada. La agarró del brazo y la llevó dentro del compartimento.
-¿Qué ocurre? – preguntó ella, sorprendida por lo brusco que había sido.
-¿Qué coño has hecho? – preguntó mientras con su puño cerrado golpeaba a la pared mientras Hermione daba un paso atrás, temerosa.
-¿Qué dices? ¿Qué he hecho de qué? – Preguntaba sin comprender - ¿Qué te ocurre? – volvió a preguntar. Pero Draco respiraba agitadamente, intentando controlar sus impulsos. Su mirada quedó fija en un punto de la anatomía de la chica. Su cuello. Hermione, que había reparado en eso, lo entendió todo.
Instintivamente se llevó una mano al cuello, intentando taparlo.
'Mierda' – pensó la chica, que a pesar de no estar con Draco, no quería que él pensara que lo había sustituido, ni muchísimo menos.
-Draco – comenzó a hablar Hermione, intentando calmar la ira que se notaba que él tenía dentro.
-Déjame Granger – habló con una voz fría, que hacía temblar – jamás pensé que tú fueras como todas las demás – murmuró con desprecio.
-Sabes perfectamente que no soy como las demás Malfoy – contestó la bruja. Estaba harta de esa relación con Draco. O estaban de maravilla juntos como hace un momento, o se tiraban cuchillos el uno contra el otro.
-Me lo acabas de demostrar. Mírate – dijo lleno de enfado sin controlar sus palabras – llegas de tus vacaciones marcada como una zorra – Hermione se acercó a él con las mejillas sonrosadas a causa del enfado y le pegó en la blanca mejilla del rubio. Los ojos de ella brillaban de furia.
Draco se enfadó aun más. Cerró su mano y golpeó otra vez, en la pared del vagón para después irse. No sin antes lanzarle una mirada de desprecio a Hermione, que se quedó acurrucada entre sus piernas pensando en lo ocurrido. ¿Era posible tener tan mala suerte? Por Merlín.
El camino hacia Hogwarts terminó con una joven bruja sentada en un vagón, sola, pensando en lo que acababa de ocurrir junto a Draco.
Hermione, estaba cansada del carácter posesivo de Draco. Ella ya no era nada suya. Cuando lo era, él la humilló y la dejó, ir. Que la deje en paz ahora. Amaba a Draco, no había duda. Pero, no sabía seguro si ella estaba dispuesta a dar todo por él.
No quería que el rubio se hubiera enterado de su lio con Tom, pero el mal ya estaba hecho. Había sido una completa locura estar con aquél rubio muggle. No debía de haber estado. Se había cargado la poca relación que mantenía con Draco. Sabía de sobra que el rubio, con su gran orgullo, no se lo iba a perdonar fácilmente.
De pronto, el tren paró. Miró por la ventana y vio que ya habían llegado. 'Al fin' – pensó la castaña.
Observó, una vez más, el paisaje. Era perfecto. Copos de nieve descansaban sobre el tejado del castillo y entre las ramas de los árboles. Las luces del castillo se veían todas iluminadas a través de los grandes ventanales que se veían desde las afueras.
La cabaña de Hagrid expulsaba humo desde su chimenea. Hermione respiró con ilusión. Ya estaba en casa.
Al bajar del expreso, cogió sus cosas y marchó hacia delante hasta que una voz la llamó, se giró y vio como Ginny iba corriendo, con una sonrisa, hacia ella.
-¿Qué tal las vacaciones? – Preguntó mientras la abrazaba – siento no haber estado contigo durante el viaje. No tenía ganas de juntarme con Harry – explicó sin siquiera dar tiempo de hablar a Hermione.
-¿Por qué? – preguntó confusa. Sabía que la relación entre sus dos amigos no iba demasiado bien, pero tanto como para no hablarse… - ¿Habéis hablado algo nuevo? – preguntó mientras emprendían el camino para llegar al castillo.
-Ha pasado las vacaciones de Navidad con nosotros en la Madriguera – comenzó a relatar – y yo no le quería dirigir la palabra. No es que no quisiera – se apresuró a explicar – es que no podía. Además recibía todo el rato cartas de Chang y no podía soportarlo – siguió explicando.
-Pero Gin – la cortó Hermione – no puedes enfadarte con él porque él esté con otra – le dijo con todo el tacto que pudo.
-Sí Herm, ya lo sé, pero ¿me lo tiene que restregar durante todos los días? – preguntó alterada.
-No, en eso tienes razón. Pero mira – empezó la castaña – yo creo que Cho no le conviene a Harry. Está con él por quién es y poco más y Harry tarde o temprano se dará cuenta y volveréis, ya lo verás – dijo mirándola con cariño.
-Gracias – dijo algo reconfortada - Peor no sé si será así. No creo que esté dispuesta a perdonarlo tan fácilmente. Esa Chang solo le quiere para ganar fama y popularidad. No entiendo como Harry no se da cuenta – chilló nerviosa la pelirroja. Se notaba que había estado guardándose todo aquello en su interior durante muchos días. Había llegado el momento de sacarlo todo a la luz.
-Gin – dijo haciendo que ésta la mirara a los ojos – Harry no se quiere dar cuenta. ¿Acaso no lo ves? Con Cho todo es mucho más simple. Él no la quiere. Su corazón no se preocupa como lo hacía contigo. No se preocupa por saber qué estará haciendo o con quién lo estará haciendo – continuó – junto a ella todo es mucho más fácil. No tiene que soportar la presión de la casa Gryffindor, y mucho menos la de Ron.
-Pero Herm… - comenzó a decir Gin que se había emocionado a causa de las palabras de la leona.
-No Gin, es así. Harry ya no se tiene que preocupar por los celos que sentía cuando tú hablabas con Dean Thomas o con Seamus. Ahora si Cho habla con quien sea, obsérvale a Harry, ni se inmuta. Le da igual. Él no la quiere Ginny – dijo dándole un beso en la mejilla a su amiga para que se animara y viera de verdad cómo es la realidad.
Weasley le miró a su amiga y le agradeció a ella y a sí misma, por todo lo que la estaba ayudando. Siguieron hablando, más relajadamente por el camino. Ambas se contaron sus vacaciones, incluyendo Hermione, el tema 'Tom'.
La pelirroja al enterarse le pegó en el hombro a la castaña por no habérselo contando antes. La castaña rió ante eso. Aquella pelirroja, no iba a cambiar en la vida.
Llegaron al castillo, dejaron todas sus pertenencias en sus habitaciones y bajaron a cenar. Dentro del comedor inundaba un gran murmullo por parte de todo el alumnado. Todos se estaban contando qué tal habían pasado las fiestas. Hermione charlaba animadamente con Seamus y Ron, que no paraban de hacer bromas, haciendo reír a la castaña.
La chica, se ordenó a sí misma no mirar ni una sola vez a la mesa de Slytherin. No le quería ver así que cumplió su orden. No quería ver como Nicole o alguna de esas serpientes se acercaba a él y él las aceptaba y las sonreía seductoramente. Simplemente, no podía aguantar aquello.
Terminó el banquete y se dirigió hacia su habitación. Se echó a dormir, y cayó rápidamente en los brazos de Morfeo.
Mientras, en un oscuro pasillo, un rubio se dirigía hacia las mazmorras. Estaba caminando, embelesado en sus pensamientos cuando una voz lo llamó repetidas veces
-Draco – chillaba - ¡Draco! – Chilló por última vez al ver que éste había cesado su camino y se había dado la vuelta para observarla - ¿Dónde estabas? No te he visto apenas en el tren.
-Por ahí. Me apetecía estar solo – contestó el rubio sin dar muchas explicaciones.
-¿Estás mejor? – preguntó Pansy preocupada por los duros entrenamientos que habían recibido todos, y en especial el rubio, para convertirse en mortifago a finales de curso.
-¿Mejor que qué? – preguntó el rubio sin comprender a qué se refería la morena.
-Ya sabes – susurró en voz muy baja, voz que solo Draco pudo oír – por lo de los padres de Granger.
Draco la miró con los ojos abiertos, ¿de qué estaba hablando Pansy, acerca de los padres de Hermione?
-Pansy – dijo armándose de una paciencia, que no tenía - ¿de qué estás hablando? ¿Qué dices de los padres de Granger? – dijo sin comprender.
Pansy le miró atentamente. ¿Acaso él no lo había reconocido?
-Draco – murmuró mirándolo - ¿recuerdas los muggles que tuvimos que torturar en Navidad? - comenzó la morena, Draco asintió - ¿no viste que eran los padres de Granger? – murmuró con temor a la reacción de él.
El rubio empalideció. Aquellos muggles se le hacían vagamente familiares pero jamás trazó una semejanza entre aquellas personas y Hermione. Puso su pose seria y comenzó a hablar
-Ella me da igual, Pansy – dijo con voz firme – además, ¿cómo querías que les reconociera? No les he visto en mi vida.
Parkinson le miró incrédula.
-¿En la estación de tren, todos los años, quizás? – inquirió irónica.
-Jamás puse atención en ver cómo eran los padres de Hermione Granger – dijo Draco como si fuera lo más obvio del mundo.
Pansy se rindió y siguieron caminando a la par en silencio, cada uno pensando en sus propios asuntos.
Draco no podía parar de pensar en ella. Hermione. Ella, lo había traicionado. Está bien, ella no era nada suyo, aunque él así lo sentía pero había estado con otro mientras él ni siquiera tenía ganas de estar con otras.
El rubio no entendía cómo ella, un ser tan dulce, pudo estar, tan rápido con otra persona que no fuera él. ¿Acaso ella no lo amaba tanto como decía? ¿Acaso ella no lo amaba tanto como él a ella?
Al imaginarse a Hermione con cualquier otro tipo la sangre comenzaba a hervirle dentro de sí mismo. 'Como aquél tipo de la estación' – recordó Malfoy. Una copia barata de sí mismo. Entonces su mente comenzó a pensar rápido. Había sido él. Su propia copia. Seguro que aquél imbécil con nombre ridículo – Tom – había sido con el que había estado ella.
Aún recordaba las sonrisas que Hermione le regalaba a aquél muggle. Los celos le carcomían pensamiento por pensamiento. Ese había tocado a su chica.
Pero lo peor para Draco no era aquello, sino que su chica, Hermione, había estado con ese.
La odiaba. Le odiaba. Los odiaba a aquellos dos. Quería olvidarlo, para siempre.
Se fue hacia el baño, se dio una ducha para relajarse y se fue hacia su cama para intentar dormir. Pero un nuevo tema lo comenzó a dejar sin poder dormir, una vez más, Hermione. Sus padres.
¿Por qué fueron ellos los elegidos para las torturas? ¿Por qué él no se había dado cuenta que eran los señores Granger?
Ahora entendía muchas cosas. Ahora entendía la mirada de consuelo de Pansy cada vez que les tenía que lanzar algún hechizo. Ahora entendía el porqué de la sonrisa de Lucius cuando los acababa de torturar. Era una prueba para él. Lucius le estaba poniendo a prueba. Estaba poniendo a prueba sus sentimientos hacia Granger, para saber si eran de mentira, como Draco le había dicho, o en verdad sentía algo más hacia Hermione.
Poco a poco, pensando en todos estos asuntos sus ojos le comenzaron a pesar una cantidad increíble hasta que al fin se cerraron y Draco empezó a descansar.
-Tenemos que actuar ya – susurró una voz a su oído, haciéndola estremecer.
Aquella figura femenina torció su rostro y guió su vista hacía aquella ventana, perdiéndose en el horizonte.
-¿Cuándo? – preguntó sin mirarle a aquél sujeto.
-En seguida – replicó cortante.
-¿Por qué tanta prisa? – preguntó astuta la joven.
-Nuestro Señor quiere resultados – explicó harto de aquella chiquilla.
-¿Nuestro? – Preguntó ácidamente, mirándolo a sus rudos ojos – di mejor tú señor – terminó de añadir.
-Ya sabes que queda poco para que te unas a él, pequeña – dijo utilizando un sutil tono de voz que hicieron reaccionar a ella.
-Pero quiero que sea ya – dijo acariciando el cuello del joven mortífago, con una voz de mezcla entre súplica y sensualidad.
-Eso sabes que no puede ser – dijo en tono autoritario – no ahora. Ahora escucha atentamente – prosiguió – debes meter en el castillo un objeto.
-¿Un objeto? – preguntó sin entender.
-Exacto –continuó perdiendo la paciencia – por supuesto, esta hechizado, y lo que debes hacer es dárselo a uno de los pilares más importante de Potter – dijo dibujando una maligna sonrisa en su rostro.
-¿No será tu amiguita Granger? – escupió con maldad, feliz por solo imaginarse la idea.
-Cállate – espetó – lo que tienes que hacer es entregárselo a él…
-¿A él? ¿A quién? – preguntó curiosa interrumpiéndole.
-Petrificus totallus – maldijo el brujo a aquella joven que lo miraba con odio, para hacerla callar – se lo entregas y la maldición que posee tal objeto hará que se vuelva loco de maldad. – sonrió - El proceso será un poco largo, ya que su maldad solo se enriquecerá a base de todas las cosas que haga Potter, que molesten a su amiguito – siguió explicando emocionándose con cada palabra que añadía - Y por las leyes de la naturaleza, el querido amigo de Potter, Ronny Weasley, sentirá unas ganas terribles de matarlo. Y eso, nos facilitará mucho para poder atraparlo con más facilidad. – terminó con una larga carcajada.
-¿No es brillante? – inquirió preguntándole a la chica, mientras le quitaba el hechizo.
-Esto parece más una venganza personal que una misión del Lord – inquirió astuta.
-¡No digas tonterías! – dijo furioso mientras se acercaba a ella como una hábil serpiente, para crearle miedo.
La chica respiró entrecortadamente, con temor a las reacciones que el mortifago podía tener.
-¿Qué objeto será? – preguntó pausadamente.
-Ya te lo diré en su momento, ahora vete – dijo con desprecio.
-Adiós Krum – dijo dándole un beso en los labios para despedirse.
-¿Por qué sonríes? – le preguntó Hermione a su amiga pelirroja que bajaba a desayunar más animada de lo normal.
-Hoy, al fin es la excursión a Hogsmade. Quiero perder de vista Hogwarts por unas horas – dijo con sencillez, haciendo recordar a Hermione la visita al pueblo.
-Cierto, lo había olvidado – murmuró.
-¿No te apetece ir? – Se asombró Ginny – me muero por tomar una cerveza de mantequilla en las tres escobas – la castaña rió.
-No es que no tenga ganas, es que lo había olvidado. Voy arriba a prepararme, a fuera está nevando – dijo para después subirse a la torre de Gryffindor en busca de abrigo.
Emprendió el camino más corto hacia la torre, teniendo que pasar en frente de las mazmorras de los slytherins. Giró para coger el último pasillo que acabaría en su destino cuando se encontró con tres siluetas mirándola de frente, con soberbia.
-Parece que la sangre sucia se desprendió, por unos segundos, de sus dos guardaespaldas – empezó a parlotear con desprecio Goyle. Creando una risas por parte de sus dos compañeros, Nicole Smith y Draco. Éste último reía más fuerte. La castaña se odió a sí misma cuando su interior se estrujó al ver a Nicole Smith junto al rubio. No podía vivir sin él, pero tampoco quería estar con él. Sin embargo, verlo junto a aquella arpía le hacía temblar las piernas de la rabia. Había escuchado varias cosas de ella y el rubio, y a pesar de olvidar todos los rumores, ahora aparecían en su mente coo cuchillos afilados.
-Olvídame – fue lo único que espetó Hermione y comenzar a andar sin siquiera mirarles.
-Ohm – comenzó Malfoy con ironía – la señorita Granger ¿huye de unos slytherins? – preguntó consiguiendo que ella detuviera su andar y se girara para mirarlo fijamente. Sabía que lo haría, su orgullo era su mayor debilidad. El rubio no pudo apartar los ojos de ella. Les miraba de forma altiva, excepto a él. Sintió una pequeña emoción al notar aquello. Pero la imagen de ella con aquel estúpido muggle, no le dejaban de atormentar.
-No te hagas ilusiones, Malfoy – respondió cortante – a mí la gente como vosotros, me dais igual – soltó.
-¿Qué pasa? –Comenzó a hablar por primera vez Nicole. Hermione bufó al escuchar su estridente voz - ¿Acaso Weasel y el cara rajada te han abandonado, al fin? – dijo disfrutando del momento.
-Para tu información, es Weasley. Y no, no has tenido esa suerte – replicó harta de aquella estúpida. Apartó la vista de ellos e intentó seguir adelante pero unas palabras la detuvieron. Se odió por ser tan orgullosa cuando sus pies se detuvieron.
-Ahora entendemos porqué Weasley viene a Slytherin en busca de cariñoso, con estrechas como tú alrededor – escupió Smith. Hermione la miró recelosa. Sabía lo de Ron y Pansy. ¿Quién se creía aquella para meterse con su mejor amigo? El rubio la observaba. Sabía que defendería a la Comadreja frente a cualquier ser humano. Vio como la castaña se giraba sobre sus talones y la enfrentaba con la mirada. Apretaba sus labios con ferocidad, estaba enfadada.
-Es extraño que no te haya ido a buscar a ti entonces, dado lo que se dice de ti por ahí – le espetó con astucia viendo cómo la cara de la chica se torcía disgustada.
-¡Callate! – gritó colérica. Ninguno entendió porqué se puso tan rabiosa la rubia, si era ella quien siempre intentaba ser el centro de atención por sus ligues.
-Se comenta que sin tus – detuvo la frase para recalacar la palabra siguiente – cariños – sonrió – estarías sola.
Nicole palideció al escuchar las palabras que salían de la boca de la castaña.
-¡He dicho que te calles! – Continuó gritando – no tienes ni idea de lo que dices. ¡Mientes! – Gritó encolerizada – lo único que tienes es envidia de que yo esté con el mejor del colegio – exclamó señalando a Malfoy, que lo miraba sin mover un ápice de su rostro.
Hermione al oír aquello bufó de manera exagerada. Le había molestado, y mucho, escuchar que ella estaba con Draco. Pero aquello era imposible.
-¿De verdad piensas que me das envidia por estar con él? – dijo de manera agil mirándole al rubio, que tensaba la mandíbula ante su frase.
-Aquí la única zorra que hay – dijo Nicole.
-Eres tú, Granger – terminó de completar Draco Malfoy mirándola con frialdad.
Hermione sentía como la sangre le hervía dentro de sí. Se enfrentó a la gris mirada de Malfoy, se acercó a él e intentó estampar su mano en el fino rostro del rubio.
Draco fue más ápido y agarró su mano con dureza. – Te lo permití en el Expreso, Granger. No se va a volver a repetir – dijo enfurecido, soltando la mano de ella, con un gesto de asco.
-Iros los dos, tengo que acabar de hablar con Granger, a solas – dijo sin apartar la mirada de Hermione, que lo miraba asombrada.
-Ni se te ocurra volver a ponerme una mano encima – empezó a hablar Malfoy, interrumpiendo el silencio que se había creado.
-Es lo que te merecías.
-¿Tanto te molesta que te digan lo que de verdad eres? – le preguntó Malfoy acercándose a ella con valor. A Hermione el acercamiento de Draco le nubló la mente. Su perfume llegaba hasta sus fosas nasales. Haciéndole recordar momentos vividos.
-Eres un cerdo Malfoy – le reprochó Hermione, balbuceando. La simple cercanía de Draco le impresionaba.
-Cuidado Granger – amenazó el rubio, que se había dado cuenta de la reacción de la castaña - ¿Qué te ocurre Granger? –Sonrió – una zorrita como tú es imposible que se ponga tan tensa por el acercamiento de un hombre, contrólate – sugirió Malfoy con regocijo.
Las mejillas de Hermione se tornaron rojas a causa de la ira que sentía. Le odiaba. ¡¿Cómo se atrevía una serpiente como él a insultarle de semejante modo?! Su mano, que seguí el recorrido hasta la cara de Draco, como momentos atrás, fue detenida por el fuerte brazo de Malfoy.
-Ni se te ocurra, Granger.
La castaña intentó soltarse pero fue imposible. Con aquél movimiento lo único que consiguieron fue acercarse más el uno al otro. Sus alientos comenzaron a chocar y la respiración de ambos se agitó por aquel momento.
-¿Nerviosa? – preguntó Malfoy con una media sonrisa.
Hermione empujó su cuerpo hacia atrás pero los brazos de Malfoy la atrajeron otra vez hacia él. Al instante, el rubio pasó uno de sus brazos por la cintura de ella, con posesión.
La bruja comenzó a sentir que un calor le envolvía el cuerpo. Sus miradas chocaron y ambos distinguieron en el otro una mezcla de ira y pasión.
Sus rostros se acercaron como si de imanes se tratara hasta que sus labios chocaron. Hermione profundizó el beso salvajemente, con desesperación, reconociendo aquellos labios. Sus lenguas pronto comenzaron a estudiarse el uno al otro. Aquello, parar los dos, después de tanto tiempo fue como una bomba de places a punto de estallar en su interior. Granger, terminó el beso y le miró a los ojos y dijo
-Jamás, Malfoy – Draco sonrió por la furia de ella, mientras acercaba su boca a la de la chica.
Volvieron a unir sus bocas salvajemente. Los dos querían el uno del otro, pero la ira que sentían era más grande. La pasión les hacía olvidar la mente. Sus bocas se unían y desunian con ferocidad. Tratando de beberse el uno al otro por la pasión.
La lengua de Draco se adentraba en la de Hermione. Sus lenguas chocaban con lujuria. Alegres de volverse a encontrar.
Draco terminó el beso y comenzó a besar el suave cuello de Hermione, que gimió por el contacto de su piel con los fríos labios de Malfoy.
Él fue depositando fuertes besos y mordidas al cuello de la bruja, que respondía a sus caricias con pasión. Cada lamida y mordida creaba un suspiro en la boca de Hermione. Draco sonrió.
Las manos de Hermione comenzaron a acariciar el cabello del rubio, mientras sus labios se dedicaban a besar el lóbulo izquierdo de él, haciendo temblar a Draco.
Pronto, las rápidas manos de la joven fueron a la camisa de Draco y comenzó a desabotonarla mientras su boca se fundía, una vez más, con ferocidad en la boca de Malfoy, que respondía gustoso.
Draco le paró a Hermione y empezó a hablar;
-Aquí no Granger – dijo con la respiración agitada, y con un bulto en el pantalón – vamos aquí – dijo mirándola con interrogación. Hermione le siguió y se metieron a la primera aula que vieron vacía.
Draco sonrió victorioso. Colocó a una salvaje Hermione en una mesa y comenzó a desnudarla. Hermione le paró la mano cuando él empezó a desabrocharle la falda.
-No Malfoy – dijo la bruja. Draco interpretó que quería que parara, cuando ella comenzó a besar apasionadamente al rubio mientras le desabrochaba la camisa – hoy mando yo – dijo haciendo sonreír al rubio mientras la besaba y se dejaba desnudar.
Hermione se colocó encima de él y Malfoy aprovechó y cogió el control de la situación.
Comenzó a desabotonar la blusa de la bruja, mientras le daba suaves mordidas en el cuello de ésta, sintiéndola estremecer. Draco se afano en llenarla de caricias por todas partes, palpando, explorando, recorriendo todo su cuerpo de arriba abajo.
Malfoy colocó una mano en el muslo desnudo de ella, notando la calidad que desprendía. Hermione rodeó con sus piernas la cintura de él, apoyándose en su espalda. Con pasión, comenzaron el vaivén del deseo. La boca de Hermione dejó escapar un gemido al notarle a Draco dentro de sí misma. Malfoy, acercó su rostro y le besó para hacerla callar.
Las respiraciones empezaron a volverse agitadas. Sus cuerpos sudorosos no se querían separar. La bruja comenzó a jadear más rápido, seguida de Draco.
-Draco – gimió llamándolo por su nombre por primera vez. El rubio le contestó acelerando el ritmo de sus embestidas hasta acabar en un placentero orgasmo que ambos sintieron.
Al acabar, sus ojos chocaron intensamente. Tratando de averiguar por qué lo habían hecho.
Hermione sonrió con sinceridad, se acercó al rubio y le besó. Pero, esta vez, con suavidad. Sintiendo los labios de Draco, temiendo el momento que sus labios dejaran de sentirse.
Os ha gustado? Ha sido muy largo eh! Espero que así haya sido. En realidad tienen una relación amor odio. No aceptan sus sentimientos y además ocurren cosas que les desestabilizan a ambos.
SI HAY MUUUUUCHSO REVIEWS SUBO EL PRÓXIMO CAPITULO EN UN PAR DE DÍAS! GRACIAS A TODOS Y A LOS FAVORITOS Y FOLLOWERS TAMBIÉN
