Buen Día
Otra vez yo molestando.
Gracias por leer.
Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer.
Bella
Como caso raro, oscuridad, toda ella a mi alrededor, comencé a usar mi cerebro nuevamente después de haberme sentido inconsciente, casi podía sentir como los engranajes de este comenzaban a correr a velocidad de tortuga, cuando comprendí que funcionaba bien hice un recuento mental de la posición en la que me encontraba, por lo que podía sentir debajo de mi estaba en posición horizontal. Sentía un calor en la mano izquierda, un calor húmedo, seco, una piel cubriendo músculo, recordé la última imagen que había tenido y supe que me encontraba en la posición que me había visto mi hija, y que a quienes escuchaba susurrar cosas casi incomprensibles era a Edward que tenía mi mano en su pecho.
Mi corazón se contrajo con fuerza una vez, y sentí ese pálpito como si estuviera frente a ese músculo, un reflejo de esto se vio en esa mano que estaba cálida, de repente y súbitamente el calor se fue de la mano y este callo suavemente a mi lado izquierdo. Luego sentí algo cálido tocándome la frente, frente que en ese momento sentía algo más caliente que la mano que me tocaba, como si el trabajo en mi cerebro lo estuviera recalentando.
Luego el que supuse que era Edward me aferro la mano rápidamente pero con suavidad.
- - Bella….- murmuraba esa voz hechicera en mi oído, terminando de llamarme a la vida, casi no podía distinguir lo que me decía pero entre todas sus palabras mi nombre parecía pronunciado con una pasión que iba mas allá de lo normal en una frase - Bella….ven….ven a mí, Bella, por favor.
Mi corazón palpito aun más fuerte que antes, un solo palpito, como cuando me estaban reanimando hacia ya mucho tiempo en mi primer intento de suicidio, todo en silencio al principio, y luego uno… dos… tres…
Mi mano volvió a saltar, estaba segura que aun más fuerte que antes, moví, o al menos di la orden a mis dedos de que se movieran, y estos respondieron en gran medida.
El resto de mi cuerpo parecía estar bien, el recuento mental que pedí hacer a mi cerebro fue hecho con una velocidad mayor a la que esperaba a como estaba reaccionando mi corazón, que en esos momentos debía ir en el palpito 70 y aumentando.
Ordene a mi cerebro abrir mis ojos, y este cumplió la orden inmediatamente haciéndome comprobar que mis funciones motoras estaban recuperándose satisfactoriamente, ahora el lío era saber en donde estaba.
Cuando abrí los ojos por primera vez me costó trabajo dejarlos así, aunque no estaba en un sitio particularmente iluminado estos me dolieron como si nunca los hubiera utilizado. Vi borroso en las dos oportunidades en que parpadee. Al mismo tiempo mi cerebro conjuciono la función de respirar lo cual me trajo sensaciones horripilantes en el pulmón, como si tuviera miles de alambres de púas que estaban constriñéndome alrededor de ellos y que a medida que tomaba aire iban soltándose lentamente.
Sabía que conocía ese techo que lentamente me iba devolviendo la mirada, evite por todos los medios que me fueron posibles mirar hacia mi lado izquierdo, donde mi mano seguía atrapada, el techo tenía una forma peculiar y antigua, era bastante fascinante y me recordó a la casa en la que viví como por una semana después de que los Cullen me sacaran del orfanato.
Pero sabía que no podía retrasarlo por más tiempo, con el corazón a punto de salírseme de la garganta levante mis ojos hacia mi mano y termine enfocando la forma de Edward mirándome con una expresión demasiado fascinante para ser cierta. Nuestros ojos se conectaron en esa oportunidad haciéndonos consientes el uní del otro, había esperando muchos escenarios para mi encuentro con él, pero no este, el inclinado sobre mí y yo acostada sobre algo que me hacía sentir morbosamente encerrada.
- -Bella – dijo el usando ese tono de voz que solo había usado una oportunidad conmigo… cuando hicimos el amor por primera y única vez. No pude evitar mirarle la boca porque me parecía que lo habían pronunciado otros labios, pero no, en el fondo sabía que cada parte de ni nombre había salido de esa misma boca. .
- - volví – solamente a mi cerebro en proceso de uso nuevamente podría ocurrírsele esa primera palabra para hacer uso de mi voz, pero así era, inauditamente y contra todas las leyes de la naturaleza lo había hecho. - volví –
Recordé a Carlie y me entro una profunda tristeza a pesar de que dentro de mí se libraba en batalla la felicidad y la ansiedad por que todo esto fuera de lejos real.
Edward se inclino aun mas sobre mí, que seguía yaciendo acostada y sentí su mano caliente en mi espalda, su brazo me sirvió como una especie de grúa para incorporarme sentada y ver que tal como había sospechado, allí en donde estaba acostada se trataba de un ataúd, hermoso, debía admitirlo, pero ataúd de todos modos.
Edward me hizo inclinar levemente hacia él para tenerme en sus brazos, ahí sentada, parecía como si no quisiera dejarme ir, y contra todo pronóstico mi menor deseo era irme.
- - Volviste, mi amor… estas aquí – escuche que decía sobre mi cabello… su amor… podría ser? Creí que será mejor averiguarlo en ese momento o tal vez no… no quería seguir sintiéndome como muerta y la única opción para quitarme de encima esa sensación era saliendo de ese precioso ataúd.
- -Edward…- dije aun con esa voz espesa y nada clara, esperando miles de formas de rechazo, pero en cualquier caso podría salir corriendo una vez la sangre oscilara de mis partes vitales a otras partes de mi cuerpo. Enrede rápidamente los brazos en el cuello de Edward pidiéndole silenciosamente que me sacara de ese encierro. – sácame de aquí – le dije mirando hacia su cuello que parecía tensionado.
Con cautela… si podría ser ese el sentimiento, o tal vez con excesivo cuidado, sin cautela, me tomo entre sus brazos, parecía tan fácil para el que encontré un poco de confianza, no iba a dejarme caer, al menos por el momento. Olfatee con cuidado esperando que él no lo notara, la esencia de su piel, la misma que recordaba, diferente a la del Edward de la época antigua, suya, propia, penetro por mis sentidos dándome otro poco de dimensión de realidad.
Cuando estuve fuera pareció entender que me sentía extrañamente acorralada así que camino conmigo hacia la salida de la casa. Cerré los ojos al sentir la seguridad que sus brazos me proveían, era como… si, como mi ángel de la guarda, con el no debía temer, no como antes.
Sentí el aire fresco dándome en la cara, tan diferente del que había respirado en los últimos veces, pero tan limpio y llano como ese. El se sentó y me puso en su regazo como si fuera su niña.
Luego de unos segundos sentí la punta de sus dedos apartándome el cabello de la frente. Luego me hablo, como si hubiera esperado mucho tiempo para hacerlo.
- - ¿cómo es posible? – decía, yo seguía con los ojos cerrados percibiendo la caricia de sus dedos en cada parte de mi cuerpo. - ¿cómo regresaste? - me pregunto, para después afirmar - si te vi… te vi morir – no parecía haber tenido intención de hacer esa pregunta, pero ya estaba dicha y me veía en la obligación moral de responderle.
Abrí los ojos lentamente para hacerlo, estos aun eran sensibles a pesar de que parecía que estuviera terminando de caer la tarde. Fije mis ojos en él para darle la explicación que estaba pidiendo.
- - mi hija… el poder oculto, me dijo que debía regresar, que tomaría la decisión correcta al hacerlo – intente que me respondiera con la verdad cuando le pregunte lo siguiente.- ¿lo hice?, ¿tome la decisión correcta?-
- - ¿cómo puedes preguntarme eso? – contesto el sin dudar un solo instante, pero en medio de todo tal vez esa no era la respuesta que esperaba. Sentí su mano moverse lentamente por mi cuello – ¿cómo puedes creer que no hiciste bien al regresar? ¿Crees que soy de piedra? –
No lo sabía, sinceramente. Había estado en poco contacto con más facetas de su personalidad aparte de la apatía y tal vez el odio, no podía responderle a esa pregunta.
- - creo que tienes corazón de piedra – dije para ganar tiempo por que esa era la impresión que me había dado desde el primer momento en que nos conocimos.
Sus dedos acariciaron la piel de mi cuello hasta detenerse en mi mandíbula la cual subió a su encuentro como si fuera a besarme, solo que no lo hizo, tan solo se quedo mirándome en silencio-
- - Hay algo que debes saber, antes de que otra palabra entre nosotros sea formulada. – comenzó solemnemente, como un político, solo que un político no miraría con la intensidad de la verdad como en ese momento me estaba mirando el - Yo te amo… lo hice desde el momento en que te vi, aunque técnicamente no me diera cuenta de lo que me pasaba y lo asociara al poder de las generaciones anteriores. – respiro rápidamente y continuo - Pero conocí de ti, de la Bella de este tiempo, la mujer real, y de lo poco que conocí me enamore completamente. Tienes que creerme – negué instantáneamente con la cabeza, mas como acto reflejo que por que no le estuviera creyendo. - créeme, Bella – pidió suplicante - porque te estoy diciendo la verdad. Jamás había sentido algo semejante a pesar de que había compartido visiones con mis antecesores, pero después de conocerte, de que acabaras con mi control de la manera en que lo hacías, de ver cómo te comportabas, como un ratoncillo asustado, demasiado temeroso de que lo dañaran… despertaste mi instinto de protección pero también algo mas, ese algo que nada tiene que ver con el hecho de que haya seis generaciones antes que nosotros. Más allá de la maldición, más allá del pasado, más allá de todo, te quiero a ti, a Isabella Swan. A nadie más.
Las lagrimas se secaron de mis ojos solo en ese momento aunque todavía sentía un torrente detrás de los ojos dispuesto a salir a la menor provocación, lo mire mientras cada palabra se cotejaba con lo que me había dicho Carlie en su momento, ella sabia esto, sabía lo que me esperaba al escoger este lugar como regreso, sabía que él estaba aquí, que me… amaba, aun me costaba trabajo aceptarlo.
- - Así que por esto era que ella quería que regresara – manifesté mis propios pensamiento acerca de nuestra hija, ella había tenido razón después de todo y no había fallado al confiar en ella, este era mi verdadero destino, y me estaba costando trabajo aceptarlo, pero era lo que tenia y por lo que podía adivinar era lo que iba a abrazar y proteger como una leona. Se me escapo una sonrisa estúpida cuando sentí que el pecho me dolía, con ese dolor delicioso que solo el saberse querido podía manifestarla. Levante mi mano y acaricie su mejilla ligeramente áspera por la barba- . – ¿estás enamorado de mi?- No pude evitar preguntárselo añorando más que nada en el mundo esa respuesta afirmativa que ahora, podía decirlo, estaba más que segura que era verdadera.
- - más que nada – dijo con una sinceridad apabullante, sentí que un estremecimiento interno me recorría. Su mano se poso sobre la mía, la que había puesto en su mejilla y que me trasmitía un calor que no tenía nada que ver con la piel. - tienes que creerme – volvió a decirme – aunque no tenía necesidad de hacerlo, ya le creía - aunque haré lo que sea necesario para que lo hagas. Confía en mí, sé que no tengo derecho a pedirlo, especialmente después de lo que estuvo a punto de pasar, de que me dejara manipular una vez más por ese espíritu maligno...
- -Confió en ti – interrumpí lo que seguramente era su modo de pedirme disculpas, pero ya no era necesario que lo hiciera, gracias a la conclusión del poder Vlad no podría nunca volver a estar entre nosotros, tal vez hiciera la maldad por su propia cuenta pero ahora éramos inmunes a él, y sentía que de eso si podía estar segura. – debo hacerlo… te amo… y el amor debe tener confianza.
El aparto sus ojos de mí como si se sintiera avergonzado, pero luego me devolvió su mirada como si no soportara no mirarme lo cual me dio una profunda y dolorosa satisfacción.
- - me voy a gastar la vida demostrándote cuanto te amo. Cuanto quiero que me ames sin asomo de dudas. Sin nada más que nuestro amor para dar. – me decía intensamente y yo me deleitaba con cada una de sus palabras como agua para el sediento.
Y sedienta en ese momento me sentía de su boca, de recordar esos besos que habíamos compartido cuando nada de esto había empezado, cuando yo no sabía nada de la verdad.
El pareció comprender, aunque no sabía que le estaban diciendo mis ojos, pero se acerco, demasiado despacio para mi ansia de él, como si estuviera pidiendo un permiso que, debía saber, desde que lo vi por primera vez era suyo.
El primer roce de nuestros labios me sacudió entera, interiormente claro, fuera parecía estar petrificada esperando si siguiente movimiento como un halcón, no me sentía tan tensa a medida que tenía sus ojos mas y mas cerca de mí y sus labios profundizando mas y mas el beso.
- - di que me perdonas…- dijo después de darnos besitos y besitos.
- - te perdono – contesté moviéndome un poco para quedar en contracto directo con su boca.
- - di que me amas – dijo el sin entender mi indirecta pero besándome con fuerza el labio inferior, como si solo de él se complementara mi boca. .
- - te amo – contesté devolviéndole la atención a su labio contrario al mío.
Lo profundizamos más, mirándonos, como si cerrar los ojos, que en otro beso hubiera sido lo adecuado, fuera un sacrilegio al momento en sí.
- -dime lo que sientes por mi – dije apartándome para tomar un poco de aire, deseando oír esas palabras tan seguido como pudiera decírmelas. .
- - te amo – contesto volviendo a la temática del beso como si no hubiera habido interrupción.
En ese momento llego el tiempo de cerrar los ojos y disfrutar mas plenamente de las sensaciones unimos nuestros labios y nuestras lenguas en una promesa de unión que iba más allá de la razón, de la vida misma.
Pero éramos humanos, y no podíamos quedarnos sin respirar a pesar de así quererlo para seguir disfrutando de esto.
Cuando intente volver a besarlo escucho un alarido proveniente de la casa. Sentí que Edward se tenso y apretó los brazos alrededor mío como si pudiera hacerme más pequeña y protegerme más. Mire por encima de su brazo y vi a Alice, la querida Alice mirándonos desde las salida al jardín completamente blanca de la impresión.
Si, debía ser casi traumático que una persona que creías muerta aparezca viva de repente y besuqueándose apasionadamente en los brazos de su hermano.
Vi que corrió hacia nosotros como si quisiera, acercándose, comprobar que éramos una imagen real, o que lo era yo.
Luego sentí sus brazos a nuestro alrededor mientras sentía la risa cálida de Edward en mi mejilla y los sollozos de Alice en mi cabeza.
Cuando pude enfocar la vista me percate de que los demás miembros de la familia se habían congregado alrededor de nosotros dispuestos, por sus rostros pétreos, a seguir cordialmente el ejemplo de Alice.
Sentí mis mejillas enrojecer, en cada uno de sus rostros se veía la profunda gratitud que les profesaba mi acto con las dagas y con el poder. En este momento podía adjudicarme el crédito y puede que finalmente una parte de mi hubiera colaborado, pero todo era gracias a Carlie y era algo que me encargaría de aclarar a la menor brevedad.
Sentí que Edward se removía después de unos momentos y cuando ellos despejaron el camino vi que me llevaba en brazos de vuelta a la casa, me sentí un poco tensa al pensar en volver a ver a ese féretro en donde había yacido unas horas. Proteste con que me llevara de ese modo y mas delante de su familia pero él no me puso atención.
Cuando enfoque nuevamente mi vista hacia la casa me di cuenta de que allí donde había estado acostada ya no se encontraba otra cosa que una sala victoriana cuya restauración, si no me equivocaba, debía atribuírsele a Esme.
Edward se sentó en el sillón amplio y volvió a ponerme en su regazo, no me sentía incomoda en la posición, me sentía disconforme por la presencia mientras compartíamos esa posición.
Uno a uno los miembros de la familia que estaban afuera comenzaron a entrar. Mi vista se poso en la muchacha que caminaba al lado de Jacob, la hermanita de Ángela.
- - Ella es Leah – dijo Edward en mi oreja, cuántos e percato de que nos mirábamos fijamente. – es la novia de Jacob
- - lo sé – le respondí revelándole que la conocía, esperando no entrar en demasiados detalles en ese momento, por supuesto que les contaría todo detalle pormenorizado pero no ahora, no con la presencia, aun, del miedo de que todo esto acabara finalmente siendo un sueño que me despertaría tan muerta en la mañana como estaba hacia unas horas. - es solo que sigue pareciéndome algo… extraño verlos a todos en esta época y a los otros, de las épocas pasadas.
Edward asintió casi imperceptiblemente como si se hubiera percatado de algo.
Durante el resto de la hora que siguió, no hable, no hice nada más que escuchar a Edward contarme las cosas que habían hecho cuando me fue de este mundo, parecía casi irreal que todo eso hubiera pasado y menos que yo hubiera estado presente, al menos en cuerpo, y no me hubiera enterado de nada. Si, bizarro.
Mientras lo escuchaba una parte de mi cerebro procesaba la información, la otra tenía un miedo visceral, miedo que aun no había podido quitarme, miedo de que tal vez mi hija hubiera mentido o que yo hubiera malinterpretado sus palabras, ¿que si de pronto decidían que si era apta para entrar al cielo en ese momento y solo me quedaba esta noche?
No pude evitar pensar en eso en el tiempo en que duramos halando, a veces cachaba a algún miembro de la familia mirándome como a la espera de algo, querían saber que había pasado conmigo, pero no quería contarles nada, no hasta estar segura de que me iba a quedar, si me iba quería pasar mis últimos momentos con Edward, no era que no los apreciara o quisiera, después de todo eran mi familia, pero no podía estar segura de nada mas, aparte de mi amor por Edward.
Seguía ensimismada cuando Carlisle pronuncio las palabras que le agradecería de por vida, si seguía viviendo.
- - si quieres, podemos terminar de hablar mañana –
- - creo que será lo mejor – le respondió Edward mirándome intensamente. Casi podía sentir que me había leído el pensamiento o podía estar equivocada.
Los demás asintieron con recelo, ya sabía yo que la curiosidad los mataba, y lo comprendía, si tenía oportunidad explicaría todo.
Edward me levanto con la facilidad de una pluma, volvía a avergonzarme de que lo hiciera delante de toda esta gente pero él no me soltó e interiormente me regocije.
Salimos de la sala, sentía sus pasos seguros, largos y poderosos, me llevaba a una habitación que no conocía. Una vez allí cerró la puerta y camino hacia la cama, no quería separarme de el por lo que cuando hizo ademán de dejarme en ella y alejarse lo apreté contra mi esperando ser clara en mi mensaje.
Se hizo a mi lado, recostándose, dejo una de mis manos y me acomodo suavemente para quedar acostado detrás de mí, no solté su mano, sentía un miedo horripilante por separarme de él, no quería dudar, no tenía derecho a hacerlo, pero demonios si lo hacía.
Pues bien, si esta era la ultima noche puede que me sintiera lo suficientemente agotada como para prescindir de estar con él, pero no de dormir abrazados y que nuestros cuerpos se despidieran una última vez.
- - Gracias – murmuro contra mi pelo, sentí que me encogía por dentro – por estar aquí… y por quedarte para siempre – Deseaba enormemente que fuera así, Vaya si lo hacía, lo esperaba, lo añoraba de una manera alarmante
"por favor, que sea para siempre".
- - para siempre – se escapo de mi boca en un momento determinado, manifestando esa parte final de mi ruego.
Durante muchos minutos el mutismo fue el dominante del momento, sentía que el cuerpo de Edward me daba todo el calor que necesitaba y esperaba no sentir frío nunca más. De ninguna clase de frío.
Sabía que él estaba despierto por que el ritmo de su respiración no será sosegado ni nada parecido a cuando se duerme, pero sabía que el también debía estar cansado.
- -Edward…- dije cerrando los ojos y lanzando un suspiro, el me debió mirar en ese momento por que sentí que inclino la cabeza hacia mí. – quédate conmigo – dijo ella.
Estaba soñando, o parecía estarlo, no podía estar seguro, solo sabía que me estaba pidiendo que me quedara. Y así lo haría, en esta ocasión no la defraudaría, tanto si se iba como si no estaría con ella hasta el último momento.
Me aferro con fuerza, pero no fue incomodo, me sentía como en un nido protector del que no tenia, al menos esa noche, intención de abandonar.
- - Aquí estoy, mi amor – suspiro haciéndome estremecer, luego sentí que unos minutos más adelante se había dormido.
Tenía miedo de caer en el sueño también, pero este llego a mí de un momento a otro, tan repentinamente que no me di cuenta.
Cuando hube caído plenamente en el volví a soñar, ese prado volvía a estar entre mi imaginación y ahora entre mis sueños, pensé en que ese era el lugar destinado a ser mi hogar de ahí en adelante. Quería llorar, después de todo, mis miedos se habían cumplido, había ido a Edward para que me dijera que me amaba, me diera la mayor de las felicidades y después volver.
- - Mama… que poco crédula eres – dijo la voz de Carlie en mi subconsciente. Deslice mis ojos con avidez alrededor para ver de dónde provenía pero parecía que el único sitio era desde mi cabeza.
- -Carlie…- llame en voz baja, la niña parecía estar riéndose.
- - Mama… - chasqueo la lengua negativamente o eso era lo que decía mi cerebro que estaba haciendo – ¿de verdad creíste que volverías a mi padre solo por esta noche? –
Sentí que me sonrojaba, y mucho, había dudado de mi hija y así se lo trasmitieron mis labios.
- - Si – acepte llena de vergüenza.
- -No tienes nada que temer, mama – dijo mi hija en mi conciencia. – tu mereces vivir, y vivir feliz, no temas morir pronto o volver conmigo, al menos no todavía y en unos ochenta años tampoco, vivirás la vida que te corresponde, es más, casi puedo decir que morirás de anciana… y lo mejor de todo, ¡al lado de papa! –
Un sollozo de felicidad se escapo de mi garganta
- - Lo siento – pedí casi cayendo de rodillas – no sabía…
- - Ya no debes llorar – dijo mi hija y casi podía sentir su manita tocándome la cabeza. – es normal dudar… lo que no es aconsejable es dejar que la duda sea lo suficientemente fuerte para arruinar sentimientos más nobles… ya sabes porque lo digo.
Si, por Edward y su interacción con Vlad.
- - No, nunca más - prometí solemnemente.
La risa de mi hija término de arrullarme a sueños llenos de colores, de Edward… y de felicidad.
/.. /
El canto de los pájaros fue lo primero que me dio la bienvenida a la realidad nuevamente, pájaros de la época, de la misma época en la que me había dormido…
Estaba en casa.
El aroma era el mismo de anoche. Aroma a hogar… y a Edward.
Abrí los ojos con rapidez, como si hace un momento no me sintiera somnolienta, hice un recuento mental de mi cuerpo el cual se hallaba en perfectas condiciones, en inmejorables condiciones a juzgar por que estaba parcialmente cubierto por el cuerpo de Edward.
Ladee mi cabeza para mirarlo y sus ojos verdes me devolvieron la mirada con avidez. En un segundo pude leer en su mirada la preocupación que le había producido el verme dormida, el también había dudado que yo despertara.
- - Buenos Días - dije sonriéndole, sintiendo como el corazón me latía con violencia.
- - Hola – me saludo el concisamente. – ¿estas bien? – pregunto en un segundo.
- - Tan bien como estaba ayer…- le respondí y para picarlo un poco le dije - ¿Por qué lo preguntas? –
- - Tenía miedo – confeso sin pena – temía que no regresaras… del sueño.
Tome con delicadeza la mano que apoyaba en mi cuerpo y le confesé.
- - También yo… pero no debemos temer, Carlie me dijo en sueños anoche que viviríamos hasta ser ancianos…
- -¿Carlie…?- pregunto el sin entender.
- - Nuestra hija…- dije solamente.
- - ¿En algún momento vas a contarme que fue lo que paso? – dijo acariciándome el pelo – no es que quiera presionarte… solo… quiero saber cómo era ella…
- - ella es un ángel… y te lo contare… después de que me hagas el amor…- dije sin pudor sintiendo nacer nuevamente en mi la necesidad pasional que él me producía.
Fue un deseo que él no se demoro mucho tiempo en concederme.
Me beso con fuerza, como si hubiera esperado mucho para ello, presentí que debió haber pasado una mala noche, y estaba dispuesta a compensarlo.
Casi le arranque la ropa lo mismo que el a mí, en esos momentos tenía que sentirlo piel con piel, con mi cuerpo vivo, no muerto, con la pasión que solo la vida podía aportar al acto de amor, de dos personas como nosotros, dos personas que se amaban.
El beso cada parte de mi cuerpo adorándome, como si yo fuera su diosa, así me hacía sentir, importante, amada, segura entre sus brazos poderosos, entre sus manos que tocaban cada recoveco de mí con pasión desbordada.
Cuando lo sentí en mi interior fue como volver a casa, más aun, después de un viaje de muchos años, casi había sido así, y casi había olvidado esa gloriosa sensación que me producía el estar en contacto tan intimo con él.
Gemí en su cuello cuando sus movimientos me acercaron más y más a la cumbre de este acto amoroso en el cual ambos nos dimos lo que deseábamos, lo que necesitábamos, y lo que merecíamos.
Lo abrace con fuerza cuando el clímax exploto en mi interior, quería fundirme con él, con su placer, con toda su esencia y así lo sentí, el vibraba en mis brazos, viviendo también su momento.
Cuando pudimos regular nuestras respiraciones me beso la húmeda frente y susurro en mi oído.
- - Ahora si… tienes algo que contarme –
Reí mucho en ese momento, su curiosidad no tenia limites y aunque sabía que repetiría toda esa larga historia más adelante a toda la familia era algo que había prometido.
Se movió encima de mí para quedar acostado en su espalda y me acuno en su pecho, apoye mi cabeza en ese cómodo cobijo y comencé a relatarlo todo, todo desde el momento en que me encontré con Amelia, con las generaciones anteriores, estuvo de acuerdo conmigo en que debió ser muy extraño para mi haberme visto no solo una sino repetida siete veces. Luego le conté todo lo que había visto de Vlad y su deseo de dañarlos, el miedo que había sentido cuando ellos habían muerto frente a mis ojos, el me escucha atentamente acariciándome el cabello y consolándome cuando el temblor involuntario me asaltaba en los momentos más difíciles de lo que habíamos vivido.
Cuando termine reino el silencio, la respiración acompasada de Edward hacia que mi cabeza subiera y bajara suavemente como su tórax.
- - Lo siento – dijo en voz baja besándome el cabello – siento haber sido como fui, haber sido el causante de tantas muertes anteriores… me siento muy mal.
Le bese el pecho suavemente y acaricie la forma de su abdomen.
- -Ya ha terminado, tenemos que ser felices con lo que se nos ha otorgado.
- -Te juro por Dios que nunca volver a dudar de ti, de esto – dijo haciendo un gesto para abarcarnos a ambos – de nuestro amor… he aprendido una lección muy valiosa, una que voy a poner en práctica muy seguido…
Sentí sus labios tibios en mi frente. Suspire y nos quedamos así por mucho más tiempo… por muchos más encuentros hasta que finalmente saciados, al menos por el momento, decidimos bajar a reunirnos con los demás y de paso aclararles cualquier duda que tuvieran respecto a la historia y respecto a mi estancia con ellos.
Una nueva puerta se abría ante mí, una que iba a cruzar de la mano del hombre que amaba, no había nada mejor que eso. En ese momento y para siempre, seria la mujer más feliz del mundo.
Edward.
Esa noche dormí a intervalos, siempre que abría los ojos checaba a Bella inconscientemente sentía y miraba el lento respirar de su pecho bajo mi brazo, el casi imperceptible movimiento de sus parpados sobre sus ojos, incluso acerque mi mejilla a su nariz en innumerables ocasiones para sentir el cálido aire que salía de ella.
Me sentía cansado, si, podía ver cómo iba clareando poco a poco y ella seguía durmiendo sin saber lo que yo hacía en esos momentos.
Cuando volví a abrir los ojos el trino de alguna que otra ave rezumaba en la habitación, sentí que Bella se removía casi imperceptiblemente en mis brazos y luego abría los ojos rápidamente como si quisiera cerciorarse de algo de repente. Su mirada se poso lentamente sobre mí, que seguía tras de ella incapaz aun de creer que finalmente, después de todo, había despertado, como si no se hubiera tratado de nada más que de una noche de sueño cualquiera.
Si, como no.
- -Buenos Días – dijo ella como si nada.
- - Hola - le respondí inertemente al pensar en cómo podía estar tan tranquila cuando hacía unos segundo yo había estado muriéndome de la inquietud, pero estaba bien, no podía reprocharle nada, seguramente estaba cansada de toda la travesía que le había tocado vivir, o eso creía yo. - ¿estas bien? – pregunte sin poder contenerme.
- - Tan bien como estaba ayer – respondió ella con el mismo tono tranquilo - ¿Por qué lo preguntas? –
Seguramente lo sabía, pero no me molesto confesárselo, después de todo ahora confiaba en ella como nunca antes.
- - Tenía miedo… temía que no regresaras… del sueño. – acepte.
Ella tomo mi mano en las suyas y dijo mirándome los nudillos.
- - También yo… pero no debemos temer, Carlie me dijo en sueños anoche que viviríamos hasta ser ancianos… - pronuncio ella pero no entendí ni la mitad de las palabras que estaba hablando.
- -¿Carlie?-.
- - Nuestra hija…- contesto ella sin dejar el tono dejándome algo confundido, con la misma pregunta que había intentado brotar de mis labios cuando vi su vientre plano otra vez.
- - ¿En algún momento vas a contarme que fue lo que paso? – pedí suavemente mientras enredaba mis dedos en las ondas de su cabello. – no es que quiera presionarte… solo… quiero saber cómo era ella… - lo había deducido así ya que ella no se veía todo lo triste que podía lucir una madre que había perdido a su hijo, lucia casi feliz, y casi presentía que ella sabía que le hijo que habíamos concebido, que, si no me equivocaba, había sido niña, no estaba acá con nosotros, pero estaba en un lugar en donde no estaba sufriendo.
- - ella es un ángel… - dijo ella respirando pesadamente, desde la poca distancia que nos separaba vi que se le sonrojaban las mejillas. - te lo contare… - un suspiro mas, mas color carmín a sus adorables mejillas y cuello - después de que me hagas el amo- termino de decir sin miramientos.
Me quede quieto por unos momentos procesando lo que me había dicho e instalando la orden en mi cerebro que aun estaba embotado, después de meses de necesitarla, ahora estaba ahí, poniéndose a mi disposición… no… yo me ponía a sus pies, sus deseos eran ordenes para mí y si lo que quería era que le hiciera el amor….
Trague saliva con fuerza y me incline hacia ella para devorar sus labios en un beso que desee durante mucho tiempo, que poco a poco fue cobrando una intensidad nada sana, descarada, lujuriosa, mis manos viajaron rápidamente a su ropa, aun conservaba el camisón blanco con el que había yacido en el ataúd, y sentí que era hora de desprenderla de todos esos designios de muerte. En cuanto tuve su blanca y suave piel bajo mis labios volví a estar vivo, al lado de ella, renacía en mí la esperanza de alcanzar un futuro memorable y feliz con ella, que devolvía mi pasión con creces y la animaba a hacer aun más poderosa de lo que ya era.
Deslice mis labios por cada curva y concavidad de su cuerpo como si mi boca fuera el suave cepillo de su piel, me tome el tiempo necesario para hacerlo porque sabía que teníamos todo el tiempo del mundo.
Cuando pareció tan deseosa como yo de finalizar los juegos previos me vi en su cuerpo y ella me recibió con la misma pasión de antaño, como si nada hubiera pasado, como si hubiera esperado esto tanto como yo.
Cuando alcance la cima del placer habría jurado que se hacía realidad esa expresión de tocar el cielo con las manos, apretaba a Bella con mis brazos como si en medio de toda esa tempestad de placer ella pudiera desaparecer, sabía que no lo haría pero no estaba de mas asegurarse, además con mis manos sobre ella tenía la plena conciencia de que era real, de que estaba ahí… conmigo.
El placer dio paso a la languidez, y después al sosiego, una vez repasado este hermoso encuentro solamente me quedaba una petición que hacerle a ella. .
- - Ahora si… - dije besándole la frente - tienes algo que contarme – susurre contra su piel.
Ella se echo a reír y confesé que yo también lo encontraba gracioso, seguramente parecía una vieja chismosa en búsqueda de la mejor historia pero a mi favor debía aclarar que si, tenía mucha curiosidad, y sabia que no era reprochable, ella tenía una historia que contarme, una historia que sabía que me incluía y a mi familia también.
Me moví encima de su cuerpo y la atraje hacia mí para servirle de cojín, ella acomodo su suave cuerpo sobre el mío y dejo que le acomodara el cabello para que me hiciera cosquillas en la nariz.
- - Después de que… tu sabes, después de que hicimos el amor en nuestra noche de bodas, pareció que me desconecte del mundo presente, el mundo en el que estaba dejo de existir a mis ojos y pase a vivir en la época casi victoriana, un pasado en el que estaba la primera generación de los Cullen… y a las demás como yo…
Comenzó a relatar una historia demasiado fascinante y la escuchaba anonadado, cuando contaba, con excesiva claridad su estancia allí, me hizo imaginarme esa época, como seria ella en esa época, de hecho como seriamos todos en esa época.
Durante su historia no pude evitar notar la melancolía que reinaba en ciertas partes de lo que contaba, la aferraba con más fuerza dándome cuenta de que esa melancolía venia en los momentos de la historia en donde tenía contacto conmigo, cuando casi llegaba al final, al ver lo que había pasado conmigo supe que aun la entristecía eso, y eso me hacía sentirme mil veces peor, como una basura.
- - Lo siento – dije a falta de otra palabra mejor, muchas disculpas, una serie de ellas, de hecho, se me hacían una y otra vez en la mente pero mi boca solo podía conjurar esa disculpa – siento haber sido como fui, haber sido el causante de tantas muertes anteriores… me siento muy mal.
Ella me beso el pecho suavemente mientras negaba casi imperceptiblemente con la cabeza.
- -Ya ha terminado, tenemos que ser felices con lo que se nos ha otorgado. – su tono volvía a ser tranquilo, de perdón, muy relajante, pero aun así necesitaba que creyera y que confiara en mi de ese momento en adelante, nunca volvería a fallarle.
- -Te juro por Dios que nunca volver a dudar de ti, de esto – moví mi mano para dar más veracidad a mi gesto aunque dudaba mucho que algo pudiera ser más veraz de lo que estaba prometiendo en ese momento – de nuestro amor… he aprendido una lección muy valiosa, una que voy a poner en práctica muy seguido…
Me dedique durante esa temprana mañana a adorar su cuerpo de la manera en que se nos había sido negado, descubriendo en cada caricia una Bella nueva, una mujer hermosa, valiente aunque tímida, llena de vida, aunque reservada, y cada versión de ella que iba grabando en mi propia piel me encantaba incluso más que la anterior.
Luego, cuando pudimos ser capaces de separarnos uno del otro decidimos que era hora de contar al resto de la familia la maravillosa aventura, con la también maravillosa y hermosa conclusión.
El destino ahora sonreía a nuestra generación, y viviríamos como siempre lo quisimos, como una familia, fuerte, unida por el destino mismo, por la magia, por Dios, por tantos otros factores. Viviríamos sin las sombra de la preocupación, sin nada más que nosotros mismos, y era mucho más que suficiente.
Bueno, oficialmente este será el capítulo final, prometo epilogo pero no será muy extenso, muchas gracias a todas y cada una de las personas que apoyaron la re publicación de este cuento, a mi tía, que en el cielo me mandaba toda su inspiración, a sus mensajes llenos de apoyo para seguir y su propio apoyo para con la historia, les mando un abrazo muy grande a todas, un besototototote y nos leemos en una próxima historia.
