Los labios de Stan besuquearon las mejillas de Wendy y bajaron hacia su cuello. Wendy rió, empujándolo juguetonamente, aunque no con mucha fuerza.

— Stanley, aquí no...

— No pasa nada, chicos—Kenny sonrió, encogiéndose de hombros.

Se estaba muy tranquilo allí, en la plaza. Stan y Wendy no era la única pareja que se besaba. Vieron a Big Gay Al y al Señor Esclavo con sus hijos adoptivos, celebrando un pequeño picnic bajo un árbol; a Red y a Kevin Stoley con los ojos en sus respectivos teléfonos pero abrazóndose el uno al otro; a Francis, del colegio, con su nueva novia...Era realmente conmovedor ver que la hora del miedo había pasado y ahora la gente ya no tenía miedo de salir. La atmósfera recordó a Kyle que tenía que encontrar la vieja libreta donde apuntaba teléfonos y hacer algunas llamadas más tarde.

Apoyados en la valla hasta que decidieron ir a la parada del autobús, los tres bebían refrescos, disfrutando de no hacer nada. Habían hablado de cuán cabrones habían sido Craig y Tweek, pero ahora simplemente disfrutaban de la paz y la calma, contemplando el ambiente y a todos a su alrededor, y Stan podía darle a Wendy los besos que sentía que le debía.

Sí, todos pensaban que Craig y Tweek se habían comportado como un par de cabrones. Eran amigos, ¿no es cierto? Después de todo lo que había pasado, amigos muy íntimos. Entonces, ¿por qué no los habían invitado a la boda? ¿Por qué no les habían dicho que se casaban en primer lugar? Aquello de que querían hacerlo lo antes posible, sin importarles el dinero o los detalles, después de lo ocurrido, no era excusa. Por muy privada que hubiera sido la boda, podrían habérselo contado, al menos. Tuvieron que enterarse cuando Wendy vio las fotos de su familia en las redes sociales y, un día después, fotos de ellos en Washington D.C. Por cierto, para alivio del señor Tucker, tanto Craig como Tweek mantuvieron sus apellidos.

De todas formas no los necesitaban. Se las apañaban bien sin ellos. Eran once y ahora que no había nadie dando por saco, no había mucho que hacer. Bebe podía respirar tranquila...aunque Nicole le había dicho a Wendy que la había pillado en medio de las vías del tren y conduciendo temerariamente para que ese tipo, el Mosquito, viniera a salvarla.

En cuanto a Butters, no volvieron a oír de él y no ocurrió nada que se le pudiera atribuir. Kenny lo tenía muy presente, la mayor parte del tiempo con tristeza. Esperaba que apareciera en cualquier momento. Esperaba que lo hiciera. El Profesor Caos...Butters, tenía que estar en alguna parte, lamiéndose las heridas, esperando para atacar de nuevo. Tenía que hacerlo. Día tras día, Kenny se culpaba por no haber conseguido hacerle parar y volver con ellos, conseguir ayuda...

En fin, tenía que pensar en el futuro. Ya no defendía South Park solo.

Se hacían llamar los Freedom Pals.

Eran novatos, pero aprendían rápido. La última vez, cuando un hombre trató de suicidarse, llevándose consigo a su mujer e hijos, Scott consiguió resolver la situación sin dejar heridos. El Oficial Barbrady era muy amable con ellos. Todo el mundo prefería al Sargento Yeats (a pesar de que la brutalidad policial contra gente de color había disminuido considerablemente desde que su partida), pero el Oficial Barbrady parecía haber aprendido mucho desde su largo permiso para aprender a leer. Conocía sus identidades secretas y se las apañó para guardar el secreto. Donde quiera que hubiera una emergencia, tan pronto como sabía de ello, le pasaba la noticia a Wendy y ella, con la ayuda de Timmy, corría la voz; el más adecuado o el más cercano a la escena se ocuparía de ello. A cualquier otro agente de policía le habría molestado que le quitaran el trabajo, pero nunca había habido muchos agentes en South Park, y los trágicos sucesos los habían diezmado, y no muchos estaban dispuestos a tomar el relevo. Además, pese a la reticencia inicial de Kyle, la labor de Ike como "community manager" del grupo contribuyó a su aceptación en la comunidad. Sus vídeos y fotos levantaron tanta curiosidad que los habitantes de South Park no podían esperar a que ocurriera otro asalto a un banco o un atraco para ver a esos vigilantes enmascarados. Los éxitos que vieron compensaron las veces en que la fastidiaban. El joven Broflovski incluso había recibido jugosas ofertas de televisiones nacionales y de periódicos para hablar sobre ellos, pero siempre rehusó. Se dedicaba por entero a ellos con una condición: tenían que dirigirse a él como "Barbaarce Contrabandista el Rey de los Piratas", el nombre con el que firmaba sus noticias.

Todos tenían nombres ficticios. Nombres rescatados de lo más profundo de su memoria. La Cometa Humana, Cobertizo, Call Girl, Mosquito, Tweek Maravilla, Capitán Diabetes, Tupperware, Fastpass, Doctor Timothy y Super Craig. Los niños que una vez fueron, quienes se inventaron el juego, se habrían sorprendido si hubieran sabido que todas sus fantasías se iban a convertir en realidad, trajes incluidos. Tenían que concedérselo a Cartman: tenía buen gusto diseñando disfraces. Eran cómodos de llevar, se adaptaban bien a sus poderes, ayudaban a proteger sus identidades y, sobre todo, no se encontraban para nada ridículos con ellos. Ni siquiera Kyle, cuyo traje había pasado por un cambio de lo más decente, o Token, que solía llevar tápers de verdad como armadura. La única que hizo unas cuantas modificaciones fue Wendy, añadiendo mucha más tela.

— ¡Mueve ese culo gordo!—gritó Kyle, y rió.

Tenían que preocuparse por sus relaciones, carreras profesionales, familia y ahora también asuntos de superhéroes, sí, pero siempre había hueco para un pequeño entretenimiento.

Y, chico, era divertidísimo.

Cartman, vestido con una falta muy corta, pegada y de colores chillones y con un top negro, con la cara pintada con el maquillaje más zorrón que habían podido encontrar, había conseguido parar un camión.

— ¡Hola, vaquero! ¡Yo muy caliente! ¡So chupa-chupa a ti! ¡Gratis!

No sabían de los gustos del conductor, o por cuánto tiempo había estado solo en la carretera, pero abrió la puerta para que Cartman se metiera dentro. No pudieron evitar reír al ver la forma en que se movía su enorme pandero cuando subió las escaleras hacia la cabina del conductor y cómo se puso enseguida manos a la obra con ese tipo tan viejo y feo.

[— Hay una pelea en el bar; Fastpass y Tupperware ya están en ello.]

— Recibido, Doc, gracias—respondió Wendy en voz alta, aún riéndose de Cartman, mientras el camión se encaminó hacia un lugar más discreto.


FIN