Vacaciones de invierno 2: Acciones para emergencias.

Recomendación musical: Insanity love de Hiroyuki Sawano. (Soundtrack de Owari no Seraph)

Al final no pude conciliar el sueño.

Mi interesante y altamente romántica platica con Levi no duró más de unos diez minutos, ambos concordamos que era mejor ir a dormir, pero por mucho que lo intente, rodé y maldije, mi subconsciente no tenia deseos de hacerme perder dentro de mi mente, algo desea salir a flote, el problema es que no sé qué es ese algo. Podría ser cualquier cosa, incluso algo sin mucha importancia, como el hecho de no haberme lavado los dientes o decirle a mamá que se veía bien en ese vestido cuando era todo lo contrario. A veces no me entiendo ni yo mismo. Mi cerebro es toda una maraña de problemas.

—He vuelto. —anuncia mi madre después de cerrar la puerta.

—Bienvenida, tía Karla. —contesta Isabel quien se ha levantado muy temprano del día de hoy, claro, tiene que volver a su casa.

—¿Y Eren? ¿Aún no se levanta? —pregunta mamá.

¿Eren? Eren trata de no estamparse contra las paredes para intentar ir al baño. No perdí el sueño del todo, empecé a cerrar los ojos cuando el reloj dio las seis y media de la mañana, a esa hora ya tenía que levantarme para ayudar a hacer el desayuno para cuando mi madre llegara. No sé qué me molesta más.

—Estoy despierto. —anuncio bajando por las escaleras.

—Buenos días, ¿Nuevamente problemas de sueño? Te he dicho que hagas algo de ejercicio antes de dormir para relajarte. —me reprende nada más llegar a la cocina.

—Lo sé, lo siento.

Me toma de la barbilla y me mira fijamente.

—Y comiste comida chatarra. —me suelta y va hasta donde esta Isabel. —Levi no está ayudándote en nada, creí que al menos con él cuidarías más tu aspecto y tus comidas, pero sigues siendo el mismo vago de siempre, creo que solo colabora con tu poco cuidado personal.

Entrecierro los ojos.

— ¿Hablas en serio? ¿Solo me dejaste salir con él para cambiarme? Eso no lo hace una madre. Se vuelve mirándome con las cejas arqueadas y por inercia me hecho hacia atrás.

—Yo lo hago. Sabes que te amo ¿Verdad? Velo como una prueba de cariño. —Isabel trata de simular una risita mientras pica zanahorias.

—Entonces… gracias. —digo con sarcasmo. —Y tú cállate, Isabel.

—¿Qué? Yo no he dicho nada. —replica riéndose.

—Que lindas las dos. —refunfuño dejándome caer en una de las sillas, luego bostezo.

—Anda, ve a dormir. —indica mamá. —creo que tienes más sueño que yo.

Sonrió pero no digo nada, con una seña indico que iré a dormir, antes de llegar tropiezo en el último escalón y caigo de bruces. Isabel y mi madre estallan en carcajadas.

—Solo trata de llegar a tu habitación para que duermas, vas a estorbar en el pasillo. —grita mi madre entre risas.

—Ja, Ja, si muy chistoso. —me quejo enredándome en mis propios pies al intentar levantarme.

Lo bueno de todo esto es que solo de tocar el colchón caigo rendido y de forma pacimorna hacia el buen mundo de los sueños. Aunque no hay pesadillas, lo que es bueno, ni sueños, lo que hace mi descanso muy relajante. Hay momentos en lo que soy consciente de mis movimientos, si me ruedo o giro, pero no hay conciencia suficiente como para que despierte.

—Eren. —grita mi madre no muy lejos de donde estoy. —Despierta, Eren.

—¿Mmm? ¿Qué sucede? —digo somnoliento.

—Están llamándote ¿No escuchas el celular?

Salgo un poco de mi somnolencia, ruedo y antes de tomar el celular aterrizo en el piso.

—Auch. —desbloqueo la pantalla y justo alcanzo a contestar cuando entra otra llamada. —¿Diga?

Por fin contestas. —dice Levi con enfado fingido del otro lado de la línea.

—¿Qué demonios quieres? Trato de dormir.

¿Dormir? Son más de las tres de la tarde. —agrega sorprendido.

Me alejo del aparato para ver la hora. 2:40 pm.

—Mentiroso, aún son las dos. —replico mientras bostezo.

No dormiste anoche. ¿Eh? Que descuidado.

—Dejando eso de lado, ¿Para qué llamaste? —trato de levantarme pero me enredo en las cobijas y el piso vuelve a recibirme con calidez. —Ay.

¿Qué haces?—pregunta, al parecer ha escuchado mi golpe.

—Me caí de la cama. —mi voz tiene un toque lastimero.

Ja, Idiota.

—En lugar de que preguntar si estoy bien.

Yo no fui el que te tiro, eso demuestra lo torpe que eres.

Al final después del enredo de cobijas que tengo en las piernas logro sentarme correctamente en la cama.

—Entonces… ¿Qué necesitas?

Oh, cierto… Dennis y Doris me han pedido que te invite a comer.

—¿Ehh? ¿Hoy?

Claro, genio, hoy.

—Mmm, no lo sé, mamá acaba de llegar del hospital…

—Dile que sí. —grita mi madre desde su habitación. Sonrió.

Tomare eso como un sí.

—La escuchaste. – río un poco divertido.

¿Cómo no hacerlo si lo ha gritado?

—¿Puedo preguntar a qué debo tu grata invitación?

Fue idea de Doris. Mañana nos vamos a casa de Arthur, así que eso como una cena de año nuevo adelantada… ehhh… fue idea de Doris, ya esta vieja, no sabe muy bien lo que hace.

Te escuche mocoso malcriado, ¿Sabes quién te cambio los pañales?—me separo del teléfono un poco mientras ellos se gritonean improperios.

—Bueno, te veo hasta más tarde. —susurro.

Hasta entonces… Eren.

La llamada se corta pero me quedo con el celular pegado a mi oído por unos segundos. Me pregunto si se divierte lo suficiente alterando cada pequeño nervio existente en mi organismo, de un momento a otro mi propio cuerpo me consume de calor.

Exhalo y dejo que el rubor tiña mi piel de rojo.

—Lo bueno es que hoy no cocino. —dice mi madre muy cerca de mi oído y en voz bajita.

—Mamá. —grito exaltado.

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La nieve se ha adelantado este año, el cielo proyecta una brillante luz blanca casi cegadora y muy solitarios y silenciosos caen los copos de nieve posándose en cualquier lugar, el cabello, nariz, ropa, cualquier lugar es bueno para que su presencia y acumulación se cubra de blanco, es un espectáculo muy lindo pero a la vez molesto, te obstruye el camino, hace que te tropieces por la dificultad que te provoca al caminar. No es tan linda y magnifica como se muestra en televisión.

—Por cierto ¿Y papá? —pregunto mientras me acomodo la bufanda.

—Dijo que vendría más tarde.

—Tuvo cirugía, ¿No?

—Eso no le quita el trabajo. —siento un par de golpes en las mejillas. —Ser médico es trabajo de tiempo completo, amor.

—Lo sé. —digo sobándome las mejillas.

—Estas pálido. – me mira con seriedad.

—Hace frío.

Y claro que hace, tan solo abrir la puerta el aire del exterior me recibe haciendo que las mejillas me ardan y la nariz me moquee, por inercia me encojo de hombros y me subo la bufanda hasta la nariz.

—El clima es peor con cada año. —comenta mi madre.

Asiento en forma de respuesta.

Caminamos por las calles blancas, arrastrando los pies gracias a los enormes y trabajosos montículos de nieve acumulada, es impresionante ver como en un par de horas los copos solitarios se vuelven montañas enormes. Veo el vaho de mí respiración atravesar los hilos de mi bufanda, avanza en el aire y se pierde con la tenue niebla que se empieza a formar en el ambiente. Si las cosas siguen así pronto no podremos caminar ni ver por donde pisamos. La nieve se acumula más y la niebla se pondrá aún más densa.

Parpadeo un par de veces, los ojos también empiezan a arderme, tal vez era mejor quedarse en casa y tomar chocolate caliente con tartaletas de mermelada de fresa, inhalo y exhalo el frío aire, me sofoca la bufanda pero si me la quito, las corrientes de aire me obligaran a ponérmela de nuevo. Es chocante.

La casa de Levi no esta tan lejos de la mía, el clima solo nos atrasa un poco, pero llegamos en poco tiempo. ¿Diez minutos? Quizás. A pesar de tener puestos los guantes tengo los dedos entumidos, creo que no son suficientes para calentar mis manos, por lo que mi madre es quien toca el timbre.

—Espero que tengan chocolate caliente. —dice mi madre subiendo su propia bufanda para que le cubra casi todo el rostro.

La señora Dennis tarda poco tiempo en atender la puerta, está igual o más abrigada que nosotros.

—Oh, Karla, Eren, me alegra que hayan podido venir, lamento si fue inoportuno, con este horrible clima. —se abraza a si misma indicando cuanto frío es el que tiene.

—Para nada, no teníamos planes, yo acabo de llegar del hospital hoy… creo que fue buena idea venir y despejarme un poco. Ayer no hacia tanto frío. —contesta mi madre.

El portón se abre de golpe, dejándonos entrar.

—Con permiso. —susurro.

Rápidamente, la señora Dennis nos guía al interior de su hogar.

—EEEEERENNN. —el energético abrazo de Farlan me derriba y caigo al piso con un golpe sordo. Si ya extrañaba esto. —Tanto tiempo sin verte.

Restriega una de sus mejillas contra las mías.

—Sin asfixiarme, querrás decir.

—Hey, enano, este es mi territorio.

Alzo la vista, Levi está pateando levemente el costado de su hermano menor. Lleva puesta una bufanda que le cubre todo el cuello y parte de la cara, un abrigo cortó color negro y unos cómodos pantalones de tela suave, casi parecidos a los de un pijama.

—Tú lo tienes todo el tiempo. —refunfuña Farlan sin soltarme. —Déjamelo un ratito.

—No, quítate.

Sin saber muy bien cómo, Levi hace a un lado el cuerpo de su hermano, dejándome libre, me incorporo y agradezco la ayuda tratando de desarrugar mi chamarra.

—Si, lo que digas. —Levi me toma de la bufanda y acorta nuestros diez centímetros de diferencia en altura, me besa en forma de bienvenida, es un beso bastante húmedo. Esto de ser más alto que él se está volviendo un serio problema, que por desgracia no se puede arreglar, a menos, claro, que mande a Levi a una de esas máquinas medievales de tortura para estirarlo. Sé que me mataría si sabe lo que pienso.

— ¿La tomaste?—pregunta Levi separándose de mi pero sin soltarme.

—¿La que?—lo miro confundido pero él no está mirándome a mí, sino a un lado de nosotros.

—Por supuesto que sí, ¿Quién crees que soy?—la voz es de la abuela Doris y viene de una habitación que se encuentra en la misma dirección en la que Levi observa, un segundo después sale con una cámara profesional colgada al cuello. Miro a ambos un poco confundido.

—Bien, ahora págame, vieja decrepita. —Levi suelta mi bufanda y estira la mano hacia la mujer, quien lo mira con el ceño fruncido, bufa pero de un monedero lleno de billetes saca cinco y los deposita en la mano de su nieto. Billetes de una denominación bastante alta.

—Bienvenido, Eren.—dice la abuela dándome una palmada en la espalda, luego se aleja caminando.

—¿Qué fue eso?—me vuelvo hacia Levi con cara interrogativa.

—Me dijo que me pagaría dos mil Sinas si la dejaba tomarnos una foto besándonos. —dice mientras checa el dinero.

—Entonces… ¿Acabas de prostituirme?—digo en tono serio y quedo. —Con tu abuela. —agrego como si no pudiera creerlo.

—Si, ¿Tal vez?, necesito el dinero, Dennis decomiso todas mis tarjetas de crédito, incluyendo la de las becas y la última que Kenny me dio por mi cumpleaños.

—Si te dicen que te desnudes para Internet por unos cuantos miles de Sinas… ¿Lo harías?—sueno como mi madre reprendiéndome.

—¿De cuántos miles estamos hablamos? —alza la vista, no puedo creer lo serio que parece diciendo eso. —Mira, Dennis me ha vuelto a castigar…

—No por santo, eso es seguro. —le interrumpo y él me mira con cara de pocos amigos.

—No tengo dinero y si quiero regalarte algo para navidad necesito usar medidas drásticas para conseguirlo.

—No necesito un regalo, deja de usar eso como pretexto. —sueno un poco ofendido.

—No es un pretexto, y tampoco una pregunta si quiero consentirte con el dinero que conseguí prostituyendote con mi abuela, lo voy a hacer.

Entrecierro los ojos y proceso lo que acaba de decir, sin creerlo del todo.

—Eso… me da muchos escalofríos. Tratare de mantenerme a kilómetros de ti cuando estés en bancarrota.

—Tranquilo. —me da un golpecito en el brazo. —Solo yo voy a tomar tu virginidad. Aunque…—se detiene y pone un dedo en la barbilla como si pensara mucho en algo. —Hoy en día pagan muy bien por los vírgenes en el mercado negro.

Abro la boca en son ofendido.

—Oye…

—Ya, solo bromeo, primero te quitaría la virginidad y luego te prostituiría. Sería un gran negocio. Piénsalo. —me dedica una sonrisa y se encamina al comedor.

—Dime que es una mala broma. —digo un poco asustado. —Porque no me da nada de risa.

—Sabes que sí. —me toma del brazo y me jala a su lado.

—Amaneciste de muy buen humor como para hacer bromas de ese tipo.

—Sí, un poco.

—No sabía lo materialista que eras.

Se encoge de hombros.

—Si deseas un bonito futuro feliz necesitas más que amor y eso es el dinero.

—Sabes que existe el trabajo. ¿No?

—¿En serio crees que voy a entrar a trabajar? No estas vacaciones. —contesta negando con la cabeza.

Al llegar al comedor veo a donde se ha escapado mi madre, claro, deja que prostituyan a su hijo mientras disfruta de una infusión para quitarse el frío, que buena madre. Suspiro como si ya no tuviera escapatoria. Antes de tomar asiento mi mirada se topa con la de Mikasa quien por cierto me ignora olímpicamente, hace que me sienta incómodo.

Gracias por leer.

Parlev.