Me desperté del mismo modo en el que me había quedado dormida. Niall me rodeaba con su brazo la cintura e inmediatamente me aparté casi cayéndome de la cama. No quería despertarlo, era tan tierno cuando dormía. Sí lo era, pero me había hecho daño mucho, y aunque la culpa no fuese realmente suya, estaba así por él. A pesar de lo que había dicho la noche anterior, y después de haberlo pensado, no podía perdonarle, de esa forma solo conseguiría hacerme más daño a mí misma, no sería la idea más acertada, pero le seguía queriendo, algo en el fondo me animaba a perdonarle, pero había demasiados pros y contras. No podía, pero con más certeza era que, no debía.
Me levanté de la cama con cuidado, notaba todos los músculos de mi cuerpo entumecidos, no podía ni estirarme para coger la bata que mi madre había puesto en la mesilla, para cuando me quisiera levantar ya que aunque estuviese puesta la calefacción, corría viento.
Tenía hambre, podía oír como mi estómago rugía. Coloqué el cinturón de la bata en una lazada y me puse las zapatillas para ir a la cocina. Un tazón con cereales y múltiples pastillas fueron suficientes para llenar mi pequeño estómago.
Era pronto y en Londres estaba empezando a amanecer. Me asomé a la ventana, no tenía nada mejor que hacer. Realmente me aburría pero no tenía nada mejor que hacer y dejar mi mente a la deriva no podía llegar a ser una buena idea. Apoyé la cabeza contra el cristal del gran ventanal del salón y pude ver como los coches iban aumentando en número en la carretera según transcurrían los minutos, la gente empezaba a ir con prisa cruzando la calle, abría las tiendas y comenzaba un nuevo día mientras yo estaba ahí, cual estatua, parada y sin hacer nada. Tan ensimismada estaba en el movimiento que se producía en la calle que no noté que posaban una mano en mi cintura. Me giré rápidamente para apartar la mano.
-Buenos días –dijo Niall
-Buenos días –dije secamente.
-Sí –dijo frunciendo el ceño, quizás, sorprendido por mi contestación- pero tú vas a ir a la cama, Paula, debes descansar un poco. Llevas muchos días en el hospital yo me encargaré de cuidarte. Déjame que desayune y voy contigo.
-No, ya voy yo sola –volví a cortar.
Tenía que pensar que era lo que le iba a decir y aún más importante que iba a hacer. ¿Podía perdonarle? ¿Merecía la pena? Me estaba empezando a doler la cabeza, necesitaba descansar y ya aclararía mis ideas más tarde.
-Sí, no es bueno que estés sola…
-Bueno, a mí eso me da igual, quiero estar sola, no quiero que me acompañes.
Y antes de que pudiese hablar me fui a mi habitación. Quizá no había actuado muy bien pero no quería tener nada que ver con él en estos momentos, todo era muy confuso y temía volver a elegir la opción incorrecta.
Oía zumbidos, mi sien palpitaba y no sabía muy bien dónde me encontraba. Mi respiración aumentaba según iba andando. ¿Dónde iba? Ni yo misma lo sabía, necesitaba saber qué o quién producía esos zumbidos. ¿De verdad quería saber que los producía? Algo al final del pasillo brillaba, según me acercaba los zumbidos eran reconocidos como voces, sonaban bajo, y cuando alcancé a ver mejor comprobé que era una televisión, ¿quién la estaría viendo?
Pude distinguir una botella de "eristoff" en el suelo de madera oscura. Y cuando llegué a la pequeña sala vi a aquel hombre otra vez, que probablemente se había quedado dormido de la borrachera que llevaba. Sólo quería salir de ahí, no quería pasar más tiempo en esa pequeña habitación. No pretendía hacer ruido o quizás caerme, pero al dar un paso hacia atrás me choque contra el pico de una mesita de comedor, y caí al suelo haciendo que un gran ruido inundase la sala mientras me caía. Noté cómo se movía e intenté levantarme pero me dolía demasiado la espalda, solo podía esperar que no lo hubiese oído o siquiera despertado, pero ¿a quién pretendía engañar? Había sonado demasiado.
Cerré los ojos quizá así podría desaparecer, aunque fuese un momento o calmar el dolor que vendría.
Los segundos esperando una reacción por parte del otro individuo de la sala se me hacían eternos y si me iba a pasar algo prefería que fue ya.
Noté cómo la tela de cuero del sillón se tensaba haciendo ruido mientras la persona se iba incorporando poco a poco. Seguiría borracho, seguro. Se levantó tambaleando y deduje se acercaba a mí. Lo comprobé cuando su boca se abrió a pocos centímetros de mi cara desde donde pude oler con facilidad el hedor a alcohol que esta desprendía. Inmediatamente la bilis subió por mi garganta queriendo salir y con dificultad intenté no vomitar.
-¿Qué haces aquí maldita perra? –Dijo medio sonriendo.
Al ver que no contestaba me agarró del pelo, tirando de él. Sus manos mojadas todavía de alcohol ensuciaban y hacían que mi pelo fuese ahora pegajoso. Todo esto era repugnante.
Me levantó de mala manera mientras yo con mi mano intentaba que no tirase. No podía deshacerme de su agarre era mucho más fuerte que yo. Pero cuando estaba de pie, conseguí doblar mi rodilla dándole justamente en la boca del estómago y comencé a correr, el pasillo volvía a ser inmenso y unas manos me agarraron de la cintura.
-¿Te pensabas que podías escaparte de mí tan fácilmente?
Me giró para que pudiese enfrentarle. Me temblaban las rodillas. No podía ser otra vez, no podía volver a estar ocurriendo.
Estaba tan ensimismada que no vi venir la bofetada que me propinó segundos después. Noté cómo su puño golpeaba mi pómulo y mi labio haciendo al último de estos sangrar. Limpié la sangre con pasando mi lengua por el labio pero salía demasiada.
Tenía mis dos muñecas fuertemente agarradas con su mano izquierda dejando así la derecha para propinar los golpes. Me volvió a pegar repetidas veces sobre todo en la cara. Toda mi camisa manchada de sangre procedente de mis pómulos y labios.
Comenzó a besarme el cuello cuando rápidamente me aparté. Me miró incrédulo, como si fuese alguna especie de bicho raro, fue a intentarlo pero lo escupí.
Quizá esa fue la peor idea, pero ¿qué podía hacer cuando tenía mis manos inmovilizadas? Ni siquiera lo vi venir pero un puñetazo en el nariz hizo que perdiese por completo el conocimiento cayendo al suelo en el mismo momento que el deshacía su agarre.
Me levanté sudando, no entendía nada, ¿qué narices había pasado? No podía ser, no quería. Había sido una pesadilla. Una puta pesadilla.
Bueno, antes de todo, ¡FEEELIZ AÑO 2014!
Siento tardar tanto escribir pero no me da para más jajajaja. Muchas gracias a las Ireglandtioners por leerme, a Sadrus y Her por estar ahí aguantándome siempre. Y a Laurita una gran descubrimiento como amiga (:
Espero que os guste ¡!
P x
