Seducción a medianoche
EPILOGO
Harry se encontraba en la sala de Ronald tomando una copa de champán con la mano en la espalda de su esposa. Su esposa. Que estaba a su lado, riéndose de algo que le había dicho Ginny. Su esposa, que estaba absolutamente radiante y todavía sujetaba las margaritas marchitas que él le había comprado. Su esposa, que había rechazado el espléndido ramo de novia que Luna tenía preparado para ella y que había insistido en casarse con las flores mustias que Harry le había dado. Su esposa, que lo miraba con todo el amor que él había esperado ver brillar en sus ojos.
El mayordomo de Ronald se acercó a Harry.
—Señor —le dijo—, hay un caballero que quiere verle. Está esperando en el vestíbulo. Me ha dicho que se llama James.
Harry se quedó paralizado, luego asintió con la cabeza. Después de disculparse con Hermione, siguió al mayordomo fuera de la estancia. Estaban en medio del pasillo cuando se abrió una puerta justo delante de ellos y salió lady Pansy.
—¡Oh! —exclamó ella, claramente sorprendida de verle—. No sabía que estaba… no esperaba… —Su rostro adquirió un profundo tono escarlata—. Vuelvo a la fiesta. —Y se fue a toda prisa.
Harry, lleno de curiosidad, metió la cabeza por la puerta entreabierta por la que ella había salido. Era la biblioteca. Y en medio de la estancia estaba Draco Malfoy, pasándose un dedo por el labio inferior como si estuviera sumido en una especie de trance. Qué interesante.
Harry se aclaró la garganta.
—¿Pasa algo?
Draco se giró hacia él y frunció el ceño.
—Hace diez minutos te habría dicho que no. Ahora… no estoy seguro. —Se acercó a la puerta y palmeó la espalda de Harry. Harry notó que Draco estaba despeinado. Muy interesante—. Nada de lo que no pueda encargarme —dijo Draco con una sonrisita—. Pero, definitivamente, necesito una copa de brandy. Te veré en la sala.
Harry continuó hacia el vestíbulo, donde encontró a un James Potter muy elegante.
—¿Podría dejarnos unos minutos a solas, por favor? —le preguntó al mayordomo. Después de que el criado se retirara, Harry le dijo a su padre.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Me enteré de la boda. —Le brindó una amplia sonrisa—. Pensé en entrar por la ventana y sorprenderos, pero al final decidí que sería mejor así. Más apropiado. Quería darte esto. —Le tendió la mano. En la palma sostenía una sencilla alianza de oro—. Sé que no es muy ostentosa, pero pertenecía a tu madre. Pensé que te gustaría dársela a tu novia.
Demonios, se le había puesto un nudo en la garganta. Con todos los criados que había en esa casa, bien podían dedicarse a quitar el polvo. Cogió el anillo y se lo metió en el bolsillo.
—Gracias.
—De nada. Felicidades, hijo mío. Deseo que seas feliz. —Le tendió la mano tímidamente. Harry vaciló, dividido entre lo que sabía que hacía su padre y el hecho de que, sin duda alguna, todavía seguía siendo su padre. Extendió el brazo y le estrechó la mano—. Oí por ahí que has atrapado a ese condenado ladrón y asesino fantasma. Bien hecho. Era malo para el negocio. —Le dirigió a Harry una mirada llena de especulación—. Me sorprende que no pensaras que yo podía ser ese fantasma.
En realidad, ese pensamiento había cruzado por la mente de Harry, pero lo había descartado con rapidez.
—Eres muchas cosas, pero no un asesino. James inclinó la cabeza.
—Me alegro de que lo tengas claro. Después de todo, un hombre tiene sus principios, ¿sabes?
—Sí, lo sé.
El silencio se extendió entre ellos, luego James dijo:
—Bueno, supongo que es hora de que me vaya.
—Antes quiero preguntarte algo… Conocí a un par de amigos tuyos —dijo Harry—. Will y Perdy. Me contaron algunas cosas sobre ti que me sorprendieron mucho. —Clavó los ojos en James—. ¿Decían la verdad?
Para sorpresa de Harry, pareció que James se sonrojaba.
—¿Qué te contaron?
—Que te dedicas a ayudar a la gente. James se encogió de hombros.
—Ah, eso. No es nada, sólo un pasatiempo. Sólo intento ser amable.
Harry se dio cuenta de que había algo más, y la constatación de ese hecho lo sorprendió.
—Es verdad que te dedicas a ayudar a las personas. James volvió a encogerse de hombros.
—Supongo.
Al instante tuvo una sospecha.
—¿De dónde sacas el dinero y los medios para ayudarles? Un brillo pícaro iluminó los ojos de James.
—Es mejor que no conozcas la respuesta, hijo. Por lo de que estás en el lado equivocado de la ley y todo eso.
Harry negó con la cabeza y se pellizcó el puente de la nariz.
—¿Sabes? Hay otras maneras de conseguir dinero de la gente rica para que ayuden a tu causa.
—¿Ah, sí? ¿Cómo?
—¿Has llegado a considerar alguna vez que podrías pedírselo? —La expresión de James fue de tal desconcierto que Harry no pudo evitar reírse—. No, ya veo que nunca se te ha pasado por la cabeza.
—Estás loco —dijo James—. ¿Por qué iban a dármelo?
—Porque, aunque te parezca mentira, algunos de ellos son muy generosos. Y buenos. Y si alguna vez decides que te gustaría hacer las cosas de manera legal y necesitas ayuda, dímelo.
James asintió lentamente al principio, luego con más vigor.
—Lo haré. Puedes apostar por ello. Y ahora, dejaré que regreses a tu boda.
Harry lo observó dirigirse a la puerta con las emociones a flor de piel. Justo cuando James agarraba la manilla de la puerta, le preguntó:
—¿No te gustaría… entrar? ¿Conocer a mi mujer?
James se quedó paralizado. Y luego pareció como si el polvo de la casa también le afectara a él, pues se le empañaron los ojos.
—Me emociona que me lo preguntes, hijo. Me encantará conocerla. Pero no hoy. Es tu día y el de ella. Será mejor que hagamos las presentaciones otro día. Estaremos en contacto. Mientras tanto, no hagas nada que yo no haría. —Tras dirigirle una última sonrisa traviesa, se marchó y en silencio cerró la puerta a sus espaldas.
—Aquí estás —dijo una voz suave detrás de él.
Se dio la vuelta y vio a Hermione caminando hacia él.
—Llevamos casados menos de una hora y ya me has abandonado —le regañó con una sonrisa—. ¿Qué voy a hacer contigo?
Harry la tomó entre sus brazos y le dio el beso que se moría de ganas de darle desde que habían llegado. Cuando por fin levantó la cabeza le respondió:
—No puedo esperar a enseñarte todas las cosas que puedes hacer conmigo.
—Oh, Dios mío —suspiró ella contra sus labios—. Sabía que la vida contigo sería toda una aventura. —Le pasó los dedos por el pelo—. Te he oído hablar con alguien. ¿Quién era?
—Era mi padre. —Sacó la alianza del bolsillo—. Me ha dado esto. Era de mi madre. ¿Te gustaría que fuera tu anillo de bodas?
—Oh, Harry. Es precioso. Sí, me sentiré muy honrada de llevarlo. —Se quitó el anillo que le había prestado Luna para la ceremonia, y Harry le deslizó la alianza en el dedo.
Hermione miró el sencillo anillo de oro como si él le hubiera ofrecido las joyas de la Corona.
Demonios, había vuelto a enamorarse de ella una vez más.
—Te amo —susurró—. Si tuvieran que resumir todo lo que siento en una sola palabra, sería «felicidad». Soy condenadamente feliz.
Ella sonrió mirándole a los ojos, con los suyos llenos de amor y alegría.
—Y si yo tuviera que resumir en una sola palabra lo que eres para mí, lo que has hecho por mí, lo que me has dado, esa palabra sería «todo». Absolutamente… todo.
Fin
N/A: Ahora si es el final de esta historia, espero les haya gustado y agradezco a todos los que la siguieron, la marcaron como favorito y dejaron comentarios, por ustedes es que pude subirla completa gracias.
Atte: Miko Dark of the Moon
