27


Nervios.

Nervios en su estado más puro.

Podía sentir el desagradable vuelco en su estómago atormentándola, y perdió la cuenta de las veces que pasó las manos por los vaqueros en un intento fallido de secarse el sudor de las mismas. Frannie, a su lado, alternaba su mirada entre el edificio frente a ellas y Quinn, completamente inquieta. Como si quisiera calmar el estado de nervios de su hermana menor, y de paso el de ella misma también, sin saber cómo hacerlo en realidad. Unos pasos más atrás, Camille se encontraba recostada sobre una de las paredes y cruzada de brazos. Quinn no sabía si la seriedad en el rostro de la joven se debía a la situación en la que estaban, o si simplemente se trataba de aburrimiento. O quizás también podía deberse al lugar donde estaba: en nada más ni nada menos que en la academia de baile Brittany S. Pierce con el Spotlight cruzando la calle.

Si fuera por ella no habría llevado a la adolescente hasta ese lugar. No porque no la quisiera a su lado, sino porque tenía miedo que todo se descontrolara y Camille tuviera que ver cosas desagradables. Ya había dejado más que claro que era una persona de carácter algo… complicado. No quería que la adolescente descubriera que podía llegar a ser violenta también en caso de que Santana quisiera golpearla y ella le devolviera el golpe. Fue Frannie quien insistió en que la hija de Frank debía estar con ellas.

—No te preocupes, Quinn. Nosotras estaremos contigo y todo estará bien —había dicho la rubia de ojos azules.

Aun así, y a pesar de la seguridad y tranquilidad que desprendían las palabras y la presencia de Frannie a su lado, los nervios se habían hecho un espacio enorme dentro de ella.

La última vez que había visto a Santana y a Brittany juntas había sido cuatro días atrás, casi el fin de semana anterior, cuando se encontraron de casualidad afuera de la discoteca a la había ido con sus hermanas, los amigos de Rachel y la morena misma. Si bien sus amigas habían estado paseando por su cabeza a lo largo de todos esos días, en ningún momento se había detenido a pensar en ellas realmente. Sobre todo cuando recordaba la forma en que Santana la había mirado desde lejos dos días atrás, porque detenerse a pensar en ellas, y más en esa mirada, solo provocaría tristeza.

Era más que obvio lo enojada que la latina estaba con ella pero había decidido no darle importancia a eso, sino más bien concentrarse en Brittany. Si Santana quería o no volver a ser su amiga era algo que debía mantenerse en segundo plano porque si le daba la importancia que realmente merecía y ésta la rechazaba completamente, el temor de Rachel se convertiría en realidad. Y ella no se merecía eso. No después de todo lo que había avanzado en cuanto a dejar a su pasado atrás se refería. Rachel tampoco se merecía que todo el tiempo que invirtió en ella, en hacerla mejor persona, fuera en vano. Por lo tanto, nada de miedo.

Pero una cosa era decirlo, y otra muy diferente era sentirlo realmente.

Junto con los nervios, podía sentir el miedo paralizante de ser rechazada por quien había sido alguien importante en su vida, por alguien que había estado a su lado cuando más lo necesitaba y a quien ella había lastimado pensando que hacía lo correcto. Brittany quedaba a un lado, porque la rubia alta había dejado ver que no estaba por la labor de hacerse la dura o de odiar a Quinn por lo que hizo. Pero allí donde Brittany era comprensiva y amistosa, Santana era todo lo contrario. Por lo tanto, Quinn no veía obteniendo un abrazo de parte de la latina en un futuro ni próximo ni lejano.

Desde que despertó ese mañana, el «Pregúntate qué es lo que quieres y qué es lo que necesitas» no había dejado de aparecer en su cabeza poniéndola más nerviosa aun. Llegó a la conclusión de que era mejor no saber lo que esperaba pero si saber lo que quería: quería a sus amigas del pasado de regreso en su vida. En su nueva vida. A Brittany con su inocencia y alegría, y a Santana con su ironía y desprecio. Porque estaba haciéndose la idea de que solo eso recibiría de parte de la latina.

—No te preocupes. Lo harás bien —aseguró Frannie llamando su atención—. Ya no eres la misma de antes.

—No tanto —aclaró. Respiró profundo y miró a la otra rubia—. No me dejes sola… por favor.

—Eso jamás —afirmó la rubia mayor dejándole a Quinn una caricia en el hombro. Sus ojos azules se clavaron nuevamente en el edificio frente a ellas antes que volviera hablar—: ¿Lista para entrar?

No, no lo estaba. No estaba lista para nada. Todo su interior estaba hecho un revoltijo de emociones. Quería pero al mismo tiempo no. Por un lado estaba Santana, por el otro Rachel y temor de que volviera a la oscuridad. Necesitaba a sus amigas a su lado pero no estaba segura de que pudiera tenerlas de regreso. Se recordaba a si misma lidiar con el rechazo en caso de que hubiera uno pero deseaba fervientemente que eso no sucediera. Todo estaba yendo muy bien en su nueva vida que no sabía cómo afectaría la posible distancia de sus amigas a eso.

—No —respondió en un momento de cobardía retrocediendo unos pasos.

Estaba segura que habría salido corriendo si no fuera porque su mano estaba atrapada en la de Frannie o por el cuerpo que sintió detrás de ella. En qué momento Camille llegó a su espalda, no lo supo con exactitud pero si no fuera también por la joven seguramente ya estaría corriendo calle arriba sin dirección alguna.

— ¿La tienes? —preguntó Frannie mirando a Camille y apretando más fuerte el agarre de manos con Quinn. La hija de Frank asintió a modo de respuesta pegándose más a la menor de las Fabray—. Ya sé que no es tu mejor estado de ánimos, pequeña hermana, y que quieres salir corriendo porque estas completamente aterrada, pero… Pero debes hacerlo, ¿Ok? Estamos aquí por ti.

—A ti y a Rachel no les gusta Santana —observó Quinn en un momento de lucidez. Frannie frunció ligeramente el entrecejo confundida por la observación y negó con la cabeza—. Claro que sí. No les cae bien, y lo entiendo. Lo que no entiendo es porque soportan…

—Porque te queremos y somos lo suficientemente adultas como para dejar de lado nuestra molestia por tu bienestar —interrumpió Frannie con una seriedad nada común en ella. Quinn cerró la boca pero al parecer, su hermana mayor no pensaba hacer lo mismo—. Santana no me cae bien porque estuvo contigo cuando yo no pude y la sentí como una usurpadora durante mucho tiempo, pero me hubiera sentido de igual forma con cualquiera que haya estado a tu lado en ese momento ocupando un lugar que yo creía que era mío.

»No es precisamente Santana la que no me gusta. Y Rachel tendrá sus razones también. Quizás hasta le pasa como a mí. Si lo has hablado con ella, lo sabrás. Lo que trato de decirte es que si fuera Camille en lugar de Santana, la historia sería la misma. No se trata de la persona sino de las circunstancias. Asi que, sería de mucha ayuda que no pensaras por nosotras. Lo que tienes que hacer ahora es enfocarte en ti y nada más.

—Siempre me enfoco en mi —resopló con molestia—. No supe qué era lo que le sucedía a Rachel con Santana hasta hace poco, y llevamos un año juntas. ¡Un año!

— ¿Juntas? —se sorprendió Frannie.

—Amigas —aclaró Quinn casi inconsciente—. Lo otro vino después.

— ¿Lo otro? ¿Y tú porque te golpeas la frente? —preguntó la mayor de las Fabray mirando a Camille que sonreía entre divertida y resignada aun con la mano sobre su frente—. ¿Qué quiere decir con «lo otro»? ¿Sabes algo que yo no sé? Porque entre que sabes quién es la chica de Quinn, y…

—No es mi chica aun —negó la rubia menor poniendo los ojos en blanco. Luego sus mejillas se tornaron rosadas y murmuró—: pero le pedí una cita.

— ¿En serio? —esta vez la sorprendida fue Camille. Quinn asintió con una sonrisa y los ojos cerrados completamente feliz—: Por tu alegría, asumo que te dijo que sí. —Fabray volvió a asentir, esta vez con un poco más de timidez—. ¡Increíble! Espero que tengas planeado algo a lo grande, porque como la cagues… Aunque ya la has cagado antes y ella sigue al lado tuyo. Por lo tanto,… No, no creo que debas cagarla esta vez. Debes hacer las cosas bien.

—Ya lo sé pero es que…

—Disculpen —intervino Frannie con el entrecejo fruncido y una mirada entre fría y furiosa—. Sí, yo, Frannie, puede que no lo parezca pero aún estoy presente.

—Lo sentimos pero es que con lo pálida que eres, te confundimos fácilmente con las paredes de la academia —se burló Camille recibiendo una mirada asesina y un gruñido. La adolescente se rió unos segundos antes de acercarse a la rubia de ojos azules y abrazarla por la cintura—. No seas idiota, Fran. Sabemos que estas presente porque de otra forma Quinn y yo no estaríamos aquí. Quinn ya habría salido corriendo, y yo no sabría lidiar con ella, sus nervios y su inminente huida. Eres vital para nosotras.

—No tanto, si no me cuentan de sus secretos.

Quinn se sintió culpable frente al dolor que dejaba ver las palabras de su hermana, por lo que se propuso decirle ese mismo día la relación que había entre ella y Rachel. Ya ni siquiera recordaba la razón por la cual no se lo había dicho antes. Era obvio que Berry y ella estaban camino a algo sólido. La morena se demostraba todo el tiempo. No estaría respetándola si mantenía oculto lo que sucedía entre ambas. Además, tenía la sospecha de que los amigos de la morena ya lo sabían. Si era así, Kitty y Kurt serían dos personas conocedoras de esa relación, lo justo era que ella también tuviera sus dos personas.

Sintió el repentino impulso de decírselo a Frannie en ese mismo momento pero por uno de los ventanales de la academia vio la figura de una joven alta y rubia que ella asoció con Brittany. Entonces, todo en ella volvió a sufrir un cortocircuito. El momento de distensión que había tenido con sus hermanas se había esfumado por completo dejando en su lugar los nervios iniciales.

Sus ojos conectaron rápidamente con los de Frannie y sintió que todo fue dicho en esa simple mirada. La promesa de hablar luego acerca de la relación con Rachel, las disculpas por no haberlo hablado antes, el pedido desesperado de apoyo, el ruego de que se mantuviera a su lado todo el tiempo, la necesidad de tener su mano sujeta a la suya, el pedido de un abrazo silencioso antes de marcar lo que ella creía un antes y un después en su vida.

—Espera —pidió Camille cuando Quinn, luego de haber intercambiado una última sonrisa con Frannie, se encaminó hacia el interior del edificio. La adolescente le acomodó el cuello de la camisa que llevaba la rubia aunque ya estaba en perfecto orden—. Eres un maldito desastre para vestirte. En los momentos importantes siempre estas desarreglada. Si no te golpean tus… amigas ahí dentro, te golpeo yo cuando salgas por mal vestida. ¿Acaso tu madre no te enseño a vestirte correctamente?

Quinn sonrió al darse cuenta que el acomodarle la ropa era un gesto muy común en Camille cuando estaba por hacer algo importante. La vez que había hecho lo mismo había sido meses atrás, luego del compromiso de su padre y el reencuentro con Rachel en el cual ambas habían acordado pasar tiempo una lejos de la otra. En ese entonces, Camille se había metido con su pelo diciéndole que debía cortárselo y, tal y como acababa de hacer, le había dicho que era un desastre.

—Cam… —llamó Quinn tomando a su hermanastra de las muñecas. Sus ojos avellanas se reflejaron en los azules eléctricos de la adolescente. Puede que la joven no lo dijera en voz alta pero podía notar la preocupación en la hija de Frank—. Estaré bien, ¿Ok?

Era más que obvio que Camille no iba a expresar su preocupación por el estado emocional de Quinn, pero la rubia tampoco necesitaba que hiciera tal cosa. Ella jamás iba a decirle a alguien que estaba preocupada por su estado de ánimo pero siempre buscaría la forma de que tal cosa se notara. O por lo menos que quedara en evidencia que estaba presente para ayudar a esa persona. Camille, todas las veces que había estado a su lado, había hecho lo mismo. Esta vez no parecía ser diferente.

—Estaré bien —repitió, esta vez más para ella misma que para sus hermanas.

Dio unos pasos hacia adelante intentando ignorar los nervios, y por un instante lo logró. Sobre todo cuando Frannie le pegó una nalgada en el trasero y Camille se rió a causa de eso. Se giró para mirar a ambas pero no para reprocharles lo que habían hecho, sino para agradecerles por el apoyo y recordarles también que no debían moverse de ese lugar hasta que ella volviera. La rubia mayor y la hija de Frank la incitaron a seguir agitando las manos por lo que Quinn asintió nuevamente con la cabeza y retomó su camino hasta el interior del edificio.

Era momento de arreglar eso, de recuperar una buena parte de su pasado.

Seguía sin saber muy bien lo que diría pero aun así se obligó a no detenerse. Puede que Santana se pusiera difícil pero estaba completamente segura que Brittany no lo haría. No necesitaba que todo fuera de color de rosa nuevamente, solo quería a sus amigas de regreso. Se había alejado de ellas por una razón que en ese momento creía que era la correcta. Ahora las quería de nuevo en su vida por una razón completamente egoísta: las necesitaba más de lo que le hubiese gustado admitir. Quería ser parte de la vida de la pareja, y quería que ellas fueran parte de la suya.

En el pasado le habían hecho bien, a pesar de todo era una persona alegre y divertida cuando estaba en presencia de sus amigas, ¿Por qué tenía renunciar a eso nuevamente ahora que estaban de regreso? Desde la llegada de Rachel era una persona nueva. Era malhumorada y seguía gruñendo, sí, pero por lo menos comenzaba a creer de nuevo en las personas y no las alejaba tanto como solía hacerlo en el pasado. Y eso, por muy estúpido que eso sonase, era lo que quería mostrarle a Santana y Brittany. No tuvo oportunidad de hacerlo la última vez que se vieron. De hecho, las únicas veces que se vieron solo habían tenido oportunidad de nada más que de reprocharse cosas y de mostrarse distantes unas con otras.

—Hola, buenos días —la saludó una joven desde detrás de un mostrador.

Fue entonces que Quinn salió de su transe dándose cuenta que ya se encontraba en el interior de la academia. Cerró los ojos unos segundos asumiendo la situación y cuando volvió a la realidad, la joven detrás del mostrador estaba mirándola sin borrar la sonrisa sociable. No sabía dónde había quedado su voz porque cuando abrió la boca para decir algo, nada salió de ésta. Una parte de ella buscó rápidamente con la mirada a Rachel, esperando que la presencia de la morena le ayudara pero al no encontrarla por ningún lado, la otra parte le recordó que la camarera no estaba a su lado ese día.

— ¡Quinnie!

Se giró hacia el lugar de donde provenía el grito, aunque sabía muy bien de quien se trataba. Lo siguiente que supo fue que una melena plateada estaba obstruyéndole la vista y que unos brazos finos y largos estaban rodeando su cuello. Su mente no registró para nada la sonrisa que apareció de repente en sus labios, casi al mismo tiempo que correspondía el abrazo, pero eso no le importó para nada. Tal y como sucedía con Rachel, dejarse llevar con Brittany era completamente natural.

No estuvo segura de cuánto tiempo duró el abrazo con la esposa de Santana pero tampoco le importaba. Al parecer, a Brittany tampoco porque la rubia se separaba de ella cada tanto, la miraba de pies a cabeza y luego volvía a abrazarla con más fuerza que la vez anterior. Fue ver la sonrisa de oreja a oreja y los ojos emocionados de Brittany, lo que llevó a Quinn a pensar que quizás el haber estado nerviosa había sido completamente absurdo. Brittany no iba a rechazarla para nada. No después de cómo la abrazaba y la apretaba contra su cuerpo.

Nuevamente una avalancha de recuerdos cayó sobre ella, y una vez más no se resistió para nada a lo que eso le provocaba internamente. Todo lo contrario, se rindió por completo a esa nueva realidad. Era una mujer con sentimientos, una mujer que cometía errores, una mujer que era importante para muchas personas, amar no era debilidad, sentir no iba a lastimarla, dejarse llevar no iba a ser el fin del mundo para nadie.

—Mírate… Estás hermosa —comentó Brittany cuando se separó de ella por enésima vez. Quinn bajó la mirada presa de la timidez—. Estas más alta, más…

—Para, Britt. Hablas como si lleváramos siglos sin vernos, y nos vimos el fin de semana pasado —se rió Quinn, que parecía no poder dejar de sonreír.

—Cierto, lo siento —se disculpó la otra rubia—. Es el instinto maternal. Una vez que llega, jamás se va, ¿Qué haces aquí?

—Te dije que vendría esta semana, ¿Lo olvidaste?

Brittany se quedó unos segundos pensando, lo que provocó una carcajada en Quinn y otra avalancha de recuerdos, antes de asentir con la cabeza como si recordara lo que había dicho Fabray. Quinn ni siquiera puso resistencia cuando la otra rubia la tomó de la mano y la tiró comenzando a caminar por un pasillo, solo se detuvieron un instante cuando Fabray hizo notar las presencia de sus hermanas en el exterior soltando un «No vine sola».

— ¿Y por qué las dejaste en la entrada? ¡Hazlas pasar! Podría hacerles un recorrido por el lugar.

—El lugar se reserva el derecho de admisión —soltó alguien cerca de ellas, y Quinn no necesito buscar a la dueña de la voz porque lo supo automáticamente. Su pecho oprimiéndose fue una clara señal de eso.

—Vengo en son de paz, Santana.

Hasta el momento no se había dado cuenta la diferencia abismal que había en sus reacciones frente a Brittany y la latina. Con la rubia jamás sabía qué decir, era tanta la emoción y la felicidad que la invadía que prácticamente no podía hablar. Con Santana, en cambio, soltaba palabras sin tartamudear. No entendía ni sabía por qué era así. Quizás era su parte aguerrida que salía a flote solo para recordarle a la latina que ella no era alguien que se dejara aplastar o pisotear por su ironía o sarcasmo. Quizás quería recordarle a Santana que era plenamente consciente de lo idiota que podía llegar a ser y que no necesitaba que la otra mujer se lo recordara. Sea cual sea la razón, estaba claro que si fuese un perro dejaría que Brittany le acariciara mientras que a Santana le mostraría los dientes.

Cabe destacar que estaba feliz de ver nuevamente a sus amigas pero no iba a dejar que una de estas la maltratara verbalmente. Aun así, sonrió con ternura cuando vio el corto pero evidentemente amoroso beso que Brittany y Santana intercambiaron.

— ¿Qué haces aquí? —quiso saber la rubia alta mirando a su esposa—. Creí que hoy trabajarías en casa. ¿Le ha pasado algo a Oliver?

«¿Oliver?», pensó Quinn con curiosidad y una extraña punzada en su pecho. ¿Sus amigas habían tenido un hijo y ella se había perdido ese momento? «Oliver. Oli. Oliver Lopez-Pierce.»

Santana siempre había dicho que si tenía un hijo le pondría Oliver, y Brittany siempre se negaba a tal cosa. Se notaba que era tanto lo que se querían que ambas, quizás sin notarlo, estaban visualizándose una en la vida futura de la otra estando apenas en plena adolescencia. Al parecer, tan erradas no habían estado, y definitivamente Santana había ganado la partida en cuanto a nombres.

—No, él está bien —aseguró la latina. Brittany dejó escapar un suspiro aliviado antes de darle un beso a su esposa en la mejilla—. Solo vine a invitarte a almorzar. Hubiese entrado antes pero estaba esperando que… ella —señaló a Quinn con la cabeza recibiendo el entrecejo fruncido de ambas rubias— se fuera. Di varias vueltas con el auto hasta que eso pasara pero al ver que Frannie estaba afuera, me di cuenta que debía entrar aunque no quisiera. Por cierto, ¿Dónde está el resto de tu escuadrón?

—No tengo un escuadrón —negó Quinn levantando el mentón y cruzándose de brazos. Santana levanto una ceja como respuesta—. Sinceramente, no sé de lo que hablas. Y no pienso entrar en tu juego.

—Mira, la gatita muestra garras ahora —se burló la latina sin gracia. Brittany a su lado le puso una mano en el hombro—. ¿Quién lo diría? Que bien escondido te lo tenías, Fabray. Como también tenías escondido el abandonarnos.

—Hay un lobo que sangra por la herida —soltó Quinn ocultando la punzada de dolor que le atravesó el pecho.

Santana dio un paso hacia delante de manera completamente amenazadora. Quinn estaba segura que, de no ser por Brittany, la latina la habría golpeado. Esa era otra cosa que marcaba la diferencia de actitud que adoptada entre Brittany y Santana. Con la rubia alta era paciente y completamente pacifista. Con la latina perdía completamente los estribos. Santana sabía que nervios tocar para sacarla de quicio pero no de una manera agradable y divertida como Rachel, sino de una manera más negativa. Más como Russel.

Y todavía no le había recriminado el hecho de que la había visto días atrás en la calle y la había ignorado por completo, porque sabía que si hacia tal cosa, quien sangraría por la herida sería ella. Y no quería demostrar debilidad. No porque siguiera siendo el bloque de hielo que era al principio, sino porque no era la imagen que quería que sus amigas vieran de ella. Como tampoco quería que creyeran que era una idiota orgullosa y egocéntrica que no sabía disculparse. Podía notar el clima tenso en el aire y supo que había sido a causa de ella y Santana.

—Lo siento —se disculpó dando un paso hacia atrás y descruzándose de brazos—. Estuvo fuera de lugar lo que dije.

—Santana… —murmuró Brittany con un movimiento de cabeza. La latina fingió no notar el gesto de su esposa hasta que ésta le pellizcó el brazo, ganándose un «¿Qué?» molesto por parte de la latina—. No seas cabeza dura, y discúlpate con Quinnie.

—No voy a… Ok, ok —soltó la latina al intercambiar miradas con su esposa.

—No es necesario. No estoy aquí para escuchar falsedades —interrumpió Quinn adoptando nuevamente su pose de indiferente. No quería para nada escuchar un «Lo siento» de parte de Santana si ésta lo decía obligada—. Además no estoy aquí por ti, Santana. No pienso robarles tiempo tampoco. Solo vine porque se lo prometí a Brittany y porque quería hacerle una invitación.

— ¿Una invitación? —la alegría que desprendió la pregunta de Brittany, llevó a pensar a Quinn que la rubia alta esperaba algo como eso.

—Sí, a cenar —respondió Quinn centrando toda su atención en la rubia frente a ella—. Mañana en la noche si no tienes nada que hacer. Estaremos… Frannie y Camille estarán conmigo. También Rachel.

— ¿La morena bajita que me asesinó con la mirada el fin de semana? —intervino Santana provocando molestia en Quinn por el tono de voz utilizado.

Fabray apretó los puños e ignoró el hecho de que le molestaba muchísimo que alguien se metiera con la altura de Rachel. Y quizás Santana no estaba haciendo tal cosa pero aun así ella sentía que debía ser un honorable caballero y defender el honor de su no-novia. Por lo tanto, terminó diciendo:

—No le digas bajita, porque no lo es. Y sí, es ella.

Por mucho que intentó disimular la molestia en su voz, en cuanto sus palabras abandonaron su boca supo que no lo había logrado. Santana no parecía afectada por el tono de la respuesta, sino más bien todo lo contrario. Quinn había olvidado lo mucho que detestaba la mirada de suficiencia en los ojos de su amiga, hasta que volvió a verla. Odiaba cuando Santana miraba al resto como si hubiese descubierto algo que nadie más pudo descubrir antes.

—Me encantaría que aceptaras la invitación, Britt —continuó Quinn ignorando por completo a Santana. Carraspeó antes de mirar a la latina con una ceja en alto—. Tú puedes venir también si quieres. No estas obligada. Quien realmente me importa es Brittany. Por cierto, ¿Tienes donde anotar la dirección de mi departamento en caso de que…?

—Escríbela en mi mano.

—Se te borrara —resopló Santana. Si Quinn se sorprendió por la observación, prefirió no decir nada. Ya sea porque seguía petrificada por la intervención o por inquietud de no saber qué era lo que tramaba la latina—. Ve a buscar papel y lápiz a la recepción, Britt. Tu amiga no se moverá aquí.

Quinn casi que rogó mentalmente que la rubia alta rechazara la sugerencia o que mandara a su esposa por el papel y el lápiz, porque honestamente la idea de quedarse a solas con Santana, así sea solo unos segundos, no le gustaba para nada. Había ido allí con la idea fija de que se encontraría a la latina en la academia, al ver que no fue así, dejó que todos sus escudos cayeran al suelo pero no contaba con la intervención tardía de ésta. Ahora sus escudos ya no estaban y ella no tenía modo de defenderse.

—Te conviene no lastimarla de nuevo porque realmente tiene ilusión de que seas parte de su vida —escupió Santana con los dientes apretados y una mirada que no aceptaba replica alguna—. No pensé que diría esto pero… veo que tenemos algo en común: la felicidad de Brittany. Haría lo que fuera por ver sonreír a mi esposa. Incluso ir a tu estúpida cena pero si veo todo es falso de tu parte, que este maldito acercamiento es una farsa, te juro que no veras la luz del sol nuevamente.

—Si eso pasa, te juro que yo misma te ofreceré mi cabeza —prometió en el mismo tono de voz que la latina—. Quiero hacer las cosas bien, Santana. Las quiero de regreso en mi vida. A ambas.

Le sostuvo la mirada firmemente a la latina para que supiera que hablaba con pura honestidad. Su pecho sintió una punzada de alegría al notar cierta vacilación en los ojos cafés de Santana, como si realmente creyera lo que Quinn había dicho. Unos segundos después volvió la mirada fría que Fabray comenzaba a acostumbrarse. Ya no había nada más para decir, al menos por ese día, por lo que se giró en el lugar buscando a Brittany con la mirada y esperando su regreso.

Apretaba los labios para no sonreír cuando sentía cada tanto la mirada de Santana sobre ella. Quizás la latina solo la miraba para criticarla luego, o para tratar de encontrar algún rastro de mentira en todo lo que había dicho. Aun así, Quinn se sentía bien porque por lo menos podía tener la atención de la latina unos segundos sin que se mataran una a la otra.

—Lo siento, me entretuvo Dani —se excusó Brittany con una sonrisa cuando estuvo de regreso.

La rubia alta le entregó a Quinn el papel y lápiz, y ésta anotó la dirección de su departamento. Tardó más de lo esperado antes de devolverle por fin el papel a Brittany. Si tenía que ser honesta, sabía perfectamente que había llegado el fin de ese encuentro y no quería tener que despedirse, pero Frannie llamándola con señas —y una cara de velorio y furia—, la obligaron a hacerlo. Por lo tanto, tras haberle dado el papel a Brittany, se despidió de la bailarina con un abrazo como el que habían compartido un rato antes. De Santana se despidió simplemente con un apretón de manos, una mirada orgullosa y altanera, y un movimiento de cabeza.

Quiso salir lo más lento posible del lugar pero nuevamente Frannie haciéndole señas, se lo impidió. Cuando llegó junto a sus hermanas, Camille tenía los ojos enrojecidos. Como si estuviera evitando llorar a toda costa. Frannie, por otro lado, tenía una expresión entre asesina y preocupada en su rostro. Cosa que puso en alerta a Quinn.

Resultó ser que la Dani que Brittany había mencionado al pasar, y que la mente de Quinn no había registrado para nada, era la misma Dani que le había roto el corazón a Camille. Apretó los puños con fuerzas, completamente furiosa cuando miró nuevamente hacia la hija de Frank. No era justo, no era para nada justo, lo que le estaba sucediendo a la adolescente; pero prefirió callarse la boca e ir abrazarla. Tenía la esperanza que la fuerza de su abrazo pudiera borrar de un plumazo el dolor provocado por el encuentro.

Frannie alrededor de ellas murmuraba insultos y amenazas pero Quinn sabía eso no ayudaría a Camille para nada. No odiaba a Dani, por supuesto que no, solamente quería asesinarla por haber lastimado a su hermanita menor. Sentía que debía decir algo que ayudara a pasar el mal momento pero sabía también que tampoco era lo que Camille necesitaba. Estaba martillándose la cabeza pensando qué era lo que podía hacer por su hermana menor cuando vio de soslayo, del otro lado de la calle, la figura de Rachel.

Fue como si todo en ella se olvidase un segundo donde estaba, con quienes y lo que acababa de suceder. Tanto con ella como con Camille. Y cuanto más Rachel se acercaba a ella, más se olvidaba de lo sucedido. Lo primero que llegó hasta donde estaba, fue el perfume de la morena, luego la presencia de ésta. No le entraba en la cabeza el que Frannie no haya descubierto aun la relación entre ambas cuando era más que evidente lo que sucedía.

La sonrisa de oreja a oreja no era algo que se pudiera disimular u ocultar. Los suspiros que era consciente de dejar escapar, tampoco era algo que pasara desapercibido para nadie. Asi que, o Frannie era muy despistada o estaba esperando a Quinn encontrara el valor y hablara con ella de una maldita vez respecto a lo que sucedía con Rachel.

—Preguntaría que es lo que ha pasado pero acabo de cruzarme con… con Dani —comentó la morena con una mirada de disculpa dirigida a las otras tres—. No llevaba buena cara.

—Hubiera llevado una peor si por mí fuera —musitó Frannie haciendo tronar los dedos de ambas manos. Quinn le lanzó una mirada de advertencia, lo que provocó que la otra rubia bajara fugazmente la mirada—. Lo siento. Es que es más fuerte que yo. Oh, hola, Rachel. ¿Qué haces aquí?

—Hola, Fran —saludó la morena con una sonrisa—. Hmm… Venía a buscar a Quinn. Anoche quedamos que…

—Almorzaríamos y luego te acompañaría a ver a tu amigo —terminó diciendo la menor de las Fabray con una mueca en el rostro, como si acabara de recordar el plan. Rachel la miró fugazmente decepcionada antes de sonreír negando con la cabeza—. Lo siento, Rach. Lo olvidé por completo.

—No te preocupes. Puedo ir sola. Dada la situación, creo que te necesitan más aquí que…

—Ve con ella, Quinn —intervino Camille con una sonrisa que más bien parecía una mueca—. Ya habían hecho planes, y yo estaré bien. Frannie y yo almorzaremos, veremos una película y quizás hasta te quememos el departamento, ¿Cierto, rubia?

Quinn sabía perfectamente lo que estaba haciendo Camille. La adolescente estaba fingiendo que nada había sucedido, enterrando en lo más profundo de ella sus emociones y nada bueno saldría de eso. Por otro lado realmente quería ir con Rachel. No porque le haya dado su palabra a la morena, sino porque estaba necesitando su dosis diaria de Berry a su lado, con besos y bromas incluidas. Durante la mañana no había podido ver a la morena, ni desayunar con ella como estaba acostumbrada, era lógico que al llegar la hora del almuerzo estuviera desesperada por querer pasar tiempo con la camarera. Pero tampoco quería dejar a Cam sola.

Frannie pareció salir de su nube de gruñidos e insultos, y asintió con la cabeza a la pregunta que Camille había hecho. Quinn se sintió ligeramente aliviada de saber que su hermana menor tendría compañía pero no se confiaba del todo con Frannie porque cabía la posibilidad de que ésta no pudiera guardarse para ella sola toda la rabia que sentía. Lo que Quinn no quería era que Camille fuera testigo de la furia hacia la joven que, a pesar de haberle roto el corazón, aun le importaba. No necesitaba más factores que contribuyeran a su estado de ánimo poco favorable.

—Te iras con ella al departamento, Fran, pero guarda tus pensamientos para ti, ¿Ok? —pidió mirando seriamente a su hermana mayor. A unos pocos metros, Rachel y Camille hablaban entre ellas—. No quiero que Cam pase un mal momento. Demasiado ya tiene con lo de Dani.

—Es que…

—Es que nada. No importas tú, no importo yo. No importa nadie más que Camille, ¿Esta claro? Necesito saber que si vas a estar con ella será para intentar distraerla y no para alterarla aún más, ¿De acuerdo?

—Está bien —asintió Frannie con firmeza—. Tú ve tranquila con Rachel que yo me encargo de Cam y si algo pasa, te llamo por teléfono, ¿Está bien? —Quinn asintió a modo de respuesta. Sonrió al saber que la adolescente quedaría en buenas manos—. Por cierto,… ¿No deberíamos hablar tú y yo? Extraño a mi hermana menor, ¿Sabes? La que era en Lima y aquella con la que comenzaba a pensar que podía hablar sobre todo.

—Te prometo que esta noche hablamos de todo lo que quieras, ¿Te parece bien? Yo también extraño hablar con mi hermana mayor. Además necesito consejos… consejos amorosos.

Volvería a confesar eso ultimo una y otra vez si eso le garantizaba que recibiría a cambio la sonrisa radiante de Frannie y una mirada cargada de anticipación, confusión y ligeramente emotiva. Asi como necesitaba a sus amigas del pasado de regreso en su vida, también necesitaba a Frannie. Cada una de las personas que conformaban su presente, ocupaban un espacio vital en ella. No se imaginaba perdiendo alguna de ellas. Una vez que ese pensamiento cruzó por su cabeza, sus ojos —acostumbrados ya a buscar y encontrar a Rachel sin orden alguna del cerebro— buscaron a Berry. Como si una especie de conexión se creara entre ellas, la morena le devolvió la mirada obsequiándole una tímida sonrisa a juego.

No, no se imaginaba perdiéndose a alguna de esas personas. Mucho menos a la persona que, sin planearlo o sin quererlo quizá, le regaló la oportunidad de un nuevo comienzo.

—Debo irme, Fran —anunció se despidiéndose de su hermana mayor con un abrazo—. Las veré más… Lo siento, las veremos más tarde en casa, ¿Cierto, Berry?

— ¿Cierto, qué? —preguntó la morena desconcertada.

—Qué cenaremos tú y yo con mis hermanas.

— ¿Lo haremos? Oh, sí. Lo haremos —aseguró Rachel tras recibir una mirada divertida por parte de Quinn tras soltar un «si».

Frannie miró primero a una y luego a la otra pero si ató cabos en su cabeza o no, ni Quinn ni Rachel lo supieron porque Camille llamó la atención de la rubia mayor. La menor de las Fabray se despidió de la adolescente con un «Luego hablaremos» que claramente englobaba a lo que había sucedido con Dani y la razón de porque evitaba que le dijera a Frannie sobre la relación con Rachel. Frannie por otro lado se despidió de la morena con una mirada de pies a cabeza antes de abrazarla con fuerzas. Mientras Rachel parecía hacer esfuerzos por respirar, Quinn se rió por lo bajo completamente divertida antes la hipótesis de que su hermana por fin había caído en la idea de lo que realmente sucedía entre ella y Rachel.

Fue cuando estuvieron a solas —Frannie y Camille ya habían tomado un taxi segundos antes rumbo al departamento de Quinn— que Rachel deslizó, de manera completamente sutil, su mano por el antebrazo de la rubia hasta llegar a la mano de ésta y entrelazar sus dedos. Fabray no dijo nada, simplemente miró el agarre compartido sintiendo como poco a poco una sonrisa radiante y feliz se abría paso en sus labios.

No, Rachel no merecía vivir una relación oculta. Rachel merecía ser presumida como la persona capaz de hacer sentir afortunado a todo aquel que la rodeara aunque sea por unos segundos. Y ella apartaría su mente dejándole espacio a su corazón para que hiciera tal cosa.

Al principio la morena solamente había sido Rachel Berry, la camarera del Spotlight. Ahora, después de un año compartiendo tiempo y espacio con ella, la joven debía cambiar de título: «Rachel Berry, mi novia», resonó en la cabeza de Quinn antes de que ésta se inclinara y besara a la morena con todo el amor que fue capaz de expresar.


—Hey, Rach —llamó Fabray con evidente nerviosismo.

Llevaban un buen rato almorzando. Sí el Spotlight era el lugar donde se conocieron por primera vez y donde surgió la relación entre ambas, el Café 71 era definitivamente su lugar de citas. De hecho, apenas llegaron al lugar, fue lo primero que quiso saber la morena y Quinn respondió que bajo ningún punto de vista iba a tolerar que su billonésima primera cita fuera en un lugar al que ya habían ido miles de veces. Para darle más énfasis a su respuesta, la rubia aseguró que la cita debía ser especial y que ella se encargaría de que así fuera.

—Permíteme el beneficio de la duda, Berry —había solicitado con cierto tono cantarín en la voz—. Aunque no lo parezca, o tú no lo creas, sé pensar.

—No dije que no lo hicieras —señaló Rachel en el mismo tono—, pero te concederé el beneficio de la duda, Fabray.

Bajo ningún punto de vista, Quinn pensaba admitir que un terrible peso se había instalado sobre sus hombros luego de ese comentario. No solo debía pensar en una cita especial, sino más bien en una completamente épica. Una que Rachel no olvidase jamás ni aunque perdiera la memoria. Porque la morena merecía cerrar los ojos algún día y recordar lo especial que se sintió en ese momento, más allá de si fue en compañía de Quinn o no. Algo que la rubia estaba aprendiendo al lado de la morena era que no buscaba competir con las anteriores parejas de Rachel, más precisamente Brody, y que si quería ofrecerle el mundo era porque la joven se lo merecía y no porque nadie se lo había entregado antes y ella quería ser la primera que lo hiciera.

—Hay algo que quiero preguntarte —continuó cuando la morena le pidió con una sonrisa que continuase.

—Si soy alta sin tacones, sí —bromeó Rachel poniendo los ojos en blanco—. En realidad solo uso zapatos altos por moda.

—No era eso lo que iba a preguntarte pero es bueno saberlo —se contagió también de la broma antes de ponerse seria y ligeramente nerviosa. Sobre todo porque Rachel, como siempre, había puesto toda su atención en ella—. ¿Estamos…? Estamos bien nosotras, ¿No? Somos una pareja solida aunque tú no seas mi novia oficial ni yo la tuya, ¿Cierto?

— ¿Por qué preguntas eso?

—Es que… Cam lo sabe y… Frannie… Bueno, ella…

—Ok —Interrumpió Rachel sentándose más erguida en su asiento. Cuando los ojos marrones de la morena se clavaron en los verdes de Quinn, todo el interior de esta tembló de manera alarmante pero familia—. A ver si entiendo lo que quieres decir. Quieres decirle a tu hermana que estás conmigo pero antes necesitas saber que somos algo real, ¿Correcto? —Quinn asintió casi con timidez e iba a hablar cuando la morena la interrumpió nuevamente—. Es importante su opinión, ¿Verdad? Eres alguien completamente independiente a opiniones ajenas, y lo has demostrado, pero cuando se trata de Frannie hay algo más que es completamente diferente.

Estaba absolutamente segura que si seguía siendo la mujer fría de hace un año atrás, odiaría por completo el hecho de que alguien la leyera tan fácil como un libro abierto y de enseñanza básica. Ahora en cambio, se sentía feliz de que ese alguien, Rachel en este caso, pudiera poner en palabras lo que cruzaba por su mente.

Era gracioso porque ni siquiera Santana, en sus mejores épocas, había podido descifrar del todo lo que pasaba en su mente. Y ahora Rachel iba y exponía los pensamientos de la rubia como estuvieran en su propia mente y no en la de Quinn.

Curiosesco, curiosesco

— ¿Qué es curiosesco? —preguntó Rachel entre confusa y divertida.

—Hasta el momento no me había detenido a pensar en lo mucho que una parte de mi te necesitaba —respondió Quinn tomando entre sus manos la de la morena por sobre la mesa—. Lo curiosesco es que me encanta y me aterra a partes iguales, lo fácil que puedes leerme. Es verdad, con Frannie es completamente diferente.

»Por mucho tiempo fuimos inseparables, hasta que las actitudes de mi padre interfirieron en eso. Nos alejamos y este año nos volvimos a acercar. Siempre pensé que fui la oveja negra de la familia, el fracaso hecho hija y hermana, la que llevó infinidades de novios a casa sin poder durar siquiera un año con cada uno, la que no pudo cuidar de su madre, la que inició una carrera que no la motivaba para nada y que luego terminó abandonando. No quiero que mi familia me vea fracasar nuevamente. No quiero que…

—No quieres que Frannie te vea fracasar —señaló Rachel con un asentimiento de cabeza y estrechando más el agarre de manos. Quinn se encogió de hombros en respuesta—. No tengo hermanos pero… Kitty es mi Frannie. Kurt de cierta forma lo es también pero… pero Kitty está más allá de todo. No importa el paso que vaya a dar siempre y cuando ella esté a mi lado y me dé el empujón para arrancar. No digo que me deje manejar por ella, porque no es así, es solo que…

—Todo es mucho mejor cuando tienes su apoyo —interrumpió Quinn hablando de ella misma también respecto a Frannie—. Ahora entiendo porque tu amiga me odia entonces. Y asumo que sabe perfectamente sobre nosotras, ¿Cierto?

—No. Quiero decirle pero… pero también necesito saber que estamos bien, que vamos camino a algo antes de contarle. No son muchas las veces que me vio fracasar ella a mí pero si fueron varias las veces que me vio elegir… incorrectamente a mi compañía sentimental. Primero Jesse, luego Brody. No quiero ver esa mirada en sus ojos mientras me dice «No me digas nada. Te han vuelto a lastimar, y te has vuelto tú a lastimar a ti misma. Voy por helado». Quiero que cuando me mire esta vez, sus ojos me digan «si dejas ir o lastimas a esta persona que te hace feliz, juro que yo misma te asesinaré», ¿Entiendes?

No respondió inmediatamente porque su mente había tomado total posesión de ella. Y a su vez, Rachel hablando de ellas de la forma en que lo hacía, había tomado total posesión de su mente. Esta vez parecía no haber pensamientos analíticos sobre el momento que estaban compartiendo, o las estadísticas de las consecuencias negativas y positivas que eso podría significar. Más bien, era todo lo contrario. Parecía que la mente de Quinn solo tenía espacio para una sola palabra con un profundo significado: Quiérela.

Quiérela porque es lo mejor que te ha pasado en este último tiempo.

Quiérela porque es capaz de leer hasta la página más borroneada de ti, sin siquiera preguntar «¿Qué dice aquí?».

Quiérela porque ha demostrado infinidades de veces lo importante que eres para ella.

Quiérela porque otra persona paciente que te soporte como eres, no encontrarás.

Quiérela porque, de un tiempo para acá, no has logrado imaginarte tus días futuros sin ella a tu lado.

Quiérela porque te hace feliz.

Quiérela porque canta muy bien. Excelente.

Quiérela porque con ella tendrás llantos pero también risas. Infinidades de risas.

Quiérela porque vale la pena.

Quiérela porque es alguien en peligro de extinción.

Quiérela porque Rachel Berry, en cuerpo, corazón y alma, está mirándote como si lo fueras todo en el mundo. Como si tú fueras su mundo.

Quiérela porque así lo dice tu corazón. Punto.

Quiérela porque ella también te quiere a ti.

En qué momento se había acercado a la morena, no lo sabía con exactitud pero tampoco le importaba. Como tampoco le importaba estar aun en el exterior del Café 71 expuestas a las miradas de los transeúntes. Solo importaba Rachel que la miraba de una manera que no encontraba forma de describir. Se acercó lo suficiente a su no-novia y le tomó la otra mano libre llevándosela al pecho. Quizás con palabras no expresaría correctamente lo que sucedía en su interior, así que mejor se lo hacía notar.

Los océanos que Rachel tenía por ojos, se abrieron un instante producto de la sorpresa antes de rebosar de emoción. A Quinn le gustó pensar que el brillo repentino que apareció en esos dos ojos chocolates que tan loca la tenían, se debía a eso. A pura emoción de estar sintiendo los latidos desaforados de su derretido e idiota corazón.

Tomó el rostro de la morena entre sus manos, sabiendo que ésta no quitaría la suya de su pecho en ningún momento, y se acercó un poco más. Lo suficiente para poder rozar sus narices y por consiguiente, sus bocas. No necesitaba nada más, no necesitaba analizar nada más. Santana, el amigo de Rachel, Frannie, Camille, Dani, la cena de la noche siguiente, la de esa misma noche, todo, absolutamente todo, quedó en el olvido porque en lo único en lo que estaba puesta su atención era en Rachel. En querer a Rachel tal y como lo había dicho su cabeza.

—Quiéreme —susurró sintiendo el calor de los labios de la morena sobre los suyos propios.

Sus ojos cerrados intensificaban más las emociones, lo que seguramente se reflejó en su atolondrado corazón a juzgar por la forma en que los dedos de Rachel se estrecharon a su alrededor. Como si realmente pudiera sostenerlo, como si pudiera tomarlo en su mano y mirar en vivo y en directo su rápido palpitar.

—Quiéreme y te juro que haré lo mismo yo contigo.

— ¿No es eso lo que ya hacíamos? —preguntó la morena antes de acortar las distancia, la escasa distancia, entre ellas y besarla.

Para el beso compartido, Quinn no encontró palabras que se acercaran lo suficiente para describirlo. Ni como fue ni todo lo que expresaron a través de él. Se separaron después de lo que a la rubia le pareció una eternidad y notó que la felicidad que ella sentía la estaba compartiendo con Rachel también. Se sintió orgullosa de sí misma, y se dio una palmadita imaginaria en la espalda a modo de felicitación, cuando vio los labios enrojecidos e hinchados de la morena. Quería ver esa imagen todo el tiempo y por el resto de sus días.

Quería a Rachel junto a ella todo el día, y por el resto de sus días.

—Sé mi novia —pidió Rachel mirándola a los ojos.


Hola!

Disculpas por el retraso en la actualización. Cuando creo que superé por fin el bloqueo, éste aparece y se queda por un buen rato. Me disculpo también si hay poco Faberry y por dejar ese final en suspenso aunque tod s sabemos cual será la respuesta a eso xD

Y ahora se viene LA disculpa, y el pedido de que no me odien: la semana que viene no habrá actualización. La razón es que cuanto más intento salir del bloqueo a la fuerza, más bloqueada me pongo y teniendo en cuenta la cantidad de días de acá al martes, creo que no saldrá nada bueno de eso. Por lo tanto, me tomo una semana libre, escribo sin la presión de actualizar ya y supero el maldito bloqueo de una vez, ¿Se entiende?

No pediría una semana si realmente no la necesitara, lo digo en serio. Ahora la necesito y por eso la pido. Espero que no me odien mucho, y si alguien tiene un muñeco vudú mio y quiere vengarse, que me ponga hacer ejercicios, ¿Ok? jajaja