¡Ey, damas! Adelantando el día de actualizacinó... a dos capítulos del final!

Antes, un abrazo a mis compatriotas chilenas, con quienes celebramos nuestro día patrio!

Primero, agradecer todos y cada uno de los comentarios, aunque algunas no estuvieran de acuerdo con los hechos, pero ni modo. Gracias por leer y por comentar.

Veamos cómo sigue ahora la cosa, si? Mi absoluto amor a mi sexy beta y guardaespalda Gaby Madriz, que me acompaña y me ayuda con cada capítulo.

Y no las entretengo más. Aquí va... nos leemos la otra semanita! =)


28. Sin sentido.

"… recuerda que errar a veces suele ser humano y no olvides que el perdón es lo divino…"

~En Paralelo~

¿Qué tan lejos puede llegar el orgullo de un hombre? Eso era lo que Bella se preguntaba, sintiéndose profundamente triste, después que Edward no intentase buscarla para hablar y decirle que su actuar había sido un impulso de su estado de ánimo alterado por lo que había sucedido con Grace. Ella lo entendería, aunque él tendría que soportar una buena reprimenda de su parte, pues ni que él se llevara el perdón tan fácil.

Pero nada, él seguía sin comunicarse con ella, aun sabiendo Bella que Grace ya estaba en casa, recuperándose. Incluso ella había ido de visita a casa de Lauren para visitar a la pequeña cuando Edward no estaba, y según lo que Lauren le había dicho, Edward había andado esos cuatro días con el demonio metido dentro del cuerpo.

Bella, con tristeza, se preguntaba si él acabaría con la relación entre ambos así, sin más.

Probablemente, pensaba Bella con pesar, él no estaba tan comprometido con sus sentimientos hacia ella, que dejaba pasar el tiempo sin acercársele para que ella pudiese explicarle lo que pasó. Quizás en verdad él se aburrió de estar esperando para que ambos dieran un paso más… ¡Pero él le decía que la amaba! ¿Dónde quedó aquello?

Sus amigas, como cada semana, habían llegado a casa de Bella y ella les había puesto al tanto de la "crisis" por la que estaba pasando su relación con Edward y por cierto, tuvo que contarles sobre la aparición de Jasper, que no fue muy bien recibida.

—¿Me estás diciendo que ese… cabrón viene ahora llorando a que lo perdones? —preguntó con incredulidad Jane, estrechando sus ojos hacia ella.

—¿Será que como se siente solo, él viene y quiere tener una hermosa familia contigo? —quiso saber ahora Victoria, usando el mismo tono que su amiga Jane.

Bella suspiró y miró a sus amigas —Él, está realmente mal… lo vi, sé que es así. Sólo desea comenzar a hacer las cosas bien. No quiere que volvamos a ser una familia, sólo busca que lo perdone para seguir adelante, además es el padre de mi Beth… no puedo ser tan insensible…

—¡Estás siendo demasiado sensible, Bella, la verdad! ¡No olvides lo que hizo!

—No lo olvido, pero no quiero seguir acumulando mierda dentro de mí —dijo, llevando su mano al pecho— necesito paz, necesito sanar.

—Sólo haz lo que sientas que debes hacer, como siempre lo has hecho —dijo Kate— Si crees necesario perdonarlo, pues hazlo. Creo que Alice estaría orgullosa de ti…

—¡Se la va a llevar muy barata, después de todo lo que hizo! —exclamó indignada Victoria, fulminando a Kate.

—Eso no lo sabemos —respondió Kate, antes que Bella interviniera:

—No se la está llevando barata. Yo vi cuan demacrado esta, como ha pagado por todo lo que ha hecho, es como si llevara una carga pesada sobre él —explicó— No me estoy poniendo de su lado, ni voy a perdonarlo de un día para otro, porque es imposible, pero él quiere una oportunidad, y yo no soy quien para negársela.

Las tres amigas se quedaron en silencio. Y es que quizás, ellas podrían haber rebatido durante un largo rato acerca de su decisión, pero si ella ya estaba segura acerca de su determinación, nadie podría sacarla de ello.

Pero fuera del juicio que las damas estaban haciendo contra el ex marido de Bella, quedaba una cuestión importante por tratar: el comportamiento del abogado Edward Cullen.

—Y sobre Edward…

—Él ni siquiera quiso una explicación, simplemente se quedó con lo que vio. —interrumpió Bella, explicando la situación— La verdad, estoy bastante dolida —reconoció.

—¿Piensas acercarte, tú a él, y explicarle…? —estaba preguntando Kate, cuando Victoria la interrumpió.

—No, no hará eso. Si el abogado, ese quiere que Bella lo perdone, tendrá que esforzarse un poco, al menos acercarse él… Porque no te ha llamado, ni nada, ¿verdad?

—No —negó ella con pena, bajando su cabeza.

—Escúchame bien, Bella Swan, si en las próximas veinticuatro horas ese hombre no se acerca a ti…

—Dudo que lo haga. —Interrumpió Bella a su amiga— Ya lo hubiera hecho, si quisiera.

—Quizás esté esperando que tú lo hagas. Hombres, ya sabes… —dijo Jane, alzándose de hombros.

—Yo no hice nada malo, aunque sé que ustedes y él no estén de acuerdo a que yo hable siquiera con Jasper. Pero él sacó sus propias conclusiones y ni siquiera me preguntó qué ocurría y ha dejado pasar días sin querer saber de mí. De cualquier forma, siento que si él llega a dar su brazo a torcer y se acerca a mí, las cosas no serán como de antes. Desconfió de mí a la primera oportunidad que tuvo.

—Lo siento, linda —dijo Kate, tomándole las manos— Nada más no sufras mucho. Escúchalo…

—¡Que ruegue, Bella, que ruegue!

Bella forzó una sonrisa a sus amigas, que rieron con la advertencia de Jane. Para ella no era una cuestión graciosa, más bien era una "separación" dolorosa porque lo amaba, y para ella no tenía sentido. Estaba tentada de ir corriendo a su despacho y decirle unas cuantas verdades con la intención de hacerlo reaccionar… pero su orgullo le decía que no, que se mantuviera firme, a pesar que su corazón doliera con su ausencia. Para ella, ir hasta él sería estar fomentando una actitud que no podía permitir.

—¡Ey, Bella!

—¿Uhm?

—Estamos hablando del cumpleaños de Jane…

—¡Oh! No estoy para fiestas…

—Siempre dices lo mismo, pero ya sabes, siempre te hacemos cambiar de opinión —le dijo Victoria, guiñándole un ojo.

/E.P/

—Charlie cree que saldrás con Beth para reunirte con Edward —comentó Renée a su hija mientras la preparaban para salir de casa al primer encuentro —o reencuentro— que Jasper tendría con su hija.

Charlie aun no sabía nada sobre la reaparición de Jasper, y de algún modo era lo mejor. Habría que ir con calma y tocar ese tema con delicadeza con él, quien en su fuero interno seguía odiando a Jasper por el daño que les hizo a sus hijas y de cómo se había desentendido de su nieta. Y no era para menos. Pero ya Bella encontraría el momento de hablarlo con calma con él, de momento era mejor mantenerlo en exclusión sobre eso.

—¿Estás segura que es lo que quieres hacer? Puedo acompañarte…

—No, mamá, no es necesario.

—¿Y dejarás a la niña sola con él?

—No, no estoy lista para eso todavía. Él alquiló un apartamento, me dio su dirección, así que iré allí directamente en el coche de papá y me quedaré a acompañarlos.

—Por favor, llámame enseguida por cualquier cosa…

—Pierde cuidado mamá, no va a pasar nada.

—No puedo confiar en él de buenas a primeras, pero confío en tu criterio —reconoció, torciendo su cabeza. Luego con cuidado agregó— Estaría más tranquila si le llamaras a Edward y…

—¡No haré eso mamá! No lo llamaré… y basta con eso, por favor —dijo Bella con determinación.

La ausencia de Edward durante esos días, la tenían entre la pena y la rabia. Por un lado, le decían que ella se acercara a él y tratara de arreglar las cosas, y por otro le decían que lo castigara con el látigo de la indiferencia. Pero ella más que castigarlo, había decidido dar un paso al costado —por mucha pena que eso le causara— y resignarse.

Llegada la hora, salió con su hija de la casa antes del mediodía y condujo hasta la dirección que Jasper le había dado.

—¡Dios, está tan grande! —dijo cuando las recibió en la planta baja del edificio. Extendió sus manos, mirando a Bella, como pidiéndole autorización para cargar a su hija.

Cuando ella puso a Beth en los brazos de Jasper, vio por primera vez un brillo intenso en la mirada de él, pudo ver al fin el orgullo y el amor de padre reflejado en los ojos verdes de Jasper que nunca antes, y vio su emoción cuando la niña balbuceó con alegría, como reconociéndolo. Hasta ella misma sintió su garganta quemar y sus ojos arder, tan envuelta también en ese ambiente lleno de emoción.

—Pero vamos, subamos… tengo un montón de cosas para esta señorita —dijo, tomando el bolso de la niña que Bella cargaba en su hombro, dirigiéndola luego hasta el ascensor, para subir al piso.

Cuando Bella entró detrás de Jasper, se dio cuenta que el apartamento estaba escasamente amoblado, como si el ocupante acabara de llegar allí. La sala apenas tenía dos sofás, uno rojo y el otro azul, una mesa de centro y una alfombra. Las ventanas no tenían cortinas y sobre los muros no había ningún ornamento. Él se dio cuenta que ella miraba a su alrededor y comentó:

—A penas y me he preocupado de amoblarlo… lo compré un día antes de decidirme a hablar contigo.

—Pero tu madre podría ayudarte con…

—Si le permito la entrada, no lograré sacarla, además ella no le ha gustado la idea de que me acerque a pedir perdón…

"Por supuesto la bruja iba a oponerse a que su hijo se humillara" pensó Bella.

—Pero ayer me animé a hacer unas compras —dijo, levantándose del sofá hacia una pieza contigua a la sala y volviendo con dos grandes bolsas, de las que comenzó a sacar una serie de juguetes para su niña. Beth, sabiendo perfectamente que eso regalos eran para ella, extendió sus manitas deseando abarcar con sus brazos cada uno de los juguetes hermosos y coloridos que su padre ponía delante de ella.

Por primera vez, ambos padres disfrutaron juntos de la niña y de cómo ella iba soltando silabas de exclamación con cada nuevo juguete que llegaba a sus manos. Mientras Jasper jugaba con ella, Bella le iba contando de lo bien que el doctor la encontraba en cada chequeo. Decía que cada vez más se definía el color de sus ojos, que ciertamente había heredado de su padre.

—Es tan hermosa… y se ve tan feliz… —dijo con ternura, acariciando el castaño claro cabello de su hija— Estoy tan arrepentido de haber perdido tiempo lejos de ella…

—No te centres en eso, piensa en el tiempo de calidad que de ahora en adelante debes darle.

—Lo haré, te lo prometo.

—La perjudicada sería la niña si vuelves a alejarte.

—No quiero perjudicarla. Quiero ser su padre, quiero que me tenga cerca… aunque nosotros ya no estemos juntos.

—Me alegro que quieras serlo.

—Uhm… ¿y tuviste problemas con Edward por venir aquí? —preguntó Jasper. Bella desvió su vista hasta los juguetes y tomó una muñequita que la puso en las manos de Beth, que en cuanto la tuvo se desinteresó de los animalitos de felpa y puso atención en la pequeña muñeca vestida de blanco.

Jasper torció su boca y se sintió realmente mal. No era necesario que Bella le respondiera, pues con su acongojada actitud se lo dijo —¿Puedo hacer algo para ayudarte?

—No… —susurró ella, poniendo atención en su hija, suspirando— No te preocupes por eso… simplemente…

—Entiendo que esté reticente a que vea a Beth, no hay que ser adivino para saber que la y que siente desconfianza de mi.

—Jasper, simplemente no te preocupes por él. Lo importante es la relación que establezcas con Beth, no la desaproveches, lo demás… por lo demás despreocúpate, de verdad.

—No puedo despreocuparme, Bella. Debo demostrarles que puedo ser el padre de mi hija, aunque mis actitudes en el pasado revelen lo contrario… apuesto que tu padre quiere matarme, y no es para menos… hubo un momento en que me hubiese dejado matar, Bella… pero ahora quiero ser alguien nuevo por Beth… y por Alice.

—Debes darles tiempo entonces, a mis padres. Ser paciente y demostrar con tus hechos que realmente has cambiado…

—Lo haré —se comprometió Jasper. La pequeña Beth llamó la atención de ambos, alzando sus manos aun con la muñequita entre una de sus manos, diciendo "mi-mi". Jasper sonrió hacia ella y celebró sus silabas, deseando pronto oírla llamarle a él "papá".

—Eso significa que es hora de su comida, ¿puedo ocupar la cocina…?

—Claro, claro… eso, sí está todo amoblado y llené la despensa y el refrigerador por si necesitabas algo de allí.

—Perfecto. Puedo cocinar algo rápido después de darle su comida a la niña… —propuso ella, caminando hacia la cocina.

—Sería genial —respondió él, sentando a su hija entre sus piernas. Suspiró, pensando en lo mal que lo debe de estar pasando Bella por su culpa con respecto a Edward, porque su semblante cabizbajo daba fe de que las cosas no marchaban bien, y él ciertamente sentía que debía hacer algo por ella.

Por lo mismo, al día siguiente de pasar une estupendo momento con su hija y Bella, se decidió a ir al edificio donde se encontraban las oficinas de la firma de abogados donde Edward Cullen trabajaba. Incluso sabiendo que su integridad física podía estar en peligro.

Caminó hasta la mesa de recepción del bufete de abogados y pidió una cita con el abogado Edward Cullen.

—¿Y quién lo requiere? —preguntó una de las chicas.

—Soy Jasper Whitlock.

—Lo anunciaré —indicó la señora, levantándose de su sitio y caminando hasta la puerta que Jasper sabía era de Edward. La mujer golpeó y entró después de dos segundos.

Demoró al menos tres minutos en salir, y su rostro ya no era tan relajado que cuando entró. Ahora salía como si se hubiese visto a un fantasma o como si se hubiera encontrado cara a cara con Satán.

—¿Señor Whitlock? El abogado Cullen lo espera en su despacho —"y bajo su responsabilidad" quiso agregar la secretaria. Él asintió a modo de agradecimiento y caminó con determinación.

Golpeó dos veces y enseguida el joven ayudante de Edward abrió la puerta, saludándolo y haciéndolo pasar.

Edward estaba de espalda a la puerta, contemplando por la misma ventana de costumbre, mientras sostenía un vaso en una de sus manos.

—Bien… yo les dejo —indicó el ayudante, saliendo rápidamente de la puerta. Cuando ambos estuvieron solos, Jasper se apresuró a habla.

—Abogado Cullen.

Lentamente, el aludido comenzó a girarse hasta quedar frente a él. Respiraba de forma lenta y pesada y sus ojos verdes taladraban al visitante con un gesto hosco en su rostro. Su cabello estaba desordenado, su corbata fuera de lugar, además del halo de humo que daba cuenta que hace poco había apagado un cigarrillo. Dejó el vaso con algo más de la fuerza acostumbrada sobre la mesita del costado.

—¿Qué haces aquí?

—Necesito hablar con usted…

—Yo ya no llevo el caso de su ex esposa, si no lo recuerda es el abogado Emerson, el encargado ahora.

—Lo recuerdo perfectamente, y no es sobre mi divorcio que quiero hablarle, abogado.

—¿Entonces? —Escupió, cruzándose de brazos frente a él, desafiándolo en todo momento con su postura y su insistente y agria mirada.

—Vengo a hablar sobre Bella…

—No me diga —dijo en tono de ironía y hosquedad— le reitero que no soy…

—Déjese de estupideces, abogado, usted sabe a lo que he venido. —dijo Jasper en tono firme. Vio que Edward daba un paso hacia él, pero se detenía, estrujando sus manos a sus costados— Quiero aclarar unas cosas con usted.

~En Paralelo~

Lo primero que encontró a la mano en cuanto llegó a su apartamento, fue un cuenco de cristal que agarró e hizo estallar sobre el suelo de su solitario apartamento.

Después de todo el susto que pasó con su niña —que dicho sea de paso estaba mejor y ya estaba en casa de su madre— a él le tocaba lidiar con toda aquella ira de la que no fue consciente de haberla vivido antes.

Ira que comenzó a hervir dentro de él, luego de que hace unos días atrás, cuando salía a fumar un necesario cigarrillo para tranquilizarse, se encontró con la escena donde vio nada más y nada menos que el maldito de Whitlock abrazando por alguna extraña razón a Bella, SU Bella, quien además, le estaba devolviendo el saludo.

¡¿Qué maldita cosa estaba pasando?! ¿A caso ese tipejo había regresado a recuperar a Bella, después que él se encargara de matar lentamente a su hermana Alice? Y lo más insólito, ¿sería Bella tan ingenua de perdonarlo?

En esos breves instantes que fue testigo de aquel reencuentro, recordó todas las veces que le propuso a Bella comenzar a vivir juntos. Él estaba loco porque eso ocurriera, pero al parecer ella no, y después de ver aquello, la negativa de ella le caló muy bien. Era probable que sus sentimientos por ese… por Whitlock, nunca hubiesen desaparecido y que él había llegado a ser una especie de salvavidas para sus sentimientos.

Ni siquiera recuerda bien lo que le dijo ese día, y ni siquiera recordaba todos los vasos que había roto desde entonces y los cigarros que había fumado para aplacar sus nervios. Y lo peor de todo, era que ella ni siquiera se había dignado a aunque sea enviarle un mensaje pidiéndole perdón o algo así.

Una tarde, cuando su hija descansaba por fin en casa, llegó allí para estar con ella y se encontró que ella comentaba con su madre sobre cómo Beth la echaba de menos, igual que nonno Charlie y nonna Renée, y lo linda que era la muñequita que Bella había llevado de regalo para ella, y que en ese momento sujetaba entre sus manos.

—¿Estuvo aquí? —le preguntó Edward a Lauren con tosquedad cuando estuvieron fuera del cuarto de la niña. Lauren, quien había sido testigo de varios de sus arranques de furia de esos días le respondió no amedrentada por él:

—¿Tú qué crees? —cruzando sus brazos sobre el pecho le sostuvo la mirada desafiante, mientras él bufaba y arrugaba el rostro.

—¿Y por qué?

Ella rodó los ojos —¿Por qué? ¿Olvidas cómo quiere Bella a la niña, o sus padres que llaman cada día?

—¿Y… no dijo nada?

—Dijo muchas cosas… y no preguntó por ti, si eso quieres saber.

—¡Ya lo sé! —exclamó, furioso. Luego suspiró y se acomodó su chaqueta— Voy a despedirme de la niña, debo cubrir un asunto ineludible en la oficina esta tarde, pero vendré por aquí temprano.

—Seguro —respondió ella con indiferencia.

Que Bella fuese a ver a su hija precisamente en los momentos en que él no se encontraba era algo que también lo enervaba. Lógicamente ella quería evitarlo a toda costa, seguramente no estaba preparada para darle la cara. ¿Y cuándo lo hiciera, qué iba a hacer él? ¿Le diría que fue un gusto en conocerla y que fuese feliz con él? ¿O le rogaría que se quedara con él? Probablemente le reprocharía por jugar con sus sentimientos y le rogaría que se quedara junto a él, pues estaba seguro que después de ella no habría nadie más… Nunca.

No podía dejar de pensar en eso, en su separación de ella, ahora que todo estaba bien, y en cómo su orgullo estaba pesando más que sus propios sentimientos, pues muchas veces sostuvo el teléfono en su mano y marcó el número de ella, listo para hablarle. Pero se arrepentía a último momento, diciéndose que era ella quien tenía que acercarse a él y exponer la situación. Pero nada, como bien dijo Lauren: ella simplemente no preguntaba por él.

Llegó hasta el piso de las oficinas y se metió directo en la suya, apenas saludando a las muchachas que trabajan en recepción y a su secretaria. Adentro, el pobre Seth también había sido testigo del mal momento por el que pasaba el abogado, pero su agradecimiento hacia él era tal, que lo aguantaba en su humor de ogro.

Después de hundirse en asuntos de trabajo por horas, una de las secretarias golpeó a su puerta y entró luego que Seth se lo indicara.

—Abogado, lo buscan —dijo la mujer, parándose frente a él

—¿De quién se trata? ¿Tiene cita?

—No tiene cita, y se trata del señor Jasper Whitlock, abogado.

La visión de Edward comenzó a tornarse rojo furia —otra vez— y se levantó como un rayo de su sillón, bufando como un búfalo indignado a punto de atacar. Caminó hasta la ventana desde donde siempre solía contemplar la ciudad. Se sirvió un vaso de licor y encendió un cigarro, y sin dejar de mirar a la ventana, dijo:

—Dígale que pase.

La mujer salió casi corriendo de la oficina y en menos de dos minutos la puerta volvió a sonar. Seth se apresuró a abrir, saludó con amabilidad —no merecida— a la visita e indicó que los dejaría solos.

A ese momento, el cigarro se había consumido completamente y él no había logrado calmarse.

—Abogado Cullen.

Las palabras de Whitlock llamándolo, parece que lo hicieron hervir más. Se giró con lentitud y lo vio allí frente a él, muy tranquilo, como si nada hubiese pasado. Dejó el vaso sobre la mesa con fuerza y preguntó:

—¿Qué haces aquí?

—Necesito hablar con usted…

—Yo, ya no llevo el caso de su ex esposa, si no lo recuerda es el abogado Emerson el encargado ahora.

—Lo recuerdo perfectamente, y no es sobre mi divorcio que quiero hablarle, abogado.

—¿Entonces? —cruzándose de brazos para no saltar sobre él y molerlo a golpes.

—Vengo a hablar sobre Bella…

—No me diga —dijo en tono de ironía y hosquedad— le reitero que no soy…

—Déjese de estupideces, abogado, usted sabe a lo que he venido —se atrevió a decirle ese maldito, como si estuviese cabreado. ¿Qué se había imaginado?— Quiero aclarar unas cosas con usted.

—¿Y qué cosa podríamos aclarar tú y yo respecto a ella?

—Ayer estuve con Bella y…

—¡No me digas! —exclamó con implacable ironía— ¿Y la pasaron bien?

—Cullen, por favor, ¿tan mal piensa de Bella, tan poco confía en ella, que piensa que a la primera oportunidad, ella te engaña conmigo? ¿Precisamente conmigo?

Edward no sabe por qué, pero sintió que sobre su cabeza se vertía un fuerte chorro de agua fría que lo hizo estremecer. Pero no dijo ni hizo nada, absolutamente nada, sólo espero a que ese tipo se explicara.

Cuando finalmente lo hizo, se sintió desgraciado y estúpido.

—Sé que no lo merezco, ¿vale? Sé que no merezco que ella me permita ver a la niña y permitirme ser su padre, pero siento que ella es mi salvación, lo que me hará ser mejor —explicó revolviendo su cabello— Yo ya estoy maldito, nunca podré apartar de mí la culpa por la muerte de Alice y de ese niño que podría haber sido mío… —cerró los ojos como si solo recordarlo le provocara un dolor potente en su pecho, tragó grueso y agregó— nunca me lo perdonaré. Cada día y cada noche cargo esa culpa… y estaba dispuesto a acabar con ese sufrimiento y despedirme de este mundo… pero soy muy cobarde para eso, Edward. Así que decidí intentar arreglar las cosas.

Jasper suspiró y sonrió antes de agregar —Ayer hace mucho tiempo no veía a Beth… está tan grande, y ya está diciendo sus primeras palabras… supe que cuando ella tiene hambre dice…

—Dice "mi-mi", lo sé —interrumpió Edward sin darse cuenta, como un reflejo. Jasper alzó las cejas y asintió con la cabeza.

—Quiero conocer a Beth tan bien como la conoces tú. Quiero ser su padre Edward más que su simple progenitor, sencillamente eso, por eso me acerqué a Bella, y no por otra cosa…

No por otra cosa… no por lo que él supuso de buenas a primeras. Eso era lo que él tendría que haber hecho desde el principio, disponerse a oír, a oírle a ella y no esperar que Whitlock viniera hasta él para aclarárselo. Quizás vio mal a Bella, quizás ella le contó… pero si se lo contó es porque ya hay cierto grado de confianza entre ambos, ¡¿Pero cómo, si han pasado qué, cuatro días?!

—¿Edward?

—¿Por qué viniste? —Preguntó Edward sin más— ¿Ella te dijo algo, te pidió que vinieras a verme?

—No, no me contó nada, pero fue cosa de preguntarle qué te parecía a ti todo esto para ver como su rostro se contrariaba. Ella está muy triste —contestó Jasper.

"¡Vale! ¿Querías una respuesta? ¡Ahí la tienes, Cullen!" su pecho dolió ante aquel auto reproche. Ella estaba triste, por su maldita culpa.

—Pero ella es orgullosa y tiene un carácter fuerte bajo ese semblante de mujer débil —explicaba Jasper, mientras Edward lanzaba una mirada envenenada hacia él, como increpándole por hablar de Bella con tanto conocimiento. Sin embargo, Jasper hizo caso omiso de eso, y continuó— no me pidió ayuda, sólo supe que debía hacerlo. No quiero que tengas problemas con ella por mi culpa. Yo la tuve y no la respeté, la herí e hice que todo el amor que sintió alguna vez por mí, se desvaneciera. Ahora sólo nos une nuestra hija, por quien pienso ser alguien mejor. Además, ella te quiere, y frente a eso no puedo hacer nada.

A Edward, en vez de alentarle las palabras de Jasper, lo hicieron hundirse más en el fango de la desazón. Bajó la cabeza y cubrió sus ojos con la palma fría de su mano derecha, mientras la izquierda estaba tensamente apretujada colgando a su lado.

"Soy un imbécil, soy un estúpido…"

—Creo que es todo, no te quito más tiempo…

—Un momento Jasper —dijo Edward, enderezando su postura y mirando con seriedad a Whitlock quien esperó que el abogado hablara antes de salir— Yo quiero a Beth como si fuera mi hija, y voy a estar al pendiente de tus movimientos con ella. Sé que eres su padre biológico, pero eso no me impide tenerte bajo vigilancia. Si le haces daño a la niña, o si se lo haces a Bella otra vez, no voy a detenerme hasta hacerte pagar, Jasper. Desconfío de ti y no puedo evitarlo. Así que… ya sabes.

Que eso sonara como una amenaza fue toda la intención de Edward. Pero era más que una amenaza, era la promesa de que si él osaba nuevamente a meterse con ellas, haría que lo pagara. Jasper a la dura advertencia de Edward, asintió y se despidió con un "Hasta luego", saliendo de la oficina, dejando al abogado solo. Abogado que caminó hasta su sillón de cuero negro tras el escritorio y se dejó caer en esta, escondiendo su rostro entre ambas manos. Levantó la vista un poco para mirar la hora en la pantalla de su laptop y pensó en correr hasta la escuela para interceptarla y arrodillarse para pedirle perdón, pero estaba comprometido con su hija convaleciente para ver, esa tarde una maratón de Bob Esponja.

/E.P/

—Necesito que me ayudes —le dijo Edward casi con desesperación a Lauren. Ella lo miró de reojo y por su postura supo que él ya se había de que la había cagado.

—Tú dirás…

—Lo sabías, ¿verdad? Sabías lo que pasó ese día que vi a Bella y a Jasper…

Ella alzó los hombros —¿Y?

—¡¿Cómo que "y"?! —le recriminó— ¡Tendrías que habérmelo dicho!

—No quisiste oír a Bella, que es la involucrada directa, ¿y según tú me ibas a escuchar a mí? Hubieses supuesto que te lo estaba diciendo para justificar a Bella, te conozco Edward.

—Soy un estúpido… —asintió con pesadez. Ella se cruzó de brazos y coincidió con él.

—Lo eres, y de las ligas mayores. Haber acabado una relación por eso…

Edward abrió los ojos, reaccionando a lo último que Lauren dijo —¡No acabé con ninguna relación! ¡Eso no pasará!

—¡Pues es lo que has dado a entender!

—¡Ella tampoco me ha llamado!

—¡Ponte en su lugar! Después de todo lo que le ha pasado, ella sólo quiere estar tranquila y cuando te necesitó le diste la espalda, sin oírla…

—¡Lo de Grace me tenía nervioso!

—Lo entiendo, pero ese mismo día pudiste haber rectificado, pero no… ahora, si ella no te ha llamado es porque quizás sacó conclusiones, quizás piensa que no la quieres como dices…

—¡Eso no es así! ¡Yo la amo!

—¡Pues no lo pareció estos días! —recriminó en alta voz. Inspiró y expiró aire, agregando con más calma— Busca el momento de hablar con ella y explícate… y ruega, Edward. Pero yo no voy a interceder por ti, esta vez no, lo siento.

Llegó a su apartamento, esta vez sin deseos de quebrar nada. La ira no era el sentimiento que lo embargaba ahora, sino la desazón y el miedo a perder a su Bella. Tuvo el teléfono en sus manos para llamarla y comenzar a rogar que lo perdonara por ser tan bruto, aunque quizás ella dejaría caer sobre él toda su furia de mujer salvaje —cosa que se merecía— pero quería hablar con ella a la cara y pedirle perdón frente a frente, como debía ser. Así que sólo para hacerle saber que pensaba en ella, abrió el vínculo de textos y escribió uno rápido que decía: "Te extraño". Lo envió antes de arrepentirse y esperó la respuesta, que nunca llegó para él.

—Así que tenemos problemas en el paraíso… —concluyó James, sentado sobre el sofá en el despacho de Edward, después que él, Garrett y Benjamín llegaran hasta allí para "aconsejarlo". Ellos también lo habían visto convertido en demonio durante esos días, prefiriendo hacerse a un lado, y acercándose a él aquella mañana que lo vieron diametralmente más tranquilo.

—Anoche le envié un mensaje y no respondió… —añadió Edward con pena. Benjamín lo miró y negó con la cabeza:

—No es una buena táctica. A ellas les gusta que uno se arrastre, hermano, así que prepárate…

—Creo… —interrumpió Garrett— creo que Bella no es una mujer que quiera que se arrastre, no sé, no me viene con su personalidad.

—Ella no está furiosa ni nada de eso, está triste, es al menos lo que me dijo Whitlock y lo que me dio a entender Lauren.

—Entonces, Edward, tan solo ve a buscarla y habla con ella —aconsejó Garrett, alzando sus hombros.

—Es lo que haré.

Y fue lo que hizo. Él sabía perfectamente su horario de salida, por lo que llegó hasta la entrada del colegio y dentro de su coche hizo la guardia hasta que la vio asomarse por la puerta, tras despedirse del portero caminó dirigiéndose hacia el sector donde siempre cogía un taxi. Pero antes que se alejara, él rápidamente se bajó y corrió hasta ella.

—¡Bella!

A su llamado, ella se giró y cuando lo vio dio un respingo de impresión, y enseguida bajó la cabeza, apretando entre sus brazos unas carpetas que llevaba con ella. Cuando estuvo frente a Bella, la vio tan o más hermosa que siempre, y quiso tomarla por los brazos y arroparla entre los suyos, tomar su rostro y besar sus labios, de los que llevaba sediento hace ya varios días, pero la actitud defensiva de ella hacia él, hicieron que se aguantara de hacerlo.

—Bella, necesito hablar contigo… —dijo con voz lastimera. Ella, siempre con su cabeza mirando hacia el suelo, asintió levemente y susurró:

—Dime.

—Yo… yo no… ¡Diablos! —De ahí comenzó a hablar a toda prisa, muy nervioso— Yo la cagué, Bella. La cagué porque no te escuché y saqué conclusiones que no eran… yo estaba nervioso, por lo de Grace… estaba fuera de mis cabales y no fui consciente de lo que hice. Sólo… sólo perdóname, perdóname Bella.

—Entiendo, está bien —susurró, sin alzar su vista, incluso dando un paso hacia atrás.

Edward tragó grueso y sintió una punzada en el corazón. Ella no le estaba haciendo berrinches, ni le estaba gritando a la cara maldiciones que bien se merecía. Ella simplemente asintió que lo entendía, y nada más.

Pero él no se podía conformar con eso. Necesitaba más, la necesitaba a ella, así de simple.

—Podemos… podemos ir a algún lado y hablar…

—Lo siento —negó ella con la cabeza— me esperan mis padres en casa, tengo un compromiso con ellos.

—Déjame llevarte…

—No, Edward —volvió a negar ella, esta vez enérgicamente, alzando su mentón y mirándolo directamente a los ojos— Ahora no…

—¡¿Cuándo entonces?! —Exclamó, alzando su mano para sujetarla por el brazo— Necesito que me escuches…

—Y yo necesité que me escucharas y no que me enjuiciaras. Ahora… es tarde…

—¡¿A qué te refieres con eso de que es tarde?! ¡Yo te amo y necesito que me perdones, Bella! —Dio un paso adelante y tomó su rostro con una de sus manos— Perdóname, te lo suplico…

Ella se apartó de su toque, alejándose —Te entiendo, te lo dije, y ya no me pidas perdón, simplemente déjalo estar. Pero eso no significa que las cosas vuelvan a ser igual que antes.

—Bella, por favor… —suplicó, con su respiración presurosa, sus manos sudadas por los nervios y el miedo a flor de piel, sintiéndose débil e indefenso.

—Te necesité, Edward… —susurró, no pudiendo evitar que una lágrima se escapara de sus ojos y él se odió por eso— no sabes cuánto… pero con todo lo que me ha pasado, me he hecho más fuerte y he entendido que no necesito sostenerme de nadie. Debo afrontar mis problemas sola y así será de ahora en adelante —afirmó con demasiada seguridad, cosa que hizo tambalear emocionalmente a Edward, que no supo cómo reaccionar.

Después de dos o tres segundos de silencio, ella carraspeó y apretó con más fuerza las carpetas que mantenía sujetas en su regazo —Ahora, si me disculpas, me tengo que ir. Dale mis saludos a Grace, por favor… adiós, Edward —dijo, y sin que él pudiera reaccionar, caminó con fluida rapidez hasta desaparecer de la vista de Edward.

Ahí se quedó él, sin atinar a correr tras ella, para seguir suplicando, que era lo que tendría que haber hecho, más bien se quedó estático, perdido en medio de todo, sintiendo como nunca antes un frio interno que lo recorrió de la cabeza hasta la punta de los pies. No estaba preparado para eso, no estaba realmente preparado para aquello, para que en esos breves minutos, ella le dijera sutilmente que las cosas habían terminado.

Miró hacia la dirección donde ella había desaparecido hace unos instantes atrás, sintiendo el frío de su ausencia. Así que con sus hombros caídos, se devolvió hasta su carro, se montó lo puso en marcha y se fue hasta su departamento a encerrarse a solas para llorar sus penas de amor, antes de pensar con calma y tomar decisiones sobre los pasos a seguir.

/E.P/

—¡Edward! ¡Edward, abre la maldita puerta! ¡Edward!

Los golpes en la puerta y esos gritos lo despertaron de su cruda. El día anterior había llegado a casa, directo a su bar a vaciar la botella de whisky y a fumarse una cajetilla y media de cigarrillos, mientras lloraba y se lamentaba. Terminó gritándose que era un estúpido y aullándole a Bella que lo perdonara, hasta que el licor pudo más y lo dejó casi inconsciente sobre el sofá de su sala, olvidando completamente que esa mañana debía estar temprano en el tribunal. Por eso, cuando sintió los golpes insistentes sobre su puerta, la cabeza parecía que iba a partírsele en dos o tres partes.

—Maldita sea… —gruño, apenas incorporándose y luego dejándose caer otra vez.

—¡Me abres la puerta o la echo abajo, Edward! —vociferaba su hermano Emmett al otro lado.

—¡Joder! —a duras penas se levantó y prácticamente arrastró los pies hasta la puerta para abrirla. Cuando lo hizo, apenas se alcanzó a dar cuenta que Emmett y Garrett estaban allí con semblantes mezclados en enojo y preocupación.

—¡Mierda, Edward! ¿Qué demonios te pasa? —exclamó Emmett entrando tras de él, mientras Edward, otra vez, se dejaba caer en el sillón, agarrando su cabeza con ambas manos.

—Basta Emmett —pidió a su hermano con voz ronca y masajeándose la sien— No me siento bien…

—¡Nadie se siente bien después de acabarse una botella de whisky! —Dijo, alzando la botella vacía y dejándola con fuerza sobre la mesa, para luego dirigirse a las ventanas y abrirlas de par en par— Huele nauseabundo aquí, maldita sea…

—Presumo que te olvidaste la cita en el juzgado, Edward —dijo, sentándose en una butaca frente a él. Edward a penas lo miró y volvió a cerrar los ojos con fuerza— Carlisle estaba preocupado, intuición de padre, ya sabes, y me pidió venir hasta aquí. Llamó a tu hermano y pues vinimos juntos.

—¡Mierda! Lo siento…

—James y Tatianne te cubrieron… ahora, es fácil adivinar por qué ahora estas así, ¿no?

Edward suspiró y echó lentamente su cabeza hacia atrás, mientras Emmett hacía ruido en la cocina —No me perdonó… o sí lo hizo… pero me dijo que las cosas no serían como antes… no me dio esperanzas, Garrett…

—Sabías que esto no sería fácil, así que no puedes culparla.

—Lo sé —asintió en un lamento.

—¿Y te vas a dar por vencido así de fácil? ¿Vas a lamentarte ahogándote cada noche en licor? —preguntó Emmett, llegando a él con una taza de café, que obligó a Edward sostener en sus manos para que se la tomara.

—¿Y qué maldita cosa quieres que haga, Emmett?

—Para haber estado más de cuatro años estudiando en la universidad, eres bastante bruto, Edward. ¿Te das cuenta que mientras estás aquí lamentándote, el otro puede estar ganando terreno para recuperarla?

Edward miró a su hermano con rabia y le gritó —¡Eso no pasará!

—¿Puedes dar fe de eso? —preguntó desafiante Emmett y antes de contestarle, Garrett interrumpió

—No te eches a morir y no dejes de insistir, Edward. Y deja esta mierda de estar emborrachándote, no ganas nada…

—No sabía qué más hacer… yo… siento que la perdí…

Emmett rodó los ojos y bufó sonoramente, dejándole a Garrett la palabra —No te apresures. Ahora es mejor que te acabes ese café y te metas a la ducha porque hueles como la mierda, ya te sentirás más despejado y podrás pensar con más calma.

—Además, debes llevar a Grace a su control médico a medio día, ¿lo olvidas? —le recordó Emmett.

—Una ducha, analgésicos y pensar con calma —asintió, levantándose despacio de su sillón para dirigirse hacia su cuarto de baño, pero antes, se giró hacia sus dos acompañantes— Gracias por haber venido…

—Ya sabes, aquí estamos para salvarte el culo, Edward… y para pateártelo cuando es necesario —respondió el hermano mayor con tono socarrón.

Garrett lo miró y soltó una risa. Edward rodó los ojos y retomó su camino al baño, rogando al cielo que el agua fría lo ayudara a recuperarse… y que la suerte estuviese de su lado para pensar en algo que hiciera que su amada Isabella regresara a él, a su lado, de donde nunca se tuvo que haber salido.