Hola compañeras y compañeras, con tanta tristeza como ya había anunciado nos queda un solo capitulo de este fic, muchas gracias a las personas que creyeron en él como una historia que valía la pena, sin su apoyo estoy segura de que nunca hubiera salido adelante, los invito a leer a mascara de odio y el poder oculto, el siguiente cap. de la primera también está en proceso por que como ya les dije no tengo laptop y me toca hacerlo todo en un café. Espero que sus vidas estén de lo mejor y muchas gracias por hacer de este fic uno de sus favoritos

Twilight Characters are property of Steph Meyer

Based on The Wedding Date.

Bella

Bueno, habíamos cruzado el umbral y no podía dejar de pensar en lo que esperaba en mi fiesta de bodas, la presencia de ellas dos me daba demasiado miedo. Si, era cobarde, pero prefería pasar por cobarde a que ellas hicieran del día más feliz de mi vida, un infierno.

Vi que Alice venia hacia nosotros. Estaba segura de que, a diferencia de mi, ella se veía radiante, traía plantada una sonrisa en su cara pero esta mermó un poco cuando nuestras miradas se encontraron. Seguramente la blancura de mi piel debía estar en horroroso contraste con la de mi vestido. Me encogí un poco sin poder evitarlo, era evidente que mis definitorios rasgos de baja autoestima no habían muerto en su totalidad

- Felicidades – dijo Alice abrazó a Edward y cuando se volvió hacia mí su sonrisa desapareció del todo. Cuando me abrazó algo de su buena energía se transmitió hacia mí - Bella - me dijo – yo también las vi pero …- respiró como si estuviera tomando fuerzas para decirme lo que seguía, como si quisiera que lo entendiera bien - mírate…estas rodeada de la gente que te quiere , no permitiremos que arruinen lo que has conseguido con tanto esfuerzo -

Sus palabras penetraron en mi como dándome idea de cuanta razón tenía. Me animé un poco más aunque la sombra de la incertidumbre no se había ido del todo.

- Si – dije esperando que mi nuevo ánimo se transmitiera en mi voz – finalmente estoy rodeada de la gente que verdaderamente me quiere -

Escuché pasos tras de mí y me di la vuelta, vi a mi padre quien me estaba haciendo un significativo gesto con la mirada. Alice tomó del brazo de Edward y ambos se alejaron dejándome sola con él.

Nos quedamos en silencio por unos momentos, luego le hice la pregunta que más temía que respondiera.

- ¿Y mi madre? –

Él se mantuvo sereno e inmóvil mientras yo lo miraba interrogante.

- Se fue – dijo después de unos momentos. Su mirada cambio hacia algún tipo de compasión.

- ¿Hablaste con ella? – le pregunté sin verdaderos ánimos de que respondiera.

-Si…- dudo unos segundos – me pidió que te diera esto –

Alargó del bolsillo de su traje un sobre de color champagne. Era el color favorito de ella, y a mi pesar me encontré recordando cuantas cosas sabía yo de ella y que ella ignoraba de mí

- También me pidió que te…felicitara por tu matrimonio –

-¿No…- tragué saliva, cuando la pequeña cariz de esperanza se esfumó en un soplido – te dijo nada mas? -

- También me pidió que te diera esto en nombre de ella, y que… espera verte de nuevo algún día –

- Pero…- lo miré a los ojos y supe que decía la verdad, mi madre no había sido capaz de decirme todo es o a la cara, y si la conocía tan bien debía aceptar que era su voluntad aunque me lastimara profundamente.

Él se inclinó a darme la otra parte de el mensaje de mi madre, cuando sentí sus paternales brazos alrededor de mi casi me ahogo de la sorpresa. Un abrazo.

Sorprendida se lo devolví y sentí alguna extraña conexión con mi madre. Ella me había mandado un abrazo.

El contenido de la carta pesó en mi pecho. No sabía porque pero no me sentía con ánimos de leer lo que fuera que esa carta contuviera. Un recuero de un abrazo de ella era infinitamente mejor que imaginar siquiera lo que esa carta contenía. Como había recalcado antes conocía muy bien a mi madre como para saber que ese abrazo era lo máximo que podría obtener de ella. Nada más. Palabras que sabía que tal vez no sentía no debían empañar lo poco que había conseguido de ella en este resultado de mi vida, esa carta seria destruida en algún momento de esta noche y yo recordaría a mi madre como una falsamente preocupada por mi y si tenía un poco de suerte la encontraría algún día, cuando su devoción por Jessica hubiera cedido un ápice.

- ¿Qué vas a hacer? – me dijo mi padre, estaba haciendo referencia a la carta.

- Dejaré que el recuerdo de este abrazo predomine sobre todo lo demás, no la voy a leer, no voy a decepcionarme de mi madre aun mas, la quiero y este abrazo comprueba que ella a mi… me aprecia a pesar de todo. Así sea -

Él asintió como si concordada, como si estuviera de acuerdo cien por ciento con mi decisión.

- Me siento orgulloso de ti, Bella. – dijo él con lagrimas en los ojos, me conmovió demasiado, lo amaba profundamente por eso.

Sonriendo y un poco cegada por las lagrimas me puse de pie en el banco donde nos habíamos sentado y lo abracé con fuerza, también me sentía orgullosa de mi misma.

Dejé a mi padre y metí el pequeño sobre en el corpiño del vestido confiando en que nadie me vería. Me di la vuelta y vi a Edward viniendo hacia mí, al lado de él caminaba un hombre bastante atractivo casi de su misma estatura.

Cuando estuvo frente a mi lo abracé sintiéndome completa y consiente de la marcha de mi madre, una tranquilidad que a todas luces no había sentido en mucho tiempo se apoderó de mi.

- Se acabó – dije cuando nos separamos, él se veía confundido.

- ¿Que quieres decir?- decidí explicárselo y esperar que entendiera mi renuencia a ver el contenido de la carta.

- Mi madre solo vino a dejarme una carta, una que… no voy a leer -

- Pero…- opuso él suavemente.

- Ya es tarde para arrepentimientos, si es eso a lo que se refiere la carta, - de todas maneras no la leeré, tienes razón. – respiré hondamente y dije – Ahora que no están puedo disfrutar plenamente de esta fiesta – le incliné la cabeza hacia abajo a fin de poder rozar sus labios – de ti -

Él sonrió seductoramente y profundizó por unos segundos el beso entregado. Luego nos separamos para que pudiera presentarme a su amigo, aunque yo sabía quién era el. Edward había mencionado a un Alexander que era lo que yo había podido interpretar como una persona cercana a él.

Alexander se inclinó como si yo fuera una clase de princesa.

- Es un gusto conocerla señora Cullen -

El nombre me produjo escalofríos ante la sensación que daba, de pertenencia a alguien, a Edward. Ahora era su mujer.

Y él me había ayudado a ello, nos había ayudado, sin poder evitar que el agradecimiento circulara por mis venas, se expandiera a mis brazos y los alzara para poder abrazar a mi ahora amigo también, lo abracé percibiendo, tal vez equivocadamente, que él se estremecía, como si no fuera común que ese tipo de cariño fuera manifestado hacia él.

Me aparté y vi que ambos, Edward y él, me miraban sorprendidos.

- Se que fue gracias a usted que Edward pudo probarme la verdad, tenía que agradecerlo – y sin volver a pensarlo le di un beso en la mejilla, algo en mi cosquilleó con humor cuando el imponente hombre tuvo, en un segundo, las mejillas coloradas.

Retrocedí nuevamente y me puse al lado de Edward.

- Yo…gracias señora – él alargó la mano hacia mí y cuando la mire vi que en ella había una caja negra anudada con un lazo dorado.- es para usted, de nosotros -

Me sentí notablemente halagada de que un hombre como él le hiciera un regalo a una mujer como yo, hizo un gesto con la mano para señalarme quienes eran "nosotros". Estiré mi brazo y mano y tome la cajita.

- No tenía por qué -

- Creo que el señor piensa lo mismo – dijo señalando a Edward que lo miraba severamente. – Pero si tenía qué - asintió- Todos quieren agradecerle por haber sacado al menos a uno de nosotros de todo aquello -

Sonreí sintiéndome de nuevo orgullosa. Abrí la caja.

Descansando entre delicados y perfectamente cortados retazos de tela de seda descansaba un dije dorado con una hermosa piedra preciosa, que identifiqué como un rubí, el collar del dije era una hermosa, delgada y doradamente entretejida fibra de oro, era un regalo asombrosamente precioso.

- Gracias – dije sin saber exactamente qué decir. Saqué la cadena de la cajita y la extendí, dentro de la misma había una tarjeta escrita con letra cursiva y firmada por muchas personas. "gracias" decía la nota al final de la tarjeta. Sin poder evitarlo volví a abrazarlo queriendo hacerlo con los otros también pero no sabía que podía pensar Edward e su novia embarazada abrazándose amorosamente con un montón de hombres que estaban más buenos que el pan. Sabía que mi abrazo a Alexander se extendería hacia ellos. Me di la vuelta hacia Edward de manera que mi cabello y la porción de mi cuello quedaran al alcance de su mano. - pónmela – le pedí en voz baja.

Vi que Alex sonreía beatíficamente.

Edward se guardó en el bolsillo mi collar de perlas y acomodó el hermoso collar en mi cuello para apuntarlo. Cuando lo tuve puesto me volví hacia Alex sonriendo y él volvió a reverenciarme como a una diosa. Cuando estuvo lo suficientemente lejos le dije a Edward.

- Que bueno es – y era cierto, tal vez no era lo que uno podía suponer y esperar de un hombre que hacia lo que hacían ellos, vender sus cuerpos por dinero u otras necesidades. Edward asintió dándome la razón – vamos – dije pasando mi mano sobre el cálido soporte de su brazo.

Caminamos hacia más adentro del salón de recepciones dejándonos contagiar por el agradable ambiente de felicidad que se respiraba. Nuevamente vi a Alice correr hacia mí.

- Ven, Bella, y tu también Edward -

Alice nos llevó al centro de el salón donde había una especie de mediana tarima en donde Rosalíe ya estaba postrada, ella me ayudo a subir y luego subió ella. Las personas alrededor de nostras comenzaron a aplaudir y hasta que no miré a Edward no me di cuenta de lo que me esperaba. Era el momento en que quitaría la liga que se sostenía con suave presión en uno de mis muslos, con sus dientes (normalmente en este país la tradición es que un soltero sea el que retire la liga de la novia, pero me estoy copiando de Amanecer, en donde Edward le quita la liga y se la lanza a Mike a la cara :})

Alice se subió a la tarima y se apostó haciendo uso de su mirada de niña buena, mientras Jasper, con las matos atadas a la espala con una cinta de tela blanca se arrodillaba ante ella, Alice sonrió y tomo su falda con las manos para empezar a subirla, todos abuchearon a Jasper usando su nombre, aplaudiendo y volviéndolo a llamar al ritmo de sus porras. Con movimientos lentos y seductores Alice siguió subiendo su falda de manera que su torneada pierna quedo al descubierto con la liga acomodada en su muslo. Jasper sonrió orgulloso hacia sus amigos, luego acercó su boca a la piel de la pierna de Alice y con delicadeza agarró la tela elástica de encaje, mordiéndola, cuando la capturó comenzó a bajarla con lentitud mientras se escuchaban lujuriosos silbidos y risas. Alice tembló un poco y rio como niña, seguramente los dientes de Jasper le habían hecho cosquillas en la piel.

Fui consciente de que a Edward y a mí nos llegaría el turno y tuve pena de mi cuerpo, iba a ser la vergüenza de esta noche, seguramente. Jasper terminó de sacar la liga y cuando lo hizo se desató las manos tomó la liga y se puso de pie para blandirla como si fuera un trofeo.

La gente se quedó unos momentos en silencio y luego comenzó la barra de apoyo hacia Emmet a quien también mi padre había atado las manos atrás con cinta de seda blanca. Se escucharon voces que decían que eran "Barbie y Ken" (lo siento, no sé cómo se llama en nuevo novio de Barbie). Sonreí mientras veía a Emmet mirando embobado a Rosalíe mientras avanzaba, ella también lo miro fijamente pero a diferencia de él, ella se veía muy segura y mirándolo igual y desafiantemente sensual. Y luego tal como Alice cuando él estuvo de rodillas ella comenzó a levantar el vestido por la longitud de su pierna. Emmet la miraba como si aun no pudiera acabar de creérselo y en su mirada se veía claramente el amor, el deseo y la adoración que profesaba por Rose, él se acercó a su pierna cuando la liga estuvo al alcance de su boca, se vio en dificultades para atraparla con los dientes mientras los demás, incluida Rosalíe, nos reíamos de su torpeza.

Finalmente lo logró y mirándola a los ojos desde abajo, tan fijamente que me hacía pensar que, de no estar atadas sus manos, estas ya estarían viajando por la pierna de Rose. La deslizó por el tobillo y el zapato, como Jasper, se soltó las manos y blandió la liga, pero en vez de agitarla con orgullo se inclinó y la abrazó fuertemente mientras los demás seguían aplaudiendo.

Mi tiempo había llegado.

Solo que esta vez el breve silencio de antes se prolongo sin que nadie moviera nada. Yo miraba fijamente a Edward, con el cual se estaban dando uno de esos momentos en los que nuestras miradas se encontraban y cada uno trataba de identificar palabras en los ojos del otro, esas palabras que en público no se podían decir. Aun mirándome, Edward dejó Alexander le amarrara las manos. Todos parecían contener el aliento. No entendía por qué a él no lo abucheaban, seguramente su apariencia inspiraba respeto. Parecía como si el mundo se hubiera detenido. Edward subió a la tarima y se quedo de pie mirándome fijamente como yo a él, nuestros ojos estaban tan atados como sus manos.

Fue arrodillándose lentamente, una súbita vergüenza se apodero de mí al mostrarle mi pierna cuando él había visto mucho más que eso, llegó la hora de mi parte en el simbólico acto. Él me estaba mirando desde abajo tal como el resto de los primos, tal vez Rose y Alice habían sentido lo mismo, que esa mirada calentaba otras partes de mi cuerpo menos visibles. Con las manos en sendos puños tomé a ambos lados la falda de mi vestido y comencé a levantarla mientras el trol decidía ponerse a jugar futbol con mi estomago e hígado. El frio de la leve brisa acaricio el tobillo y la pantorrilla que estaba dejando al descubierto. El dejo de mirarme a los ojos para deslizar su mirada con apasionada lentitud por todo mi cuerpo hasta llegar a mi pierna, casi creía que era un momento demasiado erótico para hacerle frente a todos. Pero como nuestros compañeros primos debíamos atender las reglas. Seguramente mi cara estaba ardiendo, subí mas la falda y espere hasta que el telar estuviera a unos centímetros por encima de la liga, no cerré los ojos ante el temor de que la gente pensara que estaba experimentando un placer mas "allá" de lo permitido con ese acto.

Mirando hacia la nada sentí que los dientes de Edward rozaban la liga y el calor de sus labios a mi piel cubierta por la velada media blanca. Fui consciente de su deliberado intento cuando me dio un rápido beso en la piel antes de atrapar la liga con los dientes ahora si en serio, la deslizó con lentitud mientras sus labios seguían rozándome la piel en sentido descendente haciéndome las mas placenteras cosquillas, que no tenían que ver con el humor, sino con el cosquilleo que sentía en toda la pierna.

Mi padre debería estar deseando matarme

La liga y los dientes de Edward cruzaron por mi pantorrilla y de ahí hacia mi tobillo, y casi se enredó con el tacón bajo, levante la pierna un poco más a fin de que fuera más fácil para el retirarla del todo y poder librarnos momentáneamente de la lujuria que, al menos en mi caso, amenazaba con devorarme entera. En esta ocasión casi tambalee por la falta de equilibrio nata en mí y a la que mi trol había contribuido en fomentar. Cuando retiro la liga completamente de mí, conmigo deseando que me quitara todo el resto de la ropa, se soltó más manos y me tomó en sus brazos para plantar sobre mi boca uno de los besos más cargados de pasión que jamás nunca me había dado. Luego su boca se trasladó a mi oído mientras me abrazaba y los aplausos comenzaban a resonar, parte de mi cabello oculto el hecho de que los dientes de Edward se hundieron dolorosa y placenteramente en la carne de mi lóbulo

Me estremecí rogando porque nadie lo notara. Nos separamos y el beso la liga antes de metérsela al bolsillo luego se volvió y agradeció los aplausos, los seis nos encontrábamos aun en la tarima cuando una serie de meseros comenzó a deslizarse desde la cocina cada uno con una bandeja que contenía ocho copas de champagne dorado. Era hora del brindis.

Cuando los meseros se aseguraron de que cada uno de nosotros tenia la copa correspondiente se alinearon las la larga mesa en donde habían sido dispuestos los pavos y el resto de los alimentos. Cada extremo de la mesa estaba decorado con unos preciosos cisnes de hielo con una luz azul tras de ellos para hacer un efecto interesante.

Todo el mundo se quedo en silencio ante la primera persona que iba a ofrecer un brindis por nosotros, Charlie.

- Por cada una de mis adorables jovencitas y sus maridos, porque dupliquen su felicidad , encuentren la comprensión y sobre todo porque el amor siga fluyendo de ustedes en la manera en que lo ha hecho hasta ahora, ese principio debe regir cualquier matrimonio, desde hoy y hasta el fin de los días, y más allá -

¿Que mas allá podría haber? Los ojos se me llenaron de incontenidas lágrimas mientras escuchaba a mi padre y sin poder evitarlo pensaba en cuantas de esas palabras mi madre le había secundado.

- Salud – dijo él terminando el discurso, también con lágrimas y mirándome como si de algún modo supiera lo que estaba pensando. Y me estuviera diciendo que no me preocupara. Todos le secundamos chocando nuestras copas.

Alguien a nuestro lado levando la copa, más alto que las demás y dijo:

- ¡Por los primos!- definitivamente era el grito de guerra de Emmet.

- ¡Por los primos!- vociferó todo el mundo.

Alzamos nuestras copas y seguimos brindando por todo lo que la gente deseaba que nos brindara el futuro. Me sentía demasiado bien para que pudiera tratarse de un sueño.

Esto era con lo que había soñado toda la vida y mis ruegos habían sido escuchados, no tenía otra cosa más que agradecer.

La cena de la recepción se dio con tanta alegría como todo lo demás, comimos charlamos y aun en la mesa jugamos a demasiadas cosa que nos hicieron reír hasta llorar. Yo no comí mucho, no porque me sintiera triste bajo ningún motivo, aun tenia la hiperémesis gravídica y podía ponerme a vomitar a cualquier momento. Con solo unos cuantos canapés y me sentía como si fuera un camión cargado de alimentos.

Edward estuvo pendiente de mi todo el rato, buscando mi comodidad en la silla que había sido asignada para mi, masajeándome los pies por debajo de la mesa en una caricia ascendente que tenía mucha más intenciones de darme comodidad, yo sostenía su mano que no estaba ocupada por encima de la mesa mientras hablábamos con todos.

Cuando la cena terminó mi padre se puso de pie mientras se volvía a hacer silencio. Se acercó a Alice y a Rosalíe y les dio un beso en la mejilla.

- La paternidad llama – les dijo – ustedes son las siguientes-

Ellas rieron mientras mi padre avanzaba hacia mí, calcé mi tacón rápidamente debajo de la mesa y lo mire acercarse.

- Este es mi vals – extendió la mano, la bondad de su mirada palpitó sobre mí, haciéndome volver a dar ganas de llorar, durante mucho tiempo pensé que algo como esto, el vals del padre, jamás se iba a dar en mi vida. Tomando su mano me puse de pie y caminamos a través de la mesa, con pasividad por mi estado y por como el vals lo requería caminamos hasta la pista de baile que había sido improvisad a cambio de la tarima.

Mirándonos fijamente, él comenzó a llevar el paso y yo lo seguía mientras sonreía y lloraba a la vez, ambos nos deslizábamos y me sentí como una princesa cuando bailaba con su padre el rey.

A medida que íbamos dando vueltas mi padre, en medio de la musca de equipo comenzó a tararearme una canción que me cantaba cuando solía ser niña.

Duerme niña, duerme ya…

Las lagrimas seguían fluyendo mientras seguíamos dando vueltas, parecía una niña, lloraba mirando a mi padre y pensando en que era lo único bueno que había encontrado en la casa de mi madre.

- Te quiero, papá – dije cuando me hizo dar una suave vuelta sobre mi brazo interrumpiendo su tararear.

- También te quiero Bells, mi bebé -

Sonreí mientras apoyaba mi cabeza en el hombro de él y cerraba los ojos, había alcanzado la felicidad.

Después de unos minutos sentí una mano en mi hombro y levanté la cabeza del hombro de mi padre.

Edward me sonreía desde atrás, mi padre asintió y dijo

- Recuerda que tengo otras dos hijas con las que bailar –

Enjugando mis lagrimas lo abracé una vez y él me entregó a Edward, dio media vuelta y caminó hacia la mesa para tomar a Alice y prometiéndose a Rose en unos minutos.

En los brazos de Edward volví a llorar mientras él me acariciaba el pelo, entendiendo que en lo profundo de mi ser se libraba una batalla entre el pesar por mi padre y mi felicidad por mi matrimonio con él.

Cuando la canción termino mi padre había bailado con nosotras tres, luego sacó a bailar a una mujer de su misma edad y cada una de nosotras con nuestros esposos.

La gente se nos unió tiempo después y lo que quedó del resto de la velada se fue en bailes y en brindis.

La gente se empezó a retirar cuando se hizo mucho más noche, todos agradecieron y salieron pausadamente hasta que solo quedamos los seis.

- Bueno - dijo Emmet chocando sus manos – como dijo Mickey Mouse, cada uno para su hotel – Rose le dio un calvazo en la coronilla.

- Eso no rima para nada –

- Pero se entiende – dijo el frotándose el cuero cabelludo y mandándole un beso en el aire.

Los seis salimos lentamente solo para darnos cuenta de que fuera aun seguía todo el mundo dispuestos a darnos una ducha de arroz y pétalos de flores lo cual hicieron en cuanto cruzamos de dos en dos la entrada.

Caminamos hacia los autos de cada uno y subimos a ellos.

Edward condujo en silencio mientras yo veía que apretaba el volante con demasiada fuerza, cualquiera que no lo conociera daría una interpretación errada a su comportamiento pero yo sabía la razón. Quería hacer el amor conmigo, aun quería.

Otra vez el orgullo, ahora femenino, sonreí de lado y vi que aceleraba un poco hasta que finalmente llegamos a la puerta del hotel.

Un botones nos recibió el auto mientras otro maître se adelantaba a recibirnos

- Gracias por escoger el Hotel Hunter, sus maletas están listas para ser llevadas en el aeropuerto en la mañana, que disfruten su noche -

Él nos guió hacia el interior del elegante lobby y después nos indicaba el número y la dirección de la habitación.

Entramos en el ascensor con el despidiéndose de nosotros, en cuento las puertas se cerraron Edward me empujó sobre él para darme un caliente beso que me dejó ardiendo los labios. Cuando el ascensor se detuvo y salimos de él, sin previo aviso y sin asomo alguno de dar muestras de dejarme caer me tomó entre sus brazos para cumplir nuevamente con la tradición.

Yo reí mientras me aferraba a su cuello y él me besaba mientras caminábamos por el alfombrado pasillo.

Cuando estuvimos frente a la puerta de la habitación él, sin esfuerzo alguno, la abrió con la tarjeta y haciendo a un lado la puerta cruzamos conmigo en sus brazos. La habitación estaba iluminada tenuemente y había decoración que solo podía sugerir romance. Él me puso suavemente en el piso y se enderezó para mirarme desde su imponente estatura. Yo le tomé la cara en las manos y le acaricié el mentón.

- Te amo- dijo mirándome intensamente.

- Te amo - respondí pasándole los dedos sobre los labios para sentir su cálido aliento.

Inclinando la cabeza me besó lentamente mientras sus brazos se cerraban en torno a mí, mis manos se enterraron en sus cabellos y abrí mi boca un poco más para mostrarle en el estado en que me había dejado desde que me había quitado la liga.

Busqué su lengua con la mía y me la dio gustoso profundizando el beso, él parecía contenerse, temía como siempre por el bebé, pero el fuego en mis venas, ese que solo se encendía cuando él me tocaba era superior a mis fuerzas. Alejando mis manos de su pelo, bajé por su cuello y después mis dedos se entretuvieron desabrochándole el corbatín, cuando lo logré lo lancé lejos y seguí con astucia hacia los botones de el sastre. Cuando también los saqué de sus respectivos ojales se lo quité rápidamente, él apartó sus brazos de mi en un momento, para ayudarme a quitárselo, pero antes de que pudiera cerrarlos nuevamente sujeté la camisa y la abrí sin más sin importarme que los botones salieran volando y llovieran alrededor de nosotros. Él soltó una carcajada baja que mas de alegría parecía un gemido de intenso placer, con su pecho a mi alcance comencé a darle besos en todas partes de este buscando que comprendiera mi necesidad aun no satisfecha de su cuerpo.

Siseó cuando le mordí la carne de la clavícula exigiéndole que hiciera algo conmigo.

Así lo entendió cuando sentí sus manos en las horquillas de mi pelo, con pericia él retiró una a una mientras cada parte de mi cabello iba soltándose hasta quedar sobre toda mi espalda. Luego esas manos expertas bajaron rápidamente por mi espalda hasta conseguir sujetar la cremallera del vestido y bajarla rápidamente.

Sus manos fueron luego a mis hombros para ayudar a retirar la parte superior del vestido. Yo seguía deleitándome en su pecho y en sus músculos, mientras tocaba todo lo que podía y él me desnudaba.

La cálida brisa que proveían las velas rozó mi pecho cubierto de encaje, mientras él seguía jugando ahora con la parte inferior de mi vestido, dificultad bien podría haber, mi cuerpo ya no era el mismo y a él parecía no importarle. Retiró todo lo que le estorbaba de la parte superior de mi cuerpo, la carta de mi madre cayó al piso, pero inmediatamente me olvidé de ella. Ahora solo importaba, como dijo Alice, estar con la persona que me amaba.

Sentí la falda en mis pies y rápidamente me salí de ella para caer en los brazos de él solo con ropa interior. Él gimió roncamente cuando me miró.

- ¿Sabes lo difícil que fue separarme de ti cuando te quite la liga? - preguntó mientras se volvía a arrodillar solo que esta vez sus manos podían hacer lo que querían conmigo – quería arrancar ese encaje y morderte como lo merecías -

Él me abrazó por las piernas y comenzó a besarlas como había dicho, mis manos se perdieron en sus cabellos mientras intentaba respirar con normalidad.

- Yo quería que lo hicieras –

- Lo sé, lo vi en tus ojos, me lo estabas pidiendo de tal manera que me contuve de no tomarte ahí mismo delante de todo el mundo, pero fue difícil…muy difícil.-

Mientras decía ese difícil con esa cadencia sus dedos encontraron el elástico de las medias y las desató para comenzar a retirarlas, cada centímetro que dejaba al descubierto recibía un beso y una caricia de su lengua, mis piernas temblaban impacientes mientras él retiraba ambas medias y después se volvía con suma atención al resto de mi ropa interior. Cuando esta también fue retirada se quedó mirándome como siempre lo hacía.

- No es justo – le dije en un susurro haciendo que me mirara.

- ¿Qué no es justo? – preguntó besándome el vientre.

- Aun estás vestido – dije suspirando cuando sentí sus labios en mi cadera.

- Aun no es turno para mí - dijo cerrando su boca y mordiéndome la cadera con fuerza, pero no para hacerme doler sino para que me diera cuenta de lo cerca que estaba de el destino de mi propia perdición.

Y así fue cuando, como muchas otras veces, me tomó en su boca. Acariciándome tocándome con ella de esa manera en que me hacía ver estrellas.

Cuando yo ya no creía soportarlo más él se puso de pie con los ojos velados de deseo y volvió a besarme, pero no estaba para besos, cuando me dejaba en ese estado de semiinconsciencia, donde solo me importaba alcanzar la cima y que él fuera directo conmigo, todo, salvo la búsqueda de ese placer, se apartaba de mi mundo. Con impaciencia lo empujé cerca de mí y cuando miré a través de sus hombros que era un lugar seguro, lo empujé lejos para que el callera sobre la mullida cama. Antes de que él se pudiera moviera trepé sobre la cama y encima de él hasta que quede prácticamente montada sobre su cuerpo. Él me veía desde abajo pero no sonreía, su expresión era tortuosa, como si lo estuviera sometiendo a algo que era superior a sus fuerzas. Ahora me tocaba a mí. Esta era una de esas posiciones que no molestaba al bebe que había aprendido de él y que me gustaba mucho, nunca le había preguntado a él si le gustaba pero siempre que yo estaba arriba para él parecía ser mas difícil mantener el control sobre sí mismo, y esa parte salvaje de Edward que yo despertaba era la que más me agradaba, como muchas otras.

Sintiéndome irremediablemente enfebrecida y femenina froté mi cuerpo como una gata sobre el de él mientras conseguía los botones y el cierre del pantalón. Sin importarme realmente nada se los saque rápidamente y volví a trepar sobre él, mirándolo ardientemente a los ojos cuando nuestros cuerpos quedaron en intimo contacto pero sin estar unidos del todo, todavía.

- Espero que mi peso no sea un inconveniente – dije volviéndome a frotar y haciendo que los músculos de la garganta de él se contrajeran en un gruñido de satisfacción masculina. Sus manos me agarraron de las caderas y después acariciaron mi vientre y más abajo.

- No lo es – dijo secamente, pero no de mal humor sino de esa frustración que yo le producía alargando el momento del juego previo.

Antes de que yo pudiera retomar el control él me hizo descender para darme un húmedo beso al mismo tiempo que se conducía en mi interior con la pericia que tenia. Ambos temblamos y suspiramos cuando nuestros cuerpos finalmente volvieron a entrar en contacto. La unión de los cuerpos de dos personas que, contrario a lo que los estándares de la sociedad exigían ahora estaban juntos, libres y con un futuro demasiado perfecto y prometedor como para imaginarlo.

Una serie de curiosos sonidos despertó mi ligero e inestable sueño, me erguí con un poco de esfuerzo para ver a Edward inclinado sobre el fuego de la pequeña chimenea incluida en la habitación

- ¿Edward?- lo llamé no muy segura de encontrarme en el lugar indicado

- Aquí estoy -respondió él seriamente, debía estar cansado, pero era culpa suya, la idea de la gimnasia sexual de anoche había sido extenuante, satisfactoria pero extenuante

- ¿Que estás haciendo?- quise saber un poco confundida

- Deshaciéndome del pasado – dijo taciturnamente sin volver a mirarme, cuando llegó a mi nariz el olor a quemado, a papel quemado no me quedó duda de que era el pasado que estaba deshaciendo, la carta de mi madre. Mi determinación no había cambiado, su abrazo era con lo único que me quedaría.

- Cuando termines de deshacerte de él, ¿podrías volver aquí? – le pregunté aun dudando de por qué estaba tan serio, escuché una sonrisa en el.

- En un momento –

Removió un poco las brasas y cuando el sueño volvió a vencerme sentí el calor de su cuerpo junto al mío, un nuevo día comenzaba y nuestra luna de miel sería la mejor.

No podía pedir nada más a la vida.

Edward

Sintiendo la calidez de la mano de ella dejé que me llevara al interior del salón, si era sincero debía aceptar que tenía curiosidad por la carta de Renee pero no iba a presionarla, ya lo había prometido antes. Llegamos casi al centro de la recepción cuando nuevamente pero esta vez con diferentes intenciones, corría hacia nosotros alargó la mano y tomó a cada uno de la propia.

- Ven, Bella, y tu también Edward -

Como nunca había asistido a una boda me resultaba desconocido el orden a seguir de los eventos así que no tenía más remedio que dejarme guiar por Alice y su explosivo sentido de boda.

Cuando tuve algo de claridad vi que nos estaba conduciendo a un entarimado en donde Rosalíe estaba de pie, cuando enfoque mejor la vista observe que el padre de Bella estaba sosteniendo dos cintas de tela blancas, Jasper estaba frente a él y ambos reían.

Soltando la mano de Bella de la mía Alice la llevó al entarimado y la ayudó a subir allí, Bella se veía casi tan confundida como yo.

Siguiendo lo que yo creía era una de las tradiciones en los actos de matrimonio me acerqué y me quede al lado de Emmet mientras los amigos de él, de Jasper y hasta los míos estaban demasiado bulliciosos silbando y aplaudiendo, ellos si debían saber de qué iba todo esto. Jasper le dio la espalda al señor Swan con las manos atrás, cuando miré más de cerca me di cuenta de que el primero le estaba amarrando las manos a Jasper y este gustoso lo dejaba, me estaba preguntando qué tipo de actividad era esa en los matrimonio que incluía tener al esposo atado y a la ruborosa novia en una tarima recibiendo ánimos de los que estaban bajo ellas.

Con las manos atadas Jasper subió a la tarima hasta ponerse frente a Alice. Esta estaba sonriendo como un hermoso duende maligno, busqué la mirada de Bella en mudo interrogatorio pero la cara de ella, profundamente sonrojada miraba a Jasper, cuando me volví a mirarlo otra vez vi que estaba arrodillado a los pies de Alice, la posición era perfecta para realizar actor malévolos, pero seguramente los actos que se me ocurrían a mi eran demasiado truculentos para que todas esas personas los vieran.

Sintiéndome, a mi pesar, bastante curioso observé como Alice se levantaba la falda, pensé que no estaba del todo equivocado en mis pervertidas imágenes mentales cuando Alice se detuvo en cierto punto de sus piernas, el punto donde seguramente se dividía lo erótico y lo decente, la pierna de Alice fue iluminada y me di cuenta de que tenía una especie de goma de recogerse el cabello, llena de encajes y seda, de color rosa oscuro suspendida en la mitad del muslo. En la mirada de Jasper había deseo, deseo y amor por Alice, seguía mirando la naturaleza de este acto mientras él se acercaba y sumamente hábil comenzaba a retirar la goma de la pierna de Alice.

Una imagen de Bella y yo en la misma posición pero conmigo retirando otra prenda menos inocente, se apoderó de mi cabeza, y luego con sumo deleite pensé que a nosotros también nos tocaría pasar por lo mismo, a mi me gustaba provocarla y a ella le gustaba que yo lo hiciera. Cuando Emmet subió supe que tendría otro poco de instrucción acerca de este inusualmente placer de la ceremonia de bodas.

Me casaría con Bella mil veces si eso implicaba lo que yo estaba imaginando. Jasper consiguió la, a mi parecer, erótica goma. Cuando todos a mí alrededor comenzaron a gritar

- ¡LIGA, LIGA, LIGA! – me di cuenta de que el nombre de la prenda no era goma, sino liga. Liguero… sacudí un poco la cabeza para hacer pasara, al menos de momento, a mi lujuria.

Cuando Emmet se subió, también atado también pude ver cuando se amaban, esta era la boda más sincera que uno se pudiera imaginar, y aunque sabía que no había asistido a ninguna, intuía que pocas, sino ninguna, eran como la nuestra.

Emmet hizo el mismo movimiento que Jasper mientras se comía con los ojos a la forma de Rosalíe. Recibió abucheos y ánimos por parte de los demás quienes decían entre si lo que harían el día en que tuvieran que casarse.

Cuando la ovación Emmesca terminó se hizo silencio, mis bulliciosos muchachos habían decidió que no querían bromear conmigo, así que el silencio se dio como preludio de nosotros. Los ojos de Bella se clavaron profundamente en los míos mientras su padre le daba la cinta que me correspondía a Alexander y este comenzaba a atarme. Los ojos de Bella me estaban quemando como solo ellos sabían hacerlo, me miraba de la misma forma en que ellos me hablaban y yo entendía su lenguaje de una manera comprensiva y positivamente salvaje

"Tómame" rogaba su mirada y mi propio cuerpo, insaciable de ella clamaba también con voz propia, intente apaciguarme y lo conseguí a medias. Subí lentamente a la tarima donde ella me esperaba con esa asombrosa mezcla en los ojos de incertidumbre, un poco de vergüenza y deseo contenido. El olor de su perfume penetró en mi nariz cuyo sentido, al tenerla tan cerca, se agudizaba buscando un olor menos artificial y más primitivo que el de su perfume, el olor de su deseo.

Mirándola a los ojos y transmitiendo en medio de ellos lo mucho que deseaba hacerla mía como siempre hinqué mi rodilla derecha y luego la izquierda pero en ningún momento dejé de mirarla a los ojos, recordaba los mismos ojos y su misma estatura, que solo en esta posición podía erigirse sobre mí, cuando se daban esos momentos entre su panza y yo, cuando alababa una y otra vez al creador por darme tanto por tan poco.

Las manos temblorosas de ella corrieron por la tela del vestido y se cerraron en puños sus nudillos, que pude apreciar más por mi desarrollado rabillo de ojo, dado que aun seguía mirándola, estaban blancos por la fuerte presión.

Ella comenzó a subir el vestido y el olor de su piel esta vez el natural mezclado con el olor de la tela del vestido fue un aliciente para mí. Algo tan estimulante como torturante, tan torturante como la velocidad a la que ella estaba dejando al descubierto su pierna. Sin poder posponerlo por más tiempo dejé de fijarme en sus ojos y pase a ocuparme del resto de su suculento cuerpo, grabé todo en mi cabeza y seguí descendiendo hasta tener en primera vista, fila y plano su pierna que se iba revelando.

Usaba medias veladas de esas que se ataban al corsé de matrimonio y aunque solo su pierna estaba descubierta podía imaginar perfectamente el resto de ella envuelta en esa seductora ropa interior que suponía las esposas se ponían para sus maridos en la noche de bodas. Me incline y olfatee su piel silenciosamente, luego abrí la boca y dejé que mi lengua y dientes hicieran contacto con el encaje y a la vez con la piel pegada a este. Moví mi cabeza para que nadie sino yo me percataran del beso que le di en la que, yo sabía, era la piel más sensible, la piel del interior de sus muslos.

Luego me concentré en terminar rápido esta tortura que esperaba no se prolongara sino hasta bien entrada la noche. Mordí la liga con una habilidad que no conocía y la comencé a retirar tan lento como pude, mis labios inconscientes aprovechaban cada oportunidad que tenían para rozar la piel escondida tras el velo de la media. Sabía que la pierna de Bella era larga y hermosa pero en ese momento la odie porque su longitud hacia que todo transcurriera más despacio al menos para mi afán de desnudarla. Cuando la liga se entretuvo en uno de los dejados cordones de sus eróticos zapatos ella levantó la pierna un poco mas llevándome un atisbo de lo que me esperaba esta noche con ella, sabía que ella no lo había hecho con esa intención pero aun así lo agradecía sobremanera.

Sus piernas temblaron un poco cuando le saqué la goma esa, sin esperar a tenerla completamente en mis manos casi rompí la cinta para desatarme y amarrarla a ella en el abrazo posesivo y el beso lujurioso que me estaba matando por darle, bailamos un poco con nuestros labios y las otras partes de nuestras bocas, luego me aparté no muy seguro de poder resistirme por más tiempo y la abracé y le mordí la oreja, deseando más que nada morder otras partes de su cuerpo.

La gente volvió a aplaudir y tan concentrada estaba en ella que mi sexto sentido había guardado el hecho que de antes de esos aplausos todos habían estado en silencio, mirándonos.

Ella tembló en mis brazos, me aparté como pude y me volví a saludar al resto de la gente. Luego vinieron de lo que parecía la cocina del salón, una serie de uniformados meseros cuyos movimientos parecían más ensayados de una escuela militar que de una escuela de meseros, cada uno dejó en las manos de los que allí estábamos una copa con champagne fina según pude oler. Demasiado fina. El silencio volvió solo que esta vez fue interrumpido a los pocos segundos.

- Por cada una de mis adorables jovencitas y sus maridos, porque dupliquen su felicidad, encuentren la comprensión y sobre todo porque el amor siga fluyendo de ustedes en la manera en que lo ha hecho hasta ahora. Ese principio debe regir cualquier matrimonio, desde hoy y hasta el fin de los días, y más allá -

Los deseos buenos de Charlie Swan me partieron el alma y quise mucho al hombre, tal vez porque sabía que sus palabras se iban a cumplir al pie de la letra. La mano de Bella tembló en la mía y por él, ya conocido, rabillo de ojo pude ver silenciosas lágrimas salir de sus ojos, lloraba por su padre.

- Salud – terminó de brindar el señor Swan bebiéndose un proporcionado sorbo del champan.

Con un movimiento fluido Emmet levantó su copa y grito animadamente

- ¡Por los primos!- y la gente le respondió igual o más animado que el - ¡Por los primos!-

Éramos nosotros, el grupo de primos casados, del que sin proponérmelo y con mucho gusto ahora hacia parte.

Cuando otros menos conocidos brindaron a la salud decidimos pasar de una vez al comedor el cual estaba muy decorado y también listo por los meseros para acomodar cada selección de cada plato. No forcé a Bella a comer más de lo que ella apeteció, aunque sabía que alimentarla era importante tampoco quería forzarla y que por esa fuerza pudiera enfermarse.

Sentí su pierna rozar suavemente la mía en más de una oportunidad, ese era un silencioso signo de que se sentía cansada, escondiendo mi mano derecha le toque el muslo y con cuidado instalé mi pierna debajo del a fin de que pudiera tomarla de soporte. Cuando tuve la poco pesada pierna sobre la mía, con una sola mano le retiré el tacón y comencé a masajearle cada punta de cada dedo y luego el empeine. A la vista de todos los demás se estaba dando una interesante charla sobre sitios turísticos de la ciudad.

Cuando mermó todo lo demás vi que el señor Swan se levantaba y caminaba hacia nosotros, se paró junto a Bella y dedicándome una suave sonrisa al mismo tiempo que Bella sacaba su pierna de sobre la mía y se calzaba el tacón rápidamente, ella se puso de pie para tomar la mano que su padre le estaba ofreciendo.

Juntos caminaron hacia la pista y comenzó a sonar lo que identifiqué como un vals suave, al parecer era otra tradición que me llenó el corazón de cálida ternura. Mirar como bailaba con su padre era un orgullo que no había planeado sentir pero que sin embargo lo hacía. Ella se movía con gracia, la única de la que era portadora pero que tanto amaba y apreciaba, la gracia de su torpeza. Su padre la llevaba como a una niña en su primer baile, debía tratarse de un padre muy orgulloso.

Alice se inclino hacia mí en un momento

- Ve por Bella, tío Charlie también debe bailar con nosotras. –

Cualquiera que la hubiera escuchado pensaría que se trataba de celos pero conocía demasiado bien a Alice como para saber que bailar con el señor Swan una pieza como esa era un honor que no quería perderse. Me puse de pie y con cautela me acerqué a ellos, él me miró y asintió con aprobación, luego movió un poco su hombro para que Bella dejara de descansar su cabeza en él. Ella la levantó y se me encogió el estomago al ver tristeza en sus ojos, pero ella desapareció tan rápido como yo la había imaginado. Se limpió aquello que era lo único que no había alucinado, lágrimas en los ojos.

- Recuerda que tengo otras hijas con las que bailar – dijo él acariciándole la mejilla antes de retirarse, ella asintió en silencio. Bella me abrazó buscando el consuelo que estaría más que dispuesto a darle, dejé que llorara en mis brazos y deje que se agotara su momentánea depresión, aun teníamos mucha noche para nosotros. Charlie Swan bailó con el resto de las chicas y cuando acabó Alice y Rosalíe le abrazaron.

Luego empezó el baile franco en el cual si no se pegó el perro era porque no había ninguno. La noche paso demasiado lento para mis deseos pero debía aceptar que había disfrutado como nunca antes.

A medida que entró y entró la noche la gente fue excusándose para poder retirarse respetuosamente, algunos lo hicieron tan corriendo que me hicieron sospechar.

- Bueno - dijo Emmet dando un aplauso – como dijo Mickey Mouse, cada uno para su hotel – Rosalíe puso los ojos en blanco antes de darle un tortazo en la coronilla ligeramente enfadada.

- Eso no rima para nada – peleó ella.

- Pero se entiende – se excusó él pasando la mano repetidas veces por el sitio donde ella le había golpeado.

Caminamos hacia la salida cuando Alice soltó un chillido y una lluvia de lo que parecía ser arroz se derramó por nuestras cabezas, era arroz que sabia a flores. Me reí entre dientes ante la sorpresa de los demás. Las tres muchachas se hicieron la fila y arrojaron sus ramos hacia atrás.

Presencié una leve pelea de leonas solteras que cayeron como depredadoras sobre los ramos adornados, cada una consiguió uno, luego, como dijo Emmet cada uno para su hotel.

Cuando entré en el auto después de ayudar a Bella a subir me encontré en un espacio cerrado con ella nuevamente y siendo incapaz de impedir que mi cuerpo reaccionara, apreté el volante desenado tener, por ese momento, una velocidad supersónica. Pero lastimosamente aun tenia la velocidad de un volvo hermosamente decorado para transportar a la novia, Bella se retrajo un poco ante la violencia de mis reacciones pero ella me comprendía, ella entendía, a pesar de que me había costado innumerables sesiones de amor indefinitivo, que yo la necesitaba siempre, que mi cuerpo clamaba cuando no estaba entrelazado al de ella. Que la deseaba con la misma intensidad del primer día.

Parqueé en la entrada del fino Hotel Hunter que estaba específicamente diseñado para albergar en la noche de bodas a un par de enamorados como nosotros y como muchos más. Un educado muchacho abrió la puerta y salí mientas Bella hacia lo mismo.

- Gracias por escoger el Hotel Hunter, sus maletas están listas para ser llevadas en el aeropuerto en la mañana, que disfruten su noche. informo con premura el otro joven maître encargado de darnos la bienvenida.

Nos guió en el camino en que nos hubiéramos perdido y después nos dejó solos al amparo de un ascensor que no hacía nada más que ir lento soslayando el momento de mi completa unción con Bella a un demorado trayecto que quería recorrer como Flash.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron al piso y salimos tomé a Bella en mis brazos para adelantar camino, si ella caminaba despacio cada paso estaba diseñado para torturarme así que le ahorré ese tramo y aproveché a la velocidad de mis piernas.

Escuché su risa cantarina que penetré en mis venas y me hizo chispear la sangre hirviente en ellas.

Me detuve ante la puerta de la habitación y la abrí con la tarjeta, cuando cruzamos ella suspiró y yo le di una patada a la puerta desde atrás para que se cerrara. El ambiente de ahí era algo espectacularmente romántico, y era diseñado para las noches de bodas, para nuestra noche de bodas.

Deslicé a Bella tortuosamente por la línea de mi cuerpo hasta que estuvo de pie frente a mí mirándome desde abajo. Sentí sus rápidas manos en mis rasgos faciales, me ahogué en la profunda expresión café de sus preciosos ojos.

-Te amo- le informe sin importarme siquiera sonar repetitivo, cuando se amaba a una mujer de la manera en que yo amaba a Isabella Swan, ser repetitivo en decirle y transmitirle que la amaba era la más loable y sencilla de las tareas que me había propuesto con ella.

- Te amo – devolvió ella el elogio con tanta repetición como yo, porque aunque ella no me lo decía a diario me lo demostraba con su cuerpo y con sus preciosos gestos hacia mí.

Dejé de cuestionarme y la besé de una vez, empezando despacio para dejar que ella llevara el rumbo de la situación cosa que hacia pocas veces, no porque no me gustara que ella lo tomara, solo que cuando se ponía su invisible disfraz de vampiresa traviesa y seductora, yo tenía tanto control sobre mi mismo como el capitán Smith con el Titanic al chocar contra el iceberg. La anudé en mis brazos, unida a mí, pero ella me arrebató la cordura cuando me chupó el labio y abrió los suyos para atrapar mi lengua, había pasión contenida que yo difícilmente podían mantener a raya.

El control me estaba abandonando de prisa pero intenté calmarme esperando que ella tomara la rienda que quisiera.

Sus curiosas manos bajaron por mi cabeza hasta enredarse y comenzar a trabajar sobre el corbatín del esmoquin, durante ese tiempo yo solo podía mirarla, podía ver sus parpados y su frente perlada de sudor, podía oler el fuego de su cuerpo saliendo a borbotones de cada poro de su piel. Había adquirido habilidad ya que se desprendió del chaqué del sastre tan rápidamente como del corbatín, se suponía que yo hacía eso así que cuando prácticamente rasgo la camisa yo ya me encontraba delirando por ella. Sentí sus labios ardientes contra la piel de mi pecho y esternón, me encogí como un gato cuando su lengua húmeda sustituyo a sus labios y sus dedos volvieron a clavarse en mi piel marcándome como a un toro uno que si no se contenía, se volvería como un poseso fúrico. Intentando hacer algo con mis manos que no la lastimara con fuerza decidí soltar su cabello a fin de que cayera salvaje como era a sus hombros. La piel de su estomago rozaba siempre con la mía y nada podía deleitarme más. Solté todo el resto de su cabello constatando una vez más que Isabella Swan podía llegar a ser un ángel del infierno dispuesto a todo con tal de tentarme a pecar, y vaya si me iría al infierno gustoso.

Más rápidamente de lo que quería comencé a desasirle ese vestido buscando la extensión escondida de su piel blanca. Cuando toqué su ardiente espalda instintos más básicos y animales cobraron vida, casi arranco el corpiño del vestido cuando decidí retirarlo y dejar al descubierto mas y mas apetecible y dolorosamente tentadora piel. Sin terminar comencé a retirar el polizón de la falda de diseño del vestido muriéndome por verla desnuda. Antes de que la falda callera, se detuviera en sus caderas, ahorrándome el momento de tener que agacharme dos veces para verla, el pedazo de papel se deslizó a un lado y cayó al piso mientras el resto de la tela seguía el mismo camino, la gravedad de mi lado como siempre. Ella prácticamente salto de la prisión de seda y encajes blancos para lanzarse a mis brazos con un hambre cruda que había tenido el placer de probar innumerables ocasiones. Sentí cada curva de su desnuda cuerpo contra el mío y ronroneé como un gato gigante, decidí transmitir mi frustración para que, en caso de que la lujuriosa bestia en mi se apoderara de el control, pudiera perdonarme.

- ¿Sabes lo difícil que fue separarme de ti cuando te quité la liga? - dije bajando mis manos por todas sus curvas a medida que me arrodillaba ante ella como el esclavo de su pasión, que era lo que era. – Quería arrancar ese encaje y morderte como lo merecías -

Su suave piel quemó mis manos mientras volvía a tocar sus formas femeninas y decadentes, enfermizamente deseables. Besé la extensiones su piel recordando cuan frustrado me había sentido con las manos amarradas y cuanto uso excesivo de mi autocontrol había tenido que emplear para gobernar sobre la razón.

- Yo quería que lo hicieras – admitió ella en voz espesa y caliente.

- Lo sé – admití confesando lo que ella ya sabía, que conocía el lenguaje de su deseo tanto como ella conocía el mío - lo vi en tus ojos, me lo estabas pidiendo de tal manera que me contuve de no tomarte ahí mismo delante de todo el mundo, pero fue difícil…muy difícil.-

Me había sentido como Ethan Hunt en misión imposible, que después de todo si había sido posible al menos en ese lapso de tiempo. Comencé a retirar las medias de donde estaban deleitándome en las gloriosas formas de sus muslos y las preciosas pecas que adornaban ciertas partes de ellos, de las que había tenido conocimiento siempre, de las que despertaban y alimentaban mi deseo siempre que las divisaba.

Comencé a besarle dejando ceder. Retiré por último el retazo de tela que me impedía admirarla en toda su perfecta magnificencia, parecía un poeta en mis pensamientos pero ella lo valía, demonios que si, viaje mi mirada memorizando su cuerpo, como se tratara de nuestro primer encuentro.

- No es justo – escuché que replicó luego de un momento acariciándome las orejas detrás del pelo. La miré a los ojos intentando descifrar su protesta.

- ¿Qué no es justo? – pregunté adelantándome y posando mis labios cerca de su intimidad abrasadora.

- Aun estas vestido – contestó… pero ahora estoy perdido, pensé responderle en mi mente, para refutar su réplica sin sentido le mordí la redonda cadera saboreando el tono dulce de su piel.

- Aun no es turno para mí - dije en medio de mi mordisco. Ella siempre iba a estar primero que yo.

Plantando mis manos en sus caderas la acerque a mi boca hasta que la tuve en ella. Decidido a que disfrutara primero y sometiéndome a la verdadera tortura que era probarla sin poder saciarme a mí mismo. Sentí sus primeros arrebatos de placer y la abandoné un poco no deseando que llegara sin poder verle la cara, por que amaba cuando pronunciaba mi nombre en medio de la inconsciencia del placer rotundo.

Al ponerme de pie la besé devorándole esa boca con un ansia contenida con pobreza. Con más fuerza de la que parecía poseer me lanzó sobre la cama y se puso encima de mí en tiempo record, el empuje de su cuerpo solo hizo que deseara hundirme en su calor una y otra vez hasta perder la poca cabeza que me quedaba.

No sabía que expresión tenían mis ojos pero seguramente se trataba de algo oscuro y depravado, necesitaba sexo y amor con urgencia y solo ella podía saciar esa necesidad salvaje y primitiva. Ella se inclinó y el cabello me rozó la frente y sus pechos rozaron el mío, quería tocarla pero era como si lazos invisibles que buscaban solo protegerla de mi brutalidad, me ataban a la cama quitándome los harapos de control que ni siquiera sabía si habían existido de verdad.

Sentí sus dedos en la parte inferior de mi cuerpo, y con la rapidez que le otorgaba su deseo por mí, se deshizo de ellos en tiempo record solo para volver a tortúrame al tenerla sobre mi sin ninguna barrera que impidiera que la tomara.

- Espero que mi peso no sea un inconveniente – sentí su intimidad ardiente rozar mi vientre, ¿podía un hombre joven como yo sufrir un infarto? ¿Y qué clase de pregunta era la del peso?, ¿Acaso no podía ver que con peso o sin él si no la tenía en segundos iba a explotar como un globo?, la toqué con los dedos constatando lo que mi vientre había sentido, el fuego en su interior nos iba a incendiar a ambos.

- No lo es – dije esperando ser lo suficientemente humano para poder contestar cada una de las preguntas que se le ocurrieran de ahí en adelante.

La empujes hacia mí ascendiendo un poco en un movimiento que pretendía engañarla y cuando ella se movió hacia abajo nuevamente para besarme el cuello mi cuerpo aprovechó para sumergirse fuerte y lacerantemente en el calor de su cuerpo. Su gemido secundo el mío cuando casi me quemaba en sus brazos, comencé a moverme de la manera a la que ella se agradaba, cada sonido que salía de ella constataba mi teoría.

Al día siguiente

Durante toda la noche le hice el amor, de todas las maneras habidas y por haber, y aun así en la mañana seguía estando ansioso por ella de manera animal.

Agotada como debería estar no la iba a forzar demasiado, había respondido estupendamente bien a todas mis animales exigencias, ahora debía descansar por el bien de los dos. Aparté la sabana para ir al baño dejándola dormir todo lo que no la había dejado dormir en la noche. Cuando caminé hacia el baño puse mi pie en algo que no era el alfombrado. Al mirar hacia abajo vi en el suelo la carta que su madre había escrito y que ella había decidió no leer, levanté la carta de el piso y la miré.

Me sentí traidor cuando corté el sobre y saqué la carta de dentro, caminé hacia el baño a fin de que ella no me descubriera y desdoblé el papel, la letra de mujer rezaba:

Isabella

Cuando abras esta carta estaré lejos, bueno, todo lo lejos que se puede esperar de una madre que vive con su hija, con Jessica.

Tu padre me contó las nuevas de que te casabas y me sorprendió sobremanera saber con quién lo hacías y que no me habías invitad. Sabias que no aprobaría que un hombre que sedujo a tu hermana pudiera siquiera tener contacto conmigo, pero nunca has hecho lo que te he dicho y aquí estamos, tú hermana casada con un hombre respetable y tú a punto de casarte con el hombre que intentó abusarla.

Espero que no estés cometiendo un error Isabella, los hombres como Edward, tan atractivos y de mundo, no pueden y nunca podrán enamorarse de las mujeres como tú. Tómalo como un concejo, uno que te da tu madre y al que sinceramente deberías hacer caso.

Te aprecio hija pero no estoy de acuerdo con tus decisiones, lo de Mike y tu hermana era solo algo que debía darse y no puedo creer que quieras casarte con…ese… para borrar de tu mente un pasado así. Pero debes entender, el amor no tiene raza color ni elección, mas el despecho tiene la cara del sufrimiento y tu… tú te mereces algo mejor, si abres esta carta cuando estés casada con él solo recuerda lo que te he dicho y que a pesar de lo mucho que hablamos decidiste ir en contra de los deseos de tu madre.

Tal vez por eso aprecié siempre a tu hermana más, ella hacia lo que yo le decía y no andaba de rebelde buscando lo que no se le había perdida. Te deseo la mejor de las suertes y espero que no vuelvas a la casa buscando a tu padre con la cola entre las piernas, cuando aquel hombre haya obtenido lo que quería de ti y te haya dejado sembrada con un hijo bastardito.

Jessica te manda sus saludes y siente mucho que vayas a casarte con un hombre como ese. En fin. Tus verás Isabella. Espero que más adelante consigas la paz anhelada.

Te va a costar.

Un abrazo

Tu madre

Releí el texto negándome a creer que tanta estupidez cupiera en una sola caligrafía, tanta hipocresía y mentiras. Miré a Bella desde el baño y pensé en cuan intuitiva podía ser al negarse a leer esta carta absurda y sin sentido que solo de daría idea de cuando era lo que en realidad su madre envidiaba su suerte. Cerré el sobre y metí la carta en él, entré a la habitación en donde el fuego que había ardido durante todos nuestros encuentros ahora se hallaba débilmente llameado. Acerqué la carta y sin compasión alguna la lancé al fuego esperando que se quemara tanto como la mano que la escribió.

Bella se removió en las sabanas y se despertó diciendo

- ¿Edward? –

- Aquí estoy- anuncié desde el fuego mirando y deseando que la maldita carta se consumiera rápidamente.

- ¿Qué haces? –

- Deshaciéndome del pasado – le dije sin mirarla, ella se quedo en silencio y cuando la habitación se llenó del tenue olor a papel quemado supo a que me estaba refiriendo, no me importaba si me reñía, le estaba evitando una decepción aun pero de la que ya sentía por su madre, no lo hizo. Solo me dijo.

- Cuando te hayas deshecho del pasado, ¿podrías volver aquí? –

- En un momento – asentí mientras el humo lentamente iba remitiendo.

El pasado de Bella se había quemado con esa carta, ahora nos esperaba un futuro por construir lleno de toda la felicidad que a ambos nos faltó en la vida.

FIN

El epilogo está en proceso de nuevo muchas gracia por seguir esta historia y nos vemos en otra ocasión