Capítulo 28:

Por fin llegó el viernes y Kate salió directamente de la comisaría camino de Los Hamptons. No paraba de darle vueltas a la dichosa enfermera de Rick, había estado hablando con Lanie y esta muy sensatamente le dijo que se calmara, que hasta que no la viera, y viera que tan bien se llevaba con Castle, no actuara y que por supuesto si era la lagarta que ella pensaba que la avisara corriendo que se presentaba allí con toda su colección de bisturís.

Al llegar a la casa, y no abrirle nadie entró directamente por el jardín. En el porche al lado de la piscina, estaba Martha en una tumbona leyendo una revista, levantó los ojos cuando la escuchó.

-¡Hola querida, que bien que ya estás aquí!, Richard está con Alexis en la playa.

-¿Ya baja a la playa? ¿Y las escaleras? – preguntó sorprendida Kate, ya que las escaleras eran de momento el gran problema de Rick.

-Si hija, lleva varios días bajando, esa enfermera está haciendo maravillas con Richard, ¿no te contó?

-Si, algo me ha dicho cuando hablamos por teléfono.

-Te va a encantar, es una mujer de una vez, y no veas como tiene a mi hijo – dijo la mujer sin sospechar que cada palabra que decía era interpretada de manera errónea por Kate.

-Vaya, me alegro, ¿está todavía aquí?, me gustaría conocerla.

-No, ya se fue. Pero volverá un rato mañana, ya verás cómo te gusta.

-Bueno, voy a bajar a la playa, tengo muchas ganas de verlo.

-Claro hija, ve.

Kate bajó a la playa, a lo lejos vio venir a Rick, paseando por la orilla, ayudándose de una muleta y dándole el brazo a Alexis. Fue la niña quien la vio, ya que Castle estaba más pendiente de ver donde ponía los pies que en ver quien venía. Levantó la cabeza al oír a su hija saludar a Kate.

Se fue acercando a ellos, ya veía la gran sonrisa que se le había instalado a Rick en la cara. Se abrazaron y se besaron. Alexis viendo que su padre ya no estaba solo, les dijo que se iba a dar un baño. Kate sustituyó a Alexis dándole el brazo a Rick.

-Me alegro de que ya estés aquí – le dijo él – te he echado mucho de menos.

-Yo también te eché de menos – contestó ella besándolo de nuevo – te veo muy bien, ya me ha dicho Martha que tu enfermera es un portento – con tono irónico.

-¿Te ocurre algo? – le preguntó, pues la notó molesta.

-No, a mi nada, ¿Qué me iba a ocurrir?

-No sé, siempre que hablamos de Hattie noto que te pones a la defensiva, ¿he dicho o he hecho algo que te haya molestado?

-Bueno, cuando hemos hablado de ella, me dijiste que estaba buena, y que es guapa, y tu madre no para de decir que es una gran mujer y yo… – dijo indecisa.

-¿Estás celosa de Hattie?, creía que ya habíamos superado eso – dijo serio.

-Claro que sí, no estoy dudando de ti, pero no puedo negarte que cuando me hablas así, de otra mujer, me molesta, y si encima tu madre también está encantada con ella…

-No tienes ningún motivo para preocuparte – le dijo risueño – la verdad es que es una mujer guapa, y lo de que es una gran mujer es cierto, literalmente. Estoy deseando que la conozcas, a ti también te va a gustar, jaja.

-¿Sabes Rick?, me gustaría que nos casáramos aquí en Los Hamptons, ¿Qué te parece?

-Nos casaremos donde tú quieras, prepararemos la boda para el verano que viene.

-¿El verano que viene? – preguntó – no puedo esperar tanto.

-¿Por qué tanta prisa?, oye no estarás embarazada ¿no?

-No, claro que no, solo que no quiero esperar hasta el año que viene para que nos casemos.

-Es que si quieres casarte en la playa, ya habrá que esperar al próximo verano, en invierno esto es bonito, pero hace frío.

-Bueno pues podríamos casarnos este verano.

-Apenas queda mes y medio para que llegue el otoño, no va a dar tiempo a organizarlo todo.

-Rick, ¿es que ya no quieres casarte conmigo?

-Claro que quiero casarme contigo, es lo que más deseo, pero también quiero que tengas una bonita boda y en tan poco tiempo no va a dar tiempo de prepararla.

-No quiero una boda ostentosa, quiero algo sencillo, solo nosotros, la familia y nuestros amigos, no me hace falta nada más.

-Pues si que tienes ganas de casarte – le dijo con una sonrisa – Kate no me voy a ir a ningún sitio, no tienes por qué tener prisa.

-Sí que tengo prisa Rick – dijo seria – he estado a punto de perderte para siempre, así que no quiero desaprovechar ni un minuto más, quiero que estemos siempre juntos, además me debes unas vacaciones, así que ve pensando donde vas a llevarme de luna de miel.

-¿Eres consciente de que voy a ir a mi boda dando cojeadas?

-Mañana sin falta hablo con tu súper enfermera y le digo que te meta caña, porque hay que ponerte a punto para el final del verano.

-Prometo que voy a ser el niño más aplicado del mundo en los ejercicios – dándole un beso – Bueno ahora a subir se ha dicho.

-Conversando habían llegado hasta el pie de las escaleras de acceso a la casa. Rick le soltó el brazo y se agarró al pasamano.

-¿Quieres que te ayude?

-No, ya lo hago yo solo, tardaré un poco, pero llegaré arriba.

Y escalón a escalón fue subiendo lentamente las escaleras, era evidente que la rodilla derecha aun le dolía al flexionarla, pero no se quejaba. Kate no podía dejar de pensar en el tiempo que estuvo postrado en una cama, cuando no sabían si iba a vivir y luego cuando no sabían si volvería a andar y no pudo evitar sentir una gran admiración por él, había sido capaz de superar los obstáculos y como el ave fénix volver a resurgir de las cenizas.

Llegaron al porche, Alexis después de su baño en el mar nadaba ahora en la piscina.

-¿Te apetece un bañito? – le preguntó Rick – yo me voy a dar un chapuzón que estoy sudando después de subir esas condenadas escaleras.

-Claro que sí, voy a cambiarme – dijo dirigiéndose a la casa.

Pasaron una tarde muy agradable, entre baños y charlas. Rick les dijo a su madre y a su hija, que se iban a casar a finales de verano, las dos se alegraron muchísimo y enseguida se pusieron las tres a hacer planes. Kate sabía, que con la ayuda de Alexis, Martha y Lanie, podrían organizar la boda sin problemas.

A la mañana siguiente cuando Kate se despertó le sorprendió no ver a Rick en la cama. La noche anterior se habían estado poniendo al día después de toda la semana sin verse y tardaron en dormirse, ella estaba agotada y durmió abrazada a él profundamente, tanto que ni siquiera lo había oído levantarse, miró el reloj, era muy tarde ya, más de las diez y media. Se aseó y se dirigió a la cocina, al pasar por el salón escuchó voces en el porche, se asomó a mirar y por fin conoció a Hattie. Una enorme sonrisa se le puso en la cara, Rick no la había engañado, era una gran mujer sin duda, estuvo un rato observando como esas grandes manos doblaban y ejercitaban las piernas de Rick. Decidió unirse al grupo.

-¡Buenos días! – dijo.

-¡Buenos días Kate! – respondió Alexis alegremente – ¿has descansado bien?, papá dijo que no te molestáramos.

-He dormido como un lirón, estaba agotada.

-¡Hola cielo! – la saludó Rick – ¡aug, cuidado Hattie que eso era mi pierna!

-No se queje tanto – contestó Hattie alegre – que si no fuera por las palizas que le pego, aun estaría en esa silla de ruedas.

-Gran verdad – dijo él con una sonrisa – Hattie, ella es Kate mi novia.

-Mucho gusto – contestó mientras seguía con los ejercicios.

-Querida – le dijo Martha – en la cocina hay café caliente y bollos. Ve a desayunar.

Kate entró y volvió a salir con un vaso de café y un enorme bollo en la mano. Rick la miró y le dijo bromista.

-Parece que tenemos hambre, ¿eh?

-Pues sí que tengo hambre – y se sentó en una de las sillas a observar como él hacía sus ejercicios.

Hattie terminó la sesión de rehabilitación y Kate casi se atraganta con el bollo de la risa que le dio, cuando la mujer muy dispuesta le dio a Rick una nalgada mientras decía alegre.

-¡Hemos terminado!, ahora a bajar a la playa.

Castle se bajó de la camilla y la miró sonriente.

-Me alegro de que te diviertas, ¿te vienes a la playa a dar un paseo?

-Claro, voy a cambiarme – y salió para ponerse el bañador.

Pasaron un alegre fin de semana. Rick le dijo a Kate que si quería podía invitar a Lanie y Esposito a pasar un fin de semana, claro que también habría que invitar a Ryan y Jenny. Podían aprovechar que ella ya se vendría a pasar el mes de vacaciones e invitarlos a pasar unos días. Llegó el domingo por la tarde y con menos pena que la semana anterior, pues el viernes se vendría definitivamente se despidieron besándose con cariño.


El lunes por la mañana había quedado con Lanie, para desayunar. Su amiga poco menos que le exigía que la pusiera al día de cómo había pasado el fin de semana, además que tenía gran curiosidad por saber que tal era la enfermera de Castle.

Quedaron en la cafetería de siempre, Lanie estaba ansiosa por saberlo todo, así que nada más la vio entrar le espetó:

-¿Qué tal la porno enfermera?, ¿es una lagartona?, ¿le has puestos las cosas claras y le has dicho que el chico escritor es tu chico y no estás dispuesta a compartirlo?

-Por Dios, Lanie, para un poco – rió Kate – no es nada de le qué crees, bueno de lo que creíamos.

Y pasó a relatarle a su amiga como era la enfermera. Lanie no podía dejar de reír al imaginar a esa mujer palmeándole el trasero a Castle como si fuera un chiquillo.

También le habló de su inminente boda, su amiga se alegró muchísimo por ella, y en seguida se dispuso a prestarle su ayuda, tanto que esa misma tarde quedaron para ir ver el traje de novia a la tienda donde la prima de Lanie lo había comprado. Kate le dijo que no quería nada recargado y su amiga le dijo que allí había trajes de todo tipo, tanto para novias como para novios, así que también podía ir mirándole la ropa a Castle.

Aquella noche estuvo hablando con Rick por teléfono y le estuvo contando que Lanie la ayudaría a buscar un vestido de novia, mientras él le contaba que su madre estaba como las locas llamando por teléfono para organizarlo todo.

Cuando Lanie la llevó a la tienda de trajes de novia, Kate estuvo a punto de salir corriendo. Había tantos modelos distintos, que pensó que cuando terminara de verlos todos se habría hecho vieja. Menos mal que llegó la encargada y las atendió de manera amable. Ella le dijo que tipo de boda sería y que tipo de vestido quería. La mujer eficiente la miró para calcular la talla y le trajo varios vestidos. Se los estuvo probando y casi enseguida se decidió por uno, era un bonito vestido de escote halter, cortado en la cintura y con la falda hasta los tobillos. Cuando se lo puso, le quedaba como un guante. Fue el que más le gustó, y cuando la vio Lanie, le dijo emocionada que ese era el vestido.

Luego eligieron un sencillo adorno para el pelo y el calzado. Cuando le enseñaron los zapatos, Kate casi se lanzó a unas bonitas sandalias plateadas de tacón altísimo. La dependienta la miró extrañada preguntándole si la boda no era en la playa, ella contestó que sí, y la mujer le dijo que le sería casi imposible andar por la arena con esos taconazos. Le enseño otros modelos, y al fina eligió unas planas de tiras cruzadas de color blanco.

Una vez que terminó con su vestuario, encantada de haberlo solucionado todo tan rápidamente, le preguntaron a la empleada por el vestuario para el novio. Esta les indicó que para una boda en la playa, lo mejor eran los colores claros y le estuvo enseñando varios modelos. Kate no sabía por cual decidirse y Lanie sabiamente le dijo que llamara a Martha, así que la llamó por teléfono y la mujer le dijo que ella iría en un par de días a Nueva York, para ayudarla a elegir, y que no se preocupara que Alexis cuidaría muy bien de su padre.

Así lo hicieron, dos días más tarde Kate volvía con Martha a la tienda de trajes de boda. A la mujer le encantó el vestido que había elegido para ella y en un par de vistazos eligió para su hijo un traje de chaqueta de lino blanco y una camisa del mismo color de cuello mao. También le dijo que una vez que ella se fuera definitivamente a Los Hamptons para las vacaciones, ella volvería a la ciudad con Alexis para elegir sus vestidos, aunque primero podían mirar en las exclusivas boutiques de la zona. También le estuvo comentando que ya había hablado con un selecto restaurante de la zona y que le iba a mandar los menús para el catering, así mismo tenía la dirección de un par de decoradores para prepararlo todo, pero que no quería concretar nada hasta que ella diera el visto bueno.

Kate le dijo que no le importaba que decidiera ella, y que también podía hacerlo Rick, pero su suegra le contestó que su hijo le había dicho que se encargaran ellas de todo, menos de la tarta, que de eso se ocupaba él, y que por supuesto al ser ella la novia, era quien tenía que estar de acuerdo con todo.

Así que en poco más de quince días, y con la inestimable ayuda de Martha, Alexis y Lanie, Kate fue capaz de organizar una boda. Tenía que reconocer que su suegra era una artista y tenía un poder de persuasión increíble, concertaron los menús para el catering, la decoración, la música, encargaron las invitaciones, reservaron habitaciones en hoteles de la zona para los invitados que iban confirmando su asistencia y lo tuvieron todo preparado para el 10 de septiembre.


Por fin Kate llegó para pasar sus vacaciones a la casa de la playa. Tal como le había dicho Rick, invitó a Lanie, Esposito, Ryan y Jenny a pasar unos días, la casa era grande y tenía varias habitaciones. Cuando llegaron las dos parejas, casi se les desencajan las mandíbulas cuando vieron la casa de Castle. Los comentarios de sus compañeros no se hicieron esperar.

-Vaya Castle, gracias por invitarnos a tu humilde morada de vacaciones – dijo Esposito con retintín.

-Si, tío – dijo Ryan – vaya choza.

-No te quejes más, Kevin – le dijo su mujer – que estás más que encantado de estar aquí – y dirigiéndose a Castle – no le hagas caso, lleva días pensando en lo bien que se lo va a pasar y en que ropa debía traerse.

-¡Ay amiga! – le dijo Lanie a Kate mientras le cogía del brazo – yo como que me equivoqué de hombre – y esto lo dijo mirando a un molesto Esposito – oye chico escritor – dirigiéndose a Castle, ¿no tendrás un hermano por ahí escondido?

-Que yo sepa, tenía un padre escondido por ahí y una hermana, pero de hermano no sé nada. Oye madre, ¿sabes si Alexander tiene algún otro hijo por ahí escondido?

-¡Que bruto eres a veces, hijo!, llámalo tu y pregúntale.

-Anda dejad ya de decir tonterías y vayamos a la playa – dijo Kate conciliadora.

Y dicho y hecho se pusieron los bañadores y bajaron a la playa. Lanie comentaba con Kate lo bien que veía a Castle y que su recuperación había sido poco menos que milagrosa.

Pasaron unos días estupendos, entre baños en la playa y en la piscina, paseos por los pueblos de la zona, y alguna que otra cena formal en alguno de los restaurantes más selectos del lugar, aprovechando que tenían que celebrar el compromiso y próxima boda. Kate y Rick, dijeron que no iban a celebrar despedida de soltero por razones obvias, así aprovecharon una de esas cenas en familia para celebrarlo.

Llegó el día de irse, se despidieron de la feliz pareja dándoles las gracias a su anfitrión y deseándole a los dos que lo pasaran muy bien durante las vacaciones. Ya no se verían hasta el día de la boda.

CONTINUARÁ…