Shaoran Li P.O.V
Las cosas… definitivamente no salían como uno las esperaba. Al menos no la mayoría de las veces. La reacción de mi madre había sido una de las sorpresas más grandes que había recibido en mi vida… particularmente cuando se había mostrado tan estricta frente a todo lo del compromiso. ¿Cuántas veces no había preguntado a Clow si no había forma de salir de todo el embrollo? Aparentemente, no las suficientes, porque mi tío no me había proporcionado el resultado que algo de valentía me había dado. Creo que ni un psíquico podría haber profetizado la calma de mi madre.
¿Quién sabía cómo trabajaban las profundidades cerebrales de Ieran Li? Quizás fue el ángulo que le di a mi postura. Quizás si sólo hubiera dicho que renunciaba a mi herencia porque estaba enamorado —o porque no soportaba a Meiling— de otra chica, mi madre me hubiera lanzado la propuesta en la cara. O talvez vio que iba a en serio. Creo que eso era otro misterio que quedaría pendiente.
Hablar con Meiling, como lo había anticipado — ¡al menos había acertado en algo!—, había sido todo lo opuesto. Meiling, siempre impulsiva, había armado el mayor escándalo en la historia de los escándalos.
Buf.
Así que me limité a escucharla chillar, manteniéndome en un lugar fresco porque nada podía hacer ella, si mi madre, la matriarca del clan había aprobado la ruptura del compromiso.
Así que junté todas mis reservas de lástima para poder tragarme el cuento de que me amaba —cuando en realidad sabía que lo que ella y mi tía amaban era la posición dentro del clan— y esperé pacientemente. Todo lo que pude, hasta que… mi paciencia se agotó.
—"¡Pero Shaoran!" Gritó Meiling, sin importar que varios compañeros nos observaran. Por un momento me recriminé haber iniciado esta conversación aquí, a unos minutos de graduarnos. Por un momento. Pero había estado tan exaltado por la aprobación de mi madre, que hablar con Meiling me había parecido un asunto de menor importancia.
Claro, el que yo pensara que esto no era importante, no querría decir que Meiling opinara lo mismo. Ni que todo el cuerpo estudiantil que se graduaba, tampoco lo dejara pasar como trivial. No era todos los días que veías al capitán del equipo de básquet pelear con su ex prometida, que sucede ser la capitana del equipo de porristas. Ugh. Ahora podía ver el cliché.
—"Meiling, debes intentar controlarte…" Dije en la voz más apaciguadora que tenía, y supongo que no debí haber hecho un muy buen trabajo debido a que se desató una nueva ronda de histeria. No me culpen, estaba luchando por contener una sonrisa. Tampoco me tachen de malo. Pero… me sentía como si la guillotina que pendía de mi cuello de repente ya no existía.
—"¡Controlarme!" Explotó Meiling una vez más. En serio. Comenzaba a aburrirme.
—"¿Cómo puedes hacerme esto, Shaoran? ¡A sólo días de mi boda! ¡Días!" Okay, quizás si era malo. Quizás era más malo aún, porque no me sentía culpable en lo absoluto.
—"Meiling, recuerda el lugar en el que estamos…" Miré a nuestros alrededores. En cualquier momento mis queridos compañeros sacarían sus celulares y nos filmarían.
—"¡Al diablo con eso! ¿¿Y tu madre permitió que me hicieras esto?? ¡No lo creo!" Chilló un poco más.
Encogerse de hombros no iba a aliviar la situación, y me dije que si ver a Meiling entrar en un colapso nervioso era lo que me merecía por haber hecho sufrir a Sakura, era un precio muy bajo.
—"Lo siento," Solté patéticamente, cuando no lo sentía para nada. Lo siento debía reservarse para ocasiones más tristes. Cuando una verdadera tragedia ha sucedido. No cuando tengo ganas de montar una fiesta.
—"¡¡Eres patético!! ¡Te odio, Shaoran Li!! ¡Te odio con toda mi alma!" Meiling cambió de estrategia. Una vez que estaba confirmada la participación y aprobación de mi madre en el asunto, incluso ella, sabía que no había otra opción.
Esperé a las bofetadas que estaba seguro que vendrían —y hasta esas las aceptaría con agrado— pero fue mayor sorpresa cuando la vi corriendo. Corriendo, en todo lo que su pierna todavía algo lastimada, le permitía.
Parpadeé, todavía incrédulo. Había esperado un siglo o dos de angustia y desesperación. Y ni siquiera una bofetada había recibido. Sólo un te odio con toda mi alma. ¿Qué diablos era eso?
La culpabilidad nunca llegó, mientras más y más aliviado me sentía con el paso de los segundos.
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Sakura Kinomoto P.O.V
Sonrisas aquí, lágrimas de felicidad acá, y teníamos la pesadilla viviente de Sakura Kinomoto. Estaba tan preocupada por no preocuparme, que cuando menos lo pensé, toda la cosa estaba terminando. Había tenido los créditos necesarios para graduarme, aunque seguramente el Sr. Z aún me guardaba algo de resentimiento por las travesurillas que había hecho aquí.
Si examinaba mi estadía en Tokio, ahora que ya llegaba a su fin, podía decir que había sido provechosa —obviando todos los episodios amargos que con ella había venido—. Me había enamorado —algo que nunca había sucedido antes—, había conseguido una carrera en la que disfrutaba trabajar, y me había percatado quién era en verdad mi familia y qué eran lo que pensaban de mí.
Aunque había perdido a Nadeshiko, había ganado a Kiki, una de las almas más compasivas que había tenido el placer de conocer. Ahora podía entender cómo ella iba reparando poco a poco los pedazos que Nadeshiko había dejado el corazón de mi padre. Era curioso que ambos hubiéramos sido víctimas del mal juicio de Nadeshiko, y que para ambos, Kiki trajera esperanza.
Mi amistad con Kero estaba más fuerte que nunca, y definitivamente eso era bueno.
No podía recordar a Shaoran como algo amargo. No podía pensar en él como alguien malvado. Porque Shaoran era bueno, tenía un futuro brillante y aunque no estuviéramos juntos, estaba segura que mis sentimientos para él nunca se desvanecerían del todo. En el momento me sentía un poco arrepentida de cómo habían sucedido las cosas. Aún continuaba preguntándome qué hubiera pasado si hubiera enviado mi lado moral al diablo, sin importarme que él estuviera casado con otra. Shaoran nunca había sido completamente mío, pero no quise tocar fondo y preguntarme si de verdad importaba que Meiling tuviera su anillo alrededor del dedo.
Era muy tarde para arrepentimientos ridículos. Era mi destino no estar con él, y muchas veces las cosas que uno ama es mejor dejarlas libres. Y sí, si debía admitir que lo amaba, en la actualidad, sentía como si lo amaría para siempre.
Así que embotellando todos mis sentimientos, sabía que lo mejor era alejarme, no sería que alguna tentación estúpida consiguiera que lo llamara, a suplicar que regresemos, que no me importaba nada más que estar en sus brazos, que quería besarlo con toda mi alma…
Basta. ¿Ven por qué no podía pensar en él? Era una batalla perdida, y no ayudaba nada que las sensaciones de cuando habíamos estado juntos, regresaran todos en una gran ola.
Así que con mi título en mano, fue un poco más fácil olvidarme momentáneamente del pasado, y pensar en el futuro. Concentrarme en la sonrisa de mi padre y Kiki no fue difícil, corresponderla… no tanto. Con Kero, por supuesto, fue completamente lo opuesto.
—"Pensé que los milagros no ocurrían," Masculló con una gran sonrisa, mientras nos sentábamos en el restaurante después de la ceremonia. Kiki y mi padre habían insistido. Kero nos había acompañado.
Levanté una ceja ante su comentario.
Pero él sólo sonrió más —"¿Quién diría que una desadaptada como tú podría graduarse?"
Estreché mi mirada en resentimiento, pero una sonrisa rebelde se coló a mis labios.
—"¿Quién diría que un desadaptado como tú podría ser fotógrafo?"
—"A veces las apariencias engañan. Y espero que por desadaptado te refieras a increíblemente inteligente y asombrosamente apuesto,"
Me reí ante eso. Ahí iba el payaso que Kero se había tragado antes de que nos conociéramos.
Mi padre y Kiki estaban conversando entre ellos, y sólo al verlos distraídos fue que pude expresar lo que estaba pensando.
—"¿Y qué vamos a hacer compañerito? ¿Vamos a hacer una pijamada para festejar nuestro departamento?"
Kero mostró sus dientes en una radiante sonrisa —"¿Tú traes los pepinos y yo el esmalte de uñas?" Y batió las pestañas, mientras apoyaba su mentón entre sus manos.
—"Eres tan gay," Dije en venganza.
Pero él solo levantó una ceja —"Espero que no esperes que permanezca célibe. Ya sabes lo que dicen de las parisinas,"
Rodé mis ojos —"¿Desde cuándo te convertiste en Casanova?"
Volvió a sonreír —"¿Honestamente, o prefieres la versión más inmaculada para tus lindos oídos?" Apenas pude contener un estremecimiento.
—"No, en realidad prefiero no conocer ninguna versión. Y si esto de viajar a París, se trata de saber cuántas mujeres puedes embolsicar hasta que alguna te contagie de algo, puedes decírmelo ahora, para poder mudarme con mi padre" Era una broma. Creo.
Kero se encogió de hombros —"Oui, oui, mademoiselle. ¿Algún otro requerimiento?" Su acento francés apestaba. Tenía que comenzar a trabajar si en verdad quería embolsicar a alguna chica.
—"Por supuesto. Nada de hacer escándalo ni de dejar calzoncillos tirados por donde sea. No quiero conocer a ninguna de las parisinas a menos que vaya en serio –no quiero encariñarme – y nada de pornografía en la sala. ¿Tenemos un acuerdo?" Sería divertido vivir con Kero. Si podía ignorar que viviría con el cerdo más vago de todo el planeta.
—"Me parece justo. Ahora mis requerimientos"
Asentí —"Me parece justo,"
Kero pareció pensarlo por un momento, —"Avisa cuando haya alerta de tsunami, sabes que no me gusta estar a la merced de tus cambios de temperamento," Se estremeció, como si el sólo hecho de pensarlo le causara escalofríos.
Tuve que reír ante eso. Alerta de tsunami era la forma discreta de decir de Kero, que yo estaba en esos días.
—"Okay," Lo complací. Después de todo, había sólo poco que un chico de nuestra edad pudiera soportar.
—"Y nada de andar intentando meterme comida sana, ugh" Kero prácticamente mantenía a flote a McDonald's.
—"Y la cláusula más importante…" Dijo él, mientras tomaba una pausa angustiosa —"Nada de andar diciendo que soy tu novio. Eso queda vetado para siempre, a partir de este momento"
Una sonrisa pequeña se formó en mis labios ante eso. Kero también había sido víctima de mi amor por Shaoran. Era injusto que lo hubiera utilizado de esa forma, sólo para sacarle celos al objeto de mi obsesión. Pero, ¿para qué estaban los amigos si no podías utilizarlos de vez en cuando?
—"¿Qué vamos a ordenar?" Cualquier respuesta que hubiera dado ante la última petición de Kero, quedó suspendida debido a la interrupción de la voz entusiasmada de mi padre. Para él, mi graduación de secundaria significaba un gran logro, como si me hubiera graduado alguna escuela para superdotados o algo así, y con honores. Era bueno saber que no todo el mundo había perdido la fe en mí.
Con algo de esperanza, me dije que tenía la onza de fuerza que me faltaba para poder salir de mi país natal, olvidar mi pasado y enfrentar un nuevo futuro.
Un futuro, que no incluiría ni a mi madre, ni a mis hermanos, ni al chico al que amaba más que a nadie en el planeta.
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Shaoran Li P.O.V
Había analizado las cosas en mi cabeza, una y otra vez, que me parecía que las ideas que en ésta rondaban, estaban tatuadas en la palma de mi mano.
Estaba feliz, y eso era decir poco.
Era libre, y eso era decir bastante.
Estaba feliz, porque era libre. Más libre de lo que había sido en el último año. Más libre de lo que recordaba haber sido en toda mi vida. Por primera vez, era yo quien tomaba las decisiones, y no seguía los planes de otros. Era yo quien tenía la jugada ganadora en mi mano, yo quien decidiría las cosas que sucederían en mi vida, como no lo había hecho desde hace años. Bah, ¿a quién engaño? Nunca lo había hecho.
Las cosas que todos daban por sentado — qué trabajo tener, qué esposa escoger, cuántos hijos tener— siempre había sido planificado no por mí, sino por mi familia y mi clan. Era una sensación nueva y refrescante saber que no había límite en mi tiempo. Que podía hacer las cosas que quisiera, en el momento en el que quisiera hacerlas.
Mis hermanas parloteaban entre ellas, como siempre parecían hacer. Y no cabía duda de que se trataba de mí.
Había tantas emociones nadando en mí, eran incomprensibles. Pero la alegría vencía todo.
Alegría que duró poco.
—"¡Shaoran!"
Era Eriol. Apareció corriendo, una vez que la ceremonia de graduación había terminado, señalando en mi dirección con su diploma en mano.
—"¡Shaoran!" Me llamó, estando más cerca aún. Honestamente, ¿creía que estaba sordo?
Pocas personas miraron en nuestra dirección, pero luego continuaron con sus asuntos. Fruncí mi ceño, casi oliendo las malas noticias. Eriol no era del tipo de llamar a gritos a nadie. No lo hizo cuando nuestro entrenador se estaba asfixiando, y había dudado verlo hacer algo así en lo que teníamos de amistad. No iba con la figura de lindo caballero inglés que patéticamente había intentado mostrar.
—"¿Qué hay?"
Levantó una ceja, examinándome de arriba abajo, mientras su ceño se fruncía en otro gesto que no iba con él.
—"¿No has oído las noticias?"
Fue mi turno de fruncirme.
—"¿Tendría que haberlas oído?" Si me enteraba que Estados Unidos volvía a bombardearnos me hubiera importado poco. Me encogí de hombros.
Eriol pareció mirar incómodo a las personas que nos rodeaban, así que comencé a irritarme. Honestamente, ¿me lo diría en este siglo o tendría que envejecer esperando?
—"¿Podrías desembucharlo? El tiempo vale oro," Especialmente ahora, que lo tenía en proporciones gigantescas, todo dispuesto a conseguir a Sakura.
Eriol pausó por un momento. —"Si hubieras oído las noticias, no estarías tan fresco, hermano"
—"¿Ah, sí?" Respiré para calmarme. No me convenía estresarme, y arruinar mi perfecto estado de ánimo. —"¿Podrías cortar la mierda y explicar de qué diablos estás hablando?"
Juro que Eriol estaba disfrutando mi exasperación. O tenía miedo decirme algo; lo cual sólo empeoraba mi irritación.
Finalmente, respiró con fuerza y se alejó un paso prudencial.
—"Sakura se va a ir de Tokio," Las palabras, aunque sencillas… fueron más potentes que todas las bombas atómicas del mundo.
Porque sólo siete palabras habían derrumbado un mar de falsas ilusiones.
Y en siete palabras, mi libertad se convirtió en mi carcelera.
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Sakura Kinomoto P.O.V
Cuando abrí mis ojos, me costó acostumbrarme al lugar que me rodeaba. Me venía pasando eso desde que había llegado a la casa de Kiki. Me despertaba desorientada, como si hubiera sido arrastrada hasta este lugar en medio de mi sueño. La habitación era una de las más espaciosas que había visto y aún así no podía sacudir el sentimiento de que algo me estaba ahorcando.
Sólo ver la respiración de Spi, en mi alfombra, conseguía calmarme en estos días. El gato seguía tan perezoso como siempre, y nunca se lo podía atrapar despierto hasta antes del mediodía.
Al ver el reloj en mi velador, me percaté que aún le quedaban toneladas de horas para dormir al siniestro gato que había adoptado como mascota.
La sensación de claustrofobia sólo aumentaba cuando me levantaba de la cama, así que aunque había anulado la posibilidad de regresar a dormir, me tomé mi tiempo para sentarme, y más tiempo aún para dirigirme al baño.
Eran exactamente las dos de la madrugada, hora habitual de mi cuerpo para dejar de requerir descanso. Sabía que no era un síntoma normal levantarse a tan sólo tres horas de haberse acostado, pero me di la triste excusa de que estaba ansiosa porque pronto viajaría a un lugar completamente desconocido para mí, donde la única persona familiar, sería Kero.
Aunque sabía que la sensación de soledad no era lo suficientemente fuerte como para mantenerme de pie a tan altas horas, mi mente pareció satisfecha con el pretexto.
Excusas, excusas, excusas. Eso era todo lo que tenía para justificar el hecho de que me iba a ir del país, sin siquiera despedirme de mi madre o de Shaoran.
Probé el agua en mi ducha, hasta que estuvo lo suficientemente fría como para hacerme olvidar de todas las estupideces que me tenían retorciéndome una y otra vez en la cama.
Esta ducha en medio de la noche —si considerábamos la oscuridad— ya se había convertido en una especie de hábito. Decían que la gente, para huir de sus problemas recorría al alcohol, otros a las drogas… y yo, bueno, yo usaba el insomnio y las duchas heladas, ambas cosas a las que detestaba, pero que se había convertido en extraños aliados en momentos de desesperación.
Sabía que las lágrimas no tardarían en llegar, y otra vez me reclamé lo estúpida que estaba siendo. ¿Por qué mi cabeza no conseguía hacer entrar en razón a mi corazón? El necio continuaba insistiendo que mi partida a París no era para buscar un futuro, sino para esconderme de mi pasado…
Cuando me deshice de toda mi ropa e iba a entrar a la horrible frialdad del grifo, mi celular comenzó a vibrar sobre la superficie plana de mi mesa.
¿Quién diría que se podían recibir llamadas equivocadas en la madrugada? Hasta el momento, había creído que era un cliché.
Por un instante, fui lo suficientemente perezosa como para continuar con mi ducha, pero el repiqueteo parecía especialmente fastidioso en el silencio que cubría toda la habitación.
Suspirando, contesté el celular, no molestándome en revisar el identificador de llamadas.
—"Escuche, creo que…" Comencé a decir, algo fastidiada por haber sido interrumpida.
—"Sakura," La voz fue tan clara y a la vez ronca, justo en el tono que había memorizado en medio de momentos más agradables. La misma voz que antes me había suplicado, la voz de la que me había despedido, con una ruptura que lo dejó todo pendiente para mí.
Mis palabras se quedaron atragantadas, y resentí mi debilidad.
—"Shaoran," Pronuncié el nombre con dolor. Sabía que para este momento debía ser un hombre felizmente casado. Lo resentí aún más, imaginando que había tardado tanto para llamarme, para restregar su matrimonio con Meiling.
En ese segundo, supe el por qué de tantas lágrimas estúpidas.
—"Sakura, te necesito…" El susurro fue ahogado, más quebrado de lo que estaba acostumbrada a escuchar. Quise reír por la ironía. ¿Cuántas veces no había imaginado que él pronunciara esas palabras? ¿Cuántas veces no había prometido que lo dejaría todo sólo para cumplir con sus deseos? Aparentemente, no lo suficiente. Porque aquí me hallaba tan resuelta como siempre a seguir con mi plan, aunque eso me costara la mitad de mi alma.
Juro que quise colgar en ese momento. Sabía que mi fuerza de voluntad estaba a punto de desvanecerse entre escombros.
—"Sabes que lo nuestro terminó," Me vi obligada a repetir, no sé si para beneficio de él, o para el de mi voluntad.
—"¿Es cierto que te vas?" La pregunta casi me hace caer de espalda por la sorpresa. Supongo que debía haberlo anticipado.
—"Sí," Apreté mis dientes. Supongo que era justo que él se enterara de todo el asunto de una buena vez por todas.
Pero había olvidado momentáneamente por qué no quería que Shaoran supiera acerca de mi partida a París.
Él, no tardó en recordármelo.
—"No te vayas," Ahí estaban las palabras mágicas, pronunciadas con su voz ronca, fuerte, demandante. En contraste, estaba yo, incoherente, débil y complaciente.
Así que preferí cerrar mis ojos, y tomar una respiración fuerte antes de contestar precipitadamente.
—"¿Por qué, Shaoran? ¿Por qué me estás llamando?" Me mordí los labios para no echarme a llorar, como cada célula en mi cuerpo parecía pedir.
—"¿Dónde estás? ¿Podemos encontrarnos?" Sabía que debajo de la tranquilidad que proyectaba, estaba furioso. Estaba furioso porque no le había dicho nada. A tan sólo horas de mi vuelo, él era el último en enterarse.
La injusticia de todo fue lo que más me golpeó. No me importaba si Tomoyo, mis otros amigos o incluso mi propia madre se enteraran que me iba del país. De la única persona que en realidad me preocupaba, era de él.
Así que motivada por los deseos abrumantes de volver a verlo, aunque sea una última vez; más la injusticia de irme sin decir adiós; más verlo una última vez… Me dejó sin razón o sentido alguno, indefensa, completamente inservible para defenderme.
Mi mente me estaba advirtiendo de lo horrible que sería verlo y no poder tocarlo. De despedirme de él, esta vez para siempre. Y en contraste, mi corazón me gritaba que lo buscara, y que me despidiera de él finalmente, para poder comenzar el proceso de recuperación.
Era adicta al dolor, ¿o qué?
Shaoran tomó la decisión por mí.
—"¿Dónde te encuentro?"
Respiré profundo, sabiendo que esto era un error.
Pero más grave sería irme a París, pensando en el 'qué habría pasado si…'.
—"¿Estás en la mansión?" Pregunté con curiosidad. ¿Qué clase de luna de miel —ugh— admitía que los novios se encontraran en la casa de los padres?
—"Sí," rodé mis ojos ante lo absurdo de la situación.
—"Espero que Meiling no se enoje demasiado porque tu ex te vaya a visitar en medio de la noche," Dije como broma, mentalmente golpeándome por hacer una broma tan horrible, en medio de una situación aún más terrible.
—"No," Dijo con voz más seca de lo normal. Apenas y pude distinguir algo de humor.
Y antes de que me arrepintiera del todo —o mi cerebro volviera a procesar las cosas— dije, —"Entonces, allá voy"
Cerré la llamada, maldiciéndome a mí misma y preguntándome qué habría hecho mal en mi vida anterior como para merecer esto.
Olviden las espinas debajo de las uñas. Olviden arrancar miembro por miembro. Ver a Shaoran sería mi tortura.
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Shaoran Li P.O.V
Repetí la conversación que habíamos mantenido, una y otra vez en mi cabeza. Sabía que era un idiota al recurrir a la llamada desesperada, pero mi tiempo de esperar con paciencia se había agotado oficialmente.
Mi cabeza parecía querer estallar y mis manos no dejaban de temblar. Sabía que estaba al borde de darme algo, porque había analizado esto, una y otra vez, hasta que me armé de suficiente valor para apostarlo todo en verla por si tenía éxito, la primera vez, o por si fracasaba, la última.
Cuando me había quedado sin esperanza alguna que me dijera que esto se solucionaría sin esfuerzo, había buscado su número, sin importar qué hora fuese. Si ella me hacía esto, yo tenía derecho a levantarla, ¿no es así?
Había varias sensaciones que recorrían mi cuerpo. La más importante era la acumulación de rabia y desesperación que había absorbido durante los últimos días. Otra de ellas era el temor.
Todos mis planes siempre habían incluido a Sakura en el final. Era ridículo creer que todo pudiera venirse abajo por la ausencia de una pequeña persona, pero era cierto. Especialmente porque había aprendido a amar a esa persona como no había creído cierto en toda mi vida.
Las memorias habían sido lo que me habían detenido de perseguirla, de demandarle respuestas. El presente había sido tan incierto para nosotros, que nunca nos habíamos detenido a preocuparnos por el futuro, porque de una manera u otra, se suponía que ése ya estaba pintado para ambos. Nunca nos habíamos detenido a analizar qué era lo que en verdad quería, al menos no hasta que fue tarde.
Así que, como mis planes habían funcionado tan bien últimamente, decidí armar uno sencillo, mientras la esperaba, afuera de la mansión.
Mi plan era… hacerle entender que la amaba más que a nada, y que quería estar con ella. Que no teníamos por qué terminar la relación ahora que me Meiling no contaba como factor. Que la seguiría hasta que entendiera.
Preparándome a que Sakura me echara el plan en la cara —sería la ironía más grande de todas— vi cómo un Ferrari entraba en la propiedad y paraba a unos metros de donde estaba yo.
Ahí iba todo. O nada.
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Sakura Kinomoto P.O.V
La puerta de mi auto se abrió, pero no me atreví a observar quién había facilitado mi salida.
Pasaron lo que parecieron décadas —aunque quizás fueron segundos— y volví la mirada hacia él. Él que durante meses había invadido mis sueños y él, quien me había enseñado el placer, él quien me rompía el corazón sólo por no poder quedarme a su lado.
Cuando vi su mirada ambarina, supe que había sido una mentecata al venir. Si sólo su voz mantenía un poder insospechable en mí, ¿podrían imaginarse cuánto poder tenía su mirada?
Mi boca se abrió para decir todas las excusas que había planeado durante las largas noches de insomnio, pero ninguna salió de ella. El dolor fue simplemente demasiado.
Mi cuerpo se convirtió en un títere, fácil de manejar, mientras él me sacaba del auto, y me estrechaba en su pecho, inundándome con su perfume. Y fue ahí que encontré mi perdición… porque todos los recuerdos de cuando estuvimos juntos regresaron en una gran ola de emociones, algunas más frescas que otras, y la rabia por lo absurdo de nuestra ridícula historia de amor, salió desde su profundidad, dejándome sensible a su presencia.
Su mano acarició mi nuca, y como no quería separarme de él, no encontré ninguna pizca de voluntad para apartarlo. Sus ojos me miraron directamente, suaves, seductores, como siempre habían sido.
Y mi cuerpo tuvo mente propia.
La bestia que había atrapada en mi interior —la que no era racional, a la que le importaba un bledo el matrimonio con Meiling, a la que no le interesaba el futuro, la que no sabía reconocer más que el deleite— consiguió liberarse y fui yo quien devoró sus labios.
La sensación fue tan gloriosa como encontrar agua en medio de un desierto. Y fue ahí cuando me rendí.
Era inútil intentar esconderme. Esto, lo que sentía por Shaoran, cuando estábamos así de cerca. Cuando sus manos estrujaban mi cuerpo, cuando su virilidad estaba pegada en mí, esto nunca me dejaría en paz. Podría intentar esconderme. Podría intentar aparentar. Podría correr. Pero sería inútil.
Porque en nuestro mundo de locura, donde los juegos de niños habían quedado a un lado, ambos nos habíamos convertido en éstos adultos patéticos, necesitados, desesperados el uno por el otro.
Mi lengua se deslizó descaradamente hasta su boca, mi respiración agitada provocaba más fricción entre ambos, y mis brazos no podían dejar de rodearlo.
Sabía que esto pasaría cuando viera a Shaoran. Ni la esposa, ni la moral que había construido, eran suficientes como para darme la fuerza necesaria y alejarme de la gloria.
Sabía que yo no era lo que Shaoran necesitaba para sí, que era extremadamente egoísta al arrastrarlo conmigo… que él tenía tantos compromisos y que yo no debía inmiscuirme, pero desesperanzada, me dije que si esta era la última vez que estuviéramos juntos… Valdría la pena y el dolor después.
—"Tu habitación," Susurré, en medio de nuestro beso.
Completamente perdida en deseo, lo vi asentir.
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Shaoran Li P.O.V
Usualmente cuando me encontraba en la presencia de Sakura Kinomoto, violencia era lo último que podría cruzarse por mi cabeza. No así, en esta ocasión.
Cuando llegamos a mi habitación, la vi inspeccionarla sin decir una palabra, mientras su mano acariciaba la mía. El gesto fue todo lo que mi cuerpo necesitó para explotar en furia por todo lo que ella había pretendido hacer conmigo.
Dejarme. Había planeado dejarme, y en serio. Había hablado en serio cuando creía que lo nuestro nunca podría funcionar, incluso aunque sabía que yo la amaba. Me había encargado de decírselo… y ella había decidido ignorarlo.
Sakura me enviaba señales confusas. Justo cuando creía que nunca podría convencerla a volver conmigo, era ella quien pedía que la lleve a mi habitación. Justo cuando creía que tendría que ponerme de rodillas para suplicarle que me dejara besarla, era ella quien se lanzaba a mí, ofreciéndose por completo.
Sólo Dios sabía qué diablos ocurría en su cabeza.
Y el hecho de que no podía descifrarla, hacía que mi furia —y dolor si debía admitirlo— aumentara, porque una pequeña parte de mí, se sentía traicionada.
Así que cuando estuvimos en la seguridad de mi habitación, las palabras que ya no podía contener salieron sin control.
—"Pensaste dejarme," Acusé, y mi actitud seguramente parecía la de una mujer traicionada por su marido.
Sakura levantó una ceja y se cruzó de brazos —"Y si te lo recuerdo… fuiste tú quien no me dijiste que la boda sería tan pronto,"
Cierta satisfacción se coló en mí, al saber que ella había recurrido a huir para evitar verme con Meiling. Ahora que ésa no era una posibilidad, podía regodearme con sus celos.
—"Debiste decírmelo," Reclamé impasible, mientras acercaba su cuerpo al mío. Seguramente podría pensar mejor cuando mi cerebro no estaba entre mis piernas.
—"¿Y qué hubieras hecho?" Preguntó con voz atragantada. Ahora le estaba besando el cuello.
Aquí iba todo. Ésta era mi única oportunidad para convencerla de quedarse aquí. O dejar que yo la acompañara. Cualquiera de las dos opciones estaba bien, con tal de que ambos estuviéramos juntos.
—"Te habría dicho que eres…" Un beso —"…una tonta," Otro beso.
Sus ojos verdes se abrieron en sorpresa al insulto. Quise reír por su expresión, pero había demasiado en la mesa como para arriesgar perderlo todo por una estúpida risa.
—"Okay, es ahora que esta tonta se vaya a hacer sus tonterías a otro lado," Su ceño se frunció y se apartó de mí con rapidez. Tuve que recurrir a toda mi fuerza de voluntad para no echarme a reír a carcajadas.
No me costó nada atraparla de nuevo.
—"No me casé con Meiling, Sakura" Eso fue todo lo que le tomó dejar de luchar contra mi agarre.
Parpadeó por un momento, mientras absorbía la información. Luego se volvió a cruzar de brazos.
—"Okay, eso no significa nada. Tarde o temprano lo harás y yo, tengo un avión en el que subirme," Su tono fue indiferente, como si estuviera contándome una historia ajena en vez de algo importante. En el fondo, en sus ojos, podía ver el dolor que escondía tras sus palabras.
Dolor que yo podría aliviar, si ella me dejara.
Suspirando, me resigné a decirle la verdad. Las noticias que tanto había anhelado contarle. Pero antes…
—"¿Vas a irte a París?" La vi morderse los labios. Estaba nerviosa.
—"Sí,"
Respiré con fuerza. —"¿Por qué te vas?"
Otra vez levantó una ceja.
—"Es lo mejor. Tengo una propuesta para unirme a una compañía y trabajar con varios diseñadores y…" Su lista de buenas razones parecía escasa de argumentos, y por un momento me sentí deprimido por ella.
—"¿Eso es todo?" Pregunté con suavidad, acercándome para acariciar sus mejillas. Al ver sus ojos, pude encontrar humedad en ellos.
—"Y voy a estar lejos de ti, por supuesto" Contestó en la voz más débil en la que la había oído hablar.
La suavidad de su piel nunca me dejaba de sorprender, y quise memorizar este momento para el futuro.
—"¿Y si te digo algo importante… considerarás esa decisión? ¿O estás cien por ciento segura?" Susurré, por primera vez verdadero miedo entró en mi sistema. Sakura era tan impredecible.
—"Estoy segura. Pero…" Y antes de que pudiera decir algo más, finalmente lo dije.
—"No me voy a casar con Meiling," Sus ojos se abrieron por la sorpresa, y luego se entrecerraron con desconfianza.
—"No, no voy a casarme. Hablé con mi madre, y renuncié a mis derechos de heredero principal. Ahora, la herencia de mi padre se repartirá en partes iguales, y al verme descontento con la prometida que mi madre había escogido, el compromiso se deshizo,"
La sentí temblar entre mi abrazo, y aunque sus ojos estaban clavados en mí, fue difícil distinguir lo que ocultaban. Pronto, la vi negar.
—"No," Intentó alejarse de mí, pero no se lo permití. —"No hagas esto, Shaoran. No mientas para intentar que me quede. No lo hagas,"
—"No estoy mintiendo," Declaré más seguro de lo que había estado en mi vida.
Y finalmente, dije la verdad más grande de todas, antes de besarla con todo lo que había en mi ser.
—"Te amo,"
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Sakura Kinomoto P.O.V
Lo que mi mente rehusó creer, mi cuerpo y corazón lo entendieron inmediatamente. Absorbí cada una de las palabras de Shaoran, y por más que busqué la falsedad de sus enunciados, ser revelada en el algún momento, no pude encontrar rastro de mentira.
Mis defensas habían sido debilitadas con su presencia, habían sido torturadas con sus palabras, y ahora eran aniquiladas por sus besos.
Me encontré dejándome dispuesta a su voluntad, como siempre había sucedido. Esperé despertar de este sueño, pero nada sucedía. Seguía atrapada entre sus brazos, continuaba sintiendo sus besos en mi cuello.
Y la pasión despertó en mí, como si nunca se hubiera esfumado, sino hubiera permanecido atrapada.
Cuando creía que no tenía nada más qué dar, ahí iba Shaoran y probaba lo contrario.
Y no podía quejarme.
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Shaoran Li P.O.V
Mi lengua recorrió las profundidades de su boca, de manera descarada, como si se tratara de sobrevivir. Había pasado tanto tiempo desde que la había besado de esta manera. Y nunca me había sentido así de libre. Nunca había gozado de la libertad de la que ahora disfrutaba y por eso ahora era como besar a una nueva Sakura.
Sentí el cambio que hubo en ella, en el instante en el que se percató de que no la dejaría en paz. Su rendición fue la más dulce, porque se abrió por completo a mí. Sus brazos me rodearon con más fuerza de lo que habría anticipado, y pronto no pude formar pensamientos muy coherentes que se digan.
Caímos en la cama de una manera estrepitosa y muy vagamente me pregunté si nuestro escándalo podría despertar a alguien de la casa. No me importó lo suficiente como para detenerme. Siempre había tenido problemas en cuanto a cuestión de límites se había tratado, especialmente cuando me encontraba junto a ella.
Mis dedos recorrieron su cintura, tanteando para encontrar algún cambio, probando que me había perdido de algo. Últimamente habían sucedido tantas cosas positivas, que no estaba encontrando el balance ahí. Pero mis dedos siguieron el camino de siempre, mis oídos escucharon sus gemidos, y mis ojos se deleitaron con su desnudez. Me encontré a mí mismo más desnudo de lo que podría haber anticipado, sus manos ahora activas en participación.
Apreté los dientes cuando encontré que su mano rodeaba algo que no necesitaba más motivación porque de lo contrario explotaría. Honestamente. ¿Es que pensaba matarme?
En menos de un segundo, me separé de ella, y busqué con desesperación un paquete que —maldita sea— debía estar por aquí.
—"¿Shaoran?" La confusión en su voz era clara, y me maldije a mí mismo por no estar mejor preparado. Había estado tan preocupado por el qué diría, que nunca se me había ocurrido la posibilidad de seducirla.
Honestamente, ¿podría ser más idiota?
Tenía una erección que debía ser declarada como anomalía médica… y no había condones.
No había ni un solo maldito condón.
¿Acaso mi estupidez no tenía fin?
Aparentemente, no.
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Sakura Kinomoto P.O.V
En este momento, mi frustración era tal, que no sabía si echarme a reír a carcajadas —la situación era graciosa, después de todo— o si llorar a moco tendido por toda la frustración sexual que tenía atrapada en mi interior.
Mi cuerpo jugó con la idea de ignorar el estúpido protector de látex, pero mi cabeza todavía estaba en el juego lo suficiente, como para advertirme que eso no era una idea muy brillante, si la analizábamos fríamente. Y ése era mi dilema, porque mi cuerpo se rehusaba analizar nada referente a Shaoran… con frialdad.
Me estremecí al sentir cuán excitado él estaba todavía, y contuve una carcajada al saber que no era yo quien había recibido la peor parte de todo.
Aunque sabía que esto no podía llegar a mayores, me tomé el atrevimiento de acariciarlo en la espalda, algo que nunca había hecho, en medio de nuestro atropellamiento sexual. No pasó ni un instante hasta que lo vi tensarse de nuevo, su piel más caliente que la mía.
Sus manos acariciaron mis pechos, y me encontré protestando porque en verdad no quería perder la poca cordura que me quedaba. Era suficientemente malo que no tuviera una simple pista acerca de lo que debía hacer, peor si tenía el cerebro atrofiado por sus caricias que no terminarían en nada.
—"Basta," Dije hipócritamente, porque había sido yo quien había iniciado la ronda de caricias.
Lo escuché respirar con fuerza y luego exhalar con lentitud.
—"A partir de este momento," Declaró con voz suave —"Voy a comprar toneladas de esas cosas. Nunca me atraparás desprevenido," Sabía que detrás de la irritación, también se encontraba la ironía de toda la situación. Pero ninguna de las dos cosas me preocupó tanto como saber que esto era sólo el primer strike. Eso, me asustó.
Sus ojos buscaron los míos, como si ambos estuviéramos pensando en lo mismo, y habíamos sacado la misma conclusión.
Mi cabeza era un río de confusión y no estaba segura de nada.
Por un lado, se encontraba la responsabilidad que tenía, quería alejarme de mi madre. Por el otro lado, se encontraba Shaoran. Y sólo él era buen motivo para quedarme.
Tenía una decisión que probablemente afectaría más que ninguna otra, mi futuro.
Y no tenía idea de lo que iba a hacer.
Notas de Autora:
Hola, ¿qué tal mis queridas lectoras? Aquí les entrego un nuevo capítulo de fic con mucho cariño para todas, una vez más lamento el retraso, pero en esta semana estaré muy ocupada ya que tengo exámenes finales en el cole, es mi último año y el próximo estaré en la U, así que para la que se estaban preguntando el por qué de mi despedida del , es porque calculo que voy a estar más ocupada de lo que estoy ahora, y mi tiempo para escribir va ser extremadamente reducido y ustedes no se merecen nada menos que una actualización —por lo menos— al mes.
Un beso muy grande a quienes continúan agregándome a sus favoritos, a sus alertas y dejando sus reviews. Es muy importante para mí que ustedes me prefieran, se los aseguro.
Un beso, hasta el siguiente capítulo.
Sakki Chan
