¡Hola!

Siento haber tardado decadas en actualizar. Sé que no tengo perdón, y no me extrañaría que la mitad se ha olvidado de mi. Pero no sabeis lo atareada que he estado con los deberes. Puf, que desascostumbrada estaba, el semestre pasado fue pan comido y este, ni comparación.

En fin, no os aburro. El vicio va dedicado a todas y todos los que me leen. Y por supuesto a mi beta Biank, por que este vicio estaba plagadito de horrores ortograficos.

¡A leer!


Vicio 14, ego

Era una mañana fría de primeros de Diciembre, el aire helado y poco acogedor ahuyentaba a los transeúntes que merodeaban con claros objetivos por las calles del Callejón Diagon. Villancicos se oían provenientes de las tiendas con más sentido de festividad. Aunque no eran muchos, todos los magos que recorrían la calle entraban sin nada de las tiendas, y salían repletos de regalos para Navidades que se acercaba poco a poco de manera tentadora y expectante.

Los peatones, enfundados en cálidos abrigos y envueltos en bufandas, gorros y guantes, recorrían las calles apresuraros de entrar en las tiendas dónde las estufas trabajaban incasablemente. Nadie en su sano juicio estaría bajo la tempestad. Y dado que salir para hacer las dichosas compras navideñas era algo requerido, el objetivo era pasar el menos tiempo posible expuesto en la calle al inhóspito frío.

El buen humor reinaba en el ambiente. La felicidad, la emoción de elegir regalos para familiares, amigos, padres, hijos, tíos o primos; esa tranquilidad solo típica de lugares dónde la paz gobierna. Y sí, se podía decir que el mundo mágico vivía una de sus épocas más pacíficas y felices.

Un hombre, de aspecto fuerte e intimidante, llamativo debido a una espesa mata de pelo pelirrojo, abrigado con una enorme chaqueta color caqui, las mejillas coloradas del frío, las manos metidas en sendos bolsillos de su abrigo, estaba de pie junto a una mujer igual de arropada que él. La mujer tenía un gorro enfundado hasta las orejas y contemplaba, impaciente, su respiración que se podía ver en el frío aire.

El hombre, Ron Weasley, cazador de los Chudley Cannons, esbozaba una gran sonrisa de satisfacción mientras miraba a un par de mujeres de unos aproximadamente veinticinco años mirando en su dirección. Todos los que le conocían verdaderamente bien sabían lo mucho que Ron adoraba tener admiradores. El placer que le hacía saber que gente a la que no conocía de nada, no solo se sabían su nombre sino que le miraban con una admiración tornada a suprema reverencia.

No es que Ron fuera arrogante. Sencillamente, su autoestima había subido mucho desde hacía unos años. Y puede parecer lo mismo, pero Ron no se creía superior a los demás. Es más, su genuina admiración por cualquier cosa se lo impedía.

Ron siguió sonriendo a las chicas que seguían mirando a su dirección. Les hizo un breve repaso con la mirada: ambas rubias de bote, ojos azules, una más alta que la otra, pero las dos vistiendo un estilo muy parecido. Las dos eran indudablemente guapas; Con sus túnicas a la última moda, marcando curvas y esa actitud seductora, no pudo despegar la mirada de ellas.

— ¡Ron! Espera que te limpie la baba que te vas a mojar el abrigo.

Ron desvió los ojos de las chicas y miró a su mujer confundido.

— ¿Qué has dicho?

— ¡Que dejes de mirar a ese par de chicas! Cómo se nos acerquen…

—Seguro que me han reconocido —dijo Ron hinchando pecho—. Los Chudley Canon están dejando de tener mala fama, cariño.

Hermione suspiró ruidosamente.

—Claro que sí, Ron. Claro que sí—miró a ambos lados, impaciente e irritada—. No sé qué le ha pasado a Harry, suele ser tan puntual. Y tenemos que ser los únicos pringados que esperamos afuera del Caldero Chorreante a que llegue.

—Si quieres entramos.

—Has sido tú el que ha dicho que le esperemos afuera.

—Bueno, he cambiado de opinión.

Hermione iba a replicar algo cuando de repente las dos chicas se acercaron hacia ellos a paso rápido moviendo las caderas con deleite bajo la mirada encandilada de Ron.

—Hola —dijo la más alta sin una pizca de vergüenza—. ¿Tú eres Ron Weasley, verdad?

Dada a la cercanía, Ron pudo observar el exceso de maquillaje de la chica. Se perdió en los ojos azules enmarcados de sombra de ojos púrpura. Aunque pudo observar que no tenían ni comparación con los ojos castaños de Hermione que tanto le volvían loco.

—El cazador de los Chudley Canon¿verdad? —intervino la otra chica, con menos seguridad.

Esa también era guapa, la cara más redondeada pero un par de mejillas sonrojadas observó Ron embelesado. Aunque, pensó, demasiado carmín. La cara de Hermione, sin excesos en maquillaje, era cien veces más guapa pensó para sí mismo.

Hermione miraba hacia a su alrededor sin ningún interés de lo que su marido hablara con esas chicas. Hacía varios años que se había acostumbrado a ello. Hermione sabía que Ron nunca se iría con otra mujer. Y que las miradas que echaba a otras chicas, era plenamente inocentes y que entre todas las mujeres del mundo siempre acabaría eligiéndola a ella.

Ron asintió con esa sonrisa que le gustaba calificar de seductora pero que Hermione siempre decía que le hacía parecer medio bobo.

— ¡Oh, somos grandes admiradoras tuyas! Mi hermana y yo siempre hemos estado con los Chudley Canon. Desde pequeñas —dijo sonriente la alta—. Y cada vez estamos más orgullos del equipo, sobre todo desde que estás de guardián.

Ron estaba totalmente encantado por las palabras de las dos jóvenes. Y es que tanto halago habían engordado su ego.

—Bueno, pues entonces creo que está más que claro que os podré firmar un...

— ¡Laurie¡Mira quién está ahí! —chilló de repente una de las dos desviando la atención de Ron.

La hermana se giró y abrió los ojos en platos al ver quién se acercaba a ellos.

— ¡Harry Potter! Eva¡debo de estar soñando!

Eva tenía la misma cara de ensimismamiento viendo cómo Harry Potter se acercaba a paso decido hacia ellos, aunque al ver al par de chicas tan excitadas, arqueó una ceja interrogando con la mirada a Hermione.

Hermione se encogió de hombros, y dado que las chicas la daban la espalda, se llevó un dedo a la cabeza e hizo círculos queriéndole explicar que estaban locas.

—Anda, Laurie, háblale tú primero. Oh dios mío, que vergüenza —dijo Eva llevándose las manos a la boca.

Ron se había quedado paralizado, su mano todavía en el bolsillo dado que había ido a buscar un bolígrafo para firmarlas un autógrafo. Tenía la boca agarrotada en una mueca de disgusto y resignación.

Mientras las dos chicas corrían para abalanzarse sobre el moreno, Hermione entrelazó su mano con la de Ron y se pegó a él.

—No te preocupes. Yo sigo siendo tu más fiel admiradora —susurró a su oído.

Ron se giró y miró detenidamente las facciones de Hermione.

—Y me puedes dar todos los autógrafos que quieras —añadió no pudiendo contener una pequeña sonrisa de diversión.

— ¿Interrumpo? —preguntó Harry al tiempo que tosía indiscretamente.

Sujetaba con ambas manos su elegante chaqueta negra, y parecía visiblemente aliviado de haberse librado de sus fans con tanta facilidad.

—Después de robar fans, y llegar tarde, creo que nos merecemos una buena excusa. ¿No? —dijo Ron un poco resentido.

Harry y Hermione se rieron ruidosamente.

De repente, un hombre de mediana edad, una barba negra, y aspecto de haber bebido más alcohol de lo debido, salió del Caldero Chorreante y se acercó corriendo hacia ellos.

— ¡Ron Weasley! No me podía creer que eras tú cuando te he visto desde la ventana —exclamó al tiempo que le daba al pelirrojo un cálido abrazo—. ¡Todavía estoy impresionado por tu actuación durante el último partido!

Ron los ojos abiertos de la emoción y la respiración cortada por el fuerte abrazo, miró a Hermione y Harry con ojos de cordero degollado. Hermione ignoró la silenciosa súplica de auxilio de su marido y susurró: "¿No querías fans, cariño?"


Bueno, ya está. Mucho más ligerito y gracioso que el anterior. xD Jajaja.

Vicio 28, señores. Tengo ya escrito el siguiente que será "Vicio 11, Quebrar". Y todavía me falta el vicio "27: control". Del que no tengo ni idea de que escribir. xD Y es que ahora la mente la tengo super ocupada en pensar sobre el baile que tengo dentro de dos semanas, en plan, super americano. xD Jajaja. Ya tengo el vestido (azul claro, precioso, con flores super chulas en negro. No sé es precioso. xD) y los tacones (unos negros, en punta). xD Sé que no os interesa, pero estoy tan emocionada. xD ¡Y me van a maquillar gratis! Una de una tienda, solo habrá que pagar por el brillo de labios. Puf, que emocion. Jajajaja. Siento aburriros, pero como veis estoy entusiasmada.

Muchos besos y saludos de la escritora más pesada de fanfiction.