Lo se lo se parece que me trago la tierra pero acabe la semana de exámenes y parece que sigo vivía así que continuemos.

Los derechos no me pertenecen… aun

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Confianza y mentiras

Candy no sabía si aquello podía ser tomado como un secuestro o no, mientras Terry se acomodaba en el asiento contiguo al de ella se giró hacia la ventana para no mirarlo.

Estaba molesta, si realmente molesta, pero después de tantos intentos ni se inmuto cuando la azafata indico que estaban por despegar.

— ¿Aun estas enojada pecosa?

—No me llames pecosa.

Si aún estaba enojada, muy enojada.

Recordó el momento una y otra vez con la noche cubriendo sus cabezas Terry le había ofrecido huir juntos y cuan hermoso y fabuloso habría sido decir que si, huir, olvidarse de todo y vivir felices solo él y ella juntos por la eternidad, pero no, había mucho por sacrificar si ella tomaba una decisión tan egoísta, salvarse ella, olvidar a Dorothy, a Albert y entonces olvido una norma muy importante al convivir con Terry y era que el no aceptaba un no por respuestas, así que la había secuestrado, tomado en brazos y arrastrado hasta ahí.

Suponía que debía haberlo previsto cuando él dijo huye con migo y no ¿quieres hacerlo?

No sabía si sentirse frustrada o no, una gran parte de ella estaba feliz a su lado, loca de felicidad y alegra y otra parte de ella una mucho más profunda y ahogada quería volver desesperadamente y lo demostró las numerosas veces que había tratado de escapar pero al final consiente del gasto inútil de energía había optado por resignarse, ya encontraría una forma de volver ¿verdad?

Sabía que Terry la observaba mientras fingía estar muy interesada con la formación de nuves que corrían a su lado, no tenía ni la más remota idea de adonde iban y Terry no se lo diría.

Y su teléfono había desparecido y apostaría todo lo que tenía (si es que aún tenía algo) a que sabía quién era el responsable.

Terry no hiso ningún otro intento por hablarle y en parte lo agradeció, se sentía furiosa, furiosa con ella misma en especial por que debía reconocer que había una parte en lo profundo de su corazón que le agradecía que la hubiese obligado y otra parte que le decía que lo culparía a él y más a ella misma si algo le pasaba a Dororthy o a Albert, incluso a su madre.

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Y Elroy lo había notado demasiado tarde, era una réplica exacta de Peter pan, con la ventana abierta, las cortinas siendo empujadas por el aire señalando la escena con férrea exaltación, su hija desaparecida y una convicción de que no había actuado sola, porque una caída desde su ventana la habría lastimado lo suficiente para no poder huir, una mala posición y habría muerto pero no.

—Anthony— repitió para sí.

Andrew estaba demasiado conmocionado como para pensar como el hombre frio e inteligente que podía ser.

¿Cómo es que una niña tan estúpida y sentimental lo había engañado así, fingir que le importaba el bienestar de su nana y luego desaparecer sin más? Había sido una estrategia que él nunca había visto venir.

Quizá su hermano tenía algo que ver en esto, después de todo había venido buscándola y se había ido sin queja al final, pero este no parecía fingir su enojo, no tenía sentido que ella hubiese negado irse con el si iba a huir con Albert por la noche.

Aparco su auto frente al departamento de este, si Candy estaba con el podría acusarlo de secuestro de una menor al no tener la custodia y tendrían el juicio ganado.

Al mismo tiempo Elroy aparcaba frente a la imponente casa de los Andry esperando encontrar a Candy en casa de Anthony pero lo que no sabía es que al quien estaban buscando era un ser superior a cualquier cosa que un abogado o una madre enojada hubiesen enfrentado jamás.

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Candy no noto en qué momento se había quedado dormida, simplemente había dejado que sus parpados se cerraran, no noto lo cansada que estaba hasta que Terry le movió para que despertara y ella se negó a abrir los ojos.

Tampoco noto que estaba recostada sobre el cuerpo de él hasta que noto su cuerpo extremadamente cerca del de ella.

Ella lo empujo como reflejo pero solo logro alejarse a sí misma porque el firme cuerpo de Terry se mantuvo en la misma posición con esa expresión de diversión que le hacía pensar que nada malo pasaba, y había empezado a notar que esa actitud tan ligera sin mascaras la había reservado solamente para ella.

Esa idea hiso que algo en su corazón saltara.

—Vamos pecosa ya llegamos.

—Te dije que no me llamaras pecosa— reclamó recordando el motivo de su enojo.

—Lo sé, es por eso que lo hare más seguido.

Candy ya no respondió cruzando las piernas de él para bajar primero pero un mal paso la hiso perder el equilibrio, el alcanzo a sostenerla de brazo para que recobrara la postura y ella tuvo que encontrarse con su mirada, a nada estuvo de besarlo pero el enojo y el orgullo ardía en su interior así que se alejó y dio media vuelta para bajar su maleta y adelantarse sin él, tal vez sin el pegado podría encontrar un teléfono o algo parecido.

Pero no llego muy lejos cuando noto la sombra de su cuerpo sobre ella, curiosamente se había vuelto algo habitual para ella e incluso era ya raro no sentirlo acechándola.

—Yo la llevare— tomó la maleta por ella y se encamino a pedir un Taxi

Era sorprendente lo rápido que había conseguido lo necesario para que ella sobreviviera el tiempo que fuera a tenerla presa, aun que decir la palabra presa relacionada con Terry le sonaba a algo muy parecido al síndrome de Estocolmo y no quería relacionarlo con algo así.

¿Qué afición tenía la gente por controlarla? primero su madre, ahora él.

Sin embargo era tan diferente, Terry buscaba protegerla aun si tenía que hacerlo contra su voluntad, ella no entendía pero no dejaba de molestarla y su madre, su madre buscaba protegerse aun si tenía que pasar sobre sus propios hijos.

No sabía en qué momento se había convertido en eso.

Y sobre Terry había algo que Candy había notado desde que la había arrastrado hasta el aeropuerto y sorprendentemente a nadie de los oficiales le había parecido extraño verla colgar de su hombro, seguramente Terry tenía algo que ver con ello, pero después de un rato de estar juntos el empezaba a agitarse, no parecía tranquilo, pero no era como si alguien los asechara y el estuviese preocupado por escapar, era como si la presencia de ella lo descontrolara y buscar la forma de encontrarse neutral, tal vez tenía que ver con ella de que él podía hacerle daño, talvez se estaba controlando para no lastimarla como aquella vez.

Noto no muy pronto que Terry le llamaba desde donde el taxi les esperaba, desde esa distancia con la camisa blanca ajustada a su cuerpo sin parecer pretencioso y ese bóxer playero azul marino que le daba un aire tan despreocupado, mientras le sonreía y agitaba la mano para llamarle parecían solo una feliz pareja de vacaciones, eran una pareja, pero no estaba de vacaciones, estaban huyendo y ella en contra de su voluntad cabía añadir y aun así la sonrisa se formó sola en sus labios mientras caminaba hacia él.

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— ¿Cómo que Candy se perdió? — exclamó Albert levantándose de la mesa en conde se encontraba desayunando.

Había despertado ese día sintiéndose tan dichoso y feliz mientras el cuerpo de Karen descansaba a su lado tranquilamente dormido que había olvidado todo por un momento.

No había dudado en preparar algo para que pudiesen desayunar, esperaba de corazón que Karen no sintiera aquello como un abuso de su parte cuando él la quería realmente bien y llevaba desenado ese momento quizá toda su vida.

Cuando Karen despertó Albert la guio hasta una mesa perfectamente decorada con flores silvestres y una bonita bajilla, no podía ofrecer mucho estando en un departamento de soltero, pero ella sonrió encantada con el detalle. Karen había tomado prestada un pijama a cuadros de él de una tela sorprendentemente suave que destilaba el aroma de él por doquier.

Después de un rato ella se había retirado a bañarse, Albert recogía la valija cuando escucha el toquido desesperado lo exalto, pero la puerta estaba abierta así que ni siquiera tuvo tiempo de moverse de la mesa cuando el abogado irrumpió en su casa.

— ¿Sabias que llevarte a una menor de edad es delito de cárcel?

Albert no comprendió la afirmación confirmando en su mente que Karen era mayor de edad.

¿Qué clase de pregunta era esa?

— ¿Y tú sabes que irrumpir en casa ajena sin una orden es un delito también?

— ¿Dónde está la señorita Candy?

Albert se ahogó con su propia saliva ante la afirmación.

— ¿Cómo que Candy se perdió?

El abogado supo sin necesidad de más que Albert no mentía al no saber el paradero de Candy, esto sí que era malo.

—Parece que escapó— afirmó sin saber en qué hoyo esconderse

—Y no me sorprende, yo lo habría hecho en su lugar— afirmó Karen saliendo de la habitación con su sencillo y elegante vestido gris de la noche anterior y el cabello arreglado en un moño alto que la hacía lucir imponente y atractiva.

Si Albert no hubiese estado demasiado asombrado por la desaparición de Candy se habría perdido ante la imagen.

— ¿Y usted es?

Albert noto perfectamente el escudriño del abogado sobre Karen que no era para nada profesional, sorprendiéndose a si mismo se plantó frente a ella fuer de la vista del abogado

—No hay ninguna norma que exija que conteste a esa pregunta— respondió ella, mordaz, suspicaz y perfectamente elocuente, nada que ver con esa niña enojona y debilucha que conoció cuando niño.

—Bien, pues si me entero de que oculta a la señorita Candy me veré en la necesidad de…

—SI no se retira de esta casa en la que ha entrado sin permiso de la ley nos veremos en la necesidad de llamar a las autoridades. — dijo Karen con una tranquilidad que parcia aquella una conversación entre amigos y no una amenaza.

Andrew sabía que solo provocaría más problemas para el casi si no se retiraba así que hiso un gesto con la cabeza de despedida y se alejó mientras formaba nuevas ideas en su oscura cabeza.

—Así que al fin huyo— dijo Karen cuando se vieron solos. — y tengo una idea de con quien se ha ido.

— ¿Tu sabias sobre esto?

—Lo veía venir

— ¿y sabes quién se la ha llevado?

—SI creo que se quien se la ha llevado y te puedo asegurar que no podría estar más a salvo que con él

— ¿Él?

—Es un viejo amigo

— ¿Karen? — insistió Albert

—Está bien te contare

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Al final del camino Terry le había pedido al Taxista que los dejara ahí, cerca de una zona muy húmeda donde se veía un lago enorme que separaba a la civilización de una hermosa reserva

—No hay forma de cruzar el lago chico— aconsejo el taxista.

—Lo sé— respondió simplemente ayudando a bajar a Candy y tomando las maletas.

Terry no hiso ningún movimiento hasta que el taxi se aleó lo suficiente, entonces guio a Candy entre la maleza hasta encontrarse con una lancha en no tan malas condiciones, como si ya hubiese sido preparada.

Él había preparado todo.

—Las pequeñas y pecosas primero— añadió con galantería ofreciendo su mano para ayudarla a subir, pero Candy le rechazo tomando la iniciativa por sí misma, sentándose en el asiento de madera con los brazos y piernas cruzados sin mirarle.

El rio mientras empujaba la lancha al agua y subía a su lado.

Candy espero a que comenzara a remar pero no lo hiso, de pronto la lancha se movió por si sola empujada por la repentina ola que se formó en el agua y los impulso suavemente, después de unos minutos pudo vislumbrar el inicio de una especie de isla, seguramente la reserva.

Y en poco ya estaba ahí.

El lugar era verdaderamente hermoso, cubierto de naturaleza por doquier, pudo ver un ciervo huir de ellos mientras bajaban…

Detuvo su apreciación cuando vio a Terry arrodillarse, al verlo noto un gesto de dolor poco común en él.

—Terry ¿qué pasa? — corrió hacia él tomándole por los hombros

El intento sonreírle pero otra punzada de dolor se lo prohibió formándose solo una mueca graciosa.

—Lo siento pecosa pero no estoy acostumbrado apagar mis poderes, fue demasiado repentino, mi cuerpo se debe acostumbrar.

Pero pese a todo, había una expresión de alivio en su voz.

—Vamos

El camino era en subida, y el final daba a una cabaña enorme y hermosa con un aire oriental.

Candy ni siquiera se había cansado ante la prominente subida gracias al hermoso paisaje, cuando llegaron a la cabaña casi había olvidado que no estaba ahí por su voluntad por que ya estaba turisteando la casa mientras Terry dejaba las maletas y observaba encantado su entusiasmo.

—Hay algo de comida en el refrigerador, mañana bajare al pueble a buscar algo y más ropa para ti, duerme si quieres o el cambio de horario te afectara.

Y era verdad, pero no dejo de correr de aquí a halla por la casa hasta que Terry la había atrapado por la cintura y la había hecho sentarse sobre la mesa de madera finamente tallada y le exigió comer.

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Y no estaba ahí

Llegó a la casa con la firme certeza de enfrentar a Anthony cuando descubrió a sus padres recibiéndola algo disgustados con su presencia, ella exclamo lo ocurrido y ello aseguraron fervientemente que la casa ya estaba vigilada y que no había forma en que Anthony hubiese entrado con esa niña y ellos no lo notaran.

Anthony había vuelto aquella noche sin que nadie, ni siquiera Eliza notara su ausencia lo suficiente como para sospechar algo, tal vez solo huía de los invitados, sin embargo había una sombra de hundimiento en Anthony que lo hacía ver años más viejo que lo que un joven de su edad debería verse, estaba de alguna forma casi muriendo ante el sacrificio que sus padre le obligaban a hacer.

Así que Elroy había vuelto devastada y furiosa, esa niña la había vuelto a engañar.

Pero una idea llego a su mente fugazmente, había alguien a quien no le había preguntado, ese chico que no la deja ni a sol ni a sombra, que había irrumpido en su casa, si tenía que estar con él.

Levanto el teléfono y llamo al abogado.

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Por la hora en que habían llegado en su casa ahora sería la tarde apenas el sol empezaría a ocultarse y ahí ya estaba llegando la noche.

Se sentó al borde del balcón de una de las 5 habitaciones de aquella casa y espero a ver el atardecer, se sentía tan llena de paz y al mismo tiempo tan llena de angustia, no sabía que eso era posible.

Sintió los brazos de Terry envolverla por detrás

—Podrías caerte— susurró contra su oído

—Sigo molesta contigo— hiso un puchero alejando su rostro de él pero el tomo su mejilla girándola hacia él.

— ¿Segura? — pregunto uniendo sus labios en un leve rose que la provoco instantáneamente

Lo maldijo por lo bien que la conocía, por lo fácil que su cuerpo la provocaba, por esa mirada tan ardiente y abrazadora.

Volvió a acercarse pero no toco sus labios y ella deseo fervientemente ese contacto.

— ¿Qué pasa pecosa? ¿Quieres que te bese?

Candy se mordió el labio ante la pregunta.

—De acuerdo— los invadió al instante sin delicadezas ni restricciones.

La tomo en brazos como a una novia y la llevo a la cama de esa habitación.

Ni siquiera le dio tiempo a que se quitara el ligero vestido blanco que llevaba cuando Candy sintió su lengua invadir su intimidad hasta lo más hondo y profundo, cuando sintió que ya no podía más él se deslizó en ella con gran facilidad, el bombeo fue rápido y desenfrenado y Candy exploto en convulsiones que la dejaron casi dormida pero Terry no se detuvo hasta que replico la liberación y entonces ella calló dormida.

Terry le cubrió perfectamente besando su rostro dormido antes de vestirse y dejar la cabaña.

—Volveré antes de que despiertes pecosa

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La oscuridad invadía su oficina mientras investigaba al sujeto que Elroy había mencionado, era el mismo chico de la grabación de seguridad, no encontró ningún registro sobre él, ni acta de nacimiento, ni escuela, ni padres, ni tutores, ni siquiera un nombre, era como un fantasma, y en la grabación había desaparecido como tal.

—Me buscabas, porque si era así solo tenías que llamarme, ya sabes lo que dicen llama al diablo y aparecerá

Casi se saltó un latido mientras el abogado se paraba de su silla giratoria para mirar hacia la puerta donde un joven aterrador atravesaba esta.

— ¿Cómo entraste aquí?

— ¿Enserio? ¿Eso es lo que vas a preguntar?

Tomo su comunicador sin notar que le temblaban las manos

—Seguridad los necesito en el piso siete tengo a un sospechoso que…

—Eso no funcionara— exclamo con tranquilidad

Al no recibir respuesta el abogado noto que era verdad

Al mirar en dirección al chico de nuevo noto que este ya no estaba.

— ¿Buscas algo? — el abogado dio un brinco ante la aterradora voz a sus espalda.

Calló de bruces hacia atrás y apenas logrando ponerse de pie, corrió hacia la puerta pero esta se cerró en sus narices con un fuerte viento.

—Te decía— añadió este como si nada hubiese pasado— conoces a Dorothy ¿no es así?

Andrew no respondió.

—Sí, vamos Dorothy, has memoria, la mujer a la que metiste injustamente a la cárcel ¿ya la recuerdas? Bueno esto que te voy a pedir es muy sencillo, ella debe está a salvo, ella tiene una pequeña casa a las afueras de la ciudad seguramente su patrona sabe dónde, llévala ahí como encierro domiciliario durante el juicio.

Terry decía todo con las manos tras la espalda caminando de un lugar a toro con rectitud como si fuese una simple negociación

Pero de pronto su voz se oscureció, en una fracción de segundo estaba sobre el abogado levantándolo del cuello y estrellándolo contra la puerta con tal fuerza que esta se agitó

—SI algo le llega a pasar te matare— lo dijo con simpleza, no era un amenaza, era un promesa.

Lo soltó dejando que se estrellara con fuerza en el piso.

—Ahora me iré, pero pronto te buscare de nuevo, y te estaré vigilando, incluso en tus sueños, por cierto, este es uno de ellos.

EL abogado despertó ahogado en su propia voz recostado sobre el escritorio completamente sudado y agitado.

Así que todo había sido un sueño.

Pero al llevarse la mano a la nuca sintió el doloroso golpe del sueño.

No, no podía ser.

Miro hacia su computadora pero al abrir los archivos estos estaban borrados.

Maldijo golpeando el teclado, sueño o no había dos cosas reales, alguien había estado ahí y ese palpitar de miedo en su pecho no era nada falso.

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Y para rematar un mundo de acontecimientos inesperados la enfermera del hospital principal llevaba el cambio para el suero para la habitación 15 cuando al encontrar se centró con algo que no espero siento su segundo día de trabajo.

EL paciente Neil Legan había desaparecido.

— ¡Seguridad! — grito desesperada, si algo le había pasado seguro la despedirían

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Perdonen por mi tardanza de verdad lo siento, espero que este capítulo lo valga

Gracias por sus hermosas opiniones me hacen sonreír sin falta cada uno de ellos.

Felices vacaciones

Atte. Anjiluz